jueves, 22 de octubre de 2020

El secreto de Jack — Capítulo 8: Placer y éxtasis

 El secreto de Jack 8 - Placer y éxtasis

Daniel está sometido por Liam, que logra dominarlo por momentos, pero el secreto de Jack es desvelado, por fin, Daniel descubre toda la verdad...

—Parad, ¿Por qué no podéis llevaros bien? —Daniel tenía los ojos vidriosos.

Liam le miró y se alejó de Kenny, éste, solo los observaba, los demás chicos, expectantes, miraban sin saber qué decir o hacer.

—Yo solo quería hablar contigo, nada más. —Liam se acercó a Daniel e intentó abrazarle, pero éste lo evitó.

—Necesito volver a casa, no me encuentro bien... —dijo Daniel

—Está bien, te llevo yo. —Liam le cogió de la mano y ante la mirada de los demás se marcharon.

—No me gusta ver a Liam con Daniel, le hará sufrir. —Kenny volvió a la piscina, serio.

—Tú mismo dijiste que ya es mayor para tomar sus propias decisiones, ¿No? —Yeray salió de la piscina y se secó con la toalla.

—Sí, pero Liam... —Kenny echó un último vistazo a la puerta por donde salieron, con rostro de preocupación—. Solo espero que tenga cuidado.

Liam acompañaba a Daniel, que permanecía en silencio sin decir nada, pero sus ojos estaban tristes y rojos.

—¿Qué te pasa? ¿Es por mí? —preguntó Liam.

—¿Qué? No..., no es por ti...

—¿Entonces? —Liam se acercó más a Daniel.

—Cuando estuve en casa de Jack..., yo..., yo vi su tatuaje, el mismo que tenía el verdadero Jack, era idéntico... —Daniel miró a Liam, que lo miraba extrañado.

—¿Cómo va a ser eso posible?

—Ya..., lo sé, solo desvarío, cada vez que me acerco a Jack, empiezo a ver o sentir cosas extrañas, es como si me volviera loco, quizás es imaginación mía, pero es tan real..., lo cierto es que..., no me vas a creer, pero hay veces que su olor..., es el mismo que el de Jack..., ¿Crees que me estoy volviendo loco?

—No, claro que no, nunca pienses así, yo sí te creo.

—¿De verdad? —Daniel le miró ilusionado.

—Claro.

—¿No piensas que sean desvaríos de mi mente? —Daniel le miraba esperando una respuesta negativa.

—¡Claro que no! Si dices que lo has visto, es que lo tiene, no pienso que sean imaginaciones tuyas, además, yo he notado que Jack oculta algo. —Liam se puso serio.

—¿Tú crees?

—Sí, estoy convencido, yo le he vigilado mucho en la escuela, porque sé que va tras de ti, lo noto, y a veces su comportamiento es extraño, no sé como explicarlo, pero tengo esa sensación desde el primer día.

—¿Qué piensas que oculta? —preguntó Daniel.

—No lo sé, pero lo vamos a averiguar...

Los chicos volvieron a sus respectivas casas y Daniel se conectó al ordenador, necesitaba contarle todo lo sucedido a Ryan, que alucinaba con todo, Ryan en parte dudaba de Daniel, al que más de una vez le dijo que debería tener cuidado, que antes de hablar consiguiera pruebas, que demostrara que no eran desvaríos suyos.

Pasaron los días y llegó el lunes, Daniel tenía un plan, Jack nunca se duchaba en la escuela, por lo que ver la espalda de Jack sería difícil, debía buscar algún modo, alguna forma, para sacarle una foto, si sus amigos lo ven, le creerán.

Pero al llegar a su pupitre y comenzar las clases vio que Jack no había venido, Daniel tuvo un mal presentimiento. El profesor explicaba en la clase cuando llamaron a la puerta del aula.

—Disculpe, ¿Puede salir Daniel un momento? Le llama el director. —dijo uno de los profesores de guardia.

—Sí claro, Daniel, sal.

Daniel, extrañado, se levantó, Yeray, Andy y Tommy le miraban también, incluso Liam, era extraño que llamara el director a Daniel, ¿Para qué sería? Era la primera vez en tres años desde que llegó.

—Adelante. —la voz del director hizo pasar a Daniel a su despacho, al entrar, en una de las dos sillas estaba sentado Roland, el tío de Jack, el que falleció—. Os dejo a solas.

El director se levantó y se marchó cerrando la puerta, Daniel no entendía nada, Roland se levantó y miró muy serio a Daniel.

—¿Qué pasa? —Daniel se sentía incómodo—. ¿Ha pasado algo con mi madre?

—No, no le ha pasado nada, debo hablar contigo. —Roland se quitó el sombrero y lo dejó en la mesa del director.

Daniel miraba sin entender nada.

—Ven, siéntate.

Daniel se acercó y se sentó en la silla, Roland hizo lo mismo en la otra.

—Escucha atentamente, ¿De acuerdo? —Roland respiró hondo—. La familia de Jack llamó al director, se quejaron de que su hijo el viernes estaba en un estado de nervios, por culpa tuya.

Daniel empezó a ponerse nervioso.

—¿Qué? —masculló Daniel.

—Escúchame Daniel, Jack te dejó ese día, después del ataque, Daniel, por favor, deja de decirle a ese chico que es Jack, porque le haces daño.

Daniel comenzó a llorar.

—Daniel, por favor, me duele verte así..., yo...

—No..., tú no lo entiendes, sé que ese es Jack, lo sé, los siento dentro de mí...

—No Daniel, tú quieres que ése sea Jack, y te comprendo, de verdad, pero si sigues así, lo lastimarás, ese chico en el pasado tuvo problemas..., ehh.., mentales, ¿Comprendes?

Daniel no decía nada, solo le limpiaba las lágrimas.

—¡Sé que ése es Jack!

—Daniel, joder, ¡lo vas a estropear todo!

Hubo un silencio incómodo, Roland se puso en pie, mirando por la ventana del despacho.

—¿Estropear? ¿El qué?

—Escucha, ese chico lo pasó muy mal en su antigua escuela, incluso estuvo ingresado y precisó ayuda psicológica, rehabilitación y demás, por eso se mudaron aquí..., para tener más tranquilidad..., y tú lo estás estropeando todo, todo por lo que se ha luchado se está yendo al garete. —Roland se detuvo.

Daniel se limpió de nuevo las lágrimas.

—Tiene el mismo tatuaje, yo lo vi. —Daniel sonaba convencido.

Roland se acercó con enfado al escritorio del director y cogió el sombrero de la mesa.

—Muy bien, no quería llegar a esto, pero me has obligado... —el tono de Roland sonaba con mucha fuerza—. Vas a dejar en paz a Jack, no quiero que te acerques a él, vas a dejar de decir a tus amigos que ése es Jack, los estás ilusionando o incluso quedando como un desquiciado, no quiero que vuelvas a hablar con él, si te veo cerca o me entero de que lo acechas..., no me quedará más remedio que expulsarte indefinidamente del instituto, perderás el año escolar entero y repetirás curso.

—¿Me estás amenazando?

—¡¡Sí!!, Daniel, joder, ¿Es que no lo entiendes? ¡Lo vas a estropear todo! —Roland le gritó por primera vez.

Daniel se quedó callado.

—Daniel, escúchame, por favor, hazme caso, deja a Jack en paz ¿De acuerdo?

Daniel seguía callado.

—Daniel, no me hagas enfadar, no quieras verme así, te repito la pregunta, ¿Dejarás a Jack en paz?

Daniel afirmó con la cabeza, pero por dentro negaba.

—Bien, ¿Me prometes que no hablarás nunca más ni te acercarás a Jack?

Daniel miró a Roland con rabia, éste esperaba su respuesta.

—Sí, lo prometo... —pero Daniel cruzó los dedos sin que Roland lo viera, no, no iba a mantener esa promesa, él sabía que ése era su Jack y lucharía por demostrarlo, aunque acabase expulsado.

—Bien..., esto me alivia, es lo mejor, Daniel, hazme caso, te alegrarás más adelante, no solo lo hago por ti, créeme, es lo mejor. —Roland se puso su sombrero y después de poner su mano en el hombro de Daniel salió por la puerta, el director entró en su despacho, Daniel estaba ido.

—Bien, Daniel, espero que tus desvaríos cesen y puedas centrarte en tus estudios, que ibas muy bien, vamos, puedes volver a clase.

Daniel se levantó y como si no tuviese vida comenzó a caminar de vuelta a clase, cuando pasaba cerca de los baños una mano lo sujetó y atrajo dentro.

—¿Qué haces? —Daniel miró a quién lo sujetó, era Liam.

—Pedí ir al baño, ¿Qué hace aquí el ayudante del Sheriff?

Daniel no dijo nada.

—¿Qué pasa? ¿Le pasó algo a tu madre?

—No...

—¿Entonces? —Liam parecía nervioso.

—Está bien, te lo diré, pero no se lo cuentes a nadie.

Liam afirmó con la cabeza.

—Es el tío de Jack, el que murió...

—Lo sé, ¿Pero qué hace aquí?

—Bueno..., él dice que lo llamaron los familiares de Jack quejándose, le pidieron mi expulsión del instituto.

—¿No jodas? ¿Te van a expulsar? —Liam se preocupó.

—No, Roland los convenció, pero me pidió que me aleje de Jack, que no hable nunca más con él y que deje de decir que ese es el Jack que murió, o me expulsarán el resto del año. —Daniel sonaba cabizbajo.

—Joder, ¿Pero por qué?

—Te lo acabo de decir, porque no quieren que...

—No. —cortó Liam a Daniel—. Me refiero a, ¿Por qué tan extremo todo?

Daniel se quedó pensativo.

—No entiendo... —dijo Daniel confuso.

—¿No lo ves todo muy raro? Ocultan algo... —Liam comenzó a andar dando vueltas en el baño, pensando, Daniel lo miraba extrañado.

—Yo..., no sé, Roland dice que Jack tuvo muchos problemas en el pasado, y que incluso necesitó ayuda, y que ahora yo le estoy jodiendo...

—Todo esto es muy raro... —Liam no estaba convencido.

—¿El qué? Explícate. —Daniel ya estaba impacientándose.

—Todo, todo es muy raro Daniel, Jack oculta algo, hay un secreto que intentan escondernos...

—No, Liam, Roland tiene razón, piénsalo, ¿Han resucitado a Jack? ¿Lo han clonado? Esto es la vida real, no una película, esas cosas no suceden, todo está en mi mente, solo desvarío, necesito pasar página o me volveré más loco de lo que ya estoy...

—No tiene porqué ser nada de eso, ¿Y si nunca murió? —Liam llamó la atención de Daniel, que lo miró con los ojos abiertos.

—¿Qué? ¿Cómo qué nunca murió? —Daniel comenzó a respirar agitado.

—Escucha, ¿Tu lo viste morir? —Liam observó a Daniel esperando respuesta ansioso.

