miércoles, 11 de mayo de 2016

Mi primito - Capítulo 3 ''Sucio e impotente''

Capítulo 3 ''Sucio e impotente''



Escuché pasos, alguien bajaba las escaleras, me levanté y me escondí detrás de la zona de donde acumulaban las colchonetas unas encima de otras, no podía ver quien entraba, ni podían verme a mí, pero escuché como alguien entró, sus pasos eran firmes, se detuvieron de repente.

A los segundos los pasos se acercaban a mi posición, yo, temblando, quería escapar de allí, nunca me había sentido tan mal, miré al suelo con mis manos en las rodillas, iba a potar.

¿Qué haces ahí? —la voz familiar de un chico llamó mi atención, levanté mi cabeza y pude verlo.

¿Tú? ¿Qué haces tú aquí? —miré a Dylan, el hermano pequeño de Celia y Laura, Dylan era un chico un año menor que yo, cabello rubio ondulado y ojos negros, su cara estaba llena de pecas salpicadas sobre todo en la nariz, a pesar de ser un año menor que yo, era casi de mi altura, llevaba unas grandes gafas redondas de pasta, las del típico empollón, tenía un poco de sobrepeso, vamos, que estaba gordo, le sobraban diez kilos mínimo.

Bueno, recibiste mi mensaje, ¿no? —me miraba extrañado, lo noté también nervioso.

¿Qué? Espera, no me jodas, ¿tú has sido el que me lo ha enviado?... —confesé, ya no estaba tan nervioso, quiero decir, Dylan era un buen chico, no tenía amigos, era el típico friki, pero no era mal chico.

Ambos quedamos en silencio.

¿Por qué hiciste la foto? —rompí el silencio, Dylan se acercó al banco y se sentó, movía su pierna derecha constantemente.

No lo sé, tu ya sabes que no me llevo bien con mis hermanas, sobre todo con Celia, ella, no sé, mi hermana es egoísta, siempre piensa en ella, es una altiva, bueno, ya lo sabes...

A ver, no es un ángel, pero conmigo siempre se ha portado bien. —la defendí, y eso lo enojó, apretó sus puños.

Dylan sonrió de manera cínica negando con la cabeza, tras el leve enojo, me miró a los ojos.

Anoche, estaba en el jardín, fuera, no me dejaron estar en su fiesta, pero como era su cumple debía estar en casa, al rato me sentí agobiado y salí fuera a tomar el aire, estaba mirando mi Instagram cuando al rato escuché como tú y ese chico se acercaban, me escondí detrás de los arbustos, comenzasteis a discutir acaloradamente y entonces os vi besaros.

Ante su confesión me quedé callado, él sabe lo que vio, mis palabras no servirían de nada, no podía engañarlo, ¿Y ahora qué?

Me chocó mucho lo que vi, fui rápido y os hice una foto, pero se me olvidó que tenía el flash activado, así que en cuanto la hice salí corriendo.

Mira, no sé lo que viste pero...

No. —Dylan me cortó y se levantó acercándose a mí—. Sé lo que vi, así que ahorra tus excusas, tras terminar la fiesta, pensé en joder a mi hermana, subir la foto a Instagram y etiquetaros.

Tras escuchar sus intenciones casi me da un infarto, incluso tenía los ojos llorosos, iba a arrodillarme e implorarle que no lo hiciese, pero entonces continuó hablando tras ver mi cara.

Pero no podía hacerlo, no por ti, es que..., desde que supe que mi hermana salía contigo sentí rabia, pero anoche, sentí aún más rabia, al ver que la engañabas con otro chico.

Vale, estaba..., ¿Celoso? Lo que tenía claro es que Dylan no sabía que ese chico era mi primo..., eso me alivió un poco...

Así que..., anoche, pensándolo mucho, reflexioné. —Dylan se acercaba, yo retrocedía hasta chocar mi espalda con las colchas.

¿Qué reflexionaste? —pregunté con temor.

Quiero un beso. —dijo mordiéndose el labio.

¿Qué? —mi asombro fue mayúsculo—. Pero..., tío, que soy el novio de tu hermana, ¿eres gay?...

