lunes, 22 de junio de 2015

Jugando con Chucky - Capítulo 10 ''Sentenciado''

Capítulo 10 ''Sentenciado''

Si no nos dices la verdad, acabarás muy mal, chico, y es una pena... —el inspector, sentado frente a mí, me observaba con detenimiento.

Le he dicho toda la verdad. —contesté asustado.

Estaba en la sala de interrogatorios, había sido una larga noche, ya era de día, podía ver la luz del sol entrar por la ventana iluminando parte de la sala.

El inspector se levantó con enojo y comenzó a dar vueltas en la sala.

Es decir, que, según tú, un muñeco, el cual no hemos visto, mató a cinco personas; Joey, el cual su cuerpo estaba en el sótano de tu casa, Manuel, David y Guille, a los que mataron en la casa donde te encontramos, pero no queda ahí la cosa, porque el hermano de Guille, Rafa, ha muerto de camino al hospital..., y, según tú, ¿Los mató un muñeco?

Sí... —mascullé.

El inspector sacó varias fotos y las expuso en la mesa, eran los cuerpos de las cinco víctimas.

Además, hemos recibido una denuncia, la desaparición, Jacob Greenwood, tu vecino..., ¿Qué casualidad no?, ¿¡Dónde está!? —preguntó golpeando la mesa con sus grandes manos.

Quedé helado, Jacob había desaparecido..., comencé a llorar.

Muy bien, por última vez muchacho, ¿Qué pasó realmente?

Seguí callado, era absurdo repetir lo que pasó, no me creería.

De acuerdo, no me queda de otra que ordenar que te internen en un centro con problemas mentales. —dijo con tono amenazador.

¡¡No puede hacerme eso!!, Por favor, ¡¡Le estoy diciendo la verdad!! —me levanté llorando y uno de los agentes que vigilaba en la puerta me sujetó con fuerza. —¡¡Por favor, créame!!

El agente me sacó a rastras ante la mirada del inspector, que solo negaba con la cabeza, me arrastraron y me volvieron a meter en la celda.

Pasé ahí metido dos días, durante el juicio, no cambié mi versión, nadie me creía, incluso mi madre, con tristeza, me miraba de otra forma, como si estuviese loco, tras el juicio, me abrazó antes de que me llevasen.

Ese mismo día me hicieron subir a un autobús camino al psiquiátrico del condado, me habían sentenciado...

Bueno, chico, no estés tan mal, podía haber sido peor, al menos esto no es una cárcel. —el conductor del coche donde iba montada me miraba por el retrovisor mientras se dirigía a mí.

Por la ventanilla podía ver como entrabamos a un recinto donde había verjas fortificadas, con pesar y lágrimas en mis ojos, fui acompañado por el agente que me custodiaba en el asiento trasero del coche durante el trayecto.

Aparcamos y me condujo dentro del complejo, un doctor me atendió y nos guio hasta un cuarto, todo el complejo era de color blanco, incluso el suelo, me indicó mi cama y cerró la puerta dejándome dentro, pude escuchar como hablaba con el agente mientras se alejaban.

Así que..., así he acabado..., mi vida destrozada...

Me senté en la cama y miré a la pared, el cuarto, pequeño, solo tenía una cama individual, un armario y un escritorio, todo vacío.

El doctor abrió la puerta y me miró con una sonrisa, era un hombre de unos cincuenta años, con el pelo canoso, afeitado, y con unas gafas colgando en el cuello, vestía unos pantalones oscuros y un jersey gris, que lo acompañaba con una bata blanca de médico.

Bien, muchacha, bienvenido al hospital psiquiátrico de Weverkey, donde tenemos el mayor índice de curación del país, tranquilo, lograremos que te cures. —dijo con una sonrisa cínica.

El doctor se acercó sentándose a mi lado.

Aquí, estarás muy seguro, ningún muñeco te hará daño. —me levanté alejándome de él, sus palabras sonaron con burla.

El doctor me sonrió y se levantó sin dejar de escudriñar mi cuerpo como si yo fuese un objeto para sus experimentos científicos.

