miércoles, 17 de febrero de 2016

Mi primito - Capítulo 1 ''Un juego peligroso''

 

Capítulo 1 ''Un juego peligroso''



Tras el sonido de un relámpago, la luz de casa se fue, la tormenta estaba azotando muy fuerte en el pueblo, justo el día en el que mi primo llegaba a casa.

Vivíamos en una casa en una urbanización de las afueras del pueblo, nos mudamos aquí cuando yo era muy pequeño, apenas lo recuerdo, costó mucho acostumbrarse al nuevo hogar.

Hablando de mi primo, apenas le conozco de cuando éramos pequeños, él vivía en Canadá, pero sus padres fallecieron tras la explosión de gas en casa de una vecina, él no estaba en ese momento en su casa, por lo que tuvo mucha suerte, desgraciadamente no tenía con quién quedarse, y mi madre, hermana de su madre, era su madrina, así que decidió adquirir la custodia.

Ah, es verdad, me presento, me llamo Kyle, soy un chaval de catorce años, estoy cursando tercero de secundaria, mi cabello es un poco ondulado corto, oscuro, de piel blanca y ojos avellana, tengo algunas pecas en nariz y mejillas, mido unos 170 centímetros, me considero guapo, de hecho tengo una novia desde hace unos meses, aunque mi madre no lo sabe, es muy estricta, sobre todo conmigo...

Pero bueno, como decía, mi primo llegaba hoy por fin, estaba nervioso, no sé cómo era actualmente y como dije, llevaba sin verle muchos años, sé que tiene mi edad, catorce años también, aunque él nació en Noviembre y yo en Febrero, así que él cumpliría los quince antes que yo.

Kyle, ¿Puedes bajar al sótano y ver si puedes dar la luz? —mi madre me apuntó con una linterna a la cara.

Voy, mamá. —tras su orden, bajé al sótano, estaba todo muy oscuro y el ruido de la lluvia y truenos no ayudaban a mantener en calma mis nervios, miré los fusibles y al alzarlos hacia arriba volví a dar la luz, suspiré y volví a mi cuarto, desde la ventana esperé la llegada de mi primo.

Mi madre era una mujer bastante alta, mediría 180 centímetros, siempre le gustaba ir con tacones, era taquígrafo, sí, se dedicaba a escribir durante los juicios, aunque también es escritora, había escrito ya dos libros, libros infantiles.

El timbre de casa sonó y me despertó, me había dormido, miré la hora, era casi de madrugada, bajé corriendo y mi primo estaba en la entrada de casa, fue abrazado por mi madre, la cual estaba muy feliz por su llegada.

Estaba tan feliz, que ignoré la mirada que me echó mi primo, escudriñó todo mi cuerpo, observándome, analizándome, también me di cuenta de lo cambiado que estaba a como lo recordaba cuando teníamos unos siete u ocho años, y es que mi primo siempre había sido más bajito que yo, por lo que había pegado un gran estirón, estaba muy alto, mediría unos dos o tres centímetros más que yo, estaba muy cambiado.

Que por cierto, no os comenté sobre su aspecto, de unos 172 centímetros, delgado, pelirrojo con el cabello a media melena, y ojos verdes, sí, mi primito era muy guapo, de pequeños eramos inseparables, siempre jugaba conmigo y lo pasábamos muy bien, aunque ahora sus rasgos eran más definidos, tenía un corte en la ceja y un pendiente en la oreja, antes no los tenía.

Bueno, antes de que se me olvide, debo dar más datos de mi vida, no era una vida fácil, mi madre pasaba de mí, siempre estuvo distante conmigo, pero no la culpo, ella tuvo un accidente donde murió mi padre y se culpa por ello, a veces me llegó a soltar que debí morir yo en lugar de papá, aunque no lo se lo tengo en cuenta... ¿es mi madre, no?

Eso sucedió cuando yo era muy pequeño, tenía unos cuatro años, así que mi madre lo pasó muy mal, apenas tengo recuerdos de mi padre, de hecho, no tengo ninguno, solo hay un vídeo donde estamos en un río y él juega conmigo, lo tenía guardado en mi cuarto, a veces cuando me siento solo, lo veo en silencio, me hace sentir mejor...

Me alegro de estar aquí, tía, espero no molestar. —dijo mi primo Erik, que así se llamaba.

Yo también hijo, estoy tan feliz, voy a traerte algo de cenar, estarás hambriento por el viaje tan largo, ¿viniste solo?

No, me trajo una asistente social. —señaló hacia un coche, había una mujer que hizo el gesto de despedida, se subió al vehículo y se marchó.

Mi madre se alejó a la cocina y mi primo Erik observó el salón de casa, sin querer mirarme, parecía evitarme, observó las fotos familiares.

