lunes, 20 de junio de 2016

Mi primito - Capítulo 4 ''Jugando con fuego''

Capítulo 4 ''Jugando con fuego''



Debo contarle a mi novia lo ocurrido, que le puse los cuernos con otro chico y además ese chico es nada más y nada menos que mi primo, ¿me atreveré a hacerlo?

¡Despierta! —la voz de mi primo me espabiló, me levanté como un resorte.

¿¡Qué!? —pregunté confuso mientras me rascaba los ojos.

Es tu novia, te espera fuera. —dijo mi primo Erik con un tono receloso.

Miré la hora, casi las diez de la mañana, entonces recordé lo ocurrido anoche, espera, anoche...

Tenemos que hablar de lo de anoche. —dijo mi primo, me levanté de la cama ignorándolo y se puso en medio para evitar que saliese—. En serio debemos hablar.

¿Hablar de qué? me forzaste. —le acusé.

¿Qué? No, eso no es cierto, no seas injusto, disfrutaste, ambos disfrutamos y...

Y nada, me forzaste, yo no quería. —sentencié y me metí en la ducha cerrando la puerta, esta vez puse el cerrojo.

Me miré al espejo mientras me mojaba la cara, ahora sentía una leve molestia en mi culo, escuchaba a mi primo decirme cosas desde el otro lado de la puerta, pero ni le hacía caso.

Me pegué una ducha rápida recordando lo que hice con mi primo, realmente no me forzó, bueno, quizás sí que me sentí cohibido, o me dejé llevar...

Yo no era gay, no me sentía gay, me gustaban las chicas, eso lo tenía claro, creo..., hoy debería salir de dudas.

Terminé de ducharme y me dirigí a mi cuarto, mi primo ya no estaba, me vestí y bajé al comedor, me puse unos vaqueros cortos rasgados, sí, lo sé, eran mis favoritos, tenía tres de estos vaqueros, unas zapatillas blancas y una camiseta de Darth Vader de color blanca, su máscara era negra, me acerqué a Celia, que estaba mirando nuestras fotos familiares de la entrada esperándome.

Ya estoy. —dije al llegar donde ella estaba, que ignorándome, siguió observando las fotos, me fijé en su cabello ondulado y largo, lo tenía mojado, o con ese efecto, iba muy guapa, llevaba una blusa roja con estampado de flores blancas, una falda blanca corta y unos tacones blancos a juego.

Me puse a su lado, estaba mirando una foto donde salía con mi padre.

¿Le echas de menos? —me preguntó Celia cogiendo el marco con la foto.

En ella, mi padre sonreía mientras acariciaba mi cabello con su mano izquierda, yo, con cuatro años recién cumplidos, estaba de rodillas en el césped, sujetaba un balón de fútbol, era feliz.

Observé la foto con pesar mientras me comencé a rascar mi nalga derecha, mi culo comenzaba a dolerme un poco.

Cada día, a veces, cuando salgo de la escuela, pienso que aparecerá para recogerme..., pero..., luego recuerdo que eso no pasará...

¿Cómo murió? —preguntó mi novia.

Bueno..., fue poco después de esa foto, un accidente de coche... —le quité el marco y lo puse en su sitio—. Fue hace mucho...

Celia se dio cuenta del mal rollo que había cogido el ambiente, posó su mano en mi hombro, la miré y me acerqué a ella, sus labios casi rozaban los míos cuando mi primo entró en escena.

¿Qué hacéis aún aquí? —preguntó mi primo Erik como todo un metiche.

Nos separamos y caminamos para salir de casa ignorándolo.

Ya nos vamos. —dije—. Por cierto, ¿y mi madre?

Se fue temprano a comprar, ya sabes que los fines de semana ella no trabaja.

¿A comprar? Pero si lo hizo ayer... —dije confuso.

Le faltaría algo, ¿a mí que me cuentas?

Bueno, seguramente no venga a comer, díselo, aunque no le importará... —tras mis palabras cerré la puerta dejando a mi primo en casa.

¿Va todo bien entre tu primo y tú? —preguntó Celia.

Sí..., o sea, es complicado, desde que ha llegado han cambiado algunas cosas en casa, y bueno, no sé, es todo muy complicado.

Dale tiempo, entiende que ha perdido a sus padres, debe ser duro, y de repente vivir en otra ciudad, verás que todo vuelve a la normalidad.

