miércoles, 13 de junio de 2012

Mi hermanito - Capítulo 2 ''Hermanos de leche''

Capítulo 2: Hermanos de leche

Tras hacerle la mamada a mi hermanito, salí de su cuarto y lo dejé durmiendo, entonces vi las marcas de lo que parecía semen en el suelo, alguien miró lo que habíamos hecho, y lo que es peor, eyaculó viéndonos, lógicamente solo una persona pudo hacerlo y el simple hecho de pensarlo me hacía estremecer.

Apenas pude coger el sueño pensando como habían llegado esas marcas de semen a la puerta de mi hermanito, solo había una explicación de como llegaron ahí..., pero no me lo podía creer o no quería creerlo, era demasiado fuerte y algo en mí mente me decía que esa noche iban a cambiar muchas cosas en ésa casa...

Al día siguiente todo era muy confuso, una parte de mi recordaba lo que hice con mi hermanito y me gustaba, pero otra parte de mi lo rechazaba, sabía que en mi interior me daba miedo a lo que pudiera pasar si se descubriese lo que hicimos y no quería preocupar a mi hermano con ese tipo de cosas, para no asustarlo o para no ponerlo peor, ya tenía suficientes problemas con lo de saber que era gay y el que mi hermanito fuese dañado por ese imbécil del internado.

Una vez tomé valor, bajé a desayunar, era Domingo, así que sabía que mis padres estarían en casa, bajé a la cocina a prepararme las tostadas, pero no había nadie, me las hice y me tomé un vaso de leche..., leche, de nuevo me vino a la cabeza el semen que había en el suelo, cerca de la puerta del cuarto de mi hermano.

Mi sospechas se dirigían hacia el marido de mi madre, el cual quizás subió a ver como estaba Rubén y entonces pudo ver la escena, yo haciéndole una mamada a mi hermanito, quizás se calentó y se masturbó mientras miraba como le hacía sexo oral a mi pequeño hermano hasta que se corrió, de ahí las manchas, pero era demasiado fuerte, no quería creer en ello, tendría que haber otra explicación.

Mi hermano apareció en la cocina, entró y pude fijarme que aún llevaba el pijama de Bob esponja, pero con la camiseta puesta.

Buenos días Tomi. —me dijo sonriendo, como si nada hubiese pasado.

Buenos días Rubén —dije con algo de corte, entonces tomé la leche mientras mi hermano abría el frigorífico—. Dime, anoche, ¿Cómo dormiste? —pregunté mientras bebía un poco de leche del vaso.

Bien, aunque tuve un sueño muy extraño. —mi hermano me guiñó un ojo pícaramente, estaba claro que recordaba todo lo que pasó.

Vaya... —mi piel se ruborizó y me puse colorado—. ¿Y..., el sueño te gustó? —pregunté con un poco de vergüenza.

No me desagradó. —dijo mi hermano sin pudor y cogiendo una manzana, se disponía a salir de la cocina cuando mi voz le detuvo.

¡Espera Rubén!

¿Si? —me preguntó de nuevo sonriéndome.

¿No vamos a hablar de lo que pasó? —pregunté mientras observaba como mordía la manzana.

Hubo un silencio incómodo, mi hermano dudó unos instantes y por fin rompió el silencio tras tragarse el trozo de manzana.

¿Hablar sobre qué? —dijo mientras con su muñeca limpiaba sus labios de restos de manzana.

Pues de lo que pasó anoche. —insistí.

No hicimos nada malo. —dijo Rubén.

Ya..., Rubén, pero esta mal..., ¿Entiendes?

Rubén dio otro mordisco a la manzana y acercándose a mi me besó en la boca pasando el trozo de su boca a la mía, yo instintivamente me alejé de él mientras masticaba lo que antes estaba en su boca y me lo tragué con pudor.

¿¡Qué te pasa!? —dije un poco enojado y miré a los lados esperando que nadie nos hubiese visto—. Rubén, esto no esta bien...

Mira Tomi, lo de anoche..., me gustó, mucho además, estuvo genial y no veo nada de malo en que dos hermanos se diviertan y jueguen, sólo fue eso, además, bien que ayer no te resististe...

