domingo, 11 de julio de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 5 ''El hombre vendado''

Capítulo 5 ''El hombre vendado''



Al parecer, no se puede evitar vivir lo mismo, sólo puedes cambiar el final, es decir, la primera vez que vives tu muerte en realidad es una visión o un sueño premonitorio, más adelante volverás a vivirla, sin poder evitarlo, aunque puedes cambiar el final, de ello depende vivir o morir.

Al menos eso es lo que Miguel nos contó, esa tarde, todos nos contamos las vivencias que habíamos tenido.

Rubén y Jacob fueron secuestrados en la escuela por una especie de bestia lobo humana, Miguel y yo obligados a matarnos, también estaba el ''sueño'' que tuve en la cueva, parecía que lo que contábamos era fantasía, por otra parte, también comentamos las secuelas de las vivencias, los moratones de los golpes o puñaladas recibidas, secuelas que el cuerpo sí notaba.

¿Y qué vamos a hacer? —la voz de Rubén rompió el silencio—. Quiero decir, si es cierto que se puede romper esa realidad, habrá que descubrir cómo evitarla o por qué está produciéndose...

Sí, pero, ¿Cómo sabemos cuándo es real y cuándo no? —la duda de Jacob inundó nuestros pensamientos.

Bueno, en cuanto suceda algo fuera de lo normal, sobremos que no es la realidad. —expresé con cierto entusiasmo, tampoco sabía qué más decir—. ¿No?

Vale, ¿Pero entonces qué hacemos? Miguel y tú ya habéis muerto, si volvéis a morir, se acabó... —Rubén me miró preocupado.

La cueva... —murmuré.

¿Qué? —Rubén me miró expectante.

Todo vino por la cueva que hay en el campamento de verano, si te das cuenta está conectado, todo esto, con esa cueva. —dije con seguridad.

Pero ¿Cómo? —mi hermano seguía con dudas—. Veamos..., tú, yo, Akin y Lucas estuvimos en la cueva, pero Jacob y Miguel no...

Bueno, ¿Y ahora qué? —pregunté.

Debemos seguir con nuestras vidas, pero a la vez averiguar por qué está pasando esto, mañana temprano iré a la biblioteca, buscaré información sobre esa cueva, datos, lo que sea, cualquier cosa que explique algo... —Jacob se levantó, se acomodó sus gafas de pasta y abrió la puerta—. Ya se hizo tarde, debo volver a casa...

Te acompaño. —Miguel se levantó y acompañó a Jacob a la salida.

Nos vemos mañana en clase. —dijo Jacob.

Vale, tened cuidado. —Rubén sonó preocupado.

Intentamos cenar algo sin contarle nada a nuestra madre, total, no iba a creernos, nos fuimos a nuestro cuarto y nos tumbamos a dormir. Necesitaba descansar, a pesar de no haber muerto, una parte de mí se quedó en ese sitio, es como si el cuerpo físicamente sí viviese lo sucedido, aún me dolía el abdomen y el cuello, donde recibí las puñaladas, me dolían mucho....

Cerré los ojos y conseguí dormirme, mientras, en otra parte del pueblo...

De un empujón, Peter puso contra el árbol a Luis.

No quiero que vuelvas a contradecirme, nunca más, ¿Me oyes? —la voz susurrante de Peter sonaba amenazadora, Luis con temor asintió—. Bien, ahora hagamos nuestro trabajo, será rápido y sencillo.

¿Qué hacemos si nos pillan? Además, estamos sin Lucas. —Víctor, el tercero del grupo, preguntó con cierto temor.

Nos pillarán si seguís actuando como niñas, y a Lucas le pueden dar por culo, ahora, al lío.

Los abusones del pueblo iban a entrar a la tienda de Nick, el padre de Jacob, a robar, dicha tienda se encontraba dentro del pequeño centro comercial del pueblo, querían robar sobre todo dinero, alcohol y tabaco, los tres avanzaron lentamente hasta la parte trasera.

Peter, un chico rubio de pelo rizado y un pendiente en la oreja, procedió a cortar la cadena con unas grandes tenazas. Abrió lentamente la puerta, una vez las retiró, Víctor, el gordito del grupo, se adentró primero, tras él, Luis.

Bien, buscad con cuidado, nos vemos en cinco minutos fuera. —ordenó Peter.