Me sentí mal, a mi mente vino lo ocurrido con mi primo Erik en la ducha, había engañado a mi novia Celia con él, pero, ¿cómo decirle que le había puesto los cuernos con mi primo? Sería un suicidio.

Llegamos al parque de atracciones, y es que, hacía semanas que Celia había organizado esta cita para este Sábado, esperamos en la entrada y a los minutos apareció una amiga suya y otro chico que no conocía.

Pasamos la mañana paseando por el recinto ferial y montando en algunas atracciones, todo parecía normal, pero cuando miraba a mi novia, recordaba que la había engañado, no era justo, ella siempre fue buena conmigo.

Pasaron las horas y teníamos hambre, convencí a Celia para que nos alejáramos un poco del barullo, nos despedimos de su amiga y su novio, quería comer a solas con ella, necesitaba confesarle todo, ya eran más de las tres de la tarde.

Fuimos a una hamburguesería, me acerqué a la mesa más alejada posible y después pedimos un menú cada uno, estaba muy nervioso, los dos comíamos uno frente al otro, Celia recibió un mensaje en su móvil, lo miraba mientras bebía su bebida con pajita.

Era el momento, había gente, pero estaban lejos de nosotros.

Celia..., hay una cosa que quiero decirte, es..., algo que hice...

Mi novia alzó la vista y soltó la pajita, dejó su móvil en la mesa sin dejar de observarme.

¿Qué hiciste? —preguntó Celia, que, tras mis palabras, su actitud ahora era tan seria como la mía.

Mis manos apretaban mis rodillas, estaba demasiado nervioso, miraba a todos lados intentando buscar las palabras que menos la hiriesen, me iba a desmayar.

¿Kyle? ¿Qué pasa? ¿Qué has hecho? —Celia se puso nerviosa.

Yo..., ayer..., ayer lo hice con... —sus ojos se abrieron como platos, su cuerpo se tensó, sabía o imaginaba lo que iba a decir—. Lo hice con otra..., persona...

No..., no pude decirle ''con otro'', no podía.

¿Qué? Espera, ¿Cómo que con otra persona? ¿¡Te acostaste con otra chica!? —su tono de voz aumentaba.

Celia se levantó con los ojos lagrimosos, dispuesta a marcharse, me levante para impedirlo.

¡Espera! ¡Deja que te explique! —la sujeté del brazo y la puse de cara a mí, en ese instante sentí su mano derecha golpear mi cara con tanta fuerza que me ardió.

¡¡Déjame en paz!! ¡¡No quiero volver a verte nunca más!! —Celia intentaba soltarse pero la sujetaba.

Escucha, por favor. —mi petición era de desesperación, tenía ganas de llorar, verla así me rompía el corazón.

Un chico se puso en medio y me dio un empujón que me tiró al suelo, el chico, que vestía uniforme del equipo de fútbol del condado, tenía una fuerza descomunal, Celia aprovechó para salir de allí corriendo, las demás personas nos estuvieron mirando, habíamos montado un show.

Me levanté para seguirla pero el chico, que me sacaba dos cabezas, se puso en medio, el chico me miraba con enfado, su grupo de amigos estaba en una de las mesas observando la situación.

¡¡Déjame pasar!! —intenté apartarle pero me volvió a tirar al suelo de otro empujón.

Te ha dicho que la dejes, quédate en el suelo chaval. —dijo el chico, que tendría unos veinte años, parecía una bestia con ese cuerpo, iba rapado y sus ojos, saltones y oscuros parecían atravesarte el alma.

Me levanté de nuevo y le quise golpear en la cara de impotencia, pero me sujetó el puño y él fue quien me golpeó en el estómago, cayendo en el suelo sin aire, tosía con dificultad.

Uno de los gerentes se acercó y nos pidió amablemente que dejásemos la pelea y que nos marchásemos del local.

El chico se marchó con su grupo de amigos, yo, por mi parte, me levanté con dificultad y tras pagar, me fui de allí.

Tenía ganas de llorar, pero aguanté, ahora me esperaba un largo camino de vuelta a casa, el sol pegaba con fuerza, y aunque estábamos a mediados de octubre, era un día bastante caluroso.

No sé cuánto tiempo caminé, mi costado me dolía, mi cara me ardía, mi corazón se desvanecía, y mi culo cada vez me quemaba más, era una sensación de dolor y molestia, todo ello unido a que había perdido a Celia, la chica de la que estaba enamorado desde que entró en secundaria, todo por culpa de mi estúpido primo.

