El secreto de Jack 7 - El dominio de Liam
Daniel conoce a Liam, un chico mayor que él, un juego de dominación comienza entre ambos chicos, Liam quiere controlar y someter a nuestro Daniel, ¿lo conseguirá?
—¡Takeo! —Jack se levantó y saludó con la mano al chico—. Ah, sí, Takeo, este es Daniel, un amigo de la escuela.
Takeo era un chico con ciertos rasgos asiáticos, era de piel blanca y pelo oscuro, sus ojos, rasgados, eran también oscuros.
—Hola, ¿Qué tal? —Takeo miró a Daniel detenidamente, lo miraba bastante serio, como enfadado—. Jack, sabes que tienes prohibido traer a nadie aquí, papá te dijo que...
—Lo sé, pero... —Jack no pudo terminar sus palabras, Daniel se levantó de la cama.
—Mejor me vuelvo a casa... —Daniel recogió su mochila decepcionado, no parecía ser su Jack.
Jack observaba a Daniel y luego miró a Takeo, que seguía enfadado.
—Vale, ¡Nos vemos mañana en clase! —dijo Jack un poco cohibido.
Daniel salió de casa de Jack y caminó cabizbajo, estaba hecho un lío, por dentro sabía que ese no era Jack, no su Jack, pero su corazón le decía que sí era él, no sabría explicarlo.
Pero no tenía nada sentido, si ése fuese Jack, ¿cómo explicas que tiene otra familia, o que vive en otra casa? No, no tiene sentido, además, aunque se le parece mucho, no es él, a no ser que pegara un gran estirón estos meses...
Su mente decía que Jack estaba muerto y que ese chico era otra persona, pero su corazón decía lo contrario, estar al lado de ese chico era como estar al lado del verdadero Jack, ¿Su corazón le engañaba?
Daniel sintió que lo seguían, miró atrás, pero no había nadie, las sombras creadas por los árboles del sol se movían, o parecían moverse, un escalofrío recorrió su espalda, se dio la vuelta y continuó caminando, lejos, pudo ver a unos chicos jugando con el agua de una fuente.
—¿Recuerdas nuestro primer beso? —la voz de Yeray asustó a Daniel, que miró a su lado.
—¿Me estás siguiendo?... —Daniel lo miró con enfado.
—No. Bueno..., un poco... —Yeray bajó la cabeza.
—No me gusta que me sigan. —Daniel aceleró sus pasos pero Yeray volvió a ponerse a su lado—. ¡Ya!, para, no me sigas.
Yeray no dijo nada, Daniel se detuvo, Yeray también.
—Te dije que no me siguieras. —dijo Daniel con cierto enfado.
—Mmm, ¿Vamos a tu casa? Así nos tumbamos...
—No. —cortó Daniel—. Yeray, para, ¡Esto nos está haciendo daño! ¿No lo ves?
—Ya..., ¿No será por ese chico? Te recuerda a él y ahora a mí me dejas tirado como a un perro...
—¿Qué?, ¡¡Claro que no!! —Daniel se alteró.
Yeray se quedó callado.
—¿No quieres venir entonces? —Yeray insistió.
Daniel se quedó callado, lo miró y continuó andando, no lo negó, Yeray iba a su lado, intentó cogerle de la mano, pero Daniel no se dejó.
Al llegar a casa, su madre les saludó, Daniel corrió hasta su cuarto y tiró la mochila en el suelo, después se sentó en el escritorio, Yeray apareció detrás, dejó la mochila en el suelo y se sentó en la cama de Daniel.
—¿Y qué haces? —Yeray observaba como Daniel navegaba por el ordenador.
—Nada, miro cosas. —la voz de Daniel sonaba con desgano.
Yeray se tumbó en la cama, cerrando los ojos.
—Daniel, te amo.
Daniel no dijo nada, se quedó en silencio.
Yeray se levantó y se volvió a sentar.
—Daniel, di que me amas.
—Yeray, no me gusta mentir. —Daniel se giró y miró a Yeray, entonces vio que sus ojos brillaban.
—No me importa, aunque sea mentira, sólo quiero escucharlo, quiero escuchar como me lo dices..., aunque sea una vez, por favor.
Daniel se quedó callado, se levantó y se puso al lado de Yeray.
—No puedo, de verdad, has sido quien más me ayudó con todo esto, y te lo agradezco, pero no quiero que sigas, no quiero lastimarte...
Yeray se levantó y cogió su mochila del suelo ante la mirada de Daniel.
—¿Lastimarme? No puedes lastimar algo roto... —Yeray se marchó sin mirar a Daniel.
Al día siguiente Yeray no fue a clase, Daniel miraba su pupitre, vacío, una vez en el recreo Daniel veía a sus amigos, que estaban sentados en un banco, hablando, no se acercó a ellos, no pudo, se quedó mirando en la distancia.
—¿Qué pasa? ¿No son tus amigos? —Jack se puso a su lado, apoyado en la pared.
Daniel no dijo nada.
—¿Es por lo que pasó ayer? —Jack sacó un bocadillo de jamón. ¿Quieres?
—¿No decías que no te gustaba el jamón? —Daniel preguntó extrañado, Jack se quedó pensativo.
—¿Cuando dije eso?... —Jack se quedó en silencio, como si ocultase algo.
—Ayer, Jack, me lo dijiste ayer, y tiré mi bocadillo, ¿qué no te acuerdas o qué? —Daniel estaba confundido con Jack, sentía que le ocultaba cosas, como el verdadero Jack, hasta en eso se parecían.
—Oye, Takeo va a una fiesta que montaron unos amigos suyos, si quieres, puedes acompañarme. —propuso Jack.
Daniel miró a Jack, que le miraba sonriente, Daniel afirmó con la cabeza.
Después de terminar las clases, Daniel se puso guapo y fue a la casa de Jack, éste salía de su casa con una chica, ambos sonreían.
—¡Ey! ¿Qué tal Dani? Ésta es Virginia. —Jack tenía su brazo rodeando la cintura de la chica.
—¿Es tu novia? —Daniel parecía celoso.
—¿Qué? No, es mi prima, jajajaja. —Jack comenzó a reírse.
—Hola, ¿Y dónde vas tú tan guapo? —la chica miró a Daniel con lascivia.
Daniel se sonrojó e incomodó.
—Bueno, vamos a la fiesta. —dijo Jack cortando el rollo.
Los tres chicos fueron a pie hasta una enorme casa, la música sonaba de fondo, un montón de chicos bailaban y se lo pasaban bien.
—Vamos allí. —Jack llevó a Daniel hasta un jardín donde había una mesa y sillas, Daniel se sentó en una—. Voy a por algo de beber.
Jack se marchó y Virginia miró a Daniel, éste tenía la mirada perdida.
—¿Y de qué conoces a mi primo? —preguntó Virginia.
Daniel no dijo nada, los dos se quedaron en silencio, viendo como en la casa los demás se lo pasaban bien, Virginia al ver como unas chicas le hacían señas se levantó y fue con ellas.
Mirando al cielo, Daniel pudo ver como la noche era iluminada por muchas estrellas.
—Ya estoy aquí, toma. —Jack le dio un vaso de cola a Daniel, éste lo cogió—. ¿Mola la fiesta?
—¿Eh? Ah, sí..., supongo.... —Daniel estaba cabizbajo, no estaba feliz, quería estarlo, pero no podía.
Jack tomaba su bebida con la mano derecha, Daniel se dio cuenta, ¿No era zurdo? Daniel se estaba volviendo loco, y se fijó que Jack vio de lejos a Rose y Lucía con otro grupo de chicos.
—Rose... —murmuró Jack.
Daniel, sorprendido miró a Jack
¿Cómo que Rose? ¿La conoce? —pensó Daniel.
—¿La conoces? —Daniel miraba sorprendido a Jack.
—¿A Rose? Sí, me abordó el primer día diciendo que era Jack, lo mismo que tú vamos..., voy a bailar con ella, ahora vengo.
Jack dejó la bebida y se alejó, Daniel miraba como Jack bailaba con Rose, ambos sonreían.
—No puedo vivir esto otra vez, es absurdo... —murmuró Daniel levantando sus manos con gesto de impotencia.
Se levantó y dejó el vaso encima de la mesa, salió corriendo y caminó hasta no poder más, se detuvo cerca del cine, casi a la entrada, entonces vio a Yeray, iba hablando con otro chico, los dos estaban muy pegados, el otro chico era Kenny.
Daniel se detuvo, respirando de forma agitada, se quedó allí, plantado, mirando como entraban juntos, no hizo nada más, solo se quedó allí, de pie.
—¿Daniel? —Lucía salía del cine, miraba a Daniel, que tenía los ojos vidriosos—. ¿Te encuentras bien?
Daniel miró a su amiga, y negó con la cabeza.
—¿Me acompañas a casa? —preguntó la chica.
Los dos chicos caminaban y pasaron por el parque, en silencio.
—Siento lo que le pasó a Jack, una vez fui al hospital a verle, fue un milagro que lograra recuperarse, era un chico muy fuerte. —Lucía intentó animarlo.
—Sí..., lo era... —Daniel sonaba cabizbajo.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué te encuentras mal? ¿Es por...?
—No es por Jack..., bueno, algo sí, pero es que todo me sale mal... —la voz de Daniel perdía fuerza.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Lucía observándole con detenimiento.
—Pues..., perdí a Jack, y, y ahora a Yeray...
—Ahm..., ¿Te gusta? Digo, no quiero ser metiche...
—No, tranquila..., lo cierto es que sí, me gusta, pero no siento nada por él, o eso creo..., pero lo vi con Kenny y...
—¿Sentiste celos?
—No..., no lo sé...
—Mmm, Rose me contó que el día de las vendas, cuando abrió la puerta, estabais..., bueno, haciendo cosas indebidas... —Lucía se puso roja.
''Sabía que esa tonta metiche lo contaría''.
Daniel se puso rojo.
—¿Qué te dijo? —preguntó Daniel avergonzado.
—Nada…, bueno, que Yeray te hizo…, bueno, eso, mm…, una mamada.
Hubo silencio.
—Tranquilo, no diré nada, pero muchos ya saben que eres…, bueno…, eso…
—¿A qué te refieres? —Daniel la miró con duda.
—Pues..., casi todos en el barrio saben que tú y Jack erais novios, y que los que os pegaron eran unos homófobos de esos, todos saben que eres gay Daniel, o casi todos...
Daniel se quedó en silencio, Lucía ya casi llegaba a su casa.
—Bueno, gracias por acompañarme, no me gusta verte mal, si quieres un consejo, pasa página, intenta buscar un chico, uno que te ayude a olvidar. —Lucía se acercó a Daniel y le besó en la mejilla, después, entró en su casa.
—Un chico que me ayude a olvidar... —murmuró Daniel, que se dio la vuelta y chocó con otro chico tirándolo al suelo de culo.
—Auch! —se quejó el otro chico.
—Disculpa no te vi... —dijo Daniel, que se inclinó para ayudarle a levantarse.
—No, tranquilo, si..., ¡Eh!, Daniel, eres tú... —el chico le miró sonriendo.
—¿Nos conocemos? —Daniel observó al chico, extrañado, no le sonaba.
—Soy Liam, voy a tu clase... —el chico sonó un poco decepcionado al ver que no le reconoció.
—Ah, si..., perdona, es que no te había reconocido, está tan oscuro que...
—No, tranquilo, no te preocupes, la gente suele pasar mucho de mí, paso desapercibido... —el chico se limpió el polvo de la ropa, Daniel se fijó en el, Liam era un chico de piel blanca, cabello castaño oscuro corto, sus ojos eran color miel, aunque en la oscuridad parecían negros.
—Bueno, pues ya nos veremos por clase... —Daniel comenzó a andar.
—Si..., esto..., ¡Espera! —Liam, el chico, avanzó hasta Daniel—. ¿Tienes algo que hacer esta noche? Aún es temprano...
—Son casi las diez... —Daniel miró la hora en su móvil.
—Pues eso, temprano. —el chico le sonrió—. Es que..., bueno, vengo de una fiesta, pero no me gusta llegar tan temprano a casa, así que iba a quedarme un rato en el parque, ya sabes, sino luego mis padres se acostumbran a que llegue temprano...
