sábado, 27 de agosto de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 7 ''Lluvia y sangre''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 7 ''Lluvia y sangre''

Al día siguiente Max se dirigía al colegio y se encontró con el chico de cuarto curso en la entrada de la escuela, estaba hablando con otros chicos mientras fumaba.

—¿Tú eres el que vende esa mierda, verdad? —preguntó Max acercándose a él de forma intimidatoria.

—Depende, ¿quién lo pregunta? —el chico de último curso dio una calada a su cigarro y miró a Max, su mirada era fría y altiva.

—Toma, esto es tuyo —Max alargó la mano y sacó unos billetes del bolsillo, extendiéndolos sobre la mano del chico.

—¿Qué es esto? —preguntó mirando los billetes y guardándolos en su bolsillo del pantalón.

—Lo que te debía Tommy, ¿es suficiente con eso?

—Claro, aunque..., ya me pagó él ayer, pero no fue con dinero precisamente..., ja, ja, ja. —e inmediatamente el chico soltó una carcajada y sus amigos también.

—¿¡Cómo!? ¿¡¡A qué te refieres!!? —la mirada de Max se tornó desafiante y agresiva.

—Pues..., tu amigo tardó en pagar y eso conlleva unos intereses de demora, por lo que tuve que cobrarle un extra..., y no fue con dinero, precisamente, digamos que me cobré con su piel, con sus labios, sus carnosos labios..., mmmm —se llevó dos dedos a sus labios y acto seguido volvió a reírse, sus dos amigos reían con él.

Esa frase dejó a Max sin palabras, apretó los puños con fuerza y se abalanzó sobre el chico, pero entonces los dos amigos le sujetaron a tiempo y lo mantuvieron sujetado.

—Vaya, vaya, así que tú eres el gallito de la relación, ¿eh? —el chaval de cuarto curso miró a los lados, se aseguró de que no hubiese profesores cerca y mientras los alumnos entraban en clases se acercó a Max, que seguía sujeto por sus amigos.

Lo cogió del pelo con su mano izquierda y lo acercó a él.

—Dile a tu amigo que lo hizo muy bien y que cuando quiera puedo darle más vitaminas. —tras esa frase Max le miró con rabia, se revolvía con fuerza, el chico sonrió y con su mano derecha golpeó el estómago de Max con el puño cerrado.

Los amigos le soltaron y este cayó de rodillas tosiendo y respirando con dificultad mientras el chico daba una última calada a su cigarrillo y lo lanzaba cerca de Max, lo pisó con fuerza apagándolo.

Tras esto, él y sus dos amigos se alejaron, Max levantó la mirada y los vio entrar en la escuela, intentó recobrar el aliento, le costaba por el golpe recibido, se levantó y salió corriendo hacia la casa de Tommy, sentía que algo malo le había pasado, presentía que no estaba bien.

Los ojos de Tommy empezaron a abrirse, en el suelo vio como algo brillaba, parecía el cristal roto de alguna botella, aún con lágrimas en los ojos estiró la mano y cogió el trozo de cristal, lo apretó con fuerza, haciendo que su mano sangrase y se lo acercó lentamente...

A su vez, Max buscó a Tommy en su casa, pero allí no estaba, decidió buscar en todas partes, por el camino no podía evitar pensar en lo que el chico ese le dijo, en cómo se habría cobrado, se temía lo peor y lo que no entendía es por qué le dolía todo esto, se sentía el responsable de todo, sí, pero había algo más, su corazón le dolía, era un sentimiento que nunca experimentó.

Estaba nublado y pronto empezaría a llover, Max buscó a Tommy durante horas, pero no lo encontraba, se sentó en el banco del parque donde siempre jugaban, aquellos tiempos..., antes de aquel fastidioso día de Halloween en el que su amistad terminó...

Max deseaba mucho poder dar marcha atrás, lo deseaba con toda su alma, pequeñas gotas de lluvia empezaron a caer, las cuales sentía sobre su piel, corriendo, se refugió en uno de los columpios del parque que tenía techo.

