miércoles, 11 de noviembre de 2020

El secreto de Jack — Capítulo 9: Sexo en el lago

 El secreto de Jack 9 - Sexo en el lago

Daniel y Jack van de fin de semana a la granja de Kenny, allí, en el lago, los tres chicos tendrán su primera experiencia sexual. (Penúltimo capítulo)

Jack se subió encima de Daniel y comenzó a besarle.

—Ahora debes ser castigado duramente. —Jack le miró con una sonrisa perversa.

—¿Tú eres tonto? —Daniel lo apartó de encima con ligero enfado.

—¿Qué? —Jack le miró confuso, no entendía el enfado de su amigo, ahora..., ¿Novio?

—Me asustaste, joder... —Daniel estaba nervioso.

—Lo siento, no era mi intención... —Jack intentó abrazarlo.

—Es que..., recuerdo que cuando te recuperaste, tenías cambios bruscos de humor, pensé, pensé que... —Daniel estaba realmente nervioso.

—Lo siento, no sabía eso, no me acuerdo... —Jack se sentó en la cama.

Daniel lo miró, Jack estaba cabizbajo, se acercó y se sentó a su lado.

—No pasa nada, mmm, ¿No ibas a castigarme? —Daniel miró a Jack, éste le miró y sonrieron.

—Vale, pero esta vez cierra con cerrojo, no quiero que tu madre nos pille también y piense que hicimos algo...

Daniel se levantó corriendo y echó el cerrojo.

—¿Así mejor? —Daniel le miró con picardía—. ¿Y ésta vez haremos algo?

—Puede, ven, que debo darte un castigo, fuiste un chico muy malo.

Jack tumbó a Daniel en la cama, ambos se fundieron en besos y caricias, Jack le quitó la camiseta a Daniel e hizo lo propio con la suya, después fue bajando por su piel, cada beso, lametón y caricia que Jack le daba a Daniel, producía en éste un escalofrío de placer.

Daniel podía sentir el calor de Jack, que le bajó sus pantalones, después Daniel observó cómo Jack se quitaba los suyos, volvieron a besarse.

—¿Te gustaría hacerlo? —preguntó Jack.

—¿Te refieres a...? —preguntó Daniel apenado.

—Sí.

—No sé... —titubeó Daniel.

—Está bien, no estás preparado aún.

—No es eso, quiero que sea algo especial, como ya te dije, algo que no olvide nunca. —dijo Daniel.

—Está bien, cuando creas que sea el momento lo sabrás y yo esperaré ansioso. —Jack se acercó a Daniel y lo besó con lujuria.

Daniel sentía su cuerpo arder, era feliz estando con Jack, más que nunca, después de besarse, ambos jugaban con sus manos a tocar sus cuerpos, explorando cada rincón hasta que sonrieron.

Jack se tumbó a su lado acomodándose, los dos miraban al techo, en silencio.

—Antes de conocerte vivía enjaulado, yo no lo sabía, porque nací con cadenas, pero al conocerte, supe que las llevaba, al estar contigo, me libré de esas cadenas, tu amor me liberó. —dijo Daniel.

Jack le miró sonriente.

—Mi vida era oscura, Dani, cuando perdí a mi madre y hermano, intentaba olvidarles, pero no podía. —Jack hizo una pausa—. Cuando te conocí, me recordaste mucho a mi hermano, me acerqué a ti porque quería llenar ese vacío que sentía, pero no lo llenaste, sino que lograste adueñarte de mi corazón, me lo robaste sin yo saberlo.

Daniel miró sonriendo a Jack, los dos se besaron tiernamente y permanecieron abrazados.

Los días pasaron y el final del primer año de instituto llegó a su fin, Jack y Daniel estaban más unidos que nunca y se llevaban genial, el grupo de amigos estaba en su mejor momento, durante las primeras semanas quedaban de vez en cuando para ir a jugar.

—¡¡Daniel!! ¡Un amigo vino a verte! —la madre de Daniel gritó avisando a su hijo, Daniel, que estaba en Internet, hablando con Ryan por el chat.

Daniel bajó las escaleras hasta el recibidor y pudo ver a Liam, estaba de pie, muy serio, Daniel bajó la velocidad y se detuvo a cierta distancia, la madre se marchó y los dejó a solas.

—Hola. —dijo Liam.

Daniel se mantuvo callado, no sabía tampoco qué decir.

—Bueno, solo quería pasar para ver como estabas, las clases terminaron hace unas semanas y te echaba de menos. —Liam se acercó a Daniel, poniéndose a su lado.

—Ya..., bueno, estoy bien. —Daniel estaba incómodo.

—Me alegro, no quise molestarte en la escuela, vi que eras muy feliz con Jack, y eso me..., bueno, es un sentimiento encontrado. —confesó Liam.

—Liam, yo...

—No, no te preocupes, en serio, está todo bien, lucharé por ti.

—¿Qué? —Daniel no terminó de comprender las últimas palabras de Liam, que las dijo con una gran sonrisa.

—Pues, que soy feliz de que Jack esté aquí, porque ahora podré luchar por tu amor de igual a igual. —Liam sonaba convencido.

—No, espera, yo amo a Jack, Liam, tú y yo somos amigos.

—Me da igual, pienso enamorarte. —insistió Liam.

Daniel comenzó a ponerse nervioso.

—No, no intentes nada, no tienes ninguna posibilidad.

Liam sonrió, se acercó más a Daniel, lo cogió del cuello y lo pegó a la pared, sus miradas y respiraciones estaban a centímetros, Liam podía sentir como Daniel comenzaba a agitarse.

—¿Ninguna? ¿Seguro? —Liam se acercó y besó los labios de Daniel, éste intentó zafarse, pero Liam era más fuerte, no le dejó marchar, metió su lengua en la boca de Daniel, que se dejó, sintiendo como ambos se fundían en un largo y profundo beso.

Liam se apartó, sonriendo, Daniel se quedó allí, parado, sin saber qué hacer o decir, estaba agitado y en parte excitado.

—Tengo que irme, pero volveré, el próximo año de escuela será muy divertido. —Liam cogió su monopatín del suelo y volvió a mirar a Daniel, que lo miraba casi ido, abrió la puerta y justo apareció Kenny.

¡Lo que faltaba!, ¿Algo más? ¡Solo queda que aparezca Jack!

—Ho..., hola. —Kenny observó a ambos chicos con duda.

—¡Hola! —Liam miró a Kenny con una sonrisa pícara, se relamió los labios y se marchó.

Daniel al ver a Kenny se acercó a él, aún agitado por la situación.

—¿Qué hacía éste aquí? —Kenny entró en la casa de Daniel y cerró la puerta, aún sin saber muy bien que había pasado entre ellos.

—Nada..., emm..., solo quería ver como estaba... —la respuesta de Daniel no convenció a Kenny.

—Bueno, venía a decirte que mañana iremos a casa de mis tías a pasar el fin de semana, quería saber si a Jack y a ti os gustaría venir, lo digo porque yo me voy a finales de verano del pueblo.

—¿Qué? ¿A dónde? —preguntó Daniel con ligera sorpresa.

—Bueno, yo ya terminé el Instituto, a pesar de repetir cuarto curso el año pasado, así que estudiaré Bachillerato en un campus que hay en las afueras de la ciudad, la estancia es cara, pero merece la pena, allí tienes tu propia habitación compartida. —Kenny parecía ilusionado—. Cuando termine Tommy el Instituto seguramente también venga al mismo campus, podrías venirte, pero deberás aprobar cuarto de secundaria.

—Bueno, se lo comentaré a mi madre, yo también pensé en ese campus, pero ahora me apetece estar aquí, en el pueblo...

—Con Jack. —dijo Kenny cortándole.

—Sí...

—Entiendo, por mí, genial, y bueno, ¿Os venís el fin de semana? —Kenny le miró arqueando sus cejas de arriba a abajo.

—¡Claro! Se lo comenté hace unos días, y al final lo convencí, ¿Quién más irá?

—Pues..., además de tú y Jack, yo y mi hermano, Andy se va a las afueras con sus padres todo el verano, y Yeray está entretenido con su amigo, o más bien novio... —Kenny levantó sus cejas con la última palabra.

—¿En serio? Me alegro por él. —confesó Daniel.

—Yo también. —Kenny sonrió.

Daniel miró con cierta tristeza a Kenny.

—¿Qué? —preguntó Kenny.

—¿Y tú?

—¿Yo qué?

—¿No tienes novio o novia? —tras la pregunta Kenny dio varias carcajadas y abrió la puerta.

—No, rompí hace tiempo con mi novia, me gusta estar libre, sin ataduras, así puedo experimentar con el chico o chica que quiera, o chicos, cuantos más mejor... —Kenny levantó sus cejas a la vez, su mirada pícara era dirigida a Daniel—. Bueno, os espero mañana temprano.

Al día siguiente, Jack y Daniel metieron en una bolsa ropa y demás objetos para pasar el fin de semana en la casa de campo, Kenny los miraba sonriente mientras subían en la furgoneta de sus padres, por el camino hablaron de cosas irrelevantes.

Al llegar la cara de Jack era para enmarcarla, su asombro al ver ese hermoso lugar le encantó a Daniel, los dos estaban muy juntos.

—Mirad. —Kenny señaló a los establos, donde había dos caballos—. Blanquito te echó de menos, Daniel.

Daniel sonrió y corrió hacia los establos, Kenny y Jack le siguieron.

—¿Qué? ¿Ya quieres montarlo? —Kenny sujetó al caballo y lo sacó del establo, Daniel y Jack se acercaron a acariciarle.

—Es precioso. —dijo Jack.

—Venga, voy a llevaros a un sitio muy bonito. —dijo Kenny, que ayudó a subir a Jack y Daniel a su caballo.

Los tres chicos, montados en Blanquito, cabalgaron hasta llegar a un caminito del bosque, Kenny guió al caballo dentro, a los pocos minutos se detuvo en un lago pequeño, como una laguna, la zona estaba rodeada de árboles, se veía muy bonito, los rayos de sol se colaban entre las ramas y creaban una escena hermosa.

Los tres chicos se bajaron, Kenny ató a blanquito a un árbol, mientras Daniel y Jack se acercaban a la laguna.

—¡Es precioso! —Jack miraba con asombro el agua, casi cristalina.

—¡Vamos a meternos! —Daniel comenzó a desvestirse ante la mirada de Kenny y Jack, éste último sorprendido.

—Nos dejamos el bañador... —las palabras de Jack no impidieron ver como Daniel terminaba de quitarse la ropa, quedando desnudo, no pudo evitar sentirse excitado al ver su blanca piel fundirse con el agua.

—¿Qué? ¿No venís? —dijo Daniel, con una sonrisa pícara.

Kenny sonrió y comenzó a desnudarse, al ver esto, Jack comenzó a hacer lo mismo, hasta quedar ambos desnudos, después, corrieron y se lanzaron al lago, entre risas y juegos pasaron el tiempo, se echaban agua, se hundían, nadaban...

—¿Jugamos a un juego? —preguntó Kenny, los tres chicos estaban metidos en el agua flotando.

—¿Cuál? —preguntó Jack.

—Hacemos una carrera a nado, el primero que llegue se tumbará fuera, con los ojos cerrados, después, los otros dos harán otra carrera, el primero que gane deberá besar al que está tumbado, y si el que está tumbado adivina quién lo besó, gana, y así, quien consiga adivinarlo tres veces, será el ganador.

Jack y Daniel se quedaron pensativos.

—Vale. —dijo Jack, ante la sorpresa de Kenny y Daniel.

—Bueno, ¡Pues comencemos! —dijo Kenny.

Los tres chicos se pusieron a la misma distancia, y a la de tres salieron disparados, nadaban desesperados por llegar primero, Jack lo intentó, pero acabó el último, el primero en llegar, fue Daniel.

—¡Gané! —Daniel, sonriendo, salió desnudo del agua ante la mirada de Jack y Kenny, se tumbó y los miró—. ¡Venga, que gane el mejor!

Daniel se tumbó del todo y cerró los ojos, escuchaba de fondo moverse el agua, también como ambos murmuraban, inmediatamente después ambos nadaban con velocidad, se escuchaba el agua ser golpeada con velocidad, de repente, el silencio.

Alguien salía del agua y caminaba hacia Daniel, que mantenía los ojos cerrados, entonces alguien se puso a su lado, a la izquierda, tumbado, se acercó a él y le besó en la boca, podía sentir sus carnosos labios, su lengua mezclarse con la suya, podía notarlo.

Era Jack, sin ninguna duda, notó la mano de Jack en su pecho, bajaba hasta su ombligo, Daniel abrió los ojos cuando Jack se separó, sonriendo, miró al lago, donde estaba Kenny, alejado, mirando.

—¿Y el juego? —preguntó Daniel, pero este fue de nuevo silenciado por un beso de Jack, que no dejaba de tocarlo mientras lo hacía, Daniel se dejó llevar, los dos chicos se fundieron en un largo beso, Daniel estaba muy agitado, y caliente, Jack le dio la vuelta y comenzó a besar su cuello y espalda, Daniel pudo ver a Kenny, que miraba como ambos se besaban.

El sol caía sobre sus pieles aún húmedas, minúsculas gotas de agua resbalaban por sus hombros y torsos, pequeños diamantes líquidos que brillaban antes de perderse en la hierba verde y suave.

El aire olía a tierra mojada y al frescor del lago del que acababan de salir, Jack se giró sobre su costado, apoyando la cabeza en una mano, y contempló a Daniel.

El cabello castaño de Daniel, pegado a su frente, y el rastro de agua en sus pestañas le hacían parecer más joven, más vulnerable, una sonrisa perezosa se dibujó en los labios de Jack.

Daniel sintió esa mirada sobre él y abrió los ojos, no hicieron falta palabras, lentamente, Daniel acortó la mínima distancia que los separaba, su mano deslizándose por la hierba hasta encontrar la de Jack.

Sus dedos se entrelazaron con una familiaridad que era a la vez consuelo y hoguera, fue Jack quien se inclinó primero, su rostro tapando el sol, el primer beso fue lento, casi tímido, un roce de labios que sabía a agua dulce y a deseo contenido, luego, un segundo beso, más profundo, una pregunta silenciosa que obtuvo una respuesta inmediata cuando Daniel le llevó una mano a la nuca, atrayéndolo más cerca, sus dedos enredándose en su pelo húmedo.

