miércoles, 4 de julio de 2012

Mi hermanito - Capítulo 3 ''El parque''

Capítulo 3: El parque

Crucé el pasillo hacia mi habitación y me eché en la cama, vaya fin de semana, no sabía que hacer, mi cabeza estaba hecha un lío, debería estar feliz porque mi hermano, con el que soñé tantas noches mientras me relajaba, ahora era como mi juguete sexual y yo el suyo, pero algo dentro de mí me incomodaba, quizás era la idea de que mi primo lo supiese, o de que le gustara lo que hacíamos, o peor aún, de que quisiera participar, podría chantajearnos, o amenazarnos, incluso usarnos como sus juguetes.

Muchas ideas pasaron por mi cabeza esa mañana. Lo que aún no sabía es que el domingo no había acabado y con él un acontecimiento que nunca en la vida me hubiese imaginado.

Mi descanso se vio perturbado por unos gritos que me despertaron, era mi madre llamándome para almorzar, bajé las escaleras bastante nervioso por si me encontraba con mi hermano o mi primo.

Nada más bajar me encontré con mi hermano entrando en el comedor.

Hola Rubén, tengo que hablar contigo urgentemente. —sujeté a mi hermano del brazo y lo subí por las escaleras hasta su cuarto.

¿Qué pasa? Ya puede ser importante, casi me arrancas un brazo.

Nuestro primo Jesús sabe lo que hacemos. —dije tajante y directo.

Mi hermano se quedó un poco sin saber que responder, asimiló las palabras y continuó mirándome con la boca entreabierta.

¿Estás diciéndome que se lo has contado?

¿Qué? ¡Claro que no! —respondí.

¿Entonces? —mi hermano se separó de mi rascando el cabello de su cabeza con nerviosismo.

Anoche..., cuando te la chupe..., nos pilló, y hoy cuando repetimos en la ducha..., también. —mis palabras noqueaban a mi hermano, que escuchando con atención lo que decía negaba con la cabeza.

Serán imaginaciones tuyas, si nos hubiese pillado lo hubiese contado ya, ¿O no? —preguntó cada vez más nervioso.

Claro, mi hermano no tenía ni idea que de Jesús disfrutaba vernos jugar, le excitaba ver como dos hermanos tenían sexo oral, tocamientos y demás, pensándolo bien mi primo era un perverso sexual.

Pero claro, ¿Entonces nosotros qué éramos?

Es que... —suspiré y cogí aire para poder decirle a mi hermano que nuestro primo disfrutaba de nuestros juegos calientes y que además tenía intención de participar.

Él..., bueno, a él le gusta vernos...

¿Cómo? —los ojos de asombro de mi hermano estaban abiertos como platos.

Pues..., mira, se masturbó viéndonos, dos veces, la primera anoche y luego en la ducha... —dije tajante.

¿Cómo? —repitió mi hermano intentando asimilar dicha información

Tras unos segundos mi hermano se giró hacia su armario, lo abrió, sacó la maleta que trajo del Internado y empezó a meter ropa suya.

¿Qué haces? —pregunté mientras él seguía metiendo ropa con rapidez.

Me voy. —contestó con enfado.

¿Cómo? ¿A dónde vas? Para. —con mis manos empecé a sacar la ropa que él iba metiendo dentro.

¿A dónde? Lejos de aquí. —dijo volviendo a meter la ropa que yo sacaba con cierto enojo.

¿Pero qué te pasa? —pregunté mientras con mis manos intenté sujetar las suyas y que así dejara de meter ropa en la maleta.

Mi hermano se detuvo respirando con dificultad.

Si nuestro primo lo sabe y hace eso, me asusta..., ¿Qué quieres que haga?

Lo sé..., a mi también me asusta esta situación, pero no podemos huir, así no se soluciona nada, además, ¿Quieres que se chive? Si te vas lo va a contar todo, ¿Y yo qué? ¿Me dejarás tirado?

¿Y qué hacemos Tomi? —preguntó mi hermano desesperado.

