sábado, 11 de agosto de 2018

Mi hermanito: Spin-off - Capítulo 3 ''El parque''

Capítulo 3 - El parque

Unos gritos me despertaron, era mi madre llamándome para almorzar, bajé las escaleras y lo hice bastante nervioso de encontrarme a mi padre, al bajarlas todas me encontré con mi hermano.

Hola Rubén, tengo que hablar contigo urgentemente. —sujeté a mi hermano del brazo y lo metí en su cuarto cerrando la puerta, esta vez no se me iba a escapar, debía contárselo.

¿Qué pasa? Ya puede ser importante.

Papá sabe que me hiciste sexo oral. —solté de golpe.

Mi hermano se quedó un poco sin saber que responder, asimiló las palabras, continuó mirándome y entonces habló.

Ok..., estás diciéndome, ¿que se lo has contado? —preguntó incrédulo y aún asimilando la información que le había soltado.

No joder, ¡¿cómo voy a decirle eso?!

¿Entonces?

A ver, anoche cuando te la chupé nos pilló y...

¿Qué? —Rubén negaba con la cabeza y sonreía irónicamente de manera nerviosa.

Escucha, nos pilló anoche y hoy nos pilló de nuevo.

Serán imaginaciones tuyas, si nos hubiese pillado nos hubiera reventado la cabeza, es más, creo que mi cabeza estaría enterrada en el jardín con Spyke.

Spyke era un perrito que tuvimos y falleció hace unos años, recordarle me daba pena...

Es que..., —suspiré para coger aire y así decirle a mi hermano que nuestro padre disfrutaba de nuestros juegos incestuosos.

¿Es que qué? —preguntó ya muy nervioso.

Se masturbó mientras nos espiaba...

¿Cómo?

Mi hermano quiso salir de la habitación y yo me puse en medio.

¿A dónde vas? —pregunté.

Lejos de aquí.

¿Pero qué te pasa?

¡¿Que qué me pasa?! Tío, si nuestro padre lo sabe y disfruta con ello, me largo de aquí, ¿qué le impide querer participar?

Lo se..., pero no podemos huir.

¿Y qué hacemos Tomi? Estoy estoy al borde de llorar.

Tranquilízate, ¿vale? vamos a olvidarlo todo y no haremos más nada, hagamos que nunca paso nada...

Pero a mí me gusta Tomi y quiero seguir haciéndolo...

Lo sé, pero somos hermanos Rubén, esto está mal y lo sabes, se nos ha ido de las manos, debemos dejar de hacer cosas, se acabó, ¿de acuerdo?

Mi hermano me miró enfadado y con una afirmación se fue hacia la sala para comer.

¿Dónde estabais?—mi madre algo preocupada preguntó a Rubén, el cual salió de casa dando un portazo.

¿Se puede saber qué está pasando?—la voz de mi padre se dirigió hacia mí, pero yo ya no lo miraba como antes, me causaba rabia y vergüenza, ya nada sería igual entre nosotros.

Nada, nos peleamos. —dije.

Pues ve y busca a tu hermano, Tomi. —me ordenó mi madre.

Vale...

Salí de casa y me puse a buscarlo, pensando en dónde podría estar mi hermanito.

Mi hermano por su parte, daba vueltas por las calles sin rumbo fijo, sin saber a dónde ir.

Estúpido... —se maldecía mi hermanito.

Mi hermano caminaba por el parque con la mirada en el suelo, estaba enfadado y a la vez dañado por saber que algo nuevo que se abrió a él, es decir, nuestra relación incestuosa, se le cerraba de golpe.

Ya era muy tarde, el sol golpeaba con fuerza y no había nadie en el parque, se sentó en un banco y echó su mirada al cielo, que cada vez se oscurecía más.

Entonces escuchó unos ruidos cercanos a donde él estaba, se acercó a curiosear, provenían de unos arbustos, se armó de valor, se adentró y no dio crédito a lo que veía, un hombre bien gordo le estaba dando por el culo a un chico joven, el chico joven no debería tener más de veinte años, con el asombro no se dio cuenta que estaba a plena vista mientras observaba la escena, el hombre gordo tenía al chico cogido de la cintura, pegados a un árbol, de espaldas a Rubén, le estaba follando bien duro.

¿Te gusta lo que ves? —una voz grave salió de detrás de Rubén.