Los tres chicos se adentraron dentro del pequeño centro comercial, estaba bastante oscuro, así que utilizaban sus móviles como linterna.

Se separaron, cada uno por un camino, Víctor fue por la zona derecha sin darse cuenta de que se adentraba en el pasillo de los juguetes, en uno de los estantes había un muñeco de ventrílocuo sentado, apuntó con su linterna a su cara, sus ojos vidriosos parecían tener vida propia.

¡Qué horrible! —Víctor prosiguió su camino.

Luis fue el primero que encontró la tienda, entró usando la llave de Jacob, sí, se las habían quitado, buscó la zona del alcohol, cogió dos botellas de las más caras y las metió en la mochila que llevaba a la espalda.

Estaba en ello cuando escuchó unas risas que parecían de niño, se dio media vuelta y observó a un chico mirándole a pocos metros, llevaba ropa rasgada y sucia, su cara apenas era distinguible por la oscuridad.

Soltó la mochila en el suelo y recogiendo el móvil apuntó hacia donde estaba el chico para verlo mejor, pero ya no estaba, unas risas se escucharon a su espalda, se volvió a girar apuntando con la linterna.

¿Quién eres? ¡Puto niño, si te pillo te reviento! —Luis susurro amenazante a la vez que asustado—. Sal, ¡Sal para que pueda verte!

Iba a echar mano de la mochila, pero ya no estaba, había desaparecido, se levantó enfadado y con el móvil apuntó a todos lados, pero no había nadie.

En ese momento a lo lejos vio la luz de uno de los móviles, sería alguno de los chicos, así que fue hacia allí, continuó siguiendo la luz, y cuando parecía haber alcanzado dicha luz, de repente, desapareció, estaba en un pasillo sin salida, a su alrededor solo había ropa.

Miró bien, pero no había nadie, era imposible, estaba seguro de que había venido por aquí, estuvo casi a su lado.

La risa se volvió a escuchar, parecía la de un chico, sujetando su móvil con fuerza miro hacia la izquierda de donde parecía que venían las risas.

Apuntó hacia donde provenían las risas perversas y pudo distinguir a un chico la ropa rasgada, muy estropeada y sucia, además parecía tener manchas que parecían sangre.

¿Quién eres? ¡Esto no tiene gracia!

El chico señaló hacia Luis, levanto su mano derecha apuntándole, aunque se dio cuenta de que no apuntaba a él exactamente.

Entonces escuchó un crujido a su espalda.

Se giró, apuntó con la linterna y pudo ver a un muñeco de pie, parecía de ventrílocuo, iba vestido de negro, un traje negro bastante elegante, el muñeco parecía antiguo, su sonrisa macabra atemorizaba.

Sus ojos vidriosos de color avellana brillaban con el flash del móvil, entonces el muñeco sacó una navaja azulada, sonriendo se dirigió a Luis.

Lo que estás haciendo está mal..., ¡¡Mereces morir!! —la voz del muñeco sonaba muy fina y aterradora.

El muñeco inmediatamente salió hacia Luis para intentar apuñalarlo, él salió corriendo, buscando la salida, escuchaba como el muñeco le seguía detrás, era muy rápido, incluso para tener unas piernas tan pequeñas.

Corrió todo lo que pudo hasta que alcanzó la entrada, sí, por donde entraron, se veía un poco de la luz de la farola que estaba a un lado de la entrada, logró alcanzar la puerta y salió por la misma, miró hacia atrás enseguida, una vez se había alejado varios metros, pero no había nadie.

Pero ¿Qué era eso? —su voz entrecortada y con la respiración alterada denotaba terror y miedo.

Mientras tanto, Víctor chocó con uno de los juguetes y cayó de rodillas al suelo, el móvil se desplazó varios metros hasta los pies de un muñeco, el mismo muñeco de la estantería.

Estaba de pie, mirando a Víctor, el cual empezó a levantarse lentamente.

¿Qué cojones? ¿Qué clase de broma es esta?

Un muñeco de ventrílocuo se inclinó cogiendo el móvil de Víctor, que, asustado, retrocedió varios pasos, era el muñeco que vio antes.

El muñeco sacó de nuevo la navaja.

Lo que estás haciendo está mal..., ¡¡Mereces morir!!