Pues no volver a repetirlo, no haremos nunca más nada entre nosotros, se acabó, hagamos que nunca pasó nada Rubén, ¿Vale? Y ya está, seguro que cuando vea que no hacemos nada...

Pero a mi me gusta Tomi. —me cortó mi hermano—. Yo quiero seguir haciendo cosas contigo, me gusta, me hace sentir bien.

Rubén... —suspiré y lo abracé a mi, sentía el latir de su corazón en mi pecho—. A mi también me hace sentir bien, pero no quiero perderte, y si esto sale a la luz..., pueden separarnos.

Mi hermano se quedó en silencio, se dejaba abrazar, y a mi me gustaba estar así, sentía que lo protegía.

Escucha, a partir de ahora tomaremos distancia, hagamos que estamos peleados y actuemos fríamente, ¿De acuerdo?

Mi hermano me miró enfadado separándose de mi y con una afirmación se alejó unos pasos.

Muy bien, si eso es lo que quieres..., lo haremos así... —la voz de mi hermano sonaba con enfado e impotencia, se dio la vuelta y bajó las escaleras.

Esperé unos segundos, necesitaba ordenar las ideas en mi cabeza, respiré profundamente y bajé las escaleras tras él hacia el comedor.

¿Dónde os metisteis? —mi madre algo preocupada preguntó a Rubén, el cuál salió de casa dando un portazo.

¿Se puede saber que está pasando? —la voz de mi madre se dirigió hacia mi esperando una respuesta mientras dejaba los platos de comida en la mesa.

Nada, nos hemos peleado... —mentí.

¿Qué pasó? —preguntó.

Nada, fue por una tontería...

Pues ve, busca a tu hermano y haced las paces. —dijo mi madre.

Vale, no tardaré...

Salí de casa a buscarle mientras pensaba en donde podría estar, pero pasaron las horas y no le encontraba por ningún sitio.

¡Estúpido! —mi hermano caminaba por el parque con la mirada en el suelo, estaba enfadado y a la vez dañado por saber que algo nuevo que se abría a él, ahora se le cerraba.

Era muy tarde, el sol ya no pegaba con fuerza, se acercó al parque, vio que no había nadie, a pesar de ser bastante grande, miró los columpios y los arbustos que rodeaban varios árboles cerca de una charca de agua, estuvo varias horas dando vueltas por el pueblo y estaba cansado, se acercó a un banco y se sentó en él.

Echó su mirada al cielo y se perdió entre los pocos rayos de sol que quedaban, pronto anochecería, entonces escuchó unos ruidos cercanos de donde él estaba sentado.

Se acercó a curiosear, provenían de unos arbustos, se armó de valor y se adentró, no dio crédito a lo que veía, un hombre muy gordo de mediana edad, de unos cuarenta o cuarenta y cinco años, le estaba dando por el culo a un chico joven, no tendría más de veinte, quizás menos, con el asombro no se dio cuenta que estaba a plena vista mientras observaba la escena, el hombre gordo tenia al chico cogido de la cintura, el chico estaba pegado a un árbol, de espaldas a Rubén, el hombre gordo le estaba follando bien duro.

¿Te gusta lo que ves? —una voz familiar detrás de Rubén lo alertó.

Los otros dos que estaban follando miraron un momento alertados, pero siguieron follando. Rubén se giró y vio que era Jesús.

¿Me dejas follarte? —preguntó mi primo Jesús a Rubén.

¿Cómo? —Rubén no daba crédito a lo que escuchaba.

Te pago cincuenta por dejarte follar. —insistió Jesús.

Mi hermano Rubén le miró con repudio y lo apartó a un lado para salir de allí y marcharse, pero la mano de Jesús le sujetó del brazo deteniéndolo, mi hermano miró atrás con gesto enfadado.

Cien, te pago cien. —dijo Jesús, el cual se notaba que estaba muy caliente.

Rubén estaba a punto de gritar, pero no lo hizo, dentro de él había un sentimiento de excitación, el morbo le ganaba, sentía muchas ganas de hacerlo y además ganaría dinero, le ponía mucho, muy cachondo, además tenía de fondo al hombre gordo follándose a ese chaval desconocido contra el árbol y sus gimoteos lo encendían aún más.