El mundo se redujo a ese pequeño espacio sobre el césped, sus bocas se movían en una danza perezosa y exploratoria, un lenguaje íntimo que sólo ellos conocían, las manos comenzaron su propio viaje, los dedos de Jack trazaban la línea de la mandíbula de Daniel, bajando por su cuello, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel.

La mano de Daniel se posó abierta sobre el pecho de Jack, justo sobre el corazón, sintiendo el ritmo desbocado que era un espejo del suyo, piel contra piel, el frescor del lago contra el calor que nacía en sus entrañas.

Kenny salió del lago y comenzó a tocarse viendo la escena, cerca de ellos, se arrodilló y los observó en silencio, ellos lo sabían, y eso les excitaba más.

Cada caricia que se daban era añari más excitación, cada roce más éxtasis, Jack deslizó su mano por la espalda de Daniel, sintiendo la curva de su columna vertebral, el mapa de sus músculos tensándose bajo su tacto.

Agarró su nalga izquierda con su mano derecha, le hizo moverse y mostrar el ano de Daniel a Kenny, mientras se besaban, Kenny aceleró su masturbación, jadeando.

Daniel suspiró contra sus labios, un sonido que era pura entrega, mientras sus propios dedos agarraban el pene de Jack, totalmente erecto, lo comenzó a mastarubar con intensidad.

Jack tumbó a Daniel boca arriba y posó sus piernas en sus hombros, escupió en sus dedos y empezó a tocar la parte trasera de Daniel, que comenzó a gemir.

Kenny se acercó más y comenzó a acariciar a Jack, sujetó las piernas de Daniel para facilitar a Jack la penetración, sí, Jack iba a penetrar el ano de Daniel, ahora resbaladizo y preparado.

No había prisa, solo la necesidad de sentirse, de aprenderse las formas y los contornos, al ser su primera vez, se movían con una lentitud y algo de torpeza, Jack suspiró al sentir el interior de Daniel.

Kenny sonrió y besó a Jack, delante de Daniel, que observaba como Jack y Kenny se comían la boca delante de él, mientras Jack comenzó un vaivén lento, un dar y recibir silencioso. 

Daniel respondió arqueando su cuerpo, un movimiento instintivo que era a la vez una súplica y una entrega a Jack, Kenny dejó de besar a Jack y siguió mirando la escena.

Jack se inclinó y posó sus labios en los de Daniel, se buscaban con una urgencia hambrienta., el beso se rompió con un jadeo, y sus frentes se apoyaron la una en la otra.

La respiración de ambos se volvió entrecortada, profunda, compartida en el mínimo espacio que los separaba, Jack arremetía contra Daniel con más fuerza, con más intensidad, los jadeos eran un anhelo que iba más allá de la piel.

El calor que antes era una tibieza agradable del sol se transformó en un incendio y se extendía por cada vena de sus cuerpos, por cada nervio, por cada poro de su piel.

El mundo exterior dejó de existir por completo, el zumbido de los insectos, el susurro del viento, el mismo cielo azulado..., todo se disolvió en un torbellino de sensación pura.

Sus cuerpos, antes reclinados en una calma perezosa, encontraron un nuevo propósito, se movían juntos, un ajuste lento y deliberado, la hierba se aplastaba bajo ellos, testigo silencioso de su unión.

Kenny se detuvo al sentir la mano de Daniel agarrar su pene, erecto y duro, con presemen, sorprendido miró a Jack, éste sonrió dando su permiso, Daniel, agitado, comenzó a masturbar con velocidad a Kenny, el cual comenzó a gemir sin poder evitarlo.

Jack al ver la escena, no aguantó más, su pene comenzó a dar estocadas en lo más profundo de Daniel, que se tensó y llegó al orgasmo, Kenny ayudó a ello, agarró el pene duro de Daniel y lo masturbó hasta venirse encima.

La mano de Kenny quedó manchada de la leche de Daniel, Jack, por su parte, no pudo más y sujetó de las caderas a Daniel, arremetió con fuerza, fue una fricción que borraba los límites, un roce que no buscaba placer, sino la disolución y el final de la unión.

Fue una búsqueda mutua del placer más extremo, del anclaje perfecto que los haría uno solo, la tensión de cada músculo fue al límite y Jack pegó un ligero gemido introduciendo todo su pene hasta el fondo de Daniel, podía notar sus huevos chocar en la entrada de Daniel.

Era una escalada vertiginosa de temblores y vibraciones increíbles y sin parangón, Daniel tembló mirando a Jack, sin fuerzas, una oleada cegadora y blanca se introdujo dentro de Daniel. 

Un instante de embriaguez absoluto donde sus almas parecieron tocarse sin el velo de la piel, un arco eléctrico que los conectó y los dejó sin aliento, suspendidos en el vacío.

El descenso fue lento, envuelto en un silencio roto únicamente por el latido de sus corazones que, poco a poco, comenzaban a encontrar de nuevo un ritmo acompasado.

Entrelazados, cubiertos por un fino brillo de sudor bajo la luz del sol, respirando el mismo aire, Jack cayó tumbado a un lado, agitado, Daniel se quedó inmóvil, con la respiración entrecortada, Kenny en cambio, tras haber terminado, se les quedó mirando.

—Joder, hijos de puta, no me corrí tanto en mi puta vida... —confesó el pelirrojo.

Kenny se tumbó a la izquierda de Daniel, Jack estaba a la derecha, dejando a Daniel en medio, quedaron boca arriba, mirando el cielo, unas nubes blancas adornaban el cielo azul.

Los tres chicos permanecieron tumbados, en silencio, mirando el cielo, Jack buscó la mano de Daniel y la agarró con fuerza.

—No quiero que esto acabe nunca. —confesó Jack.

—Bueno, voy a vestirme y volver, que pronto será la hora de la comida, la traeré y comeremos aquí, no tardaré. —Kenny se levantó y se vistió sonriendo, se subió en Blanquito y se marchó, dejando a Daniel y Jack solos, en silencio.

Jack se giró y besó a Daniel, éste se dejó besar, sonriendo.

—¿Eres feliz? —preguntó Jack.

—Sí. —dijo Daniel—. ¿Te ha gustado?

—Mucho, joder Daniel, te he follado. —dijo Jack lascivo.

—Eh, eh, ¿como que follado?, hecho el amor.

—Eso..., perdona, jeje, bueno, ¿te ha gustado a ti? —preguntó Jack mirándole de reojo.

—Sí, me ha encantado, ha sido increíble...

—Y..., ¿lo de Kenny?, ¿te ha molestado? —Jack se incorporó y miró al lago.

—No, estuvo excitante, pero ya sabes que te amo a ti, Jack.

Jack sonrió y besó a Daniel.

Los dos chicos permanecieron en silencio, mirando el cielo, la vista era hermosa, la paz, la tranquilidad, todo era perfecto.

—Daniel, la noche que volvimos del campamento, cuando me enteré de lo ocurrido con mi padre...

—¿Lo recuerdas? —preguntó Daniel sorprendido.

—Sí, cada vez recuerdo más cosas, la cuestión es..., cuando me marché y me buscaste, intentaste consolarme, entonces sentí que ibas a besarme, pero Roland apareció y lo impidió, ¿Ibas a besarme?

—Sí. —dijo Daniel, que no dejaba de observar a Jack.

—Lo sabía..., cuando mi tío me acompañó, vi que tirabas algo, era blanco, parecía una carta, ¿Qué era?

Daniel se quedó en silencio, miró al cielo de nuevo, después, respiró hondo.

—Bueno, hace mucho tiempo, pero recuerdo algunas cosas, que mi corazón latía por ti, que antes de dormir solo pensaba en ti y que quería ir hasta la luna para estar abrazados allí, sin que nadie nos molestase...

—Qué bonito..., ojalá me la hubieses dado. —Jack se incorporó un poco y besó a Daniel—. Te amo, Dani.

—Te amo, Jack.

Los dos chicos se abrazaron y quedaron dormidos, al rato Kenny vino con la comida, los chavales comieron y volvieron al agua a pasarlo bien, antes de anochecer regresaron a la casa de campo, allí Tommy los esperaba enfadado por dejarlo solo, aunque algo se olía, el resto del fin de semana lo pasaron genial.

La noche antes de regresar al pueblo, Daniel y Jack dormían en una habitación con camas individuales, aunque ellos dormían juntos en la misma cama.

—Jack, ¿Estás despierto? —preguntó Daniel, que podía sentir la piel desnuda de Jack abrazando su cuerpo.

—Aún no, dime, ¿Quieres hacerlo de nuevo? —Jack sonó bastante salido, Daniel rió.

—No, no es eso, bobo. —dijo Daniel sonriendo—. ¿Te gustaría venir a mi casa a vivir? Así estaríamos siempre juntos, podríamos empezar el último curso viviendo juntos.

—Claro, se lo comentaré a mi tío, yo quiero estar siempre contigo, Dani, nunca nos separaremos, jamás, ya estoy deseando que empiece el último curso del instituto, quiero que todos sepan que eres mi hermoso novio, no me importa lo que digan, quiero presumir.

—Genial. —dijo Daniel, feliz—. Que por cierto, te debo dos regalos de cumple, que me los perdí...

—No te preocupes por eso, en unas semanas es tu cumple, ¿No?

—Sí. —confirmó Daniel—. El 18 de julio cumpliré quince ya.

Jack se giró y miró a Daniel sorprendido.

—Joder, cómo pasa el tiempo...

Daniel deseaba empezar el último año escolar, aunque había algo que no le dejaba del todo descansar..., Liam.

Sabía que Liam no se rendiría tan fácilmente y lucharía por él, pero no tenía nada que hacer, él amaba a Jack por sobre todas las cosas.

Daniel recordó el beso de Liam, la última vez que lo vio, recordaba como lo sujetaba, como lo sometía, entonces pudo notar que se calentaba.

''Yo amo a Jack, y siempre lo amaré, estaremos juntos para siempre, durante toda la eternidad, nada ni nadie podrá cambiar eso jamás''

Notaba la respiración de Jack, que dormía profundamente, con sus manos tocó las de Jack, que lo tenía abrazado en forma de cucharilla, era feliz, se sentía feliz de estar ahí, con él, mirando por la ventana, podía observar la luna, mientras acariciaba la mano de Jack.

Para desgracia de Daniel, el último año de instituto iba a ser el peor de su vida, nubes negras acechaban su vida sin él saberlo, ¿Podrá evitarlas y estar con Jack?

Tras un largo tiempo, las clases volvían, el último año escolar de Daniel, Jack y compañía comenzaba, era el primer día de clase, cuarto de secundaria.

Todos los chicos estaban en silencio, expectantes, escuchando al profesor, a su tutor, explicar y hablar sobre cosas de este curso.

—Bueno, sé que empezar un curso nuevo es aburrido y muchas veces no hay ganas, sobre todo al principio, pero chavales, esto es lo que hay, por favor tomen asiento y vayan sacando sus libretas, vamos a comenzar.

Daniel y Jack sacaban sus libretas y prestaban atención a clase, era el primer día del curso escolar de este año, ya iban a cursar cuarto de secundaria, los dos estaban más felices que nunca, por fin estaban juntos y nadie ni nada los separaría.

Los últimos chicos fueron tomando asiento y Daniel pudo observar a Liam, el cual no apartaba la vista de él, iba vestido con unos vaqueros azules ajustados, rasgados, y una camiseta negra en la que ponía a su espalda en letras blancas: ''I don't give up''.

''¿No me rindo? ¿En serio?..., Liam..., lo siento, pero por mucho que quieras conseguirme, mi corazón es de Jack...''

Las clases comenzaron y el profesor les mandó a escribir una historia, una inventada, la que fuese, Daniel estuvo pensativo unos momentos, pero comenzó a escribirla, su historia trataba del amor incomprendido de un chico por su amigo y la lucha por conseguir enamorarle.

—Bien, vayan entregando sus trabajos y saliendo, que pronto tocará el timbre del cambio de clase. —el profesor se sentó en la silla y observaba a los alumnos, todos iban entregando sus trabajos, Daniel se levantó y entregó el suyo, Jack hizo lo propio y ambos salieron junto a otros alumnos al pasillo.

—¿De qué has escrito? —preguntó Jack a Daniel con mirada pícara.

—Nada interesante... ¿Y tú? —Daniel se sentó en el banco del pasillo junto a Jack.

—Pues, que me graduaba y cumplía mi sueño de ser piloto de Fórmula 1. —Jack sonaba emocionado, en ese momento apareció el profesor.

—Daniel, ven un momento.

Daniel, extrañado, se levantó y entró en la clase con el profesor, se acercaron a la mesa y éste se sentó en la silla.

—Este trabajo no me vale. —dijo el profesor, que se ajustaba las gafas, el maestro, de unos cuarenta años, pelo castaño oscuro y piel tostada, miraba a Daniel con sus pequeños ojos verdes.

—¿Qué? ¿Por qué? —Daniel estaba confundido.

—Porque está escrito todo en mayúscula, y ya sabes que soy muy estricto con eso.

—Pero maestro, es que yo escribo así... —Daniel no entendía por qué debía escribir en minúscula y no en mayúscula.

—Daniel, repite el trabajo en minúscula o te suspenderé hoy, entiende que así no sé cuando distingues mayúsculas de minúsculas, así que repite el trabajo. —sentenció el profesor.

Daniel se quedó en silencio, impotente.

—¿Qué pasa? —el profesor se levantó y puso una de sus manos en el hombro de Daniel.

Daniel empezó a sentirse incómodo.

—Es que..., no me acuerdo bien como escribir en minúscula...

—Entiendo... —el profesor se volvió a sentar y miró con una sonrisa a Daniel.

—Mira, yo siempre me quedo unas horas después de las clases a repasar y corregir, quiero que te quedes una hora conmigo y te ayudaré con ello, ¿Qué te parece?

Daniel miró al profesor confuso, éste lo miraba con cara entrañable.

—Vale... —contestó Daniel tímidamente.

—Estupendo, bueno, el trabajo tuyo lo aplazaré, ¿Vale? Pero hoy al terminar las clases te pasas por el despacho del profesorado, allí te espero.

El timbre sonó y Daniel salió al pasillo, Jack se le acercó con interés.

—¿Qué te dijo? —preguntó Jack.

—¿Eh? Nada, que..., bueno, quiere que me quede una hora después de clases para volver a escribir en minúscula... —dijo Daniel con decepción.

—¿Qué? ¿Y qué dijiste?

—Pues que sí, si no, me suspende el trabajo, pero bueno, así volveré a escribir en minúscula.

