Capítulo 6 ''Con novia, pero la chupo''
Miré y caí al suelo de culo, casi temblando, alcé la mirada y pude ver una figura negra vislumbrada por la luz del sol que daba a su espalda, creando esa sensación de oscuridad momentánea.
—Vaya, pero si es la perra que me ha jodido el business. —era el chico teñido de rubio, delgado y con ojos negros, me miraba con odio.
—Escucha, lo que hacéis está mal, yo solo evité que abuséis de Tommy y su amiga.
—Ya, te crees todo un héroe, ¿no?
Se hizo el silencio, me puse en pie y limpié el polvo de mi ropa al caer.
—¿Qué quieres? —pregunté.
—¿Yo? Joderte la vida.
Me sujetó del cuello de la camiseta y me dio un puñetazo seco en la tripa, me hizo caer de rodillas y comencé a toser.
—Cof, cof, espera, espera, mira, ¿y si te ayudo? —alcé la vista hacia él.
—¿Ayudarme? —preguntó confuso.
—Sí, mira, te he jodido, vale, pero lo que hacías estaba mal, y lo sabes.
Me miró a regañadientes y escupió a un lado con rabia.
—¿Y como piensas ayudarme? ¿Me la vas a chupar tú?
Quedé callado y solo afirmé con la cabeza.
—¿En serio? —preguntó el chico, miró a los lados y me puso en pie—. Vamos a ver si es verdad, ven.
Le seguí callado hasta un callejón, en él estaba la tienda de cómics que recién habían cerrado.
—¿Qué hacemos aquí? —pregunté.
—¿Quieres que deje en paz a Tommy?
—Sí.
El chico rubio se bajó los pantalones y el bóxer hasta las rodillas y sujetó su polla, muy dura, con su mano, estaba sin circuncidar, mediría unos 14 centímetros, estaba depilado, me hizo arrodillar de nuevo.
—Termina lo que interrumpiste, ¿No querías ayudar? Me chupas la polla y no molesto a Tommy.
—¿Lo juras? —pregunté con dudas, no me creía lo que estaba a punto de hacer.
—Claro, ¿Por qué iba a mentir? Ahora, chupa.
Acercó su polla a mis labios, hizo presión y yo me dejé, su polla se deslizó por mis labios hasta meterla en mi boca, entera, podía degustar el sabor de toda su polla.
Suspiró de placer y miró al cielo, su mano se posó en mi cabello y comenzó a mover sus caderas, yo por mi parte sujeté su cintura con mis manos y me centré en su polla.
No me lo podía creer, tenía novia y ahí estaba, chupando mi segunda polla en pocas semanas, lo peor de todo es que me estaba encantando, su sabor, textura, como se movía en mi boca...
Empecé a succionar su polla, relamía la punta, le bajaba más la piel y succionaba toda entera, me sujetó con fuerza y me la clavó entera en la boca, podía sentir mi nariz en su pubis lampiño.
—Joder, joder, puto cabrón, ¿de dónde saliste tú? No aguanto más...
El chico comenzó un vaivén frenético y yo solo podía resistir sus estocadas en mi boca, hasta que pude sentir su polla tensarse y escupir su leche dentro de mi boca, directo a mi garganta, el sabor era amargo, algo líquida, yo solo tragaba y tragaba.
El éxtasis pasó y el chaval la sacó de mi boca y se subió la ropa, me miró mordiéndose el labio y se ajustó la polla en su bóxer.
—Joder macho, como la chupas.
Yo no dije nada, me puse en pie y escupí a un lado, me limpié los labios con mi propia camiseta.
—Ahora cumplirás tu promesa, dejarás a Tommy en paz.
El chico confirmó con su cabeza.
—Vale, le dejaré en paz, pero si me la chupas más veces.
—¡Ese no era el trato! —dije alterado.
—Vale, vale, solo decía..., le dejaré en paz como te he prometido, pero, si algún día quieres repetir, no diré que no, te ha gustado chuparme la polla.
No dije nada.
—Dilo, di que te ha gustado chuparme la polla. —posó sus dedos en mis labios.
—Sí, me ha gustado. —dije un poco enfadado.
—Así me gusta, que lo confieses.
El chaval me echó a un lado y se marchó, yo, por mi parte, me senté en el borde de la tienda, pensando, lo que acababa de hacer, en cómo mi vida dio un vuelco por culpa de mi primo...