Daniel se quedó callado.

—Sí, vi cómo se lo llevaban en camilla, además, este Jack vive en otra casa y tiene otro hermano, ¿qué?, ¿es una familia de pega?

—No, tú me dijiste que viste como se lo llevaban, pero, ¿Le viste morir?

—No respiraba, mi madre le tomó el pulso y...

—Quizás eso pensó, tu madre estaría alterada, incluso una doctora puede tomar el pulso mal si está en estado de shock..., piénsalo, quizás sí respiraba, nunca murió.

—No, Liam, basta, este Jack tiene padres, incluso un hermano, ¿De dónde los han sacado? ¿Y por qué? ¡¡No tiene sentido!! —Daniel cada vez se alteraba más, se intentaba autoconvencer.

—Vale, acepto que éso es lo que impide pensar que ése es Jack, pero..., ¿viste a sus padres?

—No...

—Vale, y en clase se apellida diferente, recapitulemos, según me contaste, vive en otra casa, nunca has visto a sus padres...

—Tiene un hermano...

—Sí, japonés..., lo dicho, es raro.

La campana tocó y Daniel salió de los baños con enfado, Liam quería seguir hablando con él, pero éste le esquivaba siempre.

''Necesito olvidarme de este tema, pasar página, es lo mejor''

Al salir de clases Daniel caminaba de vuelta a su casa, cabizbajo, Yeray se acercó y se puso a su lado.

—Hola Daniel, ¿Estás bien? ¿Qué quería el director?

Daniel le miró, Yeray parecía preocupado, aunque también se dio cuenta de que estaba distinto.

—No era nada importante, todo está bien, no te preocupes.

—¿Quieres venir a mi casa? —Yeray le miró sonriente.

Daniel dudó, pero afirmó con la cabeza, esa tarde iría a casa de Yeray, mientras tanto, antes debía hacer algo crucial, al llegar a su casa, Daniel cogió la nota que Yeray había escrito, en la que Jack se despedía desde el más allá, Daniel siempre supo que esa nota era de Yeray, pero se negaba a sí mismo que lo fuese, la miró, con los ojos rojos, y con todo su dolor la rompió.

Después fue al armario, se subió a la silla y cogió la carpeta con los dibujos de Jack, en esa carpeta estaba todo lo que tenía de Jack.

Daniel se echó en la cama, pensando, en todo lo que había vivido estos años, desde que llegó al pueblo.

En cómo entró tembloroso a la clase, en cómo la profesora le hizo sentarse con Jack, su mirada, su sonrisa, aún recordaba el pequeño bloc que Jack le regaló, aún lo tenía, no quería gastarlo y lo guardó.

Jack era tan bueno..., a pesar de todo lo malo que le pasó en la vida, siempre sonreía, le echaba de menos, pero era hora de pasar página, de olvidarle, de tenerlo siempre como un recuerdo, un recuerdo de lo feliz que fue con él.

Daniel se durmió hasta que sonó la alarma de su móvil, ya era la hora, se terminó de poner las zapatillas y fue a casa de Yeray, por el camino se cruzó a Kenny.

—Hola, Daniel. —Kenny parecía distante.

—Hola..., siento lo de la piscina... —Daniel estaba demasiado cabizbajo, empezaba a asimilar realmente la marcha de Jack.

—No te preocupes, me alegra que al menos estés superando lo de Jack con Liam, te vendrá en parte bien, aunque sea con él... —sus palabras sonaban en parte con enfado.

—Bueno, tengo que irme.

—¿Vas a casa de Yeray? —preguntó Kenny.

—Sí...

—Ya..., Daniel, intenta ser bueno con Yeray, pasó una racha muy mala, pero está superándote, intenta olvidarte.

—Me invitó él. —Daniel caminó hasta la puerta de Yeray y llamó, Kenny le observó durante un rato y se marchó.

—¡¡Hola!! ¡¡Cuánto tiempo!! —el padre abrió la puerta y dejó pasar a Daniel—. Los chicos están arriba.

''¿Los chicos?''

Daniel, dudoso, entró y subió las escaleras, aún pensando en lo que dijo el padre de Yeray, pensaba que estarían solos, Daniel se acercó a la puerta y escuchó voces, en silencio, se acercó con lentitud.

—Sí, si te das cuenta debes poner la equis aquí. —la voz de Yeray, hablaba con alguien.

—Ahhh, ya entiendo..., creeeo, ¿Pero vos cómo lo sabés? —la otra voz, era de otro chico, con acento argentino.

Daniel llamó a la puerta y la abrió.

—Hola... —Daniel observó a ambos chicos, estaban sentados en el escritorio de Yeray, el otro chico era rubio, como Yeray, pero de pelo más liso, sus ojos eran también azules, miró a Daniel y le sonrió.

—¡Hola Daniel! Mira, éste es Benjamín, un amigo, es de la clase de al lado, es que me pidió ayuda con unas materias y sé que a ti se te da genial.

—Hola..., pero podés llamarme Benji. —el otro chico, Benji, saludó a Daniel con timidez.

—¿No te importa ayudarlo no? —Yeray miró dudoso a Daniel.

—No, claro, no me importa, yo le ayudo. —Daniel se acercó a la mesa y se puso cerca, dispuesto a ayudar al chico argentino, pudo darse cuenta de cómo Yeray no dejaba de mirar a Benji, el argentino ni cuenta se daba, Daniel se sintió incómodo.

Los tres chicos hacían los deberes en casa de Yeray.

—Bueno, y así es como quedaría esta parte resuelta. —dijo Daniel, Benji le escuchaba atentamente.

—Vaya, gracias Daniel. —Benji escribió en su libreta el ejercicio resuelto.

Yeray se tumbó en la cama, pegando su espalda a la pared, mirando a Daniel, éste le devolvió la mirada, ambos chicos no dejaban de mirarse, sin que Benji se diese cuenta.

—Bueno, yo ya me tengo que ir a casa, gracias por la ayuda, amigos. —Benji metía sus cosas en la mochila.

Cuando terminó de recoger y con la mochila a su espalda, fue acompañado por Yeray, que lo despidió abajo.

Daniel, mientras miraba por la ventana, no pudo evitar fijarse en un dibujo, estaba medio escondido debajo de los libros de la estantería, pero le llamó la atención, Daniel sacó el dibujo con cuidado y lo miró, en él aparecían dos chicos, parecían Yeray y Benji, Daniel empezó a sentirse mal. ¿Celos?

''¿Por qué? ¿Por qué de repente me siento mal?''

Yeray subió a su cuarto y al entrar vio a Daniel con el dibujo, cerró la puerta y se quedó viéndole.

—Ya se fue. —dijo Yeray.

—¿Sois..., novios? —Daniel dejó el dibujo donde estaba.

—No, claro que no... —Yeray se acercó y se sentó en la cama.

—¿Y el dibujo? —Daniel se acercó a Yeray, sentándose a su lado, sus manos se rozaban.

—Bueno..., lo hizo él... —Yeray se sonrojó.

—¿Le gustas?

—No lo sé..., puede.

Hubo un silencio.

—Bueno..., ¿Y él a ti? ¿Te gusta? —Daniel miró a Yeray, que se puso rojo.

—Sí, me gusta mucho, pero yo aún siento cosas por ti. —Yeray se acercó veloz y posó sus labios en los de Daniel, éste se dejó besar, Yeray acercó su mano a la camiseta de Daniel, la fue subiendo por dentro de la misma, tocando su piel.

—No..., espera... —Daniel cogió la mano de Yeray y se separó un poco, dejando de besarle.

—¿Qué pasa? —Yeray le miró decepcionado.

—No..., no está bien esto.

—¿Por qué no? Yo te gusto, y tú me gustas, ¿Por qué no lo intentamos? —Yeray volvió a meter la mano dentro de la camiseta de Daniel, rozando su piel con los dedos, Daniel miraba los ojos de Yeray, el cual se acercó de nuevo a besarle.

Daniel se levantó y le dio la espalda, Yeray se quedó en silencio.

—No puedo corresponderte, lo siento, Yeray, tú me gustas mucho, eres guapo, y de verdad que no me importaría estar contigo, en serio, pero solo siento amistad, yo..., lo siento...

Yeray se levantó y se puso detrás de Daniel, notaba su respiración cerca.

—No me importa, aunque no sientas lo mismo que yo, podemos intentarlo, poco a poco podré enamorarte, lo sé, déjame intentarlo, por favor...

Daniel permaneció callado, Yeray le dio la vuelta, sus ojos de nuevo se cruzaron, Yeray se acercó y volvió a besar a Daniel, notaba sus labios, calientes, pero Daniel no se movía, Yeray lo intentaba, pero era inútil, se separó con pesar.

—Lo siento... —Daniel bajó la mirada.

—Vale, lo entiendo, debía intentarlo, ¿No? —Yeray se sentó en la cama decepcionado.

—Yeray, no estés así, por favor... —Daniel se arrodilló y le miró a los ojos.

—Daniel, ¿Podemos al menos dormir esta noche juntos? —Yeray le miraba con unos ojos brillosos de lujuria, Daniel no decía nada.

—No sé...

—Por favor, quiero dormir como la noche que pasamos juntos en Alaska, quiero dormir abrazándote, concédeme ése deseo, como una despedida.

Daniel permaneció callado.

—Te prometo que no intentaré nada más contigo, intentaré olvidarte, verte como amigo, aunque me duela, de verdad, mira, antes sí me hacía daño tu rechazo, pero ya no..., lo he asimilado.

Daniel le miraba con tristeza, esas palabras le dolían, sabía que Yeray sufría.

—Está bien... —dijo Daniel.

Yeray sonrió y se levantó corriendo, salió del cuarto, Daniel escuchaba como decía que se iba a dormir a sus padres, volvió y cerró la puerta, después la atrancó con la silla, se quitó las zapatillas y se recostó en la cama.

—Venga, vamos a dormir.

—¿No cenas? —Daniel comenzó a quitarse las zapatillas.

—No tengo hambre, pero sí sueño. —Yeray parecía feliz.

Daniel terminó de quitarse las zapatillas y se metió en la cama, Yeray se acercó a él y lo abrazó por la espalda. Notaba la mano izquierda de su amigo rodear su cuerpo y la respiración en su nuca.

—Gracias, Daniel, soy feliz. —Yeray le besó en el cuello.

Daniel notó un escalofrío, pero se sentía cómodo por tener a Yeray abrazándolo, hacía mucho que no dormían juntos, y así, mirando por la ventana la oscura noche, los dos chicos se durmieron.

—Dani, despierta. —la voz de Yeray despertó a Daniel, que le miró y comprobó que estaba en bóxer.

—¿Eh? —Daniel le miró confuso.

—Toma, aquí tienes ropa mía, puedes ducharte aquí y cambiarte si quieres.

Daniel miraba el cuerpo de Yeray, lo cierto es que estaba bastante bien y algo definido, ¿desde cuándo?

