sábado, 28 de agosto de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 6 ''La biblioteca''

Capítulo 6 ''La biblioteca''



Un frío invadía mi cuerpo, estaba con el pijama, recostado en la cama de mi cuarto, miré por la ventana, los rayos de luz empezaban a entrar por ella.

¿Fue un sueño? Al final me volveré loco...

Me levanté y me dirigí al cuarto de mi hermano, estaba preparándose para ir a la escuela.

¿Hoy ya vas a clase no? —Rubén me miró esperando mi respuesta.

¿Eh?, sí... —recordé la conversación que mantuvo con el chico desconocido, ¿Pero realmente la mantuvo? ¿O no era real? No saber lo que era realidad y lo que no me estaba volviendo loco.

Me acerqué a mi hermano y me senté en su cama.

¿Qué haces? Llegarás tarde si no te preparas ya. —mi hermano metía los libros de las materias dentro de la mochila.

¿Anoche estuviste con alguien aquí? —pregunté.

Tras la pregunta uno de los libros que sujetaba mi hermano fue a parar al suelo.

¿Qué? No... —su respuesta era de todo, menos convincente.

¿Con quién estabas? —lo miré amenazante.

Te he dicho que no estuve con nadie... —sus palabras no sonaban sinceras, algo ocultaba.

¡Os escuché! ¡A ti y al otro chico!

¡¿Qué chico?! ¡No sé de qué hablas! —dijo enojado.

Me levanté y lo sujeté con fuerza de la camiseta. —¡Dime con quién hablabas! —le hice daño y mi hermano me miró con ira.

Me empujó con fuerza y me lanzó una mirada de rabia.

¿Qué coño te pasa? ¿Ahora me vienes con estos celos? —dijo Rubén.

¡No es eso! —grité y le di un empujón.

¿Qué está pasando aquí? —la llegada de mi madre hizo que nos separásemos.

Nada, solo hablábamos... —mi hermano recogió su mochila y cruzó la puerta—. Llego tarde, debo recoger a Jacob.

Mi madre me miró enfadada buscando una respuesta, pero no se la di.

Yo también llego tarde, voy a cambiarme.

Un momento jovencita, debemos hablar.

No, mamá, no debemos hablar, ¡¡Y deja de atacarme!!

¿Atacarte? No te he dicho nada malo.

Miré a mi madre con rabia, ella sabía que me molestaba que me tratase como una chica, no me sentía chica, ¡No!

Mira, no tengo ganas de discutir, puedes intentar hacerme daño tratándome como una chica, pero soy un chico, y tarde o temprano lo seré y no podrás evitarlo, puedes aceptarme como soy, o dejarme en paz.

Tras ponerme la mochila en los hombros, bajé las escaleras sin mirar a mi madre, sé que murmuraba algo, pero me daba igual, ya me daba igual todo, estaba harto de esto.

Por el camino, mi hermano Rubén distinguió como Peter corría a toda velocidad por la acera de enfrente, llevaba la camiseta rota y parte de su pelo manchado con lo que parecía pintura roja, se quedó mirando como salía pitando hasta que lo perdió de vista.

¡Eh! ¡Te pillé! —la voz de Jacob junto a su sonrisa le devolvió a la realidad.

Joder que susto. —se quejó Rubén.

¿Qué mirabas? —preguntó Jacob curioso.

Nada, a un idiota, ¿Vamos a la biblioteca?

Claro, la primera clase es de francés, lo odio. —dijo Jacob sacando la lengua.

Yo también. —la voz de Rubén sonó muy cabizbaja, desganada, Jacob lo notó.

¿Qué te pasa? —Jacob alargo su mano intentando coger la suya.

Rubén en un gesto instintivo la apartó de su lado.

Ten cuidado, podrían vernos...

Lo siento... —se disculpó Jacob.

Los dos caminaban hacia la biblioteca en silencio, Rubén fue el primero que lo rompió.

Perdona, no quería ser tan cortante, tuve lío con mi hermana...

¿Qué paso? —Jacob miró a Rubén con preocupación.

Creo que anoche nos escuchó... —Jacob se detuvo en seco con miedo—. Tranquilo, no sabe que tú eres el otro...