Mi móvil sonó, lo miré, era Celia, quería quedar el fin de semana.
—Lo que faltaba, y ésta comportándose como si nada hubiese pasado...
Los días pasaron, la excursión llegó y yo me quedé en casa, gracias a mi madre por no querer firmar.
Unos toques en mi puerta.
Miré, y ahí estaba mi primo Erik, se acercó y se sentó en mi cama, yo estaba tirado en la misma leyendo un cómic.
—¿Qué quieres? —pregunté con desgano.
—Nada, ver cómo está mi primito.
—Feliz, ¿no me ves?
—¿Qué te pasa? Llevas días así...
Me levanté como un resorte y lancé el cómic al suelo.
—¿Qué me pasa? Nada, que desde que viniste, me has comido la boca, me has follado, he chupado polla, mi novia me ha dejado, pero ha vuelto y está desquiciada, otro chico nos pilló y me hizo chantaje...
Me detuve unos segundos y suspiré.
—Por lo demás, DE PUTA MADRE ERIK.
—Joder, pensé que era algo más grave... —dijo de forma irónica.
—Sal de mi cuarto.
—Pero a ver, Kyle, ¿cuál es el problema? Has disfrutado conmigo, ¿No es verdad? ¿Es por tu novia? Le dices, oye, que me he dado cuenta que soy gay, y ya está.
—No es tan fácil joder, además NO SOY GAY.
Erik se puso en pie y se alejó a la puerta.
—Muy bien, como quieras, yo he quedado esta noche. —confesó.
—¿Qué? ¿Con quién?
—Con un chico... —me miró y me guiñó un ojo.
—¿Qué? ¿Qué chico? En plan, ¿ligar? —pregunté estupefacto.
Erik me ignoró y comenzó a mirar en mi armario, sacando camisetas.
—Necesito ponerme guapo. —dijo ignorándome.
Me levanté de la cama y lo puse contra la pared.
—¿De qué coño vas? Vienes, me follas, ¿y ahora te vas con otro? —pregunté entre dolido y traicionado.
—No Kyle, no me voy con otro, somos primos, hemos follado, ¿y qué? Somos primos, yo quiero un novio, a mí me da igual que sepan que soy gay.
—Joder, cuando viniste aquí te sentías culpable, ¿y ahora eres un alma libre? —le solté y le empujé fuera de mi cuarto, cerrando la puerta de un golpe.
—Primo, no seas así. —dijo Erik desde detrás de la puerta—. Escucha, aunque tenga novio, podemos hacer cositas a veces.
—¡Que te pires! —grité.
Me eché en la cama, quería gritar, quería golpearlo todo, miré por la ventana, estaba oscureciendo, el sol se ponía.
Me puse en pie y tras ponerme las zapatillas salí de mi cuarto, mi primo ya no estaba, salí de casa y comencé a dar vueltas, entonces lo vi, el chico rubio teñido, iba con sus dos amigos, hablaban y reían.
Me acerqué a ellos.
—Hola. —dije secamente, los dos amigos me miraron.
—Eh, es el cabrón del otro día, ¿el que te la chupó? —dijo uno de ellos.
—Callad. —dijo el rubio.
—¿Se lo has contado a tus amigos? —pregunté con temor.
—No dirán nada. —se me acercó y me tocó el culo—. ¿Quieres repetir?
Me miraba de manera lasciva.
—Sí. —respondí ante su asombro.
—Joder, que envidia tío. —dijo su amigo.
—Solo, si también se la comes a mis amigos.
Me miró mordiéndose el labio, sus amigos me miraban a mil, apretaban sus paquetes, se les notaba duros.
—¿Qué? No... —dije rotundamente.
—Venga va, te va a gustar, mis amigos se quedaron con las ganas cuando les conté lo bien que la chupas.
El chico rubio me sujetó del brazo y me llevó con ellos.
—Vamos a un descampado que hay aquí cerca. —dijo el chico rubio.
Forcejée y me solté de golpe.
—No, macho, no sé ni tu nombre.
—Me llamo Joshua, y estos son mis amigos, David y Manuel, ¿feliz? Ahora vamos al lío.