La casa..., es acogedora... —dijo con un tono desganado, entonces me miró y soltó la maleta en el suelo, iba con unos vaqueros desgastados ajustados y un jersey de color negro.

Bajé la mirada confuso, no sabía si abrazarlo o darle la mano, había pasado tanto tiempo..., ahora lo veía distinto, y lo de sus padres era reciente, no había pasado ni tres semanas.

Siento lo que te pasó...

Prefiero no hablar de eso.

Perdona. —dije con un poco de mal sabor de boca.

Bueno, será mejor que vaya a mi cuarto, estoy reventado. —dijo Erik.

Entonces nos interrumpió mi madre.

Sí hijo, mira, llévate esto y te lo comes antes de ir a dormir. —mi madre llegó con un plato lleno de frutas y un sándwich de atún y queso.

Kyle, enséñale su cuarto a tu primo. —ordenó mi madre.

Sí mamá...

Gracias tía. —mi primo sujetó el plato y recogiendo de nuevo la maleta subió las escaleras siguiendome detrás, cruzamos el pasillo hasta llegar al final.

Esta será tu habitación. —abrí la puerta y pudo ver su nuevo cuarto, paredes blancas, una cama nido blanca también, el suelo era de moqueta azul oscuro, un escritorio de madera, un armario de roble oscuro y una gran ventana.

Esta..., guay, gracias. —entró y dejó la maleta encima de la cama, se sentó y dejó el plato en el escritorio, no tenía buena cara, pero seguía intentando evitarme.

Mi primo dormiría en la habitación del fondo, la más grande, era el despacho de mi padre, pero él ya no iba a usarlo..., mi cuarto daba frente a las escaleras, había un baño entre nuestras habitaciones, mientras que mi madre dormía en el cuarto de abajo, que era el más pequeño, no le gustaba subir escaleras, además que tenía baño abajo también solo para ella.

Bueno, que descanses. —me marché cerrando su puerta y me fui a mi cuarto, me tumbé en la cama y apagué la luz de la lamparita de mi mesita, la tormenta había amainado un poco dejando paso a una ligera lluvia, los cristales de mi ventana eran golpeados por ésta, el agua caía por ella, me quedé relajado y me dormí mirando el efecto del agua sobre ella.

Una mano tapando mi boca me despertó sobresaltado, me giré y vi a mi primo.

Tss, calla, soy yo. —dijo con tono serio y susurrante, para evitar despertar a nuestra madre abajo.

¿Pasa algo? —pregunté en voz baja.

Mi primo se sentó en la cama y yo me incorporé, la habitación estaba muy oscura, intenté encender la luz de mi lamparita de Batman pero mi primo sujetó con fuerza mi mano, me hizo daño.

Me haces daño. —dije asustado, notaba a mi primo diferente.

Perdona, no enciendas la luz.

Apenas te veo. —le repliqué.

Lo sé. —tras sus palabras, suspiró y se acercó más a mí.

Mis ojos se hacían cada vez más a la oscuridad y podía distinguir mejor todo, incluyendo a mi primo, que estaba sin camiseta, solo llevaba el pantalón del pijama, lo vi raro porque hacía un poco de frío, el típico frescor otoñal de Octubre.

Debo contarte algo, primo. —sus palabras parecían serias, se colocó un mechón de cabello que tenía en la cara tras su oreja y me miró, sus ojos, verdes, penetraban los míos, buscando alguna respuesta a sus palabras.

Cla..., claro, ¿qué pasa? —pregunté confuso.

Verás..., no sé cómo decirte esto...

Su respiración aumentaba cada vez más, estaba nervioso y yo también empezaba a ponerme nervioso, estar ahí a oscuras y hablando en susurros no ayudaba.

Mis padres, yo los maté. —confesó.

No dije nada, no supe qué decir.

Y..., a veces, te veo y pienso que acabarás como ellos...

¿Qué? ¿Estás loco? —pregunté alterado.

Sí, así que..., no te me acerques, ¿vale? —se levantó tras su amenaza y cerró la puerta de mi cuarto por fuera.

Me levanté instintivamente y moví mi cómoda haciendo que la puerta no pudiese abrirse de manera sencilla, me senté en la cama, mi corazón latía a mil, y mi mano izquierda temblaba, la cara de mi primo y sus frases me habían acojonado.

Me costó conciliar el sueño, no sé si apenas dormí, al día siguiente bajé a desayunar, mi madre estaba haciendo las tostadas para irse a trabajar y tomándose un café, iba con su traje gris clásico.

Buenos días. —dije—. ¿Y Erik? —pregunté preocupado.

Déjale descansar. —mi madre terminó de tomarse el café y lo dejó en el fregadero—. Yo tengo que irme que hoy tengo una vista temprano, ah, no llegues tarde a clase.