Pero, ¿Qué sabe?

No lo sé con seguridad, solo que escuchó a alguien hablar conmigo.

Joder, si nos descubre se joderá todo... —Jacob comenzó a ponerse nervioso.

Tranquilo, luego hablaré con ella, intentaré contarle alguna mentira y ya está.

¿No será mejor que le contemos la verdad? Quizás lo entienda...

¿Qué dices? No podemos, olvídalo.

Pero yo entendí lo que le pasa a tu hermana, que se siente chico, ¿No?

Es diferente, tú y yo no éramos novios en aquel entonces. —dijo Rubén.

¿Y ahora sí? —Jacob miró a Rubén sonrojado—. De todas formas, no sé por qué no se lo cuentas a tu hermana..., ella mejor que nadie lo comprendería.

Rubén no contestó, no quería decirle que entre su hermana y él había algo especial, nada raro, nada más allá de besos inocentes entre hermanos que casi cruzan la línea, pero que pararon a tiempo.

Ambos chicos llegaron a la biblioteca del pueblo, saltándose las clases de la escuela deberían tener cuidado de no ser pillados por el vigilante. Entraron dentro y dejaron sus mochilas en las taquillas de la biblioteca, cerraron la llave y se acercaron al mostrador, no había nadie.

¿Dónde está Lidia? —Jacob se puso de cuclillas intentando mirar el ordenador, en la mesa debería estar Lidia, la bibliotecaria.

Mejor, entremos sin que nadie nos vea, ¿Qué buscamos exactamente? —Rubén susurraba para evitar hacer mucho ruido. La biblioteca, amplia y con bastante luz, estaba repleta de libros, pero no había nadie, nadie...

Libros sobre la historia de este pueblo y esa dichosa cueva, si ya pasó algo parecido nos podría ayudar, no sé, cualquier cosa que explique lo que está ocurriendo aquí.

Mira, tu ve a la zona de historia, yo iré a la del periódico, buscaré publicaciones sobre la cueva y el campamento, también sobre desapariciones o sucesos raros. —Rubén sujetó su móvil y se lo enseñó a Jacob—. Si encuentras algo me mandas un mensaje, no debemos hacer ruido.

Los dos chicos se separaron en caminos opuestos, Jacob se adentró a la zona más oscura de la biblioteca, miraba estantes y más estantes hasta que un libro llamo su atención, se agachó y lo sacó del estante.

Historia del condado de Uzru... —Jacob encontró el libro que hablaba del pueblo dónde vivía él y sus amigos, Lookrain y del condado, Uzru, una zona con casas grandes y blancas, rodeada de amplios árboles y cerca del monte Charb, que atraía a muchos turistas en verano por sus paisajes y zonas rústicas.

En él, se encontraba el hotel Hazdat, un hotel muy antiguo, pero bastante bonito, lo regentaba la hermana de Jacob. También en el pueblo se encontraba el lago del campamento de Lookrain, donde muchos chicos veraneaban cuando terminaba la escuela, por último, el cementerio Hleb, el más antiguo del país, pero nada sobre la cueva.

Jacob siguió pasando páginas, pero no encontraba nada relevante, hasta que llegó a una página que llamó su atención, databa del año 1983. Sorprendido por la misma, comenzó a leerla en voz bajita, con temor y miedo.

Chico fue encontrado flotando en el lago del campamento Lookrain, perteneciente al pueblo, al parecer las causas de cómo llegó ahí son aún desconocidas, sus marcas indicaban que estuvo atado durante varios días, también había indicios de algún tipo de abuso, aún se busca al asesino, la identidad del chico encontrado es desconocida también, porque se sigue buscando su cabeza...

Un ligero golpe sonó cerca de donde estaba Jacob, que cerrando el libro posó su mirada en donde provenía el ruido, se quedó un rato esperando, pero no pasó nada más, sacó el móvil de su bolsillo y apuntó con el flash, no, no había nada.

Respiró profundo y volvió a abrir el libro, pasó varias páginas sobre la historia del pueblo. Hasta encontrar otra noticia que llamó de nuevo su atención. En ella aparecía la foto de un chico, de su edad, sonriente y feliz, debajo comenzó a leer con voz temblorosa.

