jueves, 12 de diciembre de 2013

Mi hermanito - Capítulo 14 ''El hermano de mi amigo''

Capítulo 14: El hermano de mi amigo

Me tumbé en la cama y observé el techo durante unos minutos, pensando en la mala suerte de que no pudiese compartir cuarto con mi hermano.

¡Vaya mierda! —lamenté.

Daniel, el hermanito de Cristian, al escucharme, se acercó y se sentó a mi lado.

¿Por qué dices eso? ¡A mi me gusta esto!

No, si es bonito y me gusta, pero... —me quedé en silencio, no podía decirle que quería estar con mi hermano, le haría sentir mal.

¡Oye! ¡¿Y si vamos al lago?! Aunque sea a mirarlo, es precioso. —Daniel se comenzó a desvestir.

¿¡Qué!? ¿Ahora? —miré como Daniel se iba quitando la ropa de espaldas a mí, hasta quedarse desnudo, era muy blanco, pero su culo lo era aún mas, se veía suave y bonito, cuando me quise dar cuenta mi pene se había puesto duro, me incorporé sentándome en la cama para que no se diese cuenta.

Se dirigió a su armario y empezó a buscar en un cajón, al inclinarse pude ver mejor su culo, se giró en ese instante y se dio cuenta que le estaba mirando.

¿Te gusta lo que ves o qué? —dijo con tono lascivo, Daniel se acercó a mi lentamente, moviendo sus caderas de forma sensual.

¿Eh? No, yo...

Daniel se detuvo frente a mí y con su mano tocó agarró entrepierna, notando que estaba bastante duro.

¿Y esto? ¿Lo vas a dejar así? —me miró de nuevo de forma lasciva, tenía a Daniel, el hermanito de mi mejor amigo totalmente desnudo y provocándome.

Pude ver como se agarraba con firmeza su pene, de unos doce centímetros y duro, muy duro, sus huevos, pequeños y duros también, adornaban su polla, totalmente lampiño, yo iba a explotar, literalmente.

Me lanzó una sonrisa provocadora y con sus ojos hizo un gesto para que tocase.

No le hice esperar, me acerqué, sentado en mi cama, y él de pie, abrí la boca y engullí todo su pene, podía sentir su líquido seminal en mi boca, degusté con placer su sabor, era delicioso, con mi mano izquierda comencé a masajear sus huevitos a la vez que le comía la polla, mi mano derecha tocaba su cuerpo, su piel, suave y tersa.

Daniel, que estaba muy caliente, comenzó a gemir sin parar, sujetó mi cabeza y me embestía con fuerza, el puto niñato disfrutaba mi boca, sus gemidos aumentaban, mi boca le daba un placer único, seguí chupando su polla sin detenerme, succionaba y lamía toda la punta, se bajó más la piel y sentí como se sacudía.

El cabrón me tuvo sujeto y no me quedó otra que tragar toda su corrida, bastante líquida pero deliciosa, estuve a punto de correrme solo chupando la polla del hermanito de mi mejor amigo, tras eso, Daniel me soltó de golpe.

¡¿Qué coño está pasando aquí?! —Cristian, su hermano mayor, estaba en la puerta, con la mirada ida, yo, temblando, no sabía qué hacer...

¡Tomi! —Daniel me gritó empujándome, caí a la cama.

¡¿Qué?! —pegué un salto de la cama y miré hacia la puerta, cerrada.

¡Joder! —Daniel llevó las manos a sus partes—. ¡Tus dientes! ¡Joder!

Perdón Daniel, es que llevo brackets y no he calculado, me sobresalté, pensé que estaba tu hermano ahí y... —miré a Daniel, creo que le hice sangre—. Déjame ver.

Le acerqué a mí y aparté sus manos para ver qué le hice, no sangraba, pero la punta estaba colorada.

Lo siento... —confesé.

Daniel no dijo nada, se siguió mirando la polla, bajaba la piel y se notaba que aún le dolía, me sentía mal, pero más aún tras lo que acababa de hacer con el hermanito de mi mejor amigo.

Oye..., esto que acaba de pasar...

No le diré a nadie. —dijo un poco enojado.

Dani perdón, enserio no fue mi intención... —dije cabizbajo.

No pasa nada, es sólo que me dolió bastante..., bueno, me voy a patinar al lago, o a intentarlo. —dijo con risa burlona, se alejó hasta perderle de vista.

Me acerqué al baño, me desnudé y me metí en la ducha, me hice una paja pensando en lo que acababa de suceder, me corrí muchísimo, tras eso terminé de bañarme y me cambié de ropa, me puse una sudadera, era roja intensa, me la puse encima de mi camiseta interior y fui tras Daniel.

Estuvimos en el patio hablando con el resto de chicos, lo pasamos bastante bien y así nos fuimos conociendo un poco, pero nada irrelevante, lo que sí me di cuenta es que Jacob miraba mucho a mi hermanito, no sé si era imaginación mía, pero creo que no lo miraba como miras a un amigo...

Me fijé también mucho en Daniel, al contrario que su hermano mayor Cristian, Daniel era muy extrovertido, hablaba con todos y no paraba quieto, eso sí, me molestó bastante que apenas me hiciese caso, como si nada hubiese pasado unos minutos antes.

El tiempo pasó volando, a la hora de comer buscamos a los monitores, David y Luva, entregamos los formularios que previamente rellenamos casi a última hora.

