Capítulo 10 ''El colegio'' (Final)
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero cuando abrí los ojos, tumbado en el suelo, pude ver a Akin, empujó a Luis contra el suelo propinándole una patada en la mandíbula, alejándolo de mí.
—¡Te dije que no los tocaras! —Akin sujetó la barra, que yacía ahora en el suelo y se puso delante de mí protegiéndome.
—Akin..., mi hermano... —mascullé con dificultad.
Akin miró a Rubén, que estaba en el suelo sin moverse, sangre salía de su cabeza.
—Puto negro de mierda... —dijo Luis limpiándose la sangre que salía de su boca.
—Además de cabrón, eres racista, lo tienes todo. —dijo Akin.
Jacob cada vez más nervioso intentaba soltarse, pero no podía, sus ojos inundados de lágrimas me miraban, sabía que la cosa se ponía peor, yo quería ayudar, pero no tenía fuerzas, me sentía muy mareado, no podía más, quería tumbarme y descansar, mi boca sabía a sangre, un sabor metálico y amargo, escupí varias veces en el suelo la sangre que tenía en mi boca.
Luis se acercó a Rubén sonriendo, sujetando con firmeza un bisturí en la mano, puso a mi hermano boca abajo y se puso encima de él mientras nos miraba con su lengua fuera, burlándose, sintiéndose superior.
—Moveros y lo mato. —amenazó.
De repente, pude ver a Juny a mi lado, me miraba con tristeza, Luis también vio a Juny, el chico del diario, lo miraba fijamente.
—¿Pero qué cojones? —dijo Luis.
Aproveché ese momento y lo tiré al suelo sujetándolo del cuello, pero Luis consiguió someterme, sacó de nuevo la navaja y la clavó en mi costado, intentó clavármela de nuevo, pero Akin con la barra lo tiró al suelo, caí a un lado casi sin poder moverme.
Luis y Akin forcejearon, pero Luis logró clavar parte del bisturí en el costado de Akin, que gritó de dolor y se apartó, momento que aprovechó Luis para sujetarle del cuello y comenzar a asfixiarle.
—Esto no debió terminar así, ¡Pero vosotros os lo habéis buscado! —dijo Luis.
Akin notaba como su vida se escapaba, me miró intentando pedir ayuda, pero yo no podía moverme, en ese momento pensé en el chico que me esperaba en el baño de la escuela.
Con mi último aliento, pensé en mi promesa, la que le hice a Cristian, no..., esto no podía acabar así, recordé el bisturí que tenía yo, metí mi mano en el bolsillo y sacándolo como pude se lo clavé en el lateral izquierdo del cuello a Luis.
Luis soltó a Akin, retrocedió varios pasos levantándose y mirándome.
—¡¿Qué has hecho...?! —dijo poniéndose de rodillas, se quitó el bisturí y un chorro de sangre le salió del cuello, sus ojos mirándome se pusieron en blanco y su cuerpo de un golpe cayó al suelo.
Como pude me puse de pie, me acerqué a Akin, que yacía inconsciente en el suelo, pero respiraba, Jacob se movía retorciéndose, me acerqué a su lado como pude y le quité la mordaza.
—Las llaves, ¡Rápido! —dijo Jacob.
Me levanté como pude, recogí las llaves del suelo, volví donde Jacob y abrí los candados.
—¿Estás bien? —Jacob intentaba ayudarme.
—Si, solo desata a los demás, debemos irnos... —dije con dificultad.
Me senté en el colchón y esperé a que Jacob desatase a los otros dos chicos, luego caminó hasta Akin, que lo levantó como pudo, Akin se sostuvo como pudo en pie, se acercó a mí al ver mi estado.
—¿Estás bien? —preguntó preocupado.
—Sí, sacad a mi hermano de aquí, por favor. —dije.
Akin y Jacob sujetaron a mi hermano, sin conciencia y lo empezaron a sacar, los dos chicos desconocidos intentaron ayudarme, pero no podía levantarme.
—No, parad, escuchad, marcharos, pedid ayuda, yo no puedo retrasaros, de verdad, por favor, hacedlo.
Dudaron, pero sabían que no podían hacer otra cosa.
—Enseguida vuelvo, aguanta. —dijo Akin, los cinco chicos salieron de ahí y me dejaron solo, escuché como se alejaban.
De mi bolsillo saqué la nota arrugada que Cristian me dio, en la que Juny le escribió el mensaje, la extendí con mi mano derecha para verla.
En ese momento apareció Juny frente a mí, se acercó lentamente e inclinándose me ofreció su mano, yo, aún con dudas la sujeté con firmeza, me levantó con una fuerza fuera de lo normal y avancé hacia él.