—Pues lo veo una tontería... —dijo Daniel.
—Ya..., bueno, entonces nos vemos por clase. —Liam pasó de Daniel y aligeró el paso.
El chico se adelantó y camino por delante de Daniel, que lo miraba desde atrás, se fijó en su cuerpo, en su culo..., Daniel comenzó a sentirse caliente.
El chico giró y entró al parque, Daniel se detuvo y observó cómo se sentaba al fondo, en uno de los bancos.
No había nadie en el parque, el aire movía las hojas que caían de los árboles, la poca luz de las farolas iluminaban un poco algunas zonas del parque, Daniel se quedó mirando a Liam, que miraba tumbado en el banco el cielo, dudoso, se acercó hasta él.
—¿¡Eh!? ¿Te quedas un rato al final? —Liam se incorporó y se sentó.
—Sí... —masculló Daniel con timidez.
—Genial, siéntate a mi lado.
Daniel se sentó al lado, pero Liam lo miró y se acercó más, hasta casi estar pegados, Daniel comenzó a sentirse incómodo.
—Bueno..., ¿Y a dónde ibas? ¿O de dónde venías? —Liam le observaba escudriñando su cuerpo.
—Pues..., paseaba sin más a casa... —dijo Daniel.
—Ahm..., te vi con una chica, ¿Era tu novia? —Liam miró a Daniel lascivamente.
—¿Qué? No...
—¿Seguro? No es bueno mentir... —Liam sonrió
—No miento, no es mi novia, es una amiga. —dijo Daniel un poco enfadado.
—Vale, vale, disculpa, pensé que también te iban las chicas, pero veo que solo los chicos.
Daniel se quedó callado, no le gustó lo que dijo Liam.
—No me gustan los chicos. —afirmó Daniel, con un tono de ligero enfado.
—Te dije que mentir está mal... —Liam apartó la vista de Daniel mirando el cielo estrellado.
—No miento, mira, esto no fue buena idea, eres muy molesto. —Daniel se levantó enojado para marcharse, pero Liam se levantó con rapidez y se puso en medio.
—¿No? ¿Seguro? —Liam le miraba mordiéndose el labio.
—Sí, seguro. —Daniel, incómodo, intentaba pasar, pero Liam no se lo permitía.
Entonces Liam sujetó de los brazos a Daniel atrayéndolo hacia sí y le besó en la boca, Daniel podía sentir los labios de Liam en él, éste se separó y le sonrió.
—¿Y ahora? ¿Seguirás mintiendo? —preguntó Liam con sorna.
Daniel le quitó las manos de encima.
—No me gustan los chicos, y no debiste hacer eso, mejor me voy.
Daniel avanzó hasta casi la salida del parque, pero Liam sujetó su hombro, le dio la vuelta y lo puso contra el árbol que había cerca de la salida.
—Déjame, ir. —Daniel estaba sujetado por Liam.
—Bésame y te dejo ir. —ordenó Liam sin dejar de morder su labio inferior.
—¿Qué dices? Ni loco... —Daniel intentó apartar a Liam, pero no podía, éste tenía más fuerza que él.
—Tu verás, solo te pido un beso, uno y te dejo ir. —Liam miraba a Daniel con ojos lascivos.
Daniel, con enfado, acercó sus labios a Liam, pero éste se apartó sin que lograse besarlo.
—¿Ves? Te gustan los chicos, ¡Te pillé! —Liam comenzó a reír.
Daniel se sentía humillado, con enfado se lanzó contra Liam y los dos cayeron al suelo forcejeando, Liam logró someter en el suelo a Daniel y se quedó encima de él, dejándolo boca arriba.
—Quítate de encima, joder. —Daniel intentaba levantarse.
Liam lo miraba muy serio, se acercó a él e intentó besarle, pero Daniel no se dejaba, entonces Liam le sujetó la cara y le miró a los ojos, se acercó y besó sus labios, Daniel se resistía aún, pero dejó de hacerlo al notar la lengua de Liam entrar en su boca, los dos comenzaron a besarse apasionadamente, tras unos segundos, éste se separó de Daniel y le miró a los ojos victorioso.
—Aún recuerdo tu piel, con las marcas de pintalabios, cuando te toqué ese día, sentí que me derretía, y el beso fue intenso. —Liam limpió el polvo de su ropa tras ponerse en pie.
Daniel se levantó en silencio, callado, sin decir nada, notaba que estaba caliente y muy excitado.
—¿Qué? ¿No te gustó? —Liam lo miró con seriedad—. Bueno, pues si no te gustó no hay porqué continuar, me piro a mi casa.
Liam salió del parque y aligeró el paso alejándose, Daniel corrió a su lado.
—¿Qué? ¿A dónde vas? ¿Me sigues? —Liam le miró con una malvada sonrisa.
—No, es que mi casa está por aquí, no te sigo, no eres el centro del universo. —Daniel estaba muy enfadado.
—Bueno, no seré el centro del universo, pero sí soy lo suficiente como para tener una erección. —Liam miró la entrepierna de Daniel, éste avergonzado, se tapó con una mano.
—Tú me besaste, eres un pervertido. —dijo Daniel.
—Y tú te dejaste, dos veces y puedo decir que en ambas ocasiones, te gustó.
—No es cierto... —mintió Daniel.
Liam dejó de mirarlo y siguió caminando, hasta detenerse en una casa, parecía bastante lujosa.
—Ésta es mi casa, bueno, te acompañaría a la tuya, pero no te portaste bien, no aceptas lo que eres. —Liam se acercó a Daniel lentamente.
—¿Y qué soy? —Daniel se quedó quieto, viendo como Liam cada vez estaba más cerca de él, le sujetó de la cintura y lo atrajo a él.
—Eres mío. —Liam con su mano sujetó del cuello a Daniel y volvió a besarlo, Daniel esta vez no se resistió, al contrario, su corazón latía con fuerza, sobre todo al escuchar lo que Liam dijo.
Una de sus manos se posaba en el culo de Daniel, notaba como Liam apretaba su mano, posada en su culo, al separarse, Liam mordió el labio de Daniel estirándolo, éste se quejó.
—¡Ahh!..., duele... —Daniel se llevó su mano al labio.
—Sin dolor no hay placer... —Liam miró a Daniel excitado.
Daniel pudo ver que Liam tenía un poco de sangre en sus labios, Liam se relamió sonriendo y caminó a su casa, se detuvo al abrir la puerta, miró a Daniel y le sonrió, después la cerró tras de sí.
Daniel, con la mano en su labio, se quedó allí, mirando, sin saber qué acababa de pasar, al tocarse notó en sus dedos un poco de sangre.
—¿Pero de qué coño va? —masculló Daniel.
Al llegar a su casa ni se cambió de ropa, se tumbó en la cama, mirando el techo, pensando en lo ocurrido con Liam, se llevó los dedos a su labio, el mismo que había sido mordido por Liam, mirando por la ventana, Daniel al final cogió el sueño, durmiéndose.
Al día siguiente...
—Hola. —dijo Daniel, que se acercó a Tommy, mientras caminaban hacia la escuela.
—¡Daniel! ¿Qué tal? ¿Estás mejor? —preguntó Tommy con gran interés.
—Sí.
—Me alegro. —Tommy se acercó a su lado sonriendo.
Los dos chicos llegaron a clase y Daniel pudo fijarse en Liam, que ni lo miró, Daniel avanzó hasta su sitio y tomó asiento.
—¿Qué te pasó anoche? ¿Por qué te marchaste? —Jack miraba a Daniel, que soltaba la mochila y sacaba la libreta.
—Me aburría y me fui a casa. —dijo Daniel, serio.
Jack no dijo nada, sacó su libreta y comenzó a dibujar, Daniel lo miró con sorpresa, ¿Por qué se parecía tanto a su Jack? ¿Era todo parte de su mente enfermiza? No podía ser Jack, los muertos no resucitan, él sabía que era su mente, quería que ese fuese Jack.
Las clases comenzaron y Daniel de vez en cuando miraba a Liam, que se sentaba delante de Yeray, Liam atendía a clase, así pasaron las horas hasta que llegó el recreo.
Daniel se acercó a sus amigos, que estaban sentados en el banco, Andy y Yeray hablaban de tonterías cuando Tommy llegó con Daniel.
—¿Qué tal? —Tommy se acercó y se sentó en el banco, junto a Andy y Yeray, éste último miró a Daniel serio.
—Me alegra verte mejor. —dijo Andy.
—Y a mí estar aquí. —dijo Daniel.
Yeray se levantó y se marchó.
—¿Qué le pasa? ¿Os habéis peleado? —Tommy, como siempre, un metiche.
—No..., bueno, yo... —Daniel se quedó callado.
—Daniel, ¿Te vienes? —Liam apareció sonriendo, llevaba un balón de baloncesto.
Los otros chicos observaban a Liam, que miraba a Daniel con ojos lascivos, Daniel miró a sus amigos.
—Adelante, ve si quieres. —dijo Tommy extrañado.
Daniel se acercó a Liam y éste le lanzó el balón, comenzaron a andar hacia la pista de baloncesto.
—¿Alguna vez has jugado? —Liam se agachó a atarse la zapatilla.
—¿Eh? No, nunca...
—Bueno, siempre hay una primera vez..., 'para todo'. —Liam hizo hincapié en esa última parte, se levantó y le quitó el balón a Daniel—. Vamos, sígueme.
Daniel siguió a Liam hasta la pista, en ella habían varios chicos jugando al baloncesto.
—¿Este? Es muy bajito. —Tyler se acercó a ambos mirando a Daniel.
—¿Y qué? Va a jugar. —Liam con solo una mirada, dejó clara su postura y su lugar, Tyler, se calló aceptando de mala gana—. Venga, Daniel, es fácil, ¿Sabes cómo se juega no?
—Dije que nunca jugué, no que no sepa. —dijo Daniel.
Liam le miró sonriente.
—Ese es mi chico. —Liam con su mano revolvió el cabello de Daniel.
Daniel se ruborizó ante la inesperada respuesta de Liam y su gesto cariñoso.
Los chicos comenzaron a jugar, a Daniel le costaba botar el balón sin que se le escapase a veces, y no daba ni una para encestar.
Los demás a veces se reían, pero Liam le ayudaba y los miraba mal para que se callasen, la sirena sonó y los chicos volvieron a sus clases.
—¿Por qué estás sudado? —Jack miró extrañado a Daniel, que se sentaba en su asiento.
—Jugué un poco al baloncesto. —dijo Daniel.
—No sabía que te gustase el basket.
—Ya, ni a mí. —Daniel sonreía al ver a Liam sentarse en su asiento.
Y así, las clases continuaron hasta que sonó la última campana, los chicos comenzaron a salir y Liam sujetó la mochila de Daniel, impidiendo que avanzara.
—Espera, no salgamos aún, sígueme. —dijo Liam con misterio.
Daniel siguió a Liam, que se escondió en los baños.
—¿Qué hacemos aquí? Van a cerrar la escuela. —Daniel miraba con preocupación al bedel, que con las llaves iba comprobando que las puertas estuviesen cerradas.
—No te preocupes, no es la primera vez que hago esto, cuando cierran, no hay nadie vigilando, podremos ir al gimnasio a practicar. —dijo Liam.
—¿Qué? Estoy cansado...
—¿Cansado? pero si estuvimos quince minutos jugando. —Liam se asomó por la puerta del baño, esperando que el bedel se fuera.
—Ya, pero...
—Pero nada, vas a practicar, no me gusta que mi novio sea un manco jugando. —dijo Liam tajante, Daniel, con sorpresa, lo miró confuso.
—¿Novio? ¿¡Desde cuándo somos novios!? —Daniel se alteró.
—Ey, tranquilo fiera, dije novio, no esclavo, ¿O qué? ¿Prefieres ser esclavo? Además, ¿No lo somos? —Liam cerró la puerta del baño y se acercó a Daniel, que retrocedió varios pasos hasta chocar con la puerta de uno de los cubículos.
—No, no lo somos, lo de anoche...
Liam no le dejó terminar, con su mano lo cogió con fuerza del cuello y posó sus labios en los de Daniel, besándolo, estuvo un rato así y se separó, aún sujetándolo con fuerza del cuello.
—¿Qué? ¿Seguimos sin ser novios? —Liam se relamió los labios.