—Hola. —Liam apareció justamente en escena, sonriendo.

Daniel comenzó a ponerse muy nervioso ante su presencia, recordó lo que pasó en su casa, el beso.

—Hola. —dijo Jack, un poco cortante.

—Chicos, esta tarde he quedado con un amigo para ir a un sitio que está muy chulo, ¿Os apuntáis? —Liam ni siquiera miraba a Daniel, de hecho, no lo había mirado desde que sus miradas se cruzaron al entrar en clase, como si lo ignorase.

—No sé, ¿Tú qué dices Dani? —Jack giró su cabeza para mirar a Daniel, que estaba en silencio, ahora sí, Daniel pudo observar cómo Liam le miraba sonriendo.

—Bueno, pensadlo y me lo decís en el recreo. —Liam se dio la vuelta y se marchó.

—¿Qué quería? —Tommy preguntó a Jack, que se acercó junto a Andy, Yeray y Benji, éste último acababa de salir de la clase de al lado.

—Nada, nos invitó a un sitio, pero le dijimos que lo pensaríamos. —dijo Jack.

Todos se quedaron en silencio y miraron instintivamente a Daniel, Jack se dio cuenta.

—¿Qué pasa? —Jack miró a Daniel y volteó de nuevo a sus amigos—. ¿Ocurre algo?

Sus amigos seguían en silencio.

—¿Es que no me vais a decir nada? —preguntó Jack.

—Creo que eso corresponde a Daniel. —dijo Andy.

—¡Andy! —le replicó Tommy.

—¿Qué? —Andy se dio la vuelta y se marchó, Yeray miró a Daniel, éste comprobó que Yeray le miraba con tristeza, le quitó la mirada y siguió a Andy, Benji fue con él.

—¿Pero qué os pasa? —volvió a preguntar Jack.

Tommy miraba a Daniel, esperando que este hablara, pero no decía nada.

—Bueno, voy al baño antes de que empiece la siguiente clase. —Tommy metió sus manos en los bolsillos y caminó dándose la vuelta.

—¿Dani? ¿Qué pasa? —Jack empezaba a alterarse.

—Nada... —Daniel por fin habló.

—¿Cómo qué nada? ¿Por qué dijeron eso entonces?

—Es que..., bueno, le gusto a Liam... —las palabras de Daniel sorprendieron a Jack, que no supo ocultar su cara de sorpresa.

—¿Qué? ¿Es gay? ¿Pero cuántos hay de repente o qué pasa aquí? —Jack, efectivamente, se alteró, Daniel intentó sujetar sus manos, pero éste las apartó—. No, ¿Qué pasó entre vosotros?

—¿Qué? ¡Nada! —mintió Daniel.

—Dani... —Jack miró a Daniel con duda, sabía que algo le ocultaba.

—Él..., vale, él me besó.

—¿Qué?, ¿Cuándo? —preguntó Jack con cierto enfado.

—No sé, fue alguna que otra vez...

—¿¡Qué!? No me jodas Dani... —Jack parecía decepcionado y furioso al mismo tiempo.

—Jack, tranquilo, no pasó nada más, de verdad, ¡Créeme! —volvió a mentir Daniel, que se sentía mal por no contarle toda la verdad.

Jack se quedó en silencio, sus ojos se pusieron vidriosos y Daniel se dio cuenta.

—No, por favor no te pongas mal por esto... —Daniel se sentía fatal por todo.

El timbre sonó y Jack caminó a la clase con cierto enfado, Daniel se quedó allí plantado, los demás fueron entrando, entonces llegó Andy.

—¡Eres un bocazas! —Daniel se lanzó a por Andy, qué sorprendido, intentó pararle, pero no pudo evitar que Daniel lo tirase al suelo, Andy cayó de culo y miró con enfado a Daniel, pero éste le miraba con otra mirada, era más de impotencia.

—¡Parad! —Yeray sujetó a Daniel y Benji ayudó a Andy a levantarse, en ese instante apareció una profesora y con enfado mandó a ambos chicos al despacho del director, Daniel podía ver a Jack asomado en la puerta de la clase, sin saber qué había pasado.

—Es intolerable, el primer día, ¿Y lo comenzáis así? —el director se levantó con enfado mirando a Andy y Daniel, que permanecían callados—. Soy un hombre justo, y no me gusta castigar más de la cuenta, pero cuando lo hago, lo hago con fuerza, ¿Me entendéis?

Los dos chicos asintieron.

—Bien, podría expulsaros unos días, pero como soy tan buena persona, solo os castigaré sin recreo, os quedaréis en clase a hacer deberes, estudiar o lo que sea, pero recreo no, y la próxima vez que esto se repita, no seré tan benevolente o justo, ya no sois críos, el año que viene iréis a Bachillerato, y de eso dependen vuestras notas y vuestra actitud..., venga, largo antes de que imponga algo más grande.

Los dos chicos salieron en silencio y caminaron de vuelta a clase.

Daniel tenía la mirada en el suelo, sin decir nada, Andy lo miraba a veces.

—Lo siento, pero es que tiene derecho a saberlo. —dijo Andy.

—Se lo iba a decir, tú no eres nadie para meterte. —Daniel estaba enojado.

—¿Qué no soy nadie? Yo conozco a Jack desde antes de que tú vinieras aquí, tengo más derecho de lo que piensas.

—Eso no tiene nada que ver, él es mi... —Daniel se calló.

—Está bien, no me meteré más, pero si le engañas, le ocultas cosas o lo que sea, se lo diré si me pregunta, ¿Entiendes?

—No haré nada de eso. —dijo Daniel.

—¿Ah no? ¿Sabe lo de Yeray? —preguntó Andy, que se detuvo en la puerta de la clase, esperando respuesta de parte de Daniel antes de entrar.

—No... —masculló Daniel.

—¿Ves? Eres un mentiroso.

—¡No soy un mentiroso! —Daniel alzó la voz y la puerta se abrió apareciendo el profesor.

—¿Qué hacéis ahí parados? Entrad. —dijo con tono de autoridad.

Los dos chicos fueron a sus asientos y se sentaron, Jack seguía serio, Daniel lo notó, las clases continuaron hasta el recreo, pero Daniel y Andy estaban castigados, así que se quedaron en el aula.

Una vez solos, Andy comenzó a comerse su bocadillo ante la mirada de Daniel, que no comía nada.

—¿No comes? —preguntó Andy.

—No tengo hambre. —Daniel miraba a Andy con furia.

—No estés así conmigo, yo lo hago por tu bien.

—¿Por mi bien o el tuyo? —preguntó Daniel con sorna.

—Por el de todos. —Andy soltó el bocadillo y se levantó hasta la mesa de Daniel, que quitó la vista de él mirando ahora por la ventana, los demás chicos jugaban en el patio—. Escucha, si tú no se lo dices, se enterará por otro y...

—¿Por ti? —cortó Daniel.

—No, yo ya no le diré nada más, no me meteré.

—Ya es tarde. —le recriminó Daniel.

—Lo siento, ambos sois mis amigos, solo es que no quiero que todo se vaya a la mierda por unas tonterías, ¿No entiendes eso? —las palabras de Andy sonaban diferentes, como con preocupación de verdad.

Daniel permanecía callado.

—Mira, no sé qué pasó entre tú y Liam, y ahí no me meteré, pero entre mi primo y tú pasaron cosas, lo sé, y..., ¿Qué crees que pasará cuando Jack se entere de que tú y Yeray, su mejor amigo, tuvieron algo? —preguntó Andy a Daniel, que escuchaba con atención lo que su amigo le decía.

Daniel no sabía qué decir, estaba sin habla, tenía miedo de que todo le explotara en la cara y perdiese a Jack.

—Escucha, yo sé que Yeray te ayudó mucho por lo que pasó con Jack, y...

—Entre Yeray y yo no pasó nada, somos amigos. —sentenció Daniel.

—Vale, pero, ¿Qué prefieres? ¿Qué Jack se entere por ti o por otros? ¿No crees que será peor que se lo ocultes?

—Lo sé, es solo que tengo miedo, si le digo, quizás lo pierda... —los ojos de Daniel comenzaron a ponerse rojos.

—No, conozco a Jack, quizás si se moleste un poco, pero no te dejará por esas tonterías, lo entenderá, tú estabas muy mal, y Yeray solo te ayudó a sobrellevarlo.

—¿Él te lo ha contado? —Daniel estaba sorprendido ante tanta información.

—Bueno, somos primos, ¿No? Sé que él estaba por ti y que te ayudó aún sabiendo que no iba a tenerte, él realmente lo pasaba mal, Daniel, ahora está mucho mejor, está superándote.

—Ya...

—No quiero obligarte a nada, solo te aconsejo que se lo cuentes a Jack, en una pareja debe haber confianza.

Daniel miró a Andy con culpabilidad y con sorpresa por lo que digo de ser una pareja.

—Siento lo de antes, no debí actuar así. —Daniel se sentía mal por como trató a Andy, que solo quería ayudar, aunque quizás debió consultar antes a Daniel.

—Nah, no te preocupes, si pegas como una nena. —contestó Andy con una sonrisa.

—¿Qué dijiste? —Daniel se enojó e hinchó sus mejillas de forma graciosa.

Andy volvió a su asiento y terminó de comerse el bocadillo, los dos chicos hicieron las paces.

El recreo terminó y todos volvieron a sus respectivas aulas, las horas pasaron y llegó el final de las clases, Daniel cogió su mochila y caminó hacia la salida junto a Jack.

—¿Está todo bien? —preguntó Jack.

—¿Eh? Sí..., siento que te molestara lo de Liam...

—No estoy molesto por eso, es que no me gusta que me oculten cosas, ya lo hizo mi tío con lo que ocurrió, no lo hagas tú, me hace sentir como si fuese un bebé. —Jack realmente odiaba que le ocultaran cosas.

—Perdón, no lo haré más...

—No te disculpes..., por cierto, ¿No tenías que ir con el profesor después de clases? —preguntó Jack.

—Es verdad..., qué aburrido...

—Es lo que hay, ¿Nos vemos mañana?

Daniel afirmó con la cabeza.

—Además, te tengo una sorpresa. —Jack le sonrió pícaramente.

—¿Cuál? —el interés de Daniel gustó a Jack.

—Ahhh, pronto lo sabrás. —dijo Jack arqueando sus cejas con picardía.

Jack se alejó y Daniel le observó cómo se montaba en el coche de su tío y volvían a su casa, aunque intentaron que Jack se quedara en casa de Daniel, no convencieron ni a Roland ni a la madre de Daniel, por lo que Jack seguía viviendo en casa de su tío, con sus primos.

''Pues nada, ahora a dar más clases...''

Daniel se giró y caminó de vuelta a la escuela, subió hasta la segunda planta, donde estaban los de cuarto curso, el último, buscó el despacho del profesorado y entró, solo estaba una profesora y el profesor de literatura, el que lo ayudaría con las minúsculas.

—Bueno Aaron, yo me marcho ya, hasta mañana. —la profesora se despidió y con una sonrisa despidió también a Daniel, que estaba plantado en la puerta, de pie.

—¿Qué haces ahí? Pasa anda. —el profesor con su mano le indicó que se sentase al lado de su mesa.

Daniel, con timidez, se acercó a su mesa y dejó la mochila a un lado, sentándose en la silla.

—Bien, estamos solos, no nos molestarán, así podremos estar concentrados en tu estudio, venga, saca la libreta.

El profesor se levantó a coger algo de un armario de libros mientras Daniel sacaba de la mochila la libreta y el lápiz.

—Bien, ahora vamos a hacer lo siguiente, toma esto. —el profesor posó en su mesa un abecedario en minúscula—. Vas a escribir esto varias veces en tu libreta, venga.

Daniel, con cierta pesadez y desganado comenzó a escribir, el profesor se sentó en su silla y se puso a corregir tareas de los alumnos.

Pasaba el tiempo y Daniel ya estaba cansado.

—Profe, ¿Cuántas veces debo hacer esto? Es cansado y aburrido...

—No me llames así hombre, que ahora no soy tu profesor, llámame Aaron. —el profesor, Aaron, se levantó y se puso detrás de Daniel, mirando lo que había escrito—. No, lo estás haciendo mal, mira, no se trata de copiar, sino de escribir con tu estilo lo que está en esa tabla, mira, de esta forma.

El profesor sujetó la mano de Daniel, la movió hasta la libreta y comenzó a escribir unas letras, Daniel estaba muy incómodo, demasiado, notaba la respiración del profesor a su lado, muy cerca, notaba el tacto de su mano áspera al dirigir la suya escribiendo.

—¿Ves? Así. —el profesor se acercó más a Daniel y notaba como estaba pegado a su espalda, en el ambiente se respiraba incomodez, Daniel se puso nervioso y su respiración comenzó a sentirse agitada—. ¿Qué te pasa? ¿Estás nervioso?

Daniel se mantenía callado, realmente quería marcharse de allí, el profesor se apartó y se volvió a sentar.

—Bueno, sigue como te he indicado. —sonrió y bajó la mirada de nuevo a sus quehaceres.

Daniel, nervioso, titubeó un poco, pero al final continuó escribiendo, así pasó el tiempo hasta que el profesor le habló de nuevo.

—Dime Daniel, ¿Qué te gusta? Aparte de lo que ''escribiste'' en tu trabajo, música, cine, lectura... —el profesor sonrió con picardía, Daniel se sonrojó.

—No sé..., me gusta mucho la fantasía, los cómics, Harry Potter... —Daniel estaba cohibido.

—Curioso, a mí me encanta la fantasía, bueno, será mejor que vuelvas a casa, se está haciendo tarde. —el profesor se levantó y devolvió las cosas al armario.

Daniel miró el reloj y efectivamente ya casi era la hora, se levantó y recogió sus cosas.

—Bueno, quiero que escribas el trabajo para mañana de nuevo, esta vez en minúscula, tardarás mucho, pero es parte de ello, venga, nos vemos mañana, ve con cuidado. —el profesor le guiñó un ojo con complicidad.

Daniel, sin decir nada, se levantó y salió de la sala de profesores, caminó hasta la salida y salió del instituto, mientras caminaba podía ver los rayos de luz entre los árboles y el sonido de algunos pájaros.

''El profesor actuó muy raro conmigo, ¿Quizás desde que leyó mi trabajo? O puede que sea mi imaginación, no sería la primera vez...''

Daniel entró en casa, su madre no estaba, había una nota que decía que tenía la comida en el microondas, se acercó y lo abrió.