''No, ¿En qué estoy pensando? Somos amigos, amigos y nada más''.

Yeray se subió el pantalón y se puso la camiseta.

—Bueno, yo bajo a desayunar, tú cámbiate y eso, te espero abajo.

—Espera, pero tus padres sabrán que dormí aquí... —Daniel parecía incómodo.

—No te preocupes, no es la primera vez, ¿No? Somos amigos. —Yeray le sonrió y dejó a solas a Daniel

Tras cambiarse y bajar a desayunar, pasaron por su casa a recoger la mochila, al ir a clases Jack estaba ya sentado, era de los primeros, Daniel intentaba no fijarse en él, las clases continuaron con normalidad.

En la hora del recreo, Tommy y Andy hablaban en el banco cuando llegó Daniel, y por primera vez, no pensó en Jack, ni una sola vez, y por primera vez, no sentía pesadez.

—¿Y Yeray? —preguntó Daniel.

Tommy le señaló con el brazo detrás, al fondo, Daniel miró y pudo ver a Yeray sonriendo con Benji, los dos estaban muy juntos, por dentro Daniel se comenzó a sentir un poco mal.

—Al parecer hizo un amigo nuevo, le dijimos que se uniera a nuestro grupo, pero Yeray dice que Benji es tímido, supongo que necesitará tiempo. —dijo Andy.

—Sí, será por eso... —dijo Tommy con sarcasmo.

Daniel los ignoraba, no podía dejar de verlos, en parte sentía celos.

''Espera, ¿Celos?, ¿Yo?, ¿Por Yeray?, No puede ser, no estoy celoso''.

—¿Qué? ¿Celoso? —dijo Tommy con una mirada pícara.

—¿Qué?, ¡No!, No estoy celoso. —Daniel se alteró.

—Yaaa... —contestó Tommy.

—¿Ya qué? —Daniel se enfadó.

—Venga chicos, no peléis, mira, por ahí viene Kenny. —dijo Andy.

Kenny se acercó con una amiga, era una chica de piel blanca y pelo oscuro, tenía gafas redondas.

—Vaya, me alegra ver que estáis de nuevo juntos, sin malos rollos. —Kenny miró sobre todo a Daniel al decir esa última frase—. Bueno, veréis, nos falta un jugador para el partido de esta tarde, y había pensado si alguno de vosotros se apunta.

—Yo, yo mismo. —dijo Andy.

—Pues venga, vente, que antes hay que entrenar un poco. —dijo Kenny.

Andy se fue con Kenny y su amiga y dejaron solos a Tommy y Daniel.

—Bueno, el grupo se va diluyendo, ya sólo quedamos nosotros. —Tommy tiró lo que quedaba de bocadillo a la papelera—. ¿Y tú?

—¿Yo qué? —Daniel se acercó y se sentó en el banco, al lado de Tommy.

—¿Cómo vas con el tema de Jack, Liam y demás?

Daniel no dijo nada.

—Sabes que no diré nada, somos amigos, si necesitas hablar...

—No hay nada de qué hablar, Jack murió, este Jack es otro, respecto a Liam, solo somos amigos, nada más. —la respuesta de Daniel sonaba muy cortante.

—Ahmmm, vale, bueno, me alegra ver que estás mejor.

En ese momento apareció Liam.

—Daniel, ¿Podemos hablar? —Liam sujetó del brazo a Daniel, éste oponía resistencia.

—No quiero, prefiero estar solo.

—Como quieras...

Liam le soltó con enfado, se dio la vuelta y se marchó.

—¿Qué pasa entre vosotros? —Tommy observaba a Liam irse con enfado.

—Nada, no supera que solo somos amigos.

—Ahh..., joder, ¿Qué tienes? Primero Yeray, luego Jack y ahora Liam, ¡Yo también quiero ser así de popular, aunque con las chicas! —Tommy sonaba como baboso.

Los días fueron pasando, el segundo trimestre terminó y comenzó el tercero, Daniel iba muy bien en sus estudios, solo se centraba en ellos, apenas salía de su casa, pocas veces quedaba con sus amigos, Yeray cada vez pasaba más tiempo con Benji, y eso en parte molestaba a Daniel, aunque también le aliviaba verlo feliz.

Por su lado, Liam de vez en cuando insistía en hablar con Daniel, pero éste siempre se oponía, hasta que Liam dejó de molestarle durante un tiempo.

Pasaron los días, Daniel volvía de casa de Andy, había pasado la tarde jugando a la consola con él y Tommy tras hacer los deberes, Daniel iba muy bien en los estudios, sacando notas de 9 y 10, iba a pasar a cuarto de secundaria sin problemas.

Al regresar a su casa, por el camino, a veces tenía la sensación de que alguien le seguía, miraba atrás, pero no había nadie, retomaba el camino y esa sensación volvía, con un poco de miedo aceleró sus pasos, hasta llegar a su casa, ya estaba anocheciendo, al llegar vio la nota de su madre en la mesa, había salido a cubrir un turno de noche de última hora.

En ese momento se escuchó un ruido en la cocina, Daniel, asustado, se sobresaltó, del recibidor cogió un paraguas que había en el cubo de la entrada, lo sujetó con fuerza y se acercó a la cocina, como era de noche, apenas se veía nada, encendió la luz, pero no había nadie, entonces comprobó que la puerta de atrás, la que daba al patio de su casa estaba abierta, se acercó con miedo y la cerró.

Se dio la vuelta y pegó un grito.

—¡Hostia! —Daniel casi se cae de espaldas, pero Liam le sujetó.

—¡Tranquilo!, ¡Soy yo! —Liam le miró sonriente.

—¿Qué haces tú aquí? —Daniel salió de la cocina con enfado.

—Bueno, como siempre me evitas...

—Te cuelas en mi casa, genial. —cortó Daniel.

—No, bueno, sí, pero no es colarse si me has invitado.

—Pero es que no te he invitado. —Daniel se acercó a la entrada y abrió la puerta—. Así que vete.

Liam se quedó parado, en silencio.

—Pero es que necesito hablar contigo, es urgente, al menos escúchame, luego me voy.

Daniel le miró, dudó un momento y cerró la puerta.

—Bien, habla, tengo prisa. —Daniel seguía enfadado.

—¿Podemos hablar en tu cuarto?

—No, aquí.

Liam le miró con enojo, se dio la vuelta y subió las escaleras.

—¿A dónde vas? —Daniel le siguió detrás corriendo, entró a su cuarto, pero Liam no estaba, entonces notó como unas manos le empujaban en la cama—. ¿Qué haces?

Liam se subió encima y le besó, Daniel se resistía, pero al final dejó que lo hiciese, Liam le comenzó a besar el cuello, fue bajando y levantó la camiseta de Daniel, comenzó a besar su piel, Daniel se retorcía, su respiración se agitó.

La piel de Daniel se erizó bajo los labios de Liam, cada roce era una chispa que encendía más el deseo de ambos.

Daniel arqueó la espalda ligeramente, sus manos aferrándose con fuerza a los hombros de Liam, como si quisiera anclarse a esa sensación abrumadora.

Un gemido apenas audible escapó de sus labios cuando los besos de Liam llegaron a su abdomen, provocando una punzada de placer que recorrió todo su cuerpo.

Liam, sintiendo la respuesta de Daniel, sonrió y lamió su piel, sus propias pulsaciones se aceleraban, y el calor que emanaba de Daniel lo envolvía, haciéndole desear más.

Con delicadeza, desabrochó el pantalón de Daniel, mientras sus besos seguían un camino ardiente, subiendo de nuevo hacia su pecho, deteniéndose justo sobre su corazón acelerado. 

Daniel cerró los ojos, perdido en las sensaciones, en el tacto, en el aroma de Liam, su aroma, olía a lavanda, quizás era su desodorante, quizás su colonia, pero olía rico.

La tensión entre ellos era palpable, un deseo mutuo que crecía con cada segundo, prometiendo una sensación llena de descubrimientos y placer compartido.

Las manos de Liam se deslizaron por la cintura de Daniel, acariciando su suave piel, mientras sus labios trazaban un camino íntimo hacia abajo, Daniel contuvo el aliento, cada toque de Liam era placentero, Daniel sintió la cercanía, la humedad y el calor de Liam, que lo envolvían, y un escalofrío de anticipación recorrió su cuerpo.

Se aferró más a Liam, sus dedos apretando la tela de la camiseta de su compañero, mientras las sensaciones se intensificaban, Liam le estaba haciendo sexo oral, no era la primera vez, pero sí la más intensa.

La respiración de Daniel se volvió aún más agitada, casi un jadeo, no podía pensar, solo sentir, el mundo se redujo a la presión, a la succión suave pero firme, al calor que se expandía por todo su cuerpo, haciéndole temblar.

Una onda de puro placer comenzó a construirse en su interior, una intensificación de sensaciones que amenazaba con desbordarlo a mil.

Se retorció ligeramente, su orgasmo estaba cerca, la gratificación era profunda, casi dolorosa en su intensidad, y un grito silencioso de deleite se formó en su garganta, ahogado por el dulce placer.

Ambos, tendidos en la cama, y con la respiración aún agitada pero ahora marcada por un cansancio profundo, descansaban exhaustos.

El silencio se instaló, pesado, roto solo por los latidos acelerados que poco a poco volvían a su normalidad, Liam se giró, buscando los ojos de Daniel, Liam le dio una sonrisa tierna asomando en sus labios.

Quería extender la mano, tocarlo, prolongar la calidez del momento, pero Daniel no le miraba, sus ojos estaban fijos en el techo, y una sombra, fría y oscura, comenzó a extenderse por su rostro.

La culpa, como una marea silenciosa, empezó a invadirlo, apretándole el pecho hasta quitarle el aire, cada roce, cada suspiro de placer, ahora se sentía como una traición.

—No..., no debimos hacer esto. —murmuró Daniel, su voz apenas era un susurro áspero.

Se encogió ligeramente, como si quisiera desaparecer bajo las sábanas, Liam frunció el ceño, el desconcierto pintado en sus facciones.

—¿Qué?, ¿de qué hablas?, Daniel, esto fue..., fue increíble. —Liam intentó acercarse, pero Daniel se apartó con un movimiento brusco.

Daniel se incorporó con pesadez, aún respirando con dificultad, estaba sudando.

—Liam, ¿por qué haces esto?, yo..., no..., no puedo..., me tientas, me tientas y siempre peco...

Liam negaba con la cabeza y comenzó a ponerse la camiseta, Daniel hizo lo mismo, Liam estaba enfadado y decepcionado, estaba cansándose de los caprichos de Daniel, o así lo veía él.

—No puedo creer que me haya dejado llevar así. —dijo Daniel, su voz temblaba, y Liam vio la angustia genuina en sus ojos.

—Pero Daniel, no hicimos nada malo, tú querías, yo también, ¿dónde está el problema? —preguntó Liam, un tono más firme pero aún confundido.