Los otros dos que estaban follando miraron un momento alertados, pero siguieron follando como si nada.

¿Eres nuevo? ¿cuanto cobras? —preguntó el hombre, que mediría uno con ochenta como mínimo, estaba regordete tambíen y tendría unos cincuenta años, en comparación con mi hermano Rubén que mediría unos ciento sesenta centímetros.

Llevaba un uniforme de operario de grúas, de color azul oscuro, con barba de varios días y cabello corto, su aliento desprendía olor a alcohol y tabaco, daba grima.

¿Cómo? —Rubén no daba crédito, lo habían confundido ¡¡con un chapero!!

¿No eres muy joven para estar aquí mocoso?

¿Y a usted que coño le importa? —le recriminó mi hermanito.

Te pago cincuenta pavos por dejarte follar. —dijo el hombre.

Rubén estaba a punto de marcharse de allí, pero no lo hizo, dentro de él sintió algo, el morbo le ganaba, sentía muchas ganas de follar y encima por dinero, le ponía mucho, muy cachondo.

Te pago cien joder. —el hombre sacó otro billete de cincuenta ante el silencio de mi hermanito Rubén.

Doscientos. —sentenció mi hermano.

Eso es una exageración chaval, ni que fueras de oro.

Soy virgen y tengo catorce.

El hombre al escuchar eso se puso más caliente, sacó de nuevo la billetera que se había guardado previamente y sacó cuatro billetes de cincuenta, se los dio a Rubén, que los cogió y se los metió en el bolsillo de los vaqueros.

El hombre sacó un condón y bajándose los pantalones y el bóxer se lo puso con dificultad por su barriga cervecera y peluda.

Su pene era pequeño, no mediría más de catorce centímetros, eso sí, era gordita y peluda, el hombre se pajeó un poco con el preservativo puesto.

¿A qué esperas? ponme el culo, putito. —ordenó el hombre.

Rubén con duda se empezó a bajar los pantalones y los bóxer, miro hacia donde follaban los dos de antes, pero ya no estaban.

El tío sujeto a Rubén y lo dirigió hacia el árbol más cercano y allí lo inclinó al árbol de espaldas, Rubén puso sus manos en el árbol con un poco de nerviosismo. El hombre sujetó la cintura de Rubén con sus manos y le hizo inclinarse más poniendo su culo en pompa.

Uff estoy muy caliente. —confesó el hombre.

Con cuidado... —avisó mi hermano.

Tranquilo, no eres el primero que desvirgo, putito.

No me llame así...

He pagado, te llamaré como me salga de la polla, hablando de polla, ¡¡toma!!

El hombre apuntó la punta del pene en el orificio de Rubén, apoyándose en él, lo sujeto de la cintura con firmeza y empezó a presionar su agujero con rudeza.

Ahhh..., me duele...

Cállate joder, me cortas el rollo. —el tío era muy desagradable.

Rubén con ojos lagrimosos notó un dolor insoportable al sentir la acometida del hombre, que le atravesó entero, con un fuerte grito que se escuchó en todo el parque Rubén aulló de dolor.

¡¡Ahhh joder!! ¡¡sácala!! ¡¡quema!! —mi hermanito estaba arrepentido de esto, intentó zafarse pero el hombre le pegó una colleja con fuerza.

¡¡Que te calles joder!! He pagado por follarte y voy a follarte.

El hombre empezó a bombear el culo de Rubén con fuerza y rapidez, la sacaba y se la clavaba hasta el fondo, sintiendo como los huevos del tío chocaban con su culo.

Y eso que era difícil por culpa de la barriga del tío, que Rubén sentía en su espalda, el hombre gemía como un cerdo y se pegó más al cuerpo de mi hermano, que empezó a gemir ligeramente, ayudaba que el hombre tuviese una polla tan pequeña y que la barriga amortiguaba para que no entrase tan profundo.

El hombre fue acelerando las acometidas, le daba estocadas hasta que su barriga chocaba en la espalda de mi hermanito, le follaba rápidamente, puso a Rubén inclinado contra el árbol sin parar de penetrarle el culo, con fuerza y bien duro.

Ah..., estás delicioso joder, y tan joven, ufff como a mí me gustan joder, así así...

Rubén no decía nada, simplemente se dejaba follar con la fuerza que ese gordo le daba, el hombre estaba a punto de correrse.

