jueves, 27 de agosto de 2020

El secreto de Jack — Capítulo 6: Gemidos Ahogados

 

El secreto de Jack 6 - Gemidos ahogados

El fin de segundo curso llega y viajan a Alaska, allí Daniel aprenderá a chupar polla, no se le da mal...

Tras el grito de Daniel, éste cayó de rodillas tosiendo con dificultad, se llevó ambas manos a su garganta, le ardía y le dolía con intensidad.

Kenny y los demás chavales vinieron corriendo tras escuchar el grito.

¿¡¡Qué pasó!!? —Kenny se arrodilló para socorrer a Jack, lo sujetó e intentó despertarlo—. Rápido David, pide una ambulancia, en la entrada de la feria hay una, ¡Diles que vengan ya!

David, compañero de Kenny, salió corriendo en busca de la ambulancia.

Isa y otra chica se acercaron a Daniel, que temblaba de rodillas, mirando a Jack tirado en el suelo, cubierto de sangre.

Cálmate, todo saldrá bien... —Isa, con lágrimas, abrazó a Daniel, que permanecía en shock, con la mirada perdida en el cuerpo inerte de Jack, Kenny lo miraba preocupado, la cara de Daniel también tenía algo de sangre y varios cortes.

La ambulancia llegó enseguida, lo subieron a una camilla, Kenny se despidió de las chicas y acompañó a Daniel al hospital en la ambulancia, veía como intentaban reanimar a Jack.

Llegaron al hospital y sacaron a Jack velozmente llevándolo dentro para intentar salvarle la vida.

Daniel y Kenny esperaban fuera, sentados en la sala de espera, nerviosos, sobre todo Daniel, que aún estaba herido, Kenny le sujetó y lo llevó a recepción.

Señorita, mi amigo necesita ayuda, está herido. —dijo Kenny refiriéndose a Daniel, la enfermera lo cogió de la mano y lo llevó a una sala donde comenzaron a curarle.

Kenny miraba aún preocupado a Daniel, el cual seguía temblando, la enfermera terminó de curarlo con complicaciones por sus temblores.

Voy a llamar al doctor, su amigo está en un estado de nervios y quizás necesite algo más fuerte, vigílalo, no tardo. —dijo la chica.

Vale. —Kenny se acercó a Daniel, que aún temblaba, le sujetó las manos para que dejase de temblar—. Daniel cálmate, así no ayudarás a Jack, escucha, todo saldrá bien, ¿Vale? Cálmate.

Daniel se levantó de un salto y sin parar de moverse miró con furia a Kenny.

¡TÚ! Tú diji..., dijiste..., dijiste..., que no..., que..., que no me..., me ocultase...! ¡Y, mira! —tartamudeando y sin que apenas se le entendiese, Daniel empezó a toser con dificultad, Kenny, aún sorprendido por escuchar la voz de su amigo se acercó a su ayuda—. ¡De, deja, déjame!

Daniel, llevas sin hablar mucho tiempo, no grites, ¡Te dañarás la garganta! —Kenny intentó tranquilizarlo.

Daniel se alejó y cogió un bisturí de la mesa apuntando a Kenny.

¿Qué vas a hacer? —Kenny alarmado se alejó de Daniel, sabía que estaba en shock.

Ven..., ven..., venga..., venganza... —Daniel, miraba mareado a Kenny, su visión comenzaba a estar borrosa, sus piernas fallaron, cayó desmayado soltando el bisturí en el suelo, Kenny corriendo lo sujetó para que no cayera Daniel al suelo.

Daniel perdió el conocimiento, Kenny lo mantuvo en brazos como pudo y lo puso en la camilla de nuevo, tumbado, el doctor enseguida apareció y atendió a Daniel.

Voy a llamar a su madre. —Kenny se marchó y dejó al doctor con Daniel.

Kenny buscó a la madre de Daniel, que sabía que trabajaba en el hospital, la vio y se acercó a ella, la avisó y corriendo fue a ver a Daniel.

Esa noche, fue una de las peores noches que Daniel, Jack, Kenny y los demás habían vivido, y todo por el odio a lo distinto, a lo diferente.

Los rayos de luz entraban en la habitación, tan blanca como la típica de un hospital. Daniel se incorporó y vio a su madre durmiendo en el sillón de al lado.

Buenos días. —susurró Kenny, que estaba sentado al otro lado—. Tu madre estaba muy preocupada.

Daniel intentó levantarse, pero Kenny no le dejó.

No, no te muevas, mejor descansa. —Kenny posó su mano en el pecho de Daniel impidiendo que se levantase.

Daniel miró muy serio a Kenny, la madre despertó y se acercó a Daniel.

Daniel, ¿Estás bien? Estaba muy preocupada —la madre tenía los ojos lagrimosos.

La madre abrazó a su hijo.

Yo me voy a casa, apenas dormí. —Kenny se levantó.

Muchas gracias por todo Kenny.

No hay de qué, señora. —Kenny se puso la chaqueta vaquera que llevaba en la feria, miró con tristeza y preocupación a Daniel.

La madre abrazó a Kenny y éste con mirada de preocupación miró a Daniel de nuevo, éste apartó la vista con enfado.

Bueno, ahora debes desayunar. —dijo la madre mirando a Daniel.

Daniel intentó hablar, pero no podía, la madre de Daniel miró a Daniel y le tapó la boca.

No lo hagas, el médico dijo que las tienes muy inflamadas, ¿A quién se le ocurre estar años sin hablar y comenzar a hacerlo gritando? Dijo que necesitas unas semanas de reposo, y aún así no sabe si recuperarás la voz en condiciones... —la madre comenzó a llorar.

Daniel, sorprendido, se quedó callado, se llevó la mano a la garganta, le dolía mucho, sentía una presión en ella muy grande.

Se echó en la cama y miró por la ventana, pensando en todo lo que ocurrió, necesitaba ver a Jack, quería verlo, desayunó como pudo, líquidos, cada sorbo que tragaba le ardía.

Su garganta se sentía como si tuviese lava en ella, le costaba tragar, su madre continuó trabajando en el hospital, Daniel aprovechó para vestirse y salir del cuarto, buscando a Jack.

En uno de los pasillos estaba el tío de Jack, Roland, con una señora que sería seguramente su mujer. Daniel se acercó, el tío de Jack tenía ojeras de haber llorado, vio a Daniel y se levantó.

Daniel, por fin despertaste, Kenny me contó lo sucedido, ¿Podrías acompañarme? Necesito que describas a los cuatro que os atacaron, van a pagar por lo que hicieron.

Cariño, déjale un tiempo, no creo que sea el momento. —la mujer cogió del brazo a Roland.

Lo sé Amanda, pero es importante...

¡Roland!... —la mujer le increpó su actitud.

Está bien, Daniel, mañana por la mañana quiero que te pases por la oficina del sheriff, ¿De acuerdo?

Daniel afirmó con la cabeza, avanzó unos pasos para entrar al cuarto de Jack.

Espera, no creo que sea buena idea, es mejor que no lo veas así... —Roland sonaba con temor.

Daniel no hizo caso, giró y comenzó a abrir la puerta, entró y dio unos pasos.

Jack estaba acostado en la cama, tenía toda la cabeza vendada, gran parte de la cara también, sólo se distinguía un ojo y parte de una mejilla, con varios cortes, estaba entubado, uno de los brazos parecía que lo tenía escayolado, Daniel no pudo evitar soltar varias lágrimas al ver a Jack así.

Roland entró detrás y posó sus manos en los hombros de Daniel.

El médico ha dicho que está vivo de milagro, perdió mucha sangre y su cerebro estuvo demasiado tiempo sin oxígeno, no sabe si despertará, y de hacerlo puede tener secuelas... —Roland lo decía con impotencia y tristeza.

Daniel se acercó y sujetó una de las manos de Jack, la que estaba escayolada desde los nudillos hasta el hombro, lo miró y no pudo evitar comenzar a llorar.

''Quiero decirte cuanto te amo'', ''Debí decírtelo'', ''Si te pierdo ahora, jamás me lo perdonaré'', ''Pero no te preocupes Jack, mi amor'', ''Te vengaré'', ''Te lo juro'', ''Aquí delante de ti'', ''Buscaré y cazaré uno a uno a los que te han hecho esto'', ''Ninguno volverá a dañar a más personas''

Daniel se dio la vuelta con furia, salió por la puerta y corriendo se fue a casa, abrió su armario sacando ropa, encontró unos pantalones negros oscuros, vaqueros, sacó una chaqueta de piel, estilo motorista, nunca se la había puesto, fue un regalo de su madre.

Puso la ropa en la cama, mirándola, cogió las tijeras y mientras se miraba al espejo del baño se hizo varios cortes en su cabello, dejándolo desordenado, Daniel solía tener media melena, no muy largo, pero ahora lo tenía corto revuelto.

Se detuvo mirando las tijeras y luego al espejo, se daba asco, repugnancia, si no fuese diferente, si no fuese gay, Jack estaría bien.

''Lo pagarán, sentirán mi dolor, sí..., mi dolor y el tuyo será su dolor''

Al día siguiente la madre de Daniel llevó a su hijo a la oficina del Sheriff.

¿Estás seguro de que no recuerdas a ninguno?

Daniel negó con la cabeza, ya había pasado un día, estaba sentado al lado del tío de Jack y el sheriff, un tío fornido y más joven de lo que se imaginaba.

Mira, chico, no debes tener miedo, no te harán nada. —dijo el Sheriff.

Daniel escribió una nota y la dejó en la mesa.

''Estaba muy oscuro y tenía miedo, no pude ver sus caras, no me acuerdo bien de lo que pasó''

Daniel, ¿Vas a dejar que no paguen lo que le hicieron a Jack? —el tío de Jack comenzaba a alterarse.

Roland, cálmate, así no ayudas. —el Sheriff se acercó a Daniel y se puso de cuclillas frente a él—. Hijo, si recuerdas algo, lo que sea, cualquier cosa, ¿Vendrás a decírmelo?

Daniel lo miró a los ojos y afirmó con la cabeza.

Pasaron los días y Daniel no fue a la escuela, en parte con permiso de la madre, para recuperarse, cada mañana, sin que ésta lo supiese, salía por las mañanas dando vueltas por el pueblo, buscando.

Hasta que por fin localizó a uno de ellos, salía de una tienda, lo reconoció enseguida, jamás olvidaría su cara de cerdo, de la de ninguno de los cuatro, ese era el que habló para que el de los pendientes se detuviese.

El chico caminó y Daniel le siguió, Daniel iba vestido con la chupa de piel de cuero negra y los pantalones vaqueros, el pelo revuelto y teñido con toques de rubio, parecía otro chico, le siguió hasta un callejón, abrió una puerta de lo que parecía un garaje entrando tras ella, Daniel dio un pequeño rodeo, se metió entre la maleza y se acercó agachado.

¿Trajiste las bebidas? —hubo un silencio—. Tío te dije que lo quería con filtros. —la voz de otro de los chicos, el que lo sujetó a él.

Confórmate con esto. —el otro le lanzó varias cosas y las cogió como pudo.

Daniel entró por una ventana baja que había en el garaje, saltó con cuidado, mirando, uno de ellos se alejó y entró a otra estancia, Daniel cruzó agachado sin que el que estaba sentado en el centro del garaje lo viese.

Parecía un taller abandonado y apenas había luz en él, eso facilitaba que pudiese moverse, Daniel avanzó cogiendo una tubería con fuerza del suelo, se acercó al que estaba sentado y cuando le iba a golpear apareció el chico de los pendientes sujetando la tubería por detrás.

¡Pero bueno! ¿Qué tenemos aquí? —le quitó la tubería y le dio a Daniel un empujón que lo tiró al suelo de culo.

¿Y este? ¿Qué hace aquí? —el chico más alto, que estaba a su lado le miró amenazante.

No lo sé, quizás vino a jugar con nosotros, ¿No? ¿Eso quieres mariconcito? —el de los pendientes le lanzó la tubería a Daniel, éste la esquivó moviendo la cabeza a un lado—. A tu amigo lo molimos a palos, y tú de aquí no te vas sin correr la misma suerte, ¿Lo sabes no? Los maricas como tú me dais asco.

El chico recogió la tubería del suelo y alzó el brazo con ella para pegarle a Daniel, en ese momento, entraron varios agentes.

¡Alto! ¡Las manos arriba! ¡Ya! —el tío de Jack se acercó a Daniel y lo ayudó a levantarse—. Lo escuchamos todo, quedáis detenidos por intento de homicidio a un menor e intento de agresión a otro.

¿Qué? —el líder intentó huir, pero dos policías le redujeron en el suelo, los otros también fueron detenidos, parecían de edad menor a la del líder.

En total eran Roland y cinco agentes más los que entraron y detuvieron a los chavales homófobos.

Los fueron deteniendo y los metieron en los coches. Roland caminó con Daniel hasta su coche, miraba como se llevaban a esa gentuza.

Daniel, ¿Te volviste loco? ¿Qué intentaste? Su líder tiene diecisiéte años, pudo matarte, ¿Lo sabes? No vuelvas a hacer algo así nunca más.

Daniel miró con lágrimas a Roland, éste lo abrazó.

Desde el principio supe que sabías quiénes eran, y cuando vi tu peinado, tu ropa, tus pintas en general, me imaginé algo, el Sheriff también, así que te comencé a vigilar, me di cuenta de que cada mañana salías dando vueltas, no era tonto, sabía lo que hacías, temí por ti cuando te vi entrar aquí corriendo, ¿No vuelvas a hacer algo así vale?