—Tsk, ¿Canelones?, ¿Por la noche? Y encima con lo que engordan, paso.

Daniel cerró la puerta del microondas y subió a su cuarto, comenzó a escribir de nuevo el trabajo, le llevó más de una hora escribirlo todo en minúscula, y aún así la letra se veía horrible. Dejó el trabajo y se puso a jugar un rato con el ordenador, escuchó la puerta de su casa, sería su madre.

Dejó de jugar, y, aburrido, comenzó a navegar por Internet, entonces su madre le llamó avisando que alguien dejó un paquete en la entrada, Daniel bajó corriendo y saludando a su madre miró el paquete, en la nota pegada ponía: ''Para Daniel''.

—¿No te comes los canelones? —preguntó la madre.

—¿Eh...? Ah, no, no me apetecen. —dijo Daniel distraído, que observaba el paquete con expectación.

¿Sería la sorpresa de Jack?—pensó Daniel con una sonrisa.

Daniel volvió a su cuarto y posó la caja encima de su cama, era amarilla, con unas marcas rectangulares de color rojo, alguien la dejó en la entrada de su casa, cogió la nota pegada y la abrió, decía: ''Feliz cumpleaños con retraso, mi pequeño''

Daniel abrió la caja, su cara se estremeció, cogió lo que había dentro, aún sin creérselo, parecía una foto, una foto en la que aparecía él caminando por la calle, en ella había una frase escrita.

Con su mano en la nota, Daniel la leía mientras comenzaba a temblar.

''He vuelto, mi pequeño, y esta vez, no te irás sin mí''

—¡¡¡MAMÁ!!

Tras el grito, Daniel comenzó a sentirse mal, ¿Le hizo fotos sin saberlo? ¿Cómo? Se sintió mal, comenzó a alterarse, estaba muy nervioso, necesitaba gritar, golpear, y con fuerza.

Al día siguiente:

Daniel caminaba hacia la escuela, Jack apareció a su lado sonriente.

—¡Hola! ¿Por qué no esperaste a que mi tío aparcase en tu casa? —preguntó Jack.

Daniel, ido, ignoró a Jack.

—¿Qué te pasa? —preguntó éste, sabiendo que a Daniel le pasaba algo.

—¿Eh? No, nada..., es solo que no..., no estaba concentrado. —Daniel no sonaba del todo convencido.

En ese momento Tommy se acercó a ellos con otra sonrisa.

—Eyy, ¿Qué pasa chicos? —preguntó Tommy.

Tras el saludo, los tres entraron en el Instituto y tomaron asiento, Daniel le entregó el trabajo al profesor.

Pasaron las horas y tocó la tercera clase, el profesor de literatura llegó y la clase comenzó.

—Bueno, chicos, ya es hora del trabajo de ayer, ya los corregí, y los 3 primeros leerán sus trabajos en voz alta, Daniel, un 10, enhorabuena.

Daniel aún pensaba en lo ocurrido anoche cuando Aaron lo llamó.

—¿10? Qué fuerte Dani, ese es mi chico. —dijo Jack en bajito a su lado.

—¿Daniel? Avanza y ponte frente a la clase, debes leer en voz alta el trabajo. —insistió el profesor, Aaron.

Daniel, nervioso, cogió su libreta y se dirigió a la pizarra, en frente de todos.

—Vamos, no te cortes. —el profesor le miraba sonriente.

Daniel se fijó en todos sus compañeros, expectantes, Jack miraba atento, pero Liam también, no, no podía leer eso en voz alta, ahora no era el momento, tenía miedo.

—Daniel, somos lo que queremos ser, ¿Tú qué quieres ser? —Aaron miró a Daniel con seriedad, su frase estaba claramente indicando que había leído el trabajo y lo apoyaba.

Daniel sujetó la libreta con fuerza y comenzó a leerla.

—Tus ojos se posaron en los míos, tu mirada no dejaba la menor duda, sentiste algo por mí, lo noté, y yo sentí lo que era el amor en ese momento, y aunque tú no lo sabías, yo ya te pertenecía, incluso sin yo mismo saberlo, ya era de tu propiedad, mi corazón había sido arrancado y lo tenías en tus manos.

Daniel se detuvo y miró con temor al resto de la clase, que observaban a Daniel con atención, Jack le miró y con su pulgar le hizo saber que lo estaba haciendo muy bien.

—Incluso cuando veía que estabas con otras chicas, me dolía, pero algo en mi interior me aliviaba, era el saber que, aunque tú estabas con ellas, eras mío y yo tuyo, en mi mente, en mi alma, en mi corazón, cada suspiro, cada mirada, cada sonrisa, cada palabra..., todo cuanto me dedicabas era especial para mí, porque venía de ti.

Daniel suspiró tragando saliva y continuó.

—Sabía que no sería fácil, pero no escogí enamorarme de ti, no escogí ser tuyo, ni siquiera tú escogiste, pero lo hiciste sin saberlo, desde el momento en el que me senté a tu lado, yo sufría, y cuando más intentaba evitar el sufrimiento, más sufría, era un sufrimiento por no saber que sentía, por no saber realmente lo que quería.

Daniel cogió aire con fuerza, notaba que sus piernas fallaban, esta vez no despegó su mirada de la libreta, no se atrevía.

—He pasado muchas noches pensando en ti, en que realmente te amaba, pero ¿Podía hacerlo? Tú eres un chico, yo también, ¿Eso está mal? ¿Por qué no me enamoré de una chica? ¿Por qué siento esto por ti? Era una tortura, una constante y agonizante tortura.

Hubo murmullos en clase.

—Nos hacen ver que está mal, que amarnos si somos chicos es un pecado, que somos anormales, pero, ¿Por qué? ¿Es ser anormal amar a alguien? ¿Es un pecado querer estar con la persona que amas? Porque si es así, sí, soy culpable, me declaro culpable de amar, me declaro culpable por tener un corazón que late pensando en ti, y no, no me importa, nada, nadie, no, no me importa, ni lo que digan, ni lo que piensen, porque estar a tu lado, cogido de tu mano, es lo que realmente quiero, es lo que realmente deseo y necesito, con eso me basta, y lo demás, me da igual.

Daniel se detuvo y miró al profesor con cierto temor, éste, con un gesto de su cabeza le instó a que continuase.

Tras unos segundos en silencio, Daniel continuó.

—No supe lo mala que era la soledad hasta que te conocí, la soledad era mi amiga, ella me acompañaba cada día, pero cuando te conocí, odié la soledad, en realidad era una amiga falsa, te engaña, te manipula, te hace creer que está bien estar solo, sin nadie a quien amar, sin nadie que te ame, pero es mentira, la soledad es horrible, tú me abriste los ojos, estar contigo me hizo feliz, siempre, quiero estar contigo, a tu lado, besarte, acariciarte, realmente te amo, Jack, te amo.

Entonces unos ligeros murmullos se escucharon de nuevo en la clase, Daniel, sin vacilar más, con gran fuerza de voluntad, terminó de leer su trabajo.

—Y eso nadie lo va a cambiar, jamás, porque es algo que siento, es algo que no pude cambiar, y lo intenté, intenté cambiar para satisfacer a los demás, por miedo, rechazo, indiferencia, desprecio, no me sentía feliz.

Daniel dejó de leer y directamente continuó de memoria.

—Pero, incluso así, ¿Realmente es lo correcto? ¿Debo rechazar lo que siento? ¿Por qué? ¿Por qué debo hacerlo? Yo te amo, habrá quien lo entienda, y los habrá que no, pero eso ya no me importa, porque te amo, y tu amor todo lo puede, dicen que hay que conformarse con poco en la vida, y es cierto, pero yo no soy así, porque no me conformaré con nada que no sea tu corazón, y aunque nunca lo has sabido, ahora te lo digo, tu corazón me pertenece, como el mío te pertenece a ti, y eso nunca, jamás, cambiará.

Hubo un silencio en el aula, Daniel bajó su libreta para mirar a sus compañeros, Jack estaba rojo, muy rojo, el profesor se levantó y comenzó a aplaudir.

Los demás compañeros también, incluso Liam, Daniel sentía marearse, pero un alivio muy grande notaba en su pecho, el profesor al ver su estado se acercó y lo sujetó por el hombro.

—Bravo Daniel, un trabajo excelente, vuelve a tu asiento. —el profesor le ayudó a mantenerse en pie.

Daniel volvió a su asiento con temor aún, se sentó y miró a Jack, que seguía rojo.

—De acuerdo, el siguiente trabajo es un 9, Liam, adelante.

Daniel casi se cae al suelo al saber que sería Liam.

''No, no puede ser, dime que no...''

Liam se puso frente a la clase y miró a Daniel con una sonrisa, comenzó a leer lo escrito en su libreta.

—Ya te conocía, pero realmente no, no lo hacía, no te veía, hasta que un día, tu cuerpo de labios rojos marcados veía, no pude evitarlo, sentía algo inevitable, ahí te descubrí, te seguí, te viví, sí, cada vez que te veía te vivía, dentro de mí.

Daniel miró a la mesa bajando la vista, no quería ni mirar a Liam, que seguía leyendo.

—Una vez fuiste mío, sin que alguno lo sepa, pero lo fuiste, y volverás a serlo, porque el destino me dice que yo soy tu parada, la parada de un tren que por ahora no se ha dado cuenta de que va por otro carril, pero que en algún momento retomará su rumbo, volviendo hacia mí.

Daniel sentía marearse.

—Quizás no sea el más indicado, el más apuesto, ni el más acertado, pero si sé algo es que nadie, absolutamente nadie siente lo que yo siento por ti, y si este es un partido en el que aún se está jugando, yo seré el jugador que marque el último gol, el que me dará la victoria y me haga ganador..., de tu corazón.

Liam cerró la libreta y los compañeros aplaudieron, Daniel miró de reojo a Jack, que estaba serio, era evidente, Liam en todo momento miraba constantemente a Daniel, incluso algún compañero se giró a mirar donde Liam posaba su mirada.

—Así chicos, así es como me gusta a mí, los sentimientos a flor de piel, debéis expresar lo que sentís, bien, por último, el tercero, Jack, tienes otro 9, adelante.

—No puedo maestro, me encuentro mal. —dijo Jack.

—Jack, si no lo haces te bajaré la nota. —amenazó el profesor, que observaba a Jack y luego miró a Daniel.

—No puedo, en serio, haga lo que deba. —sentenció Jack

Daniel le miró, sintiéndose culpable, Jack no apartaba la mirada del profesor, que suspiró y escribió en su libro.

—Bien, te la rebajo a un 6, es una pena.

La clase continuó hasta el recreo, Daniel y Andy permanecían castigados aún por la pelea que tuvieron, Daniel estuvo muy callado, serio, Andy se dio cuenta, pero prefirió no meterse.

Pasaron las horas y Daniel, enojado, decidió no asistir a la sala de profesores a la salida para seguir con su corrección del vocabulario en minúsculas, caminaba junto a Jack, que permanecía serio. Daniel no se atrevió a decir nada, al llegar a la salida vio como Jack se subía al coche de Roland y se marchó, Daniel hizo lo propio y se marchó a su casa, aún pensando en lo que Liam había hecho.

—Ya estoy en casa. —dijo Daniel al ver la luz del salón encendida, Daniel se asomó y no estaba solo su madre, también había otro hombre al lado de ella, ambos sentados en un gran sofá, en silencio.

Daniel se detuvo, helado.

—Bueno, Daniel, mira quien nos visitó... —la madre se acercó a su hijo y le sonrió nerviosa, se acercó a él y le susurró con miedo—. No hagas ninguna tontería, por favor.

—¿Qué tal chaval? Como has crecido..., ¿Recibiste mi regalo? —Julian sonrió mostrando sus blancos dientes mientras se levantaba y se acercaba a él.

Daniel, con la cara desencajada miró a Julian, tendría unos cuarenta años, pelo oscuro hacia atrás, muy alto, espigado, delgado al extremo, su cara era adornada por un ridículo bigote, su mirada le atemorizaba.

—Verás, cuando tú y la zo..., y tú madre me dejasteis tirado, os busqué por mar y tierra, ¿Quién me iba a decir a mí que estaríais viviendo en un pueblo como este?

—Hijo, lo que tu padre quiere decir...

—No es mi padre. —cortó Daniel a su madre.

—¿Cucha? ¿Si hablas? ¿Y ese cambio chaval? —Julián posó su mano en el hombro de Daniel, pero éste enseguida se apartó con repudio.

—No me toques. —amenazó Daniel.

Julian, que borró su sonrisa de la cara, miró a la madre de Daniel, que estaba casi temblando.

—Escucha, cariño, entiendo tu enfado, pero... —la madre estaba asustada.

—¿Pero qué? —Julián cortó a Susan, la madre de Daniel, y se acercó a ella de manera poco amistosa, la rodeó con desprecio y después observó a Daniel—. ¡¡Me he perdido su infancia!!, ¡¡6 años, Susan, 6 malditos años!!

—¡Estabas en la cárcel!, ¿Qué querías que hiciese? Yo...

—¡Cállate! Mira, he vuelto, y ahora me llevaré a Daniel... —dijo Julián con una sonrisa.

—¿Qué? ¿Es una broma? —Daniel se alteró.

—No, claro que no mi pequeño, vine para llevarte conmigo. —dijo Julián.

—¡No puedes hacer esto! —gritó Daniel.

—Cálmate hijo. —dijo Julián.

—¡NO soy tu hijo! —Daniel con enfado subió las escaleras y cerró con un portazo su puerta, se echó en la cama, quería dormir y no despertar, en ese momento entró Julian cerrando la puerta, Daniel, sorprendido, no supo cómo reaccionar.

Intentó salir, pero Julian le sujetó del brazo.

—¿Qué haces? Suel...

Julian cogió del cuello a Daniel y lo puso contra la pared, lo miró con rabia, Daniel, asustado, se dejó hacer y no dijo nada más.

—Escucha, niñato consentido, no recuerdas quien manda, lo entiendo, son muchos años, y ahora eres un pequeño salvaje, pero créeme, te haré cambiar.

Daniel le miró con rabia.

—No me mires así, tu madre se fue dejándome tirado, eso es algo muy grave, ahora, bajarás conmigo y cenaremos todos juntos, en familia, ¿Entendiste?

Julian le soltó y bajó las escaleras, Daniel, aún en shock, reaccionó, su respiración estaba aún agitada por lo ocurrido.

Daniel puso bien su ropa arrugada tras el forcejeo con Julian y bajó al comedor.