—Te he dicho mil veces que solo somos amigos. —sentenció Daniel.

—Muy bien, amigos, pues, para ser amigos, bien que has disfrutado la mamada. —Liam le miró con cierto enfado—. Lo sentí, no estabas protestando, no dijiste que no, ambos queríamos esto, lo sentí en cada parte de tu cuerpo, no finjas que no.

—Somos..., AMIGOS. —insistió Daniel.

—¿Amigos?, vale, ¿y qué?, ¿los amigos no pueden jugar? —Liam sonrió perversamente a Daniel, lo tumbó de nuevo e intentó bajarle los pantalones de nuevo, pero Daniel se resistió.

—No, para...

—¿Pero por qué? Ambos nos gustamos y...

—¿Y qué? Tú solo piensas en tener relaciones, sexo y sexo... —Daniel se levantó con enfado.

—¿Qué? Claro que no, yo te amo.

—Tú no sabes lo que es amar....

Liam permaneció en silencio, las palabras de Daniel le habían dolido.

—Daniel, no me importa esperar, tú me gustas mucho..., lo siento, a veces me dejo llevar, me caliento fácil, lo admito, pero es que me gustas tanto...

Daniel se tranquilizó y se sentó en la cama.

—Ya... —Daniel esquivó su mirada.

—Lo siento, ¿Podemos dormir juntos? Como amigos, no intentaré nada más, de verdad. —Liam lo miraba con ojos más tristes, Daniel se sintió culpable, otro chico al que rechazaba, pero era porque no lo amaba, sí le gustaba, pero no sentía amor por él.

—Está bien...

Daniel se tumbó al lado de Liam, mirando al techo, pensando en todo, Liam era un chico muy guapo y realmente le gustaba, pero él amaba a Jack, seguía pensando en él, a Liam lo veía como un amigo, nada más.

¿Es qué ya nunca más podría estar con ningún chico? ¿Jamás olvidaría a Jack? Estaba obsesionado con Jack, solo pensaba en él.

El tiempo pasaba, el final del curso cada vez estaba más cerca, Daniel iba muy bien en sus estudios, de vez en cuando ayudaba a Yeray y a Benjamín, los cuales estaban cada vez más unidos.

El recreo estaba a punto de terminar y Daniel fue a los baños, entró, y tras terminar, comenzó a lavarse las manos.

En ese momento entró Jack, Daniel lo miró a través del espejo, Jack también, se acercó a uno de los urinarios para utilizarlo.

''No aguanto más, debo hablar con él''

—Siento lo del otro día, en la piscina, no quería ponerte mal... —Daniel miraba a Jack, que terminaba y se acercó al lavabo, en silencio.

Daniel se sentía mal.

—No te preocupes, no pasa nada, es que necesitaba pensar en mis cosas..., además, noté que me evitas, siempre. —Jack se secó las manos y miró a Daniel.

—¿Qué? No, no es eso... —murmuró Daniel.

—¿No? Joder, nos sentamos juntos y apenas hablamos, como si fuésemos desconocidos.

—Te digo que no es eso, es que me lo pidieron.

—¿Qué? ¿Quién? —preguntó Jack sorprendido.

En ese momento entró Liam, Jack al verlo se puso serio y se marchó, Daniel miró con enfado a Liam, por su culpa había estropeado la charla al interrumpir.

—¿Me estás siguiendo? —preguntó Daniel.

—¿Qué? No, bueno, es que he visto que me evitas tras lo que pasó la otra noche...

—¿Te refieres a cuando te colaste en mi casa? —preguntó Daniel sarcásticamente.

—No, me refiero a cuando dormimos juntos en la cama y cuando te la..., ehhh, bueno, cuando lo pasamos bien durmiendo.

—Ya..., bueno..., ''eso'' no volverá a pasar. —Daniel se secó las manos y se dispuso a marchar, pero Liam se interpuso en medio.

—¿Qué? ¿Pero por qué?, a mí me gustó, ¿a ti no? —Liam parecía desesperado, se daba cuenta de que Daniel cada vez estaba más distante.

—Sí, Liam, pero...

—¿Pero qué?

—Somos amigos, ya te lo dije mil veces. —dijo Daniel tajante.

—¿Y? ¿Qué tiene eso que ver? Los amigos pueden hacer cosas divertidas.

Daniel se quedó en silencio.

—¿Quieres que vaya a tu casa esta tarde? —Liam le miró con una sonrisa pícara.

Daniel sabía por dónde iba Liam.

—No, Liam, déjame, en serio, quiero olvidar todo, deseo que este curso termine ya y estar en mi casa sin salir todo el verano, así solo quedará un año escolar más y...

—¿Y qué? —preguntó Liam.

—Y marcharme, deseo irme de este pueblo, volver a la ciudad, estudiar bachillerato y luego ir a la universidad, tener un futuro.

—¿Te escuchas cuando hablas? ¿Eso es lo que quieres? ¿Huir de los problemas? —Liam negaba con la cabeza.

—Me da igual lo que pienses.

—¿Por qué estás tan amargado?

Daniel miró con enojo a Liam tras su absurda pregunta.

—¡¿Por qué?! ¡Porque perdí a mi novio! ¡El único chico que amaba, y amo! ¿Te parece suficiente?

Liam se quedó callado, esas palabras le dolieron.

—¿Ves? Ya te hice daño, porque tú me amas, y no puedo corresponderte.

—No, no es eso, estás en la fase de negación, ¿Recuerdas la última vez que hablamos aquí?

Daniel no dijo nada.

—Yo aún te creo, Jack quizás no murió y ese chico... —Liam no pudo terminar la frase.

—¡Basta!, ¡Necesito pasar página! —Daniel se tapó las orejas con sus manos para no escuchar más a Liam.

La sirena sonó anunciando el final del recreo.

Daniel apartó a Liam para marcharse, pero éste le sujetó del brazo.

—De acuerdo, solo hay una forma de averiguarlo..., si Jack murió, si realmente Jack está muerto..., su cuerpo debe estar en su tumba, ¿No? —Liam frunció el ceño mirando a Daniel.

—¿Qué? —Daniel apretó sus labios, imaginando por donde iba Liam.

—Nos colamos en el cementerio por la noche, desenterramos su tumba y si Jack no está dentro..., pues...

— ¿Pues qué? ¿Y si lo está, y si está dentro? —Daniel negaba con la cabeza la proposición descabellada de Liam.

Liam permaneció en silencio.

—Lo que dices igualmente es ilegal..., además, ¿estás loco? No voy a saquear una tumba.

—Bueno, no sería la primera vez que hago algo ilegal. —Liam sonrió perversamente—. Bien, esta noche, de madrugada, quedamos a las afueras del pueblo, y vamos al cementerio, en la parte de atrás.

—¿Por qué lo haces? —Daniel miró a Liam, que cambió la cara tras la pregunta.

—Porque quiero que vuelvas conmigo, ya te lo dije muchas veces, pero no te obligo, puedes tomarte tu tiempo, a cambio, solo pido que seamos amigos con derecho. —Liam le cogió de la mano.

Daniel permaneció en silencio.

—¿Entonces? ¿Me dejas que sea tu amigo con derecho? —Liam miraba a Daniel suplicante.

—Vale, lo pensaré. —Daniel no estaba convencido del todo.

—Bueno, poco a poco. —Liam estaba feliz—. Vale, venga, que ya todos habrán entrado a clases.

Ambos chicos salieron de los baños, Daniel pasó el resto del día nervioso, sus amigos sospechaban que algo pasaba o que algo ocultaba.

Al salir de clases Daniel corrió a su casa, se conectó al ordenador y le contó todo a Ryan, éste intentó convencerlo para que no fuese, que todo era su imaginación, pero Daniel necesitaba saberlo, necesitaba saber si ése era Jack o se volvería loco de verdad, quería cerrar esa etapa.

Ryan: Daniel, escucha, si luego resulta que está en la tumba, nunca podrás borrarlo de tu mente, piénsalo.

Daniel: Necesito saber la verdad, no puedo vivir más así, no puedo.

Ryan: ¿Y Liam? ¿De verdad te fías de él? ¿De verdad harás cosas con él?

Daniel: ¿Y por qué no? Me gusta y es el único que cree en mí.

Ryan: Sí, pero así solo le estás ilusionando, con esto él intenta reconquistarte.

Daniel: Yo ya le dejé claro que pase lo que pase somos solo amigos.

Ryan: No sé, tú verás lo que haces, pero en cuanto tengas relaciones con él, pensará que sois novios de nuevo.

Tras la conversación, Daniel se tumbó en la cama, necesitaba descansar un poco, horas después llegó la madrugada, ya eran más de las doce, Daniel se levantó con cuidado y salió por la ventana, su madre esa noche sí estaba en su casa para su desgracia, cogió su bici, que apenas usaba y en ese momento se cruzó con Kenny.

—¿Dónde vas a estas horas? —Kenny le miró extrañado.

—¿Y tú? —Daniel intentó desviar la pregunta.

—Vengo de la fiesta de cumpleaños de un amigo, pero no me has contestado a mi pregunta.

Daniel se quedó callado.

—Daniel, ¿Dónde vas? —insistió Kenny.

—No es de tu incumbencia, ¿Sabes? Se supone que no nos hablamos.

—¿En serio? ¿Eso crees? Yo aún te considero mi amigo y me preocupas, ¿Acaso no viste la hora? No tienes edad para andar por ahí solo. —Kenny sonaba preocupado—. Venga, regresa a casa.

—No quiero, y no voy solo.

En ese momento apareció Liam, con el monopatín en la mano, Kenny lo vio en la distancia, Liam al ver que Daniel estaba con Kenny se quedó en la otra acera, mirando a los dos, esperando a que Daniel fuese a su encuentro.

Kenny vio a Liam y sonrió negando con la cabeza, decepcionado de Daniel.

—¿Qué?, ¿Te vas con Liam? ¿A dónde? —Kenny se alteró.

—No te importa, Kenny, déjame. —Daniel comenzó a caminar sujetando la bicicleta y Kenny entonces con su mano le agarró del brazo.

—No puedo dejarte marchar, le diré a tu madre, no hagas nada de lo que luego te arrepentirás y menos con ése, aún eres muy joven...

Daniel lo apartó con enfado.

—¡Voy al cementerio! —gritó Daniel—. ¿Qué pensabas? ¿Que iba a tener relaciones con Liam?

Kenny se calló, entonces se dio cuenta de lo que dijo.

—No, es sólo que..., espera, ¿qué?, ¿al cementerio?, ¿para qué? —Kenny no entendía nada.

—Para comprobar que Jack está vivo.

Kenny le miró con los ojos abiertos como platos, sin creerse lo que su amigo Daniel le confesaba.

—¿Cómo?, ¿Ya estás otra vez con eso?, ¿Te volviste loco? ¡Pasa página de una vez! —Kenny volvió a sujetarle.