Bueno, poco a poco, pero al final lograremos curarte. —hizo énfasis en esa última parte mientras me guiñaba un ojo—. En fin, tienes ropa limpia dentro del armario, en una hora vendré a por ti, debo explicarte las normas y horarios, ¿De acuerdo?

El doctor caminó hasta la puerta y la cerró tras de sí.

No puede ser, esto no es real, ¿Qué más me puede pasar?

Una piedra golpeó la ventana de mi cuarto, tras el sobresalto por el susto, me acerqué y miré por ella, tenía barrotes de hierro, así que no podría escapar, fuera, el complejo estaba rodeado por un inmenso bosque, estábamos en la nada, según calculé, por las escaleras que subí, yo debía estar en el tercer piso.

Otra piedra golpeó el cristal de la ventana, miré hacia abajo y pude verlo, me miraba sonriente y saludando con su mano.

No..., no..., pue..., puede ser... —tartamudeando y sin dejar de mirar sorprendido, podía ver a Chucky, que me saludaba sonriendo, entonces sacó de su bolsillo un cuchillo, sí, tenía un cuchillo...

Se agachó y se metió por un agujero pequeño, lo vi ingresar al recinto y correr por detrás del mismo hasta perderlo de vista al rodear el edificio por mi izquierda.

Quiere el Amuleto, pero yo no lo tengo, están en mi casa..., me matará...

¡¡No!!, ¡¡¡Ayuda!!!, ¡¡Viene a por mí!!, ¡¡Chucky viene a por mí!!

Un celador abrió la ventanita de la puerta de mi cuarto y me miró confuso.

¡¡Por favor sáquenme de aquí!! ¡¡Es Chucky!!

¡Cálmate chico! Enseguida vendrá el doctor. —y acto seguido cerró la compuerta.

¡¡Nooooo!! —golpeé desesperado la puerta con mis puños cerrados—. ¡¡Es Chucky!! ¡¡Viene a por mí!! Y quiere matarme... —mis sollozos y mis lágrimas de impotencia se mezclaban con el terror y la asimilación de que era mi final...

Lloré y lloré hasta quedarme sin fuerzas, dormido, allí, pegado a la puerta.

Desperté tumbado en una camilla, podía observar como una luz cegadora proveniente de unos focos que venían del techo de la habitación, me impedía ver bien a mi alrededor, unas voces ahogadas sonaban cerca de donde yo estaba tumbado, y sí, estaba atado.

Sentía mis muñecas oprimidas con una especie de cuero, también podía sentir el mismo tacto en mis tobillos, además, me di cuenta de que iba solo con un triste camisón, ¿Dónde estaba?

Ah, sí, me habían internado en un psiquiátrico, me tomaban por loco, ¿Por qué? Por decir que mi muñeco había matado a cinco personas.

¿Por dónde íbamos? Ah sí, escucha, Tomi, vamos a hacerte una prueba cerebral, ¿De acuerdo? —la voz del hombre, que provenía de mi izquierda, me hizo temblar.

¿Qué? ¡¡No!! ¡Espere! ¡Yo no estoy loco se lo juro! ¡¡Por favor no!! —mis desesperados gritos fueron inútiles, el despiadado médico comenzó a reírse mientras con una máquina más parecida a un taladro, comenzaba a penetrar en mi cabeza, podía sentir la perforación y el tembleque de la máquina.

¡¡Para!! ¡¡Despierta!! —una bofetada me hizo abrir los ojos.

Llevé mis manos a mi sien e intenté buscar el agujero, pero no, no había nada, miré a mi alrededor, estaba en una habitación totalmente blanca, con paredes acolchadas y dos camas a los laterales, no había ventanas, solo una puerta de hierro con una especie de ventanita de vidrio por donde poder mirar.

¿¡Estás bien!? Parece que estabas teniendo una pesadilla... —un chico desconocido me miraba sonriente—. Me llamo Salva, un placer.

