miércoles, 23 de mayo de 2012

Mi hermanito - Capítulo 1 ''Mi hermano Rubén''

Capítulo 1 ''Mi hermano Rubén''

Todo empezó hace un año, era Sábado y aun recuerdo lo feliz que estaba ese día, porque eso significaba que no tenia Instituto, lo odiaba, y no era porque no me gustase estudiar, simplemente no me agradaba estar cinco horas sentado escuchando a unos maestros dar explicaciones de tonterías que luego en realidad no sirven para nada, lo que más deseaba era ver llegar a mi hermanito, sí, mi hermanito pequeño.

El caso es que ese Sábado era especial, porque mi hermano llegaba del Internado, estaba en él por mal comportamiento, mis padres lo mandaron una larga temporada, no era un reformatorio de por sí, sino un internado para jóvenes, este fin de semana por fin sale, mis padres ya no sabían que hacer con él.

Que por cierto no me he presentado, me llamo Tomi, soy un chaval de complexión delgada, no soy para nada musculoso pero estoy bien, ojos marrones claros y pelo castaño oscuro, me considero guapo, tampoco soy un hermoso ángel, pero no me quejo.

Mi hermano es todo lo contrario a mi, es rubio, complexión delgada y de ojos azules, aunque él no lo supiera, mi hermano era el protagonista de mis largas noches de descanso en mi mente perturbada cuando me relajaba masturbándome, bueno, no quiero enrollarme, vayamos al punto de partida en lo que jamás pensé que ocurriría.

La alarma sonó y yo como siempre me levanté y me duché, bajé a desayunar mientras veía la tele, aunque a esas horas solo echaban programas para niños y poco más.

Estaba en mis pensamientos cuando escuché la puerta de la entrada de casa, eran ellos, seguro, eran mis padres que habían recogido en la estación a mi hermanito.

Ya estamos en casa. —anunció una voz femenina, la voz era de mi madre.

¡Mamá, al fin habéis llegado!. —mientras decía esto me fijé en mi hermanito, estaba bastante cambiado, se notaba que estos meses había crecido.

Terminé de saludar a mis padres y acompañé a mi hermanito a su cuarto, lo notaba un poco cambiado, no sólo físicamente, estaba distante, raro.

Al llagar a su cuarto, dejé su maleta encima de la cama.

Bueno hermanito, ¿Cuánto tiempo no? Como ves tu cuarto está igual que cuando te fuiste.

Sí..., por lo que veo mi cuarto sigue igual. —la voz de mi hermano era la misma, pero la notaba reservada.

Bueno, con más polvo..., cuenta, ¿Te lo pasaste bien en las duchas del internado? —dije en tono burlón.

Mi hermano me miró con ojos desafiantes, no me esperaba esa reacción de él, ¿Le molestó la broma? ¿Quizás...?

Tomi quiero estar solo, para acomodar mis cosas, ¿Te importa? —dijo de nuevo con un tono distante.

No, claro, te entiendo Rubén..., bueno me alegra de que ya estés en casa de nuevo. —me giré sobre mí mismo y cerré la puerta, dejando a mi hermano en su cuarto.

El día paso muy rápido hasta llegar la noche, me pasé la tarde jugando a la consola y navegando por Internet, entonces alguien tocó mi puerta.

Adelante. —dije mientras me levantaba y terminaba de apagar el ordenador y la consola—. Ya casi me voy a dormir. —dije a mi hermano, que me observaba desde el marco de la puerta.

Espera..., antes..., ¿Puedo pasar? —su voz sonaba quebradiza, diferente al tono distante que sentí por la tarde.

Claro hermanito, adelante. —me senté en la cama y él se sentó a mi lado.

Bueno, perdona que antes haya sido tan antipático, es que esto de viajar en avión no me gusta nada.

Tranquilo Rubén, lo he tenido en cuenta, además tu sabes que te quiero mucho como para que eso me afecte.

Sí..., lo sé... —Rubén bajó la mirada algo triste, me ocultaba algo, sentía que quería decirme algo pero le costaba soltarse.