Mi madre me acarició el cabello mientras yo me sentaba en la mesa y untaba la tostada con mermelada de fresa, en ese instante entró en la cocina mi primo, ya estaba vestido, con el mismo vaquero con el que llegó a casa, una camiseta blanca y una chupa de cuero negra.

Ni me miró, se acercó al frigorífico y sacó un cartón de leche para beber de él, entonces se dio cuenta que no le quitaba ojo de encima, dejó de beber y me miró.

¿Qué pasa? —me preguntó y cerró el frigorífico acercándose a mí, dejó la leche cerca de donde yo estaba y se sentó a mi lado.

Nada... —dije, estaba muy confuso.

¿Seguro? Estás raro... —su sonrisa me ponía nervioso, entonces sentí su mano en mi pierna—. ¿Qué ocurre primito?

Me levanté como un resorte, él se dio cuenta y me miró confuso.

¡¿Qué haces? —mi primito cogió un trapo e intentó secar la leche del cartón que había derramado tras levantarme bruscamente.

Nada, esto..., lo de anoche..., ¿Por qué dijiste eso? —le miré de forma recriminadora.

¿Qué? —mi primo terminó de secar la leche derramada y lanzó el trapo al fregadero—. ¿De qué hablas? ¿Qué dije?

Su actitud de confusión, me confundió aún más, ¿Lo habría soñado? No, imposible, fue muy real.

¿Te acompaño a la escuela? —preguntó Erik mientras mi cabeza daba vueltas—. Así de paso me registro para ir yo también.

No..., me viene a recoger un amigo. —dije cortante—. Será mejor que me cambie.

Subí a mi cuarto y me cambié con rapidez, me puse unos pantalones cortos vaqueros negros oscuros y una camiseta gris, tras ponerme mis zapatillas rojas, recogí mi mochila y bajé a la cocina, mi primo ya no estaba, en ese momento sonó el timbre de casa, era mi amigo.

Hola. —saludé a mi amigo tras abrir la puerta y salir de casa.

Buenos días Kyle, ¿qué tal todo? —preguntó mi amigo, era un chico un poco más alto que yo, de la misma altura que mi primo, estaba muy delgado, demasiado, cabello castaño y ojos marrones.

Bien. —mentí.

¿Seguro? Te noto raro, ¿es por tu primo? ¿ya está en casa?

¿Qué? —le miré alterado.

Pues, ¿que si es por la llegada de tu primo que estás así de raro?, ¿no me dijiste que venía ayer?

Ah..., sí, sí, será por eso, estoy un poco..., ya sabes... —mentí de nuevo, por un momento pensé que Mike sabía algo, pero era imposible—. Bueno, vamos a la escuela.

¿Y tu primo? ¿No va a ir a registrarse en la escuela?

No sé, que se busque la vida. —dije.

Salimos hacia la calle y caminamos hacia la escuela, durante el camino mi amigo Mike me hablaba de cosas, videojuegos, fútbol..., etc, pero mi cabeza solo pensaba en una cosa, en la amenaza que me dio mi primo Erik.

No dejaba de pensar en lo sucedido anoche, sé que no fue un sueño, fue real, joder si fue real, por mucho que mi primo lo negase, por mucho que intentase hacerme ver que era un sueño de mi ya perturbada mente, sabía perfectamente que pasó de verdad, confesó haber matado a sus padres y después me amenazó a mí, pero, ¿por qué? Él nunca se comportó así. ¿Quizás me puso a prueba? ¿Era un juego?

Kyle, pareces distraído, ¿qué te pasa? —Mike me miraba esperando respuesta, ya habían pasado varias horas, estábamos en el comedor escolar.

No es nada, es solo que...

¿Qué? —preguntó, sabía que algo me pasaba.

Nada...

¿Seguro? Ah, recuerda que la semana que viene vamos de excursión al lago, ¿entregaste el formulario? —Mike me observaba mientras bebía de su batido de fresa.

No contesté, sabía que sería difícil pedirle a mi madre dinero para la excursión, nuestra economía siempre fue deficiente...

Era la hora del almuerzo, Mike y yo almorzábamos en el comedor de la escuela.

¡Eh!, Kylecito, me han dicho que tu primito se vino a vivir a tu casa, ¿Es verdad? —la voz era de Michael, el subnormal de la escuela, él y su banda de idiotas me molestaban desde primer curso.

Michael se acercó con la bandeja y se sentó frente a mí, sus dos amigos se sentaron cada uno a su lado. Michael era un chico más alto que yo, los tres eran repetidores de curso, Michael tenía una media melena que casi le llegaba a los hombros, cabello color oscuro, como sus ojos, además, tenía un pendiente pequeño circular en el lóbulo de la oreja derecha de color plata.