El chico me extendió su mano de forma amigable, el chico, de piel blanca y pelo oscuro, me observaba con unos ojos negros, tenía facciones asiáticas, parecía de mi edad.

¿Dónde estamos? —pregunté mientras le estrechaba la mano, nuestra ropa era un pantalón blanco y una camiseta, también blanca, parecíamos presos, pero de blanco..., además, íbamos descalzos.

¿No lo recuerdas? Estamos en un centro para locos, como nosotros...

¿Qué? Yo no estoy loco... —me quejé, me acerqué a la puerta e intenté abrirla, pero era inútil, no podría salir de ahí.

No, claro, ninguno de nosotros estamos locos... —dijo Salva sonriendo, mientras no dejaba de rascarse el cuello.

No, lo digo en serio, yo estoy aquí por error. —vi que no me tomaba en serio, no le culpo, él si estaba loco, así que era mejor dejar el tema, debía buscar una forma de salir de allí.

Me agaché para mirar debajo de las camas, no me fiaba del todo, aún recordaba que Chucky había entrado en el recinto, tenía que actuar, sí... ¡El Amuleto! ¡Claro! ¡Viene a por el Amuleto!

¿En qué piensas? —me preguntó Salva, pero le ignoré, tenía que pensar como darle el Amuleto, él lo quería, pero lo escondí en casa.

Caminé hasta la cama y me senté a pensar cómo escapar.

Oye, ¿Dónde llevan nuestras pertenencias? —pregunté a Salva, que permanecía de pie pegado a la pared mirándome—. ¿Me escuchas?

Eh..., no sé, quizás en la secretaría, pero no podrás ir hasta esa planta, nunca nos dejan sueltos, excepto en las duchas o el patio, pero siempre hay un vigilante.

Mierda...

¿Qué quieres coger? ¿Tu móvil? —preguntó Salva mientras se acercaba y se sentaba a mi lado, yo, instintivamente, me alejé un poco.

No, bueno, tal vez.... —me quedé pensativo, entonces una tristeza me invadió.

¿Qué te pasa?

Nada, es sólo que..., estoy sentenciado, nadie creerá que un puto muñeco mató a esas personas, pensarán siempre que fui yo...

¿Un muñeco? Ja, ja, ja, ¿Ves? Estás aquí porque piensas que los muñecos tienen vida.

Su risa no me gustó, le miré desafiante, ¿Y él qué? Seguro que ve fantasmas o piensa que puede volar.

¿Y tú qué? ¿Eh? ¿Te crees Superman o algo?

Salva se levantó de golpe y se agitó el cabello con intensidad, el cual, ya de por sí ondulado, se puso aún más desordenado.

Yo no estoy loco, ¿Vale? Es simplemente que a veces como mucho y acabo arrepentido... —dijo avergonzado dándome la espalda—. Tú no sabes lo mal que lo paso...

¿Tienes bulimia? —pregunté sin obtener su respuesta, se acercó a la cama de enfrente y se tumbó dándome la espalda—. Oye, disculpa, no quería ofenderte, es solo que, es raro que estés aquí solo por eso, ¿No crees?

Siguió sin responderme, entonces la puerta se abrió y un hombre con bata de médico ingresó dentro junto a otro hombre alto, robusto y con traje de vigilante, tenía porra.

¿Qué tal dormiste, Tomi? Espero que David no te haya molestado mucho.

¿David? Me dijo que se llama Salva... —dije sin entender.

David, ¿Qué hablamos sobre tus amigos? Sabes que debes controlarte. —el médico se acercó y le acarició el cabello, pero este no le dijo nada, después, el médico me observó y sonrió.

¿Qué? —pregunté nervioso.

Nada, es que te pareces mucho a mi hijo. —hizo una pausa y echó un vistazo a la libreta que traía consigo—. Bueno, Tomi, debes acompañarme, toca terapia, ¿Vale?

El médico me miró y desvió la mirada al vigilante, en forma de advertencia, si me negaba, iría a la fuerza, me levanté y caminé junto al médico fuera.