No..., era culpa mía, yo me dejé, pero claro..., él me tentó, me tentó y yo pequé.

¿Kyle? —una voz familiar me pegó un susto, me di la vuelta y ahí estaba, mi profesor de Matemáticas subido en un coche, se detuvo y se bajó.

¿Estás bien? —me preguntó acercándose a mí, ya estaba atardeciendo, casi eran las siete.

Sí, estoy bien. —mascullé.

Tienes sangre en el labio. —me señaló el profesor con su dedo índice.

Y efectivamente, tenía algo de sangre, ¿tan fuerte me pegó Celia? Lo merecía...

¿Te llevo a casa? —me propuso el profesor, que acercándose a su coche, abrió la puerta para que subiese de copiloto, se me quedó mirando esperando mi respuesta.

Bajé la mirada mientras me limpiaba la sangre del labio con un pañuelo que me ofreció el profesor, le volví a mirar y afirmé con la cabeza, me subí al asiento del copiloto.

El profesor arrancó y le dije donde vivía yo, durante el trayecto, estábamos ambos en silencio, era todo muy incómodo.

Miré de reojo al maestro, que iba vestido con un pantalón de traje gris y un jersey de punto de color negro, el profesor era un hombre de unos cuarenta años, mediría 180 centímetros, afeitado, cabello castaño oscuro liso, con volumen, ojos marrones oscuros, sus facciones faciales eran pronunciadas.

El profesor aparcó el coche y cuando iba a salir me detuvo, en ese momento recordé cuando mi primo me contó que su profesor abusó de él.

Espera, oye..., vas muy mal con mi asignatura, y el año pasado te costó mucho aprobar, había pensado en que te vendría bien unas clases particulares, en mi casa...

Hubo un silencio, ¿me acaba de proponer lo que creo que me acaba de proponer?

No sé... —dije indeciso.

El profesor arrancó el coche y sin esperar más se puso en marcha hacia su casa, no entendía nada, ¿no fue todo muy raro?

Estaba super nervioso, el profesor condujo su coche al barrio adinerado de la zona, entró en el garaje de lo que parecía su casa, era bastante grande, se notaba que tenía dinero, más de lo que debería para ser profesor de matemáticas.

Nos bajamos del coche y le seguí hasta entrar en su casa, decir cabe que, sudaba como nunca, incluso mis piernas me temblaban de tal forma que en cualquier momento desfallecía ahí mismo.

Hola cariño, ya estoy en casa. —dijo el profesor a una mujer casi de su altura, de cabello largo y liso, oscuro, y unos labios muy carnosos, no pude evitar fijarme en sus pechos, enormes, la mujer se acercó y besó al profesor.

Llegas tarde Fran. —dijo la mujer para después detener su mirada en mi—. ¿Quién es?

Un alumno, necesita que lo ayude con un trabajo. —dijo el profesor posando su mano en mi hombro para dirigirme a lo que parecía su despacho.

Yo no entendía nada, ¿estaba casado?, peor aún, ¿me trajo con su mujer en casa? Mi cabeza daba vueltas, o quizás estoy mal pensando y de verdad quiere ayudarme, por culpa de mi primo ahora pensaba siempre mal, sí, tenía que ser eso.

Toma asiento, vengo enseguida. —dijo el profesor, de adelante, Fran.

Se marchó y me quedé sentado en un sofá que parecía de cuero, color marrón, su despacho era dos veces el tamaño de mi cuarto, tenía varias estanterías de libros, una mesa enorme con un ordenador apagado.

¡Buh!

Me levanté asustado al escuchar un chillido detrás del sofá, un niño salió riéndose por haber logrado asustarme, iba vestido de Spiderman, no podía ver su cara, era delgado y bajito.

¡Te asuste! —dijo riendo.

Tommy, ¿Se puede saber que haces en mi despacho y asustando a las visitas? —el profesor se acercó con un vaso de algún tipo de refresco y lo dejó en la mesa del centro, que era muy baja.

Papá, ¡soy Spiderman! ¿mola mi traje para Halloween? —dijo el niño y salió pegando saltos como si del hombre araña se tratase.

Perdónale, está en una edad difícil, el mes que viene cumple doce años ya..., cómo pasa el tiempo, pero bueno... —el profesor se sentó y abrió el libro de su materia—. Bebe, tendrás sed.