Doscientos o me largo. —dijo mi hermano.

¡Eso es demasiado!, ¡Ni que fueras de oro!, Además, podría chivarme perfectamente a tus padres. —amenazó con enfado Jesús.

Si, y yo podría decirles que me has intentado violar, ¿A quien creerán, a ti o a su hijito? —la sonrisa de mi hermano intimidó a Jesús, que se quedó pensativo y tras pensar unos segundos llevó su mano al bolsillo del pantalón.

Sacó su cartera y revolvió dentro sacando billetes.

Es todo lo que tengo. —Jesús cogió los billetes y se los dio a Rubén—. Cien, no tengo más.

Rubén lo pensó detenidamente, era un momento crítico y que lo iba a marcar de por vida, lo pensó rápidamente, los cogió y se los metió en el bolsillo.

¿A qué esperas?, desnúdate. —le dijo Jesús bastante caliente.

Rubén no dijo nada, no sabía que hacer, entonces Jesús algo desesperado le cogió de la mano y lo llevó al mismo árbol donde hace un rato el hombre obeso se follaba al otro chico, los cuales ya no estaban.

Ponte ahí de espaldas. —le indicó Jesús a mi hermano.

Rubén se inclinó hacia el árbol de espaldas a mi primo, posó sus manos en el árbol con un poco de nerviosismo.

Uff estoy muy caliente. —confesaba mi primo.

Ten cuidado... —mi hermano, nervioso, avisaba a mi primo.

Tranquilo, no eres al primero que desvirgo..., ni serás el último. —Jesús se comenzó a masturbar.

Rubén, en sus adentros, pensó que él no era virgen desde hacía meses, así que...

Mi primo bajó un poco el pantalón y el bóxer de mi hermanito, lo suficiente para dejar su culo al aire.

Joder que culo tienes... —mi primo con sus manos masajeaba las nalgas blancas y tersas de mi hermanito, le dio varias cachetadas y apuntó con su pene hacia Rubén, sujetó con sus manos la cintura de mi hermano y entre suspiros comenzó a penetrarlo.

Rubén emitió un leve quejido de dolor, pero mi primo no se detuvo, prosiguió penetrando a mi hermanito lentamente, poco a poco, se la fue metiendo hasta tener su cuerpo pegado al de mi hermano.

Rubén, con ojos vidriosos, soportaba la penetración de Jesús con algo de dolor e incomodidad, mi primo Jesús empezó a bombear el culo de Rubén lentamente, se movía con un movimiento de cadera lento pero a la vez profundo.

Mi hermano se inclinó más sobre el árbol y con la otra mano en su frente empezó a gemir despacio, con miedo a ser escuchados.

Mi primo aceleró las embestidas e inclinó más a Rubén contra el árbol, y sin detenerse, siguió follándoselo ahora con más velocidad, podía escucharse el bombeo y como sus huevos chocaban con el culito de mi hermano, el cual se dejaba hacer y con una mano comenzó a masturbarse mientras nuestro primo le follaba el culo.

Estás delicioso, primito, ufff, que putito saliste, ahhh..., que rico estas... —decía mi primo caliente, mientras no dejaba de embestir con cada vez más fuerza el culito de mi hermano, que como podía, se sujetaba del árbol mientras no dejaba de masturbarse cada vez más rápido.

Rubén gemía despacio, por miedo pero también por orgullo, en parte se sentía humillado estando así, aunque, otra parte recordaba las horribles cosas que vivió en el Internado y que nadie más sabía, solo él...

Mientras pensaba en ello, Jesús aceleró sus acometidas y siguió follándoselo sin parar, Rubén notaba que mi primo estaba por terminar, su respiración agitada y el temblor de su cuerpo así lo revelaba, y efectivamente se lo comenzó a follar con fuerza y velocidad hasta clavársela entera de una estocada y correrse dentro.

Terminó de vaciarse dentro de mi hermano y permaneció quieto dentro de él un rato, hasta que dejó de correrse.