¿Este es mi cuarto? —pregunté al salir.

Oh no, no, esta sala es especial, siempre metemos aquí a los nuevos para que conozcan a David, es una especie de prueba.

¿Una prueba, de qué? —no entendía nada, mientras hablábamos podía observar bien el psiquiátrico, todo, todo era blanco, suelo, pasillos, puertas...

Comenzamos a subir unas escaleras hasta el siguiente piso y entramos a un despacho, el vigilante se quedó fuera y me hizo sentar.

Bueno, bueno, Tomi. —hizo una pausa y se sentó en su sillón de cuero.

Su despacho era enorme, detrás tenía tres ventanales que daban al exterior, a los lados dos librerías llenas de libros y una puerta con un candado, me fijé en ella, ¿Qué había ahí?

Expedientes, si te preguntas lo que hay ahí, es eso, expedientes, Tomi, dime, ¿Estás mejor? Ayer no dejabas de gritar y te desmayaste.

¿Qué? —llevé mi mano a la cabeza, ¿El sueño pasó de verdad?

¿Algo que contarme? —el médico sacó una grabadora y la puso en su escritorio, le dio a grabar.

Yo..., ayer, cuando me trajeron aquí, ¿Qué me hicisteis? —pregunté muy nervioso.

¿Ayer? Tomi, llevas aquí una semana. —el médico me miró con interés, esperando mi reacción, que no fue ninguna.

¿Qué? No, es imposible, no...

¡Es broma! Ja, ja, ja, quería ver tu reacción y saber si te afectó el ataque de pánico.

Miré con rabia al médico, espera...

¿Qué ataque de pánico? —pregunté confuso.

Bueno, te metimos en un cuarto aislado y al rato empezaste a gritar que Chucky venía a por ti, que quería matarte, no dejabas de gritar y golpear la puerta, tuvimos que reducirte y ponerte un calmante.

En silencio, solo escuchaba decir lo que el médico me decía, pero realmente no recordaba eso..., excepto que Chucky entró al recinto, es verdad, ¡Debe estar buscándome!

Escuche, señor.

Llámame Fred. —me cortó.

Fred, mire, yo sé que piensas que estoy loco, pero de verdad, yo no he matado a nadie, lo juro.

Entiendo, entonces, ¿Quién ha sido, Tomi? —el médico, Fred, se levantó y se acercó a una de las librerías, sacó un libro y lo posó en su mesa, volvió a sentarse y comenzó a buscar entres sus páginas.

No sé, solo sé que yo no fui, lo del muñeco me lo inventé. —mentí, pero quería salir de ahí, quería volver a casa, quería..., necesitaba ver a Jacob..., Jacob..., él..., está..., está desaparecido, ¿lo habrá matado Chucky?...

Lágrimas caían por mis ojos e intenté limpiarlas con la manga de mi camiseta, Fred se dio cuenta y me miró de reojo, me costaba no gimotear, solo de pensar en mi situación, ahí metido y encima había perdido a mi mejor amigo, Jacob.

Bueno, Tomi, eso no fue lo que dijiste en tu declaración, mira. —el médico sacó de lo que parecía mi expediente una hoja y la comenzó a leer en voz alta—. Mi muñeco, Chucky, fue el que mató a toda esa gente, yo no hice nada, mi amigo puede corroborarlo, pero ha desaparecido. —el médico hizo una pausa y dejó el papel sobre la mesa—. Es curioso...

¿Qué es curioso? —pregunté mientras Fred sujetaba de nuevo el libro y lo deslizó por la mesa hasta mí.

Pues, que, tras tu declaración, me di cuenta de que había algo raro, en cómo llamaste a tu muñeco, ''Chucky'', como en las películas, y recordé algo...

Me incorporé en mi asiento hacia delante y cogí el libro, mis manos comenzaron a temblar.

Hace diez años, un chico de una edad similar a la tuya ingresó aquí también, y decía que su muñeco quería ''poseerlo'', lo llamaba, ''Chucky''. —se detuvo esperando mi reacción y después metió la hoja en mi expediente—. ¿No dices nada?

