jueves, 11 de julio de 2019

El fotógrafo

El fotógrafo


Un chaval necesita hacerse unas fotos carnet con urgencia para la escuela, un fotógrafo se aprovechará de ello e intentara hacerle algo más que fotos...

Jose Julio es un chico bastante guapo de cara, delgado y con el cabello de color castaño claro, acababa de terminar la escuela y empezaba el Instituto, con la ayuda de su madre echó la solicitud de ingreso.

Jose Julio, deja la consola, te dije que tenías que ir a echarte las fotos. —la madre abrió la puerta con dificultad y una pila de libros cayó al suelo, miró a su hijo con enfado, pero este prestaba más atención al videojuego—. ¿Me estás escuchando?

Que sí mamá, que ahora voy... —dijo el chico sin dejar de jugar.

La madre entró y apagó la consola.

¡Mamá! —se quejó Jose Julio.

Ni mamá ni leches, ve antes de que cierren, ¡¡Vamos!! —la madre señaló la puerta a su hijo, que enfadado, se levantó de la cama y entró en el baño.

Que pesada es... —Jose Julio se miró al espejo y con el peine se colocó bien el cabello, era un chico muy presumido, salió del baño y cogió el dinero de su escritorio para después salir de cada, pronto serían las dos de la tarde y no tenía mucho tiempo si quería llegar antes de que cerrasen.

El sol pegaba con mucha fuerza, corrió a toda velocidad hasta la tienda de fotos, un hombre, de mediana edad y bastante gordito comenzaba a bajar la persiana, ya estaba cerrando.

Jose Julio lo alcanzó sudando y con la respiración entre cortada.

Espere, ¡Necesito unas fotos de carnet! —dijo con dificultad.

Lo siento chico, esta cerrado. —dijo el hombre.

No, por favor, mi madre me castigará, necesito esas fotos, ¡Por favor! —insistió el chico.

El hombre entonces se giró y miró con detenimiento a Jose Julio, que intentaba secarse el sudor de la cara con la camiseta, el hombre aprovechó y observó su estómago, su piel tostada por el sol, su ombligo, Jose Julio iba con pantalones cortos de color marrón oscuro, y una camiseta sin mangas de color blanca. Se ajustó las gafas y sonrió.

Esta bien, pasa. —dijo de forma amable.

¡Muchas gracias! —Jose Julio e agachó y entró, el hombre hizo lo propio y después bajó la persiana de metal, entró y cerró la puerta.

Bueno, ponte cómodo, enseguida vuelvo. —el hombre soltó las llaves en el mostrador y entró en otra habitación

Jose Julio se sentó en el banco que había en la sala, observó con detenimiento mientras le volvía el aliento tras la carrera que tuvo que hacer para llegar a tiempo, divisó unas revistas de videojuegos y cogió una, empezó a mirarla con interés.

Sí que tarda este hombre... —masculló.

En ese momento el hombre abrió la puerta y salió con una sonrisa en su cara.

Adelante, pasa.

Jose Julio soltó la revista y caminó hasta el hombre, que apartándose a un lado le dejó pasar, al entrar, pudo ver una sala grande con un sofá de color blanco de tela en un lado, en frente, una silla era alumbrada por un gran foco de luz, debajo del foco había una cámara de pie.

Pasa y toma asiento. —dijo el hombre.

El chico entró y tomó asiento, le costaba mantenerse sentado por la altura de la silla, el hombre se acercó a la cámara y comenzó a sacarle fotos, Jose Julio miraba con una sonrisa falsa, ya tenía ganas de seguir jugando al videojuego.

Mmmm. —murmuró el hombre.

¿Qué pasa? —preguntó Jose Julio.

La camiseta, la tienes manchada de sudor, quítatela. —dijo tajante.

¿Cómo? —preguntó Jose Julio con sorpresa.

El hombre se acercó a una mesa y cogió una toalla, volvió a su sitio y le lanzó la toalla a Jose Julio.

Quítate la camiseta y sécate el sudor, así no pueden salir bien las fotos. —afirmó.

Jose Julio con duda miró la toalla.

¿A qué esperas chico? No tengo todo el día, debo cerrar.

Ante las prisas del hombre, Jose Julio se quitó la camiseta sin mangas de color blanca dejándola en la silla mostrando su torso desnudo y un poco sudado, hacía calor, comenzó a secar su sudor ante la mirada del hombre, aunque el chico no podía verlo bien por el haz de luz del foco, que era muy potente.