1983, Juny, el chico que estaba desaparecido desde hacía dos semanas fue encontrado en bosque del monte Charb, tenía signos de violencia, habían abusado de él de manera reiterada, su cuerpo estaba lleno de cortes y moratones, la autopsia indicó que la causa de la muerte fue la decapitación.

Jacob temblaba con cada párrafo que leía, de repente, la luz de la biblioteca se fue, todo estaba oscuro, Jacob empezó a temblar, sintió unas manos sujetando sus hombros, se intentó zafar, pero no pudo.

¿Encontraste algo? —la voz de Rubén asustó a Jacob y del miedo soltó el libro en el suelo.

Rubén miró extrañado a Jacob, que mirando a los lados parecía ido.

¿Jacob? ¿Estás bien? Te dije que avisaras al móvil...

Es que debes ver esto. —dijo Rubén.

Jacob recogió el libro del suelo y los dos se dirigieron a la zona del periódico.

Mira, encontré esto.

Jacob se acercó, había una foto de un hombre joven, hablaban del chico que fue encontrado en 1983 sin cabeza, a su lado, la foto del supuesto asesino ajustó sus gafas y leyó la noticia en voz alta.

1984, detenido el autor del asesinato de Juny, el chico encontrado mutilado en el bosque del monte Charb, el autor, de dieciocho años, padecía de problemas mentales, decía que intentaba proteger al chico, que un monstruo iba tras él, y que dos seres de aspecto abominables mataron al chico sin que él pudiese evitarlo.

En su casa encontraron partes humanas de lo que parecía ser pertenecía al chico, estaban metidas en tarros de cristal con líquido. Aunque solo data la desaparición de Juny, no se descarta que hubiese actuado en otras zonas lejos del condado del pueblo antes de llegar aquí a vivir. La cabeza, nunca fue encontrada.

El autor del crimen negaba que esas cosas fuesen suyas, decía que fue una trampa de los seres abominables, fue juzgado y condenado de por vida en el manicomio de Lookrain, a las afueras del condado Uzru, a los tres días de su internamiento fue hallado muerto, le habían rebanado el cuello en su celda, se desconoce el autor del crimen y el caso fue cerrado...

¿Has flipado no?... —Rubén negaba con la cabeza.

¿Por qué esto no sale en Internet? —preguntó Jacob.

No lo sé, es returbio, es como si hubieran querido taparlo todo, increíble...

Ah, es verdad, yo también encontré algo, mira, hablan de este chico. —Jacob le pasó el libro abierto por donde estaba la foto de Juny, el chico encontrado muerto en el monte. Rubén lo soltó en el suelo enseguida.

No puede ser... —Rubén quedó blanco.

¿Qué pasa? —Jacob recogió el libro de nuevo.

Yo he visto a ese chico antes... —Rubén comenzó a temblar.

¿Qué? ¿Dónde?

En el sótano, estaba atado a tu lado. —Rubén sacó el móvil nervioso.

¿Estás seguro? Quizás se parecía...

¡No! ¡Estoy seguro! Su ropa, mira, la foto en la que aparece lleva una camiseta llena de barquitos.

Está en blanco y negro... —Jacob dudaba aún de su amigo.

Sé lo que vi, me fijé bien en todos, ¡Estoy seguro de que uno de ellos llevaba esa camiseta, era azul con barquitos!

Vale, te creo... —Jacob intentó tranquilizar a Rubén posando su mano en el hombro—. Bien, debemos contar todo esto a Álex y Miguel, deben saberlo, volvamos a clase.

Ambos se dirigieron a la salida y entonces se detuvieron, en el fondo, cerca de la entrada había un chico, iba vestido con una camiseta azul celeste, estaba llena de barcos, su ropa estaba sucia y rasgada.

Los dos se miraron para comprobar que ambos lo veían, el chico avanzó varios pasos, ellos retrocedieron, el chico sacó un papel de su bolsillo e inclinándose lo soltó en el suelo, después se alejó varios pasos hacia atrás y desapareció en la oscuridad.