Daniel no dijo nada, Liam le soltó.
—Bah, esto es una pérdida de tiempo, creí de verdad que éramos novios, pero ya veo que no, será mejor que te vayas, ya practicaré yo solo.
Liam salió del baño, dejando a Daniel allí, caminó en silencio hasta el gimnasio y entró, dejó la mochila en una colchoneta que había en el suelo y cogió un balón de basket, lo comenzó a botar y a encestar, entonces apareció Daniel, le observó en la puerta, Liam lo vio pero no dijo nada.
Siguió jugando solo, botando la pelota y lanzándola al canasto, entonces miró a Daniel y se quitó la camiseta, tirándola al suelo ante la mirada de Daniel, sonrió y cogió la pelota, continuó botándola, Daniel no podía dejar de observar a Liam, su cuerpo, sudado, le gustaba observar, se comenzó a calentar.
Liam volvió a lanzar el balón y miró a Daniel.
—¿Qué? ¿No vuelves a casa? —preguntó Liam.
—No, quiero jugar. —dijo Daniel.
—Pero yo ya no quiero que juegues. —Liam continuó botando el balón y Daniel se acercó más.
—¿Por qué? Antes dijiste...
—Yo solo juego en privado con mi novio, y tú, no eres mi novio, ¿O sí? —Liam le sonrió y siguió jugando.
Daniel permaneció callado, observando el cuerpo en desarrollo de Liam, no tenía nada de vello, su piel, tan blanca, se veía tersa y suave, Daniel quería tocarla.
—¿Y bien? —preguntó de nuevo Liam.
—Sí... —murmuró Daniel.
—¿Qué? No escuché bien. —Liam lanzó el balón encestando.
—Que sí... —dijo Daniel.
—No me vale. —Liam siguió jugando ignorando a Daniel.
—¡Pero ya te dije que sí! Me voy, esto es perder el tiempo... —Daniel se dio la vuelta y Liam lanzó la pelota rozando a Daniel y cerrando la puerta del gimnasio, corrió y se puso en medio.
—Dilo bien. —Liam miró a Daniel con ojos desafiantes.
—Ya lo dije, pesado.
—No, quiero que digas que eres mío. —Liam cada vez estaba más cerca de Daniel.
—¿Qué? No diré eso, déjame pasar. —Daniel intentó pasar y Liam lo sujetó y lo tiró en la colchoneta de un empujón, después, se puso encima de él.
—¡Quítate de encima! ¡Estás sudado! —Daniel forcejeaba, pero Liam era mucho más fuerte que él, se dio cuenta, ahora que estaba tan cerca, que Liam estaba bastante definido, y que sus brazos estaban un poco musculados, se quedó quieto, embobado al verlo.
—¿Qué? ¿Eso es todo? ¿O te gusta lo que ves? —Liam se acercó sonriendo y besó el cuello de Daniel, lo lamió y lo volvió a besar, succionó con fuerza la piel de Daniel, que emitió una queja de dolor.
—¡Para! ¡Me duele! —Daniel intentó apartarlo, pero Liam continuó y lo besó con fuerza, sintió su lengua succionar la piel de su cuello, le siguió besando y se apartó, quedando aún encima de Daniel.
—Ahora eres mío, estás marcado, eres de mi propiedad. —Liam se mordió el labio y después besó a Daniel, que tenía los ojos lagrimosos.
Liam se levantó y se apartó a un lado, le dio la mano a Daniel, que lo miró con enfado, Daniel se levantó solo, esquivando su ayuda.
—Me hiciste daño. —replicó Daniel, que se llevó la mano al cuello, lo tenía lleno de saliva.
—Ay deja de quejarte, no eres un bebé, además, te ha gustado. —Liam sujetó el balón y lo lanzó con fuerza al cesto.
—No es cierto. —mintió Daniel.
—¿Ah no? —Liam se acercó a él lentamente, con su mano tocó la cicatriz de su ceja—. Me gusta, te da un toque salvaje, indomable.
Daniel tembló al sentir los dedos de Liam en su piel, le recordó a Jack.
—¿Qué? ¿Te gusta? —Liam continuó rozando su piel, bajó los dedos por su mejilla hasta su cuello y lo sujetó con fuerza, ambos se miraban a los ojos.
Liam lo atrajo con fuerza hacia él y volvió a besarlo, Daniel estaba extasiado, se separó sonriendo ante la mirada de Daniel.
—Bueno, voy a ducharme, que estoy sudado, tú deberías hacer lo mismo. —Liam se apartó de Daniel y entró en los vestuarios del gimnasio.
Daniel excitado, no sabía que hacer, fue detrás de Liam instintivamente, como si no pudiese evitarlo, Liam miró atrás y sonrió al ver que Daniel lo seguía.
Liam se acercó a su taquilla y la abrió con la llave, sacó ropa y una toalla, comenzó a desnudarse, Daniel no podía dejar de mirar, Liam se desnudó, quedando de espaldas, cogió la toalla y la puso en su hombro, se dio la vuelta y Daniel pudo ver todo su cuerpo.
Liam estaba bastante bien, Daniel se sonrojó al ver que Liam se dio cuenta que no apartaba la vista de abajo.
Se giró y caminó hasta una de las duchas, dejó la toalla a un lado y comenzó a ducharse, Daniel podía ver como se enjabonaba su cuerpo, en como el agua bañaba su piel, Liam se dio la vuelta, mirando a Daniel, sus miradas se cruzaron de nuevo.
Liam sonrió y le hizo un gesto para que se acercarse, Daniel, dudoso, se acercó a Liam, éste le sujetó cuando estuvo suficientemente cerca y le metió debajo del agua, mojando toda su ropa.
Liam miró lascivamente a Daniel, éste, escudriñaba el cuerpo de Liam, en silencio, veía cada parte de su piel, le gustaba esa sensación, el agua mojando cada rincón del cuerpo de Liam, ¿Por qué le gustaba verlo? Para Daniel, Liam era hermoso.
Ambos se fundieron en un largo beso, Daniel se dejaba llevar, se dejó besar de nuevo, se sentía feliz.
Sintió las manos de Liam en sus hombros, le hizo arrodillarse, éste, sin demasiada resistencia, lo hizo, pudo ver el pene de Liam más de cerca, con algo de vello en su base, le mediría unos quince centímetros, puede que más.
Daniel la sujetó y comenzó a masturbarlo, movía su mano de arriba a abajo, Liam soltaba pequeños gemidos mientras el agua mojaba sus cuerpos, Daniel notó la presión en su cabeza, era la mano de Liam, haciendo que se acercara a su pene.
Sin pensarlo ni un segundo, Daniel abrió la boca e introdujo parte del pene de Liam en su boca, intentó recordar cómo se la chupó a Yeray, para no hacerle daño con los dientes, pero era más grande que la de Yeray, Liam está circuncidado, sujetó con ambas manos la cabeza de Daniel y empezó a introducir su pene con más velocidad.
Daniel solo se dejó hacer, llevó su mano derecha a su entrepierna y comenzó a darse placer así mismo, mientras le daba placer a su amigo Liam, que disfrutaba del sexo oral que le estaba produciendo Daniel.
Liam, agitado, sujetó con fuerza la nuca de Daniel e introdujo su pene aún más, Daniel sintió arcadas mientras su nariz se hundía en el vello del pubis de Liam.
Una corriente eléctrica le recorrió la espalda y en ese instante un gemido ahogado de Liam le hizo darse cuenta que llegó al orgasmo.
Su boca se comenzó a inundar del semen de Liam, caliente y espeso, no le quedó de otra que tragarlo todo, o se ahogaba, lo peor es que Liam se vino varias veces en su boca, sin soltarle en ningún momento.
Cuando lo hizo, Daniel empezó a toser con dificultad y escupió parte del semen de su amigo en el suelo de la ducha, le costaba respirar.
Liam le hizo ponerse en pie, Daniel tenía los ojos lagrimosos, se acercó a él y se fundieron en un beso, notaba como el propio Liam buscó en su boca restos de su leche caliente, mezclándose con la saliva de ambos.
No pudo aguantar más, Daniel aceleró su masturbación y le vino el orgasmo, comenzó a venirse, sus disparos golpearon el cuerpo de Liam, que se mezcló con el agua que les caía por sus desnudos cuerpos.
Liam se terminó de enjabonar y limpiar, lo apartó a un lado para pasar, le sonrió, salió de la ducha, cogió la toalla y dejó a Daniel debajo.
Daniel permaneció un rato bajo el agua tibia, una parte de él disfrutó lo que habían hecho, otra, sentía que había traicionado a Jack, pero..., Jack ya no estaba..., Daniel miró a Liam, que se secaba con la toalla y se vestía.
—Te espero fuera. —dijo Liam, y dejó a Daniel en las duchas.
Daniel no entendía nada de lo que acababa de pasar, pero fue algo increíble, un sentimiento que jamás había experimentado, estaba ardiendo, le costaba respirar en condiciones, su cuerpo parecía que se derretía.
¿Por qué se sentía así con ese chico? Quizás era la sensación de control y dominación que Liam ejercía sobre él.
Daniel se quitó la ropa mojada y se enjabonó, luego terminó de ducharse, cogió su ropa mojada y la dejó encima de las taquillas, sacó ropa seca de la suya y después de secarse se vistió.
Al salir, Liam estaba tumbado en una colchoneta, miró a Daniel y se levantó.
—Venga, será mejor que volvamos a nuestras casas. —dijo Liam.
Los dos chicos cogieron sus mochilas y se metieron por la parte de atrás, saltaron la valla y caminaron en silencio, las calles estaban casi vacías a esas horas, la gente almorzaba en casa.
Daniel a veces miraba a Liam, pero este iba en silencio, sin decir nada, en parte le molestaba que no hablase, llegaron a la casa de Daniel.
—Esta vez te acompañé, porque te portaste bien... —Liam se acercó a Daniel y le besó en la boca, en medio de la acera, Daniel intentó apartarse pero Liam le sujetó con fuerza—. Así me gusta, bueno, nos vemos mañana en clase, guapo.
Liam se apartó y se marchó a su casa, Daniel no pudo evitar mirarlo hasta que desapareció.
—¿Estáis juntos? —la voz de Kenny alertó a Daniel, que se giró asustado.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Daniel.
—Quería hablar contigo sobre Yeray, me lo encontré saliendo de tu casa llorando el otro día.
Daniel no dijo nada.
—Así que, lo invité al cine, para intentar subirle el ánimo, ¿Sabes que te ama no? ¿Lo has utilizado hasta que ya no lo necesitabas? —Kenny miró enfadado a Daniel.
—¿Qué? ¡Claro que no! —Daniel se alteró.
—¿No? —Kenny se acercó a Daniel y lo miró a los ojos—. Dime a la cara, que jamás, en ningún momento, usaste a Yeray.
Daniel iba a hablar, pero se calló.
—Ya veo, lo usaste pues, aún cuando te advertí, lo has hecho, sabiendo que está loco por ti, y ahora lo desechas como un trapo, y lo peor es que ahora me encuentro con esto..., ¿A qué estás jugando? —Kenny le miró entre enfadado y decepcionado.
—No es lo que crees... —los ojos de Daniel se pusieron rojos.
—No me trates como a un burro, los ojos no mienten, y sé lo que vi.
—Pero es que no te miento, te estás confundiendo, Liam y yo somos amigos..., y lo de Yeray...
—¿Ah sí? —Kenny con su mano tocó el cuello de Daniel, que al notar el tacto emitió un quejido—. Pues dile a ''tu amigo'', que tenga más cuidado al dejar chupetones en el cuello, porque igual la gente ve que te ha marcado.
—No.., yo... —Daniel se llevó la mano al cuello avergonzado tapando el chupetón.
—Sabes, a pesar de haber jugado con Yeray, solo habla cosas buenas de ti, es un chico muy especial, honesto, humilde, bueno, inocente, puro, y tú no has sabido verlo.
Daniel apretó los puños impotente, porque sabía que Kenny tenía razón.
—No me esperaba esto de ti, yo me di cuenta que estabas cerca de Yeray, sabía que te ayudaría a olvidar o sobrellevar la pérdida de Jack, pero nunca me imaginé que lo usarías como lo has usado, lo desechaste y ahora te vas con el primero que te lanza un anzuelo, me has decepcionado... —Kenny miró con gran decepción a Daniel.