Entonces escuchó varios flashes de la cámara y cómo esta se iluminaba.

¿Oiga?, ¿Qué hace? —preguntó Jose Julio con temor.

Disculpa, se disparó sola, a veces le pasa, el hombre se acercó y cogió la camiseta de la silla.

¿Qué hace? —Jose Julio empezaba a ponerse nervioso.

Voy a ponerla junto a aire acondicionado, así se secará antes, dame. —el hombre le quitó la toalla con la que se secó y ambas las puso en la mesa.

Volvió a la cámara tras esto, Jose Julio, mientras, se sentó a esperar.

¿Y ahora qué? —preguntó Jose Julio.

Se secará enseguida, tranquilo..., por cierto, ¿Nunca te han dicho que podrías ser modelo? —preguntó el hombre.

¿Modelo?

Sí, tienes buen cuerpo, ganarías mucho dinero. —dijo el hombre.

¿Enserio? ¿Cuánto? —preguntó Jose Julio

Pues depende, por ejemplo, por salir en bañador o en ropa interior pueden pagar hasta cincuenta por foto.

¿Tanto? —la reacción de Jose Julio gustó al hombre, que lo iba llevando a su terreno.

Sí, de hecho, mira, aquí tengo un catálogo donde faltan modelos con urgencia, ¿Te gustaría ser uno de ellos? —el hombre se acercó y le dio una revista donde salían chicos y chicas con las típicas fotos de ropa veraniega.

Jose Julio miró con interés, el hombre se acercó y rozó su brazo con la piel de Jose Julio, éste, al notarlo, se apartó en un acto reflejo.

¿Bueno, qué me dices?, ¿Te interesa? —preguntó el hombre.

No sé, debería preguntarle a mi mamá...

¿Para qué? —el hombre sacó un billete de cincuenta y Jose Julio abrió los ojos como platos—. Mira, toma, esto sería por una foto en ropa interior, el pago es en el acto.

El hombre metió en el bolsillo del chico el billete y este lo dejó hacer, le quitó la revista y se alejó hacia la cámara.

Venga, quítate los pantalones. —ordenó.

Jose Julio se mantuvo callado, no sabía que hacer, solo vino a por unas fotos carnet...

¿A qué esperas?, ¿O no quieres? —preguntaba el hombre.

Es que, no sé... —Jose Julio parecía inseguro.

Venga, que te acabo de pagar cincuenta, ¿Me vas a hacer ese feo? Pues nada, devuélveme el dinero y largo, que tengo que cerrar.

Ante sus intimidantes y enojadas palabras, Jose Julio se armó de valor y se bajó los pantalones cortos que llevaba, dejando a la luz unos bóxer cortos y ceñidos, de color azul marino, con los bordes azul celeste.

Quítatelos bien. —ordenó.

El chaval se arrodilló y se sacó las zapatillas, después los pantalones.

De acuerdo, sígueme. —el hombre cogió la cámara de pie y la puso frente al sofá. —la comenzó a tocar y la colocó bien—. Recuéstate en él.

El chico, ahora más sumiso, se acercó al sofá y se sentó en él.

Recuéstate, como si fueses a leer una revista, con tus manos en las mejillas. —el hombre, sin que Jose Julio lo supiese, le hacía varias fotos, quitó el sonido y el flash.

El chico le hizo caso y se puso en esa postura, el hombre comenzó a fotografiarlo, podía ver como el bóxer le marcaba el culito, su pene comenzaba a ponerse duro viendo al chico así.

Vale, esto..., ahora desnudo. —dijo el hombre con un poco de temor, sabía que estaba cruzando una línea fina que no tendría marcha atrás.

¿Cómo? —preguntó Jose Julio.

Ante esa pregunta, el hombre, de pelo oscuro, gordito con una barriga prominente y unas gafas redondas, comenzó a sudar.

Pues, si sales denudo te pagan el doble... —masculló.

Jose Julio quedó callado, él no era tonto, sabía ya lo que pasaba, se incorporó levantándose del sofá y miró al hombre.

Lo de ser modelo era mentira, ¿No? Las fotos son para ti, ¿Verdad? —preguntó Jose Julio con tono acusador.