Sus palabras me dejaron más helado que el vaso de leche que tenía en mis manos, solté el vaso y me acerqué sujetándole del brazo para no hablar muy alto.

No me resistí porque no sabía que iban a... —detuve mis palabras a la vez que mis ojos se posaron en la figura que entraba en la cocina, era mi primo, venía sudado.

Uff que cansado estoy, necesito refrescarme. —dijo mi primo, que sacando una botella de agua fría y bebiendo de ella me miraba sonriendo, quise mirar a mi hermano, pero éste ya no estaba.

¿Qué haces tu aquí? —pregunté a mi primo, éste terminó de beber agua y me guiñó un ojo.

Que por cierto, mi primo era mayor que nosotros tres años, ya iba a dejar el Instituto, cabello oscuro y corto, de piel morena, con pecas en la cara y una dilata en la oreja.

Mis padres me dejaron aquí anoche, quieren estar solos para celebrar su aniversario, así que pasaré aquí el fin de semana, ¿Y qué mejor que con mis primos juguetones? —me sonrió pícaramente y metió la botella en el frigorífico.

¿Cómo? Espera, ¿Llevas aquí desde anoche? —mi cara cambió totalmente y él lo notó, ya no sabía de quien era el semen, pero tenía mis sospechas, bueno, no, sí lo sabía, era de él, estaba claro.

Bueno, iba a decirte que salgas conmigo a correr un poco, pero creo que ya corriste anoche, ¿No? ¿O debo decir, te corriste? —dijo mi primo sarcásticamente.

¿Qué dices? —yo aún no encajaba tanta información.

No te hagas el tontito conmigo porque eso no funcionará, es mejor llevarse bien. —se secó el sudor con su camiseta y se dio la vuelta para salir de la cocina.

No se que estas diciendo, te estás confundiendo. —repliqué con cierto enfado.

Hazte el loco, pero sé lo que vi y mi boca puede estar cerrada o abierta, eso ya depende de muchos factores. —dijo mi primo.

¿Me estas amenazando? —pregunté entre enojado y asustado.

Mi primo se acercó a mi lentamente, sujetó mi mano y la posó en su entrepierna. Se notaba que la tenia semi erecta.

¿Notas esto en tu mano?, pues hoy la notarás en otro lugar, y me da igual si eres tú o tu hermano, pero uno de los dos sucumbirá, de lo contrario...

¿De lo contrario qué? —pregunté a su amenaza.

Entonces entró mi madre y en un acto reflejo nos separamos.

Buenos días hijo, ¿Qué tal dormiste? ¿Y tú, Jesús? —preguntó mi madre soltando el cesto de la ropa en el suelo.

Bien tía, la verdad es que estoy muy contento de estar aquí, seguro que me lo paso muy bien con mis primos. —Jesús lo dijo en un tono burlón y con intención de meterme miedo.

No pude reaccionar, mi pulso se aceleró y creí desmayarme, él lo sabia y yo solo quería desaparecer, pero su actitud con cara de salido en parte me daba un morbo que no podía explicar.

Subí a mi cuarto y me eché en la cama, necesitaba tumbarme un rato.

No sé a que hora me desperté, solo sé que ojalá no lo hubiera hecho, me levanté y escuché unos gemidos en el cuarto de mi hermano, me acerqué y se le escuchaba agitado, como si estuviera haciendo ejercicio o algo, presentía algo malo, no llamé a la puerta y directamente la abrí despacio, lo que vi me dejó alucinado.

¿Se puede saber que haces? —pregunté a mi hermano.

Tomi, ¿Pero es que no llamas antes de entrar? —mi hermano estaba en ropa interior, con unos bóxer azul clarito y sudado, estaba haciendo abdominales, por una parte me excité y por otra me sentí aliviado.

Menos mal... —murmuré.

¿Menos mal qué? —mi hermano se levantó y se secó el sudor de la cara con la toalla que tenía apoyada en su cama.

Rubén, debo decirte algo. —dije con tono preocupado.

¿No puede ser luego?, quiero ducharme. —mi hermano caminó al baño.

No, tiene que ser ahora. —con mi mano sujeté su brazo, pude sentir su piel sudada.

Bueno, dímelo mientras me ducho. —me respondió pícaramente.

¿Cómo? —dije con asombro.