De los ojos de Daniel comenzaron a salir lágrimas.
—No vuelvas a acercarte a Yeray, déjale en paz.
—¡No es así como lo dices! —Daniel comenzó a llorar.
—Si de verdad..., —Kenny suspiró—. Si..., realmente tienes un poco de corazón..., te pido que..., no vuelvas a acercarte a Yeray, nunca más, es un chico muy sensible y especial, no se merece esto, me duele verlo así, por favor Daniel, te lo pido, no vuelvas a hablarle, ni a decirle que te lo pedí yo, simplemente, no te acerques más a él.
Kenny se apartó de su lado y comenzó a caminar, se detuvo y miró a Daniel, que estaba quieto, sin decir nada, solo llorando.
—Ah, y..., espero que con ese chico seas feliz, de verdad, creo que también lo mereces, pero Liam no tiene tu edad, él es repetidor, tiene dos años más que tú, así que, solo..., bueno..., solo ten cuidado, no es trigo limpio. —y dicho esto Kenny se marchó.
Daniel subió las escaleras hacia su habitación, tiró la mochila y se tumbó en la cama, odiaba a Kenny en este momento, le hizo sentir una basura, pero él no era tan malo, ¿O sí?
¿Usó a Yeray? Si fue así, no lo hizo con esa intención, ahora se sentía fatal, sólo quería dormir, dormir y al despertar poder ver a Jack, a su lado, agarrando su mano.
Entonces escuchó una notificación en su ordenador, Daniel giró la cabeza y vio la pantalla parpadear, se acercó a ella, se sentó en el escritorio y abrió el mensaje, era de Ryan.
Ryan: Ayúdame.
Daniel leyó el mensaje.
Daniel: ¿Qué ocurre?
Ryan: Me encuentro muy mal...
Daniel: ¿Qué pasó?
Ryan: Mi madre encontró un dibujo en mi cuarto, donde había un corazón con mi nombre y el del chico que me gusta y se enfadó mucho conmigo, dijo que no vuelva a hacer algo así...
Daniel: Entiendo..., cálmate, no le hagas caso, se le pasará, quizás le cueste aceptarlo...
Ryan: No, no se le pasará y nunca lo aceptará, me dijo que no quiere que sea así, que nunca más dibuje esas cosas, me encuentro realmente mal, ¡¡quiero ser normal!!
Daniel: Ryan no digas eso, ahora estás afectado, tú ya eres normal, no pienses así...
Ryan: ¿Cómo qué no? Por mucho que nos esforcemos nunca seremos aceptados, mira Jack, por no ser normal está muerto!!
Daniel no contestó.
Ryan: Lo siento, perdón...
Ryan: Es que..., realmente me encuentro muy mal, aquí no tengo apoyo, no conozco a nadie que sea como yo, y..., le echo mucho de menos, echo de menos a Jack...
Daniel: Yo también...
Ryan: Era especial, con todo lo que le había pasado, aún así lograba hacerme reír, siempre me animaba, con él me sentía feliz..., yo..., le echo mucho de menos Dani, mucho... :'(
Esa noche, Daniel, intentó animar a Ryan, se dio entonces cuenta que Daniel era afortunado de tener amigos que apoyaban o al menos aceptaban su orientación, Ryan estaba solo, no tenía a nadie, se sentía mal por él, pensó en todos los chicos que se sienten solos y no pueden contarle a nadie su orientación, sus miedos...
Al día siguiente, tras terminar las primeras horas de clase y comenzar el recreo...
Daniel tenía la mirada perdida, estaba sentado en el suelo, apoyado en la pared, sus amigos estaban al lado, en el banco, hablando, Yeray estaba más animado, aunque apenas miraba a Daniel.
Liam jugaba al baloncesto con sus amigos en el patio durante el recreo.
—Chicos, ¿Os gustaría venir a la piscina de mi casa este viernes? —Andy se levantó esperando una respuesta de sus amigos.
—Claro, cuenta conmigo. —dijo Tommy.
—¿Y tú, primo? —Andy miró a Yeray, que afirmó con la cabeza—. ¿Y tú? ¿Daniel?
Pero Daniel no prestaba atención, miraba a Liam jugar.
—¿Daniel? —volvió a preguntar Andy.
—¿Qué? Ah, sí, claro, allí estaré. —dijo Daniel, que se levantó al sonar la sirena anunciando el final del recreo.
Las horas pasaron y los chicos salieron de clases, Daniel y Tommy caminaban juntos, Andy y Yeray se marcharon a sus casas.
—¿Cómo estará Alan? —se preguntó Tommy.
—Es verdad, ¿Se fue a vivir a las afueras no? —Daniel iba andando con sus manos en los bolsillos.
—Sí, me pregunto si habrá hecho amigos... —masculló Tommy.
—¿No habláis por chat o algo? —Daniel se extrañó.
—Sí, claro, pero está muy distante, y no escribe mucho, creo que nos echa de menos, pero claro, sus padres decidieron mudarse y él no puede hacer nada. —dijo Tommy con pesar.
—Ya... —Daniel miraba al suelo, también con tristeza, ese año el grupo de seis chicos se redujo a cuatro.
—Por cierto..., ¿Quién te hizo el chupetón? —Tommy miró sonriente a Daniel y con su mano intentó tocar su cuello.
—¿Eh? —Daniel fingía avergonzado, apartándose a un lado.
—Oh vamos, ¡Todos nos dimos cuenta!, pero ya sabes, no queríamos ser metiches, aunque yo no puedo evitarlo..., ¿Fue Yeray?
—Eh..., no, no fue él... —dijo Daniel.
—¿En serio? ¿Entonces quién te hizo el chupetón? —preguntó Tommy con mucha curiosidad.
—Fui yo. —Liam apareció de repente al otro lado de Daniel, sonriendo, llevaba en su mano un monopatín, Tommy se cortó, sorprendido.
—Liam..., ¿Qué haces? —Daniel se enfadó.
—Nada, me preguntaba si podrías pasarte esta tarde por mi casa, me gustaría enseñarte ''algo''. —Liam dijo lo último con un tono picante.
—Emmm, no sé, ya veré... —Daniel parecía cortado.
—Bueno, te esperaré, chao Tommy. —Liam sacó el monopatín rojo que tenía agarrado en su antebrazo, lo puso en el suelo, se subió y se fue patinando en él.
—¿¿¡Estás con Liam!?? —Tommy miró con sorpresa a Daniel, que no dijo nada—. ¡Qué fuerte!
—¿Qué? No dije que estuviese con él... —mintió Daniel.
—No, no, ya, es solo que me sorprendió que fuese con él justamente...
—¿A qué te refieres? —preguntó Daniel extrañado.
—¿Eh? —Tommy se calló.
—¿Tommy? —Daniel insistió.
—No, a ver, es sólo que como siempre lo vi tan solitario y tal..., no pensé que le fuesen los chicos, además estuvo en la misma clase que mi hermano.
—¿Qué dices? Si Kenny tiene dos años más que nosotros, ¿No?
—Sí, pero Liam repitió curso en la escuela, por eso estuvo en nuestra clase el año pasado, porque ya había repetido, sino, ¿Por qué crees que es tan alto? —preguntó Tommy.
—No es tan alto, solo nos saca unos centímetros, y me da igual que sea repetidor... —Daniel seguía incómodo.
—A mi que sea repetidor no me importa, pero sí es problemático, se junta con gente rara...
—¿Rara? —Daniel le miró extrañado.
—Sí, ya me entiendes, chicos que no son trigo limpio.
—Liam no es así. —dijo Daniel autoconvenciéndose.
—No digo que lo sea, pero sus amistades...
—Me da igual, no quiero hablar más de Liam... —Daniel cortó a Tommy con enfado.
Al llegar a su casa, Daniel corrió y se tumbó en la cama, estaba hecho un lío, no sabía qué hacer, Liam le gustaba, pero saber que era dos años mayor que él y que se lo ocultase era un problema, Liam le mintió.
Por la tarde, Daniel se cambió de ropa, se puso unos vaqueros cortos y una camiseta corta, se peinó y se dirigió a la casa de Liam, éste le vio por la ventana asomado, bajó y le abrió la puerta sonriente.
—Pasa, guapo. —dijo Liam.
Daniel entró y pudo ver la casa por dentro, casi tan grande como la suya, tenía muchas figuras y antigüedades.
—¿Qué es todo esto? —preguntó Daniel mientras miraba sorprendido cada pieza del lugar.
—Son reliquias y antigüedades de mis padres, ellos se dedican a buscar tesoros antiguos.
—Vaya..., ¿Y dónde están? —Daniel tocó una de las figuras, parecía una momia, daba miedo.
—Ni idea, creo que en África, no sé, viajan mucho. —Liam cogió de la mano a Daniel y chocó con una chica de origen africano al subir por las escaleras, era alta y joven.
—Liam, no has comido nada, otra vez. —dijo la chica, que era morena y con el cabello muy largo y ondulado.
—No tenía hambre..., esto..., Dana, ¿Te importa dejarnos a solas?
—Liam, sabes que no puedo...
—Dana, voy a tener sexo con mi novio, ¿Quieres escucharnos? —Liam miró a Dana con enojo, ésta, sorprendida, cogió su bolso y se marchó, Daniel estaba desencajado, Liam lo arrastró y lo metió en su cuarto.
—¿De qué vas? —Daniel estaba enfadado.
—¿Qué pasa? —Liam lo miró extrañado.
—¿Cómo que qué pasa? ¿Por qué has dicho eso? —Daniel seguía muy enfadado.
—Tranquilo, no te haré nada, era para que se marchase.
—Me da igual, no me ha gustado, primero, no quiero que vayas por ahí diciendo que soy tu novio, y segundo, no quiero que digas que vamos a ''tener sexo''...
—¿Por qué? —Liam se acercó y empujó a Daniel en la cama, sentándolo en la misma.
Daniel se quedó callado, Liam permanecía de pie, sonriendo.
—¿Qué? ¿Te da vergüenza decirlo?
Daniel seguía callado.
—¿O acaso prefieres ser tú el que lo haga? ¿Sabes lo que es el sexo no? Dos chicos pueden hacerlo... —Liam se puso encima de Daniel, recostándolo en la cama y poniéndose encima de él.
—Déjame ir, no quiero estar aquí. —dijo Daniel cortado.
—Sabes que no me gustan las mentiras, ¿Verdad? —Liam sujetó las manos de Daniel, poniéndolas arriba, quedando cara a cara con él.
—No miento. —dijo Daniel.
—¿Ah no? —Liam lamió el cuello de Daniel, que soltó un gemido, Liam se apartó y lo miró lascivamente—. Dices una cosa, pero tu cuerpo quiere otra.
Liam besó en la boca a Daniel, luego bajó una de sus manos y la metió por debajo de la camiseta, tocando su piel desnuda, fue subiendo la mano tocando la piel de Daniel, que a cada segundo ardía más, Liam se detuvo, mirando a Daniel, que respiraba de manera profunda.
—Dime que te haga mío. —Liam miraba a Daniel, a sus ojos, la respiración de Daniel estaba entrecortada, su cara estaba roja.
—No..., me quiero ir... —dijo Daniel con voz entrecortada.
—Ya veo..., ¿quieres ser tu el que me lo haga a mí? —preguntó Liam, para sorpresa de Daniel, que le miró con sorpresa.
—No, simplemente no quiero tener sexo, no es el momento, ni el lugar...
Liam se levantó y se apartó con enfado.
—Pues ahí tienes la puerta, vete.
Liam se sentó en su escritorio y encendió el ordenador, Daniel permanecía tumbado en la cama, aún no sabía que acababa de pasar, pero se sentía caliente por dentro.
Liam se giró y lo vio ahí tumbado.
—¿A qué esperas? ¿No te querías ir? Nadie te lo impide, vete. —Liam comenzó a navegar en el ordenador, ignorando a Daniel, éste, sin entender nada, se levantó y puso bien su ropa, lo miró con enfado, no entendía nada.
—¿¡A qué juegas!? —la voz de Daniel sonaba desafiante.