—Venga, la mesa está lista, siéntate. —dijo la madre, que seguía nerviosa.

Daniel miró a la mesa, Julian estaba sentado, con una sonrisa cínica, Daniel le miró, retándole, se acercó y se sentó enfrente, Julian levantó los labios y su nariz con gesto de rabia, la madre llegó y se sentó en el lateral, cerca de ambos.

—Bueno, ¿Cómo te fue en la escuela? —preguntó la madre, que no sabía qué podría hacer.

—Bien, hoy hablamos de mitología, un tema súper interesante. —dijo Daniel, mientras cortaba un trozo de pescado y lo llevaba a su boca.

—¿Sí? ¿De qué era? —preguntó la madre intentando relajar la situación.

—Ah, bueno, sobre Saturno, un dios romano, verás, Saturno maltrataba a su madre y a su hijo, Júpiter, pero este le plantó cara y le terminó venciendo. —respondió Daniel, que no dejaba de mirar a Julian retándole.

Julian, con un gesto de enfado notable, movía su mandíbula con fuerza, la madre, en silencio, no supo qué decir.

—Parece interesante. —dijo Julian—. Me recuerda a una película, en la que el hijo plantaba cara a su padre y éste termina troceando su cuerpo y lanzando los trozos al mar.

La madre temblaba, Daniel, en cambio, sujetaba con fuerza el cuchillo, los tres continuaron comiendo, hasta que Daniel terminó de comer y se levantó con enfado.

—¿Dónde vas? —preguntó la madre.

—He quedado. —dijo Daniel cortante.

Se lavó los dientes y se marchó de casa, caminó hasta el parque y se sentó en uno de los bancos de allí, no quería estar en casa con ese hombre

Pensó en lo que pasó la noche de la nota...

''Anoche'':

—¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡MAMÁ!!!!!!!!!!

Tras el grito, Daniel comenzó a sentirse mal, ¿Le hizo fotos sin saberlo? ¿Cómo? Se sintió mal, comenzó a alterarse, estaba muy nervioso, necesitaba gritar, golpear, y con fuerza.

La madre subió y vio la foto horrorizada.

—¿Es de él? ¿Nos encontró? —preguntó Daniel nervioso.

—¿Qué? No, no es posible..., tenemos que irnos de nuevo... —la madre sujetaba la nota temblorosa.

—¿¿Qué?? No mamá, estoy cansado de huir, ¡¡No quiero irme de aquí!!

''Actualidad'':

Entonces Daniel escuchó voces en el parque y se fijó en Yeray, que bebía agua de la fuente que había en el parque. Se levantó y corrió hacia él.

—¡Yeray! —Daniel se puso a su lado sonriendo.

—¿Daniel? ¿Qué haces tú aquí? —Yeray parecía nervioso, ¿Por qué?

—Me aburría en casa..., ¿Qué haces? ¿Jugamos a algo?

—Ehmm, pues...

—¡Hola! —Benji apareció por detrás de Daniel, este se fijó en que llevaba dos helados—. ¿Qué tal Daniel?

Benji le cedió un helado a Yeray, que permanecía callado.

—Eh..., bien, solo pasé a saludar..., pero ya me voy, pasadlo bien. —dijo Daniel.

—Gracias. —respondió Benji.

Daniel se alejó con las manos en los bolsillos, cabizbajo, en parte se sintió desplazado, pero no podía reclamarle nada a Yeray, faltaría más.

—Mejor regreso a casa, espero que no esté ese hombre ahí todavía...

En ese momento recibió un fuerte empujón, Daniel se dio la vuelta y pudo ver a Julian.

—Ahora vas a ver qué pasa cuando me retan. —dijo Julian, que le propinó un puñetazo en la cara y otro en el cuerpo, Daniel se protegió como pudo cayendo al suelo, tras los dos puñetazos, Julian se agachó y lo cogió del cuello de la camiseta—. Vas a venirte conmigo, mocoso, ¿Me entiendes? Puto niñato de mierda.

Julian miró a los alrededores al escuchar un grupo de chavales acercándose, Daniel se soltó aprovechando el despiste y salió corriendo.

''Casa de Jack'':

—¿Puedo pasar primo? —preguntó Takeo, que estaba en el borde de la puerta.

—Claro, pasa. —dijo Jack, que estaba tumbado en la cama.

—Roland me dijo que estabas muy serio hoy de camino a casa, y cree que es por Daniel, ¿Es así?

Jack no contestó.

—Solo nos preocupamos por ti, no queremos que tengas una recaída o algo. —dijo Takeo.

—Lo sé, Takeo, está todo bien, de verdad, es solo que hoy no fue un buen día, ¿Te mandó Roland?

—No, vine por mi cuenta. —Takeo se sentó en la cama—. Sabes que me preocupo.

—Está todo bien, de verdad. —Jack se levantó y se sentó en la silla de su escritorio, entonces vio por la ventana a Daniel, andaba hacia su casa con dificultad—. ¡¿Dani?!

—¿Qué? —Preguntó Takeo, que se asomó por la ventana también—. ¡¿Está herido?!

Jack se levantó corriendo y bajó hasta la entrada, abrió la puerta y sujetó a Daniel, que se tambaleaba y lloraba.

—¡¡Dani!! ¡¿Quién te hizo esto?! —preguntó Jack aterrorizado.

Daniel le miró con tristeza a los ojos, perdió las fuerzas y cayó desmayado en los brazos de Jack.

Los párpados de sus ojos se abrían con dificultad, Jack estaba sentado a su lado, con preocupación.

—¿Dani? ¿Estás despierto? —preguntó Jack preocupado.

—Sí..., ¿Dónde estoy?

—En mi cuarto. —Jack se levantó y abrazó a Daniel—. ¿Quién te ha pegado?

—Toma, bebe un poco. —Takeo apareció con un vaso de agua.

Daniel cogió el vaso y bebió agua.

—¿Quién te pegó? —repitió Jack la pregunta, preocupado.

Jack miraba a Daniel, entre él y Takeo lo habían curado, tenía algunos cortes en la cara y un moratón en el ojo derecho, además tenía un chichón en la cabeza.

—No me acuerdo... —Daniel soltó el vaso en la mesita—. ¿Le habéis dicho a Roland?

—Aún no, pero lo haremos en cuanto regrese del trabajo. —dijo Takeo.

—Por favor, no lo hagáis, no es nada... —Daniel se intentó levantar, pero su costado le dolía.

—Espera, no te muevas, descansa hoy aquí, llamaré a tu madre y le diré que pasarás aquí la noche, ahora vuelvo.

—Vale, pero dile que está todo bien, no quiero preocuparla, ya se lo diré yo mañana. —dijo Daniel.

—Vale. —Jack se levantó y se marchó, dejando a Takeo con Daniel, Takeo se acercó y se sentó en la silla donde estaba antes sentado Jack.

—¿Quién te pegó y por qué no quieres contarlo? —preguntó Takeo serio.

Daniel no contestó.

—¿Le viste la cara?

—No me acuerdo.

Takeo le miró con duda.

—Si no te acordaras dejarías que le dijéramos a Roland, al decir que no quieres que lo hagamos, es porque lo conoces y no quieres decir quién es, además, no fuiste a tu casa, sino que viniste hasta aquí estando más lejos, lo que me hace pensar que no quieres que tu madre lo sepa.

Daniel siguió callado.

—El año que viene entraré en la academia, mi padre quiere que un día sea como él, así que no intentes engañarme, porque no soy tonto.

—No me acuerdo, déjalo estar. —Daniel lo miró con los ojos llorosos.

Takeo se levantó y cogió el vaso vacío.

—Está bien, no diré nada por ahora, pero no sé si aguante mucho, no prometo nada..., voy a traerte más agua.

—Gracias.

Takeo salió y apareció Jack.

—Bueno, ya está, tu madre deja que te quedes... —Jack volvió a abrazar a Daniel y le besó—. ¿Me vas a contar qué pasó?

—No me acuerdo de nada, Jack, prefiero descansar un poco, ¿Vale?

—Vale, tranquilo. —Jack se levantó y Daniel sujetó su brazo.

—No, duerme conmigo. —dijo Daniel suplicante.

—Pero están mis primos y...

Daniel puso cara triste.

—Está bien, espera, un segundo.

Jack salió del cuarto, Daniel miró por la ventana, casi anochecía, pensaba en lo ocurrido, se sentía muy mal, con ganas de llorar, de impotencia, no quería regresar a esa casa.

—Ya estoy aquí. —Jack cerró la puerta y se tumbó con Daniel, le miró con una sonrisa—. No nos molestarán.

Daniel le hizo espacio y Jack se acercó más a él, abrazándolo.

—Nunca te dejaré marchar, Dani.

Y así, esa noche ambos durmieron abrazados, al amanecer, Daniel se levantó temprano y salió por la ventana de Jack con dificultad, en silencio, no quería despertarlo, caminó hasta su casa y entró a hurtadillas.

Quería recoger la mochila para ir a clase.

—¿¡Pero qué te pasó!? —la madre descubrió a Daniel, al mirarlo se dio cuenta de que en el borde de su ojo derecho tenía un color morado, se notaba que le habían pegado un puñetazo.

—Me peleé...

—¿Con quién? —la madre estaba preocupada.

—Con uno que no conozco, ya se encargó Roland, no te preocupes. —mintió Daniel.

—Hoy no vas a la escuela, descansa en casa.

—¿Eh? No, además no quiero ir atrasado, mamá, estoy bien, ni me duele.

Daniel se puso la mochila en el hombro y se marchó tras abrazos y besos de su madre, por el camino se cruzó con Tommy.

—¿Qué te ha pasado? —Tommy miraba el moratón de su ojo derecho.

—Nada, una pelea.

—¿Liam?

—No. —dijo cortante Daniel.

Llegaron al instituto y entraron en clases, Andy y Yeray también se preocuparon, tomó asiento junto a Jack, el profesor entró y la clase comenzó.

Daniel no prestaba atención, miraba por la ventana, pensativo, ¿Qué iba a hacer ahora? Julian había regresado, ese cerdo maltratador, del que se libraron escapando de él hace seis años, los encontró, y ahora no sabía qué podría hacer, ¿Otra vez huir? No, no quería alejarse de Jack.

Pensativo en sus pensamientos, fue interrumpido por Jack, que habló despacio para que el profesor no los escuchase.

—¿Por qué te fuiste así, sin despedirte? —preguntó Jack con cierto enfado.

—Lo siento, necesitaba pensar... —se excusó Daniel.

Aunque Jack intentó sonsacarle información, Daniel no quiso contarle qué fue lo que pasó realmente.

Pasaron las horas y Daniel estaba en el recreo, terminó de tomar su batido y fue al baño, nada más entrar le abordó Liam.

—¿Qué tal pececito? —Liam le sonrió.

—No me llames así, ¿Qué quieres? —dijo Daniel desganado.

—Tu amor.

—¿Qué? —Daniel le miró con enfado.

—Es broma, calma, ¿Quién te dio la golpiza? —preguntó Liam señalando su cara.

—Ya lo dije mil veces, no me acuerdo, dejad todos el tema.

—Mientes y sabes que no me gusta. —dijo Liam

—¿Qué? No miento idiota.

—Yo seré idiota, pero eso no quita que mientas. —Liam acercó sus dedos a los rasguños de la cara de Daniel, tocándolos—. ¿Quién se atrevió a dañar algo tan hermoso?

Daniel no dijo nada, se apartó y comenzó a lavarse las manos en el lavabo.

—Te conozco, algo te sucede.

Daniel seguía sin decir nada.

—¿Por qué estás así conmigo? Creí que éramos amigos.

—¿Amigos? No, Liam, no somos amigos y nunca lo seremos. —Daniel sonaba enojado.

Liam puso cara seria y a la vez de decepción.

—¿Después de todo lo que hice por ti? Eres un desagradecido.

—Lo hiciste por interés, no porque me creyeras, en realidad no era así y lo sabes, ¿quieres que seamos amigos? Deja de intentar conquistarme, no quiero, estoy con Jack.

Daniel miró a Liam, que permanecía callado.

—Yo te amo, Dani, eres mi pececito.

—No soy nada tuyo, y si de verdad fueras un amigo dejarías de meterte entre Jack y yo, ¿Entiendes? No quiero nada contigo, amo a Jack, y eso nunca cambiará, además no es el momento.

Liam apartó la vista a un lado, Daniel intentó pasar, pero Liam se puso en medio.

—Espera, está bien, te dejaré en paz, con una condición.

Daniel permaneció callado.

—Que me dejes hacerlo contigo.

—¿Hacer qué? —preguntó Daniel incrédulo.

—Lo sabes bien, que lo hagamos, tú y yo.

—¿¡Qué!? No, olvídalo.

—Pues entonces no pararé Daniel, piénsalo, piénsalo y mañana me contestas.

Daniel apartó con enfado a Liam y salió del baño, ya tenía suficientes preocupaciones como para que encima Liam le hiciera chantaje, ¿Por qué todo era tan difícil?

Ya habían terminado las clases y Daniel asistió a la sala de profesores, iba de vez en cuando a mejorar su escritura.

—¿Qué te pasa hoy Daniel? —Aaron, el profesor de literatura, miraba a Daniel, que estaba pensativo.

—Nada, es solo que me distraje.

—Está bien, ¿No tendrá que ver con esto? —el profesor tocó con su dedo el pómulo derecho de Daniel, que ya no tenía moratón, pero aún se veía de color un poco oscuro.

—No..., no es eso... —Daniel se ruborizó.

—Vale, por cierto, te tengo una sorpresa. —Aaron se levantó y sacó de su maletín un libro—. Mira, es un regalo.

Aaron puso el libro en la mesa, Daniel lo cogió, el título era: ''Terror en Lookrain''.

—¿Y esto? —preguntó Daniel mirando el libro.

—Bueno, dijiste que te gustaba el miedo, así que..., pues quería hacerte un regalo, este libro me lo regaló mi padre cuando era más pequeño, y ahora te lo regalo a ti.

—No..., no puedo aceptarlo... —Daniel lo soltó.

El profesor se puso serio.

—Lo entiendo, ¿Quién iba a querer aceptar un libro de alguien como yo?

—No es eso, ¿Por qué no se lo regala mejor a su hijo?

Aaron permaneció callado.

—Lo hice, pero..., bueno, él..., no creo que lo vuelva a usar más, falleció.

—Lo siento... —Daniel bajó la mirada.