Víctor giró a toda prisa en cuanto el muñeco empezó a correr hacia él, pero al intentar huir se volvió a tropezar con el mismo juguete de antes cayendo al suelo, el muñeco se puso encima de él en pocos segundos, y sin darle tiempo a reaccionar, clavó su navaja en el pecho de Víctor.

El grito de Víctor se escuchó en todo el centro comercial, intentó apartarse del muñeco, pero no pudo.

El muñeco extrajo la navaja del pecho donde lo había clavado, y con varias puñaladas más destrozó la cara de Víctor, el cual con espasmos miraba horrorizado como era asesinado, su cara giró a la izquierda, el muñeco sonreía perversamente ante la atónita mirada del chico perturbado, que observaba la escena.

La cara de Víctor estaba deformada, no tenía parte de esta, su dentadura estaba casi destrozada, pero aún respiraba, aún se movía entre espasmos.

Peter se detuvo y miró hacia dónde se escuchó el ruido.

¿Qué coño ha sido eso? —la pregunta de Peter resonó con enfado, estaba claro que sabía que había sido Víctor.

Maldito cobarde, solo logrará que nos descubran.

Peter se dirigió enfadado hacia donde escuchó el grito y asomándose con el móvil descubrió la aterradora escena.

El chico observaba como un muñeco estaba posado encima de Víctor, dicho muñeco seguía apuñalando a su amigo, que yacía en el suelo, miraba con el ojo que le quedaba a Peter, Víctor extendió su mano en forma de auxilio.

Peter, temblando, retrocedió varios pasos, entonces el muñeco giró su cabeza posando su mirada en Peter.

¡¡Buh!! —la voz del muñeco sacó un gemido de Peter, un gemido de estremecimiento, no lo pensó dos veces y salió disparado soltando las cosas en dirección contraria hasta la salida.

Al llegar se encontró con Luis.

¿Qué haces tú aquí? —Peter lo miró sorprendido, aún con el miedo en el cuerpo.

¿Yo? Nada, necesitaba respirar aire fresco, ¿Dónde está Víctor? —preguntó Luis.

No lo sé, pero ya han pasado los cinco minutos, vayámonos—. Peter cerró la puerta y puso las cadenas en la misma, aunque cortadas, de poco iba a servir.

Tío, ¡No podemos dejarlo ahí! —Luis intentó impedir que pusiera las cadenas.

¿Quieres entrar a por él?

¿Qué? No... —murmuró Luis.

Pues ya está... —dijo contundente Peter.

¿Qué has visto? —Luis miró con duda a Peter, el cual, serio, se detuvo un instante, miró a su amigo y apartando la mirada, prosiguió su camino.

Me largo a casa, aquí nunca estuvimos.

¿No has visto nada raro? —insistió Luis.

No, no vi nada raro, me largo de aquí, si quieres quédate tú y le haces compañía al muñeco.

¿Muñeco? Luis observó en la distancia como Peter desaparecía entre la oscuridad de la noche, una ligera lluvia comenzó a caer sobre el suelo, con las manos en los bolsillos se dirigió a su casa, por el camino se detuvo frente a la casa de Álex y Rubén, apoyado en un árbol se quedó observando, también para resguardarse de la lluvia.

¿Acechando? —una voz detrás de él lo alertó y se giró con brusquedad para mirarlo.

Luis pudo distinguir en la oscura noche con dificultad a Akin, que llevaba una mochila colgada al hombro, parecía de deporte.

No acecho a nadie. —Luis caminó alejándose de allí.

Eres un cobarde. —sentenció Akin.

¿Cómo dices? —Luis se detuvo y observó con enfado a Akin.

Que eres un puto cobarde, no tuviste suficiente con joderle la vida a Rubén en el internado, sino que vienes a por más, y pones a Peter, sabiendo que es muy chungo, en su contra.

Tú no sabes qué pasó en el centro, así que cállate. —Luis apretó los dientes con enfado.

No, tienes razón, no sé qué pasó allí, pero sí sé que casi matan a Álex, por tu puta culpa, aléjate de ellos.

¿Y si no qué?

Ambos cruzaron sus miradas sin apartarlas, sostuvieron su ira por unos instantes.

Déjalos en paz. —sentenció Akin.