El hombre, cada vez sudaba más, estaba nervioso.

Doscientos. —dijo Jose Julio.

El hombre, le miró sin entender y a la vez sorprendido.

Dame doscientos y te dejo verme desnudo, pero el carrete me lo llevo. —ahora era Jose Julio el que intentaba controlar la situación.

No. —dijo el hombre.

Pues me largo. —Jose Julio se acercó a su pantalón y lo recogió.

Mientras se lo ponía, el hombre observaba la piel de Jose Julio, su piel tostadita, suave y tersa, y cedió.

Espera, vale, toma. —el hombre sacó el carrete y se lo dio a Jose Julio, que ahora tenía el pantalón puesto—. Venga, quiero verte desnudo.

Jose Julio cogió el carrete y lo metió en su bolsillo.

Primero el dinero. —dijo Jose Julio.

El hombre sacó su cartera y le dio varios billetes de cincuenta, que hacían en total doscientos.

Venga, desnúdate. —ordenó desesperado y caliente, su polla se le marcaba mucho en el pantalón.

Jose Julio, con una sonrisa sabiendo que ahora tenía el control y por el dinero que acababa de conseguir, se bajó el pantalón y el bóxer, su pene, duro, salió rebotando, el hombre se relamió al verlo.

Jose Julio mostró con orgullo su pito, duro y erecto, sin nada de vello y de unos doce centímetro, con su mano se tocó un poco sujetando con firmeza su pito, dándole una visión que ni en sueños se habría imaginado ese hombre, en un suspiro, el hombre se acercó sin que Jose Julio tuviese reacción y le sujetó con su mano el tronco de su pene, comenzando a pajearlo.

¡¿Qué haces?!, ¡Sin tocar! —Jose Julio intentó liberarse pero el hombre lo sujetó con fuerza, comenzando a masturbarlo—. Ahhh...

El suspiro de Jose Julio sacó una sonrisa de satisfacción del hombre, que no se detuvo y siguió pajeando el pito del chico, que ahora se dejaba hacer.

¿Te gusta? —preguntaba el hombre lujurioso.

Jose Julio, extasiado, afirmó con la cabeza mientras se dejaba pajear su pito por ese hombre, entonces notó como el hombre sujetó su mano y la llevó a su entrepierna.

Tócame. —ordenó el hombre.

Jose Julio, con ciertas dudas, comenzó a tocar por fuera del pantalón la polla del hombre, mientras éste no dejaba de pajear su pito.

El hombre aprovechó y comenzó a tocar el culo del chico, que ya no oponía nada de resistencia, poco a poco colocó un dedo en su entrada y lo penetró con rapidez, Jose Julio soltó un gemido y separó sus piernas instintivamente, el hombre comenzó a follar su culito con su dedo.

Que putito has salido... —dijo el hombre, Jose Julio por su parte solo gemía despacio y respiraba con dificultad, mientras el hombre comenzó a meter un segundo dedo y no dejaba de pajear su pito.

¿Me dejas follarte? —preguntó el hombre—. Te pago quinientos, ahora mismo.

Jose Julio abrió los ojos con gesto de sorpresa y afirmó con la cabeza sin pensar, era mucho dinero y no pensaba con claridad.

El hombre se separó y con sus manos en los hombros del chico lo guio hasta el sofá, presionando con fuerza le hizo sentarse en él, se bajó el cierre de la bragueta y salió una polla no muy grande, de unos dieciséis centímetros, cogió del pelo al chico e intentaba que se la chupase.

No, esto no... —dijo Jose Julio con algo de asco.

Chupa, joder. —el hombre intentaba meter su polla en la boca de Jose Julio, pero éste la tenía cerrada, con fuerza logró que gran parte de su polla entrase en la boca del chico, que intentaba resistirse sin éxito—. Uffff, así putito.

Le sujetó con fuerza de la nuca y comenzó a follarle la boca, Jose Julio por su parte dejó de resistirse y cerró los ojos, mientras que con su mano pajeaba su pito, el hombre golpeaba con su gorda barriga la cara del chico cada vez que su polla entraba hasta el fondo de su boca.

Joder que putito eres, chupa, chupa, que naciste para eso... —las palabras del hombre, lejos de incomodarle, le calentaban sorprendentemente.

