martes, 12 de agosto de 2025

En los vestuarios — Capítulo 3: El marroquí

 

Capítulo 3 ''El marroquí''

Soufián me invita para jugar a la Play, el juego se nos irá de las manos y apostaremos algo que nos hará traspasar el límite de la amistad.

Esa noche dormí bien, a pesar de lo que acababa de pasar, me había quitado un peso de encima, además, estaba muy cansado y con la rodilla adolorida, me dormí enseguida.

Las clases acabaron por la mañana y salimos al patio, el sol pegaba aún con fuerza a pesar de ser octubre, yo me junté con Soufián, el marroquí e Iván, el gitano.

Entre los dos hacían buen dúo, uno soltaba chistes rápidos, el otro exageraba las reacciones, estaban a su rollo, hablando de videojuegos y peleas de anime.

Yo agradecía eso, que no me preguntasen nada raro, que solo hablasen de cosas normales.

Tío, el capítulo nuevo de Dragon Ball Daima es una fumada. —dijo Iván.

A mí me mola. —respondió Soufián—. Es nostalgia pura, bro, además, Goku nunca pasa de moda.

¿Sabes qué nunca pasa de moda? Cascarse una paja pensando en tu hermana. —dijo Iván.

Todos reímos, yo me reía por fuera, por dentro, me aferraba a ese momento, y como pasa siempre en estos grupos…, de pronto, el tema cambió.

Hablando de tías, ¿te has vuelto a follar a Laura? —soltó Iván, como quien abre una puerta sin tocar.

No, pero ahora me he fijado en Alejandra, la amiga de Sara, está buena ehh. —dijo Soufián, rápido, como si llevara rato guardándose el comentario—. El otro día subió una historia en top blanco…, buah.

¿La rubia? —preguntó Iván—. Está como un tren, loco, además dicen que es muy fácil.

Yo la empotraba con intro de anime y todo. —bromeó Soufián, haciendo el gesto de una pose como si follase.

Rieron, yo…, no sabía qué decir.

Lo típico sería seguir la corriente, soltar un ''buah, qué sí", o reírme más fuerte.

Pero me quedé callado, mirando la gravilla del suelo, Iván se me quedó mirando de reojo.

¿Y tú, Tomi?, ¿No hay ninguna que te mole o qué?, Tienes pinta de callarte nombres, ¿eh? —preguntó Iván, el chico gitanillo.

Me encogí de hombros.

Nah…, no estoy muy en eso ahora mismo.

¿No? Pues hay que estrenarte, loco, no puede ser que aún seas virgen tío. —dijo Iván, dándome un codazo.

Soufián se rió, pero sin mala intención.

Seguro que está pillado por alguna de clase, ¿quizás Esther? —añadió Soufián—. ¿O Raquel? ¿La nueva?

O igual, deberíamos preguntar nombres de chicos… —dijo Iván, levantando una ceja en forma de broma.

Sí, claro, de ti, no te jode. —dije riendo.

Ellos comenzaron a reírse también, dejé que siguieran con sus bromas, yo ya estaba en otro planeta.

Estaban todavía riéndose cuando llegó Marcos, con esa sonrisa suya de siempre, relajada, como si no pasara nada.

Llevaba el pelo revuelto, como si se acabara de levantar, como siempre.

¿Qué pasa, tíos? —dijo mientras se acercaba a nosotros.

¡Al fin te dignas con tu presencia! —le gritó Iván—. ¿Tú qué? ¿También te estás viendo Dragon Ball Daima o estabas ocupado con Sara?

Soltaron carcajadas, Marcos se rió también, más por costumbre que por gracia, Marco me miró, no directamente, pero sí lo suficiente como para notar que yo estaba más frío, más distante, no era como ayer, no era como antes.

¿Qué tal fue la fiesta? —pregunté, sin mirar del todo, fingiendo desinterés, pero por dentro, el corazón me palpitaba como una alarma.

Marcos dudó medio segundo.

Bien, fue guay, había un montón de peña. —respondió primero.

¿Y con Sara? —insistí, esta vez sí lo miré, directo.

Él bajó la mirada, suspiró.

Nos liamos un poco, ya sabes…

No dije nada, solo asentí con la cabeza, como si me importara una mierda.

Los otros dos rieron.

¿Te la has follado? —preguntó Iván.

No tío, eso no, pero nos enrollamos, me la ha chupado. —confesó con una sonrisa.

No jodas, ¿en serio? —Iván flipaba.

Sí chaval, pero no me jodáis, esto queda aquí ehhhh.

¿Pero no decía que ya te la chupaba? —pregunté con sorna.

Nah, si este es un fantasma, pero por fin le comieron la polla. —dijo Soufián.

A mí también, ayer. —dije sin pensar, quería fardar también.

¿Qué dices? ¿Quién? —preguntó Iván incrédulo.

Ehhhhh…, es privado…, no puedo decirlo…

Insistieron, pero me negué, al final pensaron que me lo inventé, casi mejor que piensen eso.

Soufián siguió hablando con Iván, distraídos, lanzando bromas, pero Marcos me miró, solo a mí, sabía que yo me había distanciado tras lo acontecido ayer.