Chss. —Luis bajó la mirada, se apartó del árbol y prosiguió su camino marchándose de allí ante la mirada de Akin.

Víctor... —murmuró Luis—. ¿Estaría bien? Se quedó en el centro comercial sólo, con ese muñeco y el chico perturbador, pero no pienso volver, no, tampoco somos tan amigos como para entrar a ese sitio infernal.

Al día siguiente...

Aparté las sábanas que tapaban mi cuerpo, estaba sudado, me levanté de la cama y encendí la luz de la mesita, estaba en mi casa, intentaba descansar después de lo ocurrido esa tarde en el dentista, suspiré profundamente y levantándome me dirigí al baño, despacio para no despertar a nadie pude escuchar como alguien hablaba en voz baja, era la voz de mi hermano, estaba susurrando con alguien más.

Me acerqué silenciosamente a su cuarto y puse mi oído en la puerta.

Tarde o temprano se darán cuenta de todo, así que propongo actuar ya, antes de que sea tarde. —la voz de mi hermano indicaba que hablaba con alguien más, puse atención a la voz que estaba con él.

No podemos aún. —la voz de otro chico, incluso más joven que él, sonaba en su cuarto—. Aún no está listo, por lo tanto, el plan seguirá como hasta ahora.

Es demasiado arriesgado, si nos descubren...

No nos descubrirán...

Pero han visto la habitación, saben dónde se encuentra, ¡Incluso vieron tu cara! —Rubén subió el tono.

¡Cálmate! Esos chicos no saben ni lo que han visto.

Pero si no tenemos más cuidado descubrirán todo...

No te preocupes, todo irá... —en ese momento la segunda voz se calló, quizás notaron mi presencia, será mejor volver a mi cuarto.

Me di la vuelta, aunque la oscuridad bañaba el pasillo podía distinguir que no estaba en mi casa, ese no era el pasillo que llevaba a mi cuarto, a lo lejos distinguí la silueta de un chico haciéndome señas para que me acercara a él, a su vez, unos pasos se acercaban por detrás, iban a abrir la puerta, debía hacer algo, pero no sabía el qué, ¡Mi tiempo se agotaba!

Miré de nuevo a la silueta y tembloroso me acerqué hasta ella, me sujetó de la muñeca y me escondió junto a él y me tapó la boca.

¿Viste algo?

No, habrá sido mi imaginación.

La puerta se volvió a cerrar y el chico me soltó lentamente, lo miré bien, aunque todavía en la oscuridad apenas podía distinguir su cara.

¡Casi te pillan! —su voz no sonaba amenazadora, más bien familiar.

¿Quién eres? —intenté fijarme bien en su cara, pero era indistinguible.

Pero ¿Qué te pasa? ¿Es que no quieres salir de aquí? ¡Vamos! ¡Tenemos que salvarlos!

Un crujido a mi espalda llamó mi atención, detrás, el hombre con vendas me había descubierto.

¿Otra vez tú? ¿Qué no tuviste suficiente? —me sujetó del cuello y me arrastró por el pasillo.

El chico que me escondió salió en mi defensa intentando evitar que me llevara, pero era inútil, el hombre vendado me sujetó con fuerza y me estampó contra el suelo, caí medio mareado, pude ver como intentaba someter al otro chico, lo tiró contra el suelo y subido encima sacó un cuchillo, le clavó varias veces dicho cuchillo entre gritos, hasta que cesaron, aun así siguió apuñalando su cuerpo varias veces.

El hombre vendado se puso de pie.

Esto no debió terminar así, ¡Pero vosotros os lo habéis buscado!

El hombre vendado me propinó una patada en la cara y perdí el conocimiento.

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630021

sábado, 19 de junio de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 4 ''Juego macabro''

Capítulo 4 ''Juego macabro''



Rubén estaba atado con cadenas, vendado y amordazado, sintió como alguien tocaba sus manos, unas pequeñas manos intentaban soltarlo, tocaban las suyas desesperadamente, pero luego se alejaron, intentó escuchar algo, pero no se oía nada...

¿Te gusta estar así? —una extraña voz le hablaba a Rubén.

Rubén se revolvía con miedo.

¡Te hice una pregunta! ¡Contesta! —insistió la voz.

Rubén entreabrió los ojos, ya no estaba vendado.

¡Rubén! —un fuerte grito llamó la atención del chico rubio.