—¿Yo? —Liam se giró mirándolo, tenía una sonrisa perversa—. Yo no juego a nada, eres tú el que no sabe lo que quiere, dijiste que te querías ir, ¿No es eso lo que querías?
Liam se levantó y se acercó a Daniel, que permanecía quieto, sin apartar la mirada de Liam.
—¿Y bien? ¿Qué decides? ¿Te vas? ¿O te quedas? —Liam señaló con sus ojos a la cama, Daniel se dio cuenta.
Ambos quedaron en silencio, sin dejar de mirarse el uno al otro, hasta que Daniel habló.
—Será mejor que me vaya... —Daniel se giró y se marchó ante la atenta mirada de Liam, éste se acercó a su lado.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó Liam.
—No, prefiero dar un paseo solo... —Daniel salió de allí, bajó las escaleras y abrió la puerta de la casa saliendo a la calle, caminó con la cabeza agachada, miró atrás, pero en la ventana no estaba Liam, siguió caminando, en silencio.
Durante el trayecto, le daba muchas vueltas a lo que acababa de ocurrir, en parte quería estar con Liam, pero sentía que no era el momento, quizás no estaba preparado, o quizás no era el chico con el que él deseaba hacerlo.
Ahora que lo piensa, Liam es un chico, quizás era por eso, quizás tenía miedo de hacerlo con alguien de su mismo sexo, eso no era lo correcto, o al menos eso es lo que le enseñaron. ¿Por qué no podía ser normal?
Daniel caminó y se detuvo frente a una casa, se acercó y llamó a la puerta, una mujer la abrió a los pocos segundos y le habló a Daniel.
—Buenas, ¿Está Lucía? —Daniel miraba a la mujer, que era muy alta y un poco rechoncha.
—Sí, claro, ¡¡Lucía!! —la mujer llamó a la chica, que se asomó corriendo—. ¡¡Un amigo vino a verte!!
—Ya mamá, no grites..., ¿Daniel? —Lucía se asomó sorprendida—. ¡Qué sorpresa!
—¿Podemos hablar? —Daniel parecía preocupado.
Minutos después...
Los dos chicos estaban sentados en la mesa de una cafetería, Lucía tomaba un batido de fresas y Daniel una cola.
Daniel le contó todo lo sucedido a Lucía, le costó mucho, sentía vergüenza y temor, pero necesitaba consejo, y no sabía a quién acudir, ya que con Kenny estaba peleado.
—¿Y qué pasó? —Lucía miraba con interés a Daniel—. Digo, ¿Lo hiciste con él?
Daniel tenía la cara roja.
—Es que me da mucha vergüenza... —dijo Daniel.
Lucía cogió la mano de Daniel.
—No la tengas, ¿Somos amigos no? —Lucía le sonreía.
—Sí... —dijo Daniel apenado.
—¿Entonces? No temas, quiero ayudarte.
Daniel suspiró y cogió fuerzas para comenzar a hablar.
—En parte quería, pero por otra parte no, nunca hice algo así... —Daniel ni miraba a Lucía mientras hablaba.
Lucía escucha atenta a Daniel.
—Quiero decir, Liam me gusta, y realmente sentí ganas de hacer cosas con él, pero algo me lo impedía, no sé si era porque aún siento rechazo por como soy, si era porque quizás aún pienso en Jack, o si era porque no estoy preparado.
—Entiendo... —Lucía terminó su batido y lo dejó a un lado.
—El caso es que no sé qué debo hacer... —Daniel estaba muy decaído.
—Mira, no te sientas mal por eso, es algo normal, con la edad uno va experimentando y eso...
—¿Tú hiciste cosas así? —Daniel la miró expectante.
—Bueno, nunca llegué tan lejos, solo tuve un novio, y solo nos hemos dado besos... —dijo Lucía apenada.
—Ya...
—Pero no te sientas mal, ¿Querías hacerlo? —Lucía abrió sus ojos ansiosa de saber la respuesta.
Daniel se quedó callado de nuevo, sin saber qué decir.
—Vale, cambiaré la pregunta, ¿Querías hacerlo con él? —Lucía cogió el batido para tomar otro sorbo, pero ya se le había acabado.
—No sé, creo que sí... Daniel bajó la mirada, su cara estaba roja, parecía un tomate, Lucía no pudo evitar también ponerse roja—. ¿Qué? ¡No me mires así!
—¿Así como? Es solo que me lo imaginé, ahí con ese chico...
—Y porque no te conté lo que hicimos en los vestuarios...
—Espera, ¿qué?, cuéntamelo. —dijo Lucía toda interesada y chismosa.
—Pues, él, bueno…, me arrodilló y yo se la…
Lucía se puso roja y abrió los ojos como platos.
—¿¡Le hiciste una mamada a Liam!?
—¡Lucía! —Daniel se levantó con enfado, mientras algunos escucharon el grito de Lucía y sonrieron.
—Perdón, perdón, es que lo pensé por un momento, nada más.
Daniel se volvió a sentar.
—Mira, si te gusta, y tú a él también, ¿Cuál es el problema? ¿Qué nunca lo hiciste? Bueno, todo tiene una primera vez, y no deberías sentirte sucio por hacer algo que te gusta. ¿No? Siempre que uses precauciones.
Daniel la miró, poco convencido.
Tras esa conversación, Daniel durmió esa noche un poco mejor, aunque aún no sabía cómo abordar los temas sexuales que empezaba a sentir.
Días después, en clase...
—Recordad que el lunes habrá examen de francés, estudiad mucho en casa. —el profesor se despidió al tocar la sirena del recreo, habían pasado varios días de lo ocurrido en casa de Liam, ya era Lunes.
Los chicos estaban en el recreo, hablando de sus cosas, Jack se acercó al grupo.
—Oye, ¿Os gustaría venir esta tarde a la bolera? —Jack posó su mirada en Daniel, éste la notó.
Los chicos miraron a Jack extrañados.
—¿A la bolera? —Tommy le miró extrañado.
—Sí, y jugamos a los bolos, ¿No os gustan? Es que no sé, desde que llegué a este pueblo, me siento un poco apartado, y me gustaría integrarme más. —Jack sonreía apenado.
Daniel miró a sus amigos y después a Jack, todos aceptaron ir esa tarde a la bolera, al salir de clase Liam se acercó a Daniel, que caminaba junto a Tommy.
—¡Ey!, ¿Qué tal las clases? —Liam miraba a Daniel con una mirada lasciva.
—Bien. —dijo Tommy, aunque Liam no le hizo caso.
—Oye, ¿Te apetece venir a mi casa esta tarde? —Liam miró con picardía a Daniel, Tommy se dio cuenta.
—No puede, hemos quedado con los amigos en la bolera. —intervino Tommy.
—¿Qué? Eso es una tontería. —Liam se echó a reír.
—Sí, es verdad, iré con ellos a la bolera. —las palabras de Daniel borraron la sonrisa de Liam.
—¿Qué?, ¿No quieres venir conmigo? —Liam se enfadó.
—Otro día... —Daniel bajó la mirada.
—Creí que te gustaría seguir por donde lo dejamos la semana pasada. —Liam le miró perversamente.
Tommy permanecía callado, incómodo, Daniel aligeró el paso, con cierto enfado.
—Muy bien, ¿A qué hora es? —preguntó Liam a Tommy.
—A las seis. —dijo Tommy.
—Allí estaré. —Liam se montó en su monopatín y se marchó.
—¿Pero para qué le invitas? —Daniel parecía enfadado.
—¿Qué? ¿Pero no estáis juntos? —Tommy se extrañó por la actitud de su amigo.
—No, no estamos juntos, ni somos amigos, ni somos novios, ni somos nada.
—Pero acaba de decir que la semana pasada...
—¡¡No pasó nada!! —las palabras de Daniel sonaban con furia.
Tommy se calló.
—Perdona, es solo que..., no debiste decirle, no creo que sea buena idea que venga... —Daniel estaba preocupado.
—Lo siento, bueno..., ya es tarde, pero no creo que pase nada, y si la lía, echamos a Liam —dijo Tommy.
Daniel lo miró con enfado.
—¿Qué?
Los dos chicos caminaron hasta sus respectivas casas, Daniel soltó la mochila en el suelo y se sentó en el ordenador, necesitaba desahogarse, con Lucía no pudo hacerlo del todo, además, al fin y al cabo era una chica, no iba a entender del todo por lo que pasan los chicos.
Entró al chat de Ryan y le mandó un mensaje.
Daniel: Ryan, te necesito, un chico quiere tener sexo conmigo y tengo miedo...
Ryan: ¿Qué pasa?
Daniel: Me siento mal...
Ryan: ¿Por qué?
Daniel: ¿Recuerdas al chico que me besó en el parque?
Ryan: Sí, claro.
Daniel: Ayer..., ayer yo..., yo estuve a punto de..., eso...
Ryan: Ehm..., ¿De qué?
Daniel: Me propuso tener relaciones con él...
Ryan: Ah..., ehnmmm...
Ryan: ¿Y por qué te sientes mal?
Ryan: ¿Los chicos no pueden tener relaciones también?
Daniel: Sí, pero..., no sé, sentí miedo...
Ryan: ¿Miedo? ¿Por qué? ¿Tú querías?
Daniel: Sí, pero no sé si con él...
Ryan: Vale, te entiendo, quizás no debas hacer nada, si sientes que no es el chico especial, también piensa si estás preparado, quizás sea muy pronto.
Daniel: Ya...
Ryan: Entonces, ¿Vas en serio con él?
Daniel: No lo sé, es que a veces se comporta raro, dice cosas que no me gustan, no sé...
Ryan: ¿Y por qué no se lo comentas? Las cosas se solucionan hablando, si él te gusta de verdad, no esperes a que se aleje o algo.
Daniel: Sí, hablaré con él.
Tras la charla, Daniel fue a la bolera donde quedó con sus amigos y Jack.
Daniel entró a la bolera, ya estaban Andy, Yeray y Tommy charlando en el fondo, solo estaban ellos y dos chicas en otra zona riendo mientras lanzaban bolos.
—Hola, ¿Qué tal? —Daniel se acercó a ellos.
—¿Y Jack? —Tommy miró detrás de Daniel buscándolo.
—No sé, pensé que ya estaría aquí... —Daniel miró atrás levantando sus hombros, Jack no estaba.
—Y yo pensé que vendrías con él. —dijo Andy.
—Pues no.
—Bueno, ¿Jugamos mientras? —Yeray se acercó y cogió un bolo—. Puff, sí que pesa.
—Quita, primo, aprende. —Andy cogió un bolo y lo lanzó, fallando.
—¿Empezasteis sin mí? —Jack apareció con una sonrisa—. Venga, una competición.
—¡Venga! —Tommy parecía entusiasmado.
—Pero somos cinco... —dijo Yeray.
—Seis. —Liam apareció de repente, todos se quedaron en silencio—. ¿Qué?
—Pues genial, ¡Ya podemos hacer tres equipos! —dijo Jack.
—Yo voy con Daniel. —Liam caminó y sujetándolo del brazo lo puso a su lado ante las miradas de los demás, Daniel se dejó.
—Vale, pues yo con Tommy y los primos juntos, genial, empecemos. —Jack cogió un bolo y lo lanzó.
Los chicos comenzaron a jugar, pero Daniel era bastante torpe, Liam sí era bueno, pero iban perdiendo, Tommy y Jack ganaban por mucha diferencia, los chavales se daban cuenta de que Liam aprovechaba cada momento para tocar a Daniel, sobre todo su trasero, a veces se sentían incómodos, Liam lo hacía a propósito, y los miraba sonriendo.
—Bah, me cansé. —Liam se sentó en el banco.
—Pero aún no terminamos... —Tommy le recriminó a Liam su actitud, pero éste ni caso hizo, se levantó y se sentó en una de las mesas a tomar algo.
Los chicos dejaron de jugar, Daniel estaba cabizbajo, se sintió mal, ya que Liam perdió por su culpa.
—No te preocupes, mira, es la primera vez que juegas, es normal, este verano Takeo me enseñó, deja que te enseñe ahora yo a ti. —dijo Jack.
Jack cogió una bola y llevó a Daniel hasta la zona de lanzamiento.