El comedor no era de gran tamaño, estaba separado en dos mesas grandes y alargadas de madera, parecían robustas, estaban hechas para sentarse cuatro personas, Jacob y Rubén se sentaron con Draco y Matías, yo me senté con Cristian, su hermano Daniel y Hugo, el compañero de cuarto de Cristian, comimos un filete de pollo con algo de fruta, después los monitores nos indicaron que no haríamos nada más por hoy, así que nos fuimos a nuestras habitaciones.

Algunos decidieron jugar un poco de básquet en la pista que había en el monasterio, pero yo no tenía ánimos, no sé que me pasaba, me sentía como triste, no sabría explicarlo.

Pasaron las horas y llegó la noche, que cubría todo el Monasterio en una inmensa oscuridad que solo era rota por la luz de la luna, que se reflejaba en el agua helada del lago, habían antorchas sujetas a postes de mediana altura repartidas por los pasillos del interior del monasterio y los caminos exteriores del mismo, dándole un toque antiguo, aunque la mitad permanecían apagadas y no se podía ver nada más lejos de seis o siete metros, Daniel se puso el pijama, era de manga corta y pantalón corto, se tumbó en la cama y se tapó con las sábanas.

Buenas noches Tomi. —Daniel se acercó a la vela que teníamos en la mesita, porque sí, no había electricidad en el monasterio, y de un soplido apagó la llama.

Buenas noches Dani. —dije cortante.

Se hizo el silencio en la oscura habitación, la luz de la luna iluminaba a través de la ventana parte de ésta.

Supongo que estarás incomodo de dormir conmigo y no con tu hermano... —murmuró de repente Daniel.

Bueno, no pasa nada, así podremos conocernos mejor, además, de lo que se trata es de pasarlo bien, ¿No? —dije intentando también autoconvencerme.

Supongo que tienes razón, mi hermano se la pasa hablando siempre de ti.

¿Ah si? ¿Y qué te dice? —le pregunté intrigado.

Pues no sé, muchas cosas, parece obsesionado contigo, incluso como si fueseis novios jajaja. —Daniel soltó una leve carcajada, se dio la vuelta y se tapó más con la manta, yo permanecí echado con la ropa aún sin cambiar, no tenía ganas de ponerme el pijama, además solía dormir en bóxer y me daba corte teniendo a Dani al lado.

Sus palabras me sorprendieron, ¿Realmente Cristian estaba por mí o era imaginación de Daniel? Quizás simplemente me quería mucho como su amigo, o quizá...

Al día siguiente, tras despertar, fuimos a desayunar, una vez en el comedor cogí la comida y la fui poniendo en la bandeja, un vaso de leche, fruta y una tostada, me acerqué a la mesa dónde estaban Cristian, su hermano y Hugo.

Chicos, desde hoy se unirá a nosotros Lucas. —dijo David, el monitor.

Miré hacia David y Luva, Lucas, que estaba en medio de ellos, fijó su mirada en mí, pude ver como Rubén me miraba desde la otra mesa.

Seguramente se hacía la misma pregunta que yo, ¿Qué hace este aquí?

Lucas es un aprendiz de monitor, así que no seáis duros con él, después del desayuno tendréis una hora para hacer lo que queráis, a las diez os espero a todos en la entrada del monasterio, haremos unos kilómetros por el camino del bosque.

¿No estaba prohibido? —Matías preguntó con acento argentino, ¡Porque sí, era argentino!

Sí, lo está siempre que no haya un monitor acompañando. —David se sentó junto a Luva a desayunar, Lucas también se sentó en la mesa de los monitores y comenzaron a comer.

Rubén no apartaba la vista de mi, ni yo de él, teníamos problemas, vaya navidades nos esperaban, sólo deseaba que no se acordase mucho de la pedrada que le di...

Al terminar de desayunar y dejar las bandejas nos fuimos a nuestros cuartos, por el camino mi hermano me alcanzó y sujetándome del brazo me llevó hasta la puerta de su habitación.

¡Tranquilo, quiero seguir con dos brazos! —me quejé con cierto dolor, Rubén me soltó y esperó a que los demás se fueran a sus habitaciones.

¿Qué hacemos? Lucas está aquí... —Rubén me miraba preocupado.

Pues nada, ¿Qué vamos a hacer? Mientras él no actúe, nosotros tampoco... —intenté tranquilizarlo.

Creí que sólo aceptaban a chicos modelo, ya veo que es un chico modelo. —dijo en tono irónico.

Bueno ya le escuchaste, es aprendiz de monitor, quizás sigan otras reglas, de todas formas, yo quería hablar contigo. —miré detrás de Rubén, Jacob se acercaba.

Sí, yo también, te hecho de menos. —dijo Rubén.

Poco se nota, estás encantado con Jacob. —le encaré.

¿Estás celoso? —Rubén me miró sonriendo.

¿De qué habláis? —Jacob se acercó y rozó con su mano el cuello de mi hermano por detrás, que se ruborizó al sentirlo.

Yo, todo confundido, los miré atónito.

Anoche..., ¿Anoche pasó algo? —miré a ambos, que sorprendidos por la pregunta se quedaron callados—. ¿Y bien? —insistí.

Jacob entró al cuarto y cerró la puerta dejándonos fuera.

¿Qué le pasa? —pregunté.