Luego estaban sus dos amigos, de casi mi altura, por un lado estaba Joaquín, un chico rubio de pelo corto con muchas pecas y ojos oscuros, por el otro lado estaba Santiago, otro chico de cabello oscuro y ojos oscuros, los tres, te piel blanca como la leche, me miraban sonriendo, estaba cansado de ellos, siempre se burlaban o metían conmigo o con Mike, pero sus burlas se intensificafan en mí.

Te hice una pregunta, idiota. —Michael chasqueó los dedos cerca de mi cara.

¿Qué te importa? —le repliqué mientras me levantaba con la bandeja, quería alejarme de ellos, Mike me siguió.

Uhh, se nos pone gallito. —dijo Michael, entonces su amigo rubito me hizo la zancadilla y caí al suelo y la bandeja con mi almuerzo cayó al suelo.

Me levanté como un resorte para plantarle cara pero Michael se puso delante de su amigo.

¿Qué? ¿Quieres pelea? —Michael se lamió los labios mientras me sujetaba con fuerza del cuello de la camiseta—. Sabes, dicen que tu primo lo pasó tan mal que se ha vuelto loco, seguro que él mató a sus padres, está tan desquiciado como tú.

¡Cállate! —sin pensar le di un puñetazo en toda la boca, no le aguantaba más.

Tras mi golpe me tiró al suelo y los dos comenzamos a golpearnos, uno de sus puñetazos me dio en el ojo derecho, en ese momento varios profesores llegaron y nos separaron, y sí, me pusieron un parte y expulsión.

Cuando llegué a casa me tocó esperar en el porche, porque al parecer durante la pelea perdí las llaves, tuve que esperar a que mi primo llegase, me vio sentado en el suelo, con la mochila a un lado.

¿Qué haces tan pronto aquí, no deberías estar en clases? —mi primo Erik se acercó mientras yo me levantaba del suelo, abrió la puerta con las llaves que le dio mi madre y entré enfadado en casa—. ¿Se puede saber qué te pasa?

Nada. —dije sin mirarlo.

Erik me sujetó del hombro y entonces descubrió el moretón de mi ojo derecho.

¿Te han pegado? —preguntó.

No.

¿Y lo del ojo? —Erik me sujetaba impidiendo que me fuese.

No es nada.

¿Cómo que no es nada? —volvió a preguntar.

¡¡No es nada!! —con mis manos hice fuerza y le aparté de mi lado—. Mira, no me vengas ahora como el primo protector, anoche me amenazaste, así que ahora...

¿Ahora qué? ¿Vas a chivarte?

Me quedé callado tras su pregunta, mi primo suspiró y sonrió.

Mira, lo siento, me pasé, es que..., joder, no sé por qué te dije eso, no debí hacerlo.

¿Qué? —pregunté confuso—. Pero..., entonces..., ¿tú los...?

No..., pero, me siento culpable, ese día mis padres me iban a llevar a comer al chino, pero..., yo..., yo decliné la invitación para irme con..., en fin..., están muertos por mi culpa, aléjate de mí mejor.

Pero tú no sabías que pasaría eso...

Mi primo negaba con la cabeza, tras mis palabras subió a su cuarto cerrando de un portazo.

Yo no sabía qué hacer, además me dolía el ojo, me tumbé en la cama de mi cuarto para intentar dormir, al rato terminé cogiendo el sueño.

Las notificaciones del móvil me despertaron, miré al escritorio y cogí el móvil, era Mike, ya eran más de las ocho, empezaba a anochecer, suspiré con resignación y justo llamaron a mi puerta.

Kyle, soy yo, abre, sé que estás despierto, va, abre primo.

La voz de mi primo sonaba ahora más amistosa, abrí la puerta y entró sentándose en la cama.

¿Qué quieres? No estoy de humor. —dije mientras miraba en el móvil mis redes sociales, intentando mostrar indiferencia hacia él.

Vale, me he comportado como un idiota, lo siento, te amenacé y no estuvo bien, ¿me perdonas? —Erik se levantó y me quitó el móvil con lentitud, nuestras respiraciones chocaban entre sí, lanzó el móvil a la cama y posó su mano en mi mentón.

¿Qué haces? —intenté zafarme de él, pero sujetó con sus manos mis muñecas.

Erik, mi primo, se acercó a mí y me besó en la boca, nuestros labios se unieron en uno, mi corazón parecía que saldría del pecho, latía tan fuerte..., era como si galopara, galopaba a mucha velocidad, podía sentirlo.

Su lengua se introdujo en mi boca, era mi primer beso con lengua, sí, mi primer beso y era con mi primo, me dejé llevar, estaba hipnotizado, paralizado, flotaba, no entendía lo que me pasaba.