—Mira, sujeta la bola. —Jack le dio la bola, Daniel la cogió—. Bien, ahora apunta y solo lánzala con suavidad, si lo haces con demasiada fuerza se irá fuera, solo intenta tratarla como si estuviese viva.
Jack posó sus manos en las de Daniel, éste podía sentir la piel de Jack con la suya, sentir su tacto le gustó, también notaba su respiración en la nuca, a su lado estaban Yeray y Andy lanzando bolos también, Daniel sentía a Jack muy pegado a él.
—Vale, ahora, suelta con suavidad y la lanzas. —Jack guió a Daniel lanzando la bola, tirando varias, cada vez que lo hacía, podía sentir sus manos.
Liam, con una botella de cola, observaba la situación, no parecía muy de su agrado, dio un sorbo y se acercó a los chicos.
Jack fue empujado por Liam, que sujetó a Daniel del brazo y lo atrajo consigo inmediatamente.
—Te lo pido de buenas, zagal, deja de tocar a mi novio. —Liam le advirtió de manera lenta y clara...
—¿Qué? ¿Qué dices? Solo le enseñaba. —Jack alucinaba.
Daniel miró con enfado a Liam, ya lo había hecho de nuevo, lo trató como su novio sin su consentimiento.
—Claaaaaaro. —Liam sonaba sarcástico—. Tío, que yo no me doy cuenta de cómo lo mirabas, como lo tocas, bueno, me di cuenta yo y todos los que estamos aquí.
—¿Perdona? Has sido tú el que no ha parado de manosearle como si fuese un trofeo, que sí, que ya sabemos que eres su novio, ¿Quieres un pin? —Jack le vaciló y le encaró con enfado.
—Mira, por esta vez, te perdono, por esta vez, pero por favor, no vuelvas a tocar a mi novio, no es tuyo. —dijo Liam tajante.
—Daniel no es de tu propiedad, no es un objeto. —Yeray intervino, que se acercó junto a su primo.
—Cierto, tío, ¿De qué vas? —Andy se unió a ellos, los tres retaron a Liam, que puso por detrás de él a Daniel, como si lo protegiese de ellos.
—En serio, ¿Todos contra mí? Menuda panda de críos, vamos Daniel, te llevaré a un sitio más divertido que éste, uno donde no haya bebés. —Liam sujetó de la mano a Daniel y lo arrastró con él hacia la entrada, entonces Tommy se puso delante.
—No, tú no te lo llevas a ningún lado, él se queda aquí, si quieres irte, vete tú. —Tommy cruzó los brazos desafiándole.
Liam le sonrió, soltó a Daniel y le miró.
—Muy bien. —Liam juntó sus labios y miró a Daniel—. ¿Te vienes conmigo o te quedas aquí? Eres libre de decidir.
Daniel permaneció en silencio, aún estaba asimilando lo que estaba pasando, tenía ganas de salir corriendo y no escoger, ¿Por qué pasó esto de repente? Él solo quería pasarlo bien.
—Ya ha decidido. —dijo Tommy.
—Bien, pues me voy, que lo paséis genial. —Liam con su hombro empujó a Tommy como si fuese una pluma, caminó varios pasos y abrió la puerta para marcharse.
—¡Espera! —Daniel miró a Tommy, y éste lo veía con sorpresa, corrió hacia Liam y cruzó la puerta, Liam miró a los chicos y tras sonreír victorioso, cerró la puerta, no sin antes poner sus dedos en la frente despidiéndose con sorna, había ganado.
—No me lo creo..., nos dejó tirados. —Tommy sonaba decepcionado.
Liam se puso al lado de Daniel y lo cogió de la mano.
—Bueno, te llevaré a un sitio que está genial, te gustará, Daniel permanecía en silencio, los dos chicos caminaron hasta otro antro, parecía más oscuro y lúgubre, en el cartel ponía que era para mayores de edad.
—Aquí no podemos entrar... —dijo Daniel.
—Tranquilo, sí podemos. —Liam se coló por detrás y llamó a la puerta, un tío grande y robusto, con tatuajes, le abrió la puerta
—Liam. —dijo el hombre.
—Ted. —Liam sonrió y lo saludó juntando los nudillos de su puño con los de éste.
—¿Un amigo? —Ted miró a Daniel.
—Mi novio. —Liam sacó unos billetes de su bolsillo y se lo pasó al hombre, que se apartó dejándolos entrar.
—Disfrutad.
Liam entró y Daniel le siguió detrás, el sitio tenía humo en el techo acumulado flotando, de fumar, había dos hombres sentados tomando en la barra, su aspecto de moteros indicaba que era mejor estar lejos de ellos.
—¿Dónde me has traído? —Daniel parecía nervioso.
—Tranquilo, mi pececito, no muerden.
Liam se acercó a la barra y Daniel lo sujetaba del brazo, con temor.
—¿Qué tal Liam? ¿Lo de siempre? —preguntó el hombre que atendía en la barra, de aspecto desaliñado, cabello largo, camisa abierta de botones, vaqueros ajustados y gafas de pasta marrones, con los lentes oscuros.
—No, sirve dos refrescos, que vengo acompañado. —dijo Liam sonriente y haciendo un gesto hacia Daniel.
El camarero, también con aspecto poco fiable miró a Daniel, el camarero parecía otro motorista, con varios tatuajes, Daniel apenas levantaba la mirada, cada vez parecía más nervioso, les sirvió dos refrescos, Liam los cogió y se acercó a una mesa de billar.
—Venga, juguemos, ¿Sabes como va? —preguntó Liam.
Daniel negó con la cabeza.
—Es fácil, deja que te enseñe. —Liam cogió un taco y una tiza.
—Mira, aplicas un poco de tiza en el taco, y con él golpeas las bolas, debes meterlas todas para poder ganar, la ocho es la última.
Liam golpeó y todas las bolas se repartieron por la mesa.
—¿Qué? ¿Quieres probar? —Liam le pasó el taco y cogió su refresco, bebiendo de él.
Daniel se acercó a la mesa y comenzó a golpear las bolas, metiendo algunas con facilidad.
—Vaya, se te da bastante bien. —Liam lo miró con orgullo, Daniel se ruborizó.
Los dos chicos continuaron jugando durante un buen rato, Daniel consiguió soltarse, ya no estaba tan nervioso, se cansaron después de varias partidas.
—Bueno, fue divertido. —dijo Liam.
—Sí. —Daniel estaba feliz.
Liam puso un brazo por encima de Daniel y lo besó en la boca, lo acompañó hasta una de las mesas y se sentaron, el lugar ya empezaba a estar más concurrido.
—¿Cómo conociste este lugar? —Daniel se terminó de beber el refresco, que ya estaba caliente y miraba al local, bastante siniestro.
—Por un amigo, su hermano es muy conocido aquí, por lo que nos dejaban entrar, con el tiempo haces amistades, parecen por las pintas mala gente, pero muchos de los de aquí son más fiables que los que ves con trajes y corbatas.
—Ya... —Daniel los miraba aún con poca confianza.
—¿Qué?
—Nada, me preguntaba..., ¿Por qué yo? ¿Por qué te fijaste en mí? —preguntó Daniel.
—Me gustas, me gustas desde que te vi. —confesó Liam.
Daniel permaneció callado.
—¿Te gustaría venir a mi casa? —Liam le miró con picardía.
—¿Eh? No sé..., yo... —Daniel apartó la vista a un lado, no se sentía preparado.
—¿Qué? No haremos nada que no quieras, tranquilo, me gustaría jugar a un juego divertido contigo. —Liam le sonrió.
—Vale...
Los dos chicos se levantaron y salieron por detrás, tras despedirse de Ted, Liam caminaba de la mano con Daniel, mirando el cielo, ya empezaba a anochecer.
—¿Es bonito eh? —Liam le sonrió.
—¿Bonito? Putos. —un chico bastante alto y con ropa vaquera se puso en medio, a su lado había otros tres chicos, uno de ellos bastante gordo, y otro más bajito, pero con un piercing en el labio, aparentaban ser mayores de edad.
Daniel comenzó a ponerse nervioso.
—¿Qué has dicho? —Liam le miró desafiante.
—Es verdad tío, están llenando el pueblo de putos maricones. —el gordo intervino.
Liam puso detrás a Daniel con su mano, intentando apartarlo de ellos.
—Mirad, hoy tuve un buen día, no me gustaría tener que acabarlo de mala manera. —Liam sonrió de manera cínica.
—Cuidado, la mariquita nos reta..., ¡A por él!
Liam empujó atrás a Daniel e intentó pegar a uno de ellos, pero le esquivó y lo tiraron al suelo, comenzaron a darle patadas entre risas.
—No, otra vez no, por favor, no..., no lo aguanto más... —Daniel temblaba y retrocedió hasta chocar su espalda con un árbol, contemplando la escena sin poder intervenir, estaba paralizado de miedo, miraba como los demás golpeaban a Liam sin descanso.
Daniel, paralizado, se tapó la cara para no ver la escena, sí, la misma que le quitó a su Jack, entonces escuchó un quejido y miró de nuevo.
Uno de ellos, el gordo, cayó al suelo agarrado por Liam, que se levantó y de un fuerte puñetazo tiró también al suelo al más bajito, el alto le golpeó en la cara a traición y lo intentó sujetar, pero Liam con su otra mano le estampó una piedra que había cogido del suelo, de su cabeza comenzó a salir sangre.
Los tres chicos permanecían en el suelo, adoloridos, Liam se acercó al gordo y le pegó una patada en la cara, después se acercó al bajito y le dio un fuerte puñetazo, Daniel podía ver en Liam la cara de alguien fuera de sí, tenía una rabia que jamás había visto, le daba hasta miedo.
Liam sujetó de la camiseta al que parecía el líder y se inclinó junto a él, lo miró apuntándole con su puño cerrado.
—Bien..., ahora, discúlpate. —Liam miraba con odio y rencor al chico que tenía sujeto, que lo miraba con miedo, sin decir nada, Liam le soltó un fuerte puñetazo en la boca, haciendo que sangrase.
Daniel avanzó despacio hasta ellos.
—Lo, lo..., lo siento... —murmuraba el chico.
Liam le volvió a golpear con fuerza.
—¡¡Más alto!! —gritó Liam.
—Liam, déjale, por favor, ya está... —Daniel se acercó hasta Liam.
—¡¡No!! Son escoria, solo buscan hacer daño, ¡No merecen vivir! —Liam los miraba con furia.
Liam le iba a golpear de nuevo y Daniel sujetó su brazo.
—Por favor... —Daniel lo miraba a punto de llorar, la cara de Liam cambió por completo al ver a Daniel y soltó al chico en el suelo.
Los chicos, llevándose las manos a los sitios golpeados, se marcharon con claros síntomas de dolor.
Liam los observó con asco y desprecio, entonces vio a Daniel muy asustado, se acercó a él y lo abrazó, aún temblaba, abrazado, lo acompañó el resto del camino, Liam se notaba que estaba herido.
Llegaron a la casa de Liam, Dana abrió la puerta.
—¡Liam! ¿Qué te pasó? —la chica parecía preocupada.
Entonces Daniel miró la cara de Liam, no se había dado cuenta antes, tenía varios cortes y sangre, Liam sonrió.
—No es nada, solo una pelea con unos gamberros, tráeme el botiquín, me curaré yo. —dijo Liam.
Los dos chicos subieron las escaleras al segundo piso y entraron al cuarto de Liam, cerró la puerta y soltó el botiquín en la cama.
Liam se quitó la camiseta con algún quejido de dolor, Daniel pudo ver varios moratones en el cuerpo de Liam.
—¿Estás bien? —Daniel parecía preocupado.
Liam le miró y le sonrió.
—No te preocupes, he estado peor, créeme. —Liam se limpió la cara en el baño, con agua y una toalla, Daniel aún estaba alterado, miraba como Liam se curaba las heridas mientras se miraba al espejo.
—Bueno, menos mal que no me gano la vida con mi cara. —Liam apagó la luz del baño de su cuarto y cerró la puerta, se sentó junto a Daniel—. ¿Qué?
Daniel permanecía callado, mirando los moratones de Liam.
—¿Te duelen? —Daniel con su mano derecha posó sus dedos en una de las heridas, que estaba en el costado izquierdo de Liam.
—Un poco, pero eso es bueno, significa que estoy bien, ¿No crees? —Liam le miraba sonriendo.
