Capítulo 11 ''Locura''
Unos ruidos me despertaron, parecía una conversación en voz baja.
—¿Dónde...? ¿Dónde estoy...? —abrí mis ojos con dificultad, la habitación era oscura, estaba tirado en el suelo y junto a mí había dos chicos más, uno de ellos era David.
—Mira, ya despertó. —dijo David al otro chico.
Me incorporé y miré a los lados, la habitación era similar al del acolchado en tamaño, pero las paredes, suelo y estado en general era todo lo contrario, tétrico, además, aquí solo había dos colchones en el suelo, una pequeña ventana con barrotes y una puerta de hierro gris.
—Estás en el área de castigo, te traen aquí por mal comportamiento. —el otro chaval, más pequeño que nosotros, se giró a verme, era rubio de ojos oscuros, además, tenía cicatrices en sus muñecas.
Estaban jugando a las cartas, sentados en el suelo.
—¿Qué hago aquí? Debo salir..., Chucky viene a por mí.
—Cálmate, nadie puede entrar ni salir, ¿Quieres jugar con nosotros? —preguntó David con una sonrisa.
—No joder, no lo entendéis, corremos peligro, ¡Y vosotros también si estáis conmigo! —me levanté del suelo y me acerqué a la puerta—. ¡¡Ehhh!! ¡¡Por favor, necesito salir de aquí!!
—Deja de gritar o nos irá peor. —el chico rubio se levantó y me golpeó en las costillas.
—Auch, ¿Qué coño haces? —llevé mi mano a mi costado con dolor.
—Es que, si te portas mal aquí, te llevan al sótano. —dijo David.
—Sí tío, y allí..., será mejor que no averigües lo que hacen allí, así que cállate. —el rubio se volvió a sentar y cogió su mazo de cartas.
Los observé y continuaron jugando como si nada, los ignoré, miré por la puerta y vi a un vigilante sentado dándonos la espalda, encima de la mesa había un manojo de llaves.
—¿Qué te hacen allí? —pregunté sin apartar la vista del vigilante, que a lo lejos podía verlo comerse un bocadillo mientras tenía sus piernas cruzadas encima de la mesa y veía la televisión.
—Pues, básicamente, experimentan contigo, te torturan, no sé, lo típico, ¿no?. —dijo David.
—¿Qué? —me giré a verlos y seguían jugando a las cartas como si nada.
—Sí, ¿Cuántas veces te han ''castigado'' ya a ti, Álvaro? —le preguntó David al chico rubio.
—Demasiadas, no sé, ya no las cuento, a veces te castigan incluso sin merecerlo, ellos solo quieren usarte, se desahogan con nosotros, no les importamos a nadie, y una vez bajas ahí, ya no vuelves igual.
—¿Y no hacéis nada? —pregunté alucinado y temeroso.
—¿El qué? Ellos mandan aquí, a Cristina, una de nuestras amigas, le pegaron una paliza e intentó contárselo a su madre en una de las visitas, no pudo hacerlo. —David soltó las cartas en el suelo con cierta pesadumbre—. Cristina era una buena chica, no mereció ese final...
—¿Qué le hicieron? —me acerqué hasta ellos y me senté a su lado.
—La mataron, al día siguiente todos la encontramos ahorcada en su habitación, nadie investigó ni hizo nada, hijos de puta...
—No puede ser, esto es un infierno... —mi pierna empezó a temblar, realmente sentía miedo.
—Pues, vete acostumbrando, porque tarde o temprano te llevarán al área de castigo, solo reza para que no te toque ''El porras''. —advirtió el rubio, Álvaro.
—¿''El porras''? —pregunté.
—Sí, ese hijo de puta es el vigilante del patio, y te mole a golpes, literalmente siempre acabas con un hueso roto, acabas destrozado. —Álvaro observó la puerta levantando la mirada.
—Tenemos que salir de aquí y denunciarlo... —dije.
—Suerte con ello. —dijo David.
—Chsss. —Álvaro nos hizo callar y siguió observando la puerta—. Hay alguien escuchando.
—¿Qué? —me levanté y caminé hacia la puerta, entonces escuchamos un sonido metálico golpear algo, me asomé corriendo y el vigilante no estaba, se escuchaba la televisión en voz bajita—. El vigilante no está.
Los dos chicos se acercaron y se asomaron.
—Habrá ido al baño. —dijo David.
—No sé, algo me huele mal. —Álvaro comenzó a rascarse las cicatrices de sus muñecas, David se acercó y le detuvo.
—Tranquilo. —dijo David.
Escuchamos otro ruido, unos pasos correteando por el pasillo, mi pulso se aceleró y mi respiración comenzó a agitarse, intenté mirar al pasillo, pero no podía.
—¿Qué fue eso? ¿Eran pasos de niño? —preguntó David confuso.
—Tenemos que salir de aquí, es Chucky, ¡Estoy seguro! —mis compañeros notaron mi miedo.
—¿Chucky? —preguntó Álvaro.
—Un muñeco. —dijo David.
—¿Eh? —Álvaro le miró frunciendo el ceño y David le hizo un gesto con el dedo en su cabeza como si yo estuviese loco.
