sábado, 13 de agosto de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 6 ''Dolor e impotencia''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 6 ''Dolor e impotencia''

Los primeros días fueron muy duros para Max, sobre todo porque María ya no estaba en la escuela tras graduarse, de nada servía salir con chicas o distraerse con actividades extraescolares, él quería a Tommy de nuevo a su lado.

Quería que todo fuese como antes de aquel día en el que le robó la inocencia sin él haberse dado cuenta, se arrepentía mucho, demasiado, nunca se perdonaría el daño que le causó a su mejor amigo.

Y aunque su nueva amiga Susana le hacía compañía, no era lo mismo...

—¡Max! —el grito del profesor lo devolvió a la realidad—. Te hice una pregunta.

El profesor miró desafiante a Max, sin saber qué pregunta le hizo, estaba como hipnotizado.

—Perdón profesor me encuentro un poco mal, ¿puedo ir al baño? —mintió Max, aunque no del todo, sí que se sentía mal.

El profesor miró con dudas al chico, suspiró y le consintió.

—Está bien, pero no tardes ni me hagas ir a por ti, ¿entendido?

Max salió de clase y se dirigió al baño, su mirada estaba perdida en el suelo, no sabía cómo acercarse a Tommy, entonces escuchó unas voces en bajo tono, como si no quisieran ser escuchados, una de las voces le resultaba muy familiar, era la voz quebrada de Tommy.

—Sabes que te pagaré, solo dame un poco más de tiempo. —pedía Tommy en voz baja.

—Mira chaval, yo necesito cobrar la pasta, de lo contrario tendré problemas, y si yo tengo problemas..., tú tendrás problemas, ¿entiendes?

Tommy afirmó con la cabeza, Max se asomó por la esquina que doblaba el pasillo y pudo ver a un chico de último curso junto a su mejor amigo, es decir, dos años mayor que ellos, tenía a Tommy contra las taquillas, el brazo del chico tenía inmovilizado a su amigo.

—Te juro que mañana tendrás el dinero. —respondió Tommy nervioso.

El chico, de aspecto robusto y pelo ondulado, tenía un tatuaje en el cuello, también varios pendientes en la oreja de color plateados, Max reconoció al chico, era uno de mala vida, siempre faltaba a clase y cuando acudía causaba problemas, vamos, una persona de la que era mejor estar lejos.

—Eso espero enano... —el chico miró a Tommy de arriba a abajo y le sonrió—. De lo contrario me cobraré el dinero de tu piel.

—Toma. —el chico le metió a Tommy en el bolsillo de su sudadera, lo que parecía una bolsa muy pequeña, transparente, el interior estaba lleno de pastillas, ¿eran drogas?

Max no daba crédito.

—Mañana ya sabes. —dijo el chico frunciendo el ceño y señalando con el dedo hacia la cara de Tommy de manera amenazante.

Tommy afirmó con la cabeza y el chico se alejó, entonces aprovechó para entrar al baño de chicos que tenía frente a él, Max fue detrás y esperó un rato, respiró hondo para al fin tener fuerzas y entrar, una vez abrió la puerta, jamás pensó lo que iba a ver, Tommy estaba de espalda, sacaba varias pastillas de la bolsita.

—¡¡Qué haces!! ¿¡Te volviste loco!? —gritó Max.

—¿¡Qué cojones!? ¿Me estás siguiendo? —Tommy, alertado por Max, se giró asustado y guardando la bolsita de nuevo en su bolsillo.

—No, yo venía al baño, ¿te estás drogando? —preguntó Max mientras se acercaba y con su mano intentaba detener a Tommy.

—¡Claro que no! ¡¡Son pastillas para el dolor, desde el accidente las tomo!! —Tommy se dio cuenta entonces de que estaba dando explicaciones, que no tenía por qué dar y menos a Max.

—¿Para el dolor?, si el médico no te las receta es que no son buenas...

Tommy miró con odio a Max y cambió su actitud a una de rencor y odio.

—Espera, ¿a ti qué te importa chaval? ¡Anda y pírate! —con un empujón, Tommy echó atrás a Max haciendo que este chocase con la pared.

Max se dio cuenta lo cambiado que Tommy estaba, era encarado y mal hablado, además vestía muy diferente, parecía un chulo de esos barrios bajeros, ya no quedaba nada de su mejor amigo, nada...

Tommy se disponía a salir del baño cuando Max le sujetó del brazo y le quitó la bolsa de pastillas. Inmediatamente, Tommy lo empujó contra la pared y recuperó lo que era suyo.