Con una sonrisa me miró a los ojos, aun sujetándome de las manos me guio hacia la salida, ya no sentía la herida, es como si gracias a tocarlo se fuese el dolor, avanzamos hasta la salida de la escuela, donde varios coches patrullas estaban en la entrada junto a una ambulancia.
Varios agentes tenían detenidos al director y al segundo hombre, uno de los oficiales del sherrif, por eso me sonaba su voz, él era cómplice..., los dos estaban oponiendo resistencia, al fondo vi como también detenían a una mujer alta con el pelo negro, era la profesora de ciencias.
No pudieron evitar ser detenidos, mi hermano estaba siendo atendido en la ambulancia y los demás chicos hablando con la policía, entonces vi a Cristian.
Se acercó corriendo hacia mí, él llamó a la policía, se acercó corriendo y me traspasó.
Miré detrás y vi como entraba en la escuela, miré mi cuerpo, era semi—transparente, miré a Juny asustado.
—No temas, todo irá bien. —era la primera vez que escuchaba su voz, era idéntica a la de Miguel—. Lo siento, lo hice para ayudar a los chicos y que no les pasase lo que me pasó a mí.
—No, no entiendo nada...
—Cuando intenté escapar y descubrí lo de la droga, me llevaron a la morgue, allí me mataron. Tú me preguntaste por qué salimos vivos de allí, yo te contesté que tú saliste vivo, yo no podía, porque así fue como morí en 1984...
Juny me sujetó de la mano y me miró, sus ojos verdes brillantes me llamaban mucho la atención, eran preciosos.
—Cuando nos conocimos, te dije que dos de mis amigos murieron, no mentí, los mataron, yo quedé atrapado aquí, no tengo respuesta para eso, solo sé que estoy aquí, mi cuerpo está enterrado en el parque, el árbol antiguo que hay entre la maleza del centro, allí sentí una conexión contigo la primera vez, y te seguí, era como si me dieses energía, hasta ese momento nunca nadie conectó conmigo de tal forma, entonces supe que eras especial, y que debías ayudarme, mi intención no era que murieses, lo siento.
—¿Cómo te hiciste humano? —pregunté sin entender.
—Gracias a ti, tu conexión conmigo era tan grande que pude recuperar mi cuerpo durante unas horas, pero no podía decir la verdad, os habría asustado..., lo siento de verdad.
—¿Estoy muerto? —pregunté con terror.
Juny bajó la mirada al suelo.
Lo miré con miedo, lo solté y fui corriendo detrás de Cristian, lo encontré a mi lado.
—¿Álex? —Cristian sacudía despacio mi cuerpo, inerte, sin vida, yo, a su lado, miraba la escena.
—No, por favor, no me dejes sólo, me prometiste que no lo harías, ¡Lo prometiste! —Cristian gritaba moviendo mi cuerpo inútilmente.
Cristian se tumbó llorando a mi lado, que sin poder evitarlo lloraba también viendo la escena.
Juny observaba con sus ojos verdes como Cristian paraba de llorar para mirarme, acercase a mí y besarme.
—Dijiste que nunca me dejarías solo, y me has dejado solo...
Cristian me abrazó y no me soltó hasta la llegada de varios agentes y personal médico, lo apartaron entre sollozos e intentaron que yo no muriese.
En ese momento apareció Akin, le vi llorando también, con su mano tapaba su boca y lloraba de impotencia.
Juny sacó su diario y lo abrió, me miró con una sonrisa cariñosa y empezó a escribir en voz alta con su dedo, su dedo emitía una luz y su diario brillaba.
—Los médicos ayudaron a Álex, entonces recobró la consciencia, despertando, aún no había llegado su hora, no era su momento, le quedaba mucha vida por delante. —dijo Juny, cerró el diario y empezó a desaparecer, sus piernas comenzaban a volverse invisible y subía hacia arriba.
—¿Por qué lo has hecho? —lo miré con tristeza y sorpresa.
—Yo ya he vivido suficiente, y sólo estaba aquí para evitar que chicos como yo sufriesen, lo he logrado, ahora es tu turno de proteger el pueblo, ah..., por favor, te pido un último favor, entierra mi cuerpo en el cementerio, junto al de mi hermano, cuento contigo, Álex...
Y de repente sentí como si mi corazón fuese apretado por un puño, abrí los ojos y vi a un médico dándome descargas.
—¡Está vivo! ¡Rápido! —el médico me subió a una camilla y me sacaron.
Pude ver en la distancia a Juny sonreír hasta desaparecer y perdí de nuevo el conocimiento...
Un frío invadía mi cuerpo, estaba con el pijama, recostado en la cama de mi cuarto, miré por la ventana, los rayos de luz empezaban a entrar por ella.
Mi madre entró por la puerta y dejó un vaso de agua en el escritorio.
—Álex despierta, ¡Tienes que ir al dentista! Tu hermano ya se fue a clases.