—No estoy loco, no lo insinúes. —le di un empujón y me miró desafiante—. Te digo que Chucky es real, es un muñeco, está vivo y estoy seguro de que ya ha matado al vigilante, ¡¡Y viene a por mí!!
—¿Chucky? ¿El de las películas? —preguntó Álvaro extrañado.
—Sí. —me acerqué a él y lo sujeté de los brazos—. ¿Cómo lo sabes?
—Yo..., ayer lo vi en mi ventana, pensé que estaba alucinando por las pastillas que me metieron, no era la primera vez que veía cosas raras, así que no le di importancia... —dijo Álvaro como si nada.
—Un momento, ¿Estás insinuando que de verdad hay un muñeco que tiene vida? —preguntó David con cierto temor y escepticismo al mismo tiempo.
—¡¡Llevo diciéndolo desde que llegué aquí!! ¡JODER! —grité alterado soltando a Álvaro.
En ese instante la puerta comenzó a chirriar, alguien la había abierto, los tres nos giramos enseguida, la puerta comenzó a moverse con lentitud.
Nos mantuvimos en silencio, podía notar el miedo, el terror, los tres estábamos asustados, la puerta siguió abriéndose hacia dentro hasta que pudimos ver el pasillo exterior por completo.
—¿Quién la abrió? Yo no escuché nada... —masculló David.
Entonces el sonido de unos pasos volvió a escucharse, como si se alejasen a toda velocidad, después, el silencio.
Tragué saliva y me acerqué a la puerta.
—¿Dónde vas? —preguntó David.
—No vamos a quedarnos aquí sin más a esperar, ¿No? —pregunté mientras avanzaba a la entrada, me asomé, pero no había nadie, todo estaba en silencio, demasiado silencio.
—No podemos irnos, nos castigarán. —dijo David, asustado.
—¿Y qué? ¿Te vas a quedar aquí? —preguntó Álvaro a su amigo David mientras se acercaba a mí.
—Yo no me muevo de aquí, si os castigan allá vosotros. —sentenció David, que se sentó en el suelo junto a las cartas observándonos.
Álvaro se asomó y comprobó que el guardia de seguridad ya no estaba.
—Vamos, si tenemos suerte puede que escapemos de este lugar. —tras decir esto, Álvaro se adelantó y caminó hasta la mesa del vigilante, empezó a desordenarla buscando las llaves.
Yo me acerqué e hice lo mismo.
—Mierda, aquí no están... —Álvaro se acercó al final del pasillo, giró y entró en los baños de esa ala, yo a todo lo que hacía, le seguía.
Al entrar vimos que no había luz, Álvaro le dio a la llave de la luz, pero esta parecía que no funcionaba, estaba todo oscuro.
—Aquí no hay nadie, no comprendo donde se ha metido ese vigilante, no hay más sitios en esta ala. —salió del baño y lo seguí detrás.
—Quizás salió a una urgencia o algo, ¿No? —pregunté intentando autoconvencerme.
—No sé, es muy raro, sin las llaves no podremos abrir la puerta del ala en el que estamos y es de seguridad... —dijo con decepción.
—Bueno, quizás esté abierta...
En ese momento se escuchó un grito ensordecedor, era el de David. Nos miramos alertados y salimos corriendo, giramos y nos acercamos a la habitación donde estuvimos, pero David, no estaba.
—No puede ser... —Álvaro removió los colchones y salió mirando al pasillo—. ¡¡Es imposible!! ¿Dónde está?
—No..., no lo sé, pero si al final del pasillo, donde estamos, hay una pared, debería estar en la habitación o habérnoslo encontrado... —yo tampoco entendía nada, ¿Qué estaba pasando?
En ese momento comenzó a sonar un fuerte y estruendoso sonido, parecía la de una alarma.
—No me jodas... —Álvaro se acercó a la ventana de nuestro cuarto y se asomó por ella, daba al patio del psiquiátrico.
—¿Qué pasa? ¿Qué es ese ruido? —me acerqué y al asomarme pude ver como varios chicos salían al patio y comenzaban a pelearse unos con otros.
—Alguien dio a la alarma de emergencia, ese aviso indica que hay una fuga múltiple... —Álvaro tenía la cara blanca, podía ver el terror en sus ojos—. O salimos de aquí o desearemos estar muertos.
—¿Qué quieres decir? —pregunté aterrado, en ese momento se escucharon pasos de varias personas corriendo por el pasillo, Álvaro, con rapidez, cerró la puerta despacio y me hizo arrodillarme detrás de la misma, junto a él.
—Escucha, si se han escapado varios internos, corremos peligro, aquí dentro hay demasiado enfermo mental, incluso asesinos desquiciados. —mientras lo decía, notaba la mano de Álvaro temblar.
Mi respiración comenzó a acelerarse y podía notar que me fallaban las piernas, estaba a punto de desmayarme, la puerta comenzó a abrirse lentamente y escuché unas risas, eran más de uno.
Álvaro sujetó mi mano con fuerza, la tenía sudada y podía sentir su miedo, era normal, a pesar de intentar demostrar valor, Álvaro era de mi edad, no éramos más que críos, y ahora me sentía responsable de lo que estaba pasando, todo esto era por mi culpa.
Apreté la mandíbula y suspiré profundamente.
(Continuará...)
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Creado (2015), revisado y editado (2025) por @TomiLobito
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