Durante el beso su mano se introdujo por debajo de mi camiseta y comenzó a tocar mi costado, sus manos estaban frías, el contacto de sus dedos me gustaba, él lo acariciaba, acariciaba mi cuerpo mientras nos besábamos, el timbre de casa sonó y entonces abrí los ojos por el miedo.

Nos separamos de golpe, Erik me miraba mientras sonreía y se relamía, yo en cuanto posó sus ojos en mí sentí vergüenza, aparté la mirada a un lado, no entendía lo que acababa de ocurrir.

El timbre volvió a sonar, respirando aún con dificultad cogí el móvil y bajé al piso de abajo, abrí la puerta y ahí estaba Celia, mi novia.

Ce..., Celia..., ¿Qué haces aquí? —pregunté nervioso mientras limpiaba mi boca de la saliva de mi primo.

Celia era una chica de mi edad y misma estatura, era una chica delgada, de cabello oscuro lacio y por debajo de los hombros, ojos marrones, su piel era blanca y su sonrisa me encantaba, estaba enamorado de ella desde que entró en secundaria.

Ehhh, ¿te has olvidado? —me preguntó mientras sacaba un folleto de su bolso—. Hoy es el cumple de Laura, mi hermana, ¡prometiste que me acompañarías!

Me entregó el folleto, sí, se me había olvidado, en el folleto anunciaban el cumple de su hermana en su gran casa, porque sí, Celia era de familia de dinero, sus padres, ambos, eran médicos, incluso su hermana quería serlo, aunque no me veían a mí con buenos ojos para su hija.

Parece interesante, me apunto, os acompaño. —la voz de mi primo detrás de mí hizo que mi corazón diese un vuelco.

¡¿Qué?! ¡No! Iré yo con MI NOVIA. —le remarqué la palabra ''mi novia'' mientras agrandaba mis ojos y le señalaba con el dedo de forma amenazante.

¿Es tu primo, ese del que tanto hablabas? Bueno, puede venirse, no habrá problema. —dijo Celia inocentemente.

¿Qué? —pregunté incrédulo.

¿Ves? Será divertido, además, quiero hacer amigos nuevos, me siento muy solo... —las palabras de Erik sonaban como si estuviese golpeando con un fuerte martillo mi cabeza, lo peor de todo es que mientras lo decía intentaba dar pena, el cabrón, hace unos minutos me había comido la boca, lo peor es que no supe reaccionar y dejé que lo hiciese.

¡He dicho que no! —insistí con enojo.

Vale... —Erik levantó sus manos en son de rendición y puso cara de puchero—. Sé cuando molesto, bueno, pasároslo bien, y no llegues tarde, sino tu mamá se enfadará.

Puse mala cara en forma de reproche y cerré la puerta dejándole dentro de casa, cogí de la mano a Celia para alejarnos cuanto antes de allí.

¡Espera Kyle! ¿Por qué tanta prisa? —preguntó Celia a los pocos metros recorridos.

Por nada, perdona... —le solté la mano y respiré con cierta tranquilidad ahora que sabía que Erik no vendría.

Bueno, sé que estás nervioso por mis padres, pero que no les gustes no significa que te odien, simplemente no te conocen como yo, no saben lo bueno que eres y lo feliz que me haces.

Sus palabras ahora no ayudaban precisamente, mientras caminábamos, Celia a veces me hablaba, yo solo asentía o le contestaba con palabras cortas, aún seguía un poco nervioso, además, me sentía culpable, había engañado a mi novia, espera, ¿la había engañado? digo, el beso fue con mi primo, y yo no lo busqué..., pero tampoco lo rechacé, ¿por qué?

Llevaba meses queriendo besar a mi novia y no había forma, ella quería ir lento, decía que ir rápido en las relaciones acaba jodiendo el amor, y mi puto primer beso con lengua ha sido con el imbécil de mi primo.

Es verdad, no lo busqué, pero me dejé, ¿por qué? mis dudas me mataban, la música sonaba cada vez más fuerte conforme nos acercábamos a la casa de Celia, era en un barrio adinerado, su casa era blanca y grande, muy grande.

Había algunos chicos mayores bailando y bebiendo refresco en el porche, al vernos saludaron a Celia, debían ser amigos de su hermana, de cuarto curso.

Entramos en la casa, estaba llena de chicos y chicas bailando, la fiesta estaba bastante bien, pude ver alguno de mis amigos bailando con alguna chica, caminé con Celia a la cocina, donde estaban sus padres hablando con otra pareja, serían los padres de algún amigo o amiga de Laura.