Jacob y Rubén miraban la escena cogidos de la mano en silencio, cuando se dieron cuenta se separaron avergonzados.

Perdón... —Jacob posó su mirada en el suelo.

No importa..., veamos que soltó. —Rubén avanzó varios pasos al frente.

¿Qué? Claro, venga, vayamos a la trampa... —dijo Jacob con sarcasmo.

Jacob al ver que Rubén hizo caso omiso le siguió detrás, llegaron hasta el papel, apuntaron a la zona oscura, pero no había nadie, Rubén se agachó y lo recogió, su mirada no se separaba del mismo.

¿Qué pone? —Jacob se puso a su altura y miró el papel con atención.

La foto de un chico desaparecido, ambos reconocieron la foto del chico, era Cristian, amigo de Álex.

Es Cristian... —Rubén sonó con temor.

¡Mira! ¡Desaparecido el jueves 30 de septiembre! ¡Es hoy! —Jacob señaló la fecha que indicaba la desaparición de Cristian.

Rápido, ¡Debemos ir a la escuela antes de que sea demasiado tarde!

Ambos chicos cogieron sus mochilas y fueron corriendo a clases, si se apresuraban llegarían justo después de terminar la primera hora, entraron por la parte trasera de la escuela, por donde muchas veces se colaban para jugar en la pista de fútbol del colegio.

Los dos fueron hasta el pasillo de las clases de Álex, se asomaron por la puerta y ahí estaba el hermano de Rubén, pero no estaba Cristian.

¡No está! ¿Qué hacemos? —Jacob sonaba desesperado.

¡Dani! ¡Su hermano! Vamos a buscarle, quizás sepa algo.

Los dos chicos volvieron sobre sus pasos, pero tuvieron que esconderse rápidamente en la esquina del pasillo, el director estaba hablando con Bill, el de mantenimiento.

¿Está seguro de eso? —la voz ronca y cruda del director resonaba por todo el pasillo.

Sí, le digo que ya es la tercera vez que unos gamberros llenan de barro los baños de los chicos, y ciertamente, estoy cansado, si no buscan a los culpables no limpio más, me lleva mucho tiempo.

No se preocupe, buscaremos a los responsables. —dijo el director.

Los dos chicos permanecían atentos a la espera de que ambas personas se alejasen, el timbre del final de la primera clase sonó con fuerza y los alumnos comenzaron a salir.

¡Rápido! ¡Debemos encontrar a Dani!

Entre la multitud de alumnos avanzaron como pudieron hasta alcanzar la clase de Daniel, allí estaba, sentado en un banco del pasillo, esperando la siguiente clase, los dos se acercaron rápidamente.

¡Dani! ¿Dónde está tu hermano?

¿Qué? —Daniel los miró sobresaltado—. Ah, hola, Rubén, hola, Jacob, pues supongo que estará en clase, ¿No?

No, hemos ido, ¡Y allí no estaba! —Rubén sonaba cada vez más desesperado.

¿Viniste con él a la escuela? —Jacob intentó ser más razonable.

No, yo salí después, es que no encontraba la libreta de literatura...

¿Entonces no sabes si llegó a la escuela? —Jacob insistió a Daniel, que ya empezaba a preocuparse.

Peter... —Rubén se estremeció.

¿Qué pasa con él? —Jacob miró a su amigo esperando respuesta, pero éste solo le devolvió una mirada de preocupación.

¿Qué pasa con mi hermano? ¡Me estáis asustando! —Jacob los observó con temor.

Nada, ¡Es que me quitó la consola al llegar al colegio y quiero que me la devuelva! ¡Si lo ves dile que me la dé! —Rubén sonrió en un intento de tranquilizar a Daniel, era demasiado chico para preocuparle—. Bueno, debemos volver a clases.

Rubén sujetó a Jacob de la camiseta y lo arrastró hacia él.

¿Qué te pasa? —Jacob le preguntó con cierto temor.

Cuando salí de casa vi a Peter corriendo, parecía que huía o algo, tenía la ropa rasgada, y creo..., no lo sé al cien por cien..., pero creo que tenía sangre en el cabello... —Jacob permaneció en silencio—. La dirección de dónde huía era la casa de Cristian...