¿¡Que pasó¡? —Rubén alzó la cabeza ante la atónita mirada de sus compañeros, el profesor le miró enfadado, ¡¡Estaba en su clase!!

¡Te hice una pregunta! —el profesor le miró con ligero enfado.

¿Cómo? No entiendo nada...

¿Estabas dormido? ¡¡No estás atendiendo en clase!!

Rubén miró a la pizarra, dos iconos parecidos, pero con diferentes números estaban dibujados en ella, pero no entendía lo que le preguntaba exactamente.

No, no sé...

¡No me gusta que se duerman en mi clase!

Rubén volvió a mirar a su alrededor, ¿Todo había sido un sueño? ¿Pero cómo?

Era tan real...

Perdón profesor es que... —Rubén intentaba excusarse.

En ese momento sonó la puerta e inmediatamente se abrió, era Jacob, se asomó y preguntó por Rubén.

El director pregunta por Rubén, es urgente. —mintió Jacob.

Vale, Rubén, vamos, sal.

Rubén salió del aula y cerró la puerta tras de sí.

¿Qué haces aquí fuera? —Rubén guio a su amigo hasta el final del pasillo mientras le preguntaba—. ¿Qué sucedió? Tienes cara como de ver un fantasma...

No, es que yo..., bueno, pensé que te pasó algo... —dijo Jacob con preocupación.

¿A qué te refieres? —preguntó Rubén.

No, nada, debe ser la escuela, el volver a clases después del verano me está costando... —dijo Rubén.

Hubo un silencio incómodo, ambos miraban el suelo sin querer mirarse a la cara.

¿Y tus gafas? —Rubén miró con duda a Jacob, que lo veía raro sin sus gafas de pasta.

Ah... —Jacob se llevó las manos a la cara comprobando que no las llevaba—. No lo sé, las perdí.

Con temor, Rubén se llevó la mano a su bolsillo y notó que las tenía ahí, con su mano sacó las gafas.

¿De dónde las sacaste? —Jacob las cogió y se las puso.

Del sótano...

Jacob tragó saliva y miró con miedo a Rubén.

¿Sótano? ¿Tú lo viste...? —la pregunta de Jacob no fue respondida—. Quiero decir, yo estuve allí...

Eso no es posible, fue un sueño. —Rubén intentaba convencerse a sí mismo.

¿Entonces cómo es que tenías mis gafas?

No lo sé...

¡Ustedes! ¿Qué hacen aquí? —la voz del profesor de matemáticas los devolvió a la realidad—. Vuelvan a sus clases.

Jacob se giró y se dirigió a su clase, Rubén hizo lo propio hacia la suya, Rubén posó su mano sobre la manivela de la puerta.

Un escalofrío recorrió su espalda..., ¡No!, ¡¿Lo había soñado?!, ¡No!, ¡Fue real!, Tanto por las gafas, como por tener ambos el mismo sueño, eso era imposible, algo pasó, ¿Pero el qué?, ¡Todo lo ocurrido fue tan real...!

El animal era real... —murmuró Rubén.

¿Qué dijiste? —Jacob se dio la vuelta—. ¿Qué animal?

¿Eh? Nada... —masculló Rubén.

¿Un animal con forma de lobo?

¿Cómo lo sabes? —Rubén miró asustado a Jacob.

Porque te dije que no era un sueño, y en caso de serlo, yo también lo viví, tu estabas allí, te vi atado... —dijo Jacob.

¿Qué? Eso es imposible, quiero decir, yo..., yo tuve un sueño donde tu estabas atado..., pero los sueños no pueden ser reales... ¿No? —Rubén miró al suelo.

¿Y qué hacemos? Nadie nos creería... —Jacob sonaba cabizbajo.

Al salir de clase quedamos en mi casa, debemos contárselo a mi hermana Álex.

¿Qué? ¿A tu hermana? No, lo que quiero es olvidar esto.

Escucha, mi hermana me contó hace unos días algo que le pasó en el campamento de verano, y no le creí, pero después de esto... —Rubén bajó la mirada al suelo.

¿Qué te contó? ¿Eso era lo que quisiste decirme en el recreo antes? —Jacob intrigado por saber lo ocurrido frunció el ceño con interés.