Daniel se volvió a zafar alterado.

—¡Está vivo! Ése es Jack, lo sé, lo presiento y nadie me cree, solo Liam.

—No Dani, Jack está muerto... —Kenny miraba a Daniel con pesar y lástima.

—No, tú crees que está muerto y no crees en mi palabra, pero Liam sí, él sí cree en mí.

—No, está utilizándote para llevarte a su terreno..., él quiere ganarse tú confianza, sí, para tener relaciones contigo, éso es lo único que quiere joder...

Liam se cansó de esperar y se acercó mirando a Kenny con enfado.

—¿Queréis bajar la voz? Despertaréis a todo el vecindario, y tú. —Liam señaló a Kenny—. Kenny, Daniel ya es suficientemente mayor para decidir qué hacer con su vida.

Kenny le miró muy enfadado, hizo ademán de enfrentarse a él, pero se contuvo.

—Kenny, déjanos en paz. —Daniel se acercó a Liam y se puso a su lado.

—Muy bien, haced lo que queráis, no quiero saber nada. —Kenny miró a Daniel con decepción—. Adiós, Daniel.

Kenny se giró y se marchó, Daniel tenía los ojos rojos, Liam pasó su brazo por encima.

—No estés mal, venga, vayámonos.

—Creí que me esperarías en el cementerio.

—Lo sé, pero al final preferí acompañarte, venga, no perdamos más tiempo. —Liam guió a Daniel para que se marchase con él.

Los dos chicos reanudaron el camino, Daniel en bicicleta y Liam con su monopatín, iban en silencio, el sonido de los grillos era lo único que se escuchaba, Daniel estaba muy nervioso, casi podía notar como todo su cuerpo a veces temblaba, no sabía si por la adrenalina o por saber que estaba a punto de descubrir si Jack estaba realmente vivo o muerto, en menos de media hora llegaron al cementerio.

La noche y la luz de la luna hacían del cementerio un lugar sobrecogedor, aterrador, daba miedo, se dirigieron a la parte de atrás, Liam cogió una pala del suelo que previamente dejó allí y la lanzó dentro del cementerio.

—Venga, te daré impulso para que saltes el muro. —dijo Liam.

Daniel puso su pie en las manos de Liam y este le empujó hacia arriba, le costó subir, pero lo logró, después Liam saltó y Daniel le agarró de la mano, le costó subirlo, pero Liam lo consiguió.

Los dos chicos saltaron dentro, todo estaba en silencio, Daniel, por un momento, sintió miedo, Liam cogió la pala y se acercó a Daniel, le cogió la mano y éste le miró.

—No temas, estoy aquí contigo. —dijo Liam.

Daniel se sintió protegido, el cementerio tenía esa niebla tenebrosa que en las películas hacía verlo más aterrador.

Los dos chicos caminaron buscando la tumba de Jack, Daniel estaba nervioso, casi temblando, Liam se dio cuenta, Daniel miraba intentando localizar la tumba de Jack, hasta que la divisó lejos.

—Allí, está allí. —Daniel señaló en frente, Liam continuó, pero Daniel se detuvo.

—¿Qué pasa? —Liam le miró extrañado.

—¿Y si está? ¿Y si Jack está en la tumba? Si está y lo veo..., yo..., no..., no puedo... —de los ojos de Daniel comenzaron a caer lágrimas.

Liam se quedó callado, mirando como Daniel lloraba.

—No mires, si no está, yo te haré mirar, si está..., no dejaré que mires, espérame aquí. —Liam dejó a Daniel y caminó hasta la tumba de Jack, la miró y suspiró, comenzó a cavar, la tierra no estaba tan dura por las recientes lluvias primaverales, por lo que no le costó mucho apartar la tierra, Daniel miraba a Liam, que con cada golpe, se ensuciaba más, se sentía aliviado de tener a alguien que sí le creía.

Pasaba el tiempo y Daniel se impacientaba, Liam paraba de vez en cuando, estaba bastante cansado, pero seguía, ya eran casi las dos de la madrugada, Liam llevaba una hora y ya se notaba su cansancio, iba a parar cuando escuchó un golpe seco, su pala tocó madera.

Daniel estaba apoyado sentado en el borde de la lápida de la tumba de al lado, al escuchar el golpe se levantó y se acercó.

—¿Ya...? —preguntó Daniel con voz quebradiza.

—Sí..., la abriré un poco y miraré, tú aléjate.

Daniel le hizo caso, Liam quitó la poca tierra que quedaba y clavó la pala en el suelo, con sus manos, que estaban cubiertas con guantes especiales, comenzó a levantar la tapa del ataúd.

—Cof, cof, fof... —Liam tosió al notar el aire de dentro y el polvo chocar con su cara, con una mano se cubrió parte de la cara, abrió un poco más y miró dentro—. —¡Hostias!

Liam soltó de golpe la tapa, asustado.

—¿Qué? ¿Qué viste? ¿Está? —Daniel estaba cada vez más nervioso.

Liam se mantuvo en silencio, sin saber qué decir.

—¿Está o no?, ¡¡Dímelo!! —Daniel se alteró.

—Sí, está... —Liam cogió la pala y comenzó a echar tierra.

—¿Qué haces? No, no te creo, ¡Necesito mirar! —Daniel bajó corriendo y casi se cae, pero Liam le sujetó.

—¿Qué estás haciendo? No, ¡No te dejaré mirar! —Liam sujetó a Daniel, pero éste no paraba de forcejear.

—¡¡Déjame!! ¡¡Quiero ver!! ¡¡Jack está vivo!! —Daniel comenzó a gritar.

—¡¡Para!! ¡¡Por favor no mires!! —gritó Liam alterado.

Daniel se soltó del agarre de Liam, corrió e intentó abrir la tapa, pero le costaba.

—¡Ábrela! —Daniel miró a Liam, que no se movía.

—No, Daniel, no puedo dejar que veas eso, Jack está ahí, muerto...

—Mientes, tú lo que quieres es engañarme, ¡¡Para que así esté contigo y no con Jack!!, ¡¡Kenny tenía razón!!

Al decir eso, Liam se quedó mirándole con unos ojos de furia, le dolió mucho eso, soltó la pala y se acercó a la tumba.

—¿Eso piensas de mí? —Liam le miró a los ojos, Daniel se quedó callado—. Yo siempre quise ayudarte, te apoyé, incluso desde que dijiste que Jack estaba vivo, yo siempre te creí, y ahora me vienes que lo decía porque quiero enrollarme contigo, ¿No? ¿Eso piensas? Muy bien, ¿Quieres ver el cuerpo inerte de tu Jack? Pues lo vas a ver...

Liam con la pala empezó a apartar la tierra del ataúd, lo hacía con enojo, Daniel se daba cuenta, había dañado a Liam, pero ahora lo que más le importaba era ver lo que había dentro del ataúd, dentro de él sabía que no había nadie, lo presentía, Liam terminó de quitar la tierra y puso sus manos en la tapa del ataúd, comenzó a abrirlo con dificultad, se notaba que ya estaba muy cansado, aún así, con fuerza la fue levantando, el polvo se movía por todos lados, Liam hizo un esfuerzo más y la levantó lo suficiente para que Daniel pudiese mirar.

—Muy bien, ya puedes mirar, aquí tienes a tu Jack. —las palabras de Liam sonaban con frialdad.

Daniel se acercó tosiendo por la polvareda levantada, esperó a que ésta se fuera disipando y miró dentro del ataúd con dificultad, intentando ver si Jack estaba ahí dentro, sus ojos se abrieron como platos, su respiración se aceleró a toda velocidad.

Liam miró a Daniel con cierta preocupación, los ojos de éste se pusieron rojos a punto de llorar, se mordió el labio con fuerza, Liam bajó la tapa, no aguantaba más su peso, además estaba preocupado por Daniel, al mirarlo, pudo ver la cara desencajada del chaval.

Daniel aún no se creía lo que había visto, echó unos pasos atrás, aún ido por lo que acababa de ver, no reaccionó, estaba desencajado.

Daniel se giró y salió de la tumba con rapidez, desesperado, comenzó a vomitar, Liam soltó la tapa del ataúd cerrándola, cogió la pala y comenzó a tapar de nuevo la tumba.

Daniel, mareado, comenzó a llorar en silencio observando a Liam, que continuó echando tierra, aunque no podía evitar sentirse mal ante los lloros de Daniel, que no dejaba de llorar, estuvo bastante rato hasta que Liam terminó de tapar la tumba, estaba reventado, muy cansado.

Soltó la pala lejos y se limpió la tierra como pudo, se quitó los guantes y los lanzó con fuerza lejos, se sentó en el suelo, con la lengua fuera, sudando.

Daniel solo le miraba desconsolado, ya no lloraba, solo estaba callado y con temblores fríos.

—Tenemos que irnos. —Liam se acercó a Daniel, que estaba de rodillas, seguía en silencio, Liam le sujetó del brazo y lo arrastró hasta llegar por donde entraron—. Son casi las tres de la madrugada, tenemos que irnos.

Liam se puso inclinado para que Daniel saltase, pero éste no se movía.

—¿Qué haces? ¿Saltas o qué? —Liam comenzó a ponerse nervioso ante la pasividad de Daniel.

Liam se acercó a éste y lo puso contra la pared, mirándolo con enfado.

—¿Puedes intentar que salgamos de aquí? Escucha, yo no vine aquí por mí, lo hice por ti, por ayudarte, porque realmente pensé que tenías razón, creí en ti.

Liam hizo una pausa y respiró hondo.

—Tú sabías lo que pasaría si veníamos, estaba la posibilidad de ver su cuerpo, y yo ahora me arrepiento de haberte creído, me equivoqué, y es algo que no podré perdonarme, he dejado que veas su cuerpo, lo siento.

Daniel miró a Liam con pena y tristeza.

—Mira, ya no puedo cambiar lo que hicimos, es tarde, así que haz el favor de aceptar y asimilar que está muerto, por ti, por mí y por tus amigos.

Liam puso sus manos para que Daniel saltase, pero no lo hizo.

—¡¡Daniel joder!!, ¡Ya lo has visto!, ¡Está muerto!, todo estaba en tu mente, y si no olvidas a Jack, te volverás loco, más de lo que ya estás, ahora, deja de comportarte como un niño y salta para salir de aquí.

Daniel lo miró, sorprendido.

Liam volvió a inclinarse para que Daniel se apoyara en él y saltase, Daniel, con duda, miró a Liam, que ya no lo veía de la misma forma, se sintió mal, corrió y saltó, Liam le empujó y se agarró arriba. Después de ayudar a Liam a saltar, los dos chicos cogieron su bicicleta, su monopatín y salieron de allí.

Liam estaba callado, Daniel lo miraba a veces, podía ver que estaba enfadado y decepcionado.

—Lo siento, yo es que..., de verdad creí que estaba vivo y verlo ahí, no..., no puedo quitarlo de mi mente, quiero olvidar, quiero..., quiero despertar y no recordar nada.