Me volvió a sujetar y me llevó cerca de un edificio en ruinas, detrás había un descampado abandonado, saltamos la valla.
Joshua, el chico rubio, se me acercó, puso sus manos en mis hombros y me hizo arrodillar.
—Ahora, chúpame la polla joder.
Se sacó de nuevo su polla de 14cm sin circuncidar, la metió en mi boca fácil, sus amigos se comenzaron a pajear.
No mentiré, la situación comenzó a ponerme muy caliente, ahí estaba yo, de rodillas chupando otra vez la polla del rubito, sus amigos, calientes también, se pusieron cada uno a un lado.
David, el chico más bajito, era moreno de piel, cabello oscuro y ojos marrones, delgado, y con una polla circuncidada de unos 13cm.
Manuel, por su parte, era de nuestra misma estatura, su polla era la más grande, circuncidado y de unos 15cm.
Yo, por mi parte, de rodillas, comiéndole la polla a chicos uno o dos años más pequeños que yo, era humillante.
Joshua la sacó de mi boca y dejó que David ocupase su lugar, yo, como bien sumiso, abrí mi boca y se la comí entera, marcó un buen ritmo, ya me daba igual todo, había sucumbido al placer, al éxtasis, al pecado, a la lujuria.
Succioné la polla de David, que intentó que fuese más lento, pero no, yo quería ya su leche, le agarré fuerte y noté como ni un minuto aguantó, se corrió sin parar.
—Joder, joder, no aguanto, ¡cabrón como la chupas! —dijo David, que acaba de correrse en mi boca.
Manuel lo apartó de un leve empujón.
—Me toca tío, no aguanto más. —Manuel estaba desesperado.
La metió en mi boca y comenzó un vaivén veloz, sujetó mi nuca para hundir su polla en toda mi garganta.
Se detuvo.
—Ahhhhh, síii, joderrrrr, traga puta.
Y noté como su semen caliente inundaba mi boca, que ya me dolía, su leche, muy espesa y en cantidad me dejó medio mareado.
Tras terminar de correrse, ambos se guardaron las pollas felices.
—Joder Joshua, hay que repetir. —dijo Manuel.
—No hemos terminado. —Joshua me sujetó de la camiseta y me hizo ponerme en pie—. Toma, graba esto.
Joshua le dio su móvil a David, que comenzó a grabar.
—¿Qué coño haces? —pregunté confuso.
—Nada, solo quiero tener de recuerdo como te follé.
—¡¿Qué?!
Joshua me inclinó contra la pared, me bajó la ropa delante de sus dos amigos y escupió en sus dedos, acarició mi ano y me susurró al oído; ''Si quieres, paro''
Pero no, no quería que parase, quería que me follase ahí mismo, estaba a mil y no aguantaba más.
Joshua sonrió y noté la punta de su polla en mi ano, la comenzó a introducir poco a poco.
—Ahhhhhh. —mis gemidos delataban placer, el de él, éxtasis.
Sus amigos, expectantes, miraban como su líder me sometía, me humillaba y me penetraba.
Terminó dando una estocada y metiéndola de golpe en mi ano, se quedó pegado a mí mientras me susurraba cosas, que era su puto, que me iba a preñar, de todo.
Sujetó mi cintura con sus dos manos y comenzó a penetrarme con velocidad, nuestros gemidos se escuchaban a varios metros, menos mal que estábamos en un sitio alejado de cualquier mirada.
En un momento me movió y me puso frente a sus amigos, para que viesen mi cara, me comenzó a bombear el culo.
—¡Esto por jodernos el otro día cabrón!, ¡Toma toda mi polla, putito!
—Ahhhhhh.
—Así Josh, tío dale duro, castiga a este puto. —dijo Manuel que me sujetó del pelo para ver mejor mi cara, mientras su amigo me follaba.
—Espera, deja que grabe bien su carita de puto. —David grabó mi cara con el móvil y después toda la escena.
Joshua sacó la lengua victorioso mientras me follaba el culo, me comenzó a dar nalgadas fuertes, dejando la marca rosada de su mano.
Podía ver el descampado vacío y los árboles que rodeaban dicha zona, miré al cielo, esperando que esto fuese un sueño y no acabase nunca.
Joshua arremetía más fuerte y no aguanté más, comencé a pajearme y me corrí, como nunca, mi corrida hizo que contrajese mi ano y Joshua pegó un alarido, la metió lo más profundo que pudo, notaba sus huevos en mi ano.