Mi hermano con una mirada pícara se bajo el bóxer, pude ver su pene semi duro y al darse la vuelta hacia la ducha pude ver su culito firme y blanco, abrió la llave del agua y empezó a caer en el plato de ducha, se acercó a mi y me llevó hacia ella, cabe decir que yo no me opuse.

Tomi, creo que te debo algo. —dijo Rubén sonriendo.

Rubén... —suspiré, lo tenía muy cerca, el agua mojaba mi cuerpo y mi ropa, podía ver como sonreía mientras el agua mojaba su linda y tersa piel.

Rubén me besó en la boca, callándome, sus labios eran tan suaves..., me fue quitando la camiseta y se puso de rodillas, me bajó el pantalón y los bóxer mojados.

Me fascina. —Rubén miraba mi pene con lujuria, pude sentir sus dedos sujetar mi pene, lo acarició y yo solo miré hacia arriba cerrando mis ojos, el agua caía directamente en mi cara.

Mi hermanito pequeño se metió el pene en la boca a la vez que masajeaba mis huevos, yo sentía el placer más grande que hasta ahora había experimentado, el que tu hermanito pequeño te la esté chupando es algo que no puedes comparar con nada.

Rubén... —gemí mientras sujetaba la cabeza de Rubén contra mi entrepierna y le forzaba contra mí rápidamente sin parar, su boca me daba un placer sin precedentes, si era la primera vez que la mamaba..., lo hacía como nadie.

Abrí los ojos y pude ver en la puerta del baño a mi primo pajeándose, no sabía que hacer, un temblor recorrió mi cuerpo, ahí estaba yo, con mi hermanito pequeño arrodillado chupándomela mientras mi primo nos observaba pajeándose excitado, iba a decirle a mi hermano pero el gesto de mi primo me lo impidió, se llevó su mano a la boca y con un dedo en sus labios me indicaba que guardase silencio.

Lo peor de todo es que la boca de Rubén estaba a punto de hacerme terminar, mi hermano empezó a succionar con fuerza y yo no aguanté más y exploté en su boca, sujeté con fuerza la cabeza de mi hermanito pequeño mientras descargaba una y otra vez en su boca, con los ojos cerrados imaginando como mi primo disfrutaba de vernos teniendo sexo oral.

Una vez terminé, mi hermano se tragó todo, cuando abrí los ojos mi primo ya se había ido, mi hermanito se levantó y se limpió la boca con el agua que caía, aún podía ver algo blanco bajar por la comisura de sus labios rosados y carnosos.

Joder, no estaba nada mal tu néctar, hermano. —dijo mi hermanito Rubén mientras comenzó a enjabonarse.

Yo me subí el pantalón y me disponía a irme pero mi hermano me lo impidió poniéndose en medio.

¿No te ducharás conmigo? —dijo mordiéndose un labio.

No..., ya me duché antes, además estoy todo mojado. —me excusé.

Mi hermano se acercó a mí y me besó en los labios, pude sentir su lengua invadir mi boca, el agua seguía mojando nuestros cuerpos mientras mi hermanito pequeño terminaba de besarme. Nos miramos a los ojos mientras tocaba cada rincón de su cuerpo, acerqué mi boca a su cuello y lo besaba con dulzura, mi hermano sujetó con su mano mi cabello y me guiaba entre gemidos.

Me arrodillé y pude ver su pene muy duro, ambos estábamos sin circuncidar, bajé su piel, acerqué mi boca y lo engullí, entero, comencé a chupársela con esmero, mi hermanito con sus manos acariciaba los cabellos de mi cabeza con ternura mientras gemía bajo el agua, con mis manos en sus muslitos suaves succioné con fuerza su pene, mis labios lo hacían con fuerza y con mi lengua relamí su cabeza dándole un placer que le hizo venirse entre convulsiones, su leche entraba en mi boca y bajaba por mi garganta, tragaba mientras saboreaba cada molécula, no quería desperdiciar ni una gota de su semen, el sabor, la textura..., todo era perfecto, su semen caliente inundaba mi boca hasta que dejó de disparar y se detuvo suspirando.

Me levanté y mi hermano me volvió a besar probando su propio semen, se separó y se relamió sonriendo con alevosía.

Te amo Tomi. —dijo Rubén.

