jueves, 25 de junio de 2020

El secreto de Jack - Capítulo 2 ''Daniel y la carta''

 El secreto de Jack 2 - Daniel y la carta

Daniel iba acompañado de Alan y Tommy de nuevo hacia la escuela, estaba deseando llegar a clase y ver a Jack.

Sus compañeros hablaban de cosas sin interés para él, solo le importaba una cosa, Jack, necesitaba verlo, quería verlo sonreír de nuevo como siempre.

La campana sonó y los alumnos comenzaron a entrar a clase, todos fueron tomando su asiento, pero Jack no estaba, era extraño, Jack siempre era de los primeros, sintió como si su corazón fuese apretado por un puño, se empezó a sentir mal.

Tomó asiento y esperó, pero la profesora llegó y comenzaron con la clase, no, Jack no había venido a la escuela.

Daniel apenas atendió esa mañana, solo pensaba en como estaría su amigo, quizás la agresión que recibió de Bill fue demasiado fuerte y se encontraba mal por su culpa, Daniel se culpaba.

Sacó el bloc y lo observó durante un rato, Jack le regaló ese bloc, pero, ¿Por qué? ¿Por qué se comportaba tan bien con él?

¿Por qué el dependiente de la tienda actuó tan raro ayer?, ¿Quién era el chico que estaba con Jack hablando en el pasillo al salir al recreo?

Eran muchas preguntas e incógnitas que rodeaban a Jack, y estaba claro que ocultaba algo, además, por dentro presentía que su padre quizás le lastimaba, ¿Le pegaría?

Recordó el día de gimnasia, donde Jack dijo encontrarse mal, pero justo fue cuando el profesor dijo que su equipo jugaría sin camiseta, ¿Acaso era timidez o no quería mostrar algo que tenía en su cuerpo?, ¿Moratones tal vez?

La cabeza de Daniel daba vueltas y vueltas, si seguía así se volvería loco, debía saber que escondía Jack, o mejor dicho, debía descubrir qué no quería que él supiese.

Pasó el tiempo y por fin llegó la hora del recreo, todos salieron al patio, Alan y Tommy le hablaban de vez en cuando, pero él solo afirmaba o negaba, permanecía distante, ni siquiera sacó su fruta y el batido, no tenía hambre.

Al girar para caminar hacia el patio se encontró con Álex, el chico que le quitó el cómic.

Lo siento, toma. —Álex le miraba tendiéndole el cómic a Daniel—. Siento lo que pasó, no quería que fuese tan lejos...

Daniel lo miró y bajó la mirada marchándose sin coger el cómic, no lo quería, y tampoco quería estar al lado de ese chico.

¡Espera! —el chico corrió y se puso a su lado—. Te estoy pidiendo perdón, y devolviendo el cómic.

Déjale, Álex. —Tommy se acercó junto a Alan, Álex al verlos, se echó atrás.

Muy bien. —Álex miró a Daniel—. Pero ten cuidado con Jack, solo te está utilizando.

¡Largo de aquí! —Alan empujó a Álex, que con mirada de enfado se dio la vuelta y se marchó.

No le hagas caso, ignóralo. —dijo Tommy, después miró a Alan y ambos intentaron cambiar enseguida de tema.

Daniel los observó con detenimiento, su actitud había cambiado, ¿Por qué?, ¿Y qué quiso decir Álex con lo de que Jack solo utilizaba a Daniel?

Durante el recreo, Daniel miraba a los amigos de Jack, que sin él, hablaban como si nada, ¿Dónde estará Jack?, ¿Por qué no vino a clases?

Fueron terminando las diferentes asignaturas y el final de las clases por fin llegó, Daniel apresuró sus pasos y salió de la escuela camino de casa de Jack, quería saber el porqué no fue a la escuela.

El camino se le hizo eterno hasta estar frente a su casa, la casa de Jack, su aspecto daba miedo y pánico, se acercó lentamente, pero le temblaba el pulso, no se atrevía a llamar. Caminó a los lados y se asomaba por la ventana para poder ver por dentro, pero la luz del sol le impedía ver con claridad a través de los oscuros cristales.

¿Qué haces chico? —una voz adulta proveniente a su espalda lo hizo girar enseguida.

Daniel miró al dueño de esa voz, era un hombre muy alto, iba con un traje de oficial de policía de color beige, su aspecto daba miedo, era un hombre de pelo oscuro y con un bigote sin barba.

Te hice una pregunta, ¿Por qué espiabas por la ventana de esta casa? —el hombre se acercó de forma intimidatoria, pero al ver bien a Daniel se quedó quieto, observándole con asombro.

Daniel permaneció callado y el hombre que parecía ser un ayudante del sheriff se acercó hasta él y se arrodilló a su altura.

Tú..., no..., ¿No me lo vas a decir?, ¿Sabes que está feo espiar las casas ajenas? —el hombre se ajustó su sombrero, también gris, aunque actuaba raro, no dejaba de mirarlo, era extraño.

Daniel bajó la mirada con temor. ¿Lo iba a detener?

La puerta de la casa de Jack se abrió y salió el padre de Jack. Se quedó mirando la escena muy serio.

¿Qué ocurre aquí? —el padre de Jack cerró la puerta y caminó acercándose a ambos.

Nada, he pillado a este chaval fisgoneando. —dijo el ayudante del sheriff.

El padre de Jack lo miró fijamente, escudriñó con su mirada intentando recordar de qué le sonaba ese chico.

¿Tú eres amigo de Jackson?

¿Jackson?

El padre se acercó a Daniel y le miró a los ojos.

Me refiero a Jack, ¿Eres amigo suyo?

Daniel afirmó con la cabeza.

¿Es amigo de tu hijo? —el ayudante del sheriff se levantó hacia el padre.

Sí, creo que lo vi el otro día con él, ¿Tú eres el chico que no habla no? —el padre cambió su cara y lo miró con una sonrisa—. Pasa, está en su cuarto.

¿Estás seguro? ¿Te diste cuenta? —dijo el ayudante del sheriff.

Sí, me di cuenta. —ignoraban a Daniel, que no entendía nada.

Daniel dudó por un momento y caminó con lentitud entrando en la casa de su amigo Jack dejando atrás a ambos hombres.

La oscuridad se comenzó a hacer presente conforme entraba, la casa aún era más oscura de lo que se imaginó.

Te traje los papeles que me dijiste, están en el coche. —la voz de otro hombre sonaba fuera, parecía que hablaba con el padre de Jack.

Daniel miró y vio como los dos se alejaban al coche de policía que estaba aparcado fuera. Él continuó caminando entrando a lo que parecía el recibidor, se fue acostumbrando al cambio de luz y pudo distinguir que había fotos en el mueble, por dentro la casa estaba en mucho mejor estado que por fuera.