Gracias... —cogí el vaso y me bebí lo que parecía limonada, estaba fresca.

Mmmm a ver, ''El mundo de los polinomios'', tercero de secundaria, ¿empezamos?

Sí... —afirmé con la cabeza mientras dejaba el vaso en la mesa.

Bueno, ¿Por dónde empezamos?

Estuvimos un rato, hizo un descanso y al volver con otro vaso de limonada se sentó y suspiró.

Kyle, sé que tienes una situación difícil en casa, lo de tu padre, ahora la llegada de tu primo..., debe ser difícil, pero sabes que si necesitas consejo o ayuda, puedes contar con tus profesores.

Lo sé, profesor, es verdad que estoy un poco presionado, pero está todo bien...

¿Seguro? —miró el corte en mi labio—. ¿Eso te lo hizo tu madre?

¿¡Qué!? No., no..., fue..., bueno, mi novia me dejó... —confesé.

Ahhh, entiendo..., hiciste algo que no debiste, ¿no?

Sí, exactamente...

Al final, estuvimos más de una hora donde el profesor me explicó con sumo detalle el trabajo, estaba claro que si suspendía tras esto, me las vería con él, entonces entendí que su verdadera intención era de preocupación, suspiré aliviado.

Cariño. —su mujer llamó a la puerta asomándose—. ¿Puedes venir un momento?

Claro, bueno, Kyle, espérame en la entrada y te llevo a tu casa enseguida.

Conforme salía del despacho, pude ver a su mujer vestida con un bonito vestido color negro y retoques plateados, el vestido le llegaba hasta los tobillos.

Esperé en la entrada, mientras hablaban de algo, el profesor se quedó pensativo y me miró, sonrió y habló de nuevo con su mujer, al rato, ambos se acercaron.

Kyle, mira, la canguro nos ha fallado, otra vez..., ¿Podrías quedarte con nuestro hijo Tommy unas horas?

¿Eh? —mi cara, de estupefacción, no pasó desapercibida para ellos.

Mira, solo serán unas dos horas, hoy es nuestro aniversario y tenemos hecha una reserva, sería un gran favor, por su puesto te pagaremos. —el profesor sacó varios billetes y afirmé enseguida con la cabeza—. ¿Sí? Genial, ¿No se preocupará tu madre?

Ahora la llamo, ella me deja quedarme hasta muy tarde. —mentí.

Pues perfecto, mira, Tommy tiene la cena en el microondas, solo caliéntalo y se lo pones a las nueve, haz que se lave los dientes y a las diez que se vaya a la cama, es un poco rebelde pero no te causará problemas, también tienes tú algo para cenar en el frigorífico, coge lo que necesites, si necesitas algo, éste es mi número.

Antes de irse, los padres le dijeron a Tommy que yo sería su canguro esa noche, su cara fue de disgusto, pero acabó aceptando, antes de irse el profesor me dijo que estarían antes de las once en casa y que él mismo me llevaría luego a la mía.

Suspiré con resignación mientras desde la ventana los veía alejarse en el coche, saqué de mi bolsillo el pago, veinte pavos, no estaba mal, ya tenía para la excursión, y solo por vigilar a un enano.

Guardé el dinero y me acerqué a su cuarto, Tommy, que aún llevaba el traje de Spiderman puesto, estaba tumbado en el suelo con sus manos sujetando un mando, frente a él, un enorme televisor donde se le veía jugando al Call of Duty nuevo.

Me apoyé en el marco y me le quedé observando, su cuarto era tres veces el mío, lleno de juguetes, buena ropa, trastos por el suelo, era un desorden.

¿No te molesta jugar con la máscara puesta? —le pregunté, pero el crío me ignoró, su personaje fue asesinado y soltó el mando a un lado para mirarme.

¿Quieres jugar? —me preguntó con su voz de crío.

No gracias, soy más de Pokémon.

No me refería a ese juego. —el chico se levantó y sacó de debajo de su cama una alfombrilla con cuadros de colores, parecía una plataforma de baile—. Me refería a esto.

Extendió la alfombra, sí, era para jugar a algún tipo de juego de baile, puso el disco en otra consola que tenía.

Eh..., se me da mal bailar... —dije dándome la vuelta.