Al vernos llegar, me fijé como los padres me miraban de mala manera, no, no me aceptaban, por ser de familia pobre, me jodía, pero era la verdad, en parte los entendía, ellos querían a un chico que pudiese darle a su hija una buena vida..., me sentía mal.

Celia me dejó en la puerta de la cocina mientras hablaba con sus padres, la música empezaba a causarme dolor de cabeza, más del que ya tenía, en eso llegó Laura, la hermana de mi novia Celia.

Hola, pensé que no vendrías. —dijo Laura, una chica muy parecida a su hermana, cabello oscuro, pero liso, y muy largo, iba vestida con unos vaqueros y una blusa azul oscura, era un año y medio mayor que su hermana y que yo.

Ya, tu hermana es muy persuasiva. —dije cortante, tampoco es que fuese amigo de Laura, no era mala chica, pero tampoco me aceptaba del todo, a veces me hablaba, pero algo me decía que era porque su hermana se lo pidió.

Laura se percató de que no me atrevía a acercarme a sus padres.

No muerden ehhh.

Ya..., es que...

Un barullo de gritos me cortó, algo pasaba en la fiesta, me giré hacia el salón donde estaba toda la gente bailando, y entonces vi a mi pesadilla, mi primo.

Estaba en medio, con unos vaqueros rasgados, sin camiseta y cubierto de lo que parecía aceite, estaba bailando al son de la música con algunos movimientos obscenos, la gente le vitoreaba y él se vino más arriba.

Joder, ¿Quién es ese bombón? —preguntó Laura, que estaba boquiabierta, con sus dedos empezó a enrollarse el pelo.

Yo, aún congelado, solo podía ver como mi primo dejó de bailar entre aplausos y caminó hacia mí, ¡¡No puede ser!!

Solo pensaba en una cosa, ¡¡Trágame, tierra!!

( Continuará... )

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Creado (2016), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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miércoles, 14 de octubre de 2015

Jugando con Chucky - Capítulo 12 ''Motín'' (Final)

Capítulo 12 ''Motín'' (Final)

La puerta se abrió del todo y vimos entrar a tres chicos.

¡Ahora! —con ayuda de Álvaro, les dimos un empujón a los chicos y éstos cayeron en la cama que había en el suelo, aprovechamos para salir corriendo—. Rápido, debemos salir de este infierno.

Sígueme, yo conozco más esto. —dijo Álvaro.

Recorrimos el pasillo y la puerta metálica estaba abierta, la cruzamos y seguimos todo recto, escuchamos como los tres chicos nos seguían y el barullo que se había formado en el patio, Álvaro me sujetó de la mano y me hizo entrar en una habitación.

Escondámonos aquí. —dijo, arrastrándome a un cuarto que parecía de hospital, había una camilla y un foco de luces parecido a los que se usan en las clínicas dentales.

Permanecimos en silencio esperando que nadie entrase, pero era demasiado bonito, fuera escuchamos pasos, a los segundos, los tres chicos que nos seguían entraron en la habitación.

Se acercaron y nos vieron acurrucados detrás de la camilla, uno de ellos llevaba un bisturí en la mano.

Levantaros. —dijo el que parecía el líder, un chico delgado y alto, con varios cortes en el cuello y cara, era de cabello corto oscuro y ojos marrones, tendría unos tres o cuatro años más que nosotros.

Sus dos secuaces se acercaron a nosotros y nos sujetaron con fuerza, por mucho que nos resistíamos, eran más grandes y fuertes que nosotros.

¡Suéltanos idiota! —grité revolviéndome.

El líder se acercó con el bisturí en su mano y apuntó al cuello de Álvaro.

Esto por haberme empujado, cabrón. —dijo el chico, que sujetó con fuerza el bisturí para cortar el cuello de Álvaro.

Entonces la luz se apagó, nos quedamos a oscuras, el chico se giró de manera intimidatoria hacia la puerta.

¿Quién apagó la luz? —preguntó con cierto enfado, sus amigos negaron con la cabeza sin saber.

Su chillido nos alertó, alguien le había cortado en los tobillos, haciendo que cayera al suelo.

¡Hijos de puta! —gritó de dolor y soltando el bisturí—. ¡¿Quién ha sido?!

Escuchamos unos pasos corretear y la máquina que había cerca de la cama cayó al suelo, uno de los compañeros que vinieron detrás de nosotros soltó un grito y cayó al suelo llevando sus manos al tobillo, alguien le cortó la pantorrilla y se retorcía de dolor.

Entre la confusión sujeté la mano de Álvaro, y tiré de él saliendo de allí a toda velocidad.

¿Dónde están nuestras cosas? ¿Dónde las guardan? ¡¡Cuando nos traen aquí nos las quitan, es importante!! —vi voz alterada por lo ocurrido interrogaba a Álvaro mientras seguíamos corriendo sin soltar su mano.