¿Eh? No..., quiero decir, sí, mira, quedamos en mi casa, allí mi hermana y yo te lo contaremos mejor, aquí está pasando algo raro...

Está bien, nos vemos a la salida. —dijo Jacob.

Ambos chicos volvieron a sus clases a la espera de poder quedar después y saber que estaba pasando.

Jacob estaba intrigado, quería saber si realmente fue un sueño, pero era tan real que era imposible que fuese un sueño.

El resto de las clases se le hicieron eternas, Jacob deseaba que fuera la hora de salir para ir a casa de Rubén y su hermano.

Esa misma mañana, yo había ido al dentista, pero la cosa no acabó bien...

Abrí los ojos poco a poco, estaba tumbado en una cama, atado, me estaban transportando, mi cama se movía, quise distinguir donde estaba, parecía un lugar viejo y antiguo, un golpe en la cara me hizo desmayar.

Un fuerte olor me despertó, estaba colgado, con mis manos atadas hacia arriba y mis pies rozando el suelo, tenía la boca amordazada, a mi lado estaba Miguel, gravemente herido y en la misma situación que yo.

Miré a mi alrededor, la habitación estaba oscura, oscuridad que era invadida por pequeños rayos de luz del exterior, al fondo había un pozo, parecía un cuarto abandonado durante décadas.

El silencio fue roto por la entrada de un hombre, un hombre bastante grande y robusto, su cara estaba tapada y envuelta en vendas, toda su cabeza estaba vendada, solo podían verse sus ojos y su boca, iba con un traje color granate oscuro.

Se acercó a nosotros y sacó un cuchillo enorme, le pegó un puñetazo a Miguel que lo hizo despertar enseguida.

Si intentáis gritar, os mato, si molestáis con cualquier ruido, os mato. Voy a ser muy breve, chicos, tengo cosas importantes que hacer y aquí la gente paga por espectáculo, así que iré al grano, ¿Veis esa cámara de ahí?

El hombre vendado señaló a una cámara que había en la parte alta de la pared del fondo.

Esa cámara grabará vuestro espectáculo, las reglas son sencillas, os enfrentaréis entre vosotros, a muerte, el primero que mate al otro saldrá de aquí vivo, el otro...me temo que no. —su voz cínica y con sorna me daba repugnancia, pero el miedo se apoderaba de mí, quería que nos matásemos, miré a Miguel y éste a pesar de la herida permanecía atento a lo que ocurría...

En fin, como hay una clara desventaja porque uno está herido, habrá que igualar el asunto, esto te va a doler... —el hombre vendado se acercó a mí, me agarró del pelo y sujetando el cuchillo con fuerza lo clavó en mi abdomen, la punzada que sentí fue horrible, la sangre comenzó a salir, clavó solo parte del cuchillo, pero el dolor era insoportable, acto seguido con el cuchillo cortó nuestras cuerdas y caímos al suelo. —¡Que empiece el espectáculo!

El hombre vendado salió del cuarto cerrando la puerta tras de sí, no sin soltar el cuchillo en el suelo antes, yo me di cuenta, Miguel también se dio cuenta, ambos tirados en el suelo lo miramos, se lanzó rápido hacia él, hice lo mismo, pero la herida me impidió llegar antes.

Espera, no tenemos por qué hacer esto... —sangre comenzó a salir de mi boca, sentía que me moría...

Miguel sujetó el cuchillo con fuerza, se puso en pie y me apuntó amenazante, yo me levanté como pude, me llevé la mano a mi abdomen, me dolía demasiado, no..., no iba a conseguirlo, incluso aunque ganase, ¿Qué posibilidades tenía de salir vivo de aquí? Me estaba desangrando...

Miguel no abrió la boca, se acercaba lentamente mientras yo intentaba mantenerme en pie, con un grito se lanzó hacia mí para clavarme el cuchillo, lo sujeté como pude y lo aparté a un lado.

Escucha..., esto es lo que quieren... —me costaba horrores hablar—. Tenemos un cuchillo, lo podemos usar a nuestro favor..., aún podemos salir de aquí...

¡Calla!, ¡Esta vez no moriré! —Miguel volvió a lanzarse contra mí, esta vez los dos caímos al suelo, el cuchillo se alejó de nosotros, hice amago de cogerlo, pero me sujetó con fuerza y me lo impidió, me agarró del cuello y comenzó a asfixiarme.