Nada, está en uno de esos días. —Rubén me sujetó de la cintura e intentó besarme, lo aparté instintivamente.

¡¿Qué haces?! ¿Te volviste loco? ¡Nos pueden ver! Además, ¿Por qué te ha tocado así? —le recriminé su actitud a mi hermanito.

Lo sé, pero tu escena de celos me ha puesto cachondo. —Rubén posó sus labios en los míos y metiendo su lengua en mi boca comenzó a besarme, nos separamos enseguida al escuchar la puerta abrirse.

¿Qué hacéis aún ahí? —Jacob parecía molesto—. Yo voy al lago a patinar un poco, me aburro aquí.

Al parecer no llegó a vernos, pero la sensación de ser vistos me había puesto a mil.

Sí, ahora vamos, voy a cambiarme. —dijo Rubén, que me guiñó un ojo y entró en su cuarto, yo fui tras él, no sin antes comprobar que Jacob se alejó y lo perdí de vista.

Rubén cerró la puerta y me puso contra ella.

¿Por dónde íbamos? ¡Ah sí! —mi hermano me volvió a besar, el toque de sus labios con los míos era ardiente, su mano se metió dentro de mi pantalón agarrando mis partes, se separó de mí mordiendo levemente mi labio—. Me tienes a mil hermano.

Me sujetó y me lanzó a la cama, se puso encima de mí y siguió besándome, bajó por mi cuello, eché mi cabeza hacia atrás mientras lamía mi cuello, siguió bajando hasta mi entrepierna y comenzó a chupármela, su lengua recorría todo mi tronco, me entregué al placer que mi hermanito me daba, su saliva recorría gran parte de mi cuerpo, estaba en eso cuando al abrir los ojos vi a Lucas en la puerta.

¡Espera! —empujé a mi hermano atrás mientras volví a mirar hacia la puerta.

¿Qué pasa? —mi hermano miró también a pero ya no había nadie, eso sí, estaba entre abierta.

Rubén se acercó y la cerró de nuevo.

Nada, es sólo que...

¿Sólo que qué? ¡Llevo mucho sin follarte, y quiero hacerlo! —confesó Rubén a la vez que se sentaba conmigo en la cama para intentar seguir por donde lo habíamos dejado.

No es el momento, nos pueden ver... —dije ante la decepción de Rubén.

Rubén se levantó de la cama con enojo.

Muy bien. —el tono de mi hermano sonó con enfado.

¿Te has enfadado? —pregunté.

No, no, simplemente que ya no me deseas... —dijo enfadado.

Yo no dije eso, dije que no es el momento, además, es que..., no es buena idea que sigamos haciendo estas cosas..., somos...

Hermanos. —me cortó Rubén—. Lo sé, lo has dicho mil veces, somos hermanos y no está bien lo que hacemos.

Lo siento. —intenté coger su brazo pero se apartó.

No, hermano, decídete, porque tengo sentimientos, o estamos juntos o nos separamos para siempre, pero dejar de jugar a la ruleta, ya estoy harto. —mi hermano tomó aire y siguió—. Voy con Jacob al lago. —mi hermano sacó una chaqueta y se la puso para salir fuera.

Me lanzó una mirada entre decepcionante y de enfado.

Mi hermano salió del cuarto camino al lago, me asomé y pude ver que ya estaban ahí todos patinando y riendo, mi hermano se había enfadado, y en parte era lógico, lo dejé muy caliente y llevábamos mucho tiempo sin hacerlo, yo también quería..., pero es que éramos hermanos y cada vez que hacíamos algo siempre terminaba la cosa mal...

Entré a mi cuarto y me puse una chaqueta, fuera hacía mucho frío, salí hacia el lago y entonces vi a Lucas, estaba como esperándome. Me acerqué a él enfadado, nos encontrábamos cerca de la entrada del monasterio, a unos veinte metros del lago donde estaban todos.

¿De qué coño vas? ¿Eres un voyeur de esos? —mi tono de voz le recriminaba que nos interrumpiese.

Lucas estaba fumando, dio una calada a su cigarro y me echó una mirada escudriñando mi cuerpo.

Bueno, a mí me va el voyeur y a ti el incesto, digamos que estamos empatados. —dijo burlonamente.

No sé de qué hablas. —me di la vuelta para marcharme pero Lucas se puso en medio—. ¿Me dejas pasar, por favor? —le recriminé su actitud.

Volvió a dar otra calada y me miró sonriente.

¿Niegas qué no haces cosas con tu hermano? No negaré que me puso muy caliente veros, no me lo esperaba, la verdad. —Lucas observaba ahora a mi hermano que justamente se había caído de culo en el lago al intentar patinar y los demás se reían.

No hago cosas con mi hermano, solo..., ahhgg, solo jugábamos, joder, será tu imaginación perversa.

Lucas se acercó más a mí, sacó de su boca el cigarro y lo lanzó a la nieve, me sujetó de los hombros y me puso contra la pared del monasterio.

No niegues lo que vi, porque sé lo que vi perfectamente, tu hermano lamía tu piel, ésta piel. —Lucas posó su mano en mi cuello y lo tocó con el dorso de sus dedos, aún había saliva de mi hermano en mi cuello.

Me sonrió victorioso.

¿Qué quieres? —lo miré desafiante, Lucas me soltó y me miró pensativo.

