lunes, 11 de febrero de 2013

Mi hermanito - Capítulo 8 ''Usado y humillado''

 

Capítulo 8 - Usado y humillado

¡¡Más arriba Tomi!! —me ordenaba el entrenador—. ¡¡Debes golpear el balón más arriba!!

Estaba en el entrenamiento de fútbol, ya habían pasado un mes desde que mi hermanito salió del Internado, estábamos a mediados de Octubre, era más feliz que nunca, nuestro amor era único y puro, o al menos..., eso creía...

Oliver salió disparado y a ras de suelo robó el baló a Joaquín, un chico muy delgado y con el cabello corto, castaño claro, Joaquín cayó al suelo sin poder hacer nada, Oliver me avisó con la mano hacia arriba y me lanzó un pase por el aire, salté para golpear el balón con la cabeza pero se me adelantó Guille, que era un chico muy robusto y alto, su cabeza chocó con la mía.

¡Auch! —me quejé, cayendo al suelo de culo, por su parte, Guille logró despejar el balón sin si quiera preocuparse por mi.

Oliver, el míster y algún chico más se acercó a mi posición con preocupación.

¿Estás bien? —preguntaba el entrenador mientras con su mano miraba el chichón de mi cabeza—. Está sangrando, ve a la enfermería y que te curen la herida.

Me levanté con dificultad y miré a Guille con enojo, ni se disculpó, salí del campo de entrenamiento y me dirigí a la escuela, con mi mano intentaba percibir cuán de grave era la herida.

Pude ver en la valla que cercaba la escuela a un chico mirándome, me fijé en él, me observaba con seriedad, era bastante alto, pelo ondulado de color negro y llevaba ropa oscura, con una sudadera que le colgaba, le estaba grande.

Nuestras miradas no dejaban de chocar entre sí hasta que lo perdí de vista al entrar en la escuela, caminé a la enfermería, donde Laura, una profesora de guardia, me atendió, ella era en realidad profesora de Inglés, pero a veces la veía por las tardes rondando la escuela, ¿Supongo que también era enfermera?

Los chicos sois demasiado brutos. —afirmaba Laura mientras me curaba.

Auch, me duele. —me quejé.

No seas un bebé, ya eres mayorcito. —Laura me apretó con fuerza el parche de tirita que me puso en la frente—. Cuando estés en casa ponte algo de hielo.

En ese momento vi a un chico cruzar la puerta, desde la enfermería podía ver como una sombra en los pasillos de la escuela se alejaba de donde estábamos, ¿Alguien me espiaba?

Listo, puedes marcharte. —dijo Laura mientras se levantaba de la silla donde sentada me había atendido.

Mientras recogía los enseres que usó para curarme, me levanté de la camilla donde estaba sentado y caminé hacia la salida, me asomé con cuidado a los pasillos, pero no había nadie.

¿Qué haces? —Laura me miraba con el ceño fruncido, estaba actuando raro y se dio cuenta.

¿Eh? Nada..., mmm, bueno, me voy a casa, ¡Gracias! —me despedí y con paso rápido entré en los vestuarios, todo estaba en silencio, solo se escuchaban los gritos de mis compañeros de equipo a lo lejos, en el campo.

Caminé hasta mi taquilla y entonces escuché una risita, una risita burlona, me giré sobresaltado pero no había nadie.

Respiré hondo y me quedé en silencio intentado escuchar si había alguien más en los vestuarios, pero no escuché nada.

Me volví a dar la vuelta y abrí mi taquilla, saqué mi ropa y me comencé a desnudar con rapidez, quería salir de allí, me sentía observado, como si alguien me vigilase, me sentía acechado.

Terminé de cambiarme y al cerrar la taquilla, un fuerte golpe sonó en los vestuarios, como si alguien golpease una taquilla con fuerza.

Sobresaltado, sujeté con fuerza el neceser donde llevaba mi equipación de fútbol, escudriñé con atención por todos lados, pero no veía a nadie, comencé a dar unos pasos de donde provino el ruido, entonces vi una taquilla medio hundida, alguien golpeó esa taquilla.

¡¡Alguien me estaba siguiendo!!, ¡¡No era mi imaginación!!

Con prisa me di la vuelta y salí corriendo chocándome con mi hermano Rubén a la salida, ambos caímos al suelo de culo.

¿Pero qué haces? —preguntó mi hermano llevándose la mano a la cara, le di con mi hombro.

¿Y tú? ¿Qué haces aquí? —pregunté mientras me levantaba y él hacia lo mismo.

Vine a recogerte, ¿Y ese parche en tu frente? Espera, ¿Huías de alguien?—Rubén comenzó a mirar hacia los lados intentando buscar a alguien.

¿A recogerme? Si aún queda media hora..., ¿Huir? No, además, ¿Qué haces? —pregunté al ver su sospechosa actitud.

¿Qué? Ah, nada..., solo quería verte entrenar, y de paso observar que el violador del entrenador no te tocaba. —dijo sin dejar de mover su cabeza intentando buscar a alguien.

No, me refiero a que, ¿Qué haces?, ¿A quién buscas? —volví a preguntar.

¿Yo? A nadie. —mintió Rubén, que me dio la espalda para ir hacia el campo de fútbol.

¡Oye!, ¡Espera!, ¿A dónde vas? —corrí hasta ponerme a su lado y me di cuenta que seguía mirando a su alrededor—. Te noto raro...

Rubén se detuvo y me miró con tristeza mientras con una mano secaba el sudor de su frente.

¿Nos vamos a casa? Me encuentro regular... —dijo sospechosamente.

Observé a mi hermano y efectivamente algo le pasaba, podía ver como de su frente bajaba un sudor poco común con el frío que hacía en esos días.

Vale, vámonos a casa... —dije.

De camino a casa hubo silencio, mi hermano estaba raro, e intenté saber que le pasaba antes de llegar.