Liam se tumbó y apagó la luz del cuarto, dejando encendida solo la de la mesita de noche, que iluminaba la habitación de forma tenue.
Daniel se tumbó a su lado, podía ver su cuerpo, magullado y herido, era como si hubiesen dañado algo tan hermoso, le dolió verlo así, le recordó a Jack, recordaba la noche en la que se lo arrebataron...
—Supongo que esta noche dormirás aquí, ¿No llamas a tu madre? —Liam sonó preocupado.
—No, ella tiene turno de tarde y noche esta semana, ni se enterará... —Daniel no dejaba de mirar las heridas de Liam, le recordaban a Jack.
—Ya veo...
Los dos chicos permanecieron en silencio, tumbados, mirando el techo.
—Aún me encuentro mal por lo que pasó... —la voz de Daniel sonaba quebradiza.
—¿Por qué? —Liam se acomodó y miró a Daniel.
—Porque así perdí a Jack... —los ojos de Daniel se pusieron rojos.
Liam permaneció callado.
—Sabes, la noche que le pegaron a Jack y a ti, minutos antes, te vi con él, me dio celos, quise deciros que os unierais a mí y a mi amigo para cenar, pero no me atreví, os vi tan juntos y solos..., que no quise molestaros...
Daniel permanecía callado antes las reveladoras palabras de Liam.
—Cuando me enteré de lo que pasó..., me culpé, si yo hubiese estado allí, o si os hubiese invitado...
—No es tu culpa... —dijo Daniel.
—Lo sé, es de las personas que no aceptan nuestra orientación, que nos ven como basura, nos odian por no ser como ellos, ¿Pero sabes qué? Nunca podrán ganarnos, podrán pegarnos, insultarnos, humillarnos, pero hay algo que ellos nunca tendrán.
—¿Qué? —preguntó Daniel.
—Esto. —Liam acercó su mano y apuntó al pecho de Daniel—. Un corazón, esa gente no tiene corazón, ellos sí que son basura Daniel, no nosotros, que no les hacemos daño a nadie por amar.
Daniel sonrió un poco y se sintió mejor.
—Sabes, yo estuve en el hospital, cuando Jack estuvo ingresado, lo visité dos veces, en una de ellas tú estabas durmiendo con la cabeza apoyada encima de su cama...
Daniel giró su cabeza y lo miró sorprendido.
—¿Estuviste allí? —preguntó Daniel.
—Sí, una de mis primeras visitas, vi que estaba solo con su tío, hacía rehabilitación, recuerdo que estaba sonriente, a pesar de su estado y de lo ocurrido, y por mucho que le pregunté cómo estaba, él solo me preguntaba si tú estabas bien, su única preocupación eras tú.
—Jack nunca me dijo nada... —Daniel bajó la mirada con tristeza, sus ojos empezaban a ponerse lagrimosos.
—Bueno, tenía pérdidas de memoria, ¿No?..., la segunda vez que le visité, tú dormías, él estaba despierto, con su mano en tu pelo, esa vez, no me reconoció, me supo mal verlo en ese estado.
Daniel soltó algunas lágrimas, Liam se giró y le besó en la mejilla.
—Si sé algo..., es que lo hiciste muy feliz, como a mí ahora, pececito. —Liam lo abrazó.
Ambos se fundieron en un largo y profundo beso, Liam introdujo sus manos en el interior de la ropa de Daniel, comenzó a mastarubarlo con intensida, Daniel se dejó, Liam sonrió y bajó hasta el pene de Daniel, el cual engulló de golpe.
Daniel solo emitía pequeños gemidos mientras sujetaba el cabello de Liam y lo acariciaba, éste seguía utilizando su lengua y labios para hacer que Daniel estuviera en otra dimensión, la del placer, la lujuria y el éxtasis.
Liam aceleró la mamada, succionaba el pene de Daniel mientras le tocaba los huevos, dándole aún más placer, entonces Daniel sintió como Liam introdujo un dedo en su ano, éste, sorprendido, dio un respingo, Liam sonrió con el pene de Daniel aún en su boca.
El pulso de Daniel se aceleró al sentir como Liam movía el dedo dentro de su culo, mientras seguía chapándole sus partes, no iba a aguantar mucho, Liam continuó y empezó a meter un segundo dedo, ante eso Daniel soltó un quejido y comenzó a venirse, el orgasmo fue largo e intenso.
Sus piernas se tensaron y su cadera intensificó el movimiento contra la boca de Liam, el cual no dejó escapar ni una sola gota del manjar de Daniel, que quedó exhausto tras el orgasmo más intenso de su vida.
Liam se incorporó tras relamerse y besó a Daniel, que le correspondió el beso, ambos quedaron tumbado en la cama, Liam le abrazó y Daniel correspondió también el abrazo, ambos chicos permanecieron así hasta que se durmieron.
Al día siguiente, sus amigos estaban distantes, durante el recreo Daniel se acercó a sus compañeros, que hablaban y reían.
Se sentó en el banco, estaban en el recreo, al llegar él, los demás se callaron. Daniel se dio cuenta y se sintió incómodo.
—¿Por qué os calláis? ¿Molesto? —preguntó Daniel.
—No Daniel, pero quizás éste no sea tu sitio. —dijo Andy.
—¿Cómo qué no?
—Bueno, nos dejaste ayer tirados para irte con el otro... —añadió Tommy.
—¿Qué le pasó en la cara a tu novio? —preguntó Andy.
—No es mi novio, y pues que tres idiotas nos atacaron anoche...
—¿Qué? ¿Pero estáis bien? —Yeray se preocupó.
—Sí, estamos bien...
Todos permanecieron callados.
—Vamos, tenemos que hablar sobre la quedada esta tarde en mi casa para la piscina. —Andy se levantó, Tommy y Yeray le siguieron detrás, Daniel se quedó allí, sentado en el banco, solo.
—No voy a ponerme mal, no..., yo no hice nada malo... —murmuró Daniel.
—Claro que no, solo están un poco enfadados, se les pasará. —Jack apareció detrás de Daniel, se sentó a su lado, en el banco, y le miró sonriente—. ¿Qué? ¿Te asusté?
—No, ¿por qué no viniste a clase las primeras horas?
—Me dormí... —dijo Jack poco convencido—. Oye, ¿Te gustaría venir a mi casa después de clase? Tengo una cosa que te gustará. —propuso Jack.
Daniel le observó curioso, Jack no dejaba de mirarle con una sonrisa.
—Claro, ¿Por qué no? —dijo Daniel.
Las clases continuaron y a la salida Daniel caminaba solo, entonces Liam se puso a su lado.
—¿Qué tal pececito? —Liam le intentó coger la mano, pero Daniel lo impidió.
—No, aquí no... —dijo Daniel avergonzado.
—¿Por qué no? Mmm, por cierto, esta mañana cuando me desperté, ¿Por qué no estabas? ¿Te fuiste muy temprano? —Liam le miró con duda.
—No..., es solo que me desperté y preferí volver a casa, además tenía que coger la mochila, ducharme y eso..., no quería despertarte... —Daniel sonaba cabizbajo.
—¿Qué te pasa pececito? —Liam le miró preocupado.
—No me digas así...
—¿Por qué no? —Liam le sonrió.
—¡Hola! —Jack se acercó y se puso a la derecha de Daniel.
Liam miró a Jack y no contestó.
—Bueno, ¿Entonces te vienes? —preguntó Jack.
—¿A dónde vais? —Liam miró a Daniel, esperando su respuesta, pero Daniel no dijo nada, solo caminaban.
—Bueno, invité a Daniel a mi casa...
—¿Para qué? —Liam se puso celoso.
—Bueno..., es una sorpresa. —Jack no quiso contar para qué.
Los tres chicos quedaron en silencio, continuaron andando hasta la casa de Jack, se detuvieron y Liam miraba a Daniel, con ligero enfado.
—Daniel, no quiero que vayas. —Liam parecía bastante celoso.
—¿Por qué? —preguntó Jack.
—Estoy hablando con mi novio, no contigo. —dijo Liam.
—Bueno, que seas su novio no te da derecho a decir lo que puede o no hacer, déjale vivir. —tras las palabras de Jack, Liam se acercó a él de forma intimidatoria, y éste también se encaró.
—No, Liam, ¿Por qué eres así? —Daniel corriendo se puso en medio.
—¿Así cómo? ¿No ves que quiere robarme tu amor? —Liam no apartaba la vista de Jack.
—¿¡Qué amor!? —dijo Daniel.
—¿Qué? —Liam miró a Daniel, con cara de sorpresa.
—Yo..., mira, tú me gustas, eres guapo y estás bueno, pero nada más, no sé por qué dices que somos novios, además, a veces te comportas raro, y...
—No me amas... —Liam se apartó varios pasos.
Daniel no dijo nada, pero se dio cuenta de que Liam tenía los ojos rojos.
—Bien, Daniel, bien, yo..., mejor me voy, no quiero estar donde no se me quiere... —Liam le soltó una mirada triste a Daniel y con sus manos en los bolsillos se marchó cabizbajo.
Daniel y Jack permanecían en silencio hasta que Liam se perdió en el horizonte de la calle.
—Lo siento, yo no quería provocar esto... —Jack se disculpó.
—No, no es tu culpa..., además es que Liam a veces se comporta..., no sé...
—¿Vienes? —Jack caminó a su casa.
Daniel le siguió y subieron a su cuarto, dejaron las mochilas en el suelo y Jack sacó una bolsa de su armario, Daniel observaba con curiosidad.
—Mira, he visto que te gustan mucho los cómics, así que pensé que esto te gustaría.
Daniel se acercó y abrió la bolsa, había decenas de cómics antiguos.
—¿Y esto? —Daniel los cogía, aún con sorpresa.
—Son para ti. —Jack le miró sonriente.
—¿Qué? ¿Para mí?
—Sí, todos. —dijo Jack.
—No, no puedo aceptarlos... —Daniel los soltó en la cama.
—¿Por qué no? —Jack se sentó en la cama, al lado de Daniel, que permanecía callado.
—Nunca me habían regalado nada..., bueno, una vez, en mi cumple, Jack me regaló un dibujo... —la voz de Daniel se comenzaba a quebrar.
Jack se quedó callado.
—¿Yo te recuerdo tanto a él? Porque aún me acuerdo del primer día de clases, que pensaste que yo era él, hasta casi me lo creí yo por la forma en la que te comportaste.
—Sí..., te pareces mucho, aunque él tenía muchas más pecas, y era más bajo que tú, pero..., te llamas igual, y físicamente eres casi idéntico de cara, incluso tu pelo, me recuerda mucho a él y yo no creo en las casualidades..., pero no sé, él está muerto...
Jack permanecía callado.
—Es que no sé, Jack muere y apareces tú, ¿No es raro?
—Bueno, quizás fue el destino... —dijo Jack.
—¿Qué quieres decir? —Daniel miró extrañado a Jack.
—Pues, que Liam tiene razón, me gustas...
Daniel abrió los ojos con sorpresa, sin saber qué decir.
—El día que levantaste la mano en clase, al verte, mi corazón latió con mucha fuerza, sentí que eras diferente, y no sé, pensé que me caías bien y tal, hasta el día de la bolera, cuando te vi con Liam..., yo..., me puse celoso.
Daniel seguía callado.
—Os invité a la bolera porque quería estar contigo, pero no sabía que estabas con Liam..., y cuando os vi juntos yo...
—No estaba con él, somos amigos, solo que él me trata como su novio... —Daniel por fin intervino.
—Ya, me sabe mal esta situación, porque se ve que él te quiere...
—¿Y tú? ¿Qué quieres? —Daniel miró a los ojos de Jack, que sorprendido, bajó la mirada.
—Tú me gustas, Daniel, si tú quieres..., podríamos intentar ser novios... —Jack se puso colorado.
Daniel se quedó pensativo.
—Puedes pensártelo si quieres, no hay problema... —Jack estaba cada vez más apenado.
—Es que es todo muy raro, de no tener a nadie, a querer algo conmigo Yeray, luego aparece Liam y ahora tú me dices esto...
—¿Yeray también? —las cejas de Jack se levantaron con sorpresa.
—Sí..., bueno, yo no siento nada por Yeray y hemos quedado como amigos, aunque le está costando asimilarlo aún...