Escuchó unos ligeros sollozos dentro, allí estaba un chico acurrucado, con la cara roja de tanto llorar y los ojos como si no tuvieran vida, en su mano tenía un trozo de vidrio verde, roto, y la mano le sangraba.

—¡¡Tommy!! —Max se acercó a Tommy y lo levantó, poniéndolo sentado en el suelo mientras lo mantenía sujeto en su regazo, este, que no hizo nada para impedirlo, solo se dejó llevar por Max, aun sollozando.

El cristal cayó en el suelo, Max sujetó la mano de Tommy para que dejara de sangrar, buscó un pañuelo, pero no tenía, así que se rompió un trozo de la manga de su camiseta y la envolvió en la mano de su mejor amigo, el cual se dejaba hacer, no oponía resistencia, parecía un muñeco roto.

—¿¡Qué te pasó!?, ¿¡estás bien!? —Max estaba muy nervioso, pero Tommy no decía nada, Max miró a los alrededores para evitar clavarse ningún cristal y sujetó con fuerza a su amigo.

—Tommy perdóname, por todo el daño que te he hecho, no te lo merecías, sé que todo lo que he sufrido yo no se compara con lo que has sufrido tú, cómo sé que también no podré reparar todo ese dolor, daño y rencor hacia mí, pero al menos me gustaría poder recuperar tu amistad, déjame demostrarte mi arrepentimiento, sé que me equivoqué, lo sé, ¡Joder!, Pero no quiero perderte, por favor...

Tommy, que tenía la mirada clavada en el suelo, miró a los ojos del que una vez fue el único y mejor amigo que tenía, miraba a Max arrodillado sujetándolo, también sujetaba su mano haciendo presión con el trozo de camiseta que le puso para que no sangrase más, su mirada era triste y sin alma, abrió sus labios casi sin fuerza.

—El día que te confesé lo que era, mi vida acabó...

—No, no acabó, aún tiene solución. —dijo Max acercándose a su amigo, sujetó la mano de Tommy y lo miró a los ojos, su rostro comenzó a acercarse, pero Tommy lo empujó y apartó de su lado, lo miró a los ojos con rabia, parecía haber recobrado la vida que se le estaba diluyendo, de nuevo su rostro cambió y se veía de forma más agresiva.

—¡¿Tú?!..., ¡¿Te crees que puedes venir aquí y que puedes decirme lo que debo hacer?! Tú no sabes el infierno que he pasado, todas las noches lloraba por haberte perdido, por ser como era, me odiaba a mí mismo, por tus palabras, que me hicieron un daño que jamás..., ¡nunca!, ¡jamás podrás sentir!, ¡me hiciste sentir la peor basura que hubiese existido!, ¡me daba asco a mí mismo y me odiaba por ello!, ¡día tras día lloraba a escondidas!, ¡y cuando me sentía solo o pensaba en ti me pegaba puñetazos a mí mismo hasta cansarme para que cada vez que pensase en ti, te odiase más!

Mientras decía esto, a Max le salían lágrimas de los ojos y su corazón estaba siendo muy dañado, cada palabra de Tommy era un cuchillo en su pecho.

—¡¿No entiendes que tú me quitaste la vida?!, ¡¿Que ya no tengo por lo que vivir?!, ¡¿Qué lo único que siento hacia tu persona es odio, rencor y asco?!, ¡¡Te repudio y ojalá nunca te hubiese conocido, ojalá te mueras!! —Tommy estaba cada vez más alterado y nervioso y Max lo notaba, Tommy hizo fuerza para separarse de Max y se levantó para irse, zanjando la conversación.

Al salir, la lluvia de la tormenta comenzó a mojar todo su cuerpo.

—Tienes razón... —Max se levantó y avanzando se puso delante de Tommy impidiendo que huyese—. Yo te quité la vida, yo te he hecho lo que eres ahora, pero sé que puedo enmendarlo, puedo cambiarlo y que todo vuelva a ser como antes, solo te pido una oportunidad Tommy...

