Capítulo 5 - Mi padre, el perverso
Los rayos de luz entraban por mi ventana y yo instintivamente me tumbé boca abajo intentando evitarlos, pero lamentablemente ya me había espabilado, me puse a pensar en todos los acontecimientos que habían pasado estos días, joder, eran demasiados y no podía asimilarlos bien.
Por un lado estaba la llegada de mi hermano, el cual estaba cambiado y que me insinuó que le hicieron bullying en el correccional, esa misma noche tenemos nuestra primera experiencia sexual, la cual fue espiada por mi padre, que se corrió viéndola, todo esto sin mi hermano saber nada, aunque habría una segunda vez que nos espiaría y joder..., vaya padre...
Me giré y miré por la ventana, estaba soleado..., seguí pensando en los demás acontecimientos, mi hermano cuando se enteró que mi padre nos espiaba, se fue de casa enfadado y lo confundieron con un chapero, cuando me dijeron eso, yo no me lo creí, pero la otra noche lo confirmé, con la desgracia que también me confundieron a mí, pero al fin y al cabo, a mi me excitó esa situación, mientras me follaban, mi hermano estaba también recibiendo lo suyo..., aunque debo decir que me causa rabia que no haya sido yo el primero en su vida...
Llamaron a mi puerta despacio en ese instante.
—¿Quién? —pregunté.
Abrieron la puerta y entró mi hermano a mi cuarto.
—¿Podemos hablar? —me miró con mucho rubor y pena.
—Es que recién me desperté y...
Mi hermano cerró la puerta y se sentó en mi cama.
—Escucha..., anoche te fuiste muy furioso y lo comprendo..., doy asco.
Mi hermano bajó la mirada y sus ojos se mostraban un poco llorosos.
—Rubén yo nunca pensaría así de ti, no vuelvas a decir que das asco.
—Pero..., es que...
—¿Lo dices por...?
Mi hermano se mantuvo en silencio.
—Escucha, yo no soy un experto en esto pero puedo decirte que no das asco, muchos chicos son chaperos y pues..., no les queda de otra y encima son heteros, pero no tienen alternativa, necesitan comer y vivir, mantener a sus familias y no morir de hambre.
—Pero no es mi caso... —dijo.
—Lo sé y no te justifico, pero, si te cuidas y tienes cuidado..., yo no te detendré.
—¿Porque no? —preguntó confuso.
Me miró extrañado, incluso yo mismo me extrañe con lo que dije, pero ¿qué podía hacer?
—Porque si te gusta y te excita esas situaciones, yo no te lo impediré, Rubén.
Mi hermano bajó la mirada y se levantó de la cama.
—Entonces no te metas más, es mi vida y ya soy mayorcito.
—No lo haré, te lo prometo. —dije cabizbajo.
—¿Y qué harás con papá?
—Pues no lo sé..., hablaré con él. —mientras le contestaba me levanté también, estaba un poco cabizbajo por la conversación, mi hermano era chapero y no volvería a ser mío nunca.
—Ok... —contestó.
Mi hermano salió del cuarto y yo un poco frustrado me metí en la ducha, me pegué una ducha con agua fría, necesitaba estar despierto para lo que iba a hacer ahora. Mi hermano piensa que me fui enfadado con él..., pero no fue eso lo que pasó.
En ese momento recordé lo que vi en el parque, cuando el chico negro terminó de follarme y se largó escuché unos gemidos, me acerqué a investigar y entonces vi a nuestro padre, se estaba follando a uno de los chaperos, yo no supe reaccionar, me quedé congelado, lo peor de todo es que estaba de frente, me miró y se dio cuenta de que era yo, me guiñó un ojo y siguió follándose al chapero sin quitarme la vista de encima.
Me miraba con excitación y escuché cómo le empezó a hablar al chapero como si fuese yo el que estuviese en su lugar.
—Así joder, que buen putito eres Tomi, que culo joder.... —y me miró mordiéndose el labio inferior con placer.