—Ya veo..., Daniel, tú tienes algo, algo por lo que los demás se sienten atraídos hacia ti, eres especial, seguro que Yeray se prendió contigo tras el beso...
—¿Qué beso?
—El beso...
—Jack, ¿qué beso?
Jack se quedó en silencio, se levantó nervioso y comenzó a dar vueltas por su cuarto, después, cogió la mano de Daniel, éste pudo sentir el tacto de su piel, que se dejó hacer.
—Daniel, quiero salir contigo.
—Yo..., no sé... —Daniel no estaba convencido, no quería olvidar a Jack con otro Jack, sería muy rastrero eso.
—No te preocupes, puedes pensártelo si quieres, como dije antes, no hay problema, y siempre podemos ser amigos. —Jack le sonrió.
—¿Por qué te atraigo yo? —Daniel miró con duda a Jack, que quedó callado de nuevo.
—Es que no sé, es todo muy raro, ¿qué probabilidad hay de que dos chicos llamados iguales se interesen por mí? ¿Es que no ves que es extraño?
—No sé, Daniel, me quedé tocado el primer día que dijiste que yo era Jack, empecé a verte con otros ojos, no sé, me transmitías confianza, algo diferente, algo que no sé explicar, como si fueras especial para mí, y desde entonces te comencé a observar.
Daniel, sorprendido por esas palabras, no aguantó más.
—¿Puedes quitarte la camiseta? —Daniel se acercó a la puerta y la cerró.
—¿Qué? —Jack se puso rojo.
—No es para lo que piensas, solo quiero..., sólo hazlo, por favor. —Daniel miraba a Jack.
Jack, dudoso, se levantó y se quitó la camiseta, mostrando su torso desnudo, Daniel se acercó a él.
—Date la vuelta. —dijo Daniel impaciente.
Jack, obediente y confuso, se dio la vuelta, Daniel pudo ver la espalda de Jack, tenía marcas de cicatrices, y abajo, en el costado derecho tenía el tatuaje que el tío Roland le hizo en la espalda, al costado.
La respiración de Daniel comenzó a agitarse, posó su mano en el costado de Jack, pudo notar el tacto de su piel, notaba el tatuaje, también las cicatrices, las mismas que se hizo en el accidente de coche, eran reales, no podía ser su imaginación... ¿O sí?
—No..., no puede ser... —lágrimas caían de los ojos de Daniel.
—¿Qué pasa? —Jack se giró y vio a Daniel llorando, éste salió corriendo a toda velocidad, Jack intentó detenerlo, pero no pudo, abrió la puerta y corrió sin parar.
Corrió durante varios minutos y vio a lo lejos a Yeray y Tommy caminando juntos, hablaban, casi sin fuerzas siguió corriendo hasta alcanzarlos.
—¡¡Jack!!, ¡¡es Jack!!, ¡¡es él...!! —Daniel respiraba con dificultad.
—¿¡¿Qué dices?!? —Tommy se dio la vuelta al ver a su amigo tan agitado.
—¿Daniel? ¿Estás bien? —Yeray se acercó a su amigo, que casi se ahogaba.
Daniel puso sus manos en sus rodillas intentando recobrar el aliento.
—¡¡Es Jack, es él!! —dijo Daniel alterado.
—¿De qué hablas? —preguntó Tommy.
—Estuve..., estuve en casa de Jack. —Daniel tomó aire—. Y al quitarse la camiseta lo vi, lo tiene, incluso lo toqué.
—¿Qué tocaste? —Tommy no entendía nada.
—¡¡Su tatuaje!!
—¿Tiene un tatuaje? —Yeray miraba preocupado a Daniel sin entender nada.
—¡Sí!, el mismo que le hizo su tío, donde sale su nombre y el de su hermano, ¡¡Es el mismo tatuaje!! —Daniel sonaba como desquiciado.
—¿Qué? ¿De qué leches hablas? —Tommy no le creía.
En ese momento llegó Kenny.
—¿Qué hacéis aquí? ¿No íbamos a la piscina de Andy? —Kenny ni miró a Daniel.
—Es Daniel, que dice que el Jack de ahora, tiene el mismo tatuaje que el Jack que..., bueno, eso. —dijo Tommy a su hermano.
—¿Qué? —Kenny miró extrañado a Daniel.
—¡Sí! ¡Yo lo vi! Estaba en su casa, le dije que se quitara la camiseta y vi el tatuaje, ¡¡Es Jack!! —Daniel sonreía de manera que parecía que había perdido la razón.
—Eso es imposible, Jack está muerto, por favor, no empieces otra vez, ya sabemos que se parecen mucho, ¡¡Pero no es él!! —Kenny parecía comenzar a enfadarse.
—¡No está muerto, es él! ¡Incluso me dijo que le gusto! —Daniel no sonaba razonable.
—¿Qué? —Yeray lo miraba celoso.
Todos se quedaron en silencio.
—Mira, Kenny, estoy harto, cansado de que NADIE me crea, desde el primer día, el primer maldito día supe que ése era Jack, su voz, su forma de moverse, su piel, su forma de ser, todo, sé que era Jack, pero me convencisteis, me comisteis la cabeza diciendo que no era él.
Todos escuchaban atentos, Daniel estaba en lo cierto o como una cabra.
—Por dejarme convencer he estado ciego, pero ya no más, ¡ES JACK! Y puedes insultarme, decirme que soy un bebé o darme de hostias, que no me hará cambiar de opinión, ése es JACK.
—Muy bien, haremos una cosa, Daniel, vamos a la piscina, nos bañamos, jugamos, lo pasamos bien, y no se hablará de este tema nunca más. ¿Entendido? —Kenny quería zanjar el tema.
—¡¡Te estoy diciendo la verdad!! —los ojos de Daniel se pusieron llorosos de nuevo.
—Daniel, mira... —dijo Kenny.
—Lo comprobaremos. —Yeray cortó a Kenny.
Todos miraron a Yeray.
—¡Sí! ¡Es verdad! En la piscina se quitará la camiseta, ¡Ahí lo sabremos! —añadió Tommy.
Kenny miró a su hermano y después a Daniel.
—¿Estaba invitado? —preguntó Kenny.
—Sí, lo invitamos. —contestó Tommy.
—De acuerdo, entonces haremos lo siguiente, como dije, iremos y lo pasaremos bien, cuando Jack se quite la camiseta comprobaremos si tiene el tatuaje, si no lo tiene... —Kenny miró a Daniel haciendo una pausa—. No volverás a nombrar a Jack nunca más, ¿Entendido?
—Kenny, no seas injusto, le echa de menos... —dijo Yeray.
—Lo sé, y casi ha pasado un año, debe pasar página, lo hago por su bien, si no lo hace pronto se quedará anclado en ella de por vida.
Todos se callaron, Daniel se limpió algunas lágrimas y miró a Kenny.
—Bien, os demostraré lo que vi, y si no tiene el tatuaje, no hablaré sobre Jack, nunca más. —Daniel continuó andando y los demás le siguieron, en silencio, a veces murmuraban, pero Daniel pasaba, solo quería que llegara el momento para demostrar que no estaba loco.
Llegaron a la casa de Andy, que notó que algo raro pasaba, se sorprendió al ver a Daniel, que pensaba que no vendría, los chicos entraron y algunos comenzaron a bañarse, se quitaron la camiseta quedando en bañador, Daniel se quedó sentado en el banco, Yeray se acercó a su lado y se sentó.
—¿Estás mejor? —preguntó Yeray.
—Sí, ¿Tú me crees? —Daniel miró a Yeray, éste desvió la mirada hacia sus amigos.
Hubo un silencio, los demás jugaban con el balón en la piscina, las risas y el ruido del agua se escuchaba de fondo.
—O sea, que no... —dijo Daniel.
—Lo siento. —Yeray fue sincero.
—¿Y tú? ¿Estás mejor? —preguntó Daniel.
—¿Eh?
—Kenny me contó que te encontró saliendo de mi casa llorando y fuisteis al cine...
—Ah..., sí, bueno, me ayuda mucho a olvidarte, es un buen amigo. —dijo Yeray.
—¿Ayuda? Eso quiere decir que te hice daño...
Yeray no dijo nada.
—Quiero decir, es lo mejor, no quiero que sufras... —las palabras de Daniel no le gustaron a Yeray, pero ya sabía que no tenía nada que hacer con Daniel.
—Tranquilo, ya estoy mejor, de verdad, me alegra ser tu amigo, y si eres feliz con Liam, pues mejor... —la voz de Yeray no sonaba del todo sincera, al menos eso notaba Daniel.
—No estoy con Liam, nunca estuve con Liam, solo somos amigos...
—Ah..., bueno, lo que sea, lo siento.
—No importa, como dije, no siento nada por él, es un buen chico, pero..., no sé, no creo que acabe con él jamás. —Daniel fue tajante.
—Ya... —Yeray se acercó a su lado—. Si necesitas un amigo, siempre estaré.
Daniel miró a Yeray, que le sonreía.
—Gracias.
En ese momento llamaron al timbre, Andy salió de la piscina a abrir, todos quedaron en silencio, expectantes, esperando ver si era Jack.
Daniel estaba nervioso, deseaba que llegara el momento.
Andy apareció con Jack, que sonreía.
—¡Ya estoy aquí! —Jack miró a Daniel, y se acercó a él, los demás siguieron jugando.
Todos estaban expectantes por ver el supuesto tatuaje de Jack.
—¿Qué te pasó antes? ¿Por qué te fuiste así? —Jack miraba a Daniel que permanecía sentado en el banco de la terraza.
—Yo voy a mojarme un poco. —Yeray se levantó y se tiró al agua dejándolos a solas.
Jack se acercó y se sentó al lado de Daniel.
—¿Y bien? Estaba preocupado...
—Nada, es solo que necesitaba correr un poco, nada más. —mintió Daniel.
La respuesta de Daniel no convenció del todo a Jack.
—¡Ey! ¡Jack! ¿Vienes a jugar con nosotros? —Andy gritó desde la piscina, alentando al chico.
Jack los miró con una sonrisa, el timbre sonó y Andy fue a abrir.
—¡Claro! —gritó Jack—. ¿Te vienes? —esta vez era Tommy el que lo alentaba.
Jack miró a Daniel, que miraba a sus amigos, sabían que estaban esperando verlo sin camiseta, Jack se giró y vio a todos parados, mirándole.
—¿Qué pasa? —Jack sospechaba que pasaba algo raro.
—Nada, ¡Estamos esperando que vengas a jugar con nosotros! —Kenny intentó fingir normalidad, pero conseguía todo lo contrario.
—¿Por qué ese repentino interés en que entre en la piscina? —Jack miró a Daniel con duda—. ¿Tiene que ver algo con lo de antes?
—Solo quiero que le muestres la espalda a mí amigos. —dijo Daniel.
—¿Qué? —preguntó Jack con cierto enojo.
En ese momento apareció Liam, ante la mirada de todos.
—Lo siento, se coló. —dijo Andy.
—¿Aún piensas que yo soy el Jack ése que murió? Yo no soy ése. —Jack, enfadado se marchaba.
Daniel se levantó para detenerlo y Liam sujetó a Daniel.
—¿¡Qué!? ¿Piensas que éste es el Jack que murió? —Liam no soltaba a Daniel, que vio como Jack desaparecía por la puerta.
—¡Suéltame! —dijo Daniel enfadado.
—Solo quería hablar contigo, no quiero perderte. —Liam no soltaba a Daniel.
—Dijo que lo sueltes. —Kenny salió de la piscina y se acercó a ellos.
—¿Y si no, qué? —Liam miró desafiante a Kenny, después soltó a Daniel, que miraba un poco asustado, la situación.
( Continuará... )
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Creado (2020), revisado y editado (2025) por @TeenBoy
All rights reserved© Safe Creative Code: 2202020399227 / 2309245396427
ISBN Code: 9789403630045
PD: Esta historia no contiene nada de sexo explícito, es una historia de amor que escribí hace unos años, quería compartirla por aquí, contiene drama, violencia, inocencia, misterio..., ojalá que os guste.
La historia constará de 10 capítulos, de larga duración, ya sabéis que vuestras opiniones, críticas y consejos son bienvenidos!
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