Rubén, ¿Hay algo que quieras decirme? —pregunté mientras continuábamos caminando el uno al lado del otro, la calle estaba bastante vacía a esas horas de la tarde, casi al caer la noche.

¿Eh? —mi hermano se giró sin detener sus pasos—. No, nada, ¿Por qué?

No sé, es que estos días estabas un poco más distraído que de costumbre, pero hoy estás rarísimo, de verdad que hoy tuve un día muy raro.

No es nada, los exámenes, la vuelta al pueblo, son muchas cosas..., ¿Un día raro por qué?

Por nada, es sólo que me sentí hoy observado, creo que alguien me acecha, no sé, quizás sea... —mi hermano se detuvo, su cara se puso blanca—. ¿Qué pasa? —le pregunté.

¿Por qué dices que alguien te acecha? ¿Qué has visto? —preguntó nervioso, su actitud había cambiado completamente.

Pues... —iba a decirle lo que me había pasado cuando alguien detrás de nosotros me interrumpió.

¡Hola! —una voz proveniente de detrás de uno de los árboles a nuestra izquierda llamó nuestra atención, giramos y pude comprobar que era el chico que me observaba antes en la valla de la escuela—. Disculpad, quizás lo de acechador sea culpa mía.

El chico caminó lentamente con una sonrisa en su rostro, apreté mis puños a la defensiva, algo no me gustaba de él, entonces pude observar como la pierna derecha de mi hermanito comenzó a temblar.

Volví mi mirada al chico que se detuvo cerca de nosotros, con las manos dentro de los bolsillos de su sudadera, las piernas abiertas y una mirada amenazante, el fuerte soplido del viento movió las hojas caídas de los árboles hacia nosotros, sonrió de nuevo.

Instintivamente me puse delante de mi hermano, y con mi mano derecha lo eché hacia atrás, intentando protegerlo de él.

El chico observó a mi hermanito y le saludó mientras se relamía.

Ten encontré, Rubén.

¿Quién coño eres tú? —pregunté con tono amenazador, mientras di varios pasos hacia atrás protegiendo a Rubén.

Esa boca, mocoso. —el chico, de piel blanca, cabello negro ondulado y una mirada fría, se acercó a nosotros, ante su actitud, retrocedí protegiendo a Rubén, que seguía quieto sin moverse ni reaccionar—. No entiendo tu actitud, chaval, no voy a haceros nada, ¿Verdad, Rubén?

El chico, que tendría mínimo dos años más que nosotros, tenía ese aire de superioridad y prepotencia, realmente tenía unas facciones que intimidaban, sabía que si intentaba hacernos algo sería difícil defenderse de él.

Rubén volvió en sí y apartó mi brazo protector de él.

Tomi, está todo bien, Luis es un amigo. —dijo con cierto temor.

¿Luis?, ¿Un amigo?, ¿De qué? —mis preguntas buscaban respuestas.

Mira, no es el lugar más indicado para hablar de esto, podrían escucharnos. —dijo Rubén evitando mis preguntas.

¡¡Me importa una mierda lo que escuchen!! —grité enojado, ante mi reacción, Luis sonrió—. ¿Y tú de que coño te ríes?

De ti, me río de ti, ¿No te pesa la cabeza? La tienes enorme. —se burló entre risas.

Me acerqué a Luis para darle un puñetazo pero Rubén me detuvo y se puso en medio, como protegiéndole.

¿Qué haces? —le recriminé.

Tomi, lo siento, yo no quería que te enterases así... —dijo bajando la mirada.

¿Enterarme de qué? —pregunté incrédulo sin entender nada de lo que pasaba.

¡Que te ha mentido todo este tiempo! —dijo Luis jocosamente.

¡¡Luis!! —Rubén le empujó con enojo.

Rubén, dijiste que eras mío, que nunca nos separaríamos, ¿Recuerdas?

¿Cómo? —mascullé sin entender.

Tomi... —Rubén intentó sujetar mi brazo pero lo aparté.

¿Qué dice éste? —corté a Rubén, del que me alejé considerablemente, me sentía mal, me dolía el pecho, Rubén permaneció en silencio, mientras que Luis solo observaba, ahora más serio—. ¡¡Te hice una pregunta!! —grité con fuerza empujando en el pecho a mi hermanito con desesperación.

¡¡Sí!! —Rubén apartó la mirada con vergüenza y se acercó a Luis, alejándose de mi.

¿Qué?... —no quería aceptarlo—. ¿Y nosotros?

Tío, que sois hermanos, ¿De verdad pensaste que ibais a acabar juntos? Es una aberración. —dijo Luis acercándose a mi con lentitud y con la situación controlada.

¡¡Cállate!!, ¡¡Tú no te metas!! —no aguanté más y cerrando mi puño intenté darle en la cara con todas mis fuerzas, pero Luis, con un movimiento rápido me esquivó logrando que solo le rozase el mentón, y con otro rápido movimiento me dio una patada en la tripa que me hizo caer al suelo, caí de rodillas.

Luis me dio un rodillazo en la cara haciendo que cayese al suelo totalmente noqueado, me había dejado fuera de combate con dos movimientos.

¡Luis!, ¡Basta! —Rubén separó a Luis de mí y se acercó ofreciéndome su mano—. ¿Estás bien? —me preguntó preocupado.

Miré con rabia a mi hermano y con un gesto golpeando su mano con la mía rechace su ayuda, me levanté con dificultad y los miré con mucho odio, sobre todo a mi hermano, me sentía traicionado, me sentí como una basura, nunca sentí un dolor tan agudo en el pecho como el que sentía en este momento.

Eres un puto traidor. —dije a mi hermano, mis palabras eran de rabia e ira.

En ese instante regresaban algunos chicos del entrenamiento y pasaron por nuestro lado, algunos nos observaban, Oliver se acercó para ver que sucedía.

Tomi, ¿Ocurre algo? —Oliver nos miraba sin saber que estaba pasando, pero sabía que la tensión era máxima, el aire podía cortarse.

No, nada. —contestó mi hermano Rubén y acto seguido se dio la vuelta alejándose con el otro chico, Luis.