En las fotos aparecía Jack de muy pequeño con sus padres y con otro chico más pequeño aún, su madre era una mujer rubia con el pelo largo, muy guapa, el otro chico era castaño y de ojos marrones claros, estaba siendo abrazado por Jack, que sonreía en la foto, siguió mirando fotos y de cómo Jack iba cambiando con los años, pero su madre y el otro chico que parecía que era su hermano dejaron de salir en ellas, solo aparecía él y su padre. Un nudo se hizo en su garganta.

Lo peor de todo es que el chico que parecía su hermano se parecía mucho a Daniel, demasiado, eran casi idénticos, al menos en las facciones y en las pecas, podrían haber pasado por hermanos perfectamente.

Daniel siguió avanzando hasta el pasillo, era muy largo, caminó lentamente mirando grandes cuadros que se posaban en él, lo recorrió hasta la puerta del fondo, había un cartel en rojo que ponía ''prohibido el paso'', se detuvo y esperó en silencio, no se escuchaba nada, llamó a la puerta con cierto temor.

No hubo respuesta, pero entonces escuchó un ruido, puso su oído pegado a la puerta, se escuchaba algo, pero no distinguía el qué, se intentó pegar más y la puerta se abrió cayendo Daniel al suelo.

Jack estaba en la cama, sorprendido escondió algo debajo de su almohada y se puso de pie de golpe, pudo ver a Daniel, tirado en el suelo mirando a Jack sin saber qué decir.

¿¿Dani?? —Jack lo miraba con cara de sorpresa, éste bajó de la cama y lo ayudó a ponerse de pie, Daniel notó que estaba acalorado, su pijama estaba muy arrugado.

Miró alrededor de su cuarto, había una cama, un armario, un escritorio y algunos libros y juguetes en un mueble que parecía una especie de librería, por el suelo había muchos papeles llenos de dibujos y garabatos, el cuarto no era muy grande, aunque la cama sí.

No estaba muy ordenado todo, además, la única ventana que había en el cuarto, enorme, estaba tapada con una cortina oscura, haciendo que el cuarto fuese más lúgubre.

¿Qué haces aquí? Me has pegado un susto de muerte...

Daniel lo miró con los ojos muy brillantes, sacó de su bolsillo el bloc y escribió en él, Jack miraba atentamente.

''¿Por qué no viniste a la escuela?''

Jack se sentó en su cama de nuevo suspirando.

No tenía ganas de ir... —masculló.

¿No qué estabas malo? —el padre de Jack interrumpió con mirada seria, apoyado en el borde del marco de la puerta.

¿Es qué nadie sabe llamar? —Jack refunfuñó con enfado.

El padre se acercó a Jack y se sentó a su lado mirando a Daniel.

¿Así que este es el famoso chico del que tanto hablas? —preguntó el padre, que miró a Daniel con detenimiento, sin quitarle el ojo de encima—. Ahora entiendo por qué me hablas tanto de él...

¡Papá...! —Jack intervino levantándose con enfado.

El padre se calló y miró a Daniel.

¿Te quedas a comer con nosotros? He preparado albóndigas caseras.

Daniel miró a Jack como pidiéndole permiso. Éste puso los ojos hacia arriba y suspiró dando el consentimiento.

Daniel afirmó con la cabeza.

Pues venga, ¡Todos al comedor! —dijo el padre.

El padre se levantó y se fue del cuarto, Jack hizo lo mismo y tapó la cama, se puso al lado de Daniel y comenzaron a andar hacia el comedor, Daniel notaba raro a Jack, diferente, es cómo si fuese otra persona, más distante, no era el mismo.

Una vez llegaron al comedor, se sentaron a comer, eran albóndigas, parecían tener buen apetito.

Bueno, ¿Te gusta el pueblo Daniel? —preguntó el padre.

Papá..., no puede hablar. —Jack habló desganado, es como si no le gustase la idea de que Daniel estuviese allí, Jack cogió una albóndiga y se la llevó a la boca.

Es cierto, disculpa.

Todos siguieron comiendo en silencio.

Eres el primer chico que se atreve a entrar en la casa, a todos los amigos de Jackson le da miedo, ¿A ti no?

Daniel negó con la cabeza y el padre sonrió.

Bueno, cuando terminéis llevadlo todo a la cocina. —se levantó con su plato y miró a Jackson— Hijo, hoy tengo horario por la tarde y parte de la noche, así que llegaré tarde.

Sí, no te preocupes papá... —Jack sonaba con tristeza.

¡Oye! ¿Y si te quedas a dormir esta noche? —el padre miró a Daniel.

¿Qué? No puede, su madre ni siquiera lo sabe. —Jack sonó enfadado.

Pues la llamo y le preguntó, ¿Tienes su número Daniel?

Daniel miró a Jack, que tenía la mirada en el plato, estaba serio, muy serio.

Daniel sacó su móvil del bolsillo y lo puso en la mesa. Jack miró el móvil sorprendido. El padre lo cogió y lo miró, se dirigió al teléfono y comenzó a llamar.

Jack se levantó con enfado y recogió los platos, pasó por donde Daniel sin mirarle.

Daniel empezaba a sentirse mal, ¿Por qué se comportaba así con él? No reconocía a su amigo, no reconocía a ése chico.

Listo, tu madre deja que pases aquí la noche, dile a Jack que te deje uno de sus pijamas, pasadlo bien. —el padre se acercó a su hijo y lo besó en la mejilla, después cogió las llaves del recibidor y se marchó.

Jack permaneció callado, apoyado en la pared del comedor, Daniel dejó la cuchara en la mesa, no quería seguir comiendo, además se sentía observado por Jack.

¿No comes más? —Jack se acercó y recogió los platos llevándolos a la cocina. Al rato salió y miró a Daniel—. Ven, te daré un pijama.

Daniel se levantó y siguió a Jack hasta su habitación, abrió el armario y sacó un pantalón largo muy fino y una camiseta de manga corta, el pijama parecía que le quedaría más grande.

Éste me está pequeño, quizás a ti te valga. —Jack lo dejó en las manos de Daniel y se tumbó en la cama mirando el techo.

Daniel se quedó mirando a su amigo, éste levantó la cabeza apoyando los codos en la cama.

¿Qué? ¿No te cambias? —preguntó Jack.

Daniel permaneció en silencio y bajó la mirada.

¿Te da vergüenza? —Jack sonrió por primera vez desde que entró en su casa—. Está bien, me daré la vuelta.

Jack se giró en la cama mirando a la pared, permaneció en silencio.

Venga, ¡Que no miraré!

Daniel se dio la vuelta y comenzó a desvestirse, primero la camiseta, luego las zapatillas y los calcetines, se quedó quieto por un momento, no se atrevió a girar para ver a Jack.