Y yo hermanito. —contesté, tras esto, mi hermano siguió en la ducha y yo salí mojando el suelo, después cerré la puerta de cristal transparente del baño, miré el suelo para ver si encontraba restos de semen de mi primo, pero no había nada, así que salí del cuarto, aunque temía encontrarme con mi primo.

Crucé el pasillo hacia mi habitación y me eché en la cama, vaya fin de semana, no sabía que hacer, mi cabeza estaba hecha un lío, debería estar feliz porque mi hermano, con el que soñé tantas noches mientras me relajaba, ahora era como mi juguete sexual y yo el suyo, pero algo dentro de mí me incomodaba, quizás era la idea de que mi primo lo supiese, o de que le gustara lo que hacíamos, o peor aún, de que quisiera participar, podría chantajearnos, o amenazarnos, incluso usarnos como sus juguetes.

Muchas ideas pasaron por mi cabeza esa mañana. Lo que aún no sabía es que el domingo no había acabado y con él un acontecimiento que nunca en la vida me hubiese imaginado.

( Continuará... )

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miércoles, 23 de mayo de 2012

Mi hermanito - Capítulo 1 ''Mi hermano Rubén''

Capítulo 1 ''Mi hermano Rubén''

Todo empezó hace un año, era Sábado y aun recuerdo lo feliz que estaba ese día, porque eso significaba que no tenia Instituto, lo odiaba, y no era porque no me gustase estudiar, simplemente no me agradaba estar cinco horas sentado escuchando a unos maestros dar explicaciones de tonterías que luego en realidad no sirven para nada, lo que más deseaba era ver llegar a mi hermanito, sí, mi hermanito pequeño.

El caso es que ese Sábado era especial, porque mi hermano llegaba del Internado, estaba en él por mal comportamiento, mis padres lo mandaron una larga temporada, no era un reformatorio de por sí, sino un internado para jóvenes, este fin de semana por fin sale, mis padres ya no sabían que hacer con él.

Que por cierto no me he presentado, me llamo Tomi, soy un chaval de complexión delgada, no soy para nada musculoso pero estoy bien, ojos marrones claros y pelo castaño oscuro, me considero guapo, tampoco soy un hermoso ángel, pero no me quejo.

Mi hermano es todo lo contrario a mi, es rubio, complexión delgada y de ojos azules, aunque él no lo supiera, mi hermano era el protagonista de mis largas noches de descanso en mi mente perturbada cuando me relajaba masturbándome, bueno, no quiero enrollarme, vayamos al punto de partida en lo que jamás pensé que ocurriría.

La alarma sonó y yo como siempre me levanté y me duché, bajé a desayunar mientras veía la tele, aunque a esas horas solo echaban programas para niños y poco más.

Estaba en mis pensamientos cuando escuché la puerta de la entrada de casa, eran ellos, seguro, eran mis padres que habían recogido en la estación a mi hermanito.

Ya estamos en casa. —anunció una voz femenina, la voz era de mi madre.

¡Mamá, al fin habéis llegado!. —mientras decía esto me fijé en mi hermanito, estaba bastante cambiado, se notaba que estos meses había crecido.

Terminé de saludar a mis padres y acompañé a mi hermanito a su cuarto, lo notaba un poco cambiado, no sólo físicamente, estaba distante, raro.

Al llagar a su cuarto, dejé su maleta encima de la cama.

Bueno hermanito, ¿Cuánto tiempo no? Como ves tu cuarto está igual que cuando te fuiste.

Sí..., por lo que veo mi cuarto sigue igual. —la voz de mi hermano era la misma, pero la notaba reservada.

Bueno, con más polvo..., cuenta, ¿Te lo pasaste bien en las duchas del internado? —dije en tono burlón.

Mi hermano me miró con ojos desafiantes, no me esperaba esa reacción de él, ¿Le molestó la broma? ¿Quizás...?

Tomi quiero estar solo, para acomodar mis cosas, ¿Te importa? —dijo de nuevo con un tono distante.

No, claro, te entiendo Rubén..., bueno me alegra de que ya estés en casa de nuevo. —me giré sobre mí mismo y cerré la puerta, dejando a mi hermano en su cuarto.