Mi hermanito se fue con ese niñato y me dejó allí solo con Oliver, entonces sentí un fuerte dolor en mi mandíbula, llevé mi mano a donde sentía el dolor, era punzante, debió ser el rodillazo de Luis.

Me senté ahí mismo, en el borde de la acera, y de mis ojos comenzaron a salir lágrimas, Oliver se acercó a mi y se sentó a mi lado, pasó su brazo izquierdo por encima de mi hombro intentando consolarme.

¿Te peleaste con Rubén? —preguntó inocente, sin saber lo que pasó realmente.

Sí... —logré mascullar mientras limpiaba las lágrimas de mi cara.

La noche se apoderaba del cielo, el frío también comenzaba a pegar con más fuerza.

Bueno, seguro que todo se arreglará, al fin y al cabo sois hermanos, ¿No? —dijo Oliver inocentemente.

Permanecí en silencio, realmente sentía que comenzaba a marearme.

Bueno, tengo que irme que sino mis padres se preocupan, ¿Nos vemos mañana en clase Tomi?

Afirmé con la cabeza y Oliver se levantó del suelo, hizo un gesto con su mano de despedida y se marchó, yo permanecí allí sentado, solo, apenas pasaba gente ya a esas hora, y tampoco es que nuestra calle fuese muy concurrida.

Exhalé aire con fuerza, me quité el parche de la frente con enfado y lo lancé a un lado y me levanté.

No iba a dejar que esto me afectase, además, en parte el cabrón de Luis tenía razón, lo nuestro era una aberración, ¿No? Era solo cuestión de tiempo que uno de nosotros buscase en otro chico lo que entre nosotros no podíamos ofrecernos, que era ser novios normales.

Ni cené, al llegar a casa me fui a la cama directamente, pero no podía coger el sueño, la luz de la luna llena iluminaba todo mi cuarto, me levanté a por un vaso de agua, pasé cerca del cuarto de mi hermano, me asomé y vi que dormía plácidamente, no pude sentir un desasosiego al saber que lo había perdido, bajé a la cocina y tomé un vaso de agua, terminé de beber y no lo pensé más, abrí la ventana del comedor y salí al exterior, iba solo con el pijama y hacía frío, pero me daba igual, a esas horas apenas había gente desde mi casa al parque.

Tardé unos minutos en llegar,  una vez dentro del parque de los aviones pude ver que no había nadie, solo a lo lejos vi a un chaval paseando un perro.

Me adentré en la parte frondosa del parque, entre los árboles, en la penumbra de la noche distinguí un señor mayor, estaba con otro chico, me alejé de allí porque me empezaba a calentar, vi un banco al borde de los árboles, con poca iluminación y me senté.

Entonces me di cuenta, ¡¿Qué leches estaba haciendo?! ¿Esperaba encontrar al chico mulato y follar con él?, ¿O estaba ahí para decirle que deje de buscarme?

Como salí con prisa no llevaba el móvil, así que el tiempo pasaba sin saber cuanto llevaba ahí esperando, veía poca actividad, cuando a lo lejos divisé a un chico, se me quedó mirando un buen rato y se me acercó.

Hola, ¿Vienes mucho por aquí? —parecía un niñato pijo por como vestía, pero no era muy agraciado de cara, su cabello color dorado y sus ojos oscuros eran lo que más me llamaba la atención.

No, estoy de paso. —contesté con frialdad.

Ahh, y..., ¿Qué buscas? —se sentó a mi lado.

Yo no busco nada, es que he quedado. —mentí, me estaba poniendo nervioso con ese chico a mi lado.

Se acercó más, me sujetó la mano y la metió dentro de su pantalón con fuerza, me la sujetaba y no la soltaba, me hizo agarrar toda su polla, estaba muy duro.

Pajéame puto. —ordenó el niñato pijo.

Ehhhh, perdona pero te equivocas, yo no... —intenté sacar mi mano pero era más fuerte que yo.

No me dejó terminar cuando sacó de su bolsillo un billete de doscientos.

Toma puto, ahora calla y pajéame.

Dudé unos instantes, pero nunca había tenido tanto dinero, así que con mi mano izquierda guardé el billete en mi bolsillo del pijama y con mi mano derecha le pajeaba la polla.

Se la sacó para que pudiera pajearle mejor, estuve un rato hasta que me sujetó de la cabeza y hundió su polla en mi boca, quise apartarme pero tenía mas fuerza que yo, me forzó a comerle la polla, me follaba la boca de manera brusca, la metía hasta casi tocar mi garganta, su polla me atravesaba una y otra vez la boca hasta notar como empezaba a correrse en mi boca, bastante leche caliente que soltó, su polla estaba circuncidad, mediría unos dieciséis centímetro, no era muy gruesa, al fin y al cabo el chaval tendría unos veinte años.

Cuando terminó de correrse soltó mi cabeza y pude incorporarme mientras tosía, se guardó la polla mientras se levantaba, yo escupía parte de su corrida, no quería tragar nada de ese niñato pero no me quedó de otra.

Gracias puto, necesitaba desahogarme con alguien, tienes buena boca para chupar pollas.

Sin dejarme hablar se fue, mientras se alejaba limpié mi boca como pude con la manga de mi pijama, estaba enfadado pero a la vez excitado, no sólo por la situación, creo que me gustaba eso, el ser usado, humillado, y si encima ganaba dinero...

Pero mis pensamientos se llenaron enseguida de culpabilidad, había puesto los cuernos a mi hermano, no, un momento, eso no es posible, ¿Cómo se le ponen los cuernos a un hermano?, ¿Debería decírselo?

No, además, ya no estábamos juntos, ¿No? Quiero decir, él se fue con Luis y me dejó tirado, otra vez...

Por fin te encuentro, ¡Llevo buscándote días! —una voz familiar me alertó.

Me giré y ahí estaba, el chico mulato de la otra vez, del que Oliver me habló, sí, efectivamente me buscaba, y me encontró...