La conversación con Marcos se diluyó entre bromas forzadas y miradas que no llegaban a cruzarse del todo, yo me quedé en silencio el resto del recreo, sintiendo cómo la rabia bajaba despacio, como lava que se enfría, pero que sigue quemando por dentro.

Cuando sonó el timbre y todos regresamos a clase, Soufián habló.

Tomi, Iván, ¿queréis venir a casa a comer?, Luego podemos jugar a la Play.

Uff, paso. —dijo Iván con desgana—. Hoy tengo que hacer recados y tal con mi hermano, anda muy pesado.

Y es que Iván no tiene padres, solo a su hermano mayor, el cual le cuida desde que tiene ocho años, nunca dijo que pasó con sus padres, pero parece que fue un accidente.

Yo no puedo tampoco, tengo que recoger a mi hermano del colegio, ya que mi madre trabaja hasta tarde.

Marcos tenía solo a su madre, su padre se fue a por tabaco y nunca más volvió, tiene un hermano pequeño de once años.

Soufián me miró, encogiéndose de hombros, esperando que yo sí aceptase.

¿Tú qué dices?

Vale, le diré a mi madre, pero no creo que se niegue. —respondí, casi sin pensar, supongo que estar con Soufián me haría la tarde más amena, además, los miércoles no había entrenamiento.

Salimos juntos del instituto, caminamos en silencio al principio, cruzando la calle mientras el sol del mediodía pegaba con fuerza, me gustaba andar con él, no había que llenar cada segundo con palabras y cuando hablaba, lo hacía sin querer impresionar a nadie.

¿Estás bien, bro? —preguntó de repente, mientras esperábamos en el semáforo.

Más o menos.

¿Y eso? ¿Las clases?

No.

¿El equipo?

No, bueno, algo.

¿Tu hermana?

No, nada que ver, es un cúmulo de todo.

Entiendo, bueno, en mi casa te olvidas de todo, lo pasaremos genial.

Seguimos caminando, rumbo a su casa, entre motos aparcadas, ventanas abiertas y olor a panadería en el aire.

La comida en casa de Soufián fue mucho mejor de lo que esperaba, pasta con carne y tomate, recién hecha, de esa que huele a casa de verdad.

Su madre era de las que te sonríen sin hacer preguntas, y te pone más comida aunque digas que ya estás lleno, es una mujer muy alta, según tengo entendido francesa, rubia y piel tostada.

Toma, come, que estar tan delgado a tu edad no es bueno. —me soltó, sonriendo.

Después de comer, subimos a su cuarto, su habitación era un caos, zapatillas por el suelo, pósteres de fútbol del Barcelona en la pared y una estantería llena de juegos de Play.

Todo olía a colonia y desodorante barato, mezcla típica de cuarto de chico, encendió la Play y lanzó un par de mandos sobre la cama.

¿Fifa?

Claro. —dije sin pensar, me apetecía algo simple.

Se sentó a mi lado, cogió el mando con una mano y navegó el menú con soltura.

Yo Barça, como siempre —anunció.

Madrid, claro, si no, no hay gracia.

El primer partido fue rápido, me metió un gol a los pocos minutos y me vaciló durante el resto del partido, me ganó tres a cero.

El segundo fue más igualado, le gané en los penaltis, en el tercero me volvió a ganar, tres a dos, me marcó en el último minuto con Lamine, se quitó la camiseta y lo celebró como si fuese él mismo.

No pude evitar fijarme en su cuerpo, tostado por el sol, estaba marcado, definido, como a mí me gustan, delgado y sin nada de vello, recordé cuando me enseñó su polla depilada, me empecé a calentar.

Íbamos a empezar el cuarto partido, pero Soufián me sonrió de manera sospechosa.

Tío, hay que hacer esto más interesante, vamos a apostar algo para el siguiente.

Le miré, medio riendo.

¿Qué? ¿En serio? Estas cosas siempre acaban en sexo. —dije en broma riendo.

No, algo mejor —respondió, con esa sonrisa traviesa suya—. El que pierda…, se tiene que quitar una prenda, en plan castigo.

Tú ya te quitaste la camiseta. —me reí.

Vale, pues…

¿Qué? ¿Dinero? Solo llevo dos euros encima

Le vi pensativo, sin saber qué proponer.

Ya sé, el que pierda, debe obedecer al otro. —soltó sonriendo.

Sí claro, y me pides una paja…

Me miró con la cara iluminada.

¡Ya sé!, el que pierda, le hace una paja al otro.

¿Estás de coña? No te voy a hacer una paja, Soufián. —aunque por dentro, sí quería.

¿Tienes miedo de perder? —me picó.

Le miré, todavía con la sonrisa puesta, pero por dentro, algo me decía que esa apuesta podía acabar sacando más de lo que parecía.

Va, venga, una paja, ¿eso quieres apostar? —pregunté seguro.

Sí, pero hay que cumplir, si no, adiós amistad. —dijo frotánsose las manos.

Cogí el mando, aceptando la apuesta, y comenzó el partido, notábamos los nervios, ya no nos arriesgábamos tanto en las jugadas, le notaba más concentrado y nervioso.