El día paso muy rápido hasta llegar la noche, me pasé la tarde jugando a la consola y navegando por Internet, entonces alguien tocó mi puerta.

Adelante. —dije mientras me levantaba y terminaba de apagar el ordenador y la consola—. Ya casi me voy a dormir. —dije a mi hermano, que me observaba desde el marco de la puerta.

Espera..., antes..., ¿Puedo pasar? —su voz sonaba quebradiza, diferente al tono distante que sentí por la tarde.

Claro hermanito, adelante. —me senté en la cama y él se sentó a mi lado.

Bueno, perdona que antes haya sido tan antipático, es que esto de viajar en avión no me gusta nada.

Tranquilo Rubén, lo he tenido en cuenta, además tu sabes que te quiero mucho como para que eso me afecte.

Sí..., lo sé... —Rubén bajó la mirada algo triste, me ocultaba algo, sentía que quería decirme algo pero le costaba soltarse.

¿Te pasa algo hermanito? —puse mi mano sobre la suya y él instintivamente la apartó con rapidez.

No me digas así. —dijo cortante.

Bueno, Rubén, ¿Vas a decirme lo que te pasa o no?

Es que no se como empezar... —mi hermano estaba angustiado, sus manos sudaban y las movía sin parar, apretándolas.

Rubén, tu sabes que puedes confiar en mi al cien por cien, ¿Verdad? —dije intentando calmarlo.

Rubén siempre confió en mi, siempre me contaba todo lo que le pasaba y le ayudaba cuando podía, así cuidaba de él, en verdad quería mucho a mi hermanito.

Tengo miedo de que si te lo cuento pienses mal de mi y ya no me quieras... —su voz se tornaba cada vez más quebradiza.

No seas ridículo, yo siempre te voy a querer, pase lo que pase, ¿Vale? —miré a mi hermano a los ojos, los tenía lagrimosos, brillaban, el azul de sus ojos brillaban con la luz tenue que la lamparita de mi cuarto nos daba.

Rubén intentó hablar pero no pudo, me acerqué un poco más a mi hermano pero éste salió del cuarto y se metió en el suyo.

Me quedé ahí sentado, sin saber qué debería hacer, al final me armé de valor y fui a ver como estaba, llamé a la puerta pero no contestó, insistí y siguió sin decir nada, no quería despertar a nuestros padres que dormían abajo, así que desistí y me fui a la cama.

Me costó coger el sueño pensando que podría pasarle a mi hermanito Rubén para estar así, en ese estado, al final el sueño me venció y me dormí.

A media noche sentí la respiración de alguien en mi nuca, pensé que era el viento, pero no, era una respiración entrecortada, cuando siento una mano en mi brazo que me sujeta, pegué un sobresalto y me giré.

No grites, soy Rubén. —mi hermano estaba tumbado dentro de mi cama, al borde.

¿Te volviste loco o es que me quieres matar de un infarto? —dije aún sobresaltado.

Perdona, es que no podía dormir, pero mejor me voy y no te molesto. —Rubén salió de la cama y se fue a su cuarto.

Miré por mi ventana intentando poner en orden mi mente y sobreponerme al susto, me sentí mal por como se fue, así que me levanté de la cama con mi pijama y le seguí hacia su habitación, la puerta ahora estaba entreabierta.

En la penumbra pude verle acostado en su cama boca abajo, su cara daba al cristal de la ventana de su cuarto, entré y cerré la puerta tras de mí.

Rubén, no quise tratarse así, es que de verdad me asustaste. —dije excusándome.

Me acerqué a él y me senté a su lado, entonces me miró y le aparté el flequillo de su cabello doradito y vi sus ojos desprendiendo lagrimas que bajaban por sus mejillas, sus ojos azulitos brillaban en esa oscuridad con las lágrimas que desprendía.

Rubén, ¿Qué te pasa? —miré a mi hermanito con ternura.

Tomi, me siento muy mal... —la voz de mi hermano parecía que estaba al borde del llanto.

Me sentí mal por no saber que le pasaba y verle llorar así, en verdad algo le hacia sufrir y a mi también verlo en ese estado, me acerqué a él y comencé a susurrarle al oído.

Hermanito, cuéntame que te pasa por favor, te prometo que te ayudaré en lo que pueda. —susurré.