Daniel afirmó con lágrimas.

No le contaré nada a nadie, pero la próxima vez prométeme que me pedirás ayuda, promételo.

Daniel le miró y volvió a confirmar con la cabeza.

Venga, vamos, te llevaré a tu casa, necesitas descansar un poco, además deberías volver a la escuela, intentar olvidar todo esto, hazlo por mí, hazlo por Jack, ¿Vale? No te preocupes por esa gente, pagarán lo que hicieron, nos aseguraremos de ello, irán directos a un reformatorio, no verán la luz del sol en mucho tiempo, yo mismo me encargaré.

Y así, Daniel descansó ese día mucho mejor, no pudo evitar llorar por la noche, pensando en Jack, quería verlo recuperado, necesitaba verlo sonreír de nuevo.

Los días fueron pasando, la Navidad se acercaba, Daniel estaba más distante que nunca, sus amigos le intentaban dar apoyo, pero a él le costaba, ya ni escribía notas, no tenía ganas de nada, siguió estudiando y asistiendo a clase por Jack, lo hacía por él.

Cada día, después de salir de clases Daniel visitaba a Jack, le leía cómics, esperando que se despertase, el médico dijo que se recuperaba favorablemente, que cualquier día podría despertar, Daniel estaba feliz escuchando esas palabras.

Hola, Daniel. —Yeray entró al cuarto donde Jack permanecía durmiendo, en el hospital, Daniel estaba sentado mirándolo.

Daniel le miró y le hizo un gesto con los ojos para que pasase.

¿Cómo está? —Yeray se sentó a su lado y le cogió una mano, Daniel la apartó—. Solo intento ayudar, lo siento...

Yeray se levantó para marcharse.

Daniel le sujetó para que no se fuera.

No..., te..., va, vayas... —dijo Daniel con dificultad.

Yeray miró a Daniel con sorpresa.

¿Desde cuándo puedes hablar?

Daniel bajó la mirada, Yeray se sentó a su lado.

Me, cu, cu, cuesta, un, po, poco. —tartamudeó Daniel.

Me gusta tu voz, es suave... —Yeray le miró con una leve sonrisa.

Daniel no dijo nada, solo miraba a Jack, que estaba en la cama, aún con muchas vendas y entubado, parecía muy frágil.

Ha sido mi culpa... —Yeray comenzó a sollozar.

Daniel le miró extrañado.

Yo..., cuando os vi juntos..., recé para que estuvieras conmigo, para que lo vuestro no durase, ha sido mi culpa Daniel, lo siento... —Yeray comenzó a llorar.

No..., no fu..., fue tu..., tu culpa..., fu..., fue de es..., esos..., mal..., mal..., malditos... —Daniel se llevó sus manos a la garganta, le comenzaba a arder.

Lo sé, pero no dejo de pensar en ello, no debí rezar pidiendo eso. —Yeray miró a Daniel con preocupación—. ¿Estás bien?

Daniel respiró hondo y confirmó con su cabeza.

Yeray, no digas tonterías, no fue culpa tuya, no fue de nadie. —intervino Kenny, que estaba en la puerta, a su lado, le acompañaba Tommy.

Los dos chicos miraron a Kenny y Tommy, que entraron y se acercaron a Jack, que estaba en la cama tumbado.

¿Cómo está? ¿Se sabe algo? —Tommy se acercó y se sentó al lado de Daniel.

Daniel negó con la cabeza, miró a Kenny y apartó la mirada.

Bueno, sé que despertará, Jack es fuerte, pronto lo tendremos por aquí correteando. —Kenny miró a Jack mientras intentaba animarlos a todos.

Ojalá, es mi amigo, cuando entré al colegio por primera vez, recuerdo que estaba sólo, Jack se acercó a mí y me dijo si quería jugar con él al fútbol, siempre fue amable, después, cuando mi primo Andy se mudó al pueblo, conectaron enseguida, aunque peleaban mucho al principio, pero se llevaban mejor que nadie... —Yeray miraba con tristeza a Jack.

Sí, es verdad, Jack hacía amigos con facilidad, siempre estaba sonriendo, siempre, incluso cuando ocurrió lo del accidente, es cierto que durante meses estuvo distante y sólo, pero con el tiempo volvió a sonreír, no sé cómo lo hizo..., para sobreponerse con tanta facilidad... —Tommy se acercó y le dejó un dibujo.

Yeray también se acercó a su cama, le miraba con tristeza, Kenny y Daniel permanecieron en silencio.

Siempre fue un buen chaval, yo no tuve mucho contacto con él, pero es cierto que en la escuela todos lo conocen, no solo por lo del accidente, tras eso todos lo comenzaron a tratar bien, a mirar por él, en cierto modo Jack siempre fue el chico adoptivo del pueblo. —Kenny se levantó con pesar y se marchó, Daniel pudo ver que lo hizo para evitar llorar, Kenny parecía también afectado, más de lo normal, y quizás no quería afectar a los demás chicos.

Bueno, será mejor que vuelva a casa, ya se hizo tarde, ¿Mañana irás a la escuela Dani? Estás faltando mucho, y es época de exámenes, es importante que no faltes. —Yeray miró a Daniel, pero éste no dijo nada—. Bueno, nos vemos.

Al marcharse Yeray, Tommy y Daniel se quedaron solos.

No estés enfadado con mi hermano Kenny, no es justo... —dijo Tommy.

Daniel miró a Tommy.

Yo sé muchas cosas, no soy un bebé, he visto como mira a los chicos, como te mira a ti..., también cuando entra con algún amigo a jugar a la 'consola', y cierra la puerta...

Daniel le miró con asombro.

La verdad es que nunca le dije nada, pero sé que mi hermano Kenny se ha enrollado con chicas..., y chicos. —hizo una pausa y respiró hondo—. El día que entré a casa y estabas con él, después de lo de Yeray, supe que hablabais de eso..., o al menos me hice una idea.

Daniel se mantuvo callado.

No sé qué pasó exactamente entre Yeray y tú, no sé si te gustan las chicas y los chicos o si sólo estás probando, a mí eso me da igual, la verdad, eres mi amigo y siempre lo serás. —Tommy hizo una pausa de nuevo y miró a Jack—. Siempre sospeché algo entre tú y Jack, esas peleas repentinas, siempre lo mirabas en el recreo..., ¿Crees que no me daba cuenta? ¿Crees que los demás no se dieron cuenta?

Daniel miró a Tommy sorprendido.

Sí, Alan en ese aspecto es más inocente, él pensaba que mirabas las chicas, yo sabía que no, incluso Andy se dio cuenta de que mirabas a Jack, al principio pensamos que sería porque sentías mucho afecto hacia él, y que él estaba por ti porque le recordabas a su hermano, pero no, con el tiempo nos dimos cuenta de que era algo más. No sé lo que pasó con Jack, pero, sí sé una cosa, y es que yo, mi hermano, Yeray y Alan, estaremos aquí para apoyarte, y para que no estés mal.

Tommy sonrió a Daniel, se acercó a él y lo abrazó.

Siempre serás uno de mis mejores amigos. —las palabras de Tommy reconfortaron a Daniel, que no pudo evitar llorar, un llanto de dolor e impotencia, de liberación y confort.

Mientras lloraba, Tommy lo mantuvo abrazado con fuerza, hasta que Daniel logró desahogarse.

Tommy se separó de él y le miró más tranquilo.

¿Estás mejor? —preguntó Tommy.

Daniel se limpió las lágrimas con un pañuelo que tenía en el bolsillo y afirmó con la cabeza.

Tommy caminó a la salida para volver a casa.

Tom, Tom...

¿Puedes hablar? —Tommy se detuvo y miró a Daniel con la boca abierta.

Sí, aun..., aunque..., du..., du..., duele... —Daniel se llevó las manos a la garganta.

No fuerces, poco a poco, me gusta tu voz, ¿Sabes? Ahora que lo pienso, cuando Jack te escuche se pondrá muy feliz, de hecho, ¿Sabes qué haría yo? Me pondría a su lado y le hablaría en voz bajita, así practicas y quizás se despierte al escuchar tu voz.

Daniel sonrió a Tommy con gesto de agradecimiento.

Gra, gra, gracias.

Tommy se despidió y se marchó, Daniel acercó una silla y la puso al lado de Jack, se sentó y se inclinó a su oído, cogiendo su mano, y le comenzó a susurrar en voz muy baja.

Jack, no, me, me, dejes. Te, te, te amo. Lo, lo pri, primero que, que, di, dije, fu, fue, tu, tu nom, nombre.

Y así, pasó el resto del día, Daniel susurrando a Jack, hasta que la madre terminó su turno y se fueron a casa, esa noche, Daniel susurraba despacio, como si hablara con Jack desde la distancia, contándole cosas, dónde le gustaría ir con él, las cosas que harían juntos, todo.

Los días pasaban, las semanas, el tiempo seguía su cauce...

Lo de ayer fue genial, tuvisteis que ver cómo tiró el zumo al suelo, la madre gritando, el perro ladrando, ¡Fue genial! —Tommy reía mientras contaba lo que pasó en casa de Alan.

Daniel, Alan, Tommy, Yeray y Andy caminaban de vuelta a sus casas, había pasado casi un mes de lo ocurrido esa noche en la feria.

Era Diciembre, pronto serían las vacaciones de Navidad, Daniel comenzaba a hablar mejor, poco a poco, le dolía menos y lo hacía con más soltura.

Bueno, ¿Y esta tarde volveréis a quedar? No me importaría ir. —Andy preguntó a Alan y Tommy.

Claro, veniros, estáis invitados, mi padre hará barbacoa esta tarde, ¿Qué os parece? —Alan caminaba sonriente mientras hacía la propuesta.

Cuenta conmigo. —dijo Tommy.

Y conmigo. —contestó Andy.

¿Y vosotros? —Tommy miró a Daniel y Yeray, que permanecían en silencio.

Yo es que voy a acompañar a Daniel al hospital. —Yeray se puso al lado de Daniel.

Ah es verdad, vais todas las tardes allí. —Tommy miró a Daniel, que caminaba serio.

Sí, hacemos los deberes y luego leemos unos cómics a Jack, cada vez está mejor, sus heridas ya se han casi curado, ¡Seguro que pronto despierta! —Yeray sonreía ante la mirada de los demás, que se quedaron en silencio, no tenían la misma esperanza de ello, pero no querían decirlo.

Bueno, entonces nos vemos el lunes, ¡Chao! —dijo Tommy.

Los chicos se despidieron y se marcharon a sus casas, Yeray y Daniel corrieron al hospital, en la puerta había un coche de policía, era de Roland, el tío de Jack, Daniel y Yeray se miraron, no era común que su tío siguiese a esas horas allí.

Subieron corriendo a la planta de Jack, Roland estaba fuera.

¡Daniel!, ¡Yeray! ¡Esperad! No podéis entrar... —Roland tenía los ojos rojos.

¿Qué pasa? ¿Pasó algo malo? —Yeray parecía preocupado.

Daniel empezó a ponerse nervioso, entonces del cuarto salió un médico y dos enfermeras, mientras abrían y cerraban la puerta pudo ver a Jack, estaba sentado en la cama.

¡¡¡Jack!!! —Daniel corrió, pero el médico se puso en medio.

¡Un momento! Aún no pueden entrar, hay algo importante que deben saber. —dijo el médico.

El médico hizo una breve pausa y tomó aire.

Verán, desde que despertó, anoche, le estuvimos haciendo diferentes pruebas y test, el chico parece estar mejor de lo que en un principio habíamos pensado, pero aún no sabemos el alcance de las lesiones cerebrales.

¿Lesiones? —Roland sonaba preocupado, Daniel y Yeray permanecían atentos.

Me temo que sí, no sabemos el alcance de esas lesiones aún, el cerebro es muy complicado, puede que tenga un daño permanente en las redes neuronales del cerebro y pueden alterar su juicio, además..., hemos notado déficit de razonamiento, necesitará bastante ayuda en ese aspecto y terapia, recuerden que Jack pronto cumplirá catorce años, su cerebro está aún en desarrollo, algo así puede ser complicado.

El médico respiró de nuevo tras una pausa y continuó.

Jack está ahora en una fase temprana para saber el alcance sé sus lesiones, hay que tener mucho tacto con él, tendrá facilidad a tener depresión, ansiedad, alucinaciones y un largo etc. de problemas, que deberemos tratar. Además, hemos notado que tiene pérdida de memoria, no recuerda lo ocurrido esa noche, no sabemos el alcance de dicha pérdida, tampoco si es temporal o definitiva, el tiempo lo dirá, eso sí, bajo ningún concepto intenten forzar a que recuerde, podría crearle un cuadro depresivo e incluso algo peor.

¿Tan grave es? —Roland cada vez estaba más preocupado.

Sí, debe recordar por sí mismo, y en caso de no hacerlo, nunca obligarlo. ¿De acuerdo?, tengan paciencia con él, tendrá cambios bruscos de humor, no se lo tengan en cuenta, puede pasar de felicidad al llanto y etc.

¿Podemos verle? —Yeray miró al doctor.

Sí, pero máximo dos personas. —dijo el médico.

Que entren ellos, yo ya estuve toda la noche con él. —Roland abrió la puerta para que Daniel y Yeray entrasen.

Daniel, muy nervioso entró a la habitación, Yeray iba a su lado, Jack miraba por la ventana, estaba con mejor aspecto que la última vez, ya no estaba ni entubado ni con tantas vendas.

Hola. —Yeray se acercó a Jack y se puso al lado de su cama.

Jack los miró, estaba como ido.