Liam caminaba sin hablar.

—Siento lo que te dije antes, en la tumba, estaba alterado, lo siento Liam, no lo pensaba realmente... —Daniel intentaba disculparse.

—No, Daniel, no me gusta que mientas, ya lo sabes, sí, lo pensabas, y no pasa nada, tú sigues enamorado de un fantasma, así que..., cuando lo hayas olvidado, cuando realmente hayas olvidado a ese fantasma, me avisas, mientras tanto, seremos amigos, no intentaré nada más contigo, necesitas tu espacio, lo comprendo.

Daniel se quedó callado, los dos hicieron el resto del trayecto a pie, Daniel tirando de su bicicleta y Liam con su monopatín en la mano, estaban muy cansados, al llegar a casa, Daniel miró la hora, casi las cuatro y media de la madrugada, dormiría poco menos de tres horas, si es que dormía.

En el Instituto, por la mañana, ése mismo día...

—¿Y esas ojeras? —Tommy se puso al lado de Daniel, que caminaba cabizbajo.

—¿Eh? Ah..., nada... —Daniel miraba al suelo.

Los chicos llegaron a clase y Jack ya estaba sentado, pero en el asiento de Daniel, al lado de la ventana, Daniel se acercó y se sentó en el pupitre de Jack, Daniel miró a Jack extrañado.

—¿Por qué estás en mi sitio? —preguntó Daniel.

—¿Qué? —Jack le miró con duda—. ¿Qué dices? Este siempre fue mi sitio...

Daniel se quedó en silencio, Jack miró al pupitre y después al de Daniel.

—¿De qué hablas? Llevo todo el año sentándome al lado de la ventana. —dijo Daniel.

Jack, entonces, puso su cara blanca, miró de nuevo a los asientos y se levantó sobresaltado, Daniel se fijó que Jack estaba asustado.

—¿Estás bien? —preguntó Daniel.

Jack esquivó su pregunta y cogiendo la mochila se fue de clase.

Andy, Yeray, Tommy y el resto de compañeros vieron su reacción.

—¿Qué le hiciste? —preguntó Tommy.

—¿Qué? ¿Yo? Nada, es que... —Daniel se calló, iba a decir algo sobre el otro Jack, pero no lo hizo, no, Jack estaba muerto, lo vio en la tumba, pero, ¿Entonces por qué ese Jack reaccionó así?

Llegó la hora del recreo y Daniel buscó a Jack, tras varios intentos logró localizarlo, Jack estaba sentado en un banco de la parte de atrás de la escuela, miraba el cielo en silencio.

—Hola. —Daniel se acercó y se sentó a su lado—. ¿Por qué no viniste a las primeras tres clases?

Jack, al ver a Daniel, bajó la mirada, hizo un intento de hablar pero se calló.

—¿Querías decirme algo? —preguntó Daniel.

—No..., bueno, sí, ¿Qué tan amigo eras de Jack?, el otro, digo. —Jack miró a Daniel esperando su respuesta.

Daniel, sorprendido, le miró y después apartó la vista mirando al frente.

—Bueno, al principio éramos amigos, pero luego..., bueno, algo más...

—Ah... —Jack se quedó en silencio tras su revelación.

Los dos chicos terminaron de comerse su bocadillo y tras tocar la campana volvieron a sus clases.

Pasaron así los días y Daniel dejó que Jack se sentase junto a la ventana, Daniel evitaba siempre que podía a Liam, y éste, por su parte, se alejó de Daniel. Quería pasar página, lo necesitaba, quedaban menos de dos semanas de clase.

Daniel seguía hablando de vez en cuando con Jack, pero de manera distante, porque le seguía recordando a Jack y le dolía, intentó refugiarse con sus amigos para pasar página.

El tiempo pasó y estaban ya en los últimos días del curso escolar, pronto acabarían tercero de secundaria, solo les quedaría un año escolar, cuarto, y podrían graduarse.

Daniel estaba en su cuarto, entretenido después de terminar las últimas tareas y ejercicios.

—Daniel, ha llegado un paquete para ti. —la madre de Daniel le subió un paquete a su cuarto.

Daniel estaba sentado en el ordenador chateando con Ryan.

—¿Un paquete? —preguntó Daniel.

—Sí, deja de pedirte cosas por Internet. —la madre lo soltó en la cama—. Bueno, me voy porque llego tarde a mi turno.

—Vale mamá. —Daniel se levantó confuso, no se había pedido nada, cogió una navaja que tenía en el cajón de su mesita, la abrió sacando la parte afilada y observó la caja, no tenía ningún remitente, comenzó a rajar la caja, la abrió y vio unos cómics antiguos, eran los de Jack. Dentro había una nota.

''No quiero que te alejes de mí, aunque intenten separarnos, mis pensamientos están contigo, porque es lo que deseo..., estar contigo, Jack''

Daniel miró la nota sin entender nada, entonces se dio cuenta de algo, la letra de la nota era distinta a como Jack escribía en la escuela.

Daniel miró encima de su armario pensativo, movió la silla para subirse en ella, cogió la carpeta donde estaban los dibujos de Jack, limpió el polvo, la abrió y buscó uno de los dibujos.

Sacó el dibujo y puso a su lado la nota.

—No puede ser... —murmuró Daniel—.

Al día siguiente Daniel fue a la escuela con normalidad, buscando a Jack, éste estaba sentado, había llegado el primero, como de costumbre, le recordaba a Jack, que siempre llegaba el primero.

—Hola. —Jack saludó a Daniel sonriente, éste se sentó a su lado.

—¿Qué tal? —Daniel le hablaba desganado.

—Bueno..., pensé mucho en ti. —Jack tocó su mano de repente, Daniel, nervioso, la apartó.

—¿Qué haces? Nos van a ver... —Daniel miraba como los demás alumnos tomaban asiento.

Jack se quedó en silencio.

''No aguanto más, siempre que intento pasar página Jack la vuelve a sujetar'', ''Sé que le prometí a Roland no acercarme a Jack, pero no puedo evitarlo''

—¿Te gustaría venir a mi casa esta tarde? —preguntó Daniel.

—¡Claro! ¿Te acompaño a la salida? —Jack le miró con una sonrisa.

Daniel pasó el resto del día nervioso, cada vez que parecía pasar página, aparecía Jack, era una señal, era el destino, como él mismo dijo.

Las clases terminaron y Daniel caminaba a su casa, Jack se acercó y se puso a su lado, sonriente. Los dos chicos caminaron hasta la casa de Daniel, abrió la puerta y dejó pasar a Jack.

—¡Cómo mola! ¡Es enorme! —Jack miraba a todos lados.

—Mi cuarto está arriba, ven.

Daniel subió las escaleras y Jack le siguió detrás, dejaron las mochilas en el suelo, Jack entonces vio los cómics que le envió, estaban en el suelo.

—¿Te gustaron? —Jack se acercó a ellos y cogiendo uno se sentó en la cama.

—Sí, no tenías por qué hacerlo... —Daniel, respiró hondo y cerró la puerta.

Jack miró extrañado a Daniel por cerrar la puerta, buscando privacidad.

—¿Qué pasa? Te noto nervioso. —preguntó Jack.

—Jack, necesito hacerte unas preguntas, si no, explotaré, pero debes prometer que no dirás nada.

—Claro..., no diré... —Jack se calló de repente.

—¿Qué pasa? —Daniel miró a Jack, que miraba a la estantería de Daniel, éste miró también y se fijó en el coche rojo, el coche que Daniel le regaló en su cumpleaños.

Jack soltó el cómic y se acercó a él, lo cogió y lo observó.

—¿De quién es? —Jack lo miraba y lo tocaba.

—¿Por qué? —Daniel se levantó, expectante.

—Porque..., he soñado con este coche, soñaba que tú me lo regalabas, ¿Cómo es eso posible? —Jack parecía sorprendido, pero Daniel también.

—¿Qué? ¿Lo has soñado? ¿O era un recuerdo? —Daniel se acercó a Jack con los ojos vidriosos.

Jack dejó el coche en la estantería.

—¿Un recuerdo? No..., es que..., yo..., a veces sueño cosas, pero...

—¿Me contarías esos sueños? —Daniel se acercó más a Jack.

Jack se separó y se sentó en la cama, mirando el suelo.

—Pues..., a veces sueño que estamos tumbados en la cama...

—Cogidos de la mano... —cortó Daniel.

Jack le miró sorprendido.

—¿Cómo lo sabes? ¿Qué está pasando? —Jack se ponía nervioso.

—Nada, cálmate, mira, quiero enseñarte algo.

Daniel acercó la carpeta a Jack, la abrió y se la dio, éste, miró con duda a Daniel, comenzó a ver los dibujos, los iba pasando, de uno en uno.

—¿Son..., míos? —Jack se quedó mirando un dibujo, en él salían Jack y Daniel, tumbados cerca de un río.

—¿Por qué crees que son tuyos? —Daniel tocó la mano de Jack, pudo notar su mano temblorosa.

—No sé..., siento..., ¿Siento que yo los dibujé...?

—¿Nos tumbamos? —Daniel le quitó la carpeta y la puso en el escritorio, después se tumbó en la cama, casi al borde, Jack le miraba sentado en el borde de la cama—. Venga, túmbate conmigo.

Jack, dudoso, se quitó las zapatillas y se tumbó al otro lado, dando a la pared.

—Ahora, cierra los ojos, hazme caso.

Jack cerró los ojos, Daniel cogió su mano, Jack se dejó hacer.

—¿Qué ves? —preguntó Daniel.

—Yo..., no sé, veo..., veo oscuridad.

—Fíjate bien, en el techo, ¿No ves unas estrellas brillantes? Intenta visualizarlas.

Jack permanecía callado.

—Ahora, imagina estar en tu habitación, hay muchos dibujos, desperdigados por ella, a tu lado, hay un chico, te sujeta la mano, ¿Lo ves? —Daniel notaba a Jack ponerse nervioso.

Jack apretó con fuerza la mano de Daniel, cada vez estaba más nervioso, su mano sudaba.

—Jack, cálmate, estoy aquí, a tu lado, respira, escucha mi voz, siente mi piel, ahora..., piensa, ¿Qué ves?

La respiración de Jack se comenzó a acelerar, Daniel lo notaba, notaba como apretaba más su mano, comenzaba a sentir dolor.

—Jack, respira, cálmate, estoy a tu lado, tranquilízate.

—Yo..., veo..., siento una respiración...

—¿Si? ¿De quién es? —Daniel abrió los ojos y miró a Jack, que los mantenía cerrados.

—Es..., ¿Es tuya...?, estás muy cerca, lo noto.

—¿Dónde estás? ¿Qué ves? —preguntó Daniel.

Jack respiraba cada vez más deprisa y se agitaba.