¿Te pasa algo hermanito? —puse mi mano sobre la suya y él instintivamente la apartó con rapidez.

No me digas así. —dijo cortante.

Bueno, Rubén, ¿Vas a decirme lo que te pasa o no?

Es que no se como empezar... —mi hermano estaba angustiado, sus manos sudaban y las movía sin parar, apretándolas.

Rubén, tu sabes que puedes confiar en mi al cien por cien, ¿Verdad? —dije intentando calmarlo.

Rubén siempre confió en mi, siempre me contaba todo lo que le pasaba y le ayudaba cuando podía, así cuidaba de él, en verdad quería mucho a mi hermanito.

Tengo miedo de que si te lo cuento pienses mal de mi y ya no me quieras... —su voz se tornaba cada vez más quebradiza.

No seas ridículo, yo siempre te voy a querer, pase lo que pase, ¿Vale? —miré a mi hermano a los ojos, los tenía lagrimosos, brillaban, el azul de sus ojos brillaban con la luz tenue que la lamparita de mi cuarto nos daba.

Rubén intentó hablar pero no pudo, me acerqué un poco más a mi hermano pero éste salió del cuarto y se metió en el suyo.

Me quedé ahí sentado, sin saber qué debería hacer, al final me armé de valor y fui a ver como estaba, llamé a la puerta pero no contestó, insistí y siguió sin decir nada, no quería despertar a nuestros padres que dormían abajo, así que desistí y me fui a la cama.

Me costó coger el sueño pensando que podría pasarle a mi hermanito Rubén para estar así, en ese estado, al final el sueño me venció y me dormí.

A media noche sentí la respiración de alguien en mi nuca, pensé que era el viento, pero no, era una respiración entrecortada, cuando siento una mano en mi brazo que me sujeta, pegué un sobresalto y me giré.

No grites, soy Rubén. —mi hermano estaba tumbado dentro de mi cama, al borde.

¿Te volviste loco o es que me quieres matar de un infarto? —dije aún sobresaltado.

Perdona, es que no podía dormir, pero mejor me voy y no te molesto. —Rubén salió de la cama y se fue a su cuarto.

Miré por mi ventana intentando poner en orden mi mente y sobreponerme al susto, me sentí mal por como se fue, así que me levanté de la cama con mi pijama y le seguí hacia su habitación, la puerta ahora estaba entreabierta.

En la penumbra pude verle acostado en su cama boca abajo, su cara daba al cristal de la ventana de su cuarto, entré y cerré la puerta tras de mí.

Rubén, no quise tratarse así, es que de verdad me asustaste. —dije excusándome.

Me acerqué a él y me senté a su lado, entonces me miró y le aparté el flequillo de su cabello doradito y vi sus ojos desprendiendo lagrimas que bajaban por sus mejillas, sus ojos azulitos brillaban en esa oscuridad con las lágrimas que desprendía.

Rubén, ¿Qué te pasa? —miré a mi hermanito con ternura.

Tomi, me siento muy mal... —la voz de mi hermano parecía que estaba al borde del llanto.

Me sentí mal por no saber que le pasaba y verle llorar así, en verdad algo le hacia sufrir y a mi también verlo en ese estado, me acerqué a él y comencé a susurrarle al oído.

Hermanito, cuéntame que te pasa por favor, te prometo que te ayudaré en lo que pueda. —susurré.

Mi hermano se incorporó sentándose sobre su cama, con las rodillas en su barbilla y las manos rodeando sus piernas. Se limpió las lágrimas y respiró profundamente, sus ojos aún brillaban en esa oscura habitación, la poca luz de la luna ayudaba a poder distinguir un azul ahora más oscuro en sus ojitos.

Es que estando en el internado..., pasaron ciertas cosas... —dijo apenado.

¿Qué cosas...? —pregunté con temor.

Cosas. —dijo cortante—. El caso, es que esas cosas llevaron a que...

Hubo un breve silencio.

¿A que qué? —pregunté ansioso.