¿Estaría mirando? Daniel se agachó para recoger el pantalón del suelo y ponerlo en el escritorio junto al resto de su ropa, su respiración se agitaba, se sentía observado por Jack.

¿Qué debería hacer?

Se sentía acalorado, ardiendo, sin saber por qué, dentro de él sentía como si se quemara. Permaneció quieto, sin saber que hacer, estiró el brazo y cogió el pantalón, se lo fue poniendo despacio, se sentía raro.

Después cogió la camiseta y se la comenzó a poner también, el ruido de la cama volvió a sonar despacio mientras terminaba de ponérsela.

Daniel se dio la vuelta y vio a su amigo mirando el techo con los ojos cerrados, se acercó a él y se le quedó mirando.

Jack abrió uno de los ojos y le miró de reojo.

Sí que has tardado. —Jack se apartó a un lado—. Ven, échate aquí, quiero enseñarte una cosa.

Daniel se fijó en que su amigo estaba muy rojo, la cara la tenía colorada, se subió a la cama y se tumbó a su lado.

Cierra los ojos. —ordenó Jack.

Daniel duró unos segundos ante la mirada de Jack, que esperaba que los cerrase, entonces Daniel cerró los ojos y permaneció así un rato, Jack no decía nada.

Ahora, ábrelos y mira el techo.

Daniel los abrió y miró al techo, unas estrellas pequeñas brillaban con una luz fluorescente amarilla.

¿Son bonitas eh? Mi padre las hizo para mí, me ayudan a dormir, son relajantes...

Daniel las miraba y podía sentir como si se moviesen, sentía un leve sueño, sus ojos se iban cerrando, le gustaba estar allí, se sentía cómodo.

La piel de Jack rozó su mano izquierda, él, sorprendido, no hizo nada, Jack extendió más la mano y la cogió, Daniel se dejó coger la mano, abrió los ojos y miró a Jack con timidez, éste tenía los ojos cerrados, pero no soltaba su mano.

En ese momento sonó el teléfono de su casa, Jack abrió los ojos y al mirar a Daniel soltó su mano con cierto temor.

Ahora vengo. —Jack se levantó corriendo y se dirigió al comedor como una flecha.

Daniel se quedó allí solo, esperó un poco, pero Jack no venía, se levantó y algo se deslizó de debajo de la almohada por la cama, Daniel miró a la puerta para ver que no había nadie, extendió su mano y cogió lo que parecía ser la foto de Jack abrazando a un niño, mucho más pequeño que él, salían sonriendo, le dio la vuelta y pudo ver el nombre del chico y la fecha.

''Jack & Dani — 2016''

Daniel escondió la fotografía corriendo donde estaba, se terminó de levantar de la cama y caminó hacia el comedor, iba descalzo, por lo que no hacía ruido, escuchó a Jack discutir, se acercó un poco y se detuvo en la esquina.

¡Te juro que no! ¡De verdad! —la voz de Jack era quebradiza.

Jack parecía muy preocupado, incluso con miedo.

¡No, por favor! ¡Te recompensaré! ¡Lo prometo! —dijo Jack.

¿Con quién hablaba Jack? Parecía preocupado, pero Daniel no quería entrometerse y mucho menos ser un metiche.

Así que retrocedió y volvió al cuarto, miró al suelo, había muchos papeles llenos de garabatos, había uno cerca del armario, estaba metido debajo, sobresalía por la esquina, se agachó y lo cogió.

En él podía verse dibujado el sol en una esquina, había una casa que parecía la de Jack, un árbol y dos siluetas humanas encima de la hierba, parecían dos chicos, uno más alto que otro, en sus cabezas ponían Jack y Dani.

Era de mi hermano. —Jack sobresaltó a Daniel, que, atemorizado, le ofreció el dibujo con un poco de culpa.

Jack se acercó con la mirada perdida y cogió el dibujo, lo dobló y lo metió en el cajón de su escritorio.

Daniel sacó el bloc y comenzó a escribir, se lo enseñó a Jack.

''Lo siento''

¿El qué? No hiciste nada malo, a mi hermano le gustaba esconder los dibujos por mi cuarto para que yo los buscase, así que..., los dejo así.

Jack se volvió a tumbar en la cama y cerró los ojos, Daniel se le quedó mirando pensativo, en parte se sentía mal, ¿Dónde estaría su hermano y su madre?, ¿Se marcharon o tal vez...? Daniel no se atrevía a preguntar.

Siento que te aburras, no hay que hacer en mi casa, no tengo ordenador o consola, ni móvil, que por cierto. —Jack se incorporó—. No sabía que tenías móvil, ¿Me lo dejas?

Daniel sin dudarlo sacó el móvil del pantalón que había dejado en el escritorio y se lo pasó a Jack. Éste lo cogió sonriendo.

¡Guau! ¡Es enorme! ¡Casi como tú casa! —Jack comenzó a navegar por el móvil—. ¿No tienes juegos instalados? ¿Sabes que hay juegos no? Mira.

Jack comenzó a descargarse un juego de coches al móvil de Daniel. Lo inició y comenzó a jugar.

Ven, siéntate conmigo. —Jack posó su mano en la cama para que se sentase a su lado, éste lo hizo. Jack jugaba al juego—. ¿Ves como lo hago? ¿Soy bueno eh?

Pero Daniel no se fijaba en el juego, sino en Jack, podía ver su sonrisa, era feliz y eso le gustaba, se sentía muy bien, Daniel no podía quitarle la mirada de encima, se sentía muy bien, mirar a Jack le daba paz y felicidad.

Toma, te toca. —Jack le ofreció a Daniel el móvil, pero éste negó con la cabeza—. ¿No quieres?

Daniel volvió a negar. Jack se tumbó y siguió jugando en la cama, Daniel se tumbó a su lado, mirando el techo, escuchaba en bajito la música del juego de coches y se durmió.

Al despertarse Jack no estaba con él, su móvil estaba en la mesita, lo cogió y vio que el juego estaba en pausa. Se levantó de la cama buscando a Jack, miró por la ventana y ya había oscurecido, salió del cuarto y caminó en silencio por el pasillo.

Había una puerta entreabierta, miró por ella y vio la luz de una pequeña lámpara encendida, abrió la puerta y dio unos pasos hacia la habitación, había muchos juguetes tirados por el suelo, dibujos arrugados y peluches en la cama, que estaba a medio hacer.

Un crujido sonó en el pasillo, Daniel se quedó mirando, pero no escuchó nada más, fue saliendo de la habitación del que parecía ser el hermano de Jack, Dani, sí, se llamaba como él.