¿Cómo te encuentras? —Yeray miró a Jack, que seguía sin responder nada.

Jack se movió un poco para ponerse sentado, de manera más cómoda.

Bien, me duele un poco la cabeza, pero bien... —las primeras palabras de Jack pusieron los ojos de Daniel lagrimosos.

¿Y nos recuerdas? —preguntó Yeray.

Bueno, al entrar y veros dudé un momento, pero sí te reconocí, Yeray, tonto. —Jack sonrió.

Daniel se quedó mirándole esperando ser reconocido.

¿Y a Daniel lo recuerdas?

¿Daniel? No..., no me suena... —Jack miró a su amigo, que bajó la mirada con tristeza.

¿Estás seguro? —Yeray insistió.

Sí. —dijo Jack—. Lo siento.

No pasa nada, poco a poco recordarás... —Yeray miró a Daniel, que iba a llorar.

No recuerdo a ningún Daniel, pero sí a Dani. —Jack miró sonriente a Daniel, que levantó la cabeza con sorpresa—. ¿De verdad pensabas que me olvidaría de ti? No seas tonto.

Daniel se acercó y abrazó a Jack, por fin podía sentirlo de nuevo.

¡Ey! Cuidado. —Jack lo abrazó también.

Me alegra verte bien. —Yeray se acercó y abrazó a Daniel y Jack.

Roland entró junto al médico.

Bueno, dejen al paciente descansar. —el médico les indicó que salieran.

Doctor, ¿Cuándo me podré ir? —preguntó Jack impaciente y rascándose el cabello.

Jack, aún es pronto, necesitas rehabilitación unas semanas y en tu casa no puedes hacerlo, cuando termines la rehabilitación podrás ir a casa.

Mi madre es doctora, y en mi casa hay jardín, que haga la rehabilitación en nuestra casa, tenemos un cuarto de sobra. —Daniel miró insistente al doctor.

¿Cómo? ¿Qué me perdí? ¿Desde cuándo hablas? —Jack alucinaba.

Desde hace tiempo, ¿No te lo esperabas eh? —Yeray se reía.

¿En serio? —Jack miró a Daniel con una sonrisa.

Sí... —Daniel se ruborizó.

Bueno, hablaré con tu madre, si ella está dispuesta, no hay ningún problema, pero eso será a partir de mañana, y deberá visitarnos cada semana para los chequeos rutinarios.

Los chicos se despidieron y dejaron a Jack con su tío, el doctor habló con la madre de Daniel y prepararon todo para la llegada de Jack a la casa de Daniel.

Así, el domingo, Daniel vio cómo traían a Jack en silla de ruedas y lo instalaron en la habitación de abajo.

Bueno, este será tu cuarto. —la madre llevó a Jack hasta un amplio cuarto, enorme, con un armario, una cama y un escritorio, tenía ordenador.

¿Ordenador incluido? —Jack miraba alucinado.

Claro, así lo aprovechas para estudiar, que lo necesitarás. —dijo la madre.

Sí, sí, estudiar... —Jack reía.

Bueno, os dejo, tengo que volver al hospital, regresaré después del almuerzo, ¿Vale? —la madre dio un beso a Jack, después a Daniel y se marchó dejándolos solos.

Bueno, ¡por fin en casa!, qué ganas tenía de salir de allí..., oye, dime, ¿Cómo conseguiste hablar?

Daniel se quedó callado.

Oh venga, no te quedes callado, es curioso..., soñé que hablabas, ¿Sabes? Que entrabas a mi cuarto, te tumbabas a mi lado y me hablabas de tonterías.

Daniel se sentó en el borde de la cama, Jack estaba sentado mirando por la ventana.

¿Qué pasó? —Jack le miró serio—. Nadie quiere decirme qué pasó, dicen que debo recordarlo yo, pero me cuesta, está todo borroso, y quiero saberlo, sé que tú me lo dirás, ¿Qué me pasó?

Daniel se quedó callado, era su oportunidad para decirle lo ocurrido, para saber hasta qué punto había olvidado cosas, ¿se acordaba que estaban juntos?

Oye, ¿Y esa herida en la ceja? —Jack se acercó y posó sus manos en ella.

¿No la recuerdas? —Daniel le preguntó sorprendido.

¿No es nueva? —Jack con sus dedos le seguía tocando la misma.

No, llevo con ella desde el año pasado. —Daniel le miró, esperando que recordase.

Ah, vaya, mmm, ¿Cómo te la hiciste? —preguntó Jack.

Daniel bajó la mirada, callado.

¿Qué pasa? ¿Dije algo malo? —Jack apartó la mano con temor.

No..., es solo que... —Daniel puso los ojos llorosos.

¿Me ocultas algo? —Jack le miró enfadado.

No, claro que no. —dijo Daniel.

¿No? ¡¡¿Y por qué no contestas?!! —Jack comenzó a alterarse.

Cálmate, Jack, es sólo que prefiero que te acuerdes tú... —Daniel comenzó a asustarse al ver a Jack así.

Mentira, ¡Me mientes! —Jack se intentaba levantar y Daniel se acercó para evitarlo.

¡No, para! —Daniel sujetaba a Jack y éste le empujó tirándolo al suelo, chocando con la silla y haciéndole daño.

Jack vio a Daniel en el suelo quejarse de dolor en su costado.

Perdón..., yo..., no sé qué me pasó, es como si no tuviera el control..., lo siento, Daniel... —Jack se tumbó mirando a la ventana, bastante tocado.

Daniel se quedó en el suelo, mirando a su amigo, aún le dolía el golpe.

Tras ese suceso, pasaron varios días, los chicos salían de la escuela de regreso a casa.

¿Cómo avanza Jack? —Tommy miraba a Daniel, esperando su respuesta.

Bueno..., cada vez le cuesta menos caminar, el médico dice que pronto estará recuperado y podrá valerse por sí mismo. —Daniel hablaba con voz baja y la cabeza agachada.

¿Puedo ir a verlo a tu casa? —preguntó Alan.

Sí, pero solo tú y Tommy, no puede haber mucha gente, poco a poco. —Daniel sonaba preocupado, aún recordaba lo ocurrido hace unos días, Jack no estaba bien del todo, a veces se enfadaba sin motivo.

Caminaron hasta la casa de Daniel.

Entrad. —Daniel abrió la puerta, los chicos entraron y subieron hasta el cuarto de Jack, que jugaba con el ordenador.

¡Ey! Jack, cuánto tiempo. —Alan miraba sonriente.

¿Y tú quién eres? —Jack le miró con duda.

¿Cómo? —preguntó Alan.

¡Qué es broma! —Jack lanzó una carcajada de risa.

Ja, ja, ja, en fin, al menos sigues tan idiota como siempre. —Alan dejó la mochila en la cama, junto a la de Tommy y Daniel.

Bueno, es hora de repasar lo de hoy, debes ponerte al día. —Daniel abrió la mochila, y comenzó a sacar los libros y dejarlos en la cama.

¿Qué? No tengo ganas... —Jack parecía desilusionado.

Pero debes hacerlo, pronto volverás a la escuela... —dijo Daniel.

Que no quiero he dicho. —Jack comenzó a enfadarse.

Jack, pronto terminará el curso y debes... —Daniel puso los libros en fila encima del escritorio donde Jack jugaba con el ordenador.

¡¡Qué dije que no!! —Jack pegó un grito y tiró los libros al suelo.

Todos se quedaron en silencio y sorprendidos por la reacción de Jack.

Jack, alterado, se levantó y se sentó con dificultad en la cama.

Yo..., lo siento, no quería... —Jack estaba triste.

No pasa nada... —Daniel se agachó a recoger los libros, Alan y Tommy le ayudaron aún sobrecogidos por la reacción de Jack.

No sé qué me pasa, a veces..., es como si necesitase explotar. —Jack juntó sus manos y las apretó con fuerza.

Yo te puedo ayudar. —la voz de Kenny en la puerta alertó a los chicos.

¿Qué haces tú aquí? ¿Cómo entraste? —Daniel le miraba con enfado.

Bueno, si dejáis la puerta de la calle abierta... —Kenny dio unos pasos entrando en la habitación de Jack.

¡Alan! —Tommy recriminó a su amigo.

¿Qué? Yo no fui el último en entrar... —dijo Alan.

Bueno, chicos, ¿Nos dejáis a solas con Daniel y Jack? —Kenny miró a ambos y les hizo un gesto con los ojos, Daniel se dio cuenta.

Claro, nosotros ya nos íbamos, nos vemos mañana Jack, chao. —dijo Tommy.

Ambos recogieron sus mochilas y se marcharon, sabían que debían dejarlos a solas.

Daniel y Jack permanecían sentados, sin hablar.

Dijiste que me podrías ayudar, ¿Cómo? —Jack miró a Kenny.

No puede ayudar. —intervino Daniel.

Kenny lo miró con tristeza y pesadez.

Entiendo..., aún me culpas, eres libre de hacerlo, y seguro que deseas que me marche, pero, ¿Y si te dijera que puedo ayudar a que Jack deje de tener esos cambios de humor? ¿Prefieres que me quede o me vaya?

Daniel se quedó en silencio.

¿Culparte de qué? —Jack miró extrañado a Daniel.

Nada, una larga historia. —Kenny sonrió a Jack.

Bien, ¿Cómo le quieres ayudar? —Daniel por fin parecía más calmado.

Bueno, pienso que necesita desahogarse, liberarse, expresar su furia, la que tiene contenida dentro, eso le ayudará.

¿Cómo? —Jack parecía muy interesado.

Kenny se acercó y cogió una almohada.

Jack, quiero que te tumbes en la cama de rodillas, pongas la almohada debajo y la golpees, con furia, con todas tus fuerzas, quiero que pienses en todo lo que odias o temes, y que la golpees hasta que no puedas más.

No creo que sea buena idea. —Daniel intentó quitarle a Kenny la almohada.

No, quiero hacerlo. —dijo Jack.

¿Qué? —Daniel se detuvo.

Quiero hacerlo. —Jack miró a Daniel con seriedad.

Bien, venga, inténtalo. —Kenny puso la almohada ante la atenta mirada de Daniel, ayudó a Jack a subirse encima.

Jack miró la almohada con furia.

De acuerdo, ahora golpea, golpea y deja salir todo.

Jack miró la almohada y comenzó a darle puñetazos de manera suave, conforme aumentaba el ritmo, cada vez le daba más fuerte.

Te odio, te odio. —Jack le pegaba con fuerza, mientras lo hacía comenzó a alterarse, Daniel iba a intervenir, pero Kenny lo sujetó y le hizo un gesto con la cabeza para que no hiciera nada.

Jack golpeaba con fuerza y rapidez la almohada, comenzó a llorar.

¡Te odio!, ¡Me dejaste solo!, ¡Egoísta!, ¡Te odio!, ¡Te odio!, ¡Te odio!, ¡Te odio! —Jack se cansó y cayó encima de la almohada respirando con dificultad, al borde del llanto.

Daniel lo miraba también muy alterado, se quedaron así un buen rato.

Jack se tranquilizó y se levantó de la cama.

¿Estás mejor? —Kenny se acercó a él y lo ayudó a sentarse en la cama.

Sí, la verdad es que lo necesitaba..., gracias. —Jack sonreía y miró a Daniel—. Aunque esto me dio sed.

Los chicos rieron.

Voy a por agua. —dijo Daniel.

Te acompaño. —Kenny fue detrás.

Entraron en la cocina y Daniel llenaba un vaso de agua del grifo.

Daniel, siento todo lo que pasó, quizás me precipité a que fueras tú mismo, no creí que pasase esto... —Kenny lo miraba triste.

No pasa nada, estaba enfadado contigo, pero sé que no fue tu culpa, es solo que..., cuando por fin era feliz, me arrebataron mi felicidad, ¿Por qué? ¿Qué hicimos? No les hicimos nada... —Daniel estaba triste.

Ya..., por desgracia hay gente que no entiende, que no acepta que podamos amar a alguien de nuestro sexo... —Kenny también tomó agua.

Entiendo que no acepten, pero, ¿Por qué odiarnos? No le hacemos daño a nadie...

En este mundo, por desgracia hay dos tipos de personas, las que intentan evitar hacer daño y las que buscan hacer daño, nunca olvides eso, venga, que tu novio tendrá sed. —Kenny le guiñó un ojo.

Daniel sonrió forzosamente, Kenny se dio cuenta, ambos entraron al cuarto, Jack estaba haciendo los deberes, Daniel le dejó el vaso de agua.

Gracias. —Jack lo cogió y comenzó a beber.

Bueno, voy a acompañar a Kenny a su casa, no tardaré, tú estudia ehh.

Sí, no tardes que ya sabes que me aburro solo. —Jack miró sonriente a Daniel.

Los dos chicos caminaban por la calle.

Bueno, sé que me acompañas por algún motivo, suéltalo. —Kenny miró ansioso de saber que quería su amigo.

Pues, verás, Jack no se acuerda de que..., bueno..., de que estábamos juntos... —Daniel sonaba triste, recuperó a Jack, pero no del todo, no tenía su amor.

¿Qué es lo último que recuerda? —preguntó Kenny.

Que se vino a vivir conmigo tras lo de su padre, lo demás dice que está borroso..., tampoco se acuerda de algunos eventos, como cuando me pegó y me hizo la cicatriz de la ceja...

Entiendo..., ¿Temes que no recuerde lo vuestro? —Kenny miró a Daniel, que afirmó triste con la cabeza—. No temas, lo recordará, nadie podría olvidarte, hazme caso, lo recordará.