Pues..., que..., me enamoré..., de un..., de un chico...

Tras decir eso, el silencio inundó el cuarto, su mirada estaba perdida en la cama, no se atrevía a mirarme, lo notaba avergonzado, como si estuviese pecando.

Por mi parte, sentí mi corazón helarse, no me esperaba esa confesión, mi hermano acababa de confesarme que era gay, o al menos bisexual, y encima que estaba enamorado de un chico, no me gustó para nada esa confesión, en parte me daba rabia, no por ser gay, sino porque estaba enamorado de otro.

No sé que decir..., no me lo esperaba... —dije a regañadientes.

Me odias..., doy asco. —dijo con enojo.

No, Rubén, tu no das asco... y NO te odio, es sólo que me ha pillado desprevenido, eso es todo.

Pero..., soy raro... —su mirada se perdió hacia la ventana.

No, no lo eres, y te sigo queriendo igual, ¿Llorabas por eso? —coloqué mi mano sobre su hombro intentando reconfortarle—. ¿O hay algo más? ¿Pasó algo más en ese internado?

¿Eh? No, no pasó nada. —mintió mi hermanito—. Solo que ese chico jugó conmigo, me hizo daño.

Déjale, ya se arrepentirá, ¿Te hizo daño físico? —pregunté con algo de preocupación y fijándome en su cuerpo, en su bonito cuerpo, llevaba un pijama de Bob esponja, ya le quedaba pequeño, sobre todo en la entrepierna, que se le notaba bastante apretada.

No..., pero si me dañó mucho el que jugara conmigo, me sentí como una mierda. —dijo mi hermano Rubén con enojo y algo de dolor, se notaba que lo tenía reciente.

Bueno..., ya ha pasado, ahora sólo debes pensar en el futuro, ¿Vale? Y no te preocupes, no le diré nada de esto a nadie. —dije apretando su hombro, él me correspondió apoyando su mano en la mía.

Gracias Tomi, no se que haría sin ti. —dijo Rubén, y me abrazó.

Sentí que ayudé a mi hermano y me alivió bastante, además de que entendía sus sentimientos perfectamente, porque yo también descubrí mi homosexualidad no hace mucho, o al menos no hace mucho que terminé aceptándola, aunque nadie lo sabía.

Bueno ahora duérmete y mañana hablamos, ¿Vale? Ahora es mejor que descanses, el viaje fue muy largo. —me levanté y entonces noté su mano sujetar mi brazo.

Espera, no te vayas, duerme conmigo esta noche Tomi, como cuando éramos pequeños. —miré a mi hermanito y vi sus ojos suplicantes, asentí y me acerqué a su cama de nuevo.

Esta bien Rubén, dormiré contigo esta noche. — me metí en la cama y abracé a mi hermanito con fuerza, no se cuanto tiempo tarde en dormirme, pero mientras lo hacía pensaba en lo que él habría sufrido en ese Internado.

Y en como sufrirá en el futuro, en cómo se sentiría y cómo se sentirá cuando lo rechacen y lo golpeen por ser diferente, no iba a permitir eso, mi hermanito era muy frágil y podía salir muy lastimado, yo me encargaría de cuidarlo y protegerlo.

Esa noche tuve un sueño muy bonito...

Tomi... —una dulce voz me susurraba al oído.

Sus labios se posaron en los míos, uniéndose en un beso húmedo y largo, al principio me resistí pero me dejé llevar, al separarnos del beso distinguí que los labios que besaban los mío eran los de mi hermanito.

Me miró sonriendo y me quitó la camiseta, yo hice lo mismo y le quité la camiseta del pijama también, pude ver su linda y suave piel, me acerqué y le lamí los pezones, mi hermano estaba muy bueno, estaba riquísimo, le chupé y lamí todo lo que pude el cuello y fui bajando por todo su cuerpo, el cual saboreé entre sus gemidos.

Tomi, hazme tuyo, quiero ser tuyo. —decía Rubén entre gemidos y caricias.