Dicho esto, Max extendió su mano hacia Tommy, pero este le empujó y salió corriendo, Max se quedó allí parado mirando al suelo unos segundos, tras pensar qué hacer salió detrás de Tommy.

—¡¡Espera Tommy!!

—¡¡Que me dejes en paz!! —gritó su amigo.

Max alcanzó a Tommy y con un placaje detuvo a su amigo en el suelo, ambos con la respiración entrecortada y mojados por la lluvia estaban ahora tirados en el suelo del parque.

—¿Por qué lo haces? No te alejes de mi Tommy, no quiero perderte, yo..., yo..., te...

—¡¡Déjame en paz!!, ¡¡Te odio!! —Tommy estaba fuera de sí.

Dicho esto, volvió a levantarse y se dispuso a salir del parque, pero entonces un coche se cruzó en su camino, aunque el coche intentó frenar, no le dio tiempo, Max con rapidez se cruzó apartando a Tommy de un empujón en su espalda para evitar que lo atropellase, siendo este arrollado por el coche en su lugar.

Max fue desplazado varios metros tras el atropello, el coche frenó y a los segundos se dio a la fuga, Tommy estaba en el suelo tras el empujón de su amigo, todo pasó muy rápido, solo podía ver el cuerpo inerte de Max que yacía en el suelo, ensangrentado, se acercó corriendo a él, su corazón latía a mil por hora, se arrodilló a su lado y lo movió, estaba mojado por la lluvia incesante, estaba muy herido, parecía no respirar.

—¡¡Max!! Por favor, no... ¡¡No te mueras!! ¡Por favor...! ¡No!! No..., no me hagas esto, te lo suplico, ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? ¡Debió atropellarme a mí!, No, por favor, no te mueras..., ¡¡¡Max!!!

La lluvia se mezclaba con la sangre de Max, el cual yacía en el suelo, sin moverse, Tommy lo abrazaba mientras lloraba desconsoladamente.

En ese momento su mente recordó algo que había olvidado, o que intentó olvidar...

—¡Es cierto! —decía un pequeño Tommy, tendría unos ocho años en esa época.

—No, no lo es, sé que tú hiciste trampa. —Max se levantó y miró debajo de Tommy.

Ambos estaban jugando a las cartas en el cuarto de Max, hacía años de eso, aún iban a primaria.

—¡¡Lo sabía!! —Max sacó dos cartas de debajo del cojín donde Tommy estaba sentado.

—Espera, puedo explicarlo.

—No, Tommy, me engañaste, eres un tramposo y no jugaré más contigo.

—Por favor, Max, no seas así, te prometo que no lo haré más, ¿Sí?

Max se levantó y se fue dejando a Tommy en el cuarto, estaba muy enfadado por haber hecho trampa, ya que a Max esas cosas no le gustaban, pero ya no podía echar tiempo atrás.

Tommy esperó a Max, pero este no llegaba, así que decidió jugar a la consola, pero no la encontraba, buscando, en sus manos fue a parar el diario de Max.

—No sabía que Max tenía un diario, voy a leerlo. —dijo Tommy.

Sin saberlo, leería algo que cambiaría su vida para siempre.

Entre las páginas leía las cosas que le pasó a Max, también leía cuando jugaban juntos, hablaba de sus amigos y llegó a cuando hablaba de chicas, lo raro, es que no hablaba nada de chicas, sino de chicos, en una parte de su diario ponía;

"Me siento muy mal por no poder decirle cuanto le quiero, no sé por qué siento estos sentimientos por un chico"

Tommy no entendía lo que leía, prosiguió leyendo.