¿Por qué has tardado tanto en venir? —dijo sujetándose el paquete con una mano mientras se acercaba.

Pues porque no soy chapero, por eso he venido, para aclarártelo... —me levanté y al estar los dos en frente pude corroborar que era más alto que yo, bastante más.

¿Cómo que no? Pero si le acabas de comer la polla a ese tipejo. —dijo celoso.

¿Qué? No, espera, ¿Qué? ¿Estabas mirando? —pregunté con cierto enfado.

Ya ves, mira como me puse. —sacó su polla, toda dura—. Por cierto, me llamo Akin ¿Y tú?

¿Que? No, no te diré mi puto nombre porque no quiero venir más aquí y no me verás más.

¿Por qué dices eso? —Akin se acercó a mí lentamente.

Pues porque sí joder, me largo.

Me dispuse a marcharme y entonces Akin me sujetó con fuerza del brazo, me volvió a sentar en el banco, con gran fuerza me giró quedando boca abajo, me bajó el pantalón del pijama y se puso encima de mí.

Te voy a follar, putito. —tras sus palabras, sujetó su polla con firmeza y me la comenzó a meter en el culo.

¡¿Qué haces?! , para, cabrón... —intenté revolverme pero era inútil, además..., no lo hacía con toda mi fuerza, algo dentro de mí disfrutaba la situación.

Shhhh, calla putito, si esto te gusta. —Akin empezó a follarme el culo, estaba encima de mi cuerpo, yo tirado en el banco con la cara mirando al suelo desde uno de los extremos y en el otro mis piernas oprimidas por su cuerpo.

Sus acometidas eran profundas y duras, su polla atravesaba mi recto de manera rápida, se nota que estaba caliente, ese mulato cabrón me estaba follando por segunda vez sin mi consentimiento, ¿Oh sí?, pero joder, me estaba poniendo muy duro, su follada era brutal, me daba estocadas profundas y lamia mi cuello mientras seguía follándome.

Entonces escuché unos pasos, eran los de otra persona, se acercó a nosotros y escuché como le hablaba a Akin.

¿Puedo? —era la voz del entrenador, sí, era él.

No, este es mío. —dijo Akin algo enojado, en parte su negativa me gustó, pero al entrenador no le gustó eso.

El entrenador ignoró a Akin, se sacó la polla y la acercó a mi boca, Akin iba a reaccionar pero fue tarde, el entrenador metió su polla en mi boca, no pude hacer nada, mientras Akin dijo algo a regañadientes con cierto enojo, pero siguió follándome el culo, sin darme cuenta de que la situación me encendió tanto que me corrí sin tocarme, el entrenador me follaba la boca con velocidad.

Ahí estaba yo, siendo follado por el culo y por la boca, el míster sujetó mi cabeza y follaba mi boca con fuerza, los gemidos de los tres inundaban la zona.

Uff que boca joder, chupa, puto, chupa. —decía el míster, su polla, dentro de mi boca, comenzó a hincharse, se iba a correr, y así fue, la hundió más dentro de mi boca, ahogándome de nuevo como la primera vez, mis ojos, rojos, lagrimeaban mientras tragaba toda la corrida del míster, estaba caliente y espesa, bajó por mi garganta sin poder yo evitarlo.

No pude evitar comenzar a toser en cuanto la sacó de mi boca, gran parte de su leche salió de mi boca entre mis quejas, el míster se subió la ropa y sin decir nada más se marchó.

Observé como se alejaba al interior frondoso del parque, seguro que iba a follarse a algún chico que hubiese por ahí, e incluso a follarse a Oliver.

¿Te gustó comerte esa polla? No debiste hacerlo, tú eres mío. —la voz de Akin me devolvió a mi realidad, la cual era que aún seguía follándome el culo, aunque tras la interrupción del míster, bajó la intensidad, intensidad que volvió a subir en cuanto se fue.

Continuó fallándome con fuerza, estuvimos unos minutos así hasta que terminó de embestirme y se corrió dentro de mi, podía sentir varios chorros calientes de leche inundar mi cinterior, se quedó dentro un rato, la sacó y se levantó con una sonrisa, se subió la ropa y se sentó en el banco respirando con dificultad.

Uff, joder, que culo tienes, nunca me follé a un puto como tú. —confesó Akin.

¿Qué dices?, ya te dije que no soy puto. —le repliqué.

¿Cómo que no? Te has comido dos pollas y te he follado en una misma noche, ¿Eso no es ser un puto?

Me quedé callado, no sabía que decir antes sus palabras.

Además, a partir de ahora serás mío, así que no quiero volver a ver que nadie te toca, eres mío.

No, ni soy, ni seré tuyo, me largo. —me subí el pantalón del pijama y levanté del banco para irme.

¿Por qué no? Sabes que me deseas, estás loco por mí, sino, ¿A qué viniste? —dijo con tono burlón.

¡¡Te dije que no!!, ¡Déjame en paz! —le grité con cierto enfado.

Mira, el sábado volveré, si estas aquí, serás mío, pero si cuando venga no estas, me olvido de ti, no me volverás a ver. —dijo Akin con cierto enojo.

Se dio la vuelta tras sus palabras y mientras se marchaba me gritó.

Nos vemos el Sábado, putito.

Me llamo Tomi... —murmuré.

Se giró para guiñarme un ojo mientras sonreía y se terminó de alejar, me quedé observándole hasta perderle de vista y salí corriendo a casa.

Entré por la ventana que dejé previamente abierta y me metí en la ducha, en ella mi cabeza daba vueltas, todo, todo se había complicado, porque ya no estaba seguro de nada. ¿Y por qué no? Quiero decir, mi hermano me dejó tirado...

Ya no estaba seguro, me asomé al cuarto de mi hermanito, dormía plácidamente y mientras lo observaba, en mis adentros volvía a pensar en ello, en lo que Akin me hacía sentir, ya no estaba seguro de a quien amaba...