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code:2309245396434

ISBN Code: 9789403630021

domingo, 11 de julio de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 5 ''El hombre vendado''

Capítulo 5 ''El hombre vendado''



Al parecer, no se puede evitar vivir lo mismo, sólo puedes cambiar el final, es decir, la primera vez que vives tu muerte en realidad es una visión o un sueño premonitorio, más adelante volverás a vivirla, sin poder evitarlo, aunque puedes cambiar el final, de ello depende vivir o morir.

Al menos eso es lo que Miguel nos contó, esa tarde, todos nos contamos las vivencias que habíamos tenido.

Rubén y Jacob fueron secuestrados en la escuela por una especie de bestia lobo humana, Miguel y yo obligados a matarnos, también estaba el ''sueño'' que tuve en la cueva, parecía que lo que contábamos era fantasía, por otra parte, también comentamos las secuelas de las vivencias, los moratones de los golpes o puñaladas recibidas, secuelas que el cuerpo sí notaba.

¿Y qué vamos a hacer? —la voz de Rubén rompió el silencio—. Quiero decir, si es cierto que se puede romper esa realidad, habrá que descubrir cómo evitarla o por qué está produciéndose...

Sí, pero, ¿Cómo sabemos cuándo es real y cuándo no? —la duda de Jacob inundó nuestros pensamientos.

Bueno, en cuanto suceda algo fuera de lo normal, sobremos que no es la realidad. —expresé con cierto entusiasmo, tampoco sabía qué más decir—. ¿No?

Vale, ¿Pero entonces qué hacemos? Miguel y tú ya habéis muerto, si volvéis a morir, se acabó... —Rubén me miró preocupado.

La cueva... —murmuré.

¿Qué? —Rubén me miró expectante.

Todo vino por la cueva que hay en el campamento de verano, si te das cuenta está conectado, todo esto, con esa cueva. —dije con seguridad.

Pero ¿Cómo? —mi hermano seguía con dudas—. Veamos..., tú, yo, Akin y Lucas estuvimos en la cueva, pero Jacob y Miguel no...

Bueno, ¿Y ahora qué? —pregunté.

Debemos seguir con nuestras vidas, pero a la vez averiguar por qué está pasando esto, mañana temprano iré a la biblioteca, buscaré información sobre esa cueva, datos, lo que sea, cualquier cosa que explique algo... —Jacob se levantó, se acomodó sus gafas de pasta y abrió la puerta—. Ya se hizo tarde, debo volver a casa...

Te acompaño. —Miguel se levantó y acompañó a Jacob a la salida.

Nos vemos mañana en clase. —dijo Jacob.

Vale, tened cuidado. —Rubén sonó preocupado.

Intentamos cenar algo sin contarle nada a nuestra madre, total, no iba a creernos, nos fuimos a nuestro cuarto y nos tumbamos a dormir. Necesitaba descansar, a pesar de no haber muerto, una parte de mí se quedó en ese sitio, es como si el cuerpo físicamente sí viviese lo sucedido, aún me dolía el abdomen y el cuello, donde recibí las puñaladas, me dolían mucho....

Cerré los ojos y conseguí dormirme, mientras, en otra parte del pueblo...

De un empujón, Peter puso contra el árbol a Luis.

No quiero que vuelvas a contradecirme, nunca más, ¿Me oyes? —la voz susurrante de Peter sonaba amenazadora, Luis con temor asintió—. Bien, ahora hagamos nuestro trabajo, será rápido y sencillo.

¿Qué hacemos si nos pillan? Además, estamos sin Lucas. —Víctor, el tercero del grupo, preguntó con cierto temor.

Nos pillarán si seguís actuando como niñas, y a Lucas le pueden dar por culo, ahora, al lío.

Los abusones del pueblo iban a entrar a la tienda de Nick, el padre de Jacob, a robar, dicha tienda se encontraba dentro del pequeño centro comercial del pueblo, querían robar sobre todo dinero, alcohol y tabaco, los tres avanzaron lentamente hasta la parte trasera.