Álvaro, aun en shock por lo ocurrido, me miraba negando con la cabeza.

Está..., vale, sí, sé dónde es, sígueme. —dijo Álvaro, que ya más centrado salió corriendo y bajamos las escaleras.

El psiquiátrico estaba hecho un caos, todos se habían vuelto locos, intentamos pasar desapercibidos y llegamos al despacho del director, la puerta que tenía cerrada era la que Álvaro intentaba abrir.

¿Es ahí? Espera... —dije, mientras Álvaro golpeaba la puerta intentando abrirla, yo buscaba en los cajones del escritorio, hasta que, efectivamente encontré un manojo de llaves, las sujeté y abrí la puerta, encendí la luz y comencé a buscar mis cosas.

Recorrimos los pasillos buscando nuestras pertenencias.

¿Son estas tus cosas? —preguntó Álvaro acercándome una bolsa de plástico con cosas dentro, miré y sí, ahí estaba mi móvil y las llaves de mi casa.

Sí, buen trabajo. —saqué el móvil, sin batería, y me guardé mis llaves en el bolsillo—. Debemos salir de aquí.

Creo que no. —la voz de Chucky nos dio un susto de muerte.

Miramos y lo vimos en la puerta, la reacción de Álvaro fue de sorpresa.

Un..., un muñeco... —dijo sorprendido, aún no se lo creía.

Sí, un muñeco que quiere dejar de serlo, dame el Amuleto de Damballa. —ordenó apuntándome con su cuchillo.

¿Dónde está David? —preguntó Álvaro.

¿David? Ah, ¿Dices el chico ese medio lelo? Ahora está en un lugar mejor, y, si no me dais el libro, vosotros también descansaréis con él y con los tres subnormales que he degollado hace unos instantes.

Apreté mis puños y con fuerza tiré la estantería de objetos encima de Chucky, que quedó atrapado, aprovechamos y salimos corriendo.

¡Rápido! Salgamos de este infierno. —dije.

Corrimos como alma que lleva el viento y alcanzamos la salida, pero uno de los internos se acercó a mí y me propinó una puñalada en la tripa con lo que parecía un bisturí, afortunadamente pude esquivarlo y no fue muy profunda la herida, pero el dolor que sentí jamás lo había sentido.

Álvaro se lanzó contra él para defenderme, pero el chico era mucho más grande, le clavó una, dos y tres veces el bisturí.

¡¡¡Noooo!!! —empujé al chico y con un trozo de madera que había roto en el pasillo le di en la cabeza, cayó al suelo quejándose con dolor en la cabeza, sujeté a Álvaro y lo arrastré conmigo a la salida.

Efectivamente, muchos se estaban escapando, y había varios trabajadores muertos e incluso de seguridad.

Vamos, queda poco, si salimos seremos libres... —dije tirando de Álvaro.

No, espera, no puedo más, me duele... —Álvaro pesaba cada vez más, lo llevé a un árbol, lejos del psiquiátrico.

Vale, vamos a descansar aquí un rato. —lo apoyé con cuidado mientras en la distancia veíamos como la policía comenzaba a entrar en el sitio a poner orden, se escuchaban disparos.

Vete..., sigue tú... —dijo con la voz entrecortada, le miré y vi como tapaba con su mano una de sus heridas, no dejaba de sangrar y estaba muy blanco.

No..., no te dejaré aquí... —no pude evitar comenzar a llorar.

Me..., me muero..., vete, por favor..., hazlo por mí..., sálvate... —sus ojos se apagaban, me acerqué a él y lo abracé.

Lo, lo siento... —tras decir esto, le miré con impotencia, Álvaro no se movía.

No podía hacer nada, así que como un cobarde lo dejé allí, sentía un desasosiego enorme, tras de mí dejaba solo cadáveres, estaba maldito.

Con lágrimas en los ojos, corrí a toda velocidad hasta mi casa, entré buscando a mi madre, pero no estaba, subí las escaleras y entré en mi cuarto.

Abrí el armario y saqué la mochila de deporte, empecé a buscar y a revolver la ropa, ahí estaba, el amuleto.

Me senté en la cama y miré la herida que me hizo el loco con el bisturí, me dolía cada vez más, entonces miré a la casa de Jacob por la ventana, me llevé la sorpresa, estaba en su cuarto, ¡¡Sí!! ¡¡Estaba vivo!! ¡¿No había desaparecido?!

Corrí y abrí la puerta de su casa, subí hasta su cuarto y al abrir la puerta de su cuarto me vio con sorpresa.

¿To..., Tomi? —preguntó confuso.

Sí..., estás..., estás..., ¡¡Estás vivo!! —grité.