Un temblor recorrió mi espalda, no puede ser, ¿Por qué estoy aquí otra vez?
Me levanté sobresaltado, aún me dolía la herida, ¿Por qué estoy viviendo esto de nuevo? ¿Es una maldición? ¿Un bucle eterno?
En ese momento sonó el móvil, estaba en mi cama, me acerqué a cogerlo, en las notificaciones apareció una llamada perdida, el número, desconocido.
—¡Esto no puede estar pasando! ¡Espera! Algo hicimos mal...
Desbloqueé el móvil, pulsé en el número desconocido y le di a llamar. Empezó a sonar hasta que alguien lo cogió.
No dije nada, simplemente esperé, se escuchaba una respiración, era lenta y profunda.
—¿Álex? —era la voz de Akin.
—¿Akin? —pregunté aún confundido.
—Si, ¿Estás mejor?, ¿Puedo acompañarte al dentista?
—¿Eh? Sí, claro...
Colgué y puse el móvil en la mesa, me senté e intenté recordar, que pasó, que pasó después.
—Sí, lo recuerdo, lo voy recordando...
Desperté en el hospital, a mi lado, mi madre, Rubén, Cristian, Jacob, Akin, todos, estaban todos, la herida me tuvo en estado crítico, pero logré salvarme.
Estuve varias semanas ingresado hasta que me dieron el alta y luego con reposo en casa, la semana que viene volveré a la escuela. En los periódicos salió la noticia que dio la vuelta al país.
Una red de venta de menores, regentada por el director del colegio, y el ayudante del sheriff, los dos tapaban las desapariciones para que nadie sospechase nada raro, Luis era el que escogía a los chicos desde el Internado, él era la clave de todo, él mató a Víctor para inculpar a Peter, al que soltaron tras el escándalo y descubrir que era inocente.
Ya todo tenía sentido, Juny, el chico del diario sólo quiso ayudarnos, pero no podía contactar con nosotros de manera directa, por eso nos hacía ver esa especie de visiones, lógicamente eso no se lo contamos a las autoridades, aunque Peter nunca se recuperó del todo, lo tomaron por loco, él decía que fue un muñeco el que asesinó a su amigo, pero fueron efectos de las drogas que Luis les hizo tomar.
Pasaron las semanas y mi herida mejoro bastante, todos los días escribía un mensaje de agradecimiento en el diario de Juny, el cual me quedé yo, gracias a él evitamos que muchos chicos sufrieran, gracias a él yo estoy vivo. Era injusto que ese chico hubiese sufrido tanto.
El tiempo fue pasando y con el final de enero llegó la nieve, los chicos y yo seguíamos quedando de manera normal, Rubén me confesó que estaba con Jacob, que eran novios, yo le dije que ya lo imaginé y lo respetaba.
Además, lo ocurrido me hizo reflexionar, estaba confundido, perdón, confundida, es verdad que me gusta vestir como los chicos, o jugar fútbol y videojuegos, pero, a la vez, me gusta sentirme chica con Cristian, me costó semanas entender lo que me sucedía, era una chica, normal y corriente, a la que le gustaban los chicos.
Pero, que también me gustaba mucho hacer cosas, de chicos, pero eso no significa que me sienta como tal, Cristian lo comprendió, y cuando le dije que me sentía chica al final, se puso feliz.
Los días seguían pasando y todo parecía volver a la normalidad, por fin todo parecía que volvía a ser como antes.
—¿Puedo pasar? —Rubén se acercó a mi cama y se sentó haciendo que volviese a la realidad.
Yo miraba por la ventana en silencio.
—¿Estás bien?
—Sí, ¿Por qué? Pregunté.
—Bueno, no hemos hablado de lo mío con Jacob...
—Ya..., pronto me voy al dentista, he quedado con Akin. —dije cortante.
—Álex, tú una vez me dijiste que era mejor ser siempre sinceros.
—Lo sé, y lo mantengo, pero..., me ocultaste lo tuyo con Jacob, ¿tengo un hermano gay?, ¿Y qué? Soy tu HERMANA, y no solo eso, también tu amiga. —mi voz sonaba quebradiza.
Rubén se quedó callado.
Mi hermanito se acostó a mi lado y me abrazó por detrás.
—Hermana, yo no soy tan perfecto como crees, ¿Sabes?
—¿A qué te refieres? —pregunté con duda.
—Creo..., creo que va siendo hora de que te cuente lo que pasó realmente en el Internado...
Mientras mi hermano comenzó a contarme lo que le pasó en el Internado. No pude evitar fijarme en mi reflejo en la ventana, nos veíamos a mí y a mi hermano, abrazados, pero, al fijarme bien pude ver algo distinto en mis ojos, uno lo tenía como siempre, color avellana, pero el otro ahora era verde...
Final
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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito
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ISBN Code: 9789403630021
Tomás S. Aranda