¿Por eso Jack quería ser su amigo? ¿Le recordaba a su hermano? En parte se sintió mal, porque pensó que era su amigo porque le recordaba a su hermano,

¿Era el sustituto de su hermano? ¿Por eso Álex le dijo que lo estaba utilizando? Algunas piezas empezaban a encajar...

De nuevo un crujido, Daniel se asomó al pasillo, estaba oscuro, pero no había nadie, caminó hacia el comedor y no encontró a Jack, de repente escuchó la música del juego del móvil.

Giró mirando al pasillo, la música cada vez se escuchaba más cerca, unos pasos se aproximaban, Daniel retrocedió despacio y entonces apareció Jack.

¿Qué haces aquí? —Jack lo miraba con el móvil en la mano, Daniel estaba un poco asustado—. Ah, ¿Me estabas buscando? Lo siento, fui al baño y no quise despertarte..., ¿Tienes hambre?

Daniel asintió con la cabeza.

¿De dónde vienes? —preguntó Jack a Daniel, al ver que estaba cerca del cuarto de su hermano.

Jack caminó hacia Daniel y se asomó al cuarto, después miró a Daniel y apretó sus mejillas cerrando la puerta con delicadeza.

Tras eso, Jack suspiró y le hizo una seña a Daniel para que le acompañase a la cocina.

Los dos fueron a la cocina, Jack abrió el frigorífico y sacó unas lonchas de queso, cogió pan de molde y fue metiendo varias lonchas dentro del pan.

Sentémonos en la mesa, toma, voy a por algo de beber. —Jack dejó su sándwich en la mesa dónde ahora estaba sentado Daniel, que le dio varios bocados a su sándwich.

Jack regresó con dos latas de refresco de naranja.

Toma, no están frías, pero mejor esto que nada...

Jack la abrió, Daniel hizo lo propio y comenzaron a comer. Daniel no apartaba la mirada de Jack, sus labios aprisionaban el sándwich y tiraba de él hacia dentro de su boca, masticaba y tragaba, después bebía un poco de refresco.

Jack al ver como su amigo lo miraba sonreía.

¿No quieres más? —Daniel dejó medio sándwich y parte del refresco en la mesa—. Comes muy poco ehh, así nunca crecerás. —Jack extendió sus manos y cogió el sándwich de Daniel y lo llevó a su boca, después bebió del refresco de Daniel, que lo miraba sin poder evitarlo.

Jack eructó.

¡Perdón! —Jack se disculpó entre risas, Daniel no pudo evitar sonreír—. ¡Eh! ¡Has sonreído! ¡Nunca te vi sonreír! Bonitos dientes —dijo Jack en tono burlón.

Daniel no pudo evitar ruborizarse.

Bueno, ¡Ahora toca lavarse los dientes y a la cama! —Jack se levantó y limpió lo que ensuciaron, tiró los refrescos a la basura y se dirigieron al baño, estaba al lado de la habitación de Jack.

Jack abrió el mueble del baño y sacó una caja con tres cepillos, la abrió y le dio uno nuevo a Daniel, después guardó la caja de nuevo, él sacó del otro cajón un cepillo que parecía ser el suyo.

Comenzó a lavarse los dientes frente al espejo mientras Daniel miraba sin saber qué hacer, untó su cepillo también y los dos comenzaron a lavarse los dientes en el espejo, Jack a veces se reía mirando la cara de Daniel, éste no podía evitarlo y también sonreía.

Se enjuagaron la boca y Jack sacó un bote líquido para el enjuague, tomó un poco, se enjuagó y escupió en el lavabo.

Dani, mira ven. —Daniel se acercó y Jack le echó el aliento en la cara, pudo sentir el aliento de su amigo—. ¿A qué huele bien? —dijo sonriendo.

Daniel se ruborizó y observaba los labios de su amigo, no podía dejar de mirarlos, él..., quería..., quería...

Venga, ahora tú. —dijo Jack.

Daniel hizo lo mismo, se enjuagó y después de terminar, con duda, echó el aliento en la cara de su amigo.

Mmmmm huele a fresas... —dijo sonriendo.

Ambos chicos cruzaron sus miradas, Jack miró los labios de Daniel, éste pudo darse cuenta, Daniel notó que Jack comenzó a acercarse hacia él, cada vez estaban más cerca, Daniel sentía en su pecho el latir de su corazón como si fuese a salir de un golpe.

Jack se detuvo apartando la mirada.

Venga, vamos a dormir. —Jack guardó su cepillo en el mueble de nuevo y salió del baño.

Daniel se quedó allí unos segundos, sin saber qué acababa de ocurrir...

Guardó el cepillo en el mueble y caminó al cuarto de Jack, que estaba tumbado en la cama, con los ojos cerrados, Jack se acercó y se tumbó.

Los dos chicos estaban tumbados en la cama, Jack pegado a la pared y Daniel en el borde, Jack estiró la sábana y tapó a ambos.

Apaga la luz de la mesita. —dijo Jack.

Daniel se giró y pulsó el interruptor dejando la habitación completamente oscura, los dos chicos permanecieron en silencio mirando el techo, Daniel pudo ver como las estrellas brillaban un poco, se veía muy bonito.

¡Menos mal que mañana es Sábado! ¿No crees? —Jack le miró, sus ojos, a pesar de la oscuridad, se podían ver brillar, por la ventana podía verse entrar un poco de luz.

Daniel miró a su amigo, ambos se miraban a los ojos, entonces Daniel sintió de nuevo la mano de Jack, esta vez en su pecho, la posó sobre el pijama, Jack no dejaba de mirarle a los ojos, Daniel aumentó su respiración de forma considerable y notó que Jack también, éste se fue acercando a su cara hasta casi estar a centímetros de ella, se detuvo un momento y se alejó echándose en la cama quitando también la mano de su pecho.

Buenas noches..., Dani...

La voz de Jack sonó distinta, como si fuese un sollozo, Daniel recobró el aliento y se calmó, bajó su mano buscando la de Jack, la tocó y éste la apartó un poco. De nuevo Daniel lo intentó, buscó su mano y la encontró, la rozó, Jack no la movió esta vez, Daniel la comenzó a tocar con dos de sus dedos, al rato, Jack movió sus manos y entrelazó esos dos dedos con los suyos.

Y así, ambos chicos quedaron dormidos, juntos, como dos buenos amigos.

La noche pasó, y algunos rayos de luz ya entraban por la ventana, y aunque estaba tapada con la cortina, no podía evitar que éstos entrasen por los lados.

Daniel se incorporó, estaba en casa de Jack, no se acordaba, miró a su lado, pero Jack no estaba.

Escuchó unos pasos venir hacia la habitación, se recostó haciéndose el dormido, quien fuese entró al cuarto y abrió el armario, Daniel entreabrió los ojos y pudo ver a Jack, estaba con una toalla en su cintura, pero lo que más le llamó la atención fueron unas pequeñas marcas en su espalda.