Tras varios minutos follandose a mi hermano, aceleró sus acometidas y siguió follándoselo sin parar hasta clavársela entera y correrse en el condón. Se quedó dentro de él un rato y saliendo se quitó el condón y lo lanzó a un lado.

Uff estuvo genial, tienes un culo que vale oro, ¿te veré por aquí más?

Rubén le miró con odio mientras se subía la ropa.

Puto pedófilo. —dijo.

El hombre le intentó dar un golpe pero Rubén lo esquivó.

No me llames eso cabrón, tú accediste y tienes el dinero. —dijo el hombre ahora alterado.

Dame todo lo que tengas o empiezo a gritar. —amenazó Rubén.

El hombre tragó saliva nervioso, no sabía que hacer, la había cagado por sinverguenza, sacó la cartera y le dio todo el dinero, otros doscientos, Rubén también le pidió el reloj.

Largo y que no te vea nunca más por aquí, capullo. —dijo Rubén mientras salía de los arbustos dejando al hombre allí cabizbajo y devastado.

Rubén salió del parque mientras contaba los billetes, cuatrocientos pavos, cojeaba un poco, pero cuando se guardó los billetes y miró su nuevo reloj, sonrió, sintió satisfacción de cómo salió victorioso, con el culo roto, sí, pero victorioso.

Entonces se encontró conmigo.

¿Donde estabas? Te he estado buscando. —pregunté preocupado, miré como se ponía el reloj en su muñeca izquierda—. ¿Y eso?

¿Qué? Ah, mmmm..., lo encontré en la calle tirado. —mintió.

Pero, es de marca, ése reloj es de los caros...

Lo sé, es un Tag Heuer, mínimo de mil pavos. —dijo con una sonrisa de orgullo mientras lo lucía, era totalmente negro con la esfera azul oscura, realmente precioso.

¿No lo habrás robado no? —pregunté confundido.

Que no joder. —enojado me apartó a un lado.

Perdona, es que no sé..., oye siento lo de antes, no quería hacerte sentir mal. —dije.

No importa, volvamos a casa.

Y así, ambos nos dirigimos a casa, pero no pude evitar fijarme que andaba raro y que estaba sudando, como si hubiese hecho un fuerte esfuerzo.

(Continuará)

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miércoles, 11 de julio de 2018

Mi hermanito: Spin-off - Capítulo 2 ''Juegos incestuosos''

Capítulo 2 - Juegos incestuosos

Apenas pude dormir pensando cómo habían llegado esas marcas de semen a la puerta de mi hermano, sólo había una explicación de cómo llegaron ahí..., pero no me lo podía creer o no quería creerlo, era demasiado fuerte y algo en mí me decía que a partir de esa noche iban a cambiar muchas cosas en esa casa..., cruzamos la línea que los hermanos NO debemos cruzar jamás y lo íbamos a pagar muy caro.

Al día siguiente todo era muy confuso, una parte de mí recordaba lo acontecido y otra lo rechazaba, sabía que en mi interior me daba miedo lo que pudiera pasar y no quería contárselo a mi hermano para no asustarlo, ya tenía suficientes problemas con lo de saber que era gay y el haberlo dañado ese imbécil del internado.

Al fin tomé valor y bajé a desayunar, era domingo, así que sabía que mis padres estarían en casa, bajé a la cocina a prepararme las tostadas, pero no había nadie, me las hice y me tomé un vaso de leche..., leche..., de nuevo me vino a la cabeza el semen que había en el suelo de la puerta de mi hermano, mi sospechas se dirigían hacia mi padre.

Lo único que se me ocurría es que se levantase y escuchase algún ruido que hicimos, se asoma y fue cuando vio la escena, se pajeó y se corrió, pero eso era muy fuerte, no quería creerlo, quiero decir, un padre normal entra y nos riñe e incluso nos da un par de hostias, pero hacerse una paja..., viendo como sus hijos practican sexo oral entre hermanos..., no, eso no era normal, aunque lo que nosotros hicimos tampoco, era un pecado muy grave.

Mi hermano apareció con el mismo pijama de anoche, entrando en la cocina.

Buenos días Tomi.

Buenos días Rubén.—tomé un sorbo de leche mientras mi hermano abría el frigorífico. —dime, anoche, ¿como dormiste?

Bien..., aunque tuve un sueño muy extraño. —confesó mi hermanito mientras miraba que había en la nevera.