Ufff, estuvo genial, tienes ahora tu culo lleno de mi semen caliente, ¿Lo repetiremos? —preguntó mi primo sacando su pene del culo de mi hermano y colocándose bien la ropa.

No creo. —dijo mi hermano subiéndose la ropa.

Apartó a mi primo a un lado y salió de entre los árboles del parque dejando allí a Jesús, caminó varios pasos con sus manos en los bolsillos y entonces se encontró conmigo.

¡Tomi...! —dijo sorprendido y asustado.

¿Dónde estabas? Te he estado buscando. —pregunté mientras observaba que estaba sudado y agitado—. ¿Estás bien?

¡Claro! Es que hacía tantos meses que no recorría las calles del pueblo que me perdí... —mintió.

Ya..., ¿Pero seguro que estás bien? Estas como agitado y un poco sudado... —las excusas de mi hermano no terminaban de convencerme, notaba que me ocultaba algo.

¿Qué? No..., es que..., bueno, hace calor. —dijo con una sonrisa nerviosa.

Entonces miró hacia atrás, yo instintivamente hice lo mismo para ver donde miraba.

¿Pasa algo? —pregunté.

Rubén se volvió a mí con una sonrisa de nuevo y me cogió del brazo.

Nada hermano, es que no sabía como disculparme por mi comportamiento infantil, estaba enfadado y eso... —mintió de nuevo.

No pasa nada, tenías miedo y sentías rabia, es normal...

Sí... —murmuró.

Nos separamos y caminamos de vuelta a casa, no pude evitar fijarme por el camino que mi primo estaba muy raro, más distante que de costumbre, además caminaba de forma extraña.

¿Se habrá encontrado con alguien y le pegó? No sé, todo es muy raro, pero algo dentro de mi no me dejaba estar tranquilo, sentía un gran desasosiego...

El fin de semana terminó y volvieron los días normales, mi hermano se iba adaptando de nuevo a nuestra casa y mi primo regresó con sus padres, por nuestra parte, decidimos dejar de lado nuestros juegos fraternales.

Era muy arriesgado que siguiésemos haciendo cosas, si alguno de nuestros padres nos descubría podría acabar la cosa muy mal.

Ya está mal visto que dos hermanos hagan cosas sexuales, pero peor visto que sean del mismo sexo, lo mejor era dejarlo como una anécdota y seguir con nuestras vidas...

Pero..., por desgracia eso no iba a suceder, mi hermano y yo pecamos, y al hacerlo, iniciamos algo que ya no podíamos detener, que escapaba a nuestro control, lo peor estaba por llegar, y nosotros, ignorantes, no nos imaginábamos lo que íbamos a vivir...

( Continuará... )

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miércoles, 13 de junio de 2012

Mi hermanito - Capítulo 2 ''Hermanos de leche''

Capítulo 2: Hermanos de leche

Tras hacerle la mamada a mi hermanito, salí de su cuarto y lo dejé durmiendo, entonces vi las marcas de lo que parecía semen en el suelo, alguien miró lo que habíamos hecho, y lo que es peor, eyaculó viéndonos, lógicamente solo una persona pudo hacerlo y el simple hecho de pensarlo me hacía estremecer.

Apenas pude coger el sueño pensando como habían llegado esas marcas de semen a la puerta de mi hermanito, solo había una explicación de como llegaron ahí..., pero no me lo podía creer o no quería creerlo, era demasiado fuerte y algo en mí mente me decía que esa noche iban a cambiar muchas cosas en ésa casa...

Al día siguiente todo era muy confuso, una parte de mi recordaba lo que hice con mi hermanito y me gustaba, pero otra parte de mi lo rechazaba, sabía que en mi interior me daba miedo a lo que pudiera pasar si se descubriese lo que hicimos y no quería preocupar a mi hermano con ese tipo de cosas, para no asustarlo o para no ponerlo peor, ya tenía suficientes problemas con lo de saber que era gay y el que mi hermanito fuese dañado por ese imbécil del internado.

Una vez tomé valor, bajé a desayunar, era Domingo, así que sabía que mis padres estarían en casa, bajé a la cocina a prepararme las tostadas, pero no había nadie, me las hice y me tomé un vaso de leche..., leche, de nuevo me vino a la cabeza el semen que había en el suelo, cerca de la puerta del cuarto de mi hermano.