En la parte de abajo, y alguna arriba, parecían arañazos e incluso pudo ver algún moratón, Jack se quitó la toalla, cayendo ésta al suelo, Daniel se puso rojo y volvió a cerrar los ojos, su corazón latía muy fuerte y le costaba respirar.

Jack hacía ruido en el armario, al parecer con la ropa, Daniel volvió a entreabrir sus ojos, Jack estaba con un pantalón y se ponía la camiseta, Daniel volvió a cerrar los ojos, Jack acercó sus pasos a Daniel, notaba su respiración cerca, los labios de Jack se posaron en la mejilla de Daniel.

Daniel sentía su cuerpo arder, no tenía explicación de por qué le pasaba, era como cuando tenía fiebre, Jack se apartó y se fue de la habitación, Daniel no se atrevió a abrir más los ojos, se quedó así, tumbado, agitado, muy agitado.

Se durmió, de nuevo.

¡Despierta dormilón! ¡Son más de las diez! —la voz de Jack despertó a Daniel, éste traía un balón de fútbol y lo que parecía un bocadillo—. ¡Es sábado! Voy a salir al parque con unos amigos a jugar, ¿Te vienes? Aunque antes deberías desayunar, mira, te hice un bocadillo para el camino.

Jack le lanzó el bocadillo.

Te espero fuera, ¡No tardes! —Jack se alejó y se escuchó de fondo la puerta cerrarse.

Daniel se levantó y se cambió de ropa, se quitó el pijama y se puso la suya, después salió del cuarto y caminó por el pasillo, el padre de Jack estaba en la cocina de espaldas, parecía tararear una canción en voz baja mientras preparaba lo que parecía la comida. El padre se dio la vuelta y vio a Daniel ahí parado.

Hombre, el pequeño de la casa se despertó. —el padre lo miró con una sonrisa, llevaba puesto un delantal—. He llamado esta mañana a tu madre, se pasará a recogerte después de comer, así que no te preocupes, ¿Vale?

Daniel afirmó con la cabeza.

Ah, toma. —el padre de Jack abrió el frigorífico y sacó dos latas de refrescos de Coca-Cola frías—. Toma, para que os la toméis por el camino, no volváis tarde.

Daniel cogió las latas y el padre siguió con lo suyo, escuchó fuera el balón botar, Daniel salió de casa de Jack y pudo verlo con dos chicos más jugando, tímidamente se acercó hasta ellos.

¡Por fin! ¿Y eso? —Jack se acercó a Daniel y cogió una de las latas, después se la pasó a uno de sus amigos.

Venga, que se hizo muy tarde. —dijo Andy, era el chico que estaba detrás de sus pupitres en clase, un chico de pelo castaño y ojos oscuros, de estatura similar, el otro chico, que después recordaría que se llamaba Yeray, era rubio con el pelo un poco ondulado y ojos azules claros, sus ojos le llamaban mucho la atención.

Los chicos fueron al parque y comenzaron a jugar en la zona donde había una pequeña pista de fútbol, había muchos chicos jugando y corriendo por el parque acompañados de varios adultos, el sol pegaba con fuerza y comenzaba a hacer calor.

Daniel iba con Jack y se enfrentaban a los otros dos chicos, Daniel no era muy bueno, pero se estaba divirtiendo, Jack sí era bueno, jugaba muy bien. Iban rotando de compañeros y el tiempo fue pasando.

Vamos a descansar, además tengo hambre. —Yeray se fue a un banco y se sentó en él sacando de la mochila dos bocadillos, uno se lo pasó a Andy.

Dani, toma. —Jack cogió la lata de cola y bebió de ella, le pasó el bocadillo a Daniel, y comenzó a comérselo, los cuatro chicos estaban en el banco en silencio y mirando al resto jugar.

Toma, bebe un poco. —Jack le pasó la lata a Daniel mientras se iba a la fuente a refrescarse.

Daniel se terminó el refresco y fue a los baños públicos del parque, para su sorpresa estaban muy limpios.

Tenía ganas de ir al baño, pero no había cubículos como tal, solo urinarios de pared, se acercó y se puso en uno de ellos.

La puerta se abrió y apareció Yeray, el chico miró a Daniel y se puso en el urinario de al lado.

Hubo un silencio, Daniel estaba nervioso, cuando terminó se acercó al lavabo y se lavó las manos, Yeray también terminó y se puso de nuevo a su lado.

Yeray le sonreía a través del espejo, los dos permanecían en silencio, ninguno hablaba, Yeray le comenzó a lanzar agua a Daniel entre risas, y éste hizo lo mismo y comenzaron a echarse agua.

¡Para, para! ¡Tramposo! —Yeray se acercó a Daniel para evitar que le siguiese lanzando agua, cuando se dio cuenta estaba abrazado a él, los ojos de Yeray se posaron en los de Daniel.

Éste no dejaba de mirar esos ojos azules tan claros, le llamaban mucho la atención.

Yeray intentó besar a Daniel, que de manera instintiva, apartó su cara a un lado, esquivando lo que parecía un beso.

¡Perdón! Fue sin querer... —Yeray retrocedió varios pasos, sus ojos se pusieron rojos—. ¡Por favor, no le digas a nadie! —los ojos de Yeray cada vez estaban más rojos, casi a punto de llorar.

Salió corriendo del baño dejando a Daniel allí, que no sabía que acababa de pasar, no sabía qué hacer, se quedó allí un rato, mirando a la nada, pensando en por qué Yeray intentó besarlo, ¿por qué?

Él no era una chica, era un chico, así que no tenía sentido que lo quisiera besar, quizás fue la confusión del momento, o quizás...

¿Qué pasó? —Jack entró al baño, Daniel, sobresaltado, miró a su amigo—. ¿Por qué tardas tanto?

Daniel se acercó con temor a Jack y éste le sonrió, en ese momento Daniel se sintió mal, no sabe el porqué exactamente, pero así se sentía al ver a Jack.

Los dos salieron y fueron hasta el banco, Daniel miró a Yeray, pero éste apartaba la mirada, no se atrevía a mirarle, estaba como avergonzado.

Bueno, nosotros ya volvemos a casa. —Andy se levantó y Yeray también.

¿Ya? Pero si aún no son ni la una... —Jack parecía decepcionado.

Lo sé, pero mientras llegamos y tal nos podrían regañar, además Yeray dice que se encuentra mal.

Los dos chicos se alejaron y salieron del parque, Jack se sentó en el banco al lado de su balón.

Miraba a Daniel con rostro pensativo.

¿Qué te gustaría hacer? Yo aún no quiero volver a...

Jack se detuvo y miró al fondo, había un grupo de chicas pasando cerca del parque, Daniel se fijó en su amigo, se había puesto rojo, se levantó y acercó el balón a Daniel.