Daniel le miró sonriente intentando autoconvencerse.

Mira, cuando esté recuperado del todo y asista a clase, podría decirles a mis padres de volver a la casa de mis tías, le vendría bien un lugar así, montar a caballo, ir al lago... —Kenny miró con ojos morbosos a Daniel.

Sí, sería genial, gracias Kenny.

No hay de qué, Daniel, sabes que siempre estaré para ayudar.

Los dos chicos se abrazaron y se despidieron, Daniel corrió a su casa, pero al entrar al cuarto de Jack, comprobó que éste no estaba.

¿Jack? —Daniel miró en el resto de la casa, pero no estaba, empezó a ponerse nervioso.

Daniel buscó en cada cuarto, entonces miró arriba, ¿Habrá subido él solo las escaleras? Daniel comenzó a subirlas y al llegar arriba vio la puerta de su cuarto abierta, caminó hasta ella y entró.

¿Jack? —Daniel lo vio sentado en su cama, tenía algo en sus manos. Se acercó y comprobó que eran los dibujos que Jack le dedicaba.

¿Esto lo hice yo? —Jack miró a Daniel con los ojos vidriosos, su mirada era de impotencia.

Daniel afirmó con la cabeza.

No..., no lo recuerdo, ni siquiera recuerdo haberlos dibujado...

Tranquilo, Jack, lo recordarás, es solo cuestión de tiempo, verás que lo recuerdas... —dijo Daniel.

Daniel, me siento solo, a veces pienso que no soy yo, que soy un desconocido... —lágrimas caían por las mejillas de Jack.

No, escucha, solo es al principio, verás que poco a poco recordarás, por favor no llores. —Daniel se acercó y cogió la mano de Jack, éste, en un acto instintivo la apartó.

Daniel se sintió mal.

Jack... —Daniel abrazó a su amigo, éste, aún con duda, le devolvió el abrazo.

Ahhh... —Jack se quejó llevándose su mano a la cabeza.

¿Qué te pasa? —Daniel lo miró con preocupación.

Mi cabeza, me duele mucho. —las palabras de Jack preocuparon a Daniel.

Espera, ¿Te traigo tu medicina? —Daniel se levantó y caminó hacia la puerta.

Entonces sintió un fuerte golpe, se dio la vuelta y vio a Jack en el suelo, Jack comenzó a temblar, todo su cuerpo temblaba.

¡¡Jack!! ¡¡¿Qué te pasa?!! —Daniel se tumbó a su lado con velocidad, Jack no dejaba de temblar y de su boca salía espuma—. ¡¡NO!! ¡¡Para!!

Daniel salió corriendo y entonces escuchó la puerta de casa cerrarse, seguramente era su madre, Daniel se asomó por las escaleras.

¡¡Mamá!! ¡¡Es Jack!!

La madre subió corriendo y Daniel entró en su cuarto, donde estaba Jack tirado en el suelo.

Daniel, sujétalo, voy a llamar a una ambulancia, ¡¡Intenta que no se golpee!! —La madre salió disparada y bajó corriendo, comenzó a llamar a una ambulancia.

¡¡Para!! ¡¡Jack!! ¡¡Detente!! —Daniel, llorando, sujetaba a Jack, éste comenzaba a tranquilizarse.

Miró a Daniel, éste tenía la cara llena de lágrimas.

Perdón, no..., no sé qué me pasó... —Jack miró a Daniel, con sus manos tocó su ceja—. Te la hice yo..., ahora..., ahora me acuerdo...

Daniel, aún alterado, miró a Jack sorprendido.

La madre se asomó y se quedó en la puerta viendo la escena con el teléfono en la mano.

La ambulancia llegará enseguida. —dijo la madre.

Jack miró a Daniel ignorando a la madre.

Dani..., siento haberte hecho daño... —la voz de Jack sonaba débil.

Olvida eso, ya es agua pasada, ¿Vale?

Daniel cogió la mano de Jack, la sujetó con fuerza.

Ya está aquí la ambulancia. —la madre se asomó por la ventana al escuchar el sonido de la ambulancia, bajó corriendo para abrir la puerta.

Dani..., esa noche..., en la feria, la recuerdo..., fui muy feliz, nunca había sido tan feliz en mi vida, ¿Cómo pude olvidar algo así? Te amo, Dani.

Daniel sonrió y comenzó a llorar.

Yo también te amo... —Daniel posó sus labios sobre los de Jack, la madre llegó en ese momento y, sorprendida, contemplaba la escena.

Daniel separó sus labios de los de Jack.

Jack..., ¿Jack? —Jack tenía los ojos cerrados, no se movía—. ¿¡Jack!?

Daniel zarandeaba a su amigo, pero este no se movía, la madre se acercó corriendo, le tomó el pulso.

Daniel, lo siento... —la madre lloraba mirando a su hijo.

¡¡NOO!! ¡¡NOOOOOOOOO!! —Daniel pegó un fuerte grito y abrazó a Jack, con fuerza, no lo quería soltar.

Los enfermeros de la ambulancia subieron las escaleras corriendo e intentaban reanimar a Jack, Daniel contemplaba la escena llorando, la madre lo abrazaba, también llorando, cuando vio cómo se llevaban a Jack con velocidad en una camilla sin moverse, Daniel cayó sin conocimiento.

Había pasado casi una semana, Jack...

Daniel, tienes que comer, llevas cinco días sin probar un bocado. —un médico miraba a Daniel, que estaba tumbado en su cama, con los ojos rojos y unas grandes ojeras.

¿Qué podemos hacer? Estoy preocupada. —la madre hablaba con el doctor, salieron del cuarto y cerraron la puerta.

Daniel estaba en su cama, ido.

Susan, me temo que si mañana tu hijo no mejora, deberemos ingresarlo, no puede seguir así, va a caer enfermo.

Lo sé, no habla, no come, se la pasa llorando, ya no sé qué más hacer. —la madre de Daniel sonaba desesperada.

Daniel escuchaba como hablaban de él detrás de la puerta, no se movía, solo quería dormir y no despertar.

Hasta que por fin cogió el sueño.

Daniel, un amigo vino a visitarte. —la madre abrió la puerta y Yeray avanzó hasta su cama—. Estaré abajo, por si necesitáis algo.

La madre cerró la puerta y se marchó, Daniel, que estaba durmiendo, abrió los ojos con dificultad y observó a su amigo con desgano.

Yeray se sentó en la cama, cerca de Daniel.

Los demás están preocupados, y yo..., yo también, no..., no puedo verte así, me duele... —Yeray cogió la mano de Daniel, pero este no se movía, solo miraba por la ventana, con la mirada perdida—. Daniel, por favor, no estés así...

Yeray se levantó y caminó hacia el escritorio, había muchos dibujos de Jack, empapados de lágrimas. Sintió pena y tristeza, giró y miró a Daniel, que seguía en el mismo estado.

Yeray se acercó y se arrodilló ante Daniel, acercando su cara.

¿Te gustaría que Jack te viese así?

Daniel lo miró con odio, se comenzó a levantar y le pegó un puñetazo a Yeray, éste cayó al suelo, su labio sangraba y sus ojos, vidriosos, estaban a punto de llorar.

Lo siento..., yo..., sólo quería ayudar..., perdóname... —Yerai se llevó la mano a su mejilla con dolor, no solo físico.

Daniel le miró y comenzó a llorar, lágrimas caían de sus ojos, se volvió a tumbar, dejando a Yeray en el suelo, éste se levantó y miró a Daniel, que sollozaba, se acercó a su cama y se subió en ella, se puso detrás y le rodeó con sus brazos.

Llora, hazlo si lo necesitas, yo estoy aquí, contigo, Daniel, llora.

Daniel comenzó a llorar, sujetando con fuerza las manos de Yeray, que se quedó con él, hasta que se durmió llorando.

Al despertar, aún era de noche, Daniel notó unas manos sobre las suyas.

¿Jack? —se giró y vio a Yeray, durmiendo, tenía una herida en el labio, lo miró en silencio, Yeray comenzó a abrir los ojos.

Jack, ¿Viniste a visitarme? —preguntó Daniel mirando a Yeray.

Sí... —murmuró Yeray con cierto temor.

Creí que me abandonaste... —dijo Daniel.

Nunca Daniel, siempre estaré contigo. —dijo Yeray, con lágrimas en los ojos.

Daniel se acercó a Yeray y besó sus labios, éste se dejaba.

Gracias por venir Jack, estaremos siempre juntos.

Siempre. —Yeray, aún llorando, besó a Daniel, que cerró los ojos sonriendo.

Ambos chicos permanecieron abrazados, durmiendo así esa noche.

La luz del sol entraba por la ventana, Yeray se despertó, abrazado a Daniel, que descansaba plácidamente por fin. Se levantó con cuidado de no despertar a Daniel, lo miró durante un rato, los rayos de sol iluminaban parte de su cara, con sus manos tocó la mejilla de Daniel suavemente.

Te amo tanto... —Yeray lo miraba con tristeza, le dolía ver en ese estado a Daniel.

Se giró y vio los dibujos de Jack en el escritorio.

Luego, en el baño de Daniel, se observó en el espejo, la herida de su labio era evidente, le dolía, se lavó la cara y bajó al salón, la madre desayunaba.

¡Buenos días! —la madre se acercó al ver la herida—. ¿Te la hizo Daniel?

Sí, pero no me duele, está todo bien, debería volver a casa.

Gracias Yeray, ayer entré y os vi juntos durmiendo, creo que hacía mucho que no dormía, no quise despertarte, pero avisé a tus padres.

Tranquila señora, y gracias por avisar a mis padres..., bueno, me pasaré más tarde para ver cómo está. —dijo Yeray.

Daniel se despertó al dar el sol en su cara, se incorporó y se levantó de la cama, en su escritorio había una nota.

''Daniel, gracias, muchas gracias por haberme hecho feliz, por dejarme escuchar tu voz antes de partir, nunca lo olvidaré, no estés mal por mi marcha, por favor, hazlo por mí, te lo pido, sé feliz, sonríe, vive la vida, yo te esperaré aquí, no tengas prisa, te esperaré siempre, y cuando menos lo esperes, estaré de nuevo a tu lado, volveremos a estar juntos y en el cielo azul caminaremos sobre las nubes, te amo, Jack''.

Daniel apretó la nota, y no pudo evitar soltar lágrimas, mirando el cielo a través de la ventana, recordó la noche en la que estuvieron tumbados, viendo las estrellas.

Yo tampoco te olvidaré, nunca, mi amor, nunca.

Los días pasaron, Daniel fue junto a sus amigos a la tumba de Jack, a visitarla, Daniel posó en el suelo unas flores, rosas rojas, el color favorito de Jack, las dejó en su tumba.

''Hoy es tu cumpleaños, Jack, te hice un dibujo, mira. —Daniel lo abrió y se lo enseñó a la tumba—. En él vamos en un coche rojo de carreras, conduces tú, claro, a mí siempre me dio miedo''.

Daniel sonrió con los ojos lagrimosos y dejó el dibujo debajo de las flores, se alejó y se puso junto a Kenny, Tommy y Yeray.

Los chicos permanecieron en silencio, con tristeza.

Bueno, será mejor que volvamos, está empezando a nevar. —Kenny con sus manos movió a Daniel, que con la cabeza agachada caminaba hasta el coche de Roland.

Venga, os llevaré a casa. —dijo Roland con pesar.

Por el camino nadie hablaba, Kenny iba delante con Roland, el tío de Jack, Daniel estaba sentado detrás del conductor, a su lado Yeray, y por último Tommy.

Bueno, pronto acabarán las vacaciones y continuarán las clases, ¿Cómo las lleváis? —el tío de Jack, Roland, intentaba animarlos.

Cierto, chicos, tras las vacaciones de Navidad volverá la normalidad, debéis esforzaros. —Kenny intervino.

Yo lo tengo difícil, voy atrasado en muchas materias... —Yeray sonaba triste.

Yo voy bien. —dijo Tommy.

Claro, porque te ayudo yo, ceporro. —Kenny sonrió.

Daniel permaneció en silencio.

El colegio volvió y el tiempo pasaba, lo más duro era ver el asiento de Jack vacío, ya habían pasado dos meses de lo ocurrido, de la muerte de Jack, Daniel faltó mucho a clase e iba muy atrasado.

Llegó Abril y el frío daba paso a temperaturas primaverales, Daniel con el paso del tiempo asimilaba la muerte de Jack, aunque no dejaba de pensar en él, cada noche, lloraba hasta dormirse.

Y así, pasaron las semanas y todo iba con normalidad de nuevo, Daniel comenzó a sentarse en el pupitre de siempre, y no dejaba que nadie más se sentase a su lado, no quería que nadie ocupase el asiento de Jack.

Sus amigos, aunque se seguían juntando con él, nunca lo volvieron a escuchar hablar, la última vez que lo hizo fue con Yeray, pero sólo éste lo sabe, a veces afirma con la cabeza o mueve los hombros, Daniel se volvió muy distante y frío, se centraba en los estudios, apenas salía de casa, sus amigos intentaban que saliera, pero dejaron de hacerlo con el tiempo.

Yeray, me temo que este año repetirás curso. —la profesora se dirigió desde su mesa a Yeray, que miraba con ojos vidriosos.

No profesora, me esforzaré, de verdad, lo haré. —dijo Yeray.

Lo siento, necesitas un milagro y tendrías que aprobar todo lo que queda, así que nos veremos el año que viene de nuevo aquí.

Daniel se fijó como Yeray bajaba la cabeza, triste, tocó la sirena y los chicos salieron camino a sus casas.