Observé atentamente la página del libro, en ella un chico rubio aparecía atado a una cama, además, en el texto decía que el chico tenía un pánico atroz a los muñecos.

¿Y no es casualidad que justamente dos personas hablen del mismo muñeco llamado Chucky?

No creo en las casualidades, Tomi, pero sí en un problema mental derivado de las películas, ese chico, no fue el primero ni el último en decir que su muñeco quería matarlo, estaba obsesionado con las películas.

¿Qué? Pero si yo solo las vi una vez, ¿Por qué me iba a obsesionar?

Oliver. —el médico me miró cruzando los dedos de sus manos.

¿Qué? —pregunté confuso.

Tu hermano Oliver, tristemente fallecido, era muy fan de las películas, ¿Me equivoco?

Permanecí en silencio.

El médico, Fred, miró un expediente y volvió a mirarme.

Tu hermano pequeño, de 8 años, Oliver, falleció en un accidente de tráfico, en el que ibais tú, tu hermanito y tu padre, tu declaración dice que en ese momento manteníais una discusión, dime, Tomi, ¿Realmente fue un accidente?

¿Qué dice? ¡¡¿Cómo se atreve?!! ¡¡¡Yo no maté a mi hermano!!! —me levanté con violencia y la respiración entrecortada.

Tranquilo, yo en ningún momento mencioné que lo matases... —el médico me sonrió cínicamente, estaba llevándome a su terreno, el de culparme por la muerte de mi hermano pequeño.

Bajé la vista con la respiración entrecortada, me costaba mantenerme en pie, ¿Qué me pasaba?

En ese instante, lo vi, Chucky estaba detrás del médico, observándome.

¡¡Está ahí!! —le señalé levantándome como un resorte y acercándome a la ventana, pero Chucky se apartó con rapidez.

¿Qué está ahí? —el médico solo me miraba atento, se acercó también a la ventana y me sujetó—. ¿Intentas suicidarte?

¡¿Qué?! ¡Claro qué no! ¡Pero está aquí! —intenté con mis fuerzas que me soltase, pero no lo hacía—. ¡Déjeme!

El médico llamó al vigilante y me sujetaron, entonces sentí un leve, pero intenso pinchazo en mi cuello, todo comenzó a nublarse...

(Continuará...)

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Creado (2015), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code: 2309245396410

ISBN Code: 9789403630106

martes, 12 de mayo de 2015

Jugando con Chucky - Capítulo 9 ''Desatado''

Capítulo 9 ''Desatado''

¡Hola! —una voz me alertó y me levanté sobresaltado—. ¡Tranquila, venimos de buenas!

Miré y junto a él, otro chico le acompañaba, eran más altos que yo y parecían mayores, de unos veinte años o más, llevaban unos jeans rotos y unas camisetas de básquet, el chico que me habló era moreno de piel oscura.

El que lo acompañaba también era de piel oscura, se parecían mucho ambos, sus ojos oscuros no me quitaban la vista, lo más curioso es que parecían idénticos, casi gemelos, y por su aspecto, se notaba que no eran españoles, parecían más bien brasileños.

El que me hablaba llevaba una bolsa de plástico con lo que parecía refrescos, me quedé en silencio y se sentaron en el banco, yo me quedé mirando sin saber qué hacer.

Oye, siéntate, que no mordemos. —el chico me miró y con sus ojos me dio lo que parecía una orden, mientras dejaba los refrescos en el suelo.

Hice caso y me senté en el banco.

Bueno, ¿Qué hace un crío como tú por aquí solo a estas horas? —me miró posando su mano en mi muslo, noté el tacto de su piel con la mía y me sonrió.

Yo me dejé hacer un poco atemorizado, el chico, al ver que no opuse resistencia, fue subiendo la mano por mi muslo hacia arriba, me levanté como un resorte.

¿Esperas a alguien? —preguntó guiñándome un ojo.