Mi sospechas se dirigían hacia el marido de mi madre, el cual quizás subió a ver como estaba Rubén y entonces pudo ver la escena, yo haciéndole una mamada a mi hermanito, quizás se calentó y se masturbó mientras miraba como le hacía sexo oral a mi pequeño hermano hasta que se corrió, de ahí las manchas, pero era demasiado fuerte, no quería creer en ello, tendría que haber otra explicación.

Mi hermano apareció en la cocina, entró y pude fijarme que aún llevaba el pijama de Bob esponja, pero con la camiseta puesta.

Buenos días Tomi. —me dijo sonriendo, como si nada hubiese pasado.

Buenos días Rubén —dije con algo de corte, entonces tomé la leche mientras mi hermano abría el frigorífico—. Dime, anoche, ¿Cómo dormiste? —pregunté mientras bebía un poco de leche del vaso.

Bien, aunque tuve un sueño muy extraño. —mi hermano me guiñó un ojo pícaramente, estaba claro que recordaba todo lo que pasó.

Vaya... —mi piel se ruborizó y me puse colorado—. ¿Y..., el sueño te gustó? —pregunté con un poco de vergüenza.

No me desagradó. —dijo mi hermano sin pudor y cogiendo una manzana, se disponía a salir de la cocina cuando mi voz le detuvo.

¡Espera Rubén!

¿Si? —me preguntó de nuevo sonriéndome.

¿No vamos a hablar de lo que pasó? —pregunté mientras observaba como mordía la manzana.

Hubo un silencio incómodo, mi hermano dudó unos instantes y por fin rompió el silencio tras tragarse el trozo de manzana.

¿Hablar sobre qué? —dijo mientras con su muñeca limpiaba sus labios de restos de manzana.

Pues de lo que pasó anoche. —insistí.

No hicimos nada malo. —dijo Rubén.

Ya..., Rubén, pero esta mal..., ¿Entiendes?

Rubén dio otro mordisco a la manzana y acercándose a mi me besó en la boca pasando el trozo de su boca a la mía, yo instintivamente me alejé de él mientras masticaba lo que antes estaba en su boca y me lo tragué con pudor.

¿¡Qué te pasa!? —dije un poco enojado y miré a los lados esperando que nadie nos hubiese visto—. Rubén, esto no esta bien...

Mira Tomi, lo de anoche..., me gustó, mucho además, estuvo genial y no veo nada de malo en que dos hermanos se diviertan y jueguen, sólo fue eso, además, bien que ayer no te resististe...

Sus palabras me dejaron más helado que el vaso de leche que tenía en mis manos, solté el vaso y me acerqué sujetándole del brazo para no hablar muy alto.

No me resistí porque no sabía que iban a... —detuve mis palabras a la vez que mis ojos se posaron en la figura que entraba en la cocina, era mi primo, venía sudado.

Uff que cansado estoy, necesito refrescarme. —dijo mi primo, que sacando una botella de agua fría y bebiendo de ella me miraba sonriendo, quise mirar a mi hermano, pero éste ya no estaba.

¿Qué haces tu aquí? —pregunté a mi primo, éste terminó de beber agua y me guiñó un ojo.

Que por cierto, mi primo era mayor que nosotros tres años, ya iba a dejar el Instituto, cabello oscuro y corto, de piel morena, con pecas en la cara y una dilata en la oreja.

Mis padres me dejaron aquí anoche, quieren estar solos para celebrar su aniversario, así que pasaré aquí el fin de semana, ¿Y qué mejor que con mis primos juguetones? —me sonrió pícaramente y metió la botella en el frigorífico.

¿Cómo? Espera, ¿Llevas aquí desde anoche? —mi cara cambió totalmente y él lo notó, ya no sabía de quien era el semen, pero tenía mis sospechas, bueno, no, sí lo sabía, era de él, estaba claro.