Tommy, Alan y Daniel caminaban juntos.

Vale, ¡Pues si quieres vamos ahora y lo probamos! —dijo Tommy.

¿Te vienes a probar el videojuego nuevo, Daniel? —preguntó Alan.

Daniel sin mirar negó con la cabeza, desde la muerte de Jack, dejó de hablar de nuevo y de escribir notas, vivía sin vivir.

Bueno, si cambias de opinión estaremos en mi casa, venga, ¡Nos vemos mañana! —Alan se despidió

Daniel, venga anímate, necesitas volver a ser el que eras antes, hablar más, integrarte un poco... —Tommy intentó animarlo en vano.

Daniel seguía en silencio.

Bueno, ah, Kenny me pregunta mucho por ti, el otro día estuvo en tu casa, pero me dijo que no quisiste recibirlo, está muy tocado también, le vendría bien que algún día lo visites o algo... —Tommy puso su mano encima del hombro de Daniel, que no dijo nada—. Bueno, me voy con Alan a su casa, estaremos allí, por si luego te apetece pasarte, ¿Vale?

Tommy se despidió y fue corriendo detrás de Alan.

Daniel caminaba solo, con sus manos en los bolsillos, dentro de una semana se cumplirían cuatro meses del fallecimiento de Jack, que murió el 19 de diciembre, no llegó a cumplir los 14 años.

¡Espera! —la voz de Yeray detuvo a Daniel, se puso a su lado, sudando y cansado—. Daniel, ¿Me ayudas a estudiar? Por favor, sé que tú vas muy adelantado y ya estás casi aprobado, ayúdame, no quiero repetir curso y que vosotros vayáis a tercero de secundaria sin mí, ¡Por favor!

Daniel miró a su amigo, que tenía ojos de cerdo a punto de ser degollado, con su cabeza hizo un pequeño gesto de afirmación.

¡Gracias! —Yeray le miró sonriente y lo acompañó hasta su casa, los dos chicos entraron y dejaron sus mochilas arriba.

Daniel se tumbó boca abajo en la cama y abrió un cómic, Yeray se sentó en el suelo y abrió los libros, miró a Daniel, que pasaba de todo, movía sus piernas mientras leía.

Entonces vio arriba en la pared una hoja enmarcada, fue la que él escribió de despedida para Daniel, haciéndose pasar por Jack. Un vuelco le dio el corazón.

Daniel le miró, Yeray bajó la mirada, fingiendo que leía.

Así no aprobarás nunca. —Daniel se levantó dejando el cómic en la cama.

Yeray le miró sorprendido por ver que le hablaba, no supo qué decir, aunque a veces le hablaba, lo hacía pocas veces y siempre en privado, a Yeray le hacía sentirse especial.

¿Qué? ¿Viste un fantasma o algo? —preguntó Daniel.

Ah...no..., es solo que..., me sorprende que a mí me hables y al resto no. —Yeray observó los labios de Daniel.

No me apetece hablar con nadie. —dijo Daniel.

Yeray permaneció en silencio.

¿Y conmigo por qué sí? —replicó Yeray.

Porque eres un burro, esto se escribe con b. —Daniel se puso al lado de Yeray de rodillas y le quitó el libro—. ¿Así estudias tú? Lo raro es que hayas aprobado algo...

Yeray permanecía en silencio, la actitud de Daniel era totalmente distinta a la vista en los últimos meses, borró una palabra mal escrita y la corrigió.

Ahora sí, es con b, además..., mira, con escribir o subrayar con el lápiz no basta, lo más importante sobre todo es repasarlo, y luego lo vuelves a copiar en la libreta varias veces y así se te va quedando, lo vas haciendo con el temario entero y luego escribes un resumen por tema.

Yeray, dudoso, miró a Daniel.

Pero..., no nos mandaron hacer ningún resumen. —dijo Yeray inocentemente.

Ahjjj... —Daniel suspiró—. No, pero lo haces para estudiar, no para hacer deberes, sirve como estudio, zoquete.

¿En serio? ¿Tú lo haces así? —Yeray lo miraba aún sorprendido.

Sí, mira. —Daniel se levantó y sacó su libreta de la mochila, la abrió y se la pasó a Yeray—. ¿Ves? Yo lo hago siempre, varias veces, así es más sencillo que se te quede.

Ya veo..., ¿Quién te enseñó este truco?

Daniel se quedó en silencio.

Digo..., solo lo pregunto por curiosidad...

Yeray cogió la libreta y la observó con detenimiento, Daniel se levantó y se volvió a tumbar, abrió el cómic y continuó leyendo.

Yeray lo miró, se quedó observándole un rato.

¿Qué? —Daniel se encontró con sus ojos.

¿Eh? Nada... —Yeray, sonrojado, empezó a subrayar y escribir resúmenes, Daniel seguía leyendo el cómic, a veces, posaba su mirada en Yeray, que permanecía quieto.

¿Qué pasa ahora? ¿Por qué te quedaste quieto? —Daniel se impacientaba.

¿Eh? No..., es que..., no entiendo este problema...

Daniel se volvió a levantar y se puso a su lado, al coger el libro sus manos se tocaron, Daniel soltó el libro asustado.

Perdón, fue mi culpa. —Yeray recogió el libro.

Daniel permaneció en silencio, Yeray lo miraba, Daniel tenía la mirada ida.

¿Daniel? —preguntó Yeray.

¿Eh? Ah, sí, el problema... —Daniel se levantó y se sentó en la cama callado.

Miró a Yeray y luego su ventana, pensativo.

¿Por qué mejor no tomamos un descanso? Llevamos más de una hora... —sugirió Daniel.

Claro... —Yeray dejó el libro confuso.

Daniel se tumbó en la cama.

Ven, túmbate conmigo. —Daniel dio unos golpes con su mano derecha en la cama—. Así descansamos un rato.

Yeray, dudoso y sin comprender las intenciones de su amigo, se levantó del suelo y caminó a la cama, Daniel estaba tumbado con los ojos cerrados. Se subió y se tumbó a su lado, mirando al techo.

Permanecieron así, en silencio, sin moverse, durante un rato, entonces Daniel sujetó la mano de Yeray, que, nervioso, se dejó hacer.

Yeray giró su cabeza para mirar a Daniel, éste permanecía con los ojos cerrados, tenía una sonrisa dibujada en la cara, y una lágrima escapaba por sus ojos. Yeray volvió a mirar al techo, cerrando los ojos con fuerza.

La primera vez que estuve en casa de Jack, me tumbé en su cama, cerré los ojos y me cogió de la mano, era feliz, yo entonces no lo sabía, pero ya le ama..., bueno...

Yeray permaneció en silencio.

Y ahora estás aquí, de nuevo, cogiendo mi mano, ¿Verdad? —preguntó Daniel.

Yeray seguía en silencio, sin saber qué decir.

Jack, si eres tú, aprieta mi mano con fuerza, apriétala mucho. —dijo Daniel, esperando una reacción de Yeray.

Yeray se sentía mal, muy mal, pero apretó con mucha fuerza la mano de Daniel, él sabía que estaba siendo utilizado, pero no le importó, le dolía, sí, pero lo hacía por Daniel, si así lo hacía feliz, no le importaba.

Los dos permanecieron en silencio.

Jack, bésame, por favor, necesito sentir tus labios de nuevo.

Yeray se incorporó, Daniel tenía los ojos cerrados, se acercó a él, posó su mano derecha en el pecho de Daniel, y besó sus labios, los del chico que amaba, notaba su calor, Daniel emitía pequeños temblores, alguna lágrima caía por su mejilla, Yeray besó a Daniel, un beso largo e intenso, después, el chico se separó y se volvió a tumbar.

Daniel no dijo nada, permanecía en silencio.

¿Vendrás todos los días a visitarme verdad? Así podremos estar juntos de nuevo, aunque sea un rato, así, como ahora, me conformo con eso... —Daniel permanecía con los ojos cerrados, no los abrió en ningún momento.

Daniel calló y el silencio volvió a aparecer, Yeray no pudo evitar sentirse mal, en parte se sentía feliz, feliz de estar con Daniel, pero le dolía el pecho, no sabía por qué, quizás porque se sentía utilizado por Daniel, pero no le importaba, no, no le importaba ser utilizado por Daniel, si así lo hacía feliz..., así seguiría, él solo quería escucharlo feliz.

Y así, pasaron los días en los que Yeray mejoró mucho en las asignaturas, aprobándolas para la sorpresa de la profesora, cada día, Yeray iba a casa de Daniel, estudiaban y le ayudaba con los deberes, luego, se tumbaban a descansar, se agarraban de la mano y así se quedaban hasta que Daniel se dormía, entonces Yeray recogía sus cosas y se marchaba, después de besar la mejilla de Daniel, que con una sonrisa, dormía feliz.

Y así, pasaron las semanas y los meses, se acercaba el final del año escolar y el colegio organizaba todos los años una excursión, en esta ocasión sería a Alaska, pasarían un fin de semana en las cumbres nevadas, los chavales estaban muy entusiasmados.

Daniel estaba tumbado en su cama, leyendo un cómic, Yeray sentado en el suelo, haciendo el último trabajo del curso, que ya casi tenía aprobado.

Yeray miró a Daniel, que permanecía en silencio.

Daniel... —murmuró Yeray.

¿Mmm? —Daniel hizo un ruido sin apartar la cabeza del cómic.

¿Por qué solo hablas conmigo? —Yeray miraba a Daniel, que se incomodó al escuchar la pregunta.

Daniel detuvo sus pies, que los movía mientras leía.

Digo, los demás no saben qué me hablas, no se lo dije a nadie, pero están preocupados, echan de menos volver a escuchar tu voz... —continuó Yeray.

Daniel apartó el cómic y se sentó en la cama.

¿Sabes por qué nunca hablo? —Daniel miraba por la ventana, la luz del sol daba en su cara mientras hablaba.

¿Por qué...? —preguntó Yeray.

Porque cuando comencé de nuevo a hablar, perdí a Jack, así que no quiero volver a hablar...

Pero..., conmigo sí hablas... —dijo Yeray confuso.

Daniel se levantó y se sentó enfrente de Yeray.

Ya..., contigo es diferente, es como si..., no sé, al hablar contigo, es..., no sé, no puedo explicarlo... —Daniel se mantuvo en silencio.

Entiendo..., ¿No quieres hablar porque temes perder a alguien más? —preguntó Yeray—. ¿Y a mí? ¿Y si me pierdes a mí?

No vuelvas a decir eso...

Es que...

Calla, Yeray, cállate...

Daniel miró con tristeza a Yeray.

Mira, es solo que..., nadie..., nadie merece escuchar mi voz, si Jack no pudo hacerlo, nadie más lo hará, nunca, aunque para ello deba permanecer mudo...

Pero él escuchó tu voz al final, ¿Verdad? —Yeray intentó animar a Daniel, pero este negó con la cabeza.

No..., no era el Jack que conocía, era distinto, no era el mismo, el Jack que conocía lo perdí esa noche, solo lo recuperé durante unos segundos, durante unos segundos volví a ver sus ojos, volvió a mirarme como lo hacía antes, y entonces le dije ''Te amo'', pero..., yo..., nunca..., ¡¡Nunca supe si me escuchó!!... —Daniel lloraba desconsolado.

Yeray se acercó a él y lo abrazó con fuerza, intentando calmarlo, pasado un rato, cuando Daniel se calmó, se separó de él y lo miró a los ojos.

¿Nos tumbamos? Así descansamos un poco... —sugirió Yeray sonriéndole, esperando la respuesta de Daniel, éste tenía los ojos con lágrimas, miró a Yeray y afirmó con su cabeza.

Yeray guió a Daniel y lo tumbó en la cama, después, se tumbó él a su lado, Daniel cerró los ojos y respiró profundo.

Con su mano, Yeray agarró la de Daniel.

Jack... —Daniel murmuró en bajito.

Sí... —Yeray apretó la mano de Daniel, que con una sonrisa en su cara respiró profundo.

No sueltes mi mano... —dijo Daniel.

No... —Yeray sentía una tristeza muy grande.

Daniel se fue calmando, respirando con tranquilidad, al final, se durmió.

Yeray se levantó, estaba un poco desanimado, cabizbajo, recogió sus libros y los metió en la mochila, miró a Daniel, dormía profundamente, se acercó a él y se arrodilló a su lado.

Ojalá pueda ayudarte a que lo olvides, ojalá..., ojalá pudiera quitar tu dolor, que dejes de sentirlo, que dejes de llorar, de sufrir, y que pueda estar contigo, hacerte feliz... —Yeray se acercó y besó en la mejilla a Daniel—. Te amo, Dani.

Daniel se movió un poco.

Te amo..., Jack... —masculló Daniel dormido.

Yeray se quedó allí, mirándole en silencio, en ese momento, en ese preciso instante su corazón había sido golpeado con un martillo, en ese momento supo que Daniel jamás sería suyo, nunca.

Tenía dos opciones, seguir como hasta ahora y ocupar el lugar de Jack sabiendo que solo es eso, algo que ocupa su lugar, o alejarse de Daniel, alejarse y no acercarse nunca más a él.

Sentía sus piernas con una gran flojera, de impotencia y dolor, Yeray se incorporó y se puso la mochila encima y observó a Daniel unos segundos.

Quizás lo mejor sea dejarte ir... —Yeray bajó las escaleras y chocó con la madre.

Perdón... —las palabras de Yeray sonaban a punto de llorar.

¡Ehh! ¿Qué te pasa? ¿Te hizo algo Daniel? —la madre lo miró preocupada.