¿Y tú? ¿Qué harías?

( Continuará... )

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Creado (2013), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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martes, 8 de enero de 2013

Mi hermanito - Capítulo 7 ''Me follo a mi hermano''

 

Capítulo 7 - Me follo a mi hermano

Mi hermano descubrió lo que el entrenador me obligo a hacer, sí, me vio hacerle sexo oral a mi entrenador, no fue agradable, la verdad, fue un acto obligado y humillante.

Tras esto, mi hermano confesó que su relación con nuestro primo Jesús era simple y llanamente sexo, y aunque me alegré, me jodía saber que el cabrón de mi primo tocaba a mi hermano, él era mío y solamente mío.

Y no iba a permitir que nadie más lo tocase, o al menos eso pensé...

¡Ya hemos llegado! —mi hermano avisó a mi madre, pero las luces de casa estaban apagadas, nos acercamos a la cocina y había una nota, ya se fueron a dormir y nos dejaron la cena en el microondas.

Creo que tardamos demasiado —susurré en voz baja a mi hermano.

Sí, será mejor que vayamos a dormir. —sugirió.

Sí, la verdad es que estoy cansado, voy a ducharme e irme a dormir, que mañana hay que madrugar. —dije bostezando.

¿Nos duchamos juntos? —mi hermano me una sonrisa pícara y acto seguido subió las escaleras, me hacía gestos para que le siguiese, y lo hice, le seguí hasta su cuarto, despacio, intentando no hacer ruido.

Entramos a su cuarto y cerramos la puerta con cuidado, luego caminamos al baño a la vez que nos quitábamos la ropa, nos metimos en la ducha juntos y bajo ella nos enjabonamos mientras nos tocábamos el uno al otro nuestros cuerpos desnudos, explorando cada rincón.

Nuestros labios se fundían en un beso bajo el agua templada, entonces mi hermanito empezó a tocarme el culo.

Me apetece follarte, sí, quiero ser yo el que folle el culo. —mi hermano me miró juguetón.

¿Lo dices enserio? Pensé que te gustaría que te follara yo a ti.

Sí, antes sí, quizás porque era lo que siempre me habían hecho, pero, al verte con el entrenador, ahí todo sometido, ufff, me puso mucho, quiero someterte y follarte, ya estoy harto de ser yo el sumiso.

¿Cómo? —pregunté sorprendido.

Nada, olvídalo, venga, estoy muy caliente y quiero follarte hermano, mira como la tengo. —mi hermano me hizo bajar la mirada y pude ver su polla dura.

Llevé mi mano hasta su duro trozo de carne y lo aprisioné con mis dedos, empecé a masturbarlo de arriba a abajo mientras nos besábamos.

Me arrodillé y comencé a comerle la polla, mi hermano gemía mientas el agua tibia mojaba nuestros cuerpos, yo con mi lengua recorría su tronco, succionaba con mis labios intentando que sintiese todo el placer del mundo.

Mi hermano sujetaba mi cabello con fuerza y comenzó a arremeter contra mi boca, me estaba follando la boca, sí, mi hermanito pequeño me follaba la boca, y a mí me gustaba, era una sensación única.

Espera... —dijo mi hermanito agitado, me apartó de su rico dulce y me hizo poner en pie—. ¡Quiero follarte ya!, no aguanto...

Me di la vuelta obediente, separé mis nalguitas blancas y tersas, mi hermano posó una mano en mi espalda y me hizo inclinarme, noté como con la punta de su polla rozaba mi ano, buscaba poder metérmela, se notaba que era su primera vez.

Separe mis piernas para que le fuese más fácil y por fin empezó a clavarme su dura polla, lo hizo demasiado deprisa y no pude evitar solar un leve quejido de dolor. La siguió metiendo más y más dentro de mi, hasta que noté sus huevos chocar contra mi culo.

Su respiración entrecortada chocaba en mi nuca, apoyó su mentón en mi hombro.

¿Te duele? ¿Estás bien? —preguntaba mi hermano preocupado.

Sí..., estoy bien... —mentí, la verdad es que fue muy brusco y me hizo bastante daño, pero me aguanté, sé que era su primera vez y quería hacerlo feliz, aunque fuese a costa mía, de todas formas el agua ayudó bastante a que entrase fácil.

¿Sigo? —me preguntó agitado, notaba como su cuerpo emitía ciertos temblores.

Espera un poco. —logré mascullar, intentando coger fuerzas y reponerme, el agua ayudaba a que todo fuese mucho más fácil—. Ya, sigue...

Mi hermano al escuchar eso comenzó a sacarme su polla de mi culo, después la volvió a meter, pero de nuevo de manera brusca, intenté contener mis quejidos de dolor, con mi mano derecha comencé a pajearme.

¿Te gusta como te follo hermano? —Rubén estaba cada vez más caliente, notaba como su polla palpitaba dentro de mi, iba a correrme muy pronto, no aguantaría mucho más.

Sí, hermanito, lo haces muy bien, venga, folla a tu hermano, dame tu leche. —dije extasiado.

Ante mis palabras, mi hermano me sujetó de la cintura con fuerza y comenzó un vaivén veloz, su polla me follaba el culo con rapidez, entonces escuché como comenzó a gemir con más fuerza, su cuerpo se tensó y su polla explotó dentro de mí, podía sentir como se hinchaba y convulsionaba, mi interior se llenaba de su leche, de la leche de mi amado hermanito.

La leche de mi hermanito inundaba mi interior, era caliente y me aliaba por dentro, el poco dolor que sentía se convirtió en placer durante unos segundos, en los que no pude evitar gemir.

No pude evitarlo, aceleré mi masturbación hasta correrme sin parar, fue algo que nunca había sentido, mágico, en ese momento recordé cuando el chico mulato me hizo suyo en aquel parque, mi piel se erizó y suspiré tras terminar de correrme.

Rubén me la sacó y se enjabono para limpiarse y terminar de ducharse, salió y me dejó solo, yo terminé de ducharme, me limpié bien y salí con la toalla en mi cintura.