Su corrida, muy caliente y espesa comenzó a inundar mi culo, estuvo dentro un buen rato, luego, la sacó, se subió la ropa y cogió su móvil.
—Joder, qué follada te he pegado.
Yo, que estaba sin fuerzas, ahora me invadía la incertidumbre de la realidad, esa que regresa tras el éxtasis, tras el placer, tras terminar pecando.
Me subí la ropa avergonzado.
—Bueno, nosotros nos piramos, hay que repetirlo eh, que mis amigos quieren estrenarse también. —dijo Joshua, sus amigos, que estaban por la labor, empezaron a preguntar cuando.
Se alejaron entre risas y felices.
El camino a casa fue complicado, me dolía la boca, el culo, el alma...
Justo en esas, me encuentro con Celia, mi novia.
—¿De dónde vienes? —me preguntó al verme en ese estado, lleno de polvo y andando raro.
—¿Eh? De ningún sitio, volvía a casa, ¿y tú? ¿Me estás vigilando?
—No, solo espero que mi novio, ese que me ha TRAICIONADO, no lo vuelva a hacer, porque si sucede de nuevo, si alguna PUTA te toca, no sabes de lo que soy capaz.
Tragué saliva y me mantuve callado.
—Y bien, ¿de dónde vienes? —volvió a preguntar.
—Te lo dije, de ningún sitio, solo daba una vuelta, necesitaba despejarme, me encontré con Michael y al salir corriendo me caí, me hice daño, y ya está...
Me miró, observándome en silencio, analizando lo que le había contado.
—Vale, te creo, pero te mantendré vigilado.
—Yo creí que tras lo que pasó, cortábamos... —confesé.
—Lo sé, pero tras pensarlo, decidí darte otra oportunidad, sé que me has traicionado, pero en parte es por mi culpa, por no darte lo que mereces.
—¿Cómo? —yo, flipaba.
—Pues, tras pensarlo mucho, que sí, estoy preparada, quiero ser mujer. —confesó colorada.
—Ah..., eh..., a ver...
—¿Qué? ¿No es lo que querías? —se la notaba enfadada.
—A ver, sí, Celia, pero no así, no quiero que lo hagas obligada.
—No es obligación, ya estoy cansada de estar así, quiero hacerlo con mi novio, no quiero perderte, mira, mañana en la noche mis padres no estarán en casa, y ya me las ingeniaré para echar a mi hermana.
—¿Qué? ¿Mañana? ¿En tu casa?
—Mañana, en mi casa, a la noche, sí, vendrás, ¿no?
Llegué a casa muerto, con incertidumbre, me metí en el baño y me di una ducha de agua helada, lo necesitaba.
Tras la ducha, fui a hablar con mi primo, contarle todo lo que pasó, me acerqué.
Se escucharon risas, no estaba solo.
Me acerqué a la puerta, posé mi oreja en ella, no, no estaba solo, me hirvió la sangre, me dolió, pero, ¿por qué? Somos primos...
Me metí a la cama y me dormí enseguida, estaba reventado, literalmente.
Al día siguiente, cuando me levanté, Erik no estaba en su cuarto, le pregunté a mi madre, que tras pasar de mí, dijo que fue al Instituto a inscribirse.
Qué raro, pensé.
Yo no fui a clase, tras lo de la excursión, falté varios días, preferí quedarme en casa jugando videojuegos o leyendo, sin que mi madre supiese, claro.
Oscurecía, y mi primo no aparecía, me jodió mucho, necesitaba hablar con él, contarle lo que pasó con esos tres, y lo que mi novia Celia me propuso, estaba nervioso, me duché, me puse unos vaqueros azules y una camiseta negra abotonada corta, me miré al espejo.
Me daba asco, no era yo, no, Erik me cambió la vida, a peor, yo estaba feliz con mi novia, deseaba este día, pero ahora estaba tan nervioso que solo quería que lo de Celia fuese una broma.
Llegué a su casa, estaba en silencio, demasiado para ser sábado por la noche.
Celia lo había planeado todo, sus padres se habían ido a cenar fuera, su hermana mayor había salido con unas amigas, y ella... bueno, ella me había perdonado, después de lo que pasó, después de aquella infidelidad absurda, ella ni siquiera sabía que la infidelidad fue con un chico.