No..., está todo bien, es solo que..., me duele verlo así..., debo irme...

Yeray se marchó y la madre observaba cómo se alejaba a paso ligero, después, cerró la puerta tras de sí, la madre subió al cuarto de Daniel, éste dormía en su cama, la madre se quedó mirando, con gesto de tristeza cerró su puerta, dejándolo dormir.

El tiempo pasó y el viaje de fin de curso llegó, era el premio por aprobar segundo de secundaria, el año que viene comenzarán en tercero, y después cuarto año, el último de secundaria obligatoria.

El viaje fue muy largo, pero tras varias horas los chicos llegaron a Alaska, al final no fueron muchos, pero suficientes para pasarlo bien, Andy y Yeray compartirían habitación con Alan, Tommy y Daniel.

Al llegar al hotel dejaron sus cosas y bajaron al comedor del restaurante a desayunar, los chavales eran acompañados por un profesor, la profesora acompañaba a las chicas.

Bueno, la zona es preciosa, ya estoy deseando esquiar. —Tommy parecía muy ilusionado.

Creo que no dejarán hacer nada hasta mañana. —Alan comía como un cerdo.

Daniel apenas probó bocado, Yeray se dio cuenta, que no dejaba de observar a su amigo, entonces Daniel pudo ver a un chico parecido a Jack, cruzando el pasillo.

¡Jack! —Daniel se levantó corriendo tirando la silla al suelo, haciendo que todos se voltearan a ver qué pasó.

Daniel corrió hacía el chico, que caminaba hacia un pasillo, lo veía girar otro pasillo, Daniel lo alcanzó, pero al girar el pasillo no estaba.

¿Qué pasa? —Yeray se puso a su lado corriendo, los demás chicos le siguieron.

Eso, ¿Qué pasó? —Alan miraba extrañado a Daniel.

¡¡Era Jack!!, lo vi, ¡¡Estaba aquí!! —Daniel miró a sus amigos, alterado.

Sus amigos permanecieron entre sorprendidos por lo que dijo, como por haber hablado.

Daniel se dio cuenta, metió la pata, se dieron cuenta de que podía volver a hablar.

¡Cálmate! Daniel, no puedes haber visto a Jack, porque él... —Tommy se calló.

Los demás chicos permanecieron en silencio, Daniel salió corriendo, se puso los guantes y la chaqueta, salió del hotel y caminó hasta un mirador, apoyó sus manos en los barrotes del mismo, verdes, desde ahí podía ver a lo lejos los pinos nevados, el paisaje..., todo blanco. Empezaba a atardecer.

Daniel, ¿Estás bien? —Yeray se puso a su lado.

Era Jack... —Daniel tenía los ojos lagrimosos.

Te creo. —dijo Yeray.

Daniel miró a Yeray confuso.

Jack sigue aquí, con nosotros, nunca se fue, yo..., yo creo que de alguna manera, está cerca, cuidándote... —las palabras de Yeray sonaban reconfortantes, pero no era lo que Daniel quería escuchar.

Daniel permaneció callado.

Me..., me gustaría..., tanto..., poder dar marcha atrás, poder cambiarlo todo... —Daniel miró de nuevo a los bosques nevados, a lo lejos, el aire frío movía su cabello.

Yeray lo observaba, sin decir nada, con su mano, tocó la de Daniel, pero éste la apartó.

Disculpa... —Yeray bajó la cabeza.

No..., no lo hagas. —dijo Daniel.

¿Qué? —preguntó Yeray.

Tú me ayudaste mucho estos meses, pero no estoy siendo justo contigo, no quiero lastimarte... —Daniel miró a Yeray con preocupación, sabía que Yeray también estaba sufriendo por su culpa y que lo había utilizado para superar un poco la muerte de Jack.

¿Qué?, ¿Lastimarme? No digas tonterías, nunca lo has hecho.

Sabes que sí, te agradezco el apoyo que me has dado, pero yo... —Daniel no pudo terminar la frase al ser interrumpido por Yeray.

No, no sigas, quiero estar contigo...

Yeray, no puedo, yo amo a Jack...

Ambos chicos quedaron callados.

Lo sé, pero no me importa, úsame, yo me dejo, Daniel, de verdad, quiero seguir contigo. —Yeray estaba a punto de llorar.

Daniel lo miró, permaneciendo callado, sabía que habían llegado demasiado lejos, recordó lo que le dijo Kenny, que acabaría lastimando a Yeray si jugaba con él.

¡Mira! ¡Subamos a un elevador de esos! —Yeray señaló arriba, había unos elevadores que daban la vuelta por todo lo alto del monte, intentando cambiar de tema.

Yeray salió corriendo, se giró y miró a Daniel detrás.

¡Venga! ¿O subiré yo solo? —Yeray esperó, pero Daniel no se movía, lo miró triste y subió corriendo hasta el puesto para montar en uno.

Yeray corrió y se subió a uno, entonces Daniel entró detrás, Yeray le sonrió al verlo, el elevador comenzó a moverse y subió hacia arriba.

¡Qué vistas! —Yeray miraba por la ventanilla, sorprendido.

Daniel también se asomó, veía como se alejaban del hotel.

¡Qué chulo es todo esto! Me encanta —Yeray, sentado, no dejaba de mirar fuera.

Daniel se levantó y se sentó a su lado.

Sí, es bonito.

¿Verdad? —Yeray miró a Daniel, podía ver en sus ojos tristeza, alargó su mano y cogió la de Daniel, éste se dejó—. Estoy muy feliz de estar aquí, contigo.

Daniel miró a Yeray.

¿Puedes tocar mi ceja? —preguntó Daniel.

¿Tu ceja? —Yeray le miró con duda.

Sí, con tus dedos, quiero que toques mi cicatriz. —insistió Daniel.

Yeray se quedó quieto, aún sin entender exactamente lo que Daniel le pedía.

Jack solía hacerlo... —masculló Daniel.

Yeray le miró a los ojos, suspiró y levantó su mano, posó sus dedos en la ceja de Daniel.

¿Así? —Yeray tocaba la ceja de Daniel con uno de sus dedos.

Daniel lo miraba con ojos vidriosos, sujetó su mano y la apartó de ahí, haciendo que bajase por su mejilla hasta sus labios, Daniel besó sus dedos, después dejó libre su mano, Yeray la apartó.

Cierra los ojos. —dijo Yeray.

¿Qué? —Daniel lo miró extrañado, pero cerró los ojos.

Yeray se puso al otro lado, y cogió su mano izquierda, los dos sentados, permanecieron con las manos cogidas.

Ahora, estás con Jack, aquí, disfrutando del paisaje... —Yeray apretó la mano de Daniel, que permanecía en silencio, Yeray vio como Daniel sonreía.

Jack..., te echo de menos... —Daniel sonaba triste.

Yeray se acercó a Daniel, posó sus labios en los suyos, los notaba fríos, tras el beso, Yeray se separó y se volvió a sentar en su sitio.

Daniel abrió los ojos, su cara estaba roja, sus ojos vidriosos, se levantó y miró por la ventana, ya estaban llegando de nuevo al hotel.

Gracias, Yeray. —dijo Daniel.

Al llegar, ambos chicos se bajaron, Daniel estaba más feliz.

¡Ey! ¿Subisteis sin nosotros? —Alan los miró con enojo.

¿Y eso que estás feliz? —Tommy se dio cuenta de que Daniel ahora estaba más sonriente, después miró a Yeray, que también sonreía—. Ajam..., bueno, vamos a subir nosotros, ¡Nos vemos luego!

Los dos chicos se subieron, Daniel y Yeray caminaron al hotel.

Llegó la noche y los chicos se fueron a dormir, había seis camas individuales, los cinco se acostaron en diferentes, entre risas y anécdotas terminaron cogiendo el sueño, al rato, Yeray se despertó por un susurro de Daniel.

Yeray. —susurraba Daniel, que estaba al lado de su cama.

Yeray lo miró sorprendido, Daniel estaba con el pijama, de pie, al lado de la cama de Yeray.

¿Qué haces ahí? —susurró el chico.

¿Puedo dormir contigo? —Daniel sin esperar respuesta comenzó a meterse con el pijama puesto entre las mantas, poniéndose a la derecha de Yeray.

Los dos permanecieron en silencio.

Daniel, ¿Tienes frío? —decía Yeray en tono muy bajito.

Un poco...

Acércate a mí, así te daré calor.

Daniel pegó su cuerpo al de Yeray, podía sentir la respiración de éste en su nuca, Yeray abrazó a Daniel, que le sujetó de los brazos para que no dejase de abrazarlo.

¿Así mejor? —Yeray sonaba tembloroso.

Sí... —Daniel respiraba hondo, hacía mucho tiempo que no se sentía tan bien.

Yeray acercó sus labios al cuello de Daniel y lo besó, éste se dejó, lo volvió a besar, podía sentir la piel de Daniel.

Te amo, Daniel.

Daniel se giró sobre sí mismo para mirar a Yeray, los dos chicos se miraron durante unos segundos, Yeray acercó sus labios y besó a Daniel tiernamente.

Suspiros, pequeños gemidos..., ambos chicos se vencieron al placer, Yeray se metió debajo de las mantas, bajó la ropa de su amigo Daniel, su pene flácido salió del bóxer, Yeray lo agarró con sus frías manos.

Daniel soltó un leve quejido y miró al resto de chavales, dormían.

Pudo sentir ahora la boca de Yeray, se introducía el pene de Daniel en la boca, sus labios, su lengua, todo, sentía toda la boca de su amigo Yeray.

Recordó la primera vez que le hicieron sexo oral, fue Yeray, en casa de Lucía, durante el juego de Rose.

Daniel metió las manos dentro de las mantas y apretó la cabeza de Yeray contra sí, para que se introdujera en la boca todo su pene, ahora erecto, gracias a las succiones de Yeray, que torpemente intentaba hacerle una mamada a su amigo Daniel.

Daniel gemía susurradamente, por temor a ser descubiertos por el resto de sus amigos, y así, comenzó a mover sus caderas contra Yeray, notaba que se venía, su orgasmo estaba próximo, volvió a apretar con sus manos la cabeza de Yeray, para que no sacara su pene de la boca.

Yeray pudo sentir en su paladar el sabor algo salado de la primera corrida de su amigo, el semen de Daniel inundó la boca de Yeray, que deseoso tragó todo, hasta que no dejó nada.

Daniel se venció al agotamiento, Yeray salió de entre las mantas sonriente y relamiéndose.

¿Te ha gustado? —Yeray miró con ojos vidriosos a su amigo Daniel, que le sonrió y afirmó con la cabeza.

Daniel notó como Yeray llevaba su mano a la entrepierna, estaba aún caliente, su pene duro debajo de la ropa indicaba que no había terminado él.

Quieres..., ¿que te ayude...? —murmuró Daniel.

Yeray afirmó con la cabeza un poco avergonzado.

Daniel sonrió y se metió debajo de las mantas, bajó la ropa de su amigo Yeray, con ayuda de éste, que levantó el culo para bajar bien sus pantalones y su bóxer.

Yeray no se quedaba atrás, tenía un pene más grande que Daniel, lampiño, muy blanco, sin circuncidar, Daniel comenzó a subir y bajar la piel, Yeray se tapó con la manta para ver a Daniel debajo, apenas distinguía en la oscuridad del interior.

El ambiente se colmó de un olor a sexo y feromonas adolescentes, el auge del placer de ambos chicos estaba presente.

Yeray notó como Daniel se introducía su pene en la boca, intentando chupársela como Yeray hizo, aunque más de una vez sintió el roce de sus dientes.

No pudo evitar soltar algún que otro quejido, Daniel intentaba hacerlo mejor, le costaba, era la primera vez que hacía una mamada.

Se sacó el pene de la boca y comenzó de nuevo a masturbarlo, a buena velocidad, a su vez, se comió los huevos redondos y duros de Yeray, los metió en su boca y los chupaba, le gustaba el sabor salado de sus huevos.

Hasta que pudo sentir como Yeray temblaba, su orgasmo se hizo presente, Yeray sujetó el cabello de Daniel, haciéndole ver que se la metiera en la boca, lo hizo, Daniel lo hizo, se metió el pene de Yeray en la boca justo cuando se comenzó a venir, le cayó algo en la mejilla antes de meterla en su boca.

Daniel comenzó a succionar como había hecho Yeray minutos antes, tragándose todo el semen aún líquido de su amigo, notaba como bajaba por su garganta, su sabor era más bien dulce, le gustó, le gustó mucho.

Tras dejar limpio a Yeray se incorporó saliendo de entre las mantas, ambos miraban al techo, extasiados, Daniel volvió a mirar a las camas de sus amigos, dormían.

Yeray le quitó parte de su semen de la mejilla de Daniel, que sonrió cómplice, ambos se fundieron en un tierno beso de nuevo, Yeray se acomodó, pegado a Daniel, y así, se durmieron.

A la mañana siguiente, los chicos se levantaron y vieron a ambos, Yeray y Daniel durmiendo en la misma cama.

¿Qué hacen durmiendo éstos juntos? —susurró Alan con su mano tapando su boca de sorpresa.

No lo sé. —Tommy miraba la escena flipando.

Yo creo que sí, y la verdad, me alegro, ambos lo necesitan, solo espero que mi primo no acabe escaldado. —susurraba Andy.

Daniel abrió los ojos junto a Yeray, ambos chicos vieron como los tres les miraban, cuando se dieron cuenta de que Daniel los vio, los tres chicos se dieron la vuelta fingiendo que estaban a otra cosa.