—No vuelvas a tocarme nunca, jamás, sino... —amenazó Tommy a Max con rabia.

—¿Si no qué? ¿Me vas a pegar? —Max, retando al que una vez fue su amigo, no le apartaba la mirada, se la aguantó hasta que Tommy aflojó la sujeción y le soltó.

—Mira, yo cumplí mi parte y me alejé de ti, hazme el favor y déjame en paz.

—Pero Tommy, tú me importas, eres mi mejor amigo, no te quiero perder..., por favor. —Max suplicaba a Tommy, pero este ignorando las palabras de Max, encendió el grifo de agua y se lavó las manos en el lavabo.

Max esperaba una respuesta, observaba como Tommy cerraba el grifo y le miró con tristeza a los ojos, entonces Max se fijó en las ojeras de Tommy, se denotaba que había sufrido mucho, Tommy lo miró como si quisiera aceptar sus disculpas, pero no fue así.

—Solo eres un niñato egoísta de mierda, que siempre ha pensado en sí mismo, hazme el favor de una vez y aléjate de mí, no te soporto, no quiero ver tu cara, lo que llegase a sentir por ti en el pasado se ha convertido en odio, asco y repulsión.

Acto seguido se alejó abriendo la puerta del baño y echando una última mirada a Max.

—Además, ¿qué dices de no perder mi amistad?, ¿acaso tú sabes lo que es perder algo? —Tommy le lanzó una mirada de odio y salió del baño cerrando la puerta tras de sí.

Max se quedó allí, mirándose al espejo, su mirada era de impotencia, todo esto lo causó él, sabía que si él sufrió por su pérdida, Tommy debió sufrir mucho más aún, y por cómo lo trató y como lo repudió, su dolor y odio eran mayores de lo que imaginó.

De sus ojos empezaron a escaparse pequeñas lágrimas mientras se imaginaba como Tommy de ser un chico inocente, bondadoso y tan bueno con los demás, pasó a ser todo lo contrario, arisco y mal hablado, ahora Max se sentía miserable, ojalá pudiese dar tiempo atrás, pero era algo que no podía hacer.

Los días siguieron pasando y Max aún tenía la esperanza de recuperar la amistad del que una vez fue su mejor amigo, pero a cada día que pasaba sabía que sería más difícil, tenía que primero hacer ver a Tommy que su vida actual era un error, que él no era así.

Mientras tanto, Tommy estaba en Internet, en su tristeza y soledad ahogaba sus penas navegando por las webs, era por la tarde, la lluvia no cesaba, a finales de Septiembre, de repente, le llegó un correo a su bandeja de entrada, el remitente era desconocido.

El mensaje decía:

"Hola Tommy, soy un amigo que lleva mucho tiempo observándote, me gustas mucho y me gustaría poder demostrarte mi amor hacia ti, sé que no sabes quién soy, pero dentro de mí, sé que vendrás a la dirección de abajo, dentro de una hora, te espero"

Tommy estuvo pensando, era Max, sin duda, solo él sabía que era gay, se vistió y se marchó hacia el destino que le dijo, le iba a reventar la cara, cuando llegó, era un edificio abandonado muy tétrico, entró y empezó a indagar, pero por mucho que buscó, no había nadie, Max se estaba burlando de él, seguro.

—Sabía que vendrías. —una voz provenía del fondo, de la oscuridad, se podía ver una figura alta y bastante esbelta, era el chico que le paso las pastillas para el dolor el otro día.

—¿Qué haces tú aquí? —Tommy estaba sorprendido y a la vez asustado, dentro de él temía que algo malo iba a ocurrir.

—Tommy, quiero hacerlo contigo, aquí y ahora.

—¿Hacer qué? No entiendo...

El chico se abalanzó sobre Tommy y le intentó besar en los labios, este puso resistencia, pero el chico era varios años mayor que él y tenía mucha más fuerza.

—Te dije que, si no me pagabas, lo cobraría en tu piel. —y acto seguido lo sujetó con furia por la cintura, el chico lo siguió besando, tocando, palpando su cuerpo, Tommy intentó resistirse e iba a gritar, pero sabía que nadie le ayudaría.

Entonces recordó a Max, su mejor amigo, el mismo que le dio la espalda, el que le llamó maricón, anormal, la misma persona en la que confió y le contó su secreto, su mayor secreto, la cual le repudió y dejó de lado, Tommy comenzó a llorar, le daba todo igual.

Unos segundos antes quizá Tommy se hubiera negado con más fuerza, y hubiese salido corriendo de allí, pero ahora simplemente se dejaba hacer, no tenía fuerzas a seguir negándose, si era un castigo por llevar la vida que llevaba, que así fuese.