Yo no quiero nada, no te equivoques, no soy como Peter o Luis, yo sólo miraba.

Espiabas. —le repliqué.

Mirar, espiar, lo mismo da, el caso es que no te pediré nada, ni te chantajearé, yo no soy así.

¿Entonces qué?

¿Qué? ¿Acaso esperabas que te obligase a hacer algo? —Lucas se acercó a mi lentamente—. ¿Acaso piensas que no me di cuenta cómo disfrutabas en el edificio abandonado? Cuando la chupabas, en parte te gustaba, no digo que disfrutases las pollas de mis amigos, que no lo sé, pero sí la situación, así que ahora no te hagas, por favor.

Me quedé en silencio, aparté mi mirada de la suya y él, sonrió victorioso, se acercó a mi e intentó besarme, en un acto reflejo me aparté.

Ohh, vaya, ¿Los besos los reservas sólo con tu hermano? —me miró burlonamente—. Esta noche me haré una paja pensando en cómo tu hermano te somete, y en cómo yo lo haría mejor que él...

¿No tenías novia? —le recriminé con un empujón alejándole más de mí.

No respondió, se comenzó a alejar sin dejar de observarme, me guiñó un ojo y se perdió dentro del monasterio.

Joder, ¿Pero que se ha creído este imbécil? —murmuré.

Ya eran casi las diez, el monitor David nos tenía preparada una supuesta caminata, así que me acerqué donde estaban todos, noté a Rubén distante.

El monitor llegó y nos ordenó seguirle dentro del bosque, el frío era aún más intenso ahí que fuera, fueron dos o tres kilómetros, donde vimos algunas zonas muy bonitas, el bosque era frondoso, pudimos hacer algunas fotos con los móviles, llegamos a una cascada pequeña rodeada de nieve, el agua estaba helada, o al menos eso supuse, no iba a tocarla, prefería seguir con mis guantes de invierno.

Lo que sí me fijé durante las más de tres horas de caminata es que Rubén estaba demasiado pegado a Jacob, siempre iban muy juntos, y mi hermano me miraba cuando veía que los observaba, me sonreía, le gustaba ponerme celoso, lo hacía a posta, adrede.

Llegamos al monasterio, comimos y nos fuimos a descansar, otros se fueron al lago a seguir patinando, yo me senté en el muelle observando como se divertían, en medio del lago estaban Jacob y Rubén riendo y patinando, se cogían de las manos y giraban, en un momento dado se abrazaron cuando parecían que iban a resbalar y caer al suelo.

Lo veía y sentía celos, Lucas se acercó y se sentó a mi lado, el sol apretaba con fuerza, eran ya las cinco de la tarde, la temperatura había subido un poco a causa del sol, o al menos yo me sentía arder a pesar del frío.

¿Qué? ¿Celoso? —Lucas me sonreía.

¿Qué dices? —lo miré y ahora podía ver mejor un tatuaje que tenía en el cuello.

Venga por favor, pareces una chica que está deseando coger del pelo a la otra y lanzarla al lago atravesando el hielo.

Permanecí callado y aparté la mirada de mi hermano, miré ahora a los otros que jugaban cerca también.

¿Por qué vas con Peter? —mi pregunta le sorprendió y quedó callado un rato—. ¿Y bien?

Bueno, él me ayudó cuando era más pequeño, los otros chicos se metían conmigo, el me defendió y me uní a su grupo, no era mala persona, al menos al principio, era como yo, víctima, Víctor, también se unió a él de la misma forma, antes era mucho más gordo y se burlaban de él, Peter le defendió, pero con los años cambió, no sé el motivo de ese cambio.

Permaneció callado unos segundos y miró a la distancia, el viento movía unas ramas cercanas y la nieve caía al suelo, Lucas prosiguió.

Verás, Peter obligó a Víctor a perder mucho peso, y bueno, digamos que se volvió lo que él odiaba, un abusón, hace unos años lo mandaron al Internado y allí conoció a Luis, se hicieron amigos y empeoró, al salir me buscó y también a Víctor, dijo que ese tal Luis necesitaba ayuda para domesticar a un perro..., bueno, a tu hermano.

Le miré con enojo al recordar lo que nos hicieron en el edificio abandonado.

¿Qué sabes de lo que pasó en el Internado entre ellos? —pregunté deseoso de saber la verdad.

¿Entre Peter, Luis y tu hermano? No sé toda la historia, Peter solo me dijo que allí tenían algunos chicos como esclavos, los usaban como a perros, y tu hermano se reveló contra el que se supone era su dueño, Luis, poco antes de salir del Internado, por eso supongo que se escaparon y vinieron a buscar a tu hermano, supongo que para vengarse o no sé...

Lo que me contaba no me gustaba nada..., ¿Usaron a mi hermano de esclavo? Hijos de la gran puta...

¿Y por qué sigues con el cerdo de Peter? ¿A caso disfrutas lo que él y Luis hacen? —dije con enfado.

Claro que no, lo que pasa es que se lo debo. —Lucas observaba a mi hermano detenidamente.

¡No le debes nada! —miré a Lucas, que seguía mirando a mi hermano.

No dijo nada, se quedó en silencio, entonces recordé cuando se negó a participar el día del edificio abandonado.

¿Y la novia? —pregunté.

¿Cómo? —no apartaba la mirada de mi hermano.