¿Me esperas aquí? Yo antes debo hacer una cosa. —y guiñando un ojo se alejó corriendo.

Daniel no dejó de observar a Jack, se acercó al grupo y comenzó a hablar con ellas, eran tres chicas, dos de ellas eran de su clase, Jack parecía muy feliz y no paraba de reír, junto a ellas se alejaron andando.

Daniel se quedó allí, solo, mirando a la distancia, no pudo evitar sentirse mal.

Tras esperar y esperar, Daniel volvió a casa de Jack con el balón en su regazo.

¿Ya estáis en casa? —el padre de Jack le preguntaba a Daniel mientras entraba en casa, Daniel soltó el balón en el sofá—. ¿Y Jack?

Con un gesto de hombros Daniel dio a entender al padre de Jack que no lo sabía.

Entonces Daniel vio en el rostro del padre un cambio radical, se tornó más frío y enojado.

Bueno, voy a por la comida, en cinco minutos estará lista. —el padre de Jack se levantó del sillón donde estaba sentado leyendo un libro y se fue a la cocina, su actitud era seria y distante.

Daniel caminó hasta el cuarto de Jack y se sentó en la cama, miraba a los alrededores sin saber qué hacer, sentía que Jack lo había abandonado..., y por unas chicas.

Sentándose en el escritorio cogió un lápiz y un papel que había en él, y comenzó a dibujar.

En él, dibujó a Jack en el parque, rodeado de tres chicas sonriendo, Daniel se dibujó a sí mismo sólo, cerca del banco, en la distancia, mirando la escena.

¡A comer! —la voz del padre detrás de él lo asustó y sin querer golpeó el dibujo, cayendo detrás del escritorio—. Venga que se enfría.

El padre se alejó y Daniel intentó coger el dibujo, pero no llegaba, su mano no cabía por la rendija, intentó mover el escritorio, pero apenas pudo, es como si estuviera encajado entre la estantería y el armario, se levantó y dejó el dibujo ahí, luego lo cogería.

El padre de Jack y Daniel almorzaban en el comedor, era pasta, macarrones con un poco de tomate y queso, estaba incómodo allí solo, en silencio, comiendo con el padre de Jack, Daniel terminó rápido y llevó los platos a la cocina.

La puerta se abrió despacio y Jack apareció por la puerta como intentando no ser descubierto, pero no lo logró.

¿Dónde estabas? Daniel volvió solo. —el padre puso un tono serio mientras se levantaba de la mesa.

Es que... acompañé a Andy y Yeray... —Jack se alejaba a su cuarto con temor y el padre se puso en medio.

No me mientas...

No te miento...

Una bofetada del padre golpeó la cara de Jack, que se quedó en silencio.

¡No me mientas! —la voz del padre sonó alterada y con fuerza, era intimidatoria—. ¡Has dejado que el chaval volviese solo!

Jack vio detrás de su padre a Daniel, que estaba en la cocina, Jack quedó en silencio con ojos llorosos.

¿Cómo pudiste dejar que volviese solo? ¡¡Es tu herm...!!

Hubo un silencio, el padre, ido, se dio cuenta del lapsus mental, Jack le miró con sorpresa.

Hoy no comes, vete a tu cuarto, estás castigado. —continuó el padre.

Jack se fue corriendo y cerró la puerta, el padre de Jack se giró y vio como Daniel había visto la escena, bajó la mirada y recogiendo sus platos pasó cerca de Daniel y se puso a limpiarlos en silencio.

Daniel se sentía culpable, debió esperarlo en el parque, todo fue culpa suya, no debió volver solo, además, el padre por un momento pensó que era su hijo, pero él no era su hijo...

Daniel caminó por el pasillo hasta la habitación de Jack, llamó a la puerta, pero no contestaba, la abrió lentamente y pudo ver que Jack estaba tirado en la cama, tapado con la manta hasta la cabeza.

Daniel avanzó, cerró la puerta tras de sí y se sentó en el borde de la cama, no sabía cómo actuar, permaneció en silencio.

Jack se destapó y miró a su amigo, este se le quedó mirando y se volvió a tapar.

¡Vete! ¡Déjame solo! —Jack sonaba enojado.

Daniel se quitó las zapatillas y se metió en la cama con su amigo, tapándose también.

¿Qué haces? —Jack miró a Daniel, los dos se miraban dentro de la manta.

El aire empezó a calentarse debajo de la manta, sus respiraciones aumentaban, sus caras cada vez estaban más acaloradas.

La puerta se abrió de golpe y apareció el padre de Jack, los dos chicos se levantaron corriendo, estaban agitados y acalorados, el padre se quedó mirando.

¿Qué hacéis?

Los dos callados miraron al padre de Jack, en silencio.

Bueno, Daniel, tu madre, vino a recogerte. —la voz del padre sonó fría.

Daniel se bajó de la cama y se puso las zapatillas ante la mirada de ambos, se incorporó y el padre cerró la puerta del cuarto de Jack acompañado a Daniel.

¿Muchas gracias por cuidar de él señor...? —la madre de Daniel lo cogía de la mano mientras hablaba con el padre de Jack.

Henry, puedes llamarme Henry. —el tono y la actitud del padre de Jack cambió por completo, siendo amable y sonriente.

Henry, un placer, yo soy Susan. —terminaron de despedirse y Daniel se alejó de casa de Jack junto a su madre, Daniel no dejaba de mirar como el padre de Jack caminaba hacia su casa y cerrando la puerta desapareció de su vista.

No pudo evitar sentir un nudo en el estómago.

Pasaron los días y todo parecía normal, las clases continuaban, Daniel fue siendo aceptado poco a poco entre los de su clase, Jack seguía dibujando en su libreta, pero estaba más distante de lo normal con él, seguía hablándole y no le ignoraba, pero notaba que no como antes.

¿Quizás seguía enfadado por no esperarlo en el parque? Por su culpa, su padre se enfadó mucho, quizás si se hubiese esperado habrían vuelto los dos a casa, y así habría evitado la bronca.

A su vez, Yeray también estaba más distante y cortado que de costumbre desde su encuentro con él en los baños del parque, así pasaron varias semanas en las que solo estudiaba y hacía los deberes para no ir atrasado.

Los días pasaban, y estando en clase...

Bueno chicos, este trabajo será en grupo, grupo de cuatro, lo quiero para el viernes, así que tenéis tres días, ¿De acuerdo? —la profesora fue contundente, debían hacer un trabajo sobre la historia del pueblo, con historias y dibujos.

Tocó la sirena anunciando el recreo y Daniel estaba con Tommy y Alan, escuchando sus debates diarios sobre videojuegos.