El ambiente cambió, el calor y la excitación se adueñó del cuarto, solo nos lanzábamos miradas rápidas entre gol y falta.

Soufián marcó gol con Lewandowski y lo celebró saltando y lanzando el mando contra la almohada, se agarró el paquete de manera obscena sonriendo.

La paja que me vas a cascar bro… —dijo volviendo a sentarse.

No ha terminado el partido ehhh, venga.

Y así era, quedaban diez minutos, corrí con mi Vinicius y disparé a puerta, estaba tan nervioso que el balón lo desvié más de la cuenta, él aprovechó que miraba cuanto quedaba y en una contra marcó el segundo con Lamine.

Sííí, ¡Joder sí! —gritó, volvió a lanzar el mando contra la almohada y se sentó en la cama con las piernas abiertas.

Yo dejé el mando a un lado, el partido había terminado, con mi derrota dos a cero, juro que quise ganar, realmente me ponía saber que Soufián podría pajearme, pero el cabrón era muy bueno.

Entonces nos miramos, la tensión había subido, nos callamos, de fondo se escuchaba la música del menú del juego.

Bueno, tienes que cumplir. —dijo Soufián.

Está tu madre abajo…

Nunca sube, y si te preocupa eso, espera.

Se puso en pie, cerró la puerta con cerrojo que tenía en la misma, me miró sonriente, se bajó los pantalones cortos y se acercó hasta mí, de pie.

Yo me senté en el borde de la cama, él separó sus piernas, descalzo, llevaba calcetines negros, algo sudados por el calor de la tarde.

¿Qué esperas? Debes cumplir. —dijo nervioso, me miraba esperando que yo tomase la iniciativa, pero me daba pavor.

Ya tío, pero no es tan fácil… —confesé, y era verdad, estaba muy nervioso, no sé si me iba a atrever, con Marcos tenía más confianza y sentía algo más.

Con Soufián era más frío todo, además, yo sabía que Marcos no se iría de la lengua, en cambio, no podría decirse lo mismo de Soufián, que era un bocas, ya me lo imaginaba fardando mañana en clase.

A ver, supongamos que te la hago…

Supongamos no, tienes que hacérmela.

Ya, vale, te la hago.

Sí.

No le dirás a nadie, ¿no?

A ver…

Entonces no…

Vale, no diré nada…

No, júralo, o no te toco.

Dudó unos instantes, después, afirmó con la cabeza.

Vale joder, no diré nada…

Se acercó más a mí, le miré nervioso, mis manos se posaron en su bóxer, azules oscuros, ajustados, los bajé hasta que saltó su polla, aún no estaba duro.

Pero se notaba ya que se había calentado, suspiré y la sujeté con mi mano derecha, su polla estaba circuncidada, de unos quince centímetros de larga y algo gruesa, más que la de Marcos, era más oscura que su piel.

Comencé a pajearle lentamente, subía y bajaba la piel de su polla, Soufián no dejaba de mirarme, me cogió del pelo y me hizo mirarle, mientras le pajeaba.

Así, sujeto, seguí pajeándole la polla, había una nueva tensión en el aire, como si hubiéramos cruzado un pequeño límite que ninguno sabía bien cómo nombrar.

Y, por alguna razón, yo no quería que terminara tan rápido, pero él movía las caderas, insinuando que acelerara la paja.

Los dos permanecimos callados, pero a diferencia de Marcos, Soufián sí me miraba, de hecho parecía gustarle, como si así dominase más la situación.

Soltó mi cabello y cogió mi mano izquierda, haciendo que le tocara el cuerpo, yo, obediente y sumiso, lo hice, estaba buenísimo, algo sudado, por el calor del día, la situación, todo.

Aceleré la paja, con más fuerza y rapidez, seguí pajeándolo, Soufián comenzó a gemir con más intensidad, miró hacia arriba mordiéndose el labio inferior, volvió a mirarme y sonrió.

Me corro puto, me corro… —suspiró.

Seguí pajeándole y noté como su polla se hinchaba y comenzó a correrse, el primer disparo fue directo a mis labios, el segundo a mi mejilla, me aparté rápido sin dejar de pajearle, varios disparos más a mi brazo.

Ahhh, joder… Soufián se apartó a un lado y se sentó en la cama, tumbándose.

Yo me levanté rápido y me metí a su baño, me miré al espejo, tenía semen del marroquí en mis labios, los cogí con mi mano, me relamí los dedos y me lo tragué.

Me sentía ahora mal, me lavé la cara en el lavabo con agua y también las manos y el brazo de su lefa, me sequé con la toalla de al lado y salí del baño.

Soufián estaba vistiéndose y apagando la consola.

Creo que debo volver ya a casa, se hizo muy tarde. —dije.

Soufián ni me miró, colocaba los mandos en el estante, de espalda, me sentí mal, me hizo sentir mal.

Salí de su cuarto, su madre se despidió de mí y salí a la calle, el frescor de la noche me hizo pegar un escalofrío, de nuevo había hecho algo sucio, y de nuevo me sentí utilizado.

( Continuará... )

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Creado, revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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