Ufff, no aguanto, no aguantaré más, levanta. —el hombre, al ver que se correría pronto, se detuvo y sacó su polla de la boca del chico, que con su mano limpió su boca de la saliva y el líquido preseminal de hombre.

Venga, que voy a follarte, no aguanto más. —dijo el hombre extasiado.

Sujetó a Jose Julio del brazo y le hizo darse la vuelta, lo inclinó sobre el sofá y comenzó a meterle la polla dentro, el chico se quejó un poco, pero eso ahora le daba igual, quería follarse a ese chaval.

Se quitó la camiseta y con su polla continuó entrando poco a poco mientras Jose Julio suspiraba y con su mano continuaba pajeando su pito con fuerza. Una vez la tuvo toda dentro podía sentir la gorda barriga peluda del hombre, que sudando, comenzó a follarse al chico con fuerza e intensidad.

Jose Julio no pudo evitar lanzar gemidos de placer, el hombre lo penetraba golpeando con su barriga la espalda del chico con fuerza, ambos gemían de placer, el hombre tocaba el cuerpo del chaval mientras lo follaba con gran intensidad.

Le comenzó a dar azotes en el culo con fuerza y Jose Julio no pudo más y comenzó a sentir como su pito temblaba y salía un líquido de él, se estaba corriendo, al hacerlo contrajo su ano y el hombre sintió su polla oprimida y comenzó a correrse dentro del chaval.

El chico notaba como su interior era bañado por dentro con varios disparos de semen caliente y muy, muy espeso, el hombre sacó su polla del culo del chaval y observó como salía su semen del ano de Jose Julio bajando por sus piernas.

Uffff, ha sido brutal. —dijo el hombre, que se separó y comenzó a vestirse.

Jose Julio, por su parte, al desaparecer su excitación, le invadió la culpa, el temor y la vergüenza, con la cabeza agachada comenzó a vestirse en silencio mientras el hombre colocaba bien la cámara.

Comprobó que llevaba el carrete y el dinero en su bolsillo y abrió la puerta saliendo al mostrador, el hombre tardó unos segundo y le siguió detrás, se acercó a la caja y sacó varios billetes más que hacían en total quinientos.

Toma, te lo has ganado. —dijo con un guiño.

Jose Julio miró con enojo los billetes pero los cogió, sentía que al hacerlo había perdido su orgullo o dignidad.

Bueno, ya nos veremos. —el hombre tras estas palabras abrió la puerta y subió la persiana dejando salir al chico, que sin despedirse salió con cierta cojera.

El hombre cerró y Jose Julio caminó de vuelta a su casa, entonces notó que un líquido bajaba por su pierna, se llevó la mano al muslo y tocó el semen del hombre, que estaba bajando por su pierna desde su culito.

Joder, debo volver a casa y ducharme, antes de que alguien lo vea.

Jose Julio llegó a casa y corrió a su cuarto para ducharse, entonces su madre apareció en la puerta.

¿Por qué tardaste tanto?, ¿Y las fotos?

Ups..., las fotos...

(Final)

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Creado, revisado, editado y mejorado (2018) por @TeenBoy

PD: Este relato es totalmente ficticio.


martes, 28 de mayo de 2019

El callejón

El callejón

Al salir de la escuela quedé con mis amigos y eso hizo que anocheciera pronto, de camino a mi cama quise atajar por un callejón...

Por fin tocó el timbre que anunciaba el fin de las clases, acompañé a mis amigos a la salida de la escuela, durante el trayecto nos detuvimos a hablar de fútbol y comenzamos a cambiar cromos y a jugar un poco.

Nos la pasamos en el parque durante un par de horas y sin darme cuenta empezó a oscurecer, al ver la hora en mi reloj decidí despedirme de mis amigos y volver a casa, ya que mi madre se enfadaría por llegar tan tarde.

Caminé rápido y decidí tomar un atajo, era un callejón estrecho, casi el ancho de un coche pequeño, aunque ningún coche podría pasar por ahí, seguí caminando rápido y ya cuando iba por la mitad del callejón escuche unas voces gritándome desde atrás.

¡Ey!, ¡¡Niño!! —una voz aguda y amenazadora sonaba a mi espalda.

Intenté ignorar las voces y seguí caminando con rapidez.

¿Por qué vas tan rápido? —de nuevo la voz aguda.

Aceleré el paso y justo cuando iba a alcanzar la salida del callejón sentí una mano en mi hombro.