Hola, ¿Daniel no? —una chica se acercó a Daniel, Tommy y Alan, la chica, de cabello pelirrojo y ondulado, brillaba por el sol, lo tenía tan largo que pasaba sus hombros, sus ojos, verdes.

Daniel afirmó con la cabeza con sorpresa.

¿Me acompañas un momento? —la chica sujetó a Daniel del brazo y lo llevó con ella a una esquina lejos de las miradas y oídos de los otros dos.

Tommy y Alan miraban desde lejos, pero al rato siguieron conversando al ver que la chica no hablaba.

Bien, mira, tú te sientas junto a Jack, tu compañero, ¿No? Eso me dijo Ava, mi hermana pequeña, yo voy a un curso superior, ¿Podrías meter esta carta en su mochila sin que se dé cuenta?

Daniel miró la carta sin entender nada.

Es muy importante, ¿Me harías el favor?

Daniel afirmó con la cabeza no muy convencido.

¡Gracias! —La chica le pasó la carta y le dio un beso en la mejilla—. ¡No la leas!

La chica se alejó y dejó a Daniel allí, que llevó su mano a la mejilla sonrojado.

¿Qué quería? —la voz de Tommy detrás le sorprendió y escondió la carta dentro de su camiseta en un movimiento rápido.

Eso, eso, ¿Esa no es Sora? Es la capitana del equipo de natación, muchos chicos van tras ella, ¡Y te ha besado en la mejilla! —Alan parecía entre celoso y baboso.

¿Y bien? ¿Qué quería? —Tommy insistía.

Daniel hizo un gesto con los hombros.

Buah, no nos lo dirá, es una pérdida de tiempo. —Alan se enfadó.

¿Qué les iba a decir? No podía contarles que le dio una carta para Jack, ¿Sería de amor? Daniel en parte sentía celos, pero, ¿Por qué?, ¿Y celos de quién?, ¿De Jack o de Sora?

¡¡Pero si Jack era su amigo!!, además, es un chico...

La campana sonó y el recreo terminó, todos volvieron a sus clases y continuaron con normalidad, Daniel se sentía incómodo, la carta le molestaba, pero no sabía cómo sacarla sin que Jack lo viese.

Le seguía dando vueltas al contenido de la carta, ¿Qué sería?, ¿Una carta de amor? Daniel se imaginaba algo, y en parte se sentía molesto.

Terminaron las clases y Daniel salió camino a casa.

¡Espera! —la voz de Jack le hizo detenerse—. ¿No me esperas o qué?

Yeray y Andy estaban detrás de Jack.

¿Podemos ir a tu casa a hacer el trabajo? Es la más grande y, así pues, la podemos ver... —Jack lo miraba con ojos vidriosos.

Daniel dudó un momento y afirmó, así sería más fácil meter la carta en la mochila de Jack.

Se pusieron en marcha y entonces Tommy y Alan se acercaron al grupo.

¿Dónde vais? —preguntó Alan.

A casa de Daniel a hacer el trabajo, ¿Y vosotros? —preguntó Jack curioso, ya que iban en dirección contraria a donde quedaban sus casas.

Hemos quedado en la biblioteca con mi hermano, para hacer el trabajo. —dijo Tommy.

Genial, así podremos ir juntos por el camino. —Yeray miró a sus amigos sonriendo.

Y así, los seis chicos, Daniel, Jack, Tommy, Alan, Yeray y Andy caminaban juntos entre risas y bromas, por el camino los chicos comenzaron a hablar de varias cosas, hasta que Alan metió la pata.

Por cierto Jack, ¿Sabes que Sora habló con Daniel? —dijo Alan.

¿Sí? —preguntó Jack y luego miró a Daniel extrañado—. ¿Y qué quería?

Daniel ignoró a Jack y siguió caminando nervioso.

Encima le dio un beso en la mejilla, ¡El muy jodido se la ha ligado! —Tommy con su mano le dio una palmada a Daniel en la espalda, donde tenía la mochila, a forma de broma.

¿En serio Sora te besó en la mejilla? —Jack, ahora más serio, miró a Daniel esperando que dijese algo, pero este no hizo ningún gesto.

Dejad al chaval, que es su primer amor, ja, ja, ja. —Andy reía burlonamente.

Yeray permanecía en silencio y varias veces miró a Daniel, el cual no subía la mirada en ningún momento.

El ambiente se enrareció y Daniel aligeró el paso, quería llegar cuanto antes a su casa y que dejasen el dichoso tema, realmente se sentía molesto con toda esta situación.

Caminaron hasta su casa y se despidieron de Tommy y Alan, que continuaron hacia delante para ir a la biblioteca.

Daniel, Jack, Andy y Yeray entraron en la casa, la madre de Daniel no estaba, dejaron las mochilas en la entrada y caminaron al salón comedor, era enorme, con una mesa alargada preciosa, la casa era muy blanca y con habitaciones muy amplias.

¡Es enorme! —la voz de Andy sonaba con asombro.

Saquemos el material y empecemos el trabajo, que no puedo llegar muy tarde a casa... —Jack sonaba nervioso.

Daniel no pudo evitar mirarlo con preocupación.

Los chicos sacaron sus cosas y comenzaron con el trabajo encima de la mesa, Daniel era el que mejor llevaba el tema y los demás iban a su ritmo.

Cuando terminaron de escribir y dibujar los diferentes ejercicios comenzaron a pegarlos en una gran cartulina.

Pronto será la excursión al monte del pueblo con la clase, ¿Vais a ir? —Andy preguntaba mientras los miraba trabajar.

No creo, es muy caro. —Jack sonó cortante.

Sí, es cierto..., ¿Y tú Daniel? —preguntó Andy.

Daniel negó con la cabeza.

Joer, pues vaya, ¿Y tú, primo? —Andy se dirigió a Yeray, y éste afirmó con la cabeza.

¿Primo? ¿Eran primos? Daniel se sorprendió, no sabía que Andy y Yeray eran primos y los miró con gesto de sorpresa.

¿Qué pasa? —preguntó Andy ante la reacción de Daniel—. Ah, ¿No sabías que éramos primos? Ja, ja, ja, pues sí, lo somos.

Andy dio un empujón con el hombro a Yeray, el cual no miraba mucho a Daniel, seguía un poco distante y cortante con él.

En ese momento la carta que Daniel escondió se movió en su camiseta, que al ser tan ajustada, evitaba que se le deslizase, aún así, ya le empezaba a incomodar.

Se había olvidado de ella, se bajó de la mesa y se fue al baño dejando a los demás en el salón.

Una vez dentro la sacó como pudo, estaba muy arrugada y con una raja por la esquina, se quedó mirándola, no, no podía evitarlo, quería ver que ponía. Pero era para Jack...