"¿Estaré enfermo?, porque el novio de mi mamá dice que los chicos que gustan de otros chicos están enfermos, debo decirle a mi mamá que me lleve al médico y que me cure porque no quiero sentirme así, pero me da miedo contarle, me da mucho miedo como se lo tome, el novio de mi mamá me dijo que ella no debía saberlo, creo que es algo muy grave, puede que me muera si no me curan, el novio de mi mamá dice que para curarme esté con muchas chicas, sí, es lo mejor"

Ante eso, Tommy se asustó y por miedo a que Max lo descubriese, puso el diario de nuevo en su sitio.

El ruido de una ambulancia regresó la mente de Tommy a la realidad, tenía a Max en su regazo, su sangre encharcaba todo su alrededor mezclándose con el agua de la lluvia.

—¿Cómo pude olvidar algo así? —murmuraba Tommy—. A partir de aquel día veía de forma diferente a Max, me di cuenta de que tenía los mismos sentimientos que él, al que seguro su padrastro se encargó de quitarle de la cabeza el ser así, por eso se comportó así conmigo...

Puede ser, quizás su padrastro descubrió el diario, por eso de chico a veces venía con moratones, el padrastro de Max le pegaba, no era por portarse mal, ahora todo encaja, salía con chicas para fingir, quizás su subconsciente lo mantuvo engañado a sí mismo sin aceptarse, no queda otra explicación, Tommy empezó a entender el rechazo de Max.

Mientras Tommy divagaba y su mente se llenaba de recuerdos y pensamientos, a la distancia se podía ver a ambos chicos, uno en el suelo sin aparente respiración y otro abrazado a él mientras la lluvia se mezclaba con las lágrimas de sus ojos, la ambulancia se detuvo y dos hombres salieron de ella para atender a Max, mientras un grupo de personas se quedaba mirando y observando la situación.

Tommy vio como la ambulancia se alejaba con Max dentro de ella, no le dejaron subir, se quedó allí parado sin saber qué hacer, alzó la vista hacia el cielo, el agua de lluvia golpeaba su cara, mezclando sus lágrimas, levantó la mano y pudo ver la venda improvisada de Max en ella, sí, era importante para Max, podía perdonarle, era su mejor amigo y aunque le había hecho tanto daño, estaba dispuesto a perdonarlo, observó la ambulancia en la distancia y corrió tras ella.

( Continuará... )

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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)

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sábado, 13 de agosto de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 6 ''Dolor e impotencia''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 6 ''Dolor e impotencia''

Los primeros días fueron muy duros para Max, sobre todo porque María ya no estaba en la escuela tras graduarse, de nada servía salir con chicas o distraerse con actividades extraescolares, él quería a Tommy de nuevo a su lado.

Quería que todo fuese como antes de aquel día en el que le robó la inocencia sin él haberse dado cuenta, se arrepentía mucho, demasiado, nunca se perdonaría el daño que le causó a su mejor amigo.

Y aunque su nueva amiga Susana le hacía compañía, no era lo mismo...

—¡Max! —el grito del profesor lo devolvió a la realidad—. Te hice una pregunta.

El profesor miró desafiante a Max, sin saber qué pregunta le hizo, estaba como hipnotizado.

—Perdón profesor me encuentro un poco mal, ¿puedo ir al baño? —mintió Max, aunque no del todo, sí que se sentía mal.

El profesor miró con dudas al chico, suspiró y le consintió.

—Está bien, pero no tardes ni me hagas ir a por ti, ¿entendido?

Max salió de clase y se dirigió al baño, su mirada estaba perdida en el suelo, no sabía cómo acercarse a Tommy, entonces escuchó unas voces en bajo tono, como si no quisieran ser escuchados, una de las voces le resultaba muy familiar, era la voz quebrada de Tommy.

—Sabes que te pagaré, solo dame un poco más de tiempo. —pedía Tommy en voz baja.

—Mira chaval, yo necesito cobrar la pasta, de lo contrario tendré problemas, y si yo tengo problemas..., tú tendrás problemas, ¿entiendes?

Tommy afirmó con la cabeza, Max se asomó por la esquina que doblaba el pasillo y pudo ver a un chico de último curso junto a su mejor amigo, es decir, dos años mayor que ellos, tenía a Tommy contra las taquillas, el brazo del chico tenía inmovilizado a su amigo.