¿Por qué corres? —el chico me hizo girar, al hacerlo pude ver su aspecto ajado, estaba claro que era un chico de esos marginales, que se la pasan en la calle con malas compañías.

El chico, que parecía el líder, era moreno de piel un poco morena, tenía un pendiente en el lóbulo de su oreja izquierda, sus ojos, marrones oscuros y su cara pecosa le daban cierto encanto y a la vez cierto aspecto salvaje.

No..., yo no corría..., es que... —mi voz sonaba quebradiza.

¿Me estás llamando mentiroso? —dijo el chico, que parecía el líder.

Vaya muñequita, ¿No, Iván? —el chico de su derecha, más bajito, blanco y de cabello más claro, me observaba mientras masticaba un chicle dirigiéndose al que parecía el líder, ahora de nombre, Iván.

No, yo..., no digo que mientas, es que... —intenté zafarme pero me sujetaba con fuerza de la camiseta aún.

¿Es que qué? —preguntó Iván sin soltarme.

Es que mi mamá se enfadará si llego tarde a casa y tenía prisa... —dije atemorizado.

Tranquilízate, no te vamos a hacer nada... —dijo Iván, el líder, mientras pasaba sus dedos por mi cuello y se mordía el labio.

Todavía... —un susurro se escuchó detrás de él, y todos se rieron.

Me fijé en los otros dos chicos, el chico de su izquierda portaba una especie de palo, casi de su altura, de cabello oscuro y piel blanca, su ropa estaba aún más sucia y desgastada que la del líder.

Detrás del líder, estaba el chico más pequeño y el que soltó la broma del ''todavía'', de piel blanca y cabello rojizo, su cara tenía muchísimas pecas, me miraba sonriente y con aire de superioridad.

Mira, como veo que estas muy nervioso mejor te dejo ir. —dijo Iván.

Entonces me di la vuelta y respirando de alivio empecé a caminar, pero de nuevo sentí otra vez la mano en mi hombro que me detuvo y me atrajo a Iván.

Ah, si, te decía que te podías ir, pero todavía no termino. —dijo Iván con tono burlón.

Si, mira, lo único que tienes que hacer es pagar la cuota. —dijo el chico de su izquierda, mientras que con el palo golpeaba su mano.

¡Eso es!, ¡La cuota! —dijo el chico pelirrojo.

¿Cuota? —pregunté tembloroso.

Sí, la cuota por pasar por este callejón, ya que nos pertenece, ¿Entiendes? —dijo Iván mordiéndose de nuevo el labio.

Pe..., pero yo no..., yo no tengo dinero. —mi voz, quebradiza y nerviosa, enojó a Iván.

Bueno..., está bien, cualquier cosa que tengas nos valdrá, así que vacía tus bolsillos.

Pero es que enserio no tengo nada... —retrocedí varios pasos al ver que su mirada era cada vez de mayor enojo.

Mira renacuajo, o nos das dinero, o ¡Hasta aquí llegas! —Iván me sujetó con fuerza para que dejase de alejarme.

¡¡No tengo!!, ¡Es la verdad!, Por favor, mirad, mañana os daré dinero, ¿Vale?

Los demás chicos me miraban riendo.

¿Cómo lo ven chicos, lo dejamos ir? —preguntó Iván, el líder.

¡Yo digo que no! —dijo el pelirrojo.

¡Merece un castigo, Iván! —dijo el chico de su derecha.

¡¡Eso, cobrémonos en su piel!! —dijo el chico del palo.

Mira niño, ya que no traes dinero, puedes pagar de otra forma... —su mirada escudriñó mi cuerpo y se relamió los labios.

¿Cómo? —pregunte inocentemente.

Hubo un silencio incómodo, entonces Iván hizo un gesto con su mano y los tres compañeros suyos se abalanzaron contra mí.

Agárrenlo muchachos. —ordenó.

¡¡No!!, ¡¡Déjenme!!, ¡¿Qué hacen?! —desesperado intenté zafarme pero ellos eran más y muy fuertes.

¡¡Cállate niño!! —Iván ayudó a sus amigos y me sujetaron arrastrándome contra mi voluntad.

¡¡Suéltenme!!, ¡¡Ayuda!! —intenté gritar pero me taparon la boca.