No..., yo..., es que... —el chico me cortó levantándose y acercándose a mí.

¿Por qué no te vienes con nosotros? Verás, vivimos aquí al lado y vamos a montar una pequeña fiesta privada para mi hermano Rafa. —dijo señalando a su hermano.

Su hermano, Rafa, permanecía en silencio.

Como ves, no es muy hablador, pero bueno..., venga, que ya es muy tarde. —dijo su hermano—. Yo me llamo Guille y mi hermano se llama Rafa.

Me levanté y los acompañé, estaba un poco cohibido por ellos, pero ¿Qué iba a hacer? Mejor ir con ellos y pasar la noche en su casa que dormir en la calle o que la policía me cogiese.

Llegamos a una casa con un enorme jardín, algunas luces estaban encendidas, comenzamos a subir las escaleras del porche hasta la puerta.

Bienvenido a nuestro hogar, siéntete como en casa. —dijo Guille mientras abría la puerta, su hermano, por su parte, no abrió la boca aún.

Gracias... —mascullé.

Entré y caminé por el pasillo de la entrada hasta llegar a un amplio salón, podía escuchar las voces de más personas al fondo de la casa, todo estaba muy ordenado y limpio.

Guille soltó la bolsa de refrescos en la mesa y se adentró al pasillo del fondo, Rafa, su hermano, me miraba sin moverse.

¿Sois brasileños no? —pregunté nervioso.

El chico afirmó con la cabeza sin mediar palabra, caminó y se sentó en el sofá marrón oscuro que había en el salón.

Al rato apareció Guille sonriendo.

¿Qué, te gusta nuestra casa? —preguntó mientras recogía los refrescos y se metía en la cocina americana que tenían.

Sí, está chula. —dije.

La cocina y el salón comedor estaban conectados entre sí, muy al estilo americano, Guille sacó varios vasos y los llenó de lo que parecía cola, echó unos cubitos y me sirvió uno.

Toma, este es el tuyo. —me lo dio y lo cogí, pude sentir el frío tacto del refresco en mis dedos—. Toma hermano.

Y dicho esto se sentó en el sofá, los dos tomaron un sorbo.

Ahhhh, qué rico, estaba sediento. —dijo Guille sonriente—. ¿Y qué? ¿Nos dices tu nombre? ¿O te lo pongo yo?

Me llamo Tomi. —dije, y comencé a beberme el refresco, la verdad es que estaba sediento, ante sus miradas de sorpresa me bebí el refresco en segundos.

Tomi..., me gusta, es bonito. —dijo Guille.

Entonces mi vista comenzó a nublarse, Guille me observó y se levantó al ver que iba a caerme al suelo.

¡Cuidado!, no pensé que beberías tan rápido..., jajaja. —dijo riendo.

¿Qué? No entiendo... —mascullé con dificultad.

Guille me sujetó y me acompañó por el pasillo hasta un cuarto, dónde al principio escuché unas voces, abrió la puerta y vi una gran cama de matrimonio.

Ven, túmbate aquí. —dijo Guille soltándome en la cama.

Me intenté incorporar, pero me costaba, todo daba vueltas, miré y vi cómo se abría otra puerta de lo que parecía un baño y salían dos chicos más.

Joder, ¿Es un chico? Ya te dijimos que nos gustan las chicas. —era la voz de uno de los chicos, intenté concentrar mi mirada en ellos, el que preguntó era un chico joven y regordete, su pelo, ondulado y oscuro, se acentuaban en unos ojos pequeños y oscuros, de piel blanca, era bastante velludo, tenía mucho vello en sus brazos.

Es verdad, pero míralo, es un crío, imagina la pasta que sacamos con un vídeo con él... —dijo la otra voz, este chico, era de piel más oscura, aunque era blanco también, pero se notaba que estaba tostado por el sol, de pelo oscuro y con un piercing redondo y plateado en la ceja, su cabello era más largo, le pasaba por encima del hombro, parecía un guitarrista de metal.

Bueno, hemos tenido suerte encontrando a este chaval, no os quejéis. —dijo Guille con voz de reproche.