Peter, un chico rubio de pelo rizado y un pendiente en la oreja, procedió a cortar la cadena con unas grandes tenazas. Abrió lentamente la puerta, una vez las retiró, Víctor, el gordito del grupo, se adentró primero, tras él, Luis.

Bien, buscad con cuidado, nos vemos en cinco minutos fuera. —ordenó Peter.

Los tres chicos se adentraron dentro del pequeño centro comercial, estaba bastante oscuro, así que utilizaban sus móviles como linterna.

Se separaron, cada uno por un camino, Víctor fue por la zona derecha sin darse cuenta de que se adentraba en el pasillo de los juguetes, en uno de los estantes había un muñeco de ventrílocuo sentado, apuntó con su linterna a su cara, sus ojos vidriosos parecían tener vida propia.

¡Qué horrible! —Víctor prosiguió su camino.

Luis fue el primero que encontró la tienda, entró usando la llave de Jacob, sí, se las habían quitado, buscó la zona del alcohol, cogió dos botellas de las más caras y las metió en la mochila que llevaba a la espalda.

Estaba en ello cuando escuchó unas risas que parecían de niño, se dio media vuelta y observó a un chico mirándole a pocos metros, llevaba ropa rasgada y sucia, su cara apenas era distinguible por la oscuridad.

Soltó la mochila en el suelo y recogiendo el móvil apuntó hacia donde estaba el chico para verlo mejor, pero ya no estaba, unas risas se escucharon a su espalda, se volvió a girar apuntando con la linterna.

¿Quién eres? ¡Puto niño, si te pillo te reviento! —Luis susurro amenazante a la vez que asustado—. Sal, ¡Sal para que pueda verte!

Iba a echar mano de la mochila, pero ya no estaba, había desaparecido, se levantó enfadado y con el móvil apuntó a todos lados, pero no había nadie.

En ese momento a lo lejos vio la luz de uno de los móviles, sería alguno de los chicos, así que fue hacia allí, continuó siguiendo la luz, y cuando parecía haber alcanzado dicha luz, de repente, desapareció, estaba en un pasillo sin salida, a su alrededor solo había ropa.

Miró bien, pero no había nadie, era imposible, estaba seguro de que había venido por aquí, estuvo casi a su lado.

La risa se volvió a escuchar, parecía la de un chico, sujetando su móvil con fuerza miro hacia la izquierda de donde parecía que venían las risas.

Apuntó hacia donde provenían las risas perversas y pudo distinguir a un chico la ropa rasgada, muy estropeada y sucia, además parecía tener manchas que parecían sangre.

¿Quién eres? ¡Esto no tiene gracia!

El chico señaló hacia Luis, levanto su mano derecha apuntándole, aunque se dio cuenta de que no apuntaba a él exactamente.

Entonces escuchó un crujido a su espalda.

Se giró, apuntó con la linterna y pudo ver a un muñeco de pie, parecía de ventrílocuo, iba vestido de negro, un traje negro bastante elegante, el muñeco parecía antiguo, su sonrisa macabra atemorizaba.

Sus ojos vidriosos de color avellana brillaban con el flash del móvil, entonces el muñeco sacó una navaja azulada, sonriendo se dirigió a Luis.

Lo que estás haciendo está mal..., ¡¡Mereces morir!! —la voz del muñeco sonaba muy fina y aterradora.

El muñeco inmediatamente salió hacia Luis para intentar apuñalarlo, él salió corriendo, buscando la salida, escuchaba como el muñeco le seguía detrás, era muy rápido, incluso para tener unas piernas tan pequeñas.

Corrió todo lo que pudo hasta que alcanzó la entrada, sí, por donde entraron, se veía un poco de la luz de la farola que estaba a un lado de la entrada, logró alcanzar la puerta y salió por la misma, miró hacia atrás enseguida, una vez se había alejado varios metros, pero no había nadie.

Pero ¿Qué era eso? —su voz entrecortada y con la respiración alterada denotaba terror y miedo.

Mientras tanto, Víctor chocó con uno de los juguetes y cayó de rodillas al suelo, el móvil se desplazó varios metros hasta los pies de un muñeco, el mismo muñeco de la estantería.

Estaba de pie, mirando a Víctor, el cual empezó a levantarse lentamente.