A rastras me llevaron dentro de un edificio abandonado que había en el callejón abandonado, a menos de dos metros, entramos y caminamos hasta uno de los cuartos, me metieron mientras escuchaba las risas y el eco de las mismas.

Tú te lo buscaste niñito. —dijo Iván.

Me lanzaron al suelo y empezaron a patearme, yo me cubría la cara como pude de impotencia hasta que una de las patadas me dio en la cara, haciéndome perder un poco el conocimiento.

¡¡Cállate mocoso!!, ¡¡Cállate o te va peor!! —gritó Iván.

Por favor... —mascullé con lagrimas bajando por mis mejillas.

Al ver que ya no me revolvía ni gritaba, me levantaron y me llevaron a una cama vieja, tenía un colchón tapado por una manta, la manta parecía nueva, Iván me agarró de los pelos y me hizo la cabeza para atrás con fuerza para mirarme a los ojos.

Ahora si mocoso, vamos a hacerte gozar. —dijo Iván excitado.

¡¡Te vamos hacer hombre!! —el chico del palo se acercó a la cama junto a sus compañeros.

¡O mas bien mujer! —dijo el pequeño pelirrojo, y acto seguido todos rieron.

Bajadle los pantalones. —ordenó Iván.

¡¡No!!, ¡¡Por favor no me hagan nada!! —de nuevo comencé a gritar.

¡¡Cállate cerda!!, ¡¡Cállate!! —Iván me pegó una hostia con la mano abierta en la cara, tirándome en la misma.

Entonces aprovecharon y me bajaron los pantalones y los bóxer hasta las rodillas.

¿Quién va primero? —preguntó Iván.

Los demás chicos comenzaron a discutir para ver quien iba primero.

Dejad de discutir, la pregunta fue a broma, yo soy el jefe y yo voy primero. —dijo Iván.

Iván me sujetó de la cintura y me atrajo hacia él, con sus manos me dio unas nalgadas, se bajó la bragueta y saco una polla de unos 15 centímetros sin circuncidar y con una mata de vello en su pubis, se la sacudió en mi culo con orgullo

Con su mano, de nuevo me agarro del cabello, y con la otra mano apunto a mi ano, entonces me la empezó a meter, yo lloraba y gritaba, me dolía demasiado.

Ahhh, joder, ufff, niño, ¡Qué culito más apretadito tienes! —Iván seguía introduciendo su polla dentro de mi culo.

¡¡Llora niñita!!, ¡¡Llora!!, ¡¡Grita!!, ¡¡Gime!!, ¡¡Goza!! —las voces de los demás chicos sonaban entre excitadas y burlonas, miraban como su líder, Iván, me sujetaba con firmeza y me penetraba mi culito hasta entonces, virginal.

¡¡Toma perra!, ¡¡Ahhh, ay ay ay ay!! —Iván gemía de placer.

Su polla me follaba con rapidez y profundidad, sus estocadas movían mi cuerpo y la cama chirriaba con cada embestida que me daba.

¡¡Pero que culo!! —Iván miraba al techo extasiado y sin detener su follada.

Entonces comencé a sentir un líquido caliente dentro de mí, su líder, Iván, estaba corriéndose dentro de mi culo.

¡¡Toma mi leche bebé!! —Iván me clavó su polla hasta el fondo y terminó de correrse.

Se apartó de mi sacando su polla y noté una especie de liberación, me sentí vacío, me di cuenta que mi pito estaba duro.

¡¡Me toca a mi!! —el chico del palo se acercó y lanzó el palo a un lado para sujetarme de la cintura.

Comencé a sentir como entraba su polla en mi culo, la tenía más o menos del mismo tamaño que la de su líder y también sin circuncidar, aunque mucho más delgada.

¡Me lo dejaste lubricadito jefe! —el chico del palo comenzó a follarme de forma constante, mientras observaba como su líder se subió a la cama y me miraba sonriendo.

¡¡Qué rico joder!!, ¡Sí!, ¡Toma!, ¡Toma!, ¡¡¡Toma!!! —tras su último grito, sentí mi interior de nuevo siendo regado por su leche ardiente, me sacudió con varias embestidas más y se apartó dejando su lugar al siguiente.

¡¡Quítate!! Que quiero que este consciente cuando lo deje preñado. —el chico de cabello más claro metió su polla en mi culo, él la tenía más larga que el resto, de unos 16 centímetros más o menos, aunque no era muy ancha, y también estaba sin circuncidar.