Pero Rubén..., somos hermanos, esto no está bien. —intentaba resistirme, pero la tentación era muy grande y yo amaba a mi hermanito, quería estar con él, el resto me daba igual.

Tomi, sólo será esta vez, te lo prometo, enséñame a amar, por favor. —suplicó mi hermano, que me miraba de una forma tan tierna y caliente que no pude negarme.

Me suplicaba que le besara, y lo hice, mis labios se posaron tiernamente en los suyos, sus labios carnosos de pre—adolescente, estaban tan suaves y tan tiernos que no pude negarme, me dejé llevar, ya no había vuelta atrás, mi hermano me tentó y yo caí en esa tentación, en esa rica y deliciosa tentación.

Fui bajando por su cuerpo entre besos y caricias, escuchaba los gemidos ahogados de mi hermano, ni si quiera pensamos en que nuestros padres, durmiendo abajo, podrían escucharnos, pero nos daba igual, llegué a su entrepierna y le bajé el pantalón con dificultad.

Podía ver por encima de sus bóxer que estaba duro, llevaba unos bóxer ajustados, de color azul marino. Los cuáles bajé y de dentro saltó su pene, era precioso, lo cogí entre mis manos y le empecé a bajar y subir la piel, sus gemidos me transportaban a otra dimensión, la del placer y la lujuria, la del pecado y el éxtasis, bajé la cabeza y me introduje en la boca ese manjar que siempre deseé, lo lamí y lo degusté, estaba delicioso, le masajeaba los huevos mientras le chupaba el pene a mi hermanito pequeño.

Mi hermanito Rubén gemía de placer por como se la comía, y con sus manos apretaba mi cabeza y sujetaba mi cabello, él marcaba el ritmo de la mamada, la cual yo hacía lo posible por darle todo el placer que podía a mi hermanito.

Tras un rato dándole placer, noté sus convulsiones, acontecía lo que iba a ocurrir, me sujetó más fuerte del cabello y con un forcejeo de caderas me la metió lo más dentro de mi boca que pudo, hasta que noté sus huevos en mis labios inferiores y como con cada convulsión mi boca se llenaba de un líquido espeso y delicioso, el cual tomé, degusté y me tragué, se vino bastante, una vez que dejó de eyacular, cayó rendido en la cama, en un sueño profundo.

Cogí una camiseta del cesto de la ropa sucia y lo limpié como pude, aunque apenas quedó nada, todo me lo había tragado yo, le subí los bóxer y después los pantalones, no le puse la camiseta, lo dejé así, no quería despertarlo, le observé unos instantes.

Podía ver como dormía plácidamente, su respiración era tranquila y mansa, mi hermanito descansaba plácidamente y me gustaba verlo así, me llenaba de paz.

Después de un rato decidí taparlo con las sábanas de la cama, me incliné y le besé en la frente, lo que pensé que en un principio era un sueño, terminó convirtiéndose en realidad.

Buenas noches mi dulce hermanito. —le susurré mientras me alejaba sin dejar de mirarlo, ahora sentía culpa y temor, tras la excitación, volvían los sentimientos de culpa por lo que habíamos hecho.

Salí de su cuarto cerrando la puerta tras de mí y dirigiéndome hacia la mía para hacerme una paja recordando lo que acababa de pasar, pero entonces pisé con mis pies descalzos algo líquido, miré hacia abajo y vi que era blanco, era semen..., pero..., ¿Cómo?

Apenas pude dormir pensando como habían llegado esas marcas de semen a la puerta del cuarto de mi hermano, solo había una explicación de como llegaron ahí..., pero no me lo podía creer o no quería creerlo, era demasiado fuerte y algo en mí me decía que esa noche iban a cambiar muchas cosas en esa casa...

Mi hermanito y yo habíamos pecado, y nuestras acciones tendrían grandes y duras consecuencias.

( Continuará... )

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sábado, 8 de octubre de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 10 ''Amor y amistad'' (Final)

Amistad rota en Halloween - Capítulo 10 ''Amor y amistad'' (Final)

—Bueno, ¿Qué te parece? —preguntó Max, nervioso.