Bueno, iba a decirte que salgas conmigo a correr un poco, pero creo que ya corriste anoche, ¿No? ¿O debo decir, te corriste? —dijo mi primo sarcásticamente.

¿Qué dices? —yo aún no encajaba tanta información.

No te hagas el tontito conmigo porque eso no funcionará, es mejor llevarse bien. —se secó el sudor con su camiseta y se dio la vuelta para salir de la cocina.

No se que estas diciendo, te estás confundiendo. —repliqué con cierto enfado.

Hazte el loco, pero sé lo que vi y mi boca puede estar cerrada o abierta, eso ya depende de muchos factores. —dijo mi primo.

¿Me estas amenazando? —pregunté entre enojado y asustado.

Mi primo se acercó a mi lentamente, sujetó mi mano y la posó en su entrepierna. Se notaba que la tenia semi erecta.

¿Notas esto en tu mano?, pues hoy la notarás en otro lugar, y me da igual si eres tú o tu hermano, pero uno de los dos sucumbirá, de lo contrario...

¿De lo contrario qué? —pregunté a su amenaza.

Entonces entró mi madre y en un acto reflejo nos separamos.

Buenos días hijo, ¿Qué tal dormiste? ¿Y tú, Jesús? —preguntó mi madre soltando el cesto de la ropa en el suelo.

Bien tía, la verdad es que estoy muy contento de estar aquí, seguro que me lo paso muy bien con mis primos. —Jesús lo dijo en un tono burlón y con intención de meterme miedo.

No pude reaccionar, mi pulso se aceleró y creí desmayarme, él lo sabia y yo solo quería desaparecer, pero su actitud con cara de salido en parte me daba un morbo que no podía explicar.

Subí a mi cuarto y me eché en la cama, necesitaba tumbarme un rato.

No sé a que hora me desperté, solo sé que ojalá no lo hubiera hecho, me levanté y escuché unos gemidos en el cuarto de mi hermano, me acerqué y se le escuchaba agitado, como si estuviera haciendo ejercicio o algo, presentía algo malo, no llamé a la puerta y directamente la abrí despacio, lo que vi me dejó alucinado.

¿Se puede saber que haces? —pregunté a mi hermano.

Tomi, ¿Pero es que no llamas antes de entrar? —mi hermano estaba en ropa interior, con unos bóxer azul clarito y sudado, estaba haciendo abdominales, por una parte me excité y por otra me sentí aliviado.

Menos mal... —murmuré.

¿Menos mal qué? —mi hermano se levantó y se secó el sudor de la cara con la toalla que tenía apoyada en su cama.

Rubén, debo decirte algo. —dije con tono preocupado.

¿No puede ser luego?, quiero ducharme. —mi hermano caminó al baño.

No, tiene que ser ahora. —con mi mano sujeté su brazo, pude sentir su piel sudada.

Bueno, dímelo mientras me ducho. —me respondió pícaramente.

¿Cómo? —dije con asombro.

Mi hermano con una mirada pícara se bajo el bóxer, pude ver su pene semi duro y al darse la vuelta hacia la ducha pude ver su culito firme y blanco, abrió la llave del agua y empezó a caer en el plato de ducha, se acercó a mi y me llevó hacia ella, cabe decir que yo no me opuse.

Tomi, creo que te debo algo. —dijo Rubén sonriendo.

Rubén... —suspiré, lo tenía muy cerca, el agua mojaba mi cuerpo y mi ropa, podía ver como sonreía mientras el agua mojaba su linda y tersa piel.

Rubén me besó en la boca, callándome, sus labios eran tan suaves..., me fue quitando la camiseta y se puso de rodillas, me bajó el pantalón y los bóxer mojados.

Me fascina. —Rubén miraba mi pene con lujuria, pude sentir sus dedos sujetar mi pene, lo acarició y yo solo miré hacia arriba cerrando mis ojos, el agua caía directamente en mi cara.

Mi hermanito pequeño se metió el pene en la boca a la vez que masajeaba mis huevos, yo sentía el placer más grande que hasta ahora había experimentado, el que tu hermanito pequeño te la esté chupando es algo que no puedes comparar con nada.