¿Que sueño? —pregunté.

Nada una tontería. —mi hermano cogió una manzana y se disponía a irse.

¿Realmente piensa que todo fué un sueño? No puede ser, no me lo creo...

Oye Rubén, espera.

¿Qué?

¿No vamos a hablar de lo que sucedió anoche? —le pregunté y observé su reacción.

Hubo un silencio incomodo, mi hermano dudó unos instantes y por fin rompió el silencio.

¿Hablar sobre qué?

Pues..., sobre lo que pasó, anoche, en tu cuarto, lo de...

No hicimos nada malo. —me cortó.

A ver, eso de que no hicimos nada malo..., es decir... —miré a los lados y a la puerta, no quería que nadie me escuchase decir lo que iba a decir—. Rubén, anoche, te la chupé, tío, de comí toda la polla, ¿sabes? y somos hermanos.

¿Y qué? a mi me gustó. —Rubén dio un mordisco a la manzana y acercándose a mí me besó en la boca pasando el trozo de su boca a la mía, yo instintivamente me alejé de él mientras masticaba lo que antes estaba en la boca de mi hermanito y me lo tragaba con parte de su saliva.

¿Pero qué te pasa? —le pregunté un poco enojado y sorprendido mientras él sonreía y se comía otro trozo de manzana roja.

Mira, Tomi, lo de anoche, me gustó, mucho de hecho, estuvo genial y no veo nada de malo en que dos hermanos se diviertan y jueguen, solo fue eso, un juego, además, bien que ayer no pusiste pegas.

No puse pegas porque no sabía que iban a... —mis ojos se posaron en la figura que entró en la cocina, era mi padre.

Venía sudado de correr sus diez kilómetros diarios, porque sí, mi padre era un deportista nato, fue campeón del condado con el equipo regional, además siempre participa en las maratones que se organizan y a veces sale con la bicicleta.

Mi padre es un hombre de cuarenta y ocho años, bien maduro ya, cabello corto de color rubio oscuro, estaba bastante tonificado, piel un poco oscura por el sol, y mediría unos ciento ochenta centímetros.

Uff que cansado estoy, necesito refrescarme. —dijo mi padre, que sacó una botella de agua fría y bebió de ella, quise mirar a mi hermano, pero éste ya se fué.

Hijo, deberías hacer ejercicio, correr todas las mañanas 1 horita no te matará.

Ya hago ejercicio con el equipo de fútbol...

Sí, dos veces a la semana, ¿Por qué no te vienes conmigo y sudamos juntos?

Ehhh..., no, gracias papá, prefiero quedarme en casa, tengo cosas más importantes que hacer. —dije y comencé a caminar para salir de la cocina.

¿Tan importantes como los de anoche? —dijo mi padre, y tras esto, comenzó a beber el agua de la botella mientras me miraba de reojo.

Mi cuerpo y mi sangre se quedó helada, no pude reaccionar, mi pulso se aceleró y creí desmayarme, lo sabía, él lo sabía y me lo acaba de decir con una indirecta y yo sólo quería desaparecer.

Yo..., no entiendo..., no sé a qué te refieres..., es decir, no... —mi voz tartamudeante demostraba que yo sabía a qué se refería.

Pues... —acercándose a mí se posó sobre mi oído derecho y en voz baja me susurró—. Pues, tú sabes a qué me refiero, fue algo que no me esperaba de mis hijitos queridos, pero fue muy rico lo que vi, la próxima vez, avisa.

Mi padre salió de la cocina y se dirigió a la ducha, yo aun sin poder asimilar lo que me dijo me dirigí a mi cuarto, quería dormir y no despertar.

No sé qué hora sería, pero no quería despertar, solo sé que ojalá no lo hubiera hecho, me levanté y escuché unos gemidos en el cuarto de mi hermano, me acerqué y se le escuchaba agitado, como si estuviera haciendo ejercicio o algo, presentía algo malo, no llamé a la puerta y directamente la abrí, lo que vi me dejó alucinado.

¿Se puede saber que haces? —pregunté alterado.

¡Tomi!, ¿pero es que no llamas antes de entrar? —mi hermano estaba en ropa interior, con unos bóxer azul clarito y sudado, estaba haciendo abdominales, por una parte me excité, y por otra me sentí aliviado.