—Max..., no sé qué pretendes con estas velas..., el manto y..., ¿eso es comida? —Tommy miraba atento hacia un mantel colocado con piedras encima y un cesto de comida en un bote de cristal.

Ahora entendía por qué Max le insistió en que no probase bocado antes de salir.

—Sí, cenaremos aquí, te compré lo que más te gusta, y..., pues toma. —Max le dio una caja pequeña de color blanco.

—¿Qué es esto? —preguntó Tommy cogiéndola.

—Tu regalo de cumpleaños.

—Pero si no es mi cumple, ya lo fue. —dijo Tommy extrañado y moviendo la caja para escuchar que había dentro de ella.

—Lo sé..., pero..., no pude dártelo por lo que pasó..., bueno, ¡va, ábrelo! —Max se impacientaba.

Tommy abrió la cajita, dentro había otra caja más pequeña de color plateado con pegatinas de anime, estaba cerrada con un candado y la llave metida en el agujero del candado.

—¿Qué es esto? —preguntó Tommy enseñándole la caja.

—Ábrela...

Tommy, algo curioso y un poco refunfuñando, la abrió, en ella había cartas, notas, fotos y un diario.

—¿Qué es todo esto? —preguntó Tommy mirando unos dibujos extraños que parecían hecho por niños.

—Todo eso son cosas que fui guardando desde pequeño, las cosas que me escribías, tus dibujos, fotos nuestras..., lo guardé todo en esa caja.

—Pero..., ¿por qué lo guardabas? —Tommy se fijó en uno de los dibujos, estaba él y Max abrazados frente a un gran río con un árbol muy grande y verde, no pudo evitar sentirse mal.

Max se acercó a Tommy y posó su mano en la de su amigo.

—Tommy, la verdad..., sinceramente..., al principio no lo sabía, eras mi mejor amigo y te quería mucho, pero..., nunca me imaginé que en verdad fuera porque te amaba..., porque estaba enamorado de ti, pero vivir en una sociedad como esta me había cegado, Tommy, tú eres todo lo que me rodea y sé que yo soy todo lo que te rodea.

Max cogió la mano de Tommy y la llevó hasta su pecho.

—¿Lo sientes?, es mi corazón, está latiendo por ti, Tommy.

Acto seguido, Max abrazó a Tommy y sujetando su mentón guio su boca hasta la suya juntando sus labios con los de Tommy, era su segundo beso.

Tommy respondió al beso, un beso cálido y lleno de amor. Tommy se separó un poco y se quedó mirando a Max tímidamente.

Sin poder contenerse, Max cogió por la cintura a Tommy, lo apretó contra él y le volvió a besar, esta vez el beso fue más intenso y prolongado, mientras bajaba sus manos de la cintura de Tommy con mucha excitación. Tommy gimió un poco, pero se dejó hacer con estremecimientos de placer. Max se quitó rápidamente la camiseta y el pantalón, mientras Tommy observaba la escena.

—Espera... —Tommy parecía no estar seguro del todo, o no muy convencido.

—¿Qué pasa? —Max seguía desvistiéndose.

—¿Vamos a hacerlo aquí? —Tommy extendió sus manos indicando la zona de la colina donde ellos estaban.

—¿No quieres?, ¿no te gusta? —Max miró pícaro a Tommy, y este sonrió tímidamente. Estaba preparado, temblando de excitación. A esas alturas Max no podía aguantar más, se tumbó encima de Tommy y sujetó sus manos llevándolas hacia arriba, mientras se las sujetaba lo besaba ardientemente en la boca, esta vez sus lenguas se unieron en un largo y lascivo beso, después fue bajando por el cuello de su amigo, lo besaba y lamía mientras Tommy solo podía gemir de placer.

Los dos chicos se fundieron esa noche en uno solo, sus pieles se rozaban con cada movimiento, sus respiraciones entrecortadas y sus miradas alcanzaron el límite de sus placeres, el pasto y las estrellas de esa fría noche fueron testigos de la unión de dos amigos que se amaban y que por fin estaban juntos.