¿Qué cojones? ¿Qué clase de broma es esta?

Un muñeco de ventrílocuo se inclinó cogiendo el móvil de Víctor, que, asustado, retrocedió varios pasos, era el muñeco que vio antes.

El muñeco sacó de nuevo la navaja.

Lo que estás haciendo está mal..., ¡¡Mereces morir!!

Víctor giró a toda prisa en cuanto el muñeco empezó a correr hacia él, pero al intentar huir se volvió a tropezar con el mismo juguete de antes cayendo al suelo, el muñeco se puso encima de él en pocos segundos, y sin darle tiempo a reaccionar, clavó su navaja en el pecho de Víctor.

El grito de Víctor se escuchó en todo el centro comercial, intentó apartarse del muñeco, pero no pudo.

El muñeco extrajo la navaja del pecho donde lo había clavado, y con varias puñaladas más destrozó la cara de Víctor, el cual con espasmos miraba horrorizado como era asesinado, su cara giró a la izquierda, el muñeco sonreía perversamente ante la atónita mirada del chico perturbado, que observaba la escena.

La cara de Víctor estaba deformada, no tenía parte de esta, su dentadura estaba casi destrozada, pero aún respiraba, aún se movía entre espasmos.

Peter se detuvo y miró hacia dónde se escuchó el ruido.

¿Qué coño ha sido eso? —la pregunta de Peter resonó con enfado, estaba claro que sabía que había sido Víctor.

Maldito cobarde, solo logrará que nos descubran.

Peter se dirigió enfadado hacia donde escuchó el grito y asomándose con el móvil descubrió la aterradora escena.

El chico observaba como un muñeco estaba posado encima de Víctor, dicho muñeco seguía apuñalando a su amigo, que yacía en el suelo, miraba con el ojo que le quedaba a Peter, Víctor extendió su mano en forma de auxilio.

Peter, temblando, retrocedió varios pasos, entonces el muñeco giró su cabeza posando su mirada en Peter.

¡¡Buh!! —la voz del muñeco sacó un gemido de Peter, un gemido de estremecimiento, no lo pensó dos veces y salió disparado soltando las cosas en dirección contraria hasta la salida.

Al llegar se encontró con Luis.

¿Qué haces tú aquí? —Peter lo miró sorprendido, aún con el miedo en el cuerpo.

¿Yo? Nada, necesitaba respirar aire fresco, ¿Dónde está Víctor? —preguntó Luis.

No lo sé, pero ya han pasado los cinco minutos, vayámonos—. Peter cerró la puerta y puso las cadenas en la misma, aunque cortadas, de poco iba a servir.

Tío, ¡No podemos dejarlo ahí! —Luis intentó impedir que pusiera las cadenas.

¿Quieres entrar a por él?

¿Qué? No... —murmuró Luis.

Pues ya está... —dijo contundente Peter.

¿Qué has visto? —Luis miró con duda a Peter, el cual, serio, se detuvo un instante, miró a su amigo y apartando la mirada, prosiguió su camino.

Me largo a casa, aquí nunca estuvimos.

¿No has visto nada raro? —insistió Luis.

No, no vi nada raro, me largo de aquí, si quieres quédate tú y le haces compañía al muñeco.

¿Muñeco? Luis observó en la distancia como Peter desaparecía entre la oscuridad de la noche, una ligera lluvia comenzó a caer sobre el suelo, con las manos en los bolsillos se dirigió a su casa, por el camino se detuvo frente a la casa de Álex y Rubén, apoyado en un árbol se quedó observando, también para resguardarse de la lluvia.

¿Acechando? —una voz detrás de él lo alertó y se giró con brusquedad para mirarlo.

Luis pudo distinguir en la oscura noche con dificultad a Akin, que llevaba una mochila colgada al hombro, parecía de deporte.

No acecho a nadie. —Luis caminó alejándose de allí.

Eres un cobarde. —sentenció Akin.

¿Cómo dices? —Luis se detuvo y observó con enfado a Akin.

Que eres un puto cobarde, no tuviste suficiente con joderle la vida a Rubén en el internado, sino que vienes a por más, y pones a Peter, sabiendo que es muy chungo, en su contra.