¿Eres un gallina? —el crío me retó, al girarme para contestarle me quedé boquiabierto, se estaba quitando el traje quedando en bóxer, color negro oscuro con bordes blancos, muy corto, no pude evitarlo, pero verlo así me calentó un poco.

Pude ver por fin su cara, era guapísimo el jodío, el chico tenía el cabello de color castaño claro y con un corte estilo Pompadour hacia un lado, de estos que están de moda ahora, sus ojos, de color miel, eran hermosos, tenía algunas pecas en nariz, su piel era blanca como la leche, era delgado pero definido para su edad, fijo hacía algún deporte.

Terminó de quitarse el disfraz de Spiderman y lo apartó a un lado, cuando se dio cuenta que no le quitaba ojo sonrió.

¿Qué miras? ¿Te gusta lo que ves o qué?

Tu flipas, ya te gustaría... —dije nervioso.

Venga va, empecemos. —dijo cambiando el tema.

Espera, ¿vas a jugar en bóxer? —pregunté confuso mientras Tommy encendía la consola y el juego.

¿Qué? ¿Te incomoda? Con este juego la ropa incomoda y se suda, así que sí, jugaré así.

No dije nada más y comenzamos a jugar, lo cierto es que al principio el juego no se me daba bien y me sentía un poco cohibido con Tommy, pero los minutos y las partidas fueron pasando y me lo estaba pasando genial.

Tommy era un chico bastante extrovertido e ingenioso, se divertía con el juego, nos enredábamos y caíamos riéndonos, a veces rozaba su piel y eso me hacía sentir extraño, pero a él parecía no importarle...

Estás sudando, ¿tienes miedo de quitarte la ropa o qué? —me preguntó molesto.

¿Qué? ¡Claro que no! —dije ofendido, me quité la camiseta y después los vaqueros cortos, los eché a un lado ante su atenta mirada, notaba que no me quitaba el ojo de encima—. ¿Qué? ¿Te gusta lo que ves?

No está mal. —dijo sacando la lengua juguetón.

¿Qué coño? ¿Este niño es un bromista de nivel o realmente estaba coqueteando conmigo...

Estuvimos jugando un rato más, nuestros cuerpos rozaban más de la cuenta, no quería ponerme duro, pero no podía evitarlo, menos mal que llevaba unos bóxer ajustados, intentaba disimular la erección, en uno de esos movimientos, Tommy cayó al suelo y yo encima de él, entonces noté su entrepierna, estaba duro, joder, lo noté con mi costado.

Se levantó entre risas y se agarró el boxer para colocarse bien sus partes, yo no quité ojo de manera disimulada.

Bueno, estoy cansado, voy a darme una ducha.

Yo también estoy reventado, casi una hora... —murmuré a la vez que bebía agua, estaba sediento, Tommy se fue a dar un baño, aproveché y me volví a vestir, después investigué un poco su cuarto, una cama, un armario y un escritorio, no tenía ordenador, pero sí varias consolas y juegos.

Me senté en su cama a admirar los posters de videojuegos y películas de terror que tenía por toda la habitación, entonces pude ver una libreta que parecía escondida detrás del armario, podía ver la punta de la libreta.

Miré al pasillo, aún se escuchaba el agua de la ducha, la curiosidad podía conmigo, me levanté y caminé hasta mi objetivo, estiré la mano para coger la libreta, sin dejar de mirar al pasillo, aún dudaba, estaba fisgando sus cosas y eso no estaba bien.

Me armé de valor y saqué la libreta con velocidad, la abrí con rapidez para echarle un ojo, mi asombro era mayúsculo, pasaba cada página sorprendido, no me lo esperaba, tragué saliva y dejé de pasar páginas, no podía más, puse la libreta donde estaba, pero ahora sentía una angustia muy grande, tenía que hacer algo, no podía dejar pasar lo que vi en esa libreta.

Puse la libreta donde estaba, pero ahora sentía una angustia muy grande, escuché la puerta del baño abrirse y apareció Tommy totalmente desnudo secándose con la toalla el cabello, lo peor es que tenía su pene con una erección enorme, lo tenía todo duro, yo, con la boca abierta, le miré sin saber qué decir.

( Continuará... )

¿Os gustó el capítulo? ¡Deja tu comentario! ^_^

Si te ha gustado, no olvides votar! ☆☆☆☆☆

Creado (2016), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

All rights reserved© TeenBoy

Safe Creative Code: 2309245396458

No hay comentarios:

Publicar un comentario