Sus palabras no las logré encajar bien y salí corriendo de allí, corrí como si el fin del mundo estuviese detrás de mí.
Terminé de ducharme y salí de mi cuarto, aun recordaba lo de anoche, bajé al comedor, no estaban mis padres, lo mas seguro es que salieron a comprar, ya eran las diez de la mañana, busqué a mi hermano y tampoco lo encontré, así que me puse a jugar a la consola después de desayunar.
Pasaron las horas, ya eran las doce de la mañana, mi madre llegó de comprar, estaba en la cocina haciendo la comida supongo, mi padre sentado en el sofá del salón viendo la televisión, era el momento ideal y perfecto, me acerque y me senté a su lado.
Estuve en silencio bastante, no me atrevía ni a abrir la boca, entonces me miró de reojo, estaba viendo las carreras de caballos.
—Bueno, hijo, ¿como la pasaste anoche? —preguntó con sarcasmo.
—¿Que..?
—Digo, como te escuché llegar tarde, pues supongo que estarías en alguna fiesta o algo. —soltó guiñando su ojo derecho.
Yo le miré extrañado, pero él seguía viendo la televisión, mi silencio empezó a incomodarle.
—¿No dices nada? —preguntó.
—¿Qué quieres que diga papá?
No contestó, seguía mirando la televisión y yo me levante enojado.
—Bueno..., anoche vi algo que creo que mamá debe saber. —solté de forma amenazadora.
Mi padre me agarró del brazo enseguida y me hizo sentar, parecía que no le gustó mi amenaza.
—Ni se te ocurra. —dijo.
—Pero...
—Mira, si le dices algo a tu madre te arrepentirás, además, que yo sepa, yo no soy el que va allí a dar el culo. —dijo de manera cínica.
—¿Pero qué dices? Yo no fui a eso, lo que pasa es que...
—¿Piensas que no te vi? La otra noche me dormí en el sofá, estaba oscuro, entonces te vi salir de madrugada, iba a regañarte, pero pensé, ¿a dónde vas a estas horas?
Se detuvo y subió el volumen de la televisión para que nuestra madre no escuchara nuestra conversación, y prosiguió.
—En un primer momento pensé que ibas a casa de alguna chica a follar, o incluso a comprar drogas, pensé muchas cosas, pero..., cuando te vi entrar al parque...
—¿Me seguiste? —yo alucinando me quedé sin palabras.
—El caso es que, cuando te vi entrar dentro del frondoso parque, y decidí seguirte, uffff, vi como ese negro te follaba, joder, mi hijo follado por dinero, iba a ir a reventarle la cabeza, pero me puso a mil ver como sometían a mi hijo.
Yo me quedé de nuevo mudo, estaba más tiempo callado que hablando. En ese momento llegó mi madre.
Hola cariño, necesito que vayas al supermercado, se me olvidó comprar las patatas fritas.
—Claro mi amor, dame el dinero y que vaya Tomi.
Mi padre me miró sonriente.
—Dale tu el dinero, que no llevo suelto. —mi madre volvió a la cocina.
—Pero no me queda. —mi padre se puso nervioso.
—¿Como que no te queda? Anoche te quedaste con cincuenta euros, ¿en que los gastaste? —preguntó mi madre enojada.
Mi padre no decía nada y mi madre empezó a ponerse nerviosa, estoy seguro de que esos cincuenta pavos se los gastó en ese chapero que se folló.
—Mamá, me los dio a mí, es que anoche yo y Rubén salimos con unas amigas a una disco y pues se me fueron volando. —mentí.
—¿Qué? ¿Sabes que te has quedado sin paga no? Pues sin patatas fritas, por listos. —mi madre se fue enfadada.
Hubo un ligero silencio y mi padre habló.
—¿Por qué lo has hecho?