Dijiste tener novia a Peter, por eso no participaste, supongo que era mentira, ¿No?, lo dijiste para no participar.

Observé como sonreía, acerté, entonces me di cuenta que seguía mirando a Rubén con detenimiento.

¿Te gusta mi hermano? —pregunté.

Lucas se levantó sonriendo.

Para que te responda a eso aún te falta mucho, peque.

¿Por eso te pusiste encima de él verdad? El día que nos perseguisteis, sabías que sometiéndole y poniéndote encima de mi hermano, él no sería la diana, sino yo, sabías que así Peter y Luis guiarían su atención hacia mí, sabías que mi hermano no se dejaría someter con facilidad y sería un problema, así que lo sometiste para que no se pusiera en peligro...

¿Eso crees? —me preguntó con el ceño fruncido y con gesto de sorpresa.

Sí. —sentencié.

Me miró sonriendo y se alejó con los demás chicos, mi hermano y Jacob seguían jugando, entonces Jacob se dio cuenta que los miraba, se dio la vuelta y abrazó a mi hermano, me levanté y me fui a mi cuarto, no negaré que estaba a punto de llorar, odiaba toda esta situación, por el camino vi a David, el monitor, entrar al bosque, miraba constantemente hacia atrás para no ser visto, como si ocultase algo.

Su actitud me extrañó, así que esperé un poco y comencé a seguirlo, intenté ir con cuidado para que no me viese, pero era difícil, entonces apartó unos arbustos y se adentró dentro haciendo que le perdiese de vista, me detuve cerca, ¡Si entro ahí meteré mucho ruido!

Miré a mi alrededor para ver si alguien podría verme, aparté los arbustos y los atravesé con cuidado, David no estaba, seguí caminando despacio hasta llegar a un riachuelo, era pequeño, de medio metro de anchura. ¿De dónde viene este río? ¿Bajará del monte? Seguí el riachuelo y me detuve al escuchar gemidos, me agaché y caminé lentamente, los gemidos y el ruido se intensificaban, mi corazón latía con fuerza y mi temperatura subía, me asomé apartando los arbustos despacio y pude ver la escena al completo...

¿Por qué me meto dónde no me llaman?

( Continuará... )

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Creado (2013), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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jueves, 28 de noviembre de 2013

Mi hermanito - Capítulo 13 ''El Monasterio''

Capítulo 13: El Monasterio

Al salir del edificio comenzamos a mojarnos de nuevo, la lluvia no había cesado aún, no sabía que hacer...

Kon se acercó a un banco que había cerca de la fábrica y lo posó ahí tumbado, le dio varias palmadas en la cara pero no reaccionaba.

Rubén, por favor, ¡Despierta! —gritaba desesperado.

Kon comenzó a hacerle el boca a boca y las maniobras de reanimación, ante mi mirada impotente.

Akin me sujetó y no pude evitar abrazarle entre lágrimas, no quería ver a mi hermano morir, Akin me abrazó con fuerza sin decir nada, mientras escuchaba el sonido de la lluvia y a Kon intentando reanimar sin éxito a Rubén.

Cof, cof..., —Rubén se incorporó tosiendo con dificultad.

¡Rubén! —me abalancé con velocidad y lo abracé, aún llorando—. ¡¡Pensé que te perdía...!!

Pues aprieta con menos fuerza o me pierdes de verdad... —dijo con tono de broma.

Perdona. —me separé y me limpié las lágrimas, me giré donde Kon y le di las gracias.

No ha sido nada, mi curso de primeros auxilios ayudó mucho. —dijo Kon con una sonrisa.

Es que el cenutrio está estudiando para ser médico, ah, perdona, es Kon, un amigo. —intervino Akin.

Igualmente, gracias. —repetí, mi hermano se incorporó y observó a Akin, apartó la mirada mientras se limpiaba la sangre de la nariz con su muñeca.

Bueno, es curioso que la última vez que nos vimos fue también aquí, ¿No? —dijo Akin con sarcasmo.

Sí... —murmuré avergonzado, ahora después de ayudarnos me sentía mal por lo que Rubén y yo le hicimos aquella noche en este mismo lugar.

Bueno, nosotros ya nos vamos, que llegamos tarde, deberías denunciar a esos canallas. —sugirió Kon.

No, ya nos encargamos nosotros. —dijo Rubén un poco cortante.

Los dos chicos se despidieron y se marcharon dejándonos allí, nos cobijamos bajo el techo de la fábrica, en la entrada, mientras nos recomponíamos y esperábamos a que la tormenta amainara del todo.

Tenemos que denunciar. —dije.

¿Qué?, ¿¡Te volviste loco!?, ¿Sabes que pasará si lo hacemos?, arriesgas que descubran lo que hacemos entre nosotros, a que se descubra lo del Internado...

Me quedé callado, Rubén tenía razón, pero sabíamos que Peter y Luis no dejarían de molestarnos, algo teníamos que hacer.

¿Te duele? —le miré el corte que tenía en el labio.

No, no te preocupes, ¿Qué pasó cuando perdí el conocimiento? Lo que recuerdo esta borroso...

¿No recuerdas nada?

No, lo último fue que salimos corriendo después de atacar al gigante ese. —mi hermano esbozó una ligera sonrisa de impotencia.

Pues..., llegaron Akin y su amigo y nos defendieron, tuvimos suerte... —mentí, o más bien quise evitar decir que me obligaron a hacerles sexo oral...