Miré para replicarle y vi como comenzó a desabotonarme la camiseta.

Rafa apareció de repente y miraba la escena, excitado.

Primero voy yo, que para eso es mi despedida. —dijo Rafa, al que por fin escuché su voz.

Claro hermano, todo tuyo, hazla nenita.

Rafa se subió a la cama y tomó el lugar de su hermano, terminó de desabrocharme la camiseta dejando mi torso a la vista, me resistí y se enfadó.

¿Qué creéis que estáis haciendo? ¡No me toquéis joder...! —grité desesperado.

Rafa me dio un guantazo en la cara cayendo de lado, se subió encima de mí y me susurró en el oído.

Putito, de aquí no te vas sin probarnos a todos.

Sujetadle, y tú, graba bien todo, el cliente paga bien, pero le molesta que tiemble la cámara. —ordenó Rafa a uno de sus compañeros, y con rapidez cada uno se puso a un lado de la cama y sujetaron mis brazos.

Voy a por las cuerdas. —dijo Guille, y salió del cuarto dejándome con su hermano y sus dos amigos perversos.

Tranquilo, todo irá bien... —dijo Rafa cínicamente, con sus manos comenzó a sobarme el cuerpo.

Yo intenté resistirme, pero era imposible, además me sentía mareado y sin fuerzas, me habían drogado o algo.

De repente, las luces se apagaron, todo quedó a oscuras.

¿¡Pero qué coño!? ¿Qué ha pasado?—Rafa me soltó en la cama con enojo.

No lo sé, igual saltaron los plomos... —dijo el amigo regordete.

Ve a mirar, joder, ¡así no podemos grabar!

¡Me traicionaste y ahora te mataré! —la voz de Chucky hizo que mis ojos pusieran toda su atención al oscuro pasillo.

Rafa sacó del cajón de la mesita lo que parecía un arma de fuego, un revólver de tamaño pequeño y apuntó al pasillo.

¿¡Quién está ahí!? ¡Da la cara, hijo de puta! —Rafa caminó a la puerta, pero lo detuve sujetando su brazo con mi mano.

¡No!, ¡Te matará! —pero apartó con un gesto de enojo mi agarre, dirigiéndose al oscuro pasillo.

Me levanté de la cama mientras me abrochaba mi camiseta, al hacerlo me dio un leve mareo, aún sentía los efectos de la droga que me dieron.

Lo hacía sin apartar la vista de Rafa, que caminó hasta el pasillo, un amigo con la luz del móvil apuntó al pasillo, pero no había nadie.

¿Guille?, hermano, ¿Estás ahí? —Rafa sujetaba con firmeza el arma, sin dejar de apuntar, avanzó por el pasillo, yo, por mi parte, con cierto temblor me posicioné detrás de él.

Tenía que salir de allí, pero ¿Cómo me encontró Chucky?, ¿Me había seguido? Maldita sea, debía volver a casa..., no, no podía, me detendrían, pensarían que yo maté a Joey, y nadie creería que fue mi muñeco.

Entramos al salón comedor y vimos Guille en el suelo, sangre rodeaba su cuerpo, donde yacía tirado.

¡¡Hermano!! —Rafa corrió a su encuentro y se arrodilló a socorrerlo, tenía lo que parecía una herida de arma blanca en el pecho, no se movía—. ¡Hermano!

Debo salir de aquí, y aunque no veía casi nada, entraba algo de luz por las ventanas, gracias a las farolas de la calle, concentré mis ojos e intenté ver, Rafa ya no estaba, aunque su hermano seguía ahí tirado.

Los otros dos chicos tampoco, no había nadie, habían desaparecido.

Vi a lo lejos la puerta de la casa, si corría igual podría llegar hasta ella, respiré hondo y salí corriendo sin pensarlo más, entonces me escurrí con la sangre y caí al suelo.

Auch, joder... —me golpeé la cabeza con el suelo, un gran dolor inundó mi nuca.