Intenté apartarlo, pero era más fuerte que yo, además con mi herida me costaba moverme, me estaba mareando, con mi mano intenté coger el cuchillo, una vez lo tuve en la mano derecha se lo clavé a Miguel en el costado, se apartó instintivamente con un grito de dolor.

Los dos nos quedamos cansados mirándonos el uno al otro, Miguel se sacó el cuchillo con un alarido de dolor, yo empecé a escupir sangre de mi boca de manera más constante, me quedaba poco, si quería vivir o tener una oportunidad tendría que matarlo, era él o yo.

Nos levantamos lentamente, de nuevo él tenía el cuchillo, estuvo tanteando el terreno, sin saber que hacer, se llevó una mano al costado y en ese momento me lancé contra él, lo sujeté con fuerza de la mano para que soltara el cuchillo, de repente sentí un golpe en mi herida, me aparté deprisa.

Miguel me había golpeado con fuerza, me sentí ahogarme, Miguel aprovechó, se levantó y me clavó el cuchillo en el lateral izquierdo del cuello.

Di varios pasos atrás, sujetando el cuchillo, perdí mis fuerzas cayendo de rodillas, la sangre salía de mi boca sin parar, Miguel, horrorizado, cayó al suelo.

¡Lo siento!, ¡No quería hacerlo!

Miré su expresión de terror, extraje el cuchillo de mi cuello, la sangre salía sin parar, intenté con mi mano evitarlo, pero no podía, estaba muerto, iba a morir, caí al suelo mirando como Miguel temblaba por lo ocurrido, el hombre de vendas entró en la habitación, comenzó a decirle algo a Miguel, pero no entendía nada, todo estaba borroso, incluso el sonido lo escuchaba con un largo pitido, pero sí pude distinguir como se llevaba a Miguel con él, dejándome a mí solo, tirado en la habitación, cerrando mis ojos, dejé de sentir dolor, frío y miedo, por fin podría descansar.

¡¿Qué le pasó a tu ropa? ¿Te tiraste el batido por encima o qué? —mi madre miró el vaso de batido vacío y me miró extrañada de nuevo—. Llegamos tarde al dentista, cámbiate y tira esa ropa, está toda rota y sucia.

Abrí mis ojos, miré mi ropa, estaba manchada con sangre, y tenía un agujero, donde el hombre vendado me había apuñalado, me toqué y me dolía, pero no estaba herido, solo había un pequeño moratón, también me dolía el cuello. ¿Qué había pasado? ¿Por qué regrese a este momento? No..., no puede ser..., ahora entiendo por qué pasaron horas en lugar de minutos, ¿Viví el futuro? ¿Fue una visión? ¿Fue real?, me estaba volviendo loco...

Me duché pensando en ello, me cambié de ropa y nos montamos en el coche para ir al dentista.

Durante el trayecto podía ver como salían los chavales de la escuela, de vuelta a sus casas, todo, todo estaba ocurriendo exactamente como antes, no puede ser, si todo ocurre igual, moriré...

Llegamos al dentista, entramos, y ahí estaba Miguel, me acerqué donde estaba, no me quitaba la mirada de encima.

¿Tú eres Miguel?

¿Miguel? —la chica salió llamándolo.

Miguel me miraba sorprendido y asustado, se levantó y entró con la chica.

Me volví a sentar y esperé, miraba el suelo, pensando, si todo fue un sueño o una especie de premonición, quizás lo pueda cambiar, quizás pueda cambiar lo que ocurra.

Un ruido me devolvió a la realidad, alcé la mirada y ya no había nadie, me levanté y salí corriendo hacia Miguel, entré de golpe, ahí estaba, atado, me acerqué corriendo y corté la cuerda con un pequeño cuchillo que había en la mesa, Miguel asustado se despertó, con un dedo en mis labios indiqué que no hiciese ruido.

Los pasos de la chica con sus tacones se acercaban, sujeté a Miguel y lo llevé conmigo detrás de la puerta justo cuando se abrió, la chica entró y vio que Miguel ya no estaba, sujeté con fuerza el cuchillo y se lo clavé en la nuca, cogí a Miguel de la mano y salimos corriendo.