Menos mal... —murmuré.

¿Menos mal qué?

Rubén, debo decirte algo, es grave.

¿No puede ser luego?, quiero ducharme. —dijo mientras se ponía en pie, estaba todo sudado, el sudor le daba cierto brillo a su cuerpo lampiño, un poco definido para su edad, me estaba poniendo cachondo.

No, tiene que ser ahora. —dije desviando un poco la mirada mientras Rubén con una toalla se secaba el sudor de la cara.

Bueno, dímelo mientras me ducho. —dijo.

¿Como? —pregunté confundido.

Mi hermano con una mirada picara se bajó el bóxer y se fué a la ducha, abrió el grifo, el agua comenzó a salir y acercándose a mí me llevó hacia dentro, cabe decir que yo no me opuse.

Tomi, creo que te debo algo... —dijo mi hermanito Rubén mordiéndose el labio inferior.

¿Qué?

Rubén me beso en la boca, callándome, sus labios eran tan suaves..., me fue quitando la camiseta y se puso de rodillas, me bajo el pantalón y los bóxer.

Wow, ¿cuanto te mide?

Pues no sé..., quince centímetros creo...

Me fascina. —confesó.

Mi hermano se metió mi pene en la boca a la vez que masajeaba mis huevos, yo cerré los ojos para sentir el placer más grande, el que un hermano te la esté chupando es algo que no tiene palabras.

Rubén... —sujeté la cabeza de mi hermanito y empecé a follarme su boca rápidamente sin parar, su boca me daba un placer sin precedentes, si era la primera vez que la mamaba, lo hacía como nadie.

El agua mojaba nuestros cuerpos y no pude evitar soltar algún gemido, acaricié los cabellos de mi hermano mientras me comía toda la polla. Entonces abrí los ojos y pude ver en la puerta del baño a mi padre, tenía la polla saca y con su mano derecha se estaba pajeando, yo, alterado casi se me sale el corazón.

Ahí estaba yo, con mi hermanito pequeño arrodillado chupándomela mientras nuestro padre nos observaba pajeándose con ferocidad, iba a avisar a mi hermano pero el gesto de mi padre me lo impidió, se llevó la mano izquierda a sus labios y con un dedo hizo el gesto de que callase.

Lo peor de todo es que la boca de Rubén estaba a punto de hacerme correr, mi hermano empezó a succionar mi pene y yo empecé a correrme, sujeté con fuerza la cabeza de mi hermano contra mi pene mientras descargaba mis huevos en su boca, cerré los ojos para no ver a mi padre como disfrutaba de vernos teniendo sexo oral.

Mi hermano sujetaba con fuerza mis muslos y succionaba con fuerza mi polla, no pude evitarlo, entre temblores terminé de correrme dentro de la boca de mi hermanito, una vez que me corrí y mi hermanito se tragó todo, abrí los ojos, nuestro padre ya no estaba, miré al suelo, tampoco había corrida, eso quiere decir que anoche se corrió a posta, quería que lo viese, que hijo de puta.

Ufff joder, si que esta rico tu semen. —dijo mi hermanito levantándose y sacándome de mis pensamientos.

¿Estás bien? —me preguntó preocupado.

Sí, es que..., no sé, esto no está bien...

Cálmate hermano, ¿ por qué no te duchas conmigo? —me preguntó con mirada pícara.

No..., es que me encuentro mal...

Mi hermano se acercó a mí y besándome pasó parte de mi semen a mi boca, nos fundimos en un largo e intenso beso, al separarnos me salí de la ducha y él siguió dentro bañándose.

De nuevo miré el suelo para ver si encontraba restos de semen, pero no había nada, así que salí del cuarto, aunque temía encontrarme con mi padre, me daba mucha vergüenza.

Me fui a mi habitación y me eché en la cama, vaya fin de semana, no sabia que hacer, mi cabeza estaba hecha un lío, debería estar feliz porque mi hermano, con el que soñé estar, ahora era como mi juguete y yo el suyo, pero algo dentro de mí me incomodaba.

Quizás era la idea de que mi padre lo supiera, o de que le gustara, o peor aún, de que quisiera participar, podría chantajearnos, muchas ideas pasaron por mi cabeza esa mañana. Lo que aun no sabía es que el domingo aún no acabó y con él un acontecimiento que nunca en la vida me hubiera imaginado.

(Continuará)

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