Tú no sabes qué pasó en el centro, así que cállate. —Luis apretó los dientes con enfado.

No, tienes razón, no sé qué pasó allí, pero sí sé que casi matan a Álex, por tu puta culpa, aléjate de ellos.

¿Y si no qué?

Ambos cruzaron sus miradas sin apartarlas, sostuvieron su ira por unos instantes.

Déjalos en paz. —sentenció Akin.

Chss. —Luis bajó la mirada, se apartó del árbol y prosiguió su camino marchándose de allí ante la mirada de Akin.

Víctor... —murmuró Luis—. ¿Estaría bien? Se quedó en el centro comercial sólo, con ese muñeco y el chico perturbador, pero no pienso volver, no, tampoco somos tan amigos como para entrar a ese sitio infernal.

Al día siguiente...

Aparté las sábanas que tapaban mi cuerpo, estaba sudado, me levanté de la cama y encendí la luz de la mesita, estaba en mi casa, intentaba descansar después de lo ocurrido esa tarde en el dentista, suspiré profundamente y levantándome me dirigí al baño, despacio para no despertar a nadie pude escuchar como alguien hablaba en voz baja, era la voz de mi hermano, estaba susurrando con alguien más.

Me acerqué silenciosamente a su cuarto y puse mi oído en la puerta.

Tarde o temprano se darán cuenta de todo, así que propongo actuar ya, antes de que sea tarde. —la voz de mi hermano indicaba que hablaba con alguien más, puse atención a la voz que estaba con él.

No podemos aún. —la voz de otro chico, incluso más joven que él, sonaba en su cuarto—. Aún no está listo, por lo tanto, el plan seguirá como hasta ahora.

Es demasiado arriesgado, si nos descubren...

No nos descubrirán...

Pero han visto la habitación, saben dónde se encuentra, ¡Incluso vieron tu cara! —Rubén subió el tono.

¡Cálmate! Esos chicos no saben ni lo que han visto.

Pero si no tenemos más cuidado descubrirán todo...

No te preocupes, todo irá... —en ese momento la segunda voz se calló, quizás notaron mi presencia, será mejor volver a mi cuarto.

Me di la vuelta, aunque la oscuridad bañaba el pasillo podía distinguir que no estaba en mi casa, ese no era el pasillo que llevaba a mi cuarto, a lo lejos distinguí la silueta de un chico haciéndome señas para que me acercara a él, a su vez, unos pasos se acercaban por detrás, iban a abrir la puerta, debía hacer algo, pero no sabía el qué, ¡Mi tiempo se agotaba!

Miré de nuevo a la silueta y tembloroso me acerqué hasta ella, me sujetó de la muñeca y me escondió junto a él y me tapó la boca.

¿Viste algo?

No, habrá sido mi imaginación.

La puerta se volvió a cerrar y el chico me soltó lentamente, lo miré bien, aunque todavía en la oscuridad apenas podía distinguir su cara.

¡Casi te pillan! —su voz no sonaba amenazadora, más bien familiar.

¿Quién eres? —intenté fijarme bien en su cara, pero era indistinguible.

Pero ¿Qué te pasa? ¿Es que no quieres salir de aquí? ¡Vamos! ¡Tenemos que salvarlos!

Un crujido a mi espalda llamó mi atención, detrás, el hombre con vendas me había descubierto.

¿Otra vez tú? ¿Qué no tuviste suficiente? —me sujetó del cuello y me arrastró por el pasillo.

El chico que me escondió salió en mi defensa intentando evitar que me llevara, pero era inútil, el hombre vendado me sujetó con fuerza y me estampó contra el suelo, caí medio mareado, pude ver como intentaba someter al otro chico, lo tiró contra el suelo y subido encima sacó un cuchillo, le clavó varias veces dicho cuchillo entre gritos, hasta que cesaron, aun así siguió apuñalando su cuerpo varias veces.

El hombre vendado se puso de pie.

Esto no debió terminar así, ¡Pero vosotros os lo habéis buscado!

El hombre vendado me propinó una patada en la cara y perdí el conocimiento.

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630021