—Yo..., no veo nada, ¿Mis ojos están vendados?, pero te noto en frente, pero..., ahora noto como te alejas...

Daniel miró sorprendido a Jack.

—¿Por qué están vendados? ¿Quién te los vendó?

Jack comenzó a alterarse.

—Jack, escúchame, ¿Por qué estás con los ojos vendados?

—Rose... —masculló Jack.

Daniel abrió los ojos y su corazón latía a mil, notaba que se ahogaba, su pecho pesaba, miraba a Jack de diferente forma, sí, ese Jack era el mismo, nunca lo perdió, siempre estuvo a su lado.

Jack abrió los ojos, estaba sudando, miró a Daniel, que lo miraba, al verlo, comenzó a tranquilizarse.

—¿Estás bien? —Daniel se acercó más a Jack, éste acercó sus dedos a la ceja de Daniel, posó dos de ellos en la cicatriz, la comenzó a tocar.

Daniel no dejaba de mirar los ojos de Jack, éste estaba nervioso.

—Siento lo que te hice ese día, yo pensé que querías decirle a mi padre lo del tatuaje...

El corazón de Daniel dio un vuelco, se separó asustado, no podía creerlo aún, Daniel miraba a Jack negando con la cabeza.

—¿Qué has dicho? —Daniel notaba que le faltaba la respiración.

—Tenías razón, yo soy Jack, llevo semanas, no, meses, pensando en ello, recuerdo..., recuerdo que te pegué, por querer chivarte del tatuaje, pero..., me cuesta recordar por qué. —Jack se llevó la mano a su cabeza.

Daniel se apoyó con la mano en la estantería, sentía que se mareaba.

—Yo..., llevo semanas soñando cosas, o recordando cosas sin sentido, como si mi vida fuese una mentira, como si recordase las vivencias de otro chico, pero luego pienso en todo lo que tú me has contado y...

—No es posible..., yo..., vi tu tumba, no puede ser... —Daniel comenzó a tener los ojos rojos.

Jack se levantó, se acercó y posó sus labios en los de Daniel, con su mano sujetó el lado izquierdo de su cara, Daniel notó una paz enorme, era Jack, sí, lo era. Jack se separó de Daniel, que estaba más calmado.

—El día de las vendas, lo noté, noté tu respiración, tus pasos cerca de mí, realmente pensé que me ibas a besar..., ¿Por qué no me besaste?

Daniel miraba a Jack aún desencajado.

—No entiendo nada... —Daniel aún no lo creía.

—Dani, debo contarte un secreto, mi secreto. —confesó Jack.

—¿Qué? —preguntó Daniel.

—Yo estuve en coma varias semanas, al despertar, no recordaba nada, pasé el invierno en un hospital privado, a las afueras del condado, luego, el verano pasado, cuando me recuperé, me mudé a casa de mi tío...

—¿Tu tío? —Daniel cortó a Jack.

—Sí, él me dijo que tuve un accidente de tráfico, donde falleció mi familia, solo yo sobreviví, me dijo que no podía contar esto a nadie, que era importante, que tenía que recordar yo solo...

—¿Tu tío es Roland? ¿El ayudante del Sheriff?

—Sí..., ¿Por qué?

Daniel se levantó de la cama enfadado.

—Entonces..., espera..., entonces, ¿Tú vives con tus tíos?

Jack también se levantó, Daniel estaba cada vez más nervioso.

—Sí, vivo con mis tíos.

—¿Y Takeo? ¿No es tu hermano?

—¿Qué? No, Takeo es mi primo, y Virginia mi prima, te lo dije, vivo con ellos...

Daniel se giró mirando a la ventana, después a Jack, se acercó a él y lo abrazó.

—Jack, eres Jack, sí, no es un sueño, estás vivo, estás vivo... —Daniel lloraba mientras abrazaba a Jack, éste lo abrazó con fuerza, sin soltarlo, le levantó la cabeza y le besó en los labios, Daniel podía sentir sus labios de nuevo, de nuevo podía sentir a Jack.

Daniel se separó y abrió la puerta con furia.

—¿Dónde vas? —Jack le seguía detrás, Daniel bajó las escaleras.

—A casa de tú tío, debe explicarme un par de cosas, ¡Fingió tu muerte!

—¿Qué? ¿Por qué iba a hacer eso? —preguntó Jack.

—No lo sé, ¡Por eso vamos a ir a que nos lo explique!

Daniel salió corriendo, Jack le siguió detrás, por el camino Daniel pensó en muchas cosas, ¿Por qué hizo eso su tío? ¿Por qué no se lo dijo? ¿Quién era el chico que vio en su tumba?

Al llegar, un coche de policía estaba aparcado en la entrada, sí, era el de Roland, Jack alcanzó a Daniel y abrieron la puerta, al entrar, Roland se acercaba para salir, al verlos, se quedó parado, sorprendido.

—¿Daniel? Pero..., ¡¿Qué te dije?! —Roland parecía enfadado.

—¿Por qué lo has hecho? —Daniel también lo miró con furia, Jack, por su parte, solo observaba, sin saber qué decir.

—Yo..., vale, os debo una explicación...

Minutos más tarde...

Roland estaba sentado en la mesa del comedor, Daniel y Jack permanecían también sentados al otro lado de la mesa, Roland estaba serio, como pensando qué decir.

—¿Y bien? —Jack intervino—. Roland, necesito saber la verdad, no aguanto más, ¿Qué está pasando?

—Está bien, de todas formas ya no puedo seguir ocultando esto... —Roland se levantó y comenzó a andar de derecha a izquierda.

Ante la mirada de ambos chicos, expectantes, deseosos de saber la verdad.

—Sí, eres Jack, el Jack que ''murió'' hace un año y medio.

Daniel y Jack le miraron con sorpresa, ya se lo imaginaban, pero escucharlo de la boca de Roland era más impactante.

—El día que Jack tuvo el ataque, fue ingresado de urgencia, el médico dijo que había recibido mucha información de golpe, que su cerebro no pudo asimilar tanta información, fue traumático para Jack, estuvo a punto de morir, pero sobrevivió, estuvo varios días sin despertar, al hacerlo, él..., perdió gran parte de su memoria, o casi toda.

Roland se volvió a sentar.

—Daniel, lo siento, lo hice por Jack, el médico me recomendó que debía permanecer lejos de gente que le hiciese recordar, era peligroso, debía hacerlo por él mismo, al menos, hasta que su cerebro se recupera, poco a poco, así que..., con ayuda del Sheriff fingimos su muerte, lo llevamos a las afueras, en la ciudad, vivió allí con mi exmujer durante unos meses, con la llegada del verano lo traje a vivir conmigo al pueblo, yo..., le conté que su familia murió en el accidente, en parte no era mentira...

—Sí lo era, mi padre..., él vivió. —Jack estaba muy enfadado.

—¿Cómo lo sabes? —Roland miró sorprendido a Jack.

—¡¡Porque hace semanas que tengo sueños!!

Roland se calló.

—En los sueños, él está conmigo, también recuerdo a un niño, era mi hermano, y a mi madre... —Jack tenía los ojos llorosos—. Pero eran sueños muy borrosos, y claro, pensé que estaba volviéndome loco.

Jack se levantó y miró a Daniel.

Entonces, el día que Daniel me dijo que me conocía, en el recreo, yo..., ese día soñé muchas más cosas, creí que eran solo sueños, pero..., eran recuerdos..., y yo no lo sabía...

Roland tenía los ojos lagrimosos.

—Si me hubieses dicho la verdad desde un principio, sabría que eran recuerdos y no simples sueños... —le recriminó Jack.

—Lo siento, no quise mentirte, lo hice por ti Jack... —Roland se volvió a sentar, con la mirada al suelo.

—¿Y la tumba? ¿Quién es el que está ahí? —al decir esto Daniel, Roland le miró con sorpresa.

—¿Cómo sabes que...?

—Eso no importa, lo sé, ¿Quién es? —cortó Daniel.

Roland se volvió a levantar.

—Es un chico, no tenía familia, no sabíamos quién era, llevaba tiempo en el depósito, no sabíamos qué hacer con él, íbamos a enterrarle sin nombre en el cementerio, así que decidimos que podría estar ahí, aunque no se llamase Jack, que al menos el chico tuviese un nombre por el cual ser recordado.

Jack subió corriendo las escaleras y cerró su puerta con enfado, Daniel le siguió detrás.

—Daniel, ¡Espera! —Roland sujetó del brazo a Daniel—. Escucha, no cuentes a nadie nada de esto, le podría afectar, deja que sea Jack el que lo decida...

Daniel miró con enfado a Roland.

—Siento no habértelo dicho, pero dime la verdad, si lo hubieses sabido, ¿Te habrías alejado de él?

Daniel se soltó, le miró con tristeza y subió arriba, llamó a la puerta y la abrió, Jack estaba tumbado en la cama, tapado con la manta, Daniel cerró la puerta y se acercó.

—Lo siento, Jack, siento que pases por todo esto, que...

—¿Qué mi vida sea una mentira? —Jack no le dejó continuar—. ¿Qué no sé aún quién soy?

Jack se volvió a tumbar.

—Yo estoy feliz. —dijo Daniel—. Porque te he recuperado, aunque nunca te perdí, siempre supe que tú eras Jack, ahora entiendo todo, habían pasado más de un año, y por eso has crecido y cambiado, pegaste un gran estirón, pero sabía que eras tú, siempre lo supe, Jack.

Jack se destapó y miró a Daniel, éste le dio la mano.

—Ven, sígueme. —dijo Daniel.

Jack cogió la mano de Daniel y lo llevó al baño.

—Quítate la camiseta.

Jack lo observó con duda.

—Confía en mí.

Jack se quitó la camiseta, Daniel le hizo girar, para que viese su espalda, Jack podía ver el tatuaje, el corazón tribal que su tío le hizo, con su nombre y el de su hermano. Daniel posó su mano en el tatuaje.

—Lo..., lo recuerdo, mi padre nunca llegó a verlo, se habría enfadado mucho... —los ojos de Jack se pusieron rojos, Daniel se acercó a él.

—Yo creo que no, le habría gustado, porque vería que tu hermano estaba contigo, siempre, y yo ahora también lo estoy, contigo.

—Siento que no te dijera nada, sospeché que yo era Jack hace tiempo, pero tenía miedo, porque si aceptaba ser Jack..., aceptaba que perdí a toda mi familia de verdad, y me dolía demasiado, estaba hecho un lío, no sabía qué era verdad y qué era un sueño...

Los labios de Daniel besaron los de Jack, sin dejarle continuar hablando, éste se dejó besar, Daniel posaba sus manos en el cuerpo de Jack, tocando su piel, fue bajando por su cuerpo, besando cada rincón, Jack respiraba agitado, se arrodilló y le desabrochó los vaqueros, tiró hacia abajo, dejando a Jack en bóxer, lo fue empujando hasta tirarlo a la cama.