Que por culpa de la sociedad en la que vivían habían sufrido mucho, demasiado, y todo por sentir amor por alguien de su mismo sexo, sin hacerle daño a nadie.

El tiempo estaba detenido para ambos, risas, gemidos, algún quejido, sobre todo de Tommy, el cual Max intentaba que se sintiese lo mejor posible...

Cansado y exhausto, Max se dejó caer encima de Tommy, los dos chicos estaban cansados, y a pesar de que hacía un poco de frío, ambos estaban acalorados, el viento golpeaba sus pieles desnudas.

Los dos quedaron inmóviles unos segundos en esa postura, Max besó en la boca a Tommy y se acostó a su lado, lo abrazó tiernamente y se quedaron mirando el cielo estrellado, los dos estaban rendidos, sin fuerzas, lo habían dado todo.

—Te perdono... —murmuró Tommy mientras miraba las estrellas.

Max se giró y miró a Tommy, que seguía mirando el cielo estrellado sonriendo, una lágrima caía por su mejilla, hacia abajo.

Los dos se quedaron abrazados, mirando las estrellas, al fin estaban juntos, es verdad que habían sufrido mucho y que nunca olvidarán por lo que han pasado, pero su amor logró superar todo ese dolor y sufrimiento.

- - - - Epílogo - - - -

Max y Tommy al fin estaban unidos, juntos, como novios, compartiendo todo su amor, un amor que, aunque fue muy dañado al principio, nunca había sido destruido, porque su unión era más fuerte que cualquier otra cosa.

Su amor sería eterno, como la felicidad que tendrían y el cariño que se darían por siempre, por sobre todas las cosas, un amor único, verdadero y que jamás volvería a ser puesto a prueba, un amor que demostró ser eso, amor puro de verdad.

Tiempo después, durante su último curso de secundaria...

—Mamá, ¿Dónde has puesto la máscara? ¡La dejé en la mesa del salón! —Tommy revolvía el comedor de casa buscando sin cesar.

—¿No está ahí? —la madre se acercó y señaló el armario.

—No... —contestó Tommy decepcionado.

—Mira en la cocina, quizás me la llevé sin querer, por cierto, hijo, ¿Con quién vas? —la madre se alejó entrando en la cocina y su voz retumbaba con fuerza.

—Ya te lo dije, con Max, María y su hermana Susana...

—Vale, ¡pero no llegues muy tarde! —dijo la madre de Tommy que se asomó desde la cocina para avisarle.

Tommy encontró la máscara y se la puso.

—Ya la encontré, y no mamá, no llegaré tarde...

Se miró al espejo, iba vestido de Jason, de Viernes 13, terminó de acomodarse la ropa y justo escuchó el timbre, se asomó por la ventana y ahí estaban los tres, abrió la puerta y salió a su encuentro.

—¡Hola, chicos! —Tommy se acercó con una sonrisa que apenas se distinguía con la máscara puesta

—¡Tommy! —Max se acercó y le dio un abrazo—. ¿Qué te has puesto?

—Pues...

—¡Muerto viviente! —le cortó Susana, la hermana pequeña de María y la amiga de Tommy y Max, fue la primera en saber que Tommy y Max eran novios, Susana iba disfrazada de ángel, sí, de ángel chico, y es que a Susana le gustaba vestir como los chicos, de hecho, muchas veces Max y Tommy no distinguían si era una chica o un chico.

—¡No! ¡Va de zombi! —María se acercó a mirarlo más de cerca, ella iba vestida de bruja.

—¡Pero si eso es lo mismo! —Susana se echó a reír.

—Pero..., ¿cómo podéis ser tan idiotas? ¡Soy Jason! ¡J-A-S-O-N! —. Tommy se quitó la máscara, enfadado, la dobló y la guardó en el bolsillo.

Max también rompió a carcajadas junto a Susana y María.

—No te pongas así bobo, que era una broma, ¡sabemos cómo te molesta que no sepamos de lo que te disfrazas! —dijo Max.