Nos abrazamos con fuerza, podía sentir su respiración, sí, era Jacob, no pude evitar llorar.

¿Cómo es posible? Dijeron que desapareciste... —dije.

Lo sé, Chucky me encerró en el sótano de la casa abandonada, dijo que me liberaría cuando consiguiera el Amuleto, grité y grité, pero nadie me escuchó, hasta que hace dos días escapé.

¿Por qué no dijiste nada a la policía? —pregunté.

Lo hice, pero no me creían, decían que si seguía así acabaría como tú, y mi hermano me obligó a callar, nadie me creía... —dijo cabizbajo.

Bueno, eso tiene fácil solución. —la voz de Chucky nos alertó y le miramos—. Dame el Amuleto pequeño hijo de puta.

Le miramos los dos aterrados.

Joder chaval, ¿te diste cuenta?, por donde vas mueren todos, dame el puto Amuleto y tu muerte será rápida.

¡¡Por tu culpa me jodiste la vida!! —grité y lo intenté empujar por la ventana, pero entonces sentí un fuerte pinchazo en mi abdomen, Chucky me había clavado su cuchillo de caza.

Chucky me miró con sorna.

¡No! ¡Tomi! —Jacob corrió a socorrerme, pero Chucky apuntó su cuchillo a mi cuello y le hizo detenerse.

Bien, ahora, dame el puto Amuleto. —ordenó.

Llevé mi mano al bolsillo y le di el Amuleto, al sujetarlo, Jacob aprovechó y se tiró hacia él, el cuchillo cayó deslizado por el suelo, ambos forcejeaban y en ese momento entró la novia de Jacob, habían quedado.

¿Qué coño son esos gritos? —Diana nos miró confusa y Chucky aprovechó para levantarse y coger el cuchillo, Daiana abrió la boca de par en par sorprendida—. ¿Qué cojones?

Chucky se lanzó contra Diana, y ésta de una patada lo empotró contra la pared, cayó al suelo y se metió debajo de la cama.

¿Eso era un muñeco? —Diana, asustada, no entendía nada.

Vi el cuchillo encima de la cama y lo sujeté con fuerza.

¿Se puede saber qué está pasando? —preguntó Diana.

Salgamos de aquí, corremos peligro. —dije asustado y agotado, me desangraba.

Empujé a Jacob y Diana fuera del cuarto y en ese momento Chucky se tiró hacia Jacob, cayendo ambos al suelo.

¡¡Hijos de puta!! —gritó Chucky.

¡¡No!! —empujé a Chucky y quedó bocarriba y yo encima de él, sujeté con fuerza el cuchillo y lo usé para atravesar su cuerpo varias veces sin parar.

¡Ya está, para! —Jacob me sujetó y nos echamos a un lado.

Chucky, inerte, no se movía, Diana se acercó sin entender nada, sujetó al muñeco y le arrancó la cabeza con fuerza.

A tomar por culo... —dijo Diana, y acto seguido tiró la cabeza a un lado.

Entonces escuchamos sirenas de policía, me senté con dificultad y podía ver toda mi sangre, me moría.

Vinieron a por mí..., incluso..., incluso si me salvo, acabaré de nuevo internado como un loco, ya no tengo vida. —dije llorando, por el dolor y la impotencia.

No digas eso... —Jacob también lloraba—. Además, Diana también lo ha visto.

¿Qué? No, no me metas en esto, no me creerán, pensarán que estamos encubriendo a un asesino...

Jacob miró con rabia a su novia, que bajó la mirada y salió de la casa, escuchamos como decía que yo estaba dentro.

Jacob intentó ayudarme a incorporarme, y escuché la puerta de la casa siendo pateada por la policía.

Están buscándome, vendrán aquí, es mejor..., es mejor que me entregue... —dije sin fuerzas.

¡No, no dejaré que te lleven! —gritó Jacob.

Escucha, por favor, no quiero arrastrarte conmigo, solo..., solo júrame que serás feliz, y que nunca me olvidarás.

Ambos seguíamos llorando, nos abrazamos, afirmó con la cabeza y me soltó entre sollozos.

Escuché a la policía acercarse a la casa de Jacob ahora, avancé con dificultad y abrí la puerta, la policía me apuntaba con sus armas.

En ese momento pensé, si vivir significaba acabar internado por unos crímenes que no cometí, lo mejor era morir, esa era mi sentencia.

Saqué el cuchillo con el que maté a Chucky, lo agarré con fuerza e hice como que iba a acuchillar a los policías...

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, y hasta seis disparos atravesaron mi carne, caí al suelo, podía ver a los policías acercarse a mí, mis ojos se comenzaban a cerrar, todo acabó, todo..., todo terminó.



FINAL

Tomás S. Aranda

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Creado (2015), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630106