Mi hermano se incorporó sentándose sobre su cama, con las rodillas en su barbilla y las manos rodeando sus piernas. Se limpió las lágrimas y respiró profundamente, sus ojos aún brillaban en esa oscura habitación, la poca luz de la luna ayudaba a poder distinguir un azul ahora más oscuro en sus ojitos.

Es que estando en el internado..., pasaron ciertas cosas... —dijo apenado.

¿Qué cosas...? —pregunté con temor.

Cosas. —dijo cortante—. El caso, es que esas cosas llevaron a que...

Hubo un breve silencio.

¿A que qué? —pregunté ansioso.

Pues..., que..., me enamoré..., de un..., de un chico...

Tras decir eso, el silencio inundó el cuarto, su mirada estaba perdida en la cama, no se atrevía a mirarme, lo notaba avergonzado, como si estuviese pecando.

Por mi parte, sentí mi corazón helarse, no me esperaba esa confesión, mi hermano acababa de confesarme que era gay, o al menos bisexual, y encima que estaba enamorado de un chico, no me gustó para nada esa confesión, en parte me daba rabia, no por ser gay, sino porque estaba enamorado de otro.

No sé que decir..., no me lo esperaba... —dije a regañadientes.

Me odias..., doy asco. —dijo con enojo.

No, Rubén, tu no das asco... y NO te odio, es sólo que me ha pillado desprevenido, eso es todo.

Pero..., soy raro... —su mirada se perdió hacia la ventana.

No, no lo eres, y te sigo queriendo igual, ¿Llorabas por eso? —coloqué mi mano sobre su hombro intentando reconfortarle—. ¿O hay algo más? ¿Pasó algo más en ese internado?

¿Eh? No, no pasó nada. —mintió mi hermanito—. Solo que ese chico jugó conmigo, me hizo daño.

Déjale, ya se arrepentirá, ¿Te hizo daño físico? —pregunté con algo de preocupación y fijándome en su cuerpo, en su bonito cuerpo, llevaba un pijama de Bob esponja, ya le quedaba pequeño, sobre todo en la entrepierna, que se le notaba bastante apretada.

No..., pero si me dañó mucho el que jugara conmigo, me sentí como una mierda. —dijo mi hermano Rubén con enojo y algo de dolor, se notaba que lo tenía reciente.

Bueno..., ya ha pasado, ahora sólo debes pensar en el futuro, ¿Vale? Y no te preocupes, no le diré nada de esto a nadie. —dije apretando su hombro, él me correspondió apoyando su mano en la mía.

Gracias Tomi, no se que haría sin ti. —dijo Rubén, y me abrazó.

Sentí que ayudé a mi hermano y me alivió bastante, además de que entendía sus sentimientos perfectamente, porque yo también descubrí mi homosexualidad no hace mucho, o al menos no hace mucho que terminé aceptándola, aunque nadie lo sabía.

Bueno ahora duérmete y mañana hablamos, ¿Vale? Ahora es mejor que descanses, el viaje fue muy largo. —me levanté y entonces noté su mano sujetar mi brazo.

Espera, no te vayas, duerme conmigo esta noche Tomi, como cuando éramos pequeños. —miré a mi hermanito y vi sus ojos suplicantes, asentí y me acerqué a su cama de nuevo.

Esta bien Rubén, dormiré contigo esta noche. — me metí en la cama y abracé a mi hermanito con fuerza, no se cuanto tiempo tarde en dormirme, pero mientras lo hacía pensaba en lo que él habría sufrido en ese Internado.

Y en como sufrirá en el futuro, en cómo se sentiría y cómo se sentirá cuando lo rechacen y lo golpeen por ser diferente, no iba a permitir eso, mi hermanito era muy frágil y podía salir muy lastimado, yo me encargaría de cuidarlo y protegerlo.

Esa noche tuve un sueño muy bonito...

Tomi... —una dulce voz me susurraba al oído.

Sus labios se posaron en los míos, uniéndose en un beso húmedo y largo, al principio me resistí pero me dejé llevar, al separarnos del beso distinguí que los labios que besaban los mío eran los de mi hermanito.