Tommy sacó la lengua en un gesto de burla hacia Max, que iba disfrazado de Freddy Krueger, todos los años le hacían la misma broma.

—Bueno, ¿vamos a algún sitio en particular? —Tommy se volvió a poner la máscara.

—Sí, vamos al final de la calle, los primos de María y Susana han montado una gran fiesta en la casa abandonada que hay cerca de la escuela, así que de camino hasta allí podemos hacer truco o trato por las casas, y cuando lleguemos pasaremos allí el resto de la noche, mira, —Max enseñó la bolsa de chuches y caramelos que ya tenía en sus manos—. ¡Ya llevo todo esto!

Tommy se acercó y le cogió de la mano.

—¡Una parte es mía, ehh! —dijo Tommy.

—Sabes que sí. —Max se quitó la máscara y subiendo la máscara del que era ahora su novio, lo besó con lujuria delante de las chicas—. Venga, vayámonos.

Todo esto ante la atenta mirada de las hermanas, que miraban sonrientes la escena.

Los cuatro emprendieron el camino hacia la casa abandonada, durante el viaje iban de casa en casa recogiendo caramelos y chuches, Max y Tommy no se separaban, se la pasaban de miedo y risa en estas fechas, eran sus favoritas, a pesar de que una vez se alejaron en esas fechas, también fue cuando se volvieron a unir.

Habían pasado ya tres años del incidente en la cafetería, y dos años desde que salían juntos de forma secreta, y no fue hasta hace unos meses cuando anunciaron que salían juntos de forma oficial, justo tras la muerte del padrastro de Max, el cual en su entierro no soltó ni una lágrima.

Max recordaba como cada vez que hacía dibujos raros, que el padrastro consideraba gay, le pegaba, o cuando se iba a casa de Tommy a dormir, al día siguiente el padrastro también le pegaba, la madre no hacía nada, ella pensaba que su hijo necesitaba un serio correctivo por estar enfermo, todo eso se acabó ya, con la muerte de su padrastro, Max podía ser libre.

Acabó sabiendo todo el pueblo de la relación de Max y Tommy, hubo gente que lo aceptó, gente que no le terminó de agradar e incluso muchos que ya se lo imaginaban, pero eso a ellos les daba igual, eran felices y ya habían pasado por suficiente como para dejarse llevar por lo que dijeran los demás.

Con el tiempo, Tommy recuperó esa sonrisa inocente que tenía, Max trabajó mucho en ello, además, Max volvió a ser ese chaval hiperactivo y alegre que no se estaba quieto, recuperaron gran parte de lo que perdieron, y ahora nunca más lo volverían a dejar escapar.

Estaban a punto de vivir una noche de aventuras, y no sería la única aventura que tendrían los dos chavales, en un año terminarían el Instituto y planearon desde hace meses ir a Bachillerato, al campus de las afueras del pueblo, nuevas vivencias, experiencias y aventuras estaban a punto de vivir los dos chavales enamorados y felices.

A lo lejos, se veía a los cuatro chicos reír y pasarlo bien en esa noche de Halloween, la primera siendo novios oficiales, la primera, sí, pero no la última noche de Halloween.

( Final )

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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)

All rights reserved© Tomás S. Aranda

Safe Creative Code: 2202020399166/2309245396397

ISBN Code: 9789403630014

Nota del autor:

Ojalá el mundo fuese más bueno y tolerante, que las personas respetásemos los gustos de los demás, desgraciadamente vivimos aún en un mundo donde los chicos y chicas que no son heterosexuales viven con miedo, escondidos, viviendo una mentira, por temor a decir la verdad.

Espero que algún día eso cambie, que, seas de la orientación que seas, te acepten como eres, que no tengas que ocultarte de los demás, que no tengas que vivir una mentira y perder tu infancia, adolescencia o incluso toda tu vida viviendo algo que en realidad no quieres vivir, por hacer feliz a los demás.

Gracias a todos por leer mi primer libro, espero que os haya gustado y haya sido ameno, lo agradezco de corazón.

Tomás S. Aranda