Lo miré y pude observar a mi hermano bastante decaído, muy frágil, me acerqué y lo abracé de nuevo.

Ya todo pasó, volvamos a casa, ya pensaremos qué hacemos. —dije.

La tormenta amainó un poco, lo suficiente para volver a casa, nos duchamos y ese día la pasamos descansando, estuvimos unos días sin hacer nada, haciendo vida normal, escuela, entrenamiento y demás.

Ah sí, el entrenador no ha vuelto a aparecer desde aquel día en el que abusó de mí, ¿Culpabilidad? El caso es que los entrenamientos los tuvimos que hacer nosotros solos e incluso se suspendió un partido, supuestamente, porque el entrenador estaba de ''baja por gripe''.

Y así, terminó el primer trimestre, habían pasado casi cinco semanas de lo ocurrido en la fábrica, no volvimos a ver a Luis y Peter, aunque sí pude ver más de una vez a Lucas, pero ni se acercó a nosotros, disfrutamos de paz un tiempo.

Como dije, también nos dimos espacio mi hermano y yo, tras todo lo que había ocurrido estos meses necesitábamos que la normalidad hundiese un poco nuestras vidas.

Llegaron los primeros días de navidad, mi hermano los pasaba con Jacob jugando a la videoconsola en su casa, yo por mi parte me apunté al equipo de béisbol de la escuela, lo cierto es que nuestra vida empezaba a tomar un rumbo más sano y era de agradecer, aunque echaba de menos el cariño y afecto de mi hermanito...

Es un sitio muy bonito, está decidido, pasaréis las navidades aquí. —mi madre soltó un folleto en la encimera de la cocina, estaba sentada tomándose un café, ante mi mirada y la de Rubén.

Nuestros padres iban a visitar a nuestros abuelos y mi tía, que viven en Portugal, lógicamente nosotros no quisimos ir, así que nuestros padres nos propusieron pasarla en un Monasterio para chicos, justamente para pasar las navidades, el Monasterio estaba en lo más alto del monte del Condado, serían dos semanas, eso fue lo que nos propuso.

A regañadientes mi hermano y yo aceptamos como pudimos, de todas formas no estaría tan mal, es como pasar las navidades pero vigilados por monitores.

Y así, la última semana de Diciembre llegó, era lunes por la mañana, llegó el gran día, nuestros padres nos acercaron en coche hasta la parada del bus, con nuestras mochilas, en las que llevábamos ropa de invierno y algunos cómics.

Tras despedirnos, los vimos alejarse en el horizonte.

Puff, dos semanas, que asco. —se quejó mi hermanito Rubén.

A ver, no es tan malo, solo habrá chicos, y será divertido.

Sí, pero no podremos hacer cosas, prefería estar en casa contigo...

Ya... los dos empezamos a estar de bajón.

A los pocos minutos llegó el autobús, se detuvo y subimos a él, nos costó con las pesadas mochilas, cogimos asiento y así, mi hermano y yo estábamos montados en el autobús que nos llevaba a nuestro destino, el autobús estaba totalmente vacío, era muy triste.

Pocas paradas después, fue parando en diferentes casas y varios chicos fueron subiendo, entre ellos Cristian, un amigo de mi clase, que iba acompañado de su hermano Daniel, cuando nos vieron se acercaron a nosotros, que estábamos en la parte de atrás.

Como dije, Cristian va a mi clase, es un chico de piel muy blanca, pelo castaño claro y ojos verdes oscuros, su hermano, Daniel, que va a dos cursos por detrás de Cristian, también de piel muy blanca salpicada por unas pecas en su cara y nariz, su pelo, que tiraba mas a pelirrojo brillaba con los rayos del sol que entraban por las ventanas del autobús, sus ojos azulados adornaban su carita de ángel.

¿Vosotros también vais? —Cristian se sentó junto a su hermano en los asientos de la izquierda, nosotros estábamos en los de la derecha.

Sí, dos semanas disfrutando ese maravilloso sitio —Rubén sonaba sarcástico.

Venga, ¡Será divertido! Yo es la segunda vez que vengo. —Cristian miró sonriente a mi hermano mientras sacaba unos chicles para ofrecernos uno—. ¿Quieres?

Mi hermano lleva Brackets, no puede, yo sí. —mi hermano alargó la mano y cogió uno llevándolo a su boca mientras me sonreía vacilón.

Es cierto, dos semanas antes de terminar el primer trimestre, me pusieron Brackets, los odiaba.

El bus hizo otra parada y Jacob, compañero de clase y amigo de mi hermano, subió, nos miró y se acercó a nosotros, Jacob, un chico de pelo castaño claro y más bien bajito nos observó sonriente, sus ojos eran color miel.

El bus siguió el trayecto hasta su destino, un camino bastante viejo y en mal estado, cerca del monte Charb, el camino, se desviaba hacia dentro de un bosque profundo y lleno de árboles, estaban todos nevados, se notaba que nos acercábamos a lo más alto y profundo del monte.

El bus avanzó varios minutos más hasta que salimos de la espesura del bosque y se detuvo cerca de la entrada del monasterio, era muy famoso en el condado por su gran lago, eso sí, en invierno casi helado, que pegado al monte nevado formaba paisajes hermosos.