—No lo sientas, no es tu culpa, venga, me hace ilusión que lo tengas tú. —el profesor se levantó y miró sonriente a Daniel—. Yo ya me tengo que ir, pero, si quieres, podrías pasarte esta tarde por mi casa, así avanzamos más con tu escritura.

El profesor le dejó una nota con su nombre y la dirección.

—Vivo aquí al lado, así que no tendrás problemas en encontrar mi casa, estaré toda la tarde.

Daniel se levantó también en silencio, guardó el libro y se marchó a casa, al entrar no había nadie, se tumbó en la cama, mirando el techo, la pantalla de su ordenador se iluminó, era Ryan, Daniel se levantó y comenzó a chatear con él, también estaba Jack en la conversación, de vez en cuando hablaban los tres, así pasaron las horas y se despidieron.

Daniel se duchó y cambió de ropa, iba a la casa del profesor

—Esta debe ser su casa... —dijo Daniel en bajito.

Estaba en frente de la casa de Aaron, su profesor, llamó y a los segundos se abrió la puerta, Aaron le miraba con una sonrisa.

—Sabía que vendrías. —dijo sonriente—. Pasa, lo pasaremos muy bien.

Daniel entró y Aaron cerró la puerta.

—Aquí está. —Aaron, el profesor, dejó un vaso de zumo en la mesa donde Daniel estaba sentado estudiando, tras esto, él se sentó en frente.

—Gracias. —dijo Daniel, que tomó el vaso y bebió un poco.

—Bueno, ¿Me contarás lo que te reconcome?

Ante la pregunta de Aaron, Daniel permaneció en silencio.

—Escucha, hace varios años, mi hijo sufrió un ataque cardíaco, estaba jugando al fútbol, él jugaba en un gran equipo y disputaba la semifinal del torneo, desgraciadamente no pudieron salvarle.

Daniel miraba a Aaron, que con los ojos lagrimosos, le abría su corazón.

—Intentaron reanimarlo, pero fue en vano, nunca supimos que tuviese una afección cardíaca, son cosas que pasan...

Daniel miraba en la pared, fotos de Aaron con su hijo, que tendría unos 18 años.

—Fue un duro golpe para mi mujer, nuestra relación se distanció, al final..., ella..., bueno, era mejor separarnos.

—Lo siento, yo... —Daniel se mantuvo callado, sin saber qué decir.

—Mira, tú me recuerdas mucho a él, porque le encantaba el deporte, y la escritura..., bueno, era como tú, un desastre... —el profesor sonrió y Daniel también.

Daniel sujetó el vaso con fuerza y lo apretó.

—Cuando era un bebé, mi verdadero padre desapareció, él era Capitán de un barco de la Marina Mercante, tuvieron un accidente y el barco acabó hundido en el Océano Pacífico, lo buscaron durante meses, pero solo encontraron a algunos trabajadores ahogados, su cuerpo nunca fue hallado...

—Vaya.., no imaginaba algo así... —Aaron permanecía expectante escuchando a Daniel.

—Ya..., porque mi madre a los pocos años se enamoró de otro hombre, se casó con él y se convirtió en mi padrastro, pero él... —Daniel tragó saliva y prosiguió—. Él comenzó a maltratarme, me gritaba, insultaba, venía borracho, rompía mis cosas, después empezó con mi madre, hasta el punto de pegarnos...

Aaron, incrédulo por las palabras de Daniel, negaba con la cabeza.

—Hasta que un día, mi madre, con dinero ahorrado y la ayuda de mi abuela, me llevó con ella lejos, estuvimos viviendo en diferentes zonas hasta mudarnos aquí, pero ahora, 6 años después, ha regresado, nos encontró y...

—¿Él fue quién te pegó? —preguntó Aaron levantándose y acercándose a Daniel, el cual ya no podía aguantar las lágrimas.

—Sí..., y ya no puedo más... —Daniel comenzó a llorar y Aaron lo abrazó con fuerza, intentando tranquilizarlo.

—Shuuu, cálmate, todo se arreglará, iremos a hablar con el sheriff, le diremos lo ocurrido y lo detendrá.

—¿Qué? No, será peor, y...

—No, escucha Daniel, si no lo hacemos ya, tú y tu madre corréis peligro, ¿Entiendes? —Aaron miró a Daniel, y este afirmó con la cabeza.

Ambos salieron de su casa, ahora Daniel, más calmado, pero nervioso, se acercaron a la comisaría del pueblo, y Daniel distinguió a su madre hablando con dos agentes, parecía nerviosa.

—¿Mamá? —preguntó Daniel—. ¿Qué haces aquí?

—¿Daniel? No, mira... —la madre antes de terminar la frase fue cortada por los dos agentes que fueron a por él, apartándole de Aaron.

—¿Qué sucede? —preguntó el profesor sin entender nada.

—Hay una denuncia en contra de la madre por supuesto secuestro, y ahora otra por malos tratos, debemos llevarnos al chico hasta esclarecer todo esto. —dijo el agente que sujetaba a Daniel en contra de su voluntad.

—¡¡¡Mamá!! ¡¡No!!, ¡Suélteme! —Daniel se resistía entre lágrimas—. ¡¡Mamá, no dejes que me lleven!!

—¡Soltadlo! ¡Por favor! ¡Es mi hijo! —Susan, la madre, desesperada, intentaba sujetar el suéter de Daniel, pero los agentes los separaron metiendo al chico en el coche patrulla.

—¡¡Mamá llama a Roland, él lo arreglará!! —dijo Daniel entre gritos.

La madre, impotente y llorando, observó como se lo llevaban, Daniel, en la parte trasera del coche, y con la cara llena de lágrimas, miraba a su madre en el suelo, llorando desconsolada.

—¿Dónde me llevan? —preguntó Daniel desesperado mientras veía como se alejaban del pueblo.

—Cálmate chico, no estás detenido, es por tu seguridad. —el agente de policía que conducía miraba por el retrovisor a Daniel, que con sus manos intentaba abrir la puerta inútilmente.

—¿Ah no? ¿Y por qué estoy en la parte de los detenidos? —Daniel movía con fuerza los hierros que le separaban del policía.

—Estate quieto.

—¿A dónde me llevas? —preguntó Daniel, que empezaba a tener miedo.

—A un centro de menores hasta que se resuelva tu caso, y ahora, por favor, cállate. —el policía puso la radio con la música muy alta, Daniel, en silencio, solo podía ver como se alejaba de su hogar, de su casa, de Jack...

—Jack..., ayúdame... —murmuró Daniel impotente.

Daniel miraba con la boca abierta, lo que parecía más un reformatorio que un centro de menores, el coche accedió al recinto y el policía aparcó fuera.

—Vamos, bájate. —ordenó el agente secamente.

Daniel abrió la puerta del vehículo y miraba el gran edificio de corte antiguo, no podía dejar de mirarlo, parecía un castillo medieval.

—¿Esto es un centro de menores? —preguntó Daniel confuso.

—No, es un reformatorio, en este condado no hay centros de menores, el más cercano está a cuatro horas en coche. —las palabras del agente alertaron a Daniel, que se giró para recriminarle, pero ya era tarde, arrancó el coche y se marchó dejándole allí, en la puerta.

—¡¡¡Eh!!! ¡No puedes dejarme aquí! —gritó Daniel desesperado—. ¡¡Idiota!!

Mientras observaba cómo el coche se alejaba en el horizonte, sus ojos comenzaban a ponerse rojos, miró a los alrededores, rodeado de sendos bosques, la oscuridad hacía acto de presencia, además se había cerrado la verja, no podía escapar.

Un ruido a su espalda llamó su atención y tras girarse con un movimiento veloz, lo deslumbró una luz muy blanca, la luz salía de dentro del recinto, tras abrirse la puerta, Daniel, con su mano, intentó evitar la luz.

—Hola, Daniel, pasa. —un hombre, de avanzada edad, unos sesenta, sonreía a Daniel, el hombre, de estatura media y pelo más bien canoso, escudriñaba a Daniel con sus ojillos pequeños, que examinaban al chico tras sus gafas redondas.

—¿Quién es usted? —preguntó Daniel, aún asustado, quería volver a casa.

—Me llamo Ernest, soy el director de este sitio, vente, pasa.

Daniel, confuso, se acercó y entró, la puerta, grande y de hierro, procedió a cerrarse tras de sí, el hombre posó su mano en el hombro de Daniel y lo comenzó a guiar por el largo pasillo, oscuro, apenas se distinguía algo.

Ambos llegaron a una habitación pequeña donde una chica joven, de unos veinte años, estaba sentada tras un mostrador leyendo, la chica, de pelo ondulado y largo, era rubia, de ojos azules, la chica era muy guapa, Daniel se percató enseguida de ello.

—Hola Deyanira, te traigo al chico nuevo, está un poco asustado. —dijo Ernest.

Deyanira observó a Daniel con una sonrisa y se levantó para darle la mano, Daniel, confuso aún por todo, alargó su mano y la estrechó con la chica.

—Bueno, os dejo a solas, ya sabes qué hacer. —Ernest, tras despedirse de ambos, se marchó cerrando la puerta y dejándolos a solas.

—Bueno, Daniel, necesito hacerte unas preguntas antes de continuar. —la chica se acercó al mostrador y se sentó en él, sacó unos papeles y comenzó a escribir en ellos.

Daniel solo miraba la habitación, las paredes, de madera lisa, el suelo, de mármol blanco, estaba claro que ese centro era antes un castillo antiguo o algo, se veía todo en muy buen estado.

—¿Quién te pegó en la cara? —Deyanira le señaló las heridas que su padrastro le hizo, pero Daniel no dijo nada, no sabía si contarlo alargaría todo esto.

—¿Dónde estoy? —preguntó Daniel mirando a Deyanira, ignorando lo que ésta le preguntó.

Deyanira ignoró unos segundos a Daniel para, después de terminar de escribir, levantar la cabeza y mirarlo.

—¿Tienes quince años, no? —preguntó la chica, para luego escribirlo en sus hojas, estaba claro que era una ficha o formulario sobre él.

—Quítate la camiseta. —ordenó Deyanira.

—¿Qué...? —la voz quebradiza de Daniel daba a entender que no sabía por qué le ordenó eso.

—Pues..., necesito que te quites la camiseta, es pura rutina, tranquilo.

Deyanira se levantó y cogió un cesto que había bajo su mesa, se acercó a Daniel y lo puso encima del banco de madera que tenía al lado.

Daniel, sin saber qué hacer, miraba como Deyanira volvía a su asiento y volvía a escribir cosas en esos papeles, ¿Serían sobre él?

—¿Cuándo vuelvo a casa? —preguntó Daniel, que estaba a punto de llorar, Deyanira lo notó.

La chica miró a Daniel y tras suspirar, dejó el bolígrafo encima de la mesa.

—Mira, Daniel, estuve leyendo tu caso, hay dos denuncias de maltrato de por medio, de tu madre y tu padrastro, por lo que hasta que no se resuelva esta disputa, no puedes volver a casa, ¿Entiendes?

Deyanira observó como una tristeza invadía la cara de Daniel.

—Pero no te preocupes. —prosiguió la chica— En cuanto el juez dictamine una sentencia, podrás volver a casa, ¿Vale? Y eso aquí será muy rápido, recuerda que los condados suelen ser más ágiles en temas legales por ser poblaciones más pequeñas.

Daniel, tras escuchar el positivismo de Deyanira, alegró un poco su cara, con su mano limpió las lágrimas que caían por sus mejillas.

—Bueno, está haciéndose muy tarde y tengo que rellenar tu ficha, y para eso debes cooperar, ¿Vale? Necesito que te quites la ropa, para así poder terminar antes.

Daniel, tras unos segundos, se armó de valor y se quitó la camiseta, ante la mirada de Deyanira.

—Ahora los pantalones. —ordenó la chica

Daniel respiró hondo y se bajó los pantalones, mostrando su cuerpo entero, solo en ropa interior, Deyanira le observó y comenzó a escribir.

—¿Cómo te hiciste ese moratón? —preguntó Deyanira.

—No sé... —Daniel mintió, sabía que el moratón de su costado fue culpa de Julian, su padrastro.

Ante el silencio de Daniel, Deyanira continuó escribiendo, Daniel estaba incómodo, allí, de pie, en bóxer de Bob esponja delante de una chica, solo su madre le había visto así, ninguna otra chica.

Deyanira se levantó y se acercó a Daniel.

—Date la vuelta. —ordenó Deyanira.

Daniel, obediente, hizo lo que dijo, podía sentir como Deyanira miraba su espalda, pero no podía verla, escuchó unos ruidos y al darse la vuelta la vio recogiendo su ropa y metiéndola en el cesto.

—¿Eh? ¿Dónde llevas mi ropa? —preguntó confuso.

—Tranquilo, es rutina. —Deyanira caminó hasta la puerta y la abrió, hizo un gesto a alguien y esperó unos segundos, entonces pudo ver como un hombre, de raza negra, rapado y muy alto, iba vestido con ropa de guardia de seguridad, miraba a Daniel y hablaba en voz baja con Deyanira.

Daniel no pudo escuchar bien de qué hablaban.

—Vale, espera unos segundos y ahora te lo mando. —dijo Deyanira.

El hombre afirmó con la cabeza y se marchó, dejándolos solos de nuevo.

—Escucha, Daniel, como sabrás, esto no es un centro de menores, es un correccional, aquí los chicos no son mala gente, pero tampoco angelitos, por lo que Thomas, que es nuestro guardia de seguridad, te llevará al ala del profesorado, allí estarás más..., digamos tranquilo, ¿vale?

Daniel, con cierto miedo, afirmó con la cabeza, esto era una pesadilla, él era solo una víctima más, se sentía solo, indefenso, quería volver a casa.

—¿Y mi ropa? —preguntó Daniel.

—Thomas se encargará de eso.

Deyanira guio a Daniel hasta Thomas, ésta se despidió y cerró la puerta, dejándolos a ambos solos en el pasillo, Thomas sonrió a Daniel y con un gesto de su mano le ordenó que le siguiese.

Mientras caminaba, Daniel podía ver que el centro era muy oscuro, apenas había luces, Thomas le guió hasta una puerta de madera robusta, cogió de su cintura un manojo de llaves y procedió a abrirla.

—Enseguida estoy contigo. —dijo Thomas.

Cerró la puerta tras de sí y Daniel se quedó allí, solo, el silencio era sepulcral, observó la gran sala, que llevaba a diferentes pasillos, entonces escuchó unos pasos, sonaban descalzos, se acercó hacia el ruido y se asomó, pudo distinguir una sombra humana en el mismo.