—Bueno, imaginé en qué lo gastaste, así que ahora me toca cobrarme este favor, ¿no crees?, te pido por ello que dejes de espiarnos, y por favor, no cuentes nada, ya dejamos mi hermano y yo todo, fue un error, estábamos calientes y pasó eso..., y no pasará más, además Rubén lo sabe y está muy mal, por eso por favor...
—Esta bien, no me meteré más..., hablaré con él y pues lo tranquilizaré.
—Gracias..., esto..., una cosa, ¿por qué lo hiciste? ¿no eres heterosexual? —pregunté con curiosidad.
Mi padre permaneció callado, respiró hondo, juntó sus manos y comenzó a confesar algo increíble.
—Escucha, cuando era joven, salí con una chica que era mi novia en aquel entonces y su hermano, el caso es que nos emborrachamos lo tres y..., bueno, llevé a mi novia a su casa, estaba muy bebida, la acosté en su cama, quedé a solas con su hermano, seguimos tomando y cuando me quise dar cuenta..., le estaba dando por culo...
—¡No me jodas...! —exclamé flipando.
—Pues sí, en ese momento supe que era biosexual, aunque me gustan más las mujeres claro, pero..., a veces, no puedo evitarlo, pienso en follarme a un chico.
—Prefiero que no me cuentes más... —confesé.
—El caso es que, hacía años que no hacía nada, de hecho siempre fui fiel a tu madre, pero cuando os descubrí a ti y a tu hermano..., pufff, no pude resistirme, es vuestra culpa, perversos.
—Bueno, ya te dije que se acabó, así que no te preocupes, no haremos nada más.
Me levanté y me fui a mi cuarto, la verdad es que me quité un peso de encima con mi padre, me incomodaba mucho que él estuviera detrás de nosotros literalmente hablando, pero ya parecía haberse aclarado, ahora solo me quedaba hablar con Rubén y decirle lo que siento por él, aunque después de lo de esta mañana no sé qué pensará..., no me gustaba que fuese chapero.
Justo lo vi tumbado en su cama leyendo un cómic.
—¿Cuando llegaste a casa? —pregunté sorprendido.
—¿Por? ¿Que pasa?
—No nada..., solo que..., mira lo de esta mañana...
—No te preocupes por eso. —dijo en tono seco.
—¿Qué quieres decir? —le miré confuso.
—Pues que ya lo pensé y no lo haré más.
—¿De verdad? —no me creía lo que acababa de soltar.
—Sí.
Yo me alegré mucho de eso, tanto que hasta lo abracé.
—¿Qué haces? ¡¡Nos van a ver!!
—Perdona..., bueno, tampoco es malo que unos hermanos se abracen...
—Eso sí... —siguió leyendo el cómic.
—Por cierto, hable con papá y pues ya está todo arreglado.
—¿En serio?
—Sí. —afirmé.
—Uff, menos mal, porque era muy incómoda toda esta situación, ¿qué le dijiste?
—Pues, que fue un momento de calentón entre hermanos, explorar y experimentar, ya sabes..., aunque quiere hablar contigo sobre esto, para dejarte tranquilo y eso.
—¿Es coña? —preguntó disgustado mi hermanito.
—No...
—Pues que guay... —se quejó mi hermano y hundió su cara en la cama.
Y así, pasó el resto del día, almorzamos y yo me fui a jugar con mi amigo Cristian al fútbol, estuve toda la tarde, cuando miré la hora me di cuenta que era muy tarde, tenía cita con el dentista, llegué a casa, mi madre estaba enojada por llegar tarde, subimos al coche y fuimos al dentista.
Fue horrible, me iban a poner brackets, lo peor es que fui sudado tras jugar al fútbol y mi madre me lo recriminó, tras el dentista, volvimos a casa, ya era de noche, mi madre entró a la cocina a hacer la cena, yo subí arriba para darme una buena ducha, entonces sentí ruido en el cuarto de mis padres.
Me acerque sigilosamente y abrí despacio la puerta, en ese momento vi a mi hermano ponerse una toalla en la cintura, estaba todo mojado.
(Continuará)
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