—Te juro que mañana tendrás el dinero. —respondió Tommy nervioso.

El chico, de aspecto robusto y pelo ondulado, tenía un tatuaje en el cuello, también varios pendientes en la oreja de color plateados, Max reconoció al chico, era uno de mala vida, siempre faltaba a clase y cuando acudía causaba problemas, vamos, una persona de la que era mejor estar lejos.

—Eso espero enano... —el chico miró a Tommy de arriba a abajo y le sonrió—. De lo contrario me cobraré el dinero de tu piel.

—Toma. —el chico le metió a Tommy en el bolsillo de su sudadera, lo que parecía una bolsa muy pequeña, transparente, el interior estaba lleno de pastillas, ¿eran drogas?

Max no daba crédito.

—Mañana ya sabes. —dijo el chico frunciendo el ceño y señalando con el dedo hacia la cara de Tommy de manera amenazante.

Tommy afirmó con la cabeza y el chico se alejó, entonces aprovechó para entrar al baño de chicos que tenía frente a él, Max fue detrás y esperó un rato, respiró hondo para al fin tener fuerzas y entrar, una vez abrió la puerta, jamás pensó lo que iba a ver, Tommy estaba de espalda, sacaba varias pastillas de la bolsita.

—¡¡Qué haces!! ¿¡Te volviste loco!? —gritó Max.

—¿¡Qué cojones!? ¿Me estás siguiendo? —Tommy, alertado por Max, se giró asustado y guardando la bolsita de nuevo en su bolsillo.

—No, yo venía al baño, ¿te estás drogando? —preguntó Max mientras se acercaba y con su mano intentaba detener a Tommy.

—¡Claro que no! ¡¡Son pastillas para el dolor, desde el accidente las tomo!! —Tommy se dio cuenta entonces de que estaba dando explicaciones, que no tenía por qué dar y menos a Max.

—¿Para el dolor?, si el médico no te las receta es que no son buenas...

Tommy miró con odio a Max y cambió su actitud a una de rencor y odio.

—Espera, ¿a ti qué te importa chaval? ¡Anda y pírate! —con un empujón, Tommy echó atrás a Max haciendo que este chocase con la pared.

Max se dio cuenta lo cambiado que Tommy estaba, era encarado y mal hablado, además vestía muy diferente, parecía un chulo de esos barrios bajeros, ya no quedaba nada de su mejor amigo, nada...

Tommy se disponía a salir del baño cuando Max le sujetó del brazo y le quitó la bolsa de pastillas. Inmediatamente, Tommy lo empujó contra la pared y recuperó lo que era suyo.

—No vuelvas a tocarme nunca, jamás, sino... —amenazó Tommy a Max con rabia.

—¿Si no qué? ¿Me vas a pegar? —Max, retando al que una vez fue su amigo, no le apartaba la mirada, se la aguantó hasta que Tommy aflojó la sujeción y le soltó.

—Mira, yo cumplí mi parte y me alejé de ti, hazme el favor y déjame en paz.

—Pero Tommy, tú me importas, eres mi mejor amigo, no te quiero perder..., por favor. —Max suplicaba a Tommy, pero este ignorando las palabras de Max, encendió el grifo de agua y se lavó las manos en el lavabo.

Max esperaba una respuesta, observaba como Tommy cerraba el grifo y le miró con tristeza a los ojos, entonces Max se fijó en las ojeras de Tommy, se denotaba que había sufrido mucho, Tommy lo miró como si quisiera aceptar sus disculpas, pero no fue así.

—Solo eres un niñato egoísta de mierda, que siempre ha pensado en sí mismo, hazme el favor de una vez y aléjate de mí, no te soporto, no quiero ver tu cara, lo que llegase a sentir por ti en el pasado se ha convertido en odio, asco y repulsión.

Acto seguido se alejó abriendo la puerta del baño y echando una última mirada a Max.