Me asomé y vi a mi hermano boca abajo, dormía plácidamente en su cama, me acerqué y le besé en la mejilla, después salí cerrando la puerta por fuera.

Y tras eso, fueron pasando los días, la relación con mi hermano se fortaleció, él y mi primo rompieron cualquier comunicación, no eran novios, simplemente Rubén le dijo que no quería follar más con él, que hacerlo con personas de la familia estaba mal, lógicamente no le dijo que lo hacía conmigo, Jesús le prometió que no diría nada, yo no me fiaba de él, pero no quedaba otra que confiar en su palabra.

Me aliviaba saber que a mi hermano ahora le gusta dar por el culo, y no recibir, porque así mi primo ya no tenía ninguna posibilidad con él, los primeros días fueron duros, a mi hermano le costaba hacerlo sin hacerme daño, pero poco a poco fue aprendiendo y ya disfrutaba más cuando él me follaba.

Llegó el Martes y tocaba entrenamiento, recordaba aún cuando el entrenador me humilló y me obligo a chupársela, fue un abuso, o al menos así lo sentí yo, no quería que eso se repitiese, estaba preparado, si volvía a intentar algo lo amenazaría.

El entrenamiento fue con normalidad y el míster pasó de mi, como si nunca hubiese pasado nada, tras terminar, todos nos dirigimos a las duchas.

Como dije, el entrenador después de lo que pasó no volvió a decirme ni insinuarme nada más, no sé si se sentirá culpable o simplemente con la mamada que le hice se dio por satisfecho, el caso es que al menos me dejó en paz.

Eran más o menos las siete de la tarde y al entrar en el vestuario vi a uno de mis compañeros, era el que el entrenador se estaba follando aquella noche en el parque.

Quedábamos él, yo y un compañero más, pero me di cuenta que él hacía tiempo disimulando que ordenaba su taquilla, se notaba que estaba esperando que se fuera el otro chico, y efectivamente, el otro chico terminó de cambiarse y se fue.

Entonces Oliver, que así se llamaba el chico que era follado por nuestro entrenador, se acercó a mí, se me olvidó describirlo, era de mi altura, un metro y sesenta centímetros más o menos, delgado, con el cabello oscuro y un poco largo, media melena suelta, ojos marrones oscuros y la piel blanca, llevaba un tatuaje en el cuello del escudo del capitán américa, era raro ver a un chico de nuestra edad, de segundo de secundaria, con un tatuaje.

Esto..., Tomi, una cosa... —su mirada se iba al suelo constantemente.

¿Si?, Dime... —pregunté con curiosidad por saber que quería.

Mira, quería hablar contigo desde hace unos días, sobre lo que viste, quiero decir, lo que vi, porque no fuiste el único que vio algo... —a Oliver se le notaba nervioso.

Ah..., ya, ehh..., bueno, no hace falta, no vi nada que vaya a contar, tranquilo. —le dije para calmarlo.

Oliver cerró su taquilla y se sentó a mi lado, en la banca donde me ataba los cordones de las zapatillas.

Bueno, tras lo que vi, estaba buscando el momento de estar a solar, ya sabes, para hablar.

Terminé de atar mis cordones y al incorporarme, Louis intentó besarme en la boca, le hice la cobra y logré evitarlo.

Espera, ¿Qué haces? —dije al apartarme instintivamente.

Perdona, yo..., pensé que..., bueno..., no sé..., lo siento... —se disculpó con vergüenza.

No, tranquilo, es solo que me sorprendí, es todo. —me levanté para marcharme pero continuó hablándome.

Es que me gustas. —Oliver bajó la mirada tras esa confesión que me sorprendió.

¿Yo? Pero si soy feo, qué dices... —dije riendo.

Pues a mi me gustas, porque con el cuerpo que tienes yo estaría todo el día fallándote, como te folló ese mulato la otra noche, me puso a mil cuando os vi. —dijo con la cara colorada tras darse cuenta de sus palabras.

Hubo un silencio durante varios segundos.

Es que me he puesto un poco caliente. —continuó Oliver—. Fíjate como la tengo. —Oliver se bajó los bóxer y empezó a jalársela lentamente.

¿¡Eh!? ¿Qué haces? Ten cuidado, nos pueden ver... —yo tenía temor sobre todo por el entrenador.

Aquí no hay nadie, ya todos se fueron. —Oliver continuó pajeándose como si nada.

No lo digo solo por ellos, también esta el míster... —dije con temor.

No te preocupes por él, no contará nada. —Oliver lo dijo con toda naturalidad, ante mi asombro.

Eso es lo que me preocupa, él, bueno, él te estaba follando esa noche, ¿Por qué? ¿Era la primera vez? —pregunté mientras él seguía a lo suyo, y lo cierto es que me estaba calentando ver a mi amigo pajeándose delante mí.

Bueno, yo no tengo mucho dinero, ya lo sabes, Juan me dijo que allí se ganaba mucho dinero si te dejabas tocar.

¡Espera!, ¿Juan? ¿¿El de nuestra clase?? —pregunté con gran sorpresa.

Sí, pensé que lo sabías, ¿No lo sabías? —me miró sorprendido.

No, ni lo imaginé, ahora entiendo, ''ese rumor'' de que a mi hermano lo vieron allí, era mentira, lo vio él porque estuvo allí... —murmuraba con enojo.

¿Qué? Si no lo sabías porfa no le digas nada, me matará.

No te preocupes, no diré nada... —dije a regañadientes—. Pero..., ¿Entonces vais allí a que os follen?

No, Juan me dijo que fue una o dos veces y solo se dejaba tocar, pero pagaban mucho, entonces decidí ir también, pero me ofrecieron más por dejarme..., bueno, por dejarme follar, y acepté.

¡Qué fuerte!, ¿Así eres chapero? —pregunté alucinando, no me creía lo que me contaba, era algo que jamás había pensado de mi compañero de equipo.