Nos fuimos bajando, ya notábamos el frío, el suelo, también nevado, se hundía hasta casi nuestros tobillos, en frente de nosotros habían dos monitores, un chico que rondaría los treinta años, bastante definido, de ojos azules claros y corte militar, a su lado, una chica mas joven, de unos veinticinco, tal vez menos, al contrario que el chico, ella lucía un pelo largo y ondulado, de color caoba.

Ambos nos observaban sonrientes mientras bajábamos del bus.

Bienvenidos al Monasterio Lookrain, aquí pasaréis dos semanas que nunca olvidaréis, yo me llamo David y mi compañera se llama Luva. —el chico sonreía tanto que su dentadura casi se desencaja.

David, el monitor, nos pasó un papel que parecía un formulario—. Rellenad este formulario por completo, a la hora de comer deberéis entregárselo a Luva, allí es donde nosotros nos alojamos, no dudéis en acercaros para cualquier duda o problema que haya. dijo señalando una cabaña fuera del monasterio, era de aspecto clásico, su madera con tonos marrones oscuros y claros llamaba la atención en comparación a la zona tan blanca de la nieve por la que era rodeada.

Otra cosa, aquí los móviles no sirven, podéis sacar fotos, grabar vídeos, pero no hay cobertura, si ya de por sí en el Condado cuesta, aquí es imposible, no hay Internet ni televisión. —dijo Luva sonriendo de nuevo, empezaba a ser perturbador esto, parecía una historia de RL Stine.

Nuestras quejas no se hicieron de rogar, ¿Sin Internet ni televisión? ¿Sin cobertura?

Bueno, para que luego digan que no se puede viajar en el tiempo, estamos en el siglo dieciocho. —la voz de mi hermano sonó con sorna y los chicos empezaron a reírse.

Bueno muchachos, acompañadme y os diré cuál será vuestra estancia. —la chica, Luva, indicó con sus manos que la siguiésemos.

Junto a mi hermano, Cristian, Daniel, Jacob y tres chicos más que sólo conocía de vista en la escuela comenzamos a caminar, por el camino se detuvo en la entrada del bosque.

Esta zona está prohibida, tiene mucho terreno y el bosque espeso hará que os perdáis, si pillamos a alguien dentro será expulsado irremediablemente. —Luva parecía contundente, fue el único momento donde dejó de sonreír.

Miré el bosque, el poco viento que hacía agitaba las ramas, haciendo caer la nieve al suelo y los crujidos de los árboles hacían un fuerte ruido, entre sus tenebrosas sombras me pareció ver una silueta, presté más atención y parecía una silueta humana.

¡Tomi! —la voz de Rubén me devolvió al presente, me hacía señas para continuar, miré de nuevo donde estaba la silueta pero ésta ya no se encontraba.

Seguimos avanzando y pasamos cerca del lago.

El lago Lookrain, no está prohibido en sí, pero sí tiene un horario, nunca, repito, nunca os metáis en él sin permiso, está helado, a veces, por las mañanas, bajo supervisión, es posible meterse unos minutos, todo lo que sea fuera de esto, acarreará castigo, sin contar, que si está muy helada podrías enfermar.

Continuamos caminando y por fin entramos al monasterio, no era muy grande, la planta baja estaba compuesta por el comedor, zona de estudio, sala de juegos y un gran patio para jugar a algún deporte, el piso de arriba constaba de unos baños con sus respectivas duchas y varias habitaciones, el tercer piso estaba prohibido también, además de cerrado con cadenas.

Las habitaciones daban a la zona del bosque, las ventanas eran enormes, dejaban entrar mucha luz, y estaban adornadas por diferentes plantas y enredaderas que llegaban hasta el suelo exterior de la fachada.

Muy bien, esta es la zona de las habitaciones, son cuatro cuartos y están preparados para dos personas, os encargareis vosotros mismos de su mantenimiento y limpieza, bueno, a continuación diré los nombres e iréis avanzando hacia los mismos

Disculpe, Luva, ¿No podemos elegir nosotros? —levanté la mano mientras le preguntaba, como si aún estuviésemos en la escuela.

No, una de las normas es que no se pueden escoger compañeros, se trata de hacer nuevos amigos y pasarlo bien, no que se escojan amigos y alguno quede marginado.

Pero profesora, yo no puedo dejar a mi hermano con un desconocido... —Cristian sonó preocupado.

¡Puedes llamarme por mi nombre! Profesora suena a muy mayor, ¡Y aún soy joven! —Luva guiñó un ojo a Cristian—. No te preocupes, no le pasará nada, ninguno de los que estáis aquí tiene mala conducta, ni malas notas, es uno de los requisitos para poder optar a entrar.

Todos nos mirábamos con dudas, esta regla no nos convencía del todo, ¿Por qué no poder escoger con quien íbamos a pasar las navidades durmiendo? Si me tocaba con uno de los que no conozco me iba a joder, yo quería estar con mi hermano...

Muy bien, Jacob, tu irás con Rubén —mi hermano sonrió y Jacob también, en parte me jodió, sentí celos—. Cristian, tu irás con Hugo.

Cristian miró con enfado al chico que le había tocado, Hugo era un chico de nuestra estatura, su pelo negro y en punta lo acompañaba con su piel también oscura, un tono café que hacía aún más llamativos sus ojos, verdes claros

Tomi, tu irás con Daniel. —proseguía Luva.