—Además, ¿qué dices de no perder mi amistad?, ¿acaso tú sabes lo que es perder algo? —Tommy le lanzó una mirada de odio y salió del baño cerrando la puerta tras de sí.

Max se quedó allí, mirándose al espejo, su mirada era de impotencia, todo esto lo causó él, sabía que si él sufrió por su pérdida, Tommy debió sufrir mucho más aún, y por cómo lo trató y como lo repudió, su dolor y odio eran mayores de lo que imaginó.

De sus ojos empezaron a escaparse pequeñas lágrimas mientras se imaginaba como Tommy de ser un chico inocente, bondadoso y tan bueno con los demás, pasó a ser todo lo contrario, arisco y mal hablado, ahora Max se sentía miserable, ojalá pudiese dar tiempo atrás, pero era algo que no podía hacer.

Los días siguieron pasando y Max aún tenía la esperanza de recuperar la amistad del que una vez fue su mejor amigo, pero a cada día que pasaba sabía que sería más difícil, tenía que primero hacer ver a Tommy que su vida actual era un error, que él no era así.

Mientras tanto, Tommy estaba en Internet, en su tristeza y soledad ahogaba sus penas navegando por las webs, era por la tarde, la lluvia no cesaba, a finales de Septiembre, de repente, le llegó un correo a su bandeja de entrada, el remitente era desconocido.

El mensaje decía:

"Hola Tommy, soy un amigo que lleva mucho tiempo observándote, me gustas mucho y me gustaría poder demostrarte mi amor hacia ti, sé que no sabes quién soy, pero dentro de mí, sé que vendrás a la dirección de abajo, dentro de una hora, te espero"

Tommy estuvo pensando, era Max, sin duda, solo él sabía que era gay, se vistió y se marchó hacia el destino que le dijo, le iba a reventar la cara, cuando llegó, era un edificio abandonado muy tétrico, entró y empezó a indagar, pero por mucho que buscó, no había nadie, Max se estaba burlando de él, seguro.

—Sabía que vendrías. —una voz provenía del fondo, de la oscuridad, se podía ver una figura alta y bastante esbelta, era el chico que le paso las pastillas para el dolor el otro día.

—¿Qué haces tú aquí? —Tommy estaba sorprendido y a la vez asustado, dentro de él temía que algo malo iba a ocurrir.

—Tommy, quiero hacerlo contigo, aquí y ahora.

—¿Hacer qué? No entiendo...

El chico se abalanzó sobre Tommy y le intentó besar en los labios, este puso resistencia, pero el chico era varios años mayor que él y tenía mucha más fuerza.

—Te dije que, si no me pagabas, lo cobraría en tu piel. —y acto seguido lo sujetó con furia por la cintura, el chico lo siguió besando, tocando, palpando su cuerpo, Tommy intentó resistirse e iba a gritar, pero sabía que nadie le ayudaría.

Entonces recordó a Max, su mejor amigo, el mismo que le dio la espalda, el que le llamó maricón, anormal, la misma persona en la que confió y le contó su secreto, su mayor secreto, la cual le repudió y dejó de lado, Tommy comenzó a llorar, le daba todo igual.

Unos segundos antes quizá Tommy se hubiera negado con más fuerza, y hubiese salido corriendo de allí, pero ahora simplemente se dejaba hacer, no tenía fuerzas a seguir negándose, si era un castigo por llevar la vida que llevaba, que así fuese.

El chico arrastró con fuerza a Tommy y lo lanzó en un colchón viejo y abandonado que había en el suelo, bastante grueso y de color blanco oscuro.

Tommy sintió como el chico intentaba quitarle su ropa, seguía resistiéndose, le empujó con todas sus fuerzas hasta lanzarlo contra la pared, sentía miedo, estaba paralizado, no sabía qué hacer, ¿lo iba a violar ese chico?, ¿qué podría hacer para enfrentarse a alguien más fuerte, grande y violento que él?