¡Bueno! ¡¿Qué buen día hace no?! —decía Tommy.

Sí, yo bajaré a desayunar. —Alan salió corriendo del cuarto.

Daniel y Yeray se levantaron rojos, se separaron y Daniel fue al baño.

Esto no es lo que parecía... —Yeray avergonzado se disculpaba.

Tranquilo, no pasa nada primo, a mí no me importa, si tú eres feliz... —dijo Andy.

Sí, además, si hay alguien que pueda hacer feliz a Daniel, ése eres tú. —dijo Tommy.

Y así, los chicos pasaron un fin de semana muy bonito en Alaska, Daniel y Yeray siempre iban juntos, los demás chicos se dieron cuenta, pero no decían nada, algo se olían, y en parte se alegraban.

Tras terminar el fin de semana, volvieron a Lookrain, el pueblo donde vivían, y cada uno volvió a su casa, Daniel entró a su cuarto, dejó su bolsa en el suelo y caminó hasta su escritorio, los dibujos de Jack aún estaban ahí.

Los cogió todos y los metió en una carpeta, en ella metió todo lo que tenía de Jack, también sacó un bóxer de Jack, los que se puso aquel día, los sujetó con fuerza, intentando no llorar, los metió en la carpeta y la cerró.

Cogió una silla y subiéndose en ella lanzó la carpeta encima del armario, dejándola allí.

Se sentó en la silla y encendió el ordenador, navegando por la web descubrió que había una página que había sido muy visitada, parecía de contactos, entró y vio la sesión iniciada en un chat, parecía una red social.

¿Desde cuándo estaba esa sesión iniciada ahí? Daniel la abrió y entró en ella, había mensajes privados con un tal Ryan, Daniel abrió los mensajes.

Ryan: Te echo mucho de menos Jack, mucho...

Daniel se heló, con el clic abrió el historial de mensajes, hasta el máximo que llegaban.

Ryan: Tío, inténtalo, si de verdad te gusta, no lo dejes pasar.

Jack: Lo sé, pero tengo miedo

Ryan: ¿Por qué? Si no quieres perderlo, actúa, debes hacerlo ya.

Jack: ¿Y si me rechaza?

Ryan: No lo hará, después de todo lo que me has contado, ese chico está loco por ti.

Jack: Exagerado...

Ryan: No, lo digo en serio, Jack, lo que me contaste de la nota, el admirador es él, está loco por ti, no le hagas esperar.

Jack: Tienes razón, no lo haré, hoy me declararé y lo llevaré a la feria.

Ryan: Ya me contarás, mucha suerte.

Jack: Gracias, sí, en cuanto llegue a casa te lo cuento.

Ryan: ¿Qué pasó al final?

Ryan: Jack, dijiste que me contarías y ya pasaron dos días.

Ryan: ¿Te rechazó? Venga, ¡No estés desanimado!

Ryan: Jack, dime algo =(

Ryan: Jack, hace dos meses que no sé de ti, te echo de menos...

Ryan: Me declaré al chico que me gustaba y me rechazó, me siento muy mal...

Ryan: Jack, llevo varias noches llorando, no tengo con quién desahogarme, por favor, dime algo...

Ryan: Ya son seis meses sin saber de ti, no sé qué te habrá pasado, solo decirte que fuiste el mejor amigo que tuve, el único que sabe que soy gay, tengo miedo.

Ryan: Aprobé el curso, me costó mucho, el año que viene iré a tercero de secundaria, ¿Y tú?

Ryan: Este será el peor verano que pase, antes al menos te tenía a ti, ahora no tengo con quien desahogarme.

Ryan: Te echo mucho de menos Jack, mucho...

Ya no había más mensajes, el último databa de hace dos semanas, Daniel tomó aire y escribió.

Jack: Hola...

No hubo respuesta, esperó un rato, pero nadie contestó, Daniel se levantó nervioso, miró su móvil, ya estaba anocheciendo, se tumbó en la cama, a pensar.

Un sonido despertó a Daniel, abrió los ojos y miró su móvil, ya eran casi las doce, miró hacia la pantalla, una notificación parpadeaba en la pantalla, Daniel se levantó corriendo y se sentó en la silla.

Ryan: ¿¿¿Jack??? ¿Dónde te metiste? ¡¡Te eché mucho de menos joder!!

Jack: No soy Jack...

Ryan: ¿Cómo? ¿Y quién eres?

Jack: Soy Daniel...

Hubo una pausa de casi un minuto.

Ryan: ¿De qué hablas?

Jack: Jack murió el 19 de diciembre... ='(

Ryan: ¿Qué? Esto no tiene gracia, sea quién seas...

Jack: No te miento, soy su novio, Daniel, nos pegaron en la feria y no sobrevivió... ='(

Hubo otro largo silencio.

Ryan: ¿Entonces no es ninguna broma?

Jack: No...

Ryan: Lo siento mucho, aún estoy..., no sé..., no..., no lo esperaba...

Jack: Te entiendo, yo aún lloro por las noches, yo le amaba...

Ryan: Lo sé, él me contó muchas cosas...

Jack: ¿Sí? Yo..., ¿Podríamos quedar? Me gustaría conocerte, que me hables de todo lo que sepas de Jack.

Ryan: Ojalá pudiera, pero no vivo en vuestro condado, soy de las afueras, vivo en otra ciudad, lo siento...

Daniel se quedó en silencio, pensando.

Jack: Entiendo...

Ryan: Él te amaba mucho.

Jack: Sigue...

Ryan: Si fuiste su novio, aunque fuese esa noche, lo hiciste feliz, él me dijo que te amaba desde que te conoció, pero le daba miedo aceptarse, parecido a lo que me pasa a mí...

Jack: ¿Por qué no me lo dijo?

Ryan: No sé, supongo que no quería perderte, pero con el tiempo se dio cuenta de que no podía fingir más, no era feliz con chicas, él te amaba solo a ti.

Daniel no escribió, solo lloraba.

Jack: Gracias..., yo..., yo le echo mucho de menos, no puedo vivir sin él.

Ryan: Lo siento, mira, no sé como ayudarte, pero, no llores, a él le duele.

Jack: ¿A qué te refieres?

Ryan: Me contó que cuando llorabas, le dolía mucho, le gustaba verte sonreír, decía que cuando sonreías su corazón le daba felicidad, por favor, hazlo por él, no llores, lo pondrías triste.

Jack: Es que me cuesta, me duele el pecho, quiero que esté conmigo.

Ryan: Daniel, no te conozco en persona y ojalá hubiera conocido a Jack, no tuve esa suerte, pero si algún día nos vemos te daré un fuerte abrazo, será como abrazar también a Jack, porque sé que él está ahora contigo, en tu corazón, Jack nunca se fue, estará siempre en tu interior.

Esa noche, Daniel se pasó horas hablando con Ryan, el amigo secreto de Jack, el chico al que le contaba todo, sus inquietudes, sus miedos, sus deseos, sus amores, Ryan lo sabía todo, era el que más llegó a conocerlo, incluso más que Daniel, pero a Daniel no le importaba.

Sintió alivio al saber que Jack nunca estuvo solo, que Ryan era su amigo desde que empezó a usar el ordenador de Daniel, por eso se pasaba tantas horas pegado a él, se desahogaba con él.

El verano fue pasando, Daniel salía poco, a veces Yeray se quedaba en su casa, dormían juntos, abrazados o cogidos de la mano, Yeray era feliz, aunque sabía que Daniel aún amaba a Jack, pero no le importaba, se conformaba con estar con Daniel, con hacerlo feliz.

Tras lo ocurrido en Alaska, los chicos pasaron un verano agradable, Daniel se pasó el resto del verano intercambiando mensajes con Ryan.

Y así comenzó el nuevo año escolar, en esta ocasión los chicos comienzan tercero de secundaria, sólo les quedaba este año y otro más para graduarse y terminar el Instituto.

Después tocaría bachillerato, en las afueras del condado, la madre de Daniel de hecho ya le había echado un ojo a la institución.

Daniel se miraba al espejo, pantalón corto vaquero, camiseta sin mangas negra, ceja con cicatriz, sí, le gustaba como se veía, le daba un toque de malote, se puso la mochila en la espalda y se dirigió al instituto, con el cabello revuelto.

Por el camino veía a los diferentes chicos llegar, algunos más altos que él, demasiado, entonces vio a Jack.

¡¿¡Jack!?! —Daniel salió corriendo, entró al Instituto, pero lo perdió entre el alboroto.

El sonido de la campana sonó y todos los chicos comenzaron a entrar a sus clases, Daniel corrió y entró en el aula doce, la que le tocaba ese año, se alejó y se sentó donde Jack siempre se sentaba, puso la mochila en el otro asiento, cuando veía que un chico se acercaba, impedía que tomara asiento, no quería a nadie a su lado.

Yeray y Andy entraron y vieron a Daniel, se acercaron y se sentaron delante.

¡Hola Daniel! —Yeray lo miró sonriente.

Hola... —Daniel se quedó con la mirada en la mesa, sacó la libreta y dibujaba círculos, ¿Por qué vio a Jack? Durante el verano casi pudo alguna noche dormir sin llorar, ya lo iba superando, pero fue volver a la escuela y comenzar de nuevo a ver visiones.

Bueno, tomen asientos muchachos, que no tenemos todo el día. —el profesor se acercó a su mesa y se quedó de pie, esperando que todos se sentasen, el profesor, de piel tostada, gafas, pelo oscuro y robusto, observaba con detenimiento a sus alumnos.

Cuando todos se sentaron el profesor continuó.

De acuerdo, hoy es un día especial para... —la puerta sonó y entró un chico.

Disculpe maestro, ¿Se puede? —el chico parecía tímido.

¿Y usted es...? —el profesor lo miró con cierto enfado.

Me llamo Jack, me toca esta clase. —dijo mirando a sus compañeros con cierta timidez.

Daniel levantó la cabeza como un resorte al escuchar su nombre, y miró al chico, era más alto que Jack, pero su cabello, moreno y sus ojos, oscuros, eran como los de Jack, además, sus facciones eran muy parecidas.

¡Era idéntico a Jack! ¡Había pequeñas diferencias, pero era casi su hermano gemelo!

Muy bien, tome asiento. —dijo el profesor.

Jack caminó buscando un asiento y Daniel, sin pensarlo, se levantó y alzó su mano llamando la atención de Jack, éste le miró y caminó hacia él.

El chico nuevo, Jack, se acercó a la mesa de Daniel, pero ahora éste no reaccionaba.

Disculpa, ¿la mochila...? —Jack miró a los ojos de Daniel, que seguía sin reaccionar.

Bueno no tenemos todo el día, ¿Toma asiento o qué? —el profesor se impacientaba.

Daniel cogió la mochila y la quitó del asiento.

Gracias. —el chico miró sonriente a Daniel, éste estaba temblando, se encontraba mal, Yeray y Andy miraron atrás, se dieron cuenta de la situación, además, tampoco dejaban de mirar a Jack, sorprendidos por su parecido y además de llevar el mismo nombre.

De acuerdo, por donde iba... —continuó el profesor.

Disculpe... —una voz en la entrada de la clase interrumpió al profesor.

No puede ser... —maldijo el maestro con cierta impotencia.

¿Llego tarde? —Tommy miró a la clase.

¿Usted qué cree? Ande, pase y tome asiento.

Tommy avanzó y se sentó en el único sitio que quedaba libre.

El profesor continuó, pero Daniel no prestaba atención, solo miraba a Jack, que atendía a clase, Daniel sudaba y no reaccionaba, estaba bloqueado.

Muy bien, saquen sus libretas.

Los alumnos sacaban sus libretas y Jack hizo lo propio, miró a Daniel, que estaba quieto, le sonrió y sacó su libreta, el resto de la clase continuó, pero Daniel no podía concentrarse.

''Es Jack, es él, sí, estoy seguro..., no, espera..., no puede ser él, está muerto, Jack murió..., pero, entonces, ¿Quién es éste impostor?''

Daniel le escribió una nota y se la pasó a Jack.

''¿Por qué no te vimos en la escuela antes?''

El chico miró a Daniel y escribió en la misma nota, entonces pudo fijarse en que era zurdo, Jack era diestro, no..., no era Jack.

''¿Por qué preguntas eso Dani?''

Cuando Daniel vio como le llamó, su sangre se congeló, su corazón se detuvo y se quedó mirando a Jack.

¿Cómo..., cómo sabes mi nombre? —susurró Daniel, que estaba nervioso.

Lo pone en tu libreta. —Jack señaló con el lápiz sonriendo al nombre de Daniel, que estaba escrito en la libreta.

Silencio al fondo. —el profesor advirtió a los chicos.

Terminó la clase al rato y los chicos salieron al pasillo, Daniel no dejaba de mirar a Jack, éste estaba sentado en el banco solo, Daniel se acercó a sus amigos.

¡Ése es Jack! Incluso su voz es igual... —Daniel miró sonriendo cínicamente a los chicos.

¿Qué dices? —Tommy miró extrañado a Daniel.

Es verdad que se parece un poco, y su voz no sabría decirte si es la misma voz..., pero no es él, Daniel... —Andy intervino.

Yeray permaneció en silencio, Daniel se alejó de sus amigos y se sentó al lado de Jack, que lo miró sonriente.

¿Eres Jack no? —Daniel miraba atento a su compañero.

Sí, así me dicen, y tú Daniel, ¿No? —Jack le miró con una sonrisa.

¿Quieres venir a mi casa al salir de clase? —preguntó Daniel sin rodeos.