¿Ya? Qué rápido. —en ese momento choqué con mi madre, miré a mi alrededor, todo estaba normal, Miguel no estaba, la dentista estaba ateniendo ahora a una niña—. Bien, voy a pagar, tú puedes ir a recoger a tu amigo, ¿No habíais quedado?

¿Eh? Ah..., sí..., no tardaré... —dije desconcertado, como si todo hubiese sido un sueño.

Eso espero, recuerda que mañana ya vuelves a clase. —mi madre se alejó para pagar.

Lo sé... —mascullé.

Salí de la clínica y me dirigí al campo de entrenamiento de la escuela, en el camino me topé con Miguel.

Hola. —me miró a los ojos—. Te estaba buscando.

Ah, hola, ¿A mí? ¿Por qué? —pregunté desconcertado.

Por salvarme, tú me salvaste.

¿Qué? ¿De qué hablas? —observé a Miguel, su expresión era extraña.

Antes, entraste y desataste mis cuerdas, gracias. —dijo Miguel.

Me quedé atónito, no fue un sueño, fue real, pero ¿Cómo? No tiene ninguna lógica ni explicación.

No, no puede ser, lo de antes no fue real... —mi respiración se alteraba.

Sí, sí lo es, interviniste y cambiaste los acontecimientos.

¿A qué te refieres? —le miré intrigado.

¿Sabes lo de las desapariciones? —preguntó señalando un tablón cercano, en él había varios carteles de ''se busca''.

¿Los chicos desaparecidos? Sí, durante este verano desaparecieron dos chicos, nadie supo de ellos. —cuando terminé la frase, por un momento..., me estremecí.

Sí, en realidad no desaparecen, mueren. —Miguel fue contundente.

¿Cómo sabes tú eso?

Porque eran amigos míos, yo los vi morir, si mueres en esa realidad, desapareces en esta. —Miguel metió las manos en los bolsillos de su pantalón.

Eso no tiene ningún sentido, yo morí y estoy aquí. —lo miré sonriendo, intentando aparentar normalidad y que me vacilaba.

Sí, moriste una vez, mis amigos murieron dos, la primera muerte es un aviso, algo, alguien, o lo que sea, no sabría explicarlo, te avisa, es como si quisiese mostrarte tu muerte antes de que ocurra para que la esquives o cambies el curso de los acontecimientos.

Aún estaba sorprendido por sus palabras, pero ahora todo tenía sentido, por eso me miraba serio en el dentista, él ya había vivido ese momento...

Por eso dijiste lo de ''esta vez no moriré...''

Sí, si me hubieses matado..., yo..., habría desaparecido. —en su mirada notaba el temor.

¿Y por qué estamos ambos vivos? —pregunté.

Estás vivo porque cambiaste el curso de los acontecimientos, no sé cómo lo hiciste.

Pues, evitando hacer lo mismo que la primera vez, tú has dicho que se puede cambiar...

No, eso no funciona, no se puede evitar vivir lo mismo ¿Crees que yo y mis amigos no lo intentamos?, esas visiones o sueños te muestran lo que ocurrirá, solo debes recordarlas para evitar el desenlace final, pero tú lo evitaste desde el principio.

¿Cómo sabes tanto? —lo miré extrañado.

Al principio mis amigos y yo no entendíamos lo que pasaba, pero al final comprobamos que a la segunda vez que mueras..., se acabó.

¡Álex! —una voz familiar me alertó y miré al otro lado, era Rubén.

Se acercó a nosotros y miró a Miguel intrigado.

Miguel, este es Rubén, mi hermano, Rubén, este es Miguel, un amigo, creo.

¿Nos conocemos? —mi hermano observaba curioso a Miguel.

No creo. —Miguel apartó la mirada a un lado—. Quizás de vista en la escuela, voy a la clase de al lado de tu amigo, el empollón.

¿Jacob? —preguntó mi hermano.

Sí, ese...

Álex, debo contarte algo, es importante, trata sobre la historia esa que no te creí, la del campamento... —Rubén se acercó intentando evitar que Miguel escuchase.

Es curioso, porque nosotros también. —dijo Miguel.

¿Nosotros? —mi hermano me miró con duda tras escuchar a Miguel.

Sí, tiene razón... —puse mis manos en los hombros de Miguel—. Vamos a recoger a Jacob y después directos a casa, hay mucho de lo que hablar...

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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