Daniel, asustado, retrocedió unos pasos y se acercó de nuevo a la puerta donde Thomas había entrado, los pasos eran cada vez más cercanos, hasta que pudo distinguir como un chico hizo acto de presencia, pudo distinguir que iba en pijama corto, rubio casi rapado y sus ojos, verdes oscuros, observaban a Daniel.

Entonces se dio cuenta de que estaba en bóxer y su vergüenza hizo acto de presencia, Daniel se tapó con sus manos sus partes íntimas con cierta timidez, el chico, que parecía de su edad, le miró con sorpresa, no esperaba encontrarlo allí al parecer.

El chico, tras unos segundos parado, caminó hasta Daniel, que no sabía cómo actuar, simplemente estaba a punto de golpear la puerta para avisar a Thomas.

Se acercó hasta su lado, escudriñó su cuerpo y tras esto, le sonrió.

—¿Eres nuevo no? Me llamo Loki, encantado. —el chico estiró su mano esperando la de Daniel, pero este, con cierto temor, no reaccionó.

El chico bajó la mano y miró de arriba a abajo a Daniel, que no era tonto, se daba cuenta de que el chico le miraba de extraña forma, casi con cierta excitación.

Loki miró la puerta y volvió a sonreír.

—¿Está Thomas buscándote ropa, no? Una pena que vayas a ocultar tú...

La puerta se abrió y Thomas vio a Daniel, que estaba junto al chico, que, sorprendido, se alejó unos metros del chico y se acercó más al guardia.

—¿Qué cojones haces aquí, Leonardo? —preguntó Thomas muy enfadado, su tono y gesto cambió radicalmente, de amable, a casi demoníaco.

—No..., es que... —Loki, que en verdad se llamaba Leonardo, empezó a tartamudear con miedo.

—Es que nada, vuelve a tu cuarto, y como te vea de nuevo...

—Sí, sí... —Leonardo se giró tras de sí y corrió de vuelta por donde vino, Thomas suspiró y miró a Daniel.

—¿Te hizo algo? —le preguntó el guardia de seguridad con cierta preocupación.

—¿Eh? No... —murmuró Daniel.

—Perdona, ha sido culpa mía, la cerradura de la taquilla a veces no funciona y hay que cambiarla, por eso me demoré, toma, ponte esta ropa.

Thomas le dio un pijama, idéntico al del chico de antes, también le dio un neceser, dentro había un cepillo, pasta dental, gel de baño y demás cosas de higiene.

Daniel sacó de la bolsa de plástico el pijama y se lo puso enseguida, mientras Thomas miraba su móvil.

—Escucha, ya es muy tarde y todos duermen, así que mañana por la mañana busca a Deyanira para que te explique las normas y demás, ¿Vale?

Thomas esperó a que Daniel se pusiese el pijama y le guió por el pasillo opuesto por el que vino Leonardo, el chico de antes, podía ver muchas puertas de lo que parecían cuartos, eran de madera y robustas.

Llegaron hasta la última puerta del pasillo y la abrió, hizo pasar a Daniel, que miraba con dificultad dentro, Thomas encendió la luz y entonces pudo verla bien, el cuarto, con dos camas, dos armarios y dos escritorios, era adornado por una gran ventana con rejas de hierro que daba al exterior.

—¡Esa luz! —la voz de un chico, que dormía en la cama de la derecha, alertó a Daniel, que pudo verlo entreabrir con dificultad los ojos.

—Cállate, Jesús.

—¿No iba a estar solo? —preguntó con temor Daniel.

Thomas se percató de ello e intentó tranquilizarlo.

—Tranquilo, Jesús es como tú, no es un chico como los demás, él tiene también problemas similares, así que no te preocupes, además si te molesta me lo dices.

—Que sí, que sí, pero apaga la luz. —replicó Jesús.

Thomas ignoró a Jesús, que se tapaba la cara con la almohada.

—Esta será tu habitación, no hagas mucho ruido y duerme, si necesitas algo estaré por los pasillos haciendo mi ronda, ¿Vale? —Thomas le miró con una sonrisa y cerró la puerta, dejando a Daniel dentro junto al chico.

Hubo un silencio incómodo, Daniel, de pie, no sabía qué hacer, entonces Jesús sacó la cabeza de debajo de la almohada y miró a Daniel.

Las miradas de ambos chicos se cruzaron, Daniel observó al chico, de pelo corto, piel morena, ojos oscuros, y de cara parecía guapo, estaba, eso sí, muy delgado.

—Me..., me llamo Daniel. —su voz era de cierta inseguridad.

—Bonito nombre..., ahora, ¿Podrías apagar la luz? —dijo Jesús dándose la vuelta para seguir durmiendo, parecía que le daba igual que Daniel estuviese allí.

Acercó su mano y apagó la luz, y, aunque a oscuras apenas se veía nada, la luz de la luna que entraba por la ventana iluminaba el cuarto lo suficiente, bueno, al menos no tenían barrotes en la ventana...

Daniel dejó el neceser en el escritorio y se sentó en la cama, observó el cuerpo de Jesús, que no se movía, estaba de espaldas y parecía dormir, sus ojos ahora miraban por la ventana, unas lágrimas caían por sus mejillas, de impotencia, tristeza...

Comenzó a pensar en Jack, ¿Qué estaría haciendo? ¿Se pondrá muy mal cuando sepa que se lo han llevado? Daniel comenzó a llorar en silencio mientras se tumbaba en la cama para intentar dormir.

—¡No! —la voz de Jesús le alertó.

Daniel, con sorpresa, miró hacia la cama de Jesús, que se incorporó y se sentó en la cama.

—No vayas a llorar, y menos aquí, porque la cagas.

—¿Qué? —preguntó sin entender Daniel.

—Mira, no sé por qué estás aquí, pero si te metieron conmigo no eres un chico conflictivo, por lo que si te ven así, te comen vivo, este sitio está podrido, solo hay gentuza.

Ante esas palabras, Daniel comenzó a sentir miedo.

—Te entiendo, de verdad, hace unas semanas cuando vine aquí, yo tenía también miedo, pero así solo les darás facilidad para llegar a ti, debes mostrarte seguro, a mí en parte me ayuda ser gitano, me respetan más o suelen ir con más cuidado, ¿Pero tú? Blanco, frágil, más bien bajito...

Daniel bajó la mirada.

—Escucha, si eres listo, no se fijarán en ti, simplemente muéstrate seguro, si te preguntan por qué estás aquí, di que fue por pegarle una paliza a tu amigo, por empujar a una anciana al robarle, por cualquier cosa siempre que sea chunga, eso lo respetan más, ¿Sabes? Yo dije que acuchille a mi padre por pegarme, y bueno, se lo piensan dos veces.

—Pero me dijeron que aquí estaría seguro... —dijo Daniel con temor.

—¿Aquí? Bueno, mientras estés en este cuarto, sí, pero..., te mandarán a comer al comedor, a estudiar en las aulas, a ducharte..., etc, por lo que siempre habrá momentos donde puedan molestarte, así que ya sabes, ve seguro y con tono amenazador.

Tras la charla, Jesús se volvió a tumbar en la cama.

—Ahora, mejor duerme, mañana será un largo día.

Daniel pudo notar como la respiración de Jesús cambió y era más profunda, estaba dormido, se tumbó en su cama a intentar coger el sueño, pero era imposible, tenía miedo, quería volver a casa, quería estar con Jack.

Al día siguiente...

Con la mirada perdida, Jack observaba el horizonte del patio, estaba en el recreo, en silencio.

—Esto..., ¿Jack? —la voz de Tommy le hizo regresar a la realidad.

—¿Qué? —Jack miró con duda a Tommy, que junto a Andy y Yeray, comían durante el recreo.

—¿Qué si estás bien...?, digo, desde que supiste que ayer se llevaron a Daniel estas... —volvió a preguntar Tommy.

—Sí, sí..., no te preocupes... —respondió Jack desanimado y cortante.

Ya todos sabían que Daniel estaba en el correccional, que pasó la noche allí, Jack, de solo pensarlo, tensaba sus músculos con furia.

—Oye, tenemos que hablar. —Liam, que apareció por detrás, sujetó a Jack del hombro, éste, con cierto enfado, lo rechazó.

—¿Yo? ¿Contigo? Anda y piérdete.

—No me hables así. —dijo Liam.

—¿Y cómo quieres que te hable? No me gustas nada Liam, y vas tras mi Daniel.

—Sobre él quería hablarte...

—Déjame. —respondió Jack girándose hacia la escuela dándole la espalda.

—¡Espera...! —Liam intentó alcanzar a Jack, pero Tommy, Andy y Yeray se pusieron delante de él impidiéndole el paso.

—Ha dicho que te pires chaval. —dijo Yeray.

—Sí, lárgate y déjanos. —ratificó Tommy, que miraba desafiante a Liam, éste, tras unos segundos aguantando la mirada para luego ver a Jack desaparecer, apartó las manos de los chicos de su pecho y se marchó.

Jack caminó dentro de la escuela y se sentó en el suelo del pasillo, en silencio, no aguantaba el barullo de los chicos del recreo.

Juntó sus manos y las pegó a su cara, pensativo, las apretaba con rabia, tenía ganas de gritar, de llorar, de todo, a lo lejos, pudo ver a un chico con rizos ondulados oscuros, estaba sentado en el borde de la ventana del pasillo junto a dos chicas, miró a los lados, se levantó y caminó hacia él.

—Hola. —la voz de Jack, casi sin fuerza, alertó al chico, que estaba junto a dos chicas hablando, éstas le miraban de arriba a abajo, el chico, alertado, miró a Jack con sorpresa.

—¡Vaya!, hola..., mmm, chicas, hablamos luego. —dijo el chaval, ambas chicas se levantaron de la ventana y se marcharon entre risas, una vez alejadas, el chico miró a Jack, casi podía atravesarlo con la mirada.

—¿Qué tal todo, Louis? —preguntó Jack metiéndose ambas manos en los bolsillos de sus vaqueros ajustados azules.

—¿Qué tal todo? Joder Jack, llevas tiempo sin hablarme, no sé, ¿Cuánto? ¿Tres años? ¿Y solo me preguntas qué tal todo? —Louis, que se incorporó levantándose del marco de la ventana, y se acercó a Jack de manera intimidatoria.

Louis miró a los lados y volvió a posar sus ojos en Jack.

—Escucha, a mí, con quién te acuestes me da igual, pero ambos sabemos que esa ''relación'' está herida de muerte, solo que tu amiguito no lo sabe aún. —dijo Louis.

Jack permanecía en silencio.

—¿Qué? ¿Te jode lo que digo? —Louis miraba a Jack con gesto burlón, la verdad es que el chico intimidaba, y se notaba que había repetido curso mínimo dos veces, poco le faltaba ya para ser mayor de edad.

Jack se acercó a Louis, no sin antes mirar a los lados y comprobar que nadie miraba.

—Te necesito, de nuevo. —dijo Jack.

A su vez, en el correccional...

—Despierta nene. —una voz que no era ubicada por Daniel entraba de manera estridente por sus tímpanos—. ¡Despierta illo!

Daniel levantó la cabeza abriendo los ojos, a su lado, un chico moreno de piel le miraba con la ceja arqueada.

—¿A qué esperas? Son más de las siete, levanta y acompáñame, es hora de desayunar.

Daniel se levantó con cierta dificultad de la cama, parecía que le faltaban fuerzas, miró como Jesús se ponía la ropa y las zapatillas.

—¿No te cambias? —preguntó Jesús a Daniel, que le miró sin entender nada.

Daniel iba a contestar, pero no pudo, su voz desapareció.

Jesús miró al escritorio de Daniel, se acercó hasta él y cogió el neceser, miró dentro y suspiró.

—¿No te dieron nada más que esto? ¿Y tu ropa?

Daniel seguía sin responder, arqueó los hombros sin entender nada.

—Vale, ven conmigo. —Jesús le hizo un gesto y Daniel le siguió detrás.

Ambos chicos caminaron por el pasillo, que empezaba a ser iluminado por las ventanas que daban al exterior lateral del correccional.

Daniel podía comenzar a distinguir diferentes voces de chicos, ese barullo cada vez estaba más cerca hasta que al doblar la esquina del pasillo, Jesús y él se detuvieron ante varios chicos, qué, sorprendidos, callaron enseguida, se quedaron viendo a Daniel.

Dos de ellos le miraron y murmuraron algo con los demás, entonces Daniel vio entre ellos al chico que se encontró ayer al llegar, Leonardo, sus ojos se cruzaron y Daniel, intimidado, bajó la mirada.

—Buenos días. —dijo Jesús, a lo que los demás chicos, que en total eran cinco, respondieron con el típico ''buenos días''.

Jesús suspiró y continuó su camino junto a Daniel, éste último escuchó cómo los chicos murmuraban y le observaban, lo notaba, esa sensación incómoda volvía a él.

Ambos llegaron a una gran sala donde dos mujeres de mediana edad hablaban.

—Maestra, traigo al nuevo, creo que no tiene uniforme ni nada, lo trajeron muy tarde.

Ambas mujeres se giraron, la más mayor, rubia con coleta, fumaba un cigarro que apagó enseguida y se acercó a ambos chicos.

—Gracias Jesús, baja a desayunar, ya nos encargamos nosotras. —dijo la mujer, que parecía bastante autoritaria.

—Suerte, chico. —dijo Jesús con un tono amable y dando un toque en la espalda de Daniel, para después desaparecer por la puerta.

La otra mujer, de cabello oscuro y suelto, se acercó a un mueble de acero y sacó un uniforme escolar como el que llevaba Jesús.

—Creo que esta talla le valdrá. —dijo la mujer de cabello oscuro.

—¿Qué talla usas zagal? —preguntó la mujer rubia, pero Daniel no contestó—. ¿No dices nada?

La mujer miró a su compañera y ambas tuvieron un gesto de complicidad, prefirieron no insistir.

—Mira, vas a pasar una temporada aquí, así que será mejor que cooperes, mira, yo me llamo Lucía, y mi compañera se llama Belén. —dijo la profesora rubia, desde ahora, Lucía.

Belén, la mujer de cabello oscuro se acercó a Daniel y le dio un uniforme que estaba metido en una bolsa transparente.