Jack miró con sorpresa a Daniel, confundido.

Esto..., claro, sí, ¿Por qué no? —Jack le volvió a sonreír y Daniel le devolvió la sonrisa.

Me hace daño. —Yeray miraba a Daniel, que sonreía con el nuevo Jack.

Primo, te dije que te olvidases de él, no merece la pena, ¿No lo ves? Está desquiciado. —Andy miraba con enfado a Daniel.

Tommy contemplaba la escena también con enfado, las horas pasaron y tocó la sirena del recreo, los chicos salieron, pero Daniel ni se acordó de sus compañeros, se alejó y buscó a Jack, éstos se dieron cuenta.

Jack andaba por detrás del patio, cerca de unos árboles.

¡Eh!, ¡Jack! —Daniel se acercó a Jack corriendo.

¡Ah! ¡Hola! Mmm, Daniel, ¿Qué tal? —Jack lo miró extrañado.

¿No trajiste nada para tomar? Toma, mi bocadillo, no tengo hambre. —Daniel se lo ofreció.

No, gracias, el jamón no me hace mucha gracia. —dijo Jack al ver que era de Jamón.

Daniel lo lanzó a la papelera.

Oye, está mal tirar la comida, ¿Sabes? —Jack le miró con enfado.

Lo siento... —Daniel bajó la mirada.

Bueno, no pasa nada... —dijo Jack.

Esto..., y bueno, ¿Qué tal todo? ¿Vives cerca? ¿Con quién? ¿Tienes novia? —Daniel estaba nervioso.

Para, para, qué preguntón eres, ¿No? —Jack frunció el ceño con cierta sorpresa, miraba a Daniel extrañado.

Soy muy curioso. —dijo Daniel.

Ya veo, ya..., bueno..., no recuerdo el nombre de la calle, si quieres luego me acompañas. —dijo Jack.

¡Claro! —dijo Daniel ilusionado.

Oye, ¿Qué te pasó en la ceja? —Jack le miró con atención.

Ah, ¿Esto? Me lo hiciste tú. —Daniel lo miraba sonriente.

¿Qué? ¿Cómo que te lo hice yo? —Jack no entendía nada.

Sí, nos peleamos y me pegaste, ¿Recuerdas? —Daniel le cogió del brazo, pero Jack lo apartó.

Espera, ¿Qué broma es esta? Yo es la primera vez que te veo... —dijo Jack.

Claro que no, ¿Por qué dices eso? Además, antes me escribiste Dani y mi nombre es Daniel, todos me llaman Daniel.

¿Y? No sé, me salió llamarte así sin más... —Jack notó como Daniel volvió a sujetarle la mano.

Jack intentaba apartarlo pero le costaba.

Para, no hagas eso, ¿Estás chiflado o qué? —Jack comenzó a alejarse, Daniel se puso en medio.

No, de aquí no te vas hasta que me digas la verdad, confiesa. —dijo Daniel desesperado.

¿Pero qué leches te pasa? —Jack intentó pasar y Daniel se puso en medio, los dos forcejearon.

¡Parad! —Tommy se acercó y los separó.

¿Pero qué le pasa a este? —Jack estaba alterado.

Andy y Yeray se acercaron corriendo, Tommy sujetaba a Daniel.

¡Suelta Tommy! —Daniel intentaba zafarse.

No, para, por favor, Daniel. —Yeray lo miraba preocupado.

¿Pero de qué va todo esto? Voy a decírselo al director. —amenazó Jack.

Espera, esto tiene una explicación. —Kenny, de cuarto curso, llegó y se puso en medio de ambos, con una mano en el pecho de Jack.

Sí, que ése chico necesita ayuda. —dijo Jack.

Pues mira sí, pero escucha, él perdió a alguien muy querido hace poco, y la casualidad es que se llamaba como tú y te pareces mucho, eso es todo, por favor, no vayas al director. —Kenny miró con cara de por favor a Jack.

Lo siento, no lo sabía. —Jack miró a Daniel, que estaba sujeto por Tommy, sus ojos estaban lagrimosos, a punto de llorar.

No te volverá a molestar más, hablaré con él. —Kenny se apartó y Jack se alejó del grupo.

¡¡Noo!! ¡¡Jack no te vayas!! ¡¡Espera!! —Daniel gritaba nervioso.

¡Basta! —Kenny se acercó y lo sujetó con fuerza, le tapó la boca y lo puso contra la pared.

Daniel lo miró a punto de llorar.

No, no vuelvas a gritar, ni llorar, ya no eres un niño. —Kenny estaba furioso.

Kenny... —intervino Tommy, que miraba junto a Andy y Yeray la escena.

Calla, Tommy. —Kenny señaló a su hermano avisándole que no se metiese.

Tommy, Andy y Yeray permanecieron callados ante la escena.

Escucha, Daniel, lo que te diré es muy importante, Jack está muerto, murió hace 9 meses, asúmelo ya, deja de comportarte como un niño, todos lo perdimos, le has llorado, pasa página ya, porque si sigues así te verás solo.

Daniel lo miraba llorando.

Te dije que no llorases, lo que te digo te duele, lo sé, y me jode, pero si no lo hago yo ahora, luego será tarde, ese chico NO es Jack, sí, se parece muchísimo, yo mismo cuando lo vi pensé que era Jack, pero no es él, actúa y habla de forma distinta, ¿Entiendes? Déjale en paz, Jack está MUERTO.

Hermano... —masculló Tommy.

¡Tommy, dije que te callases!

Kenny soltó a Daniel, que cayó al suelo de cuclillas, entre gimoteos, se llevó las manos a su boca, llorando desconsoladamente.

Esto es el Instituto, para llorar tienes tu casa, si vienes aquí gimoteando solo se burlarán de ti, ¿Quieres que te llamen bebé?, Debes pasar página ya, ¿Comprendes? Verte así solo está dañando a tus amigos, mírales.

Kenny se agachó y levantó de la camiseta a Daniel.

¡Míralos! —Daniel miró a sus amigos, que estaban tristes, preocupados, Yeray estaba casi llorando—. ¿Los ves? Les estás haciendo daño, por favor, ya no solo por ti, sino por tus amigos, por las personas que quieres, debes aceptar su muerte, debes pasar página.

Kenny soltó a Daniel y lo dejó allí sentado.

Vamos, que piense en sus actos. —dijo Kenny.

Kenny, no podemos dejarle solo... —Tommy miraba a Kenny.

Sí, sí podemos, necesita estar solo, cuando se recupere que vuelva, por ahora es mejor que permanezca solo, debe madurar.

Los cuatro chicos se alejaron y dejaron a Daniel allí, sólo, Yeray a veces le miraba con tristeza y pena.

De fondo se escuchaban a los chicos en el patio, jugaban y corrían, Daniel permaneció allí, llorando, cuando tocó la campana, esperó un rato y se acercó a la fuente de agua, se lavó la cara y volvió a clase, ya todos estaban en sus asientos, se acercó y vio a Jack escribiendo, sus amigos lo miraban de reojo, pero ninguno le dijo nada.

Daniel pasó por detrás de Jack, que permanecía en silencio, Jack no pudo evitar fijarse en sus ojeras, se notaba que había llorado, se sentó y se quedó en silencio, sin mirar a Jack.

Las clases terminaron y Daniel salió de la escuela solo, quería alejarse del Instituto y no volver, sus amigos lo veían a la distancia, pero no se acercaron a él, comenzó a correr y se alejó hasta perderse de vista, se tropezó y cayó al suelo, hiriéndose la rodilla derecha.

El sol pegaba con fuerza, se quedó allí tumbado y mirando como su rodilla sangraba.

Menuda caída. —Jack se detuvo a su lado y le ofreció su mano.

Daniel le miró, su pulso se aceleró, sujetó su mano, pudo sentir su piel, Jack lo levantó.

¿Estás bien? —Jack le ofreció un pañuelo—. Toma, límpiate la herida para que no se infecte.

Daniel cogió el pañuelo, se limpió la herida mientras Jack miraba a los lados pasar a algunos chicos.

Bueno, antes dijiste que me acompañarías a casa, ¿Quieres venir? —preguntó Jack sin mirarlo.

Daniel le miró, no sabía qué decir o hacer, lo que le dijo Kenny le afectó, Daniel afirmó con la cabeza.

Genial, venga, que estoy sudando del calor, que ganas de que venga el fresquito.

Los dos chicos caminaron en silencio, Daniel no levantaba la cabeza del suelo.

Bueno..., antes dijiste que te hice esa herida, bueno, que el otro te..., bueno, ya me entiendes, ¿Cómo fue? Digo, si era tu amigo, ¿Por qué fue la pelea? —preguntó Jack con curiosidad.

Daniel caminaba sin decir nada.

¿No quieres hablar? Siento si antes te traté mal, entiéndeme, te comportabas raro y decías cosas extrañas, no sabía lo de tu amigo, lo siento, pero en serio me caes bien. —Jack le miró sonriente.

Daniel sintió un alivio en el pecho.

Peleamos porque se hizo un tatuaje, y no quería contárselo a su padre...

Ahhh, entiendo, joer, ¿Un tatuaje...? —preguntó Jack confuso.

Daniel miró al costado de Jack, pensando en el tatuaje que se hizo en la espalda, cerca del costado derecho.

¿Qué? —Jack miró a Daniel.

Nada... —Daniel se acercó para levantar su camiseta, necesitaba comprobar si tenía el mismo tatuaje, solo así saldría de dudas.

Bueno, ya llegamos, esta es mi casa. —Jack se detuvo y Daniel chocó con él.

Auch... —se quejó Daniel.

Perdona. —Jack se dio la vuelta y miró si estaba bien.

Daniel entonces miró la casa de Jack, era grande, con fachada amarilla oscura, Jack entró a su casa y Daniel le siguió detrás, había un mueble con varias armas, estaba con llave, en la pared, había la cabeza de un ciervo disecado y varias condecoraciones. ¿Su padre sería cazador?

Daniel miró los muebles, buscando fotos, pero no había, eso le extrañó mucho, subió las escaleras hasta su cuarto, lanzó la mochila al suelo y se sentó en la cama.

Bueno, bienvenido a mi guarida.

Daniel entró al cuarto, estaba lleno de dibujos de terror, pósteres de películas y demás cosas, una gran cortina tapaba la ventana, dejando la habitación bastante oscura, había cajas en el suelo a medio abrir.

¿Qué? ¿Mola? —Jack le miró sonriente.

¿Te acabas de mudar? —preguntó Daniel mirando las cajas.

Ah..., no, bueno, sí, desde hace unos meses, vivíamos en la ciudad y nos vinimos a vivir a esta casa, creo...

¿Crees? —Daniel se giró y le miró confuso—. ¿Cómo qué crees?

Bueno, es complicado, y no confío en ti como para abrirme tan pronto, ¿sabes? Lo siento, quizás si nos volvemos más amigos te cuente...

Daniel sintió un escalofrío en su espalda al ver los dibujos de las paredes, le recordaban a Jack, vio también un ordenador que se iluminaba con luces led.

¿Está chulo eh? Era de Takeo, pero ahora es mío, si quieres podemos quedar un día y viciar.

Daniel se acercó y se sentó a su lado.

Está chula tu habitación. —Daniel intentó coger su mano, pero en ese momento se levantó Jack a coger un cromo de béisbol, el jugador que salía en el cromo era del Chicago Cubs.

Mira, éste es mi favorito, ya está retirado, pero nunca habrá nadie como él, te lo regalo. —Jack le ofreció el cromo.

Pero dijiste que es tu favorito...

Sí, pero lo tengo repetido, venga, acéptalo. —dijo Jack sonriendo.

Daniel lo cogió y lo miró, brillaba.

Bueno, ¿Y cómo era el tatuaje de tu amigo? ¿Molaba? —Jack se sentó a su lado de nuevo, parecía muy interesado en el tatuaje.

Ah..., era un corazón, así como tribal, por dentro rojo y con su nombre en blanco y..., bueno, y eso, lo tenía en su costado derecho, en la espalda.

Jack, de repente, se quedó callado, pensativo, Daniel se dio cuenta.

¿Pasa algo? —preguntó Daniel.

¿Eh...? No, es solo que...

Jack llevó su mano a la cabeza, con síntomas de dolor.

¿¿¿Estás bien???

Sí, es que a veces me da dolor de cabeza...

Jack sacó de la mesita un bote de pastillas y se tomó dos, después bebió un poco de agua de su botellita.

Daniel le miraba expectante, curioso, observaba las pastillas y Jack sonrió.

Ya estoy mejor..., oye, una pregunta, sobre tu cicatriz..., ¿Cuántos puntos te dieron?

No me acuerdo..., ¿Quieres tocarla? —Daniel miraba a Jack, que le miró la herida confundido por la petición de Daniel.

Jack acercó sus dedos a la ceja de Daniel, posó dos de sus dedos en la cicatriz, Daniel pudo sentir los dedos de Jack en su piel.

¿Qué hacéis? —un chico apareció en la puerta, más alto que ellos.

Jack apartó la mano corriendo y miró a la puerta asustado, Daniel, también.

( Continuará... )

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Creado (2020), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

All rights reserved© Safe Creative Code: 2202020399227 / 2309245396427

ISBN Code: 9789403630045

PD: Esta historia no contiene nada de sexo explícito, es una historia de amor que escribí hace unos años, quería compartirla por aquí, contiene drama, violencia, inocencia, misterio..., ojalá que os guste.

La historia constará de 10 capítulos, de larga duración, ya sabéis que vuestras opiniones, críticas y consejos son bienvenidos!