Rubén... —gemí mientras sujetaba la cabeza de Rubén contra mi entrepierna y le forzaba contra mí rápidamente sin parar, su boca me daba un placer sin precedentes, si era la primera vez que la mamaba..., lo hacía como nadie.

Abrí los ojos y pude ver en la puerta del baño a mi primo pajeándose, no sabía que hacer, un temblor recorrió mi cuerpo, ahí estaba yo, con mi hermanito pequeño arrodillado chupándomela mientras mi primo nos observaba pajeándose excitado, iba a decirle a mi hermano pero el gesto de mi primo me lo impidió, se llevó su mano a la boca y con un dedo en sus labios me indicaba que guardase silencio.

Lo peor de todo es que la boca de Rubén estaba a punto de hacerme terminar, mi hermano empezó a succionar con fuerza y yo no aguanté más y exploté en su boca, sujeté con fuerza la cabeza de mi hermanito pequeño mientras descargaba una y otra vez en su boca, con los ojos cerrados imaginando como mi primo disfrutaba de vernos teniendo sexo oral.

Una vez terminé, mi hermano se tragó todo, cuando abrí los ojos mi primo ya se había ido, mi hermanito se levantó y se limpió la boca con el agua que caía, aún podía ver algo blanco bajar por la comisura de sus labios rosados y carnosos.

Joder, no estaba nada mal tu néctar, hermano. —dijo mi hermanito Rubén mientras comenzó a enjabonarse.

Yo me subí el pantalón y me disponía a irme pero mi hermano me lo impidió poniéndose en medio.

¿No te ducharás conmigo? —dijo mordiéndose un labio.

No..., ya me duché antes, además estoy todo mojado. —me excusé.

Mi hermano se acercó a mí y me besó en los labios, pude sentir su lengua invadir mi boca, el agua seguía mojando nuestros cuerpos mientras mi hermanito pequeño terminaba de besarme. Nos miramos a los ojos mientras tocaba cada rincón de su cuerpo, acerqué mi boca a su cuello y lo besaba con dulzura, mi hermano sujetó con su mano mi cabello y me guiaba entre gemidos.

Me arrodillé y pude ver su pene muy duro, ambos estábamos sin circuncidar, bajé su piel, acerqué mi boca y lo engullí, entero, comencé a chupársela con esmero, mi hermanito con sus manos acariciaba los cabellos de mi cabeza con ternura mientras gemía bajo el agua, con mis manos en sus muslitos suaves succioné con fuerza su pene, mis labios lo hacían con fuerza y con mi lengua relamí su cabeza dándole un placer que le hizo venirse entre convulsiones, su leche entraba en mi boca y bajaba por mi garganta, tragaba mientras saboreaba cada molécula, no quería desperdiciar ni una gota de su semen, el sabor, la textura..., todo era perfecto, su semen caliente inundaba mi boca hasta que dejó de disparar y se detuvo suspirando.

Me levanté y mi hermano me volvió a besar probando su propio semen, se separó y se relamió sonriendo con alevosía.

Te amo Tomi. —dijo Rubén.

Y yo hermanito. —contesté, tras esto, mi hermano siguió en la ducha y yo salí mojando el suelo, después cerré la puerta de cristal transparente del baño, miré el suelo para ver si encontraba restos de semen de mi primo, pero no había nada, así que salí del cuarto, aunque temía encontrarme con mi primo.

Crucé el pasillo hacia mi habitación y me eché en la cama, vaya fin de semana, no sabía que hacer, mi cabeza estaba hecha un lío, debería estar feliz porque mi hermano, con el que soñé tantas noches mientras me relajaba, ahora era como mi juguete sexual y yo el suyo, pero algo dentro de mí me incomodaba, quizás era la idea de que mi primo lo supiese, o de que le gustara lo que hacíamos, o peor aún, de que quisiera participar, podría chantajearnos, o amenazarnos, incluso usarnos como sus juguetes.

Muchas ideas pasaron por mi cabeza esa mañana. Lo que aún no sabía es que el domingo no había acabado y con él un acontecimiento que nunca en la vida me hubiese imaginado.

( Continuará... )

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