Lo peor es que ya eran dos veces, lo que hice con Joshua y sus amigos, ¿también fue infidelidad? Tenía que hablar con ella...
—¿Seguro que estamos solos? —pregunté con temor.
—Sí, pasa tonto.
Subimos a su cuarto, las luces estaban apagadas, apenas la luz tenue de una lámpara de escritorio que creaba sombras largas sobre las paredes, Celia llevaba una camiseta vieja, una de esas que usaba para dormir, pero que en ese momento parecía diseñada para matarme de deseo.
No podía dejar de mirarla, ella se acercó, me rodeó el cuello con los brazos y me besó.
Fue un beso lento y cálido, como si quisiera borrar el pasado con la boca, sus manos se colaban por dentro de mi camiseta, mis nervios crecieron.
—Para, para... —me separé.
—¿Qué? ¿Hice algo mal? —me miró confundida, en parte me daba pena.
Pero ahí me di cuenta, no, ya no sentía nada por Celia, no me gustaba, como amiga sí, pero, como novia, no, ya no..., tenía que serle sincero.
—No, lo haces bien, es que... —pero entonces se escuchó un ruido, como una puerta que se cerró de golpe.
Ambos quedamos quietos, en silencio, el corazón se nos aceleró.
—¿Oíste eso? —susurré.
—Debe haber sido el viento. —murmuró Celia, tirando de mí para que volviera a besarla.
Pero otro golpe, esta vez más fuerte, una especie de crujido, como pasos apresurados sobre madera vieja.
—Eso no fue el viento. —dije, separándome.
Celia frunció el ceño, se sentó en la cama y se abrazó las piernas.
—No hay nadie más, están todos fuera. —dijo enfadada—. Sólo quieres evitar esto...
—No es eso Celia, mira, echo un vistazo y vuelvo, ¿vale?
—Cómo quieras...
Pero algo dentro de mí ya se había activado, una incomodidad, una certeza inquietante.
Me levanté, salí del cuarto sin decir nada y caminé por el pasillo en penumbras, justo al girar la esquina hacia la escalera, lo vi, una sombra pequeña, escondida tras el barandal, se movió rápido, como si intentara volver a su escondite.
—¿Quién está ahí?
Pero no obtuve respuesta.
Se acercó con pasos firmes, el piso crujía con cada paso, y entonces, lo descubrí.
—¿¡Dylan!?
Abrí los ojos como platos, llevaba el pijama mal puesto, los ojos muy abiertos, con una mezcla de miedo y curiosidad.
—¡¿Nos espiabas?! —le espeté con enfado.
—Me quedé..., me quedé escondido, quería ver si hacíais el amor —dijo Dylan, sin pestañear.
Nervioso, me pasé una mano por la cara, atónito, de todas las interrupciones posibles, esta era la peor.
—Vete a tu cuarto, ya. —ordené.
—¿Qué? No, quiero ver.
—Dylan, como tu hermana nos pille...
—¿Qué? ¿Le digo que le pusiste el cuerno con tu primo?
Me quedé callado.
—Perdón, no haré eso, lo siento, es que, déjalo... —Dylan volvió a la habitación como un relámpago.
Yo, por mi parte, volví con Celia, confundido, con temor...
—Celia... —dije, aún procesando todo—. Tu hermano Dylan está aquí, nos ha estado espiando.
Ella se quedó en blanco.
—¿Qué...? Pero si debería estar durmiendo...
—Me voy, esto ya es demasiado.
—¿Qué? ¡No! Espera...
Pero yo ya estaba bajando las escaleras.
El calor del momento se había evaporado, solo quedaba un extraño malestar pegado a la piel, Celia me llamó desde la puerta, sin entender nada, sin saber si estaba más dolida por la interrupción o porque yo se marchaba, dejándola allí.
Tras salir de casa de Celia noté la bocanada de aire fresco, y frente a mí, en la otra acera, mi primo, con otro chico, caminaban hablando entre risas, apreté los puños con fuerza, me envalentoné y me lancé contra él, el puñetazo fue tan fuerte que mis nudillos sangraron.
( Continuará... )
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Creado (2017), revisado y editado (2025) por @TeenBoy
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