—Escucha, las normas son sencillas, —Lucía se acercó a la mesa y sacó un papel—. A las siete y cuarto es el desayuno, a las ocho empiezan las clases hasta las dos, a las dos y cuarto será cuando almuerces, de tres a seis puedes visitar el patio, el aula de recreo, la biblioteca, o la sala de juegos, a las seis y cuarto será la merienda y a las ocho y cuarto la cena, a las nueve la ducha diaria, a partir de las diez nadie puede salir de su cuarto.

Daniel escuchaba atentamente e intentaba procesar toda la información.

La mujer posó el papel encima del uniforme y volvió a su escritorio, se sentó y miró a Daniel.

—¿Lo has entendido? —preguntó Lucía, Daniel afirmó con la cabeza enseguida—. Bien, pues cámbiate y baja a desayunar, Jesús te irá guiando estos días, si tienes alguna duda, pregúntale a él.

Daniel se giró y entonces chocó con un chico, ambos golpearon las frentes de sus cabezas ligeramente.

—¡Auch! —el chico retrocedió unos pasos y miró a Daniel, nunca se habían visto, el chico, rubito y de ojos azulados, se rascó la frente, era de piel blanca y un poco más bajito que Daniel, su cara estaba salpicada por pecas, se quedó observándole, estaba claro que no esperaba tampoco encontrarse a un chico nuevo.

—Connor, ¿Qué haces aquí? Deberías estar desayunando. —le recriminó Belén al chico, de nombre, Connor.

Connor, tras unos segundos, miró a Belén sin apartarse de la puerta y, por tanto, sin dejar pasar a Daniel.

—Pero profe, ¡El negro se sigue metiendo conmigo! —el tono de Connor era de enfado.

—No le digas negro. —le recriminó Belén.

—Si es negro... —murmuró Connor sonriendo maliciosamente.

—No, Connor, tiene un nombre, ¡Y si se mete contigo es quizás porque tú te comportas de forma racista! —Belén se acercó con enfado y apartó a Daniel para mirar a Connor de manera intimidatoria—. Ya te lo dije ayer, si vuelvo a escuchar que le llamas así, vas a limpiar los baños todo lo que queda de semana, ¿Me entendiste?

—Sí... —murmuró Connor.

—¿Qué dijiste?

—Que sí, profe, no lo llamaré así más. —contestó Connor de mala manera.

—Muy bien. —dijo Belén, que suspiró y miró a Daniel, que era un mero espectador más—. Y ahora acompaña a Daniel al comedor para que desayune, va, largo.

Belén, con ambas manos, echó a los dos chicos y cerró la puerta.

Daniel, en silencio, miró a Connor, el cual no le quitaba la vista de encima.

—¿Con qué nuevo eh? ¿Qué edad tienes? —preguntó Connor.

Pero Daniel no respondió.

Connor frunció el ceño y sujetó del brazo a Daniel.

—Vente, el comedor está por aquí.

Connor guiaba a Daniel hasta el supuesto comedor, pero ambos llegaron a lo que parecían unos vestuarios, entraron y Connor le soltó.

—Ponte el uniforme, Alicia no te dejará entrar así al comedor, hay normas. —Connor le dejó cerca de un banco que había en medio de unas taquillas y entró en uno de los cubículos del baño, que estaba dentro de los propios vestuarios, muy blancos e higiénicos.

Al rato escuchó como Connor orinaba, el ruido era evidente, Daniel aprovechó para sacar corriendo el uniforme y quitarse el pijama, el uniforme le quedaba un poco grande, de hecho, las mangas de la camiseta, de color azul oscuro, las tenía que remangar, y el pantalón, largo y de color beige, se le bajaba constantemente.

Escuchó la cisterna y Connor salió del baño, se acercó a los lavabos y comenzó a lavarse las manos mientras miraba por el espejo a Daniel.

—¿Y bien? ¿No hablas o qué? —preguntó Connor, que estaba a cierta distancia enjabonando sus manos.

Daniel no respondió, en ese instante se escucharon unos pasos y apareció un chico, más alto que ellos, entró y vio a Daniel, el cual, alertado, se alejó unos pasos.

—¿Y este? —preguntó el chico, que parecía unos dos años mayor que Daniel—. ¿Es el nuevo no?

El chico se acercó a Daniel de manera intimidatoria, le miraba de forma lasciva, se puso a escasos centímetros de él y con su mano intentó tocar el pómulo de Daniel.

—¿Y esto? ¿Eres un rebelde o qué? —el chico sonrió y en ese momento Connor le dio un empujón apartándole de Daniel.

—Ey, no lo toques, gilipollas. —dijo Connor con un tono amenazador.

—¿Pero qué haces? —preguntó el chico, que le miró con rabia.

—Es nuevo, y está ahora a mi cargo, así que largo, fus fus. —Connor, con sus manos, hizo un gesto para que se marchara por donde vino.

El chico miró a Daniel de arriba a abajo y sonrió con impotencia, luego escupió en el suelo y se largó, a Daniel se le aceleró el pulso, estaba aterrado, quería marcharse de allí.

—Ignora a ese idiota. —dijo Connor.

Daniel suspiró y comenzó a andar hacia la salida, pero Connor posó su mano derecha en el pecho de Daniel deteniéndolo, éste, confuso, lo miró.

—¿No me lo agradeces? —preguntó Connor bajando las cejas, su actitud cambió de repente, Daniel tragó saliva y miró al suelo sin saber qué decir.

El goteo del agua que caía del lavabo era lo único que se escuchaba ahora en los vestuarios, Connor se acercó más a Daniel y ambos cruzaron sus miradas.

—¿Eres mudo? —preguntó Connor, pero Daniel no dijo nada, ni afirmó ni negó—. Eres un chico muy raro, ¿Sabes?

Connor alargó sus dedos y los posó en el pómulo de Daniel, tocando el pequeño, pero aún presente moratón de su ojo, Daniel, sin saber qué hacer o decir, simplemente miraba los ojos de Connor, azules claritos, parecía que se perdía en ellos, como si del océano se tratase.

Ambos, en silencio, no decían nada, Connor bajó sus dedos con lentitud por la mejilla izquierda de Daniel, que solo se dejaba hacer, los dos chicos comenzaron a aumentar sus respiraciones, Connor bajó más sus dedos hasta llegar al cuello, hizo una pequeña presión y lo comenzó a acercar hasta él.

Daniel podía sentir el aire de la respiración de Connor rozando su rostro, Connor en todo momento no apartaba sus ojos de los de Daniel, que aguantó la mirada todo el tiempo, estaba claro que Connor lo ponía a prueba.

Se escucharon pasos y Connor soltó a Daniel con velocidad, a los segundos los pasos se alejaron.

—Va, es hora de bajar a desayunar, que pronto comienzan las clases. —Connor, de nuevo, cambió su actitud, otra vez era relajada y amistosa.

Daniel caminó detrás de Connor, que aligeró el paso y ambos tras bajar por las escaleras escucharon un barullo cada vez más próximo.

Entraron al comedor, era muy grande y espacioso, las mesas, de madera maciza, eran alargadas y a cada lado había cuatro asientos, formando así una mesa para ocho personas.

Al entrar, varios se callaron mirando a Daniel, hasta que a los segundos todo el comedor se dedicó a observarle, escudriñando cada centímetro de su cuerpo, analizándolo.

Por lo menos eran unos treinta chavales, todos chicos, y de edades similares, quizás alguno más mayor o más pequeño.

Connor caminó hasta donde había una cocinera y cogió una bandeja, después la cocinera le puso unas tostadas y lo que parecía tomate rayado y un vaso de leche, tras esto Connor se sentó al lado de otros chicos.

Daniel, nervioso y con cierto titubeo recordó las palabras de Jesús, debía mostrarse seguro y firme, respiró hondo y se acercó a la cocinera, cogió una bandeja de metal, de color gris y la extendió para que la cocinera pudiese ponerle el desayuno.

—¿Tú eres nuevo no? Yo soy Alicia, espero que no alteres mi comedor. —tras esto, Alicia le puso lo mismo que a Connor, dos tostadas, tomate rayado a un lado, un vaso de leche y un sobre de azúcar.

Daniel se giró y comprobó que los chicos del comedor retomaron su desayuno y el barullo se hizo presente de nuevo, ya no le miraban.

Sin saber dónde sentarse, echó un ligero vistazo y comprobó que había una mesa vacía, se acercó hasta ella y se sentó en la silla, de vez en cuando miraba a los chicos con disimulo, pero no le hacían caso.

Respiró ahora más tranquilo y echó el tomate en ambas tostadas, después, abrió el sobre de colacao y lo echó en la leche, cogió la cucharilla y movió la leche para que el colacao se mezclase bien.

Mordió una de las tostadas y entonces sintió como alguien se sentaba a su lado, giró su cabeza a la izquierda y vio a Leonardo, el chico que anoche se encontró.

—¡Hola! —dijo sonriente—. ¿Te importa si me siento?

Daniel negó con la cabeza.

—Genial, bienvenido a 'Hogwarts'. —dijo sarcásticamente entre risas—. Sé que ser nuevo no es algo bonito, pero todos lo fuimos alguna vez...

Daniel, escuchando lo que Leonardo le decía, siguió comiéndose su tostada.

Leonardo se acercó a Daniel, y le murmuró al oído.

—Bonitos calzoncillos los de anoche.

Daniel se puso rojo y Leonardo comenzó a reírse.

En ese momento entró por la puerta Jesús, que con la mirada buscó a Daniel y tras ubicarlo se acercó hasta él.

—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Jesús a Leonardo conforme se acercaba, se sentó en la misma mesa, frente a Daniel—. Largo, friki.

—Oye, que la mesa no es tuya. —replicó Leonardo.

—¡Que te dije que te vayas, subnormal! —Jesús alzó el tono de su voz y varios miraron lo que pasaba.

—¡No soy un friki! —dijo Leonardo.

—Claro que no..., ''Loki'', va, coge tu 'martillo' y vete con 'Thor' a tomar por culo.

—No es un martillo, es un 'cetro', ¡Paleto! —Leonardo se levantó con enfado y se fue a la mesa donde estaba Connor, en ese instante Daniel se dio cuenta de que Connor no le apartaba la vista.

—Ignora a ese imbécil, es muy infantil, ahora vengo. —Jesús se levantó y cogió una bandeja para desayunar.

Mientras, Daniel podía sentir la mirada penetrante de Connor, que no apartaba la vista de él, no se atrevía a levantar la cabeza, lo cierto es que Connor, a pesar de parecer más joven, intimidaba bastante.

Jesús se acercó y se sentó de nuevo frente a Daniel.

—Bueno, ¿Ya estás mejor? Porque anoche no te vi muy animado. —Jesús se percató de que Daniel estaba raro y miraba de reojo a su izquierda.

Entonces Jesús giró su cabeza para ver a dónde miraba Daniel, pero ningún chico los miraba, Connor ahora hablaba con Leonardo entre risas.

Daniel siguió comiendo y Jesús volvió su mirada a él.

—¿Estás bien? ¿Pasó algo? —preguntó Jesús, ante lo que Daniel negó con la cabeza—. Bueno, cuando desayunemos, tendrás que lavarte los dientes y me acompañas al aula de estudio, allí nos dan clases toda la mañana, es súper aburrido, pero cuando almorcemos podremos ir al patio, ¿Te gusta el fútbol?

Daniel afirmó con la cabeza.

—Genial. —Jesús miró a los lados y con sus ojos hizo un gesto para que Daniel se fijase en un chico—. ¿Ves ese de ahí? Es Zuri, no es tan mala gente como el resto, puedes confiar en él, pero nunca te fíes del todo.

Jesús señaló a un chico de raza negra, su piel era muy oscura, más alto que Daniel y ojos oscuros, hablaba con otro chico, blanco, pelo oscuro de media melena, ojos marrones y de la misma altura que Daniel, el cual también señaló Jesús para proseguir.

—Y el que está a su lado es Gabriel, tampoco es trigo limpio, pero entre la basura que hay aquí, esos dos son los menos peligrosos, del resto, mejor aléjate.

—¿Y aquel? —Daniel señaló a Connor disimuladamente.

Jesús le miró y tragó saliva.

—No te acerques a él, a diferencia del resto, él tiene sangre en sus manos, pero es inimputable, por eso está aquí, además, tiene un desorden mental severo, no sé qué le pasa a su cabeza, pero está loco.

Tras terminar de desayunar, ambos se levantaron y fueron a lavarse los dientes a los vestuarios, Daniel estaba un poco desanimado, no llevaba ni veinticuatro horas ahí y ya quería marcharse, echaba de menos su casa..., a su mamá..., a Jack..., ¿Qué estaría haciendo Jack?

Mientras tanto..., en la escuela...

Louis se alejó hasta los baños junto a Jack, entraron y cerraron la puerta.

—¿Entonces qué? ¿Me ayudarás? —preguntó Jack.

—¿A qué viene esto de repente tío? Te recuerdo que la última vez no me pagaste, y dijiste que me compensarías. —Louis sacó una bolsita de lo que parecían pastillas.

—Lo necesito, te lo pagaré. —dijo Jack.

—Eso dijiste hace unos años, y ni me pagaste ni seguiste comprándome.

—Tío, me lo debes, si no fuese por mí, mi tío ya te habría pillado. —le recriminó Jack a Louis.

Louis miró a Jack, suspiró y sacó de la bolsita transparente tres pastillas de lo que parecía Valium.

—No me jodas, ¿Tres?

—Tío, son difíciles de conseguir, sin receta médica no las consigues, y no sé si me pagarás de nuevo, las tomas o las dejas.

Jack, con enfado, cogió las pastillas.

—Mañana quiero el dinero. —advirtió Louis.

—Que sí, que sí..., déjame solo. —dijo Jack.

—Tío, entiendo que tengas ansiedad e insomnio de nuevo, primero lo de tu familia, ahora esto, pero...

—Louis, déjame solo...

Louis echó una mirada a Jack mientras guardaba la bolsita en su bolsillo y se marchó dejándolo solo.

Jack se miró al espejo, se observó unos segundos con cierta cara de rabia y encendió el grifo del lavabo, se mojó la cara y se volvió a mirar, con los ojos lagrimosos a punto de llorar, llevó la mano donde tenía las pastillas a su boca.

( Continuará... )

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Creado (2020), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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ISBN Code: 9789403630045

PD: Esta historia no contiene nada de sexo explícito, es una historia de amor que escribí hace unos años, quería compartirla por aquí, contiene drama, violencia, inocencia, misterio..., ojalá que os guste.

La historia constará de 10 capítulos, de larga duración, ya sabéis que vuestras opiniones, críticas y consejos son bienvenidos!