En ese momento se escucharon ruidos fuera del edificio, parecía el sonido de una moto aparcando cerca, el chico, alarmado, se subió la ropa antes de poder actuar, Tommy aprovechó para levantarse y salir corriendo con velocidad mientras no podía evitar llorar.

Asustado, miró atrás por si el chico le seguía, justo cuando al estar a punto de salir del edificio chocó con otro chico cayendo de culo al suelo.

—¿Estás bien? —el chico, que permanecía de pie mirándole, tenía la cara llena de pecas, le tendió la mano con preocupación mientras a su vez echaba un ojo dentro del edificio, pero no había nadie, el chico de cuarto curso quizás se marchó por detrás.

—Sí... —murmuró Tommy, que, sujetando la mano del chico pelirrojo, logró ponerse en pie con su ayuda y se limpió las lágrimas de su cara.

—¿Seguro? Parecía que huías de algo, es que te vi a la distancia entrar en este edificio y me pareció raro, ya que este edificio lleva abandonado mucho tiempo, por cierto, me presento, me llamo Kenny, ¿y tú?

Tommy observó al chico pelirrojo, de nombre Kenny, detrás de él había otro chico con un casco en la cabeza, estaba sentado en una moto, observando sin intervenir la situación, ambos parecían de la misma edad que él.

—¿Y bien?, ¿necesitas que te llevemos a algún sitio?

Aunque el chico parecía amable, y además le resultaba familiar, Tommy negó con la cabeza, aún estaba alterado, por lo que el de cuarto curso estuvo a punto de hacerle, por lo que negó la propuesta de Kenny.

—No, gracias, estoy bien, solo necesito volver a casa, iré a pie, gracias.

—Como quieras, ya nos veremos, cuídate. —dijo Kenny, que se acercó a su amigo y tras ponerse el casco en la cabeza, se montó en la moto detrás del otro chico y se marchó.

Tommy los observó en la distancia, pensativo, sentía mucha rabia, aún le dolía el pecho, esa sensación de humillación e impotencia que sintió cuando el de último curso lo estaba sometiendo..., si no llega a ser por esos chicos, quizás ahora..., entonces lo recordó.

El chico pelirrojo era el mismo que estuvo en el baño de aquella cafetería, cuando le confesó a Max su orientación sexual, ese chico los interrumpió, sí, era el mismo, ¿qué hacía allí? Parecía su ángel de la guarda.

Tommy apretó los puños con fuerza y de sus ojos comenzaron a salir lágrimas, de nuevo recordó ese día, corrió todo lo que pudo sin mirar atrás, hasta llegar a una zona donde había un parque, recordaba ese parque, en él jugaba con Max muchas veces, sobre todo en verano.

Una vez dentro del parque, seguía sin poder eliminar ese sentimiento de angustia, se sentía muy mal, tuvo mucho miedo y se sintió inferior e impotente, se sentía fatal y horrible, se dirigió al parque donde antes siempre jugaba con Max.

Se metió en uno de los columpios y empezó a llorar desconsoladamente sin poder evitarlo, su corazón se desgarraba segundo tras segundo, quería morirse.

¿Por qué todos se aprovechan de su bondad? Estaba ya cansado de sufrir, no quería vivir, no podía estar sin Max, sí, lo amaba, amaba a Max y el saber que jamás estaría con él, que ya nada sería como antes y que perdió todo cuanto tuvo, por ser así, por ser diferente, por ser un maricón, como dijo Max, como le llamó la persona que él amaba, odiaba ser un maricón, odiaba ser lo que su amor odiaba.

Se acurrucó y siguió llorando durante mucho tiempo, pensaba en todo lo que le había pasado, en parte culpaba a Max, porque si no hubiesen dejado de ser amigos nada de esto habría sucedido, se sentía muy mal, pero también sentía odio, siguió pensando en todo lo que se le pasó por la cabeza hasta que se quedó dormido, tirado en el suelo del columpio, donde nadie lo podría ver.

( Continuará... )

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