No, somos, ¡Tú también estabas allí!, ¡Te vi!, ¡Un chico te folló!

No, me confundió con un chapero, es diferente, yo no he vuelto a ir. —dije con un ligero enfado, Oliver no insistió.

Vale, disculpa...

En fin, ¿Y cómo es que llegaste a acabar con el entrenador? —pregunté intentando descubrir más sobre el míster.

Pues..., un día me estaba dejando tocar por un hombre y el míster me vio, esa noche me ofreció dinero por follarme.

Y aceptaste. —sentencié.

Sí, hasta ese momento solo me tocaban o me la chupaban, pero el míster quería follarme, insistió tanto que accedí...

Hubo un ligero silencio, ese ''insistió'' sonó más a obligación que a otra cosa.

El caso es que desde entonces a veces el míster va allí y me paga por follarme, es muy bueno conmigo, nunca me obligó a hacer algo que no quisiera, así que no me juzgues, he notado tu mirada.

No, no, tranquilo, es tu vida, no me meteré. —aparté la mirada preparándome para marcharme.

¿Y no vas a volver? —Oliver se seguía jalando la polla.

¿Al parque? No, no soy chapero, ya te lo he dicho. —me di la vuelta para irme cuando me detuve al escuchar su confesión.

Es que el chico ese, el mulato que te folló, va todos los días, pero nunca folla, va mirando y buscando por todas las zonas, yo creo que te busca...

No puede ser... —murmuré.

Pues es verdad, va todas las noches, creo que le gustó tu culo. —Oliver sonrió pícaramente.

A mi no me hace gracia. —dije con un tono serio.

Pues con todo esto me calenté y me voy a hacer una paja, ¿O me la quieres hacer tú? —me miró sonriendo.

No, ni de coña, yo ya me voy.

En ese momento entró el entrenador y se sorprendió al vernos tan juntos y con Oliver pajeándose, aunque enseguida se subió el pantalón.

¿Qué hacéis? ¿Estáis locos? Estas cosas aquí no, venga va, largo. —dijo con su ronca voz de manera despectiva.

Me terminé de vestir y salí de allí, aún flipando con esa surrealista situación, dejé a Oliver a solas con el entrenador, lo que pasase allí me daba ya igual, lo que me carcomía por dentro era lo que dijo, que el chaval mulato me buscaba cada noche, no lo terminaba de creer.

¿Enserio se prendió de mí?

Al llegar a casa me percaté que ya todos dormían, estuve demasiado tiempo entrenando, ya estaba anocheciendo, así que mi familia ya se fue a la cama, entré en la cocina a oscuras.

¿Qué haces? —me di la vuelta mirando a mi hermano, que me observaba sonriente.

Mi hermano, que iba en pijama corto, se acercó al frigorífico y lo abrió, la luz del mismo iluminó parte de la cocina, metió la mano dentro y sacó un sándwich de jamón y queso.

Te hice esto, sabía que vendrías tarde. —me miró con una sonrisa—. ¿No habrás hecho nada con tu entrenador no? —preguntó con su mirada fija en la mía.

No, no hice nada, ha pasado de mí, tranquilo, y no hables tan alto, que vas a despertar a mamás y eso... —sugerí mientras intenté coger el sándwich.

Pero mi hermano lo evitó, me miró pícaramente y se lo llevó a la boca tomando de un bocado un trozo del mismo mientras observaba que intentaba hacer.

Sus ojos azulados brillaban con la luz del frigorífico, se acercó a mi mientras masticaba y juntó sus labios con los míos, pude sentir durante el beso como me pasaba la comida de su boca a la mía mientras mi corazón latía con fuerza.

Se separó y lanzó una carcajada en voz baja.

¿Está rico? —preguntó mi hermano maliciosamente.

¿Tú eres bobo? —pregunté hipnotizado mientras tragaba el trozo de sándwich mezclado con su saliva, fue algo delicioso y excitante, mi hermano me puso duro, hacía cosas que yo no imaginaba.

¿Qué hacéis? —en ese momento mi madre encendió la luz de la cocina y nosotros de un susto nos giramos aterrados.

Mi madre se acercó al frigorífico, cogió una botella de agua y comenzó a beber de ella, nosotros, por nuestra parte intentamos disimular la erección, me senté en la silla de la cocina y me apoyé en la mesa, terminando de comerme el sándwich.

Bueno, ¿Tomi por qué llegaste tan tarde? —preguntó mi madre metiendo la botella dentro del frigorífico y cerrando la puerta.

Mi hermano fingía llenar un vaso de agua y beber de ella como si tuviese sed.

Bueno, salí un poco tarde del entreno y como tenía hambre me hice algo de cena. —dije.

Yo solo vine a por un poco de agua, me vuelvo a la cama. —dijo mi hermano tras beber agua y dejar el vaso en la encimera.

Pues venga, a dormir. —ordenó mi madre.

Mi madre se marchó y nosotros nos fuimos a nuestro cuarto, me duché con rapidez y me puse el pijama, me eché en la cama y cerré los ojos intentando coger el sueño.

Entonces escuché el sonido de mi puerta abriéndose con lentitud, miré y pude ver a mi hermano en bóxer entrar en mi cuarto y cerrar la puerta.

¿Qué haces aquí y en bóxer? Quizás mamá sigue despierta. —dije con voz susurrante temeroso de ser descubiertos.

Shhh. —mi hermano carraspeó que me callase—. Calla, no se enterarán si no hablas.

Mi hermano Rubén se acercó a mi cama, donde yo estaba tumbado, se arrodilló y me miró con una sonrisa, alargó sus manos y me bajó el pijama, acercó su boca a mi polla y se la tragó, me la comenzó a mamar, chupaba y lamia con intensidad, me hacía una mamada espectacular, increíble, yo guiaba su cabeza mientras notaba su lengua a través del tronco de mi pene, no podía aguantar más y sin avisar me empecé a correr en su boca, lejos de disgustarse empezó a succionar mi pene tragándose mi corrida por completo.