Me tocó con el hermano de Cristian, que me miró sonriendo, Cristian también me miró y después a su hermano, respiró tranquilo al saber que estaría conmigo y no con un desconocido, aunque viendo mi historial, igual era mejor que le tocase un desconocido jajaja.

Y por último, Matías, tu irás con Draco, ¿Ese nombre te lo pusieron por Harry Potter? —preguntó Luva.

Si, ¡Mi padre es un fanático de los libros! —Draco, que así se llamaba el chico, lo decía orgulloso, encima era precisamente rubio, aunque un rubio mucho mas oscuro tirando a castaño y de piel blanca, acompañado de unos ojos marrones, en su ceja lucía un corte, seguramente intencionado, conforme decía el motivo de su nombre algunos nos reímos por bajo.

El que sería su compañero, Matías, era un chico gordito pero bastante guapo de cara, miraba al suelo apenado, iba con corte militar como el monitor David, aunque parecía que el color de su pelo era oscuro, sus ojos marrones terminaban de darle personalidad a su cara.

Muy bien, éstos serán vuestros compañeros, con los que pasaréis las próximas dos semanas, podéis ir sacando toda vuestra ropa y demás para colocarlo todo bien en vuestros nuevos hogares y en dos horas id al comedor, ya sabéis que está en la planta de abajo, ah, y recordad traer el formulario completo.

Hicimos lo que nos dijo y cada uno entró a su respectiva habitación, era mas pequeña de lo que pensaba, dentro, habían dos camas de aspecto antiguo a cada lado pegadas a la pared, con cabeceros de madera junto a una mesita por cama, a cada lado de la entrada del cuarto había un armario, también de aspecto antiguo, de madera color oscuro, cada uno miraba en frente de la cama, el suelo estaba compuesto por un parqué de madera, parecía nuevo, era adornado por una gran e inmensa alfombra de color azul oscuro, yo me fui a la cama de la izquierda, abrí la maleta, saqué la ropa y la metí en el armario que había en frente, Daniel hizo lo mismo, cada cuarto estaba equipado con dos camas, dos mesitas, dos armarios y una gran ventana en medio, separando la cama y armario de cada uno.

Me quité las zapatillas y me quedé descalzo, con mis pies descalzos noté el suave tacto del parqué y la alfombra, me gustó la sensación, me tumbé en la cama y miré el formulario, pedía los datos típicos, edad, altura, peso, país, problemas de salud, alergias..., lo solté en la mesita que tenía al lado y me quedé mirando al techo.

¡Vaya mierda! —lamenté, Daniel, al escucharme, se acercó y se sentó a mi lado.

¿Por qué dices eso? ¡A mi me gusta esto!

No, si es bonito y me gusta, pero... —me quedé en silencio, no podía decirle que quería estar con mi hermano, le haría sentir mal.

¡Oye! ¡¿Y si vamos al lago?! Aunque sea a mirarlo, es precioso. —Daniel se comenzó a desvestir.

¿¡Qué!? ¿Ahora? —miré como Daniel se iba quitando la ropa de espalda hasta quedarse desnudo, era muy blanco, pero su culo lo era aún mas, se veía suave y bonito, cuando me quise dar cuenta mi pene se había puesto duro, me incorporé sentándome en la cama para que no se diese cuenta.

Se dirigió a su armario y empezó a buscar en un cajón, al inclinarse podía ver mas su culo, se giró y vio que le estaba mirando.

¿Te gusta lo que ves? —dijo con tono lascivo, Daniel se acercó a mi lentamente, moviendo sus caderas de forma sensual.

¿Eh? No, yo...

Daniel se detuvo frente a mi y con su mano tocó mi entrepierna.

¿Y esto? ¿Lo vas a dejar así? —me miró de nuevo de forma lasciva, tenía a Daniel, el hermano de mi mejor amigo totalmente desnudo y provocándome.

Pude ver como se agarraba con firmeza su pene, de unos doce centímetros y duro, muy duro, sus huevos, pequeños y duros también, adornaban su polla.

Me lanzó una sonrisa provocadora y con sus ojos hizo un gesto para que tocase.

No le hice esperar, me acerqué, sentado en mi cama, y él de pie, abrí la boca y engullí todo su pene, podía sentir su líquido seminal en mi boca, degusté con placer su sabor, era delicioso, con mi mano izquierda comencé a masajear sus huevitos a la vez que le comía la polla, mi mano derecha tocaba su cuerpo, su piel, suave y tersa.

Daniel, que estaba muy caliente, comenzó a gemir sin parar, sujetó mi cabeza y me embestía con fuerza, el puto niñato disfrutaba mi boca, sus gemidos aumentaban, mi boca le daba un placer único, seguí chupando su polla sin detenerme, succionaba y lamía toda la punta, se bajó más la piel y sentí como se sacudía.

El cabrón me tuvo sujeto y no me quedó otra que tragar toda su corrida, bastante líquida pero deliciosa, me corrí sin tocar, solo chupando la polla del hermanito de mi mejor amigo, tras eso, Daniel me soltó y me miró mordiéndose el labio.

¡¿Qué coño está pasando aquí?! —Cristian, su hermano mayor, estaba en la puerta, con la mirada ida, yo, temblando, no sabía qué hacer...

¿Y tú? ¿Qué hubieses hecho? Empieza bien las dos semanas en el Monasterio...

( Continuará... )

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