El chico arrastró con fuerza a Tommy y lo lanzó en un colchón viejo y abandonado que había en el suelo, bastante grueso y de color blanco oscuro.

Tommy sintió como el chico intentaba quitarle su ropa, seguía resistiéndose, le empujó con todas sus fuerzas hasta lanzarlo contra la pared, sentía miedo, estaba paralizado, no sabía qué hacer, ¿lo iba a violar ese chico?, ¿qué podría hacer para enfrentarse a alguien más fuerte, grande y violento que él?

En ese momento se escucharon ruidos fuera del edificio, parecía el sonido de una moto aparcando cerca, el chico, alarmado, se subió la ropa antes de poder actuar, Tommy aprovechó para levantarse y salir corriendo con velocidad mientras no podía evitar llorar.

Asustado, miró atrás por si el chico le seguía, justo cuando al estar a punto de salir del edificio chocó con otro chico cayendo de culo al suelo.

—¿Estás bien? —el chico, que permanecía de pie mirándole, tenía la cara llena de pecas, le tendió la mano con preocupación mientras a su vez echaba un ojo dentro del edificio, pero no había nadie, el chico de cuarto curso quizás se marchó por detrás.

—Sí... —murmuró Tommy, que, sujetando la mano del chico pelirrojo, logró ponerse en pie con su ayuda y se limpió las lágrimas de su cara.

—¿Seguro? Parecía que huías de algo, es que te vi a la distancia entrar en este edificio y me pareció raro, ya que este edificio lleva abandonado mucho tiempo, por cierto, me presento, me llamo Kenny, ¿y tú?

Tommy observó al chico pelirrojo, de nombre Kenny, detrás de él había otro chico con un casco en la cabeza, estaba sentado en una moto, observando sin intervenir la situación, ambos parecían de la misma edad que él.

—¿Y bien?, ¿necesitas que te llevemos a algún sitio?

Aunque el chico parecía amable, y además le resultaba familiar, Tommy negó con la cabeza, aún estaba alterado, por lo que el de cuarto curso estuvo a punto de hacerle, por lo que negó la propuesta de Kenny.

—No, gracias, estoy bien, solo necesito volver a casa, iré a pie, gracias.

—Como quieras, ya nos veremos, cuídate. —dijo Kenny, que se acercó a su amigo y tras ponerse el casco en la cabeza, se montó en la moto detrás del otro chico y se marchó.

Tommy los observó en la distancia, pensativo, sentía mucha rabia, aún le dolía el pecho, esa sensación de humillación e impotencia que sintió cuando el de último curso lo estaba sometiendo..., si no llega a ser por esos chicos, quizás ahora..., entonces lo recordó.

El chico pelirrojo era el mismo que estuvo en el baño de aquella cafetería, cuando le confesó a Max su orientación sexual, ese chico los interrumpió, sí, era el mismo, ¿qué hacía allí? Parecía su ángel de la guarda.

Tommy apretó los puños con fuerza y de sus ojos comenzaron a salir lágrimas, de nuevo recordó ese día, corrió todo lo que pudo sin mirar atrás, hasta llegar a una zona donde había un parque, recordaba ese parque, en él jugaba con Max muchas veces, sobre todo en verano.

Una vez dentro del parque, seguía sin poder eliminar ese sentimiento de angustia, se sentía muy mal, tuvo mucho miedo y se sintió inferior e impotente, se sentía fatal y horrible, se dirigió al parque donde antes siempre jugaba con Max.

Se metió en uno de los columpios y empezó a llorar desconsoladamente sin poder evitarlo, su corazón se desgarraba segundo tras segundo, quería morirse.

¿Por qué todos se aprovechan de su bondad? Estaba ya cansado de sufrir, no quería vivir, no podía estar sin Max, sí, lo amaba, amaba a Max y el saber que jamás estaría con él, que ya nada sería como antes y que perdió todo cuanto tuvo, por ser así, por ser diferente, por ser un maricón, como dijo Max, como le llamó la persona que él amaba, odiaba ser un maricón, odiaba ser lo que su amor odiaba.

Se acurrucó y siguió llorando durante mucho tiempo, pensaba en todo lo que le había pasado, en parte culpaba a Max, porque si no hubiesen dejado de ser amigos nada de esto habría sucedido, se sentía muy mal, pero también sentía odio, siguió pensando en todo lo que se le pasó por la cabeza hasta que se quedó dormido, tirado en el suelo del columpio, donde nadie lo podría ver.

( Continuará... )

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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)

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ISBN Code: 9789403630014

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