Por eso, sí, por eso quería saber qué ponía, necesitaba saberlo, Daniel sujetó con firmeza la carta y la abrió con fuerza, arrugó el sobre y lo echó a la papelera del baño, abrió la hoja que había dentro y comenzó a leerla.

''Jack, cada mañana observo tus ojos, son como dos sombras que intentan darme caza, cuando me miran, el mundo se queda sin ruido.

Tu risa me alcanza como una caricia leve, suave, todo lo gris se vuelve colorido, como unos colores que iluminan mi camino.

Tus pecas son lunas que quiero contar, una por una, hasta que el sueño me venza en tu cálido regazo, y aunque no me atrevo a decirte lo que siento, lo que escribo es testigo de lo tanto que te deseo.''

Daniel rajó la hoja enfadado, no sabía el porqué, pero se sentía mal.

El problema es que la chica le dijo que le diera la carta, si no lo hacía, ella podría encararlo y entonces Jack se enteraría, no le quedaba más remedio que entregarle la carta, pero estaba rajada.

Miró bien la carta y el trozo de abajo, donde salía el nombre de la chica cayó al suelo, al menos el resto sí estaba más o menos intacto.

Daniel salió del baño despacio y fue a la entrada, las cuatro mochilas estaban tiradas en el suelo, abiertas, recogió la suya y la apartó a un lado para intentar llegar a la de Jack, sujetó otra para apartarla, y ahí estaba la mochila de Jack.

¿Qué haces con mi mochila? —la voz de Jack le interrumpió, éste miraba extrañado lo que Daniel hacía.

Daniel tembloroso soltó la mochila y escondió su mano con la carta en la espalda, arrugándola con fuerza.

Jack se acercó, miró su mochila y sonriendo miró a Daniel, se dio cuenta que escondía algo.

¿Qué escondes ahí? —Jack le miró con una sonrisa—. ¡Venga, enséñamelo!

Jack alargó su mano, pero Daniel se apartó, Jack se puso serio e intentó de nuevo quitarle lo que tenía en la mano, Daniel se estaba poniendo nervioso y de un empujón tiró a Jack al suelo.

Su costado fue golpeado con el mueble del recibidor cayendo de culo al suelo, con gesto de dolor.

Daniel se acercó a ver si estaba bien y Jack le apartó.

¡Quita! Déjame. —Jack se levantó con enfado apartando a Daniel y se agachó recogiendo la mochila y sus libros, se incorporó aún quejándose de su costado.

¿Qué pasa? —Andy se asomó y Yeray también.

Nada, tengo que irme a casa. —Jack se puso la mochila en la espalda y se fue corriendo con dificultad.

Andy y Yeray se quedaron en silencio, Daniel se asomó y veía a Jack alejarse, tenía ganas de llorar, le hizo daño sin querer, lastimó a Jack, lastimó a su amigo.

Estoooo, bueno, será mejor que dejemos aquí el trabajo y lo terminemos mañana, vamos Yeray.

Los dos chicos recogieron sus mochilas y se despidieron de Daniel, sabían que había pasado algo, pero no se imaginaban el qué, Daniel se quedó en la puerta solo, se sentía mal por todo lo que había pasado.

Daniel cerró la puerta y cogió su mochila llevándola a su cuarto, Jack ahora le odiaría, y todo por culpa de la maldita carta. ¿Y la carta? Daniel miró sus manos, no la tenía.

Bajó corriendo a la entrada, no, no estaba, buscó en la mochila, no, tampoco estaba, miró por todos lados sin suerte, la carta no estaba, había desaparecido.

¿Se le habría caído cuando empujó a Jack? Si fuese así debería estar en el suelo, pero...

Entonces Daniel recordó cuando Jack se agachó a recoger los libros y su mochila, si la carta se cayó, quizás Jack la cogió sin querer, si eso pasaba, ¡Pensaría que era suya!

Daniel caminó corriendo a casa de Jack a toda velocidad, necesitaba recuperar esa carta, llegó a la casa, y se metió por detrás, sabía que la cocina tenía una puerta que daba a la parte trasera.

Se coló y entró, todo estaba en silencio y con las luces apagadas, Daniel se quitó las zapatillas para no hacer ruido, fue descalzo y vio que las luces estaban apagadas en el resto de la casa, todo en silencio, caminó por el pasillo y vio la puerta de Jack abierta, se asomó, no había nadie, la mochila estaba en el suelo, se agachó y comenzó a buscar entre los libros.

¿Buscas esto? —la voz de Jack sonó detrás, Daniel se levantó y se dio la vuelta, asustado.

Jack estaba serio, parecía que había salido del baño, se acercó a Daniel de manera intimidatoria.

Te hice una pregunta. —Jack le miraba con enojo.

Daniel permaneció en silencio.

¿No me dirás? —Jack se acercó más a él, su cara era aún más desafiante.

Daniel estaba tembloroso y quería salir de ahí corriendo.

¿Buscabas esto o no? —preguntó Jack.

Daniel afirmó con la cabeza.

¿En qué mochila ibas a meterlo?

Daniel no dijo nada.

Daniel, ¿Ibas a meterlo en mi mochila?

Daniel dudó unos instantes, mirando a Jack, y afirmó con la cabeza.

Jack rompió la carta en pedazos delante de Daniel.

No vuelvas a escribir algo así nunca más, soy un chico y tú también, no una chica... —le recriminó señalándole con el dedo, como si le regañase.

Los ojos de Daniel se pusieron lagrimosos.

No llores, mira, tienes dudas, es eso, ¿Vale? Somos amigos, y eso seremos siempre, ¿Entiendes? Estás confundido, ¿Sabes? Hay chicas muy lindas en la escuela, incluso en nuestra clase, seguro que alguna...

Daniel comenzó a llorar.

No llores, ¡Eres un chico! ¡Los chicos no lloran! —Jack se enojó.

Daniel se secó las lágrimas con un gran pesar, su corazón le dolía, sentía una gran presión en su pecho, como si le faltase el aire.

Jack le miró unos instantes y suspiró con tristeza.

Escucha..., lo mejor es que dejemos de ser amigos.

Al escuchar esas palabras, Daniel negaba con la cabeza y con sus manos sujetó a Jack, éste lo apartó enojado.

¡Es lo mejor!, a partir de ahora..., solo seremos compañeros de clase, no vuelvas por aquí... ¡¿Entiendes?!

Daniel se fue llorando y Jack no hizo nada para detenerlo, salió de su casa descalzo y caminó corriendo hasta su casa, entró y se metió en la cama, no podía dejar de llorar, se tapó y siguió llorando hasta que no pudo más, hasta que se quedó dormido.

( Continuará... )

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Creado (2020), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)

All rights reserved© Tomás S. Aranda

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ISBN Code: 9789403630045