Unos pasos me alertaron a mi izquierda, giré la cabeza y pude ver a Chucky acercándose, en su mano portaba el arma de fuego que tenía Rafa.

Su cara, de enfado, y a la vez satisfacción, me miraba con detenimiento, se detuvo y me apuntó con el arma.

Todos los críos sois traicioneros. —dijo.

No, no fue así..., quería salvar a Jacob. —me comencé a levantar despacio.

Ohh, qué romántico... -dijo Chucky cínicamente.

Mira...

Cállate, pequeño hijo de puta, me traicionaste y ahora fíjate, ¿Para qué? Tú morirás y tu amigo Jacob será mi cuerpo.

Me terminé de levantar y observé su pistola.

¿Qué?, ¿Me vas a matar? Hazlo, total, me has jodido la puta vida, todos piensan que yo maté a Joey.

Chucky me miró y comenzó a reírse.

Jajajaja, son cosas que pasan..., ahora, dame el Amuleto. —ordenó poniéndose serio.

Miré a la puerta, pensando en escapar.

Ni lo intentes, o te mato. —Chucky, tras su amenaza, apuntó el arma hacia mi cara—. Ahora, dame el puto Amuleto joder.

Si lo hago, ¿No me matarás? —pregunté, intentando ganar algo de tiempo, y así pensar en algo, aunque fuese distraerlo.

Tal vez, pero dámelo de una puta... —Chucky no terminó la frase, Rafa, con una silla de madera, le golpeó por detrás tirándolo.

El arma de fuego cayó por el suelo deslizándose hacia mí, la detuve con mi pie y la sujeté con firmeza, apunté a Chucky, que se revolvió y entonces pegué un tiro a su lado, casi dándole, fue de aviso.

Chucky se detuvo y me miró con enojo.

¿Qué...., qué coño eres? —Rafa, con sangre en la cabeza, y lo que parecía una puñalada en el costado, miraba a Chucky con sorpresa.

Es un muñeco asesino, será mejor que te alejes de él, ven a mi lado, rápido. —ordené.

Rafa, sin apartar la mirada de Chucky caminó con dificultad hasta mi lado, yo no dejaba de apuntarle con el arma, ambos retrocedimos dirigiéndonos a la entrada de la casa, debíamos salir de allí.

Chucky con mirada desafiante sacó con rapidez un cuchillo y lo lanzó contra mí, clavándolo en mi hombro, aprovechó y corrió hacia mí, entonces le pegué un tiro en el cuerpo.

Ahhhh, ¡¡Hijo de puta!! —Chucky volvió a levantarse y corrió de nuevo hacia mí, estaba ido.

No lo dudé y le pegué uno, dos, tres y cuatro tiros más, haciéndole retroceder y cayendo al suelo sin moverse.

Con dolor saqué el cuchillo, que no era muy grande, de mi hombro, Rafa, por su parte, se sujetó en mí con dificultad, en ese instante escuché de lejos las sirenas, eran de policía.

Ambos salimos de la casa como pudimos, pero Rafa no podía más y cayó al suelo del jardín.

Aguanta, un poco más, vamos... —intenté levantarlo, pero él no podía seguir.

No..., no puedo más... —Rafa se desmayó en el suelo.

Dos coches de policía se detuvieron cerca, aproveché y solté el arma por el agujero de la alcantarilla de la calle, del coche salieron cuatro agentes y se acercaron a socorrernos.

¡Está en la casa! —grité aún exaltado.

Tres de ellos avanzaron hasta la casa y entraron, mientras uno atendía a Rafa, el otro pedía una ambulancia.

Yo miré a la casa, expectante, el frío golpeaba mi cara, ahora, con lágrimas por todo lo vivido, un policía salió y se acercó a nosotros.

No hay nadie, pero hemos confirmado tres muertos.

Atónito, tumbado en la ambulancia, observaba como me alejaba de la casa, pensando en qué sería de mí si nadie había sobrevivido, nadie creería mi versión.

(Continuará...)

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Creado (2015), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630106