Uff..., deliciosa tu leche hermano, eres perfecto. —dijo Rubén relamiéndose.

Se subió a la cama y comenzó a lamer todo mi cuerpo, levantó la camiseta de mi pijama y lamió mi pecho, mis pezones, mis axilas, todo..., todo mi cuerpo estaba lleno de saliva suya, hasta que llegó a mi boca y nos fundimos en un ardiente beso.

Hermano, fóllame... —me pidió Rubén jadeando, ante mi sorpresa, solo pude afirmar con la cabeza.

¿Quieres ser follado por mí? —pregunté juguetón.

Sí, por favor, fóllame, quiero saber que se siente ser follado por mi hermano. —confesó muy excitado.

Fuiste un nene muy malo, mereces un castigo. —dije burlonamente.

Lo he sido, he sido un niño muy malo, castígame hermano. —Rubén se quitó el bóxer y se puso a cuatro, yo me moví acercándome a la mesita y saqué un bote de lubricante que tenía guardado.

Me terminé de desnudar, me puse detrás de él y sujeté con firmeza su cintura, empecé a ponerle lubricante en su ano rosado y también en mi polla.

¿Estás preparado para tu castigo, hermanito? —le pregunté mientras con mi polla restregaba el lubricante de su culo.

Afirmó con la cabeza, nuestras respiraciones eran muy agitadas, con cierta dificultad empecé a penetrar el culito de mi hermanito, él posó su cara en la almohada inclinándose más y dejando su culo a mi disposición.

Seguí penetrándolo despacio hasta que se la introduje toda, podía notar su interior, estaba en lo más profundo de mi hermanito pequeño.

Ya esta dentro, ¿Estás bien? —pregunté jadeante.

Mi hermano afirmó con la cabeza y comenzó a mover su culo, ya quería que lo continuase follando, y cumplí su deseo.

Mientras comencé a moverme dentro de mi hermanito, pensé en toda la situación, una situación que yo mismo busqué, estaba en mi cama fallándome a mi hermanito pequeño, él estaba aquí, a cuatro dejándose follar por su hermano mayor, y lo disfrutábamos.

La saqué hasta la mitad y la volví a introducir lentamente, la sacaba y la metía, la sacaba y la metía, cada vez mas deprisa, Rubén se pajeaba mientras yo me lo follaba ahora con mayor velocidad.

Sujetaba con fuerza su cintura para poder clavársela bien profundo, mis embestidas eran casi frenéticas, mis huevos chocaban con sus nalgas, era delicioso, placentero, estaba ya por correrme.

Sujeté su cabello y jalé su cabeza hacia mí, lamí su mejilla derecha y le hice un chupetón en su cuello sin dejar de penetrarlo, la velocidad fue en aumento, nuestros cuerpos se movían frenéticamente, la cama empezó a hacer un ligero ruido y eso nos alertó, bajé el ritmo y solté su cabello.

Ahhh, no pares hermano..., si..., así..., castígame... —decía mi hermanito extasiado.

Ahh..., ¿Te gusta ehh hermanito? Si yo sabia que te gusta la polla, ahhh..., ¿Qué se siente ser sometido por tu hermano mayor eh?

Si...,me encanta..., soy reputo, tu puto, sólo tuyo y de nadie más, dame todo, no te detengas... —su voz era cada vez más quebradiza, estaba a punto de correrse, lo notaba.

Seguí envistiéndole con fuerza hasta que me detuve por completo.

¿Porqué te paras? —preguntó con enojo.

Date la vuelta, quiero ver la cara que pones cuando te folle y me corra dentro de ti. —dije caliente retrasando el éxtasis.

Saqué mi polla de su culo y se giró boca arriba, levanté sus piernas y las puse en mis hombros, podía ver la cara de mi hermanito roja y como su cuerpo temblaba de excitación, los dos sudábamos como cerdos, pero no nos importaba.

Apunté mi polla a su ano y volví a metérsela hasta el fondo, se deslizó con facilidad.

Ahhh, joder que culo tienes, tan apretado..., ufff.

Es tuyo Tomi, solo tuyo, lo tienes para ti, gózalo. —decía mi hermano justo cuando empezó a correrse encima de su tripa, podía ver como se manchaba su cuerpo de su propia leche.

Tras ver eso y sentir como su culo se contraía y me presionaba mi polla, no pude aguantar más y comencé a correrme sin parar dentro de mi hermanito, no sabría explicarlo, pero es algo que jamás volví a sentir, con nadie, nadie me hizo sentir lo que mi hermanito provocaba, fue la mejor follada de mi vida.

Mira como te corres puto, te gusta tanto que te folle tu hermano que te corres sin apenas tocarte, como lo puto que eres. —decía sin darme cuenta que estábamos levantando la voz demasiado, la habitación olía a sexo, nosotros estábamos sudados y llenos de nuestra propia leche.

Se levantó hacia mí y comenzamos a besarnos mientras mi leche llenaba las entrañas de mi hermanito pequeño, fue algo indescriptible, delicioso, lo acababa de dejar marcado por dentro con mi semen caliente, mi hermanito ahora era mío, solo mío y no dejaría que se me escapase.

Mi madre siempre decía que la leche era buena, que debía tomarla todos los días, y en abundancia, así que le hice caso y me acerqué al cuerpo de mi hermanito y lamí toda la leche que había en su piel, sin dejar ningún rastro de su corrida, estaba simplemente deliciosa, la saboreé y la tragué toda con gusto.

Mi hermano se abrazó a mí y dormimos juntos esa noche, abrazados, felices, sin saber que la felicidad es efímera.

Ninguno sabíamos que al día siguiente, ocurriría un suceso que provocaría nuestra separación, miré a la ventana, la luna iluminaba el cuarto a través de ella, una sombra vino a mi mente, el entrenador, algo dentro de mí sabía que todo era muy bonito.

Desgraciadamente, acerté.

( Continuará... )

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Creado (2013), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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