Me miró sonriendo y me quitó la camiseta, yo hice lo mismo y le quité la camiseta del pijama también, pude ver su linda y suave piel, me acerqué y le lamí los pezones, mi hermano estaba muy bueno, estaba riquísimo, le chupé y lamí todo lo que pude el cuello y fui bajando por todo su cuerpo, el cual saboreé entre sus gemidos.

Tomi, hazme tuyo, quiero ser tuyo. —decía Rubén entre gemidos y caricias.

Pero Rubén..., somos hermanos, esto no está bien. —intentaba resistirme, pero la tentación era muy grande y yo amaba a mi hermanito, quería estar con él, el resto me daba igual.

Tomi, sólo será esta vez, te lo prometo, enséñame a amar, por favor. —suplicó mi hermano, que me miraba de una forma tan tierna y caliente que no pude negarme.

Me suplicaba que le besara, y lo hice, mis labios se posaron tiernamente en los suyos, sus labios carnosos de pre—adolescente, estaban tan suaves y tan tiernos que no pude negarme, me dejé llevar, ya no había vuelta atrás, mi hermano me tentó y yo caí en esa tentación, en esa rica y deliciosa tentación.

Fui bajando por su cuerpo entre besos y caricias, escuchaba los gemidos ahogados de mi hermano, ni si quiera pensamos en que nuestros padres, durmiendo abajo, podrían escucharnos, pero nos daba igual, llegué a su entrepierna y le bajé el pantalón con dificultad.

Podía ver por encima de sus bóxer que estaba duro, llevaba unos bóxer ajustados, de color azul marino. Los cuáles bajé y de dentro saltó su pene, era precioso, lo cogí entre mis manos y le empecé a bajar y subir la piel, sus gemidos me transportaban a otra dimensión, la del placer y la lujuria, la del pecado y el éxtasis, bajé la cabeza y me introduje en la boca ese manjar que siempre deseé, lo lamí y lo degusté, estaba delicioso, le masajeaba los huevos mientras le chupaba el pene a mi hermanito pequeño.

Mi hermanito Rubén gemía de placer por como se la comía, y con sus manos apretaba mi cabeza y sujetaba mi cabello, él marcaba el ritmo de la mamada, la cual yo hacía lo posible por darle todo el placer que podía a mi hermanito.

Tras un rato dándole placer, noté sus convulsiones, acontecía lo que iba a ocurrir, me sujetó más fuerte del cabello y con un forcejeo de caderas me la metió lo más dentro de mi boca que pudo, hasta que noté sus huevos en mis labios inferiores y como con cada convulsión mi boca se llenaba de un líquido espeso y delicioso, el cual tomé, degusté y me tragué, se vino bastante, una vez que dejó de eyacular, cayó rendido en la cama, en un sueño profundo.

Cogí una camiseta del cesto de la ropa sucia y lo limpié como pude, aunque apenas quedó nada, todo me lo había tragado yo, le subí los bóxer y después los pantalones, no le puse la camiseta, lo dejé así, no quería despertarlo, le observé unos instantes.

Podía ver como dormía plácidamente, su respiración era tranquila y mansa, mi hermanito descansaba plácidamente y me gustaba verlo así, me llenaba de paz.

Después de un rato decidí taparlo con las sábanas de la cama, me incliné y le besé en la frente, lo que pensé que en un principio era un sueño, terminó convirtiéndose en realidad.

Buenas noches mi dulce hermanito. —le susurré mientras me alejaba sin dejar de mirarlo, ahora sentía culpa y temor, tras la excitación, volvían los sentimientos de culpa por lo que habíamos hecho.

Salí de su cuarto cerrando la puerta tras de mí y dirigiéndome hacia la mía para hacerme una paja recordando lo que acababa de pasar, pero entonces pisé con mis pies descalzos algo líquido, miré hacia abajo y vi que era blanco, era semen..., pero..., ¿Cómo?

Apenas pude dormir pensando como habían llegado esas marcas de semen a la puerta del cuarto de mi hermano, solo había una explicación de como llegaron ahí..., pero no me lo podía creer o no quería creerlo, era demasiado fuerte y algo en mí me decía que esa noche iban a cambiar muchas cosas en esa casa...

Mi hermanito y yo habíamos pecado, y nuestras acciones tendrían grandes y duras consecuencias.

( Continuará... )

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