Jack miraba sentado en la cama a Daniel, que sonreía maliciosamente, éste se quitó la camiseta y la lanzó a la cara de Jack, que sonrió y la olió, después la dejó a un lado, Daniel se acercó a Jack y lo volvió a besar.

Jack le bajó el pantalón corto a Daniel, dejándolo en bóxer también, Jack comenzó a lamer su cuerpo, besando su piel, Daniel respiraba agitado, se puso encima de Jack y continuaron besándose, tocando todo su cuerpo, su piel...

—¿Quieres hacerlo? — preguntó Jack.

Daniel se calló.

—Yo...

—Tranquilo, tenemos tiempo, no tiene por qué ser ahora. —dijo Jack sonriendo pícaramente.

Daniel besó de nuevo a Jack, se separaron y se dieron la vuelta quedando boca arriba, Daniel volvió a mirar al techo, sonriendo, cerró los ojos, Jack hizo lo mismo, buscó la mano de Daniel y la apretó con fuerza.

—Eres la estrella que ilumina mi vida, Dani. —dijo Jack.

Daniel se giró y miró a Jack, Daniel recuerda esa frase, la que Jack le dijo aquella noche.

—¿Lo recuerdas? —Daniel veía a Jack, que permanecía con los ojos cerrados, aún agitado.

—Sí, fue la mejor noche de mi vida, ahora recuerdo muchas más cosas, ahora entiendo por qué me sentía atraído por ti en clase, nunca te había olvidado, a ti nunca te olvidé.

Daniel sonrió, Jack le miró y le devolvió la sonrisa, se acercó a él y lo abrazó, le volvió a besar y permanecieron así, sintiendo como su piel rozaba con la suya, sentía el calor de su piel desnuda, le gustaba, y así estuvieron hasta que se durmieron.

La puerta se abrió de repente.

—Jack... ¡Joder!, ¡Perdón! —Roland cerró la puerta corriendo.

Los dos chicos se sobresaltaron, al darse cuenta de que estaban juntos en bóxer y ya era de día.

—¿No cerraste con cerrojo? —preguntó Jack.

—Perdón, se me olvidó... —Daniel buscaba su ropa y comenzó a vestirse, Jack también.

—Ya puedes pasar... —Jack estaba rojo, Daniel aún más.

El tío Roland abrió la puerta, mirando a los dos chicos sentados en la cama dándole la espalda.

—Bueno..., esto..., no vi nada..., quiero decir... —Roland sonaba con vergüenza.

—¡Tío! ¡No hicimos nada! —Jack se enfadó.

—Perdón, bueno, que sólo vine a decir que ya está el desayuno, que llegaréis tarde a clase. —Roland cerró la puerta tras irse.

Los dos chicos permanecieron callados, Daniel se levantó y miró a Jack.

—Bueno, será mejor que me vaya.

—No, quédate a desayunar. —Jack se levantó y le cogió de la mano.

—Roland piensa que hicimos..., bueno, que tuvimos..., y no hicimos nada...

—Que piense lo que quiera. —dijo Jack.

—¿Y tus primos? No quiero molestar...

—No molestas, además, se habrán ido ya, mi primo va a la academia y mi prima trabaja en la tienda, estamos solo mi tío, tu y yo, anda, desayuna conmigo... —Jack le miraba con ternura, Daniel afirmó con la cabeza.

Jack vio a Daniel pensativo.

—¿En qué piensas? —preguntó Jack.

—Es que..., cuando te perdí, mi vida acabó...

Jack le miró con tristeza.

—Mi vida no tenía sentido, porque no tenía destino, mi destino solo lo alcanzo si es contigo, y sin ti, no lo tengo.

—Awww, que bonito Dani. —Jack se acercó y besó a Daniel con ternura.

Los dos chicos bajaron las escaleras, el tío Roland tomaba un café, estaba en silencio, mirando como los dos chicos tomaban asiento.

—Bueno..., hoy por la mañana iré a la escuela, tengo que arreglar los papeles y explicar al director lo ocurrido, ya no hay motivo para ocultarlo, además, debemos declarar que no falleciste, aunque ya estaba hablado con el alcalde, pero bueno...

—Gracias Roland, sé que siempre fue buena tu intención. —Jack entendió las intenciones de Roland, extendió su brazo y cogió una tostada, Daniel se echó leche y bebió un poco.

—¿Al menos habréis usado protección no?...

Daniel escupió la leche que estaba tomando.

—Quiero decir, bueno... —Roland continuó hablando.

—¡¡Tío!! —gritó Jack, alterado.

—Perdón, o sea..., emmm...

—No hicimos nada... —masculló Daniel con vergüenza.

—Ah, bueno, mejor, aún sois jóvenes, ya llegará ese momento especial..., estooo..., bueno, será mejor que me vaya, tengo mucho trabajo hoy. —Roland se levantó y besó en la cabeza a Jack, después con su mano tocó el cabello de Daniel, éste estaba rojo, más rojo que un tomate.

Los dos chicos quedaron en silencio, Jack lo miraba, Daniel estaba sonrojado.

—¿Qué? —Daniel dejó el vaso de leche en la mesa.

—Nada..., es sólo que estoy feliz. —Jack sonreía como siempre lo hacía.

Los dos chicos desayunaron entre risas y miradas, después, Daniel fue a su casa a recoger la mochila, su madre se enfadó al ver que durmió fuera, quedó sorprendida al descubrir que Jack nunca había muerto, aún no se lo creía.

Caminaron juntos y Tommy se acercó a ellos.

—¡Buenos días! ¿Y esas caras? —Tommy miró a Daniel y Jack, que tenían la cara roja y sonriente.

—¿Qué les pasa? —Jack bajó la mirada.

—No sé, os veo distintos... —Tommy sospechaba algo.

—En la hora del recreo, iros atrás, en la zona de los tres árboles. —dijo Daniel.

—¿Dónde siempre estamos? —preguntó Tommy.

—Sí. —confirmó Daniel.

Así, los chicos quedaron para contarles toda la verdad, durante las clases, Daniel no dejaba de mirar a Jack, aún no se creía que lo tenía a su lado, con él, de nuevo, se le hicieron eternas las asignaturas, hasta que tocó la sirena anunciando el recreo, Jack y Daniel fueron juntos, y esperaron a que todos llegasen, Kenny, Andy, Yeray y Tommy.

—Bueno, ya estamos todos, ¿Qué pasa? —Kenny parecía serio, también ansioso por saber qué pasaba, Daniel evitaba la mirada de Kenny, aún recordaba lo ocurrido la noche que casi se pelean, Kenny no creyó en él.

Entre Daniel y Jack contaron todo lo que había ocurrido, omitiendo que durmieron anoche juntos, también como Roland fingió la muerte de Jack..., todo..., los chicos escuchaban entre sorprendidos y poco convencidos, en parte alucinaban.

—Veamos, si me ha quedado claro, si entendimos bien, Jack nunca murió, eres tú, Roland te ocultó aprovechando tu pérdida de la memoria para alejarte y que recordases por ti mismo, ¿Es así? —preguntó Kenny.

—Sí, así resumido, sí, es así. —dijo Jack—. Lo hizo porque si me forzaban a recordar podría volver a tener un ataque...

—No me lo creo, no sé, suena tan..., raro..., estas cosas no suelen pasar... —Kenny daba vueltas, pensando.

—Muy bien, para creer, hay que ver. —dijo Daniel—. Jack, enseña tu tatuaje.

Los chicos miraron a Jack, éste se puso rojo, respiró hondo y se levantó la camiseta, todos miraron su costado, en la parte de su espalda.

—No me jodas... —Tommy se acercó y tocó el tatuaje—. ¡¡Es Jack!!

Los demás miraban con cara de idiotas, Andy y Yeray tenían los ojos lagrimosos, se acercaron corriendo y lo abrazaron, Tommy se sumó al abrazo.

Entre risas y abrazos los chicos volvieron a ser felices, hacía tiempo que no lo eran, hacía mucho tiempo, Kenny miraba a Daniel, su cara estaba triste, Daniel se dio cuenta.

La campana del final del recreo sonó y todos volvieron a las clases, todo prosiguió con normalidad, las clases terminaron y Daniel regresaba feliz a su casa, Jack le acompañaba.

—¿Quieres venir a casa? —Daniel cogió de la mano a Jack, éste le miró sonriente.

—Claro, y podemos dormir juntos de nuevo. —Jack miró a Daniel, que se puso rojo.

Estaban a punto de llegar y entrar en casa de Daniel cuando apareció Kenny.

—Hola, Daniel, ¿Podemos hablar un momento? —Kenny parecía serio.

—Bueno, te espero en tu cuarto, dame tu mochila. —Jack cogió la mochila de Daniel y entró en la casa de éste.

Kenny y Daniel permanecieron en silencio.

—Bueno, tú dirás. —dijo Daniel.

—Quería pedirte perdón, me equivoqué, lo siento. —Kenny parecía bastante afectado.

—No fue tu culpa, no lo sabías. —Daniel le miró con una sonrisa.

—No me disculpo por eso, sino por no creerte, desde el principio dijiste que ése era Jack y yo no te creí, debí hacerlo, pero no lo hice, incluso Liam sí te creyó, te fallé, espero que algún día me perdones.

Daniel se quedó en silencio, cogió la mano de Kenny, que tenía los ojos brillosos.

—Kenny, yo sé que lo hacías por mí, me has demostrado ser siempre un amigo fiel, nunca me has fallado, de verdad, no estés mal, todo está bien, estoy feliz, deberías estarlo también.

Kenny abrazó a Daniel con fuerza.

—Gracias Daniel, por cierto, ¿Recuerdas que te dije que cuando Jack se recuperase podrías traerlo a la casa de campo de mis tías? Pues sigue en pie. —Kenny le guiñó un ojo, Daniel sonrió.

—Pues lo tendré en cuenta ehh. —dijo Daniel feliz.

Se despidieron y Daniel subió las escaleras, Jack estaba sentado, muy serio.

—¿Qué pasa? —preguntó Daniel preocupado.

Jack se levantó con gesto de estar enfadado.

—¿Piensas que soy tonto? Jack lanzó la mochila con enfado en el suelo—. ¿Qué? ¿Me vas a dejar por Kenny?

—¿Qué? —Daniel le miró sorprendido.

Jack se acercó a él, lo sujetó con fuerza y lo tiró en la cama.

—¡¡He visto como os dabais manitas!!, ¡¡Esto no te lo perdono jamás!!

( Continuará... )

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Creado (2020), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

All rights reserved© Safe Creative Code: 2202020399227 / 2309245396427

ISBN Code: 9789403630045

PD: Esta historia no contiene nada de sexo explícito, es una historia de amor que escribí hace unos años, quería compartirla por aquí, contiene drama, violencia, inocencia, misterio..., ojalá que os guste.

La historia constará de 10 capítulos, de larga duración, ya sabéis que vuestras opiniones, críticas y consejos son bienvenidos!