A ver, abre el culo, ¡Perra! —no aguanté más y comencé realmente a sentir dolor, mi culo ya alcanzó su límite.

No pude evitar soltar algunas lágrimas mientras él no dejaba de follar mi culito, parecía desesperado y no dejaba de arremeter contra mí.

Con sus manos comenzó a tocar mi cuerpo mientras me penetraba y con su mano alcanzó mi pito y me la empezó a jalar, ese placer me ayudó a aguantar sus fuertes acometidas hasta que tras un grito de placer, se vino dentro de mí.

¡¡Falto yo!! —exclamó el chico pelirrojo, que era más pequeño que yo.

El otro sacó su polla de mi culo y dejó paso al chico pelirrojo

Yo quiero ver su cara. —dijo mientras me ponía boca arriba, yo, sin fuerzas, me dejaba hacer sin oponer resistencia.

Al ver mi cara sonrió y me levanto las piernas colocándolas en sus hombros, apuntó su polla, de unos 12 centímetro y circuncidada, además, era el único que no tenía ningún tipo de vello.

Su pollita atravesó mi ano poco a poco hasta sentir sus huevos pegados a mi, se inclinó y con su mano sujetó mi barbilla para que le mirase.

Comenzó a moverse de manera constante, lo cierto es que sentía bastante placer y comencé a gemir ante la sorpresa de los demás chicos, el pelirrojo me follaba bien rico, su pollita entraba y salía de mi culito.

Sus ojos se turnaban blancos, y sus gemidos de placer aumentaban cada vez más, sentía como me penetraba una y otra vez, bien adentro, era su putita y el disfrutaba de mi cuerpecito.

Me corro, me corro, ¡¡Me corro!! —sus gemidos de placer se mezclaban con el temblor de su cuerpo, aunque no sentí que se corriera, quizás aún no podía.

Me sacó su pene del culo y se subió la ropa, Iván, el líder, se acercó a mí y me levantó de la cama, como pude me subí la ropa con cierta dificultad.

Ya te puedes ir, has pagado la cuota. —dijo mientras con su mano me indicaba que podía irme.

Caminé con dificultad mientras los escuchaba cuchichear y reírse, seguramente de lo que me habían hecho.

Y de esto no digas nada eh, o te irá peor. —me amenazó Iván con un tono muy serio.

Abrí la puerta del departamento donde estábamos y salí del edificio abandonado.

En ese momento solo quería llegar a mi casa, afortunadamente cuando llegué mi mama estaba en la cocina y no me escuchó llegar, me metí al baño y encendí el grifo del agua.

Estuve por lo menos diez minutos limpiándome, de mi culo pude ver restos de semen y algo de sangre, poca, pero podía verla...

Al salir del baño mi madre me preguntó dónde me había metido, le dije que me había peleado con unos chicos y como era un barrio pobre no dijo nada, solo se enojo por que había llegado muy tarde, y que estaba castigado.

Era viernes, me metí a mi cuarto cojeando, apenas podía caminar, intente sentarme pero no pude, tuve que tirarme a la cama, mi culito ardía mucho, esa noche apenas podía dormir, me costaba coger el sueño, no dejaba de pensar en lo que me pasó.

Pasaron los días y llegó el Lunes, mi culito ya estaba mejor, no me dolía y podía sentarme sin problemas, fui a la escuela como siempre y a la salida volví a quedarme hasta tarde en el parque jugando con mis amigos.

Cuando empezó a oscurecer me despedí de ellos y caminé a mi casa, volví a tomar el atajo y entré en el callejón, los vi al fondo, estaban sentados en el borde de la entrada del edificio, hablaban y reían mientras comían pipas.

No se percataron de mi presencia, así que caminé hasta ellos y los insulté.

¡¡Ustedes!!, ¡¡Idiotas!! —al gritarles, me miraron y se levantaron acercándose a mí.

Pero mira quién volvió... —dijo el chico pelirrojo.

¿Qué coño te crees que haces? —Iván me miró con enojo.

Necesito cruzar el callejón..., pero no tengo dinero...



(Final)

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Creado por @Benedicto (2006), revisado, editado y mejorado (2022) por @Teenboy

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PD: Este relato es totalmente ficticio.