¿Y? Anoche bien que te morreabas con otro..., nunca he besado a nadie, quiero..., quiero saber qué se siente..., aunque sea con otro chico...

Me quedé en silencio, el timbre del final del recreo estaba a punto de sonar, quedaba poco tiempo.

Vale, si te beso, ¿borras la foto?

Dylan dudó unos segundos, sacó su móvil del bolsillo, lo desbloqueó y me lo dio.

Si me besas, tú mismo la podrás borrar y ver que no hay copias.

Sujeté su móvil con fuerza, estaba sudando, Dylan me miraba esperando mi respuesta, sabía que me tenía cogido, no me quedaba opción.

Vale..., está bien...

Con lengua. —expresó, se le notaba caliente.

¿Qué? Ni de coña...

Intentó quitarme el móvil.

Vale, vale, espera, joder, eres un cabroncete..., eso no es de heterosexuales, ¿sabes?

Me da igual, quiero sentirme especial.

No me dejó terminar, Dylan se quitó las gafas y pude ver ahora mejor sus ojos, se acercó a mis labios y nos fundimos en un beso, sentí la calidez de sus labios, ambos dejamos nuestros nervios de lado para fundirnos en un largo y profundo beso, su lengua se introdujo en mi boca, su mano derecha se posó en mi cintura, la sentí subir por mi costado, metiendo su mano por debajo de mi camiseta, tocando mi piel.

Comenzó a bajar su mano hasta mis partes, intentó meter su mano dentro y entonces tocó el timbre que anunciaba el final del recreo, salvado por la campana.

Comenzó el barullo de chicos volviendo a clases, no sé cuánto tiempo duró el beso, pero fue casi de un minuto, cuando nos separamos, Dylan tenía la cara toda roja, parecía sentir vergüenza, se puso las gafas de nuevo.

Respiré con dificultad, y entonces miré su móvil, entré en la galería, borré la foto, luego la borré de la papelera y también del mensaje multimedia que me envió.

Toma. —estiré la mano y le devolví su móvil, todo esto, sin mirarme aún a los ojos, parecía sentirse avergonzado por lo ocurrido, era su primer beso, estoy seguro, nunca pensé que Dylan fuese gay, ¿ahora son todos gay o qué coño?

Dylan se guardó el móvil y salió corriendo del gimnasio, yo, por mi parte, me senté en el banco, necesitaba pensar, lo que acababa de pasar, aún no lo creía, llevé mis dedos a mis labios, su beso..., me había..., gustado, demasiado, joder como besaba el niñato.

Salí de allí y al subir las escaleras me encontré con Mike, mi amigo metiche.

¿Qué? Cuenta detalles, va. —Mike me preguntaba sobre lo ocurrido con Celia, lo que él no sabía es que no fue con ella con quién quedé...

No seas cotilla... —dije con cierto enfado, entramos en clase y todo siguió con normalidad, ahora me sentía un poco mejor, sobre todo porque me había quitado un gran peso de encima.

Las clases terminaron y me fui a casa, ahora debía contarle a mi primo todo..., o no..., no era buena idea, mejor le contaba alguna mentira, que llegué a un acuerdo con el que hizo la foto, pero si me preguntaba quien era..., no sabía que iba a decirle.

Justo llegaba a casa cuando veo como mi primo llega en una motocicleta, la empujaba por la carretera, estaba hecha polvo, parecía muy vieja, el foco estaba roto, tenía bastantes marcas por todos lados, y el asiento estaba andrajoso.

La puso frente a casa y se acercó sonriendo, yo, sin poder quitar la vista de la moto, miraba estupefacto como se acercaba mientras masticaba chicle.

Mi primo, que parecía enorgullecerse de la moto, iba con unos vaqueros azules ajustados y una camiseta sin mangas de color negra, en el centro tenía un logo con palabras chinas, no sabía qué significaban, dejé la mochila en el suelo y me acerqué a la moto.

¿De quién es? —pregunté confuso.

Mía. —dijo orgulloso.

¿Qué? —le miré atónito.

Sí, lo que oyes, se la compré a un tío por una miseria, la iba a tirar.

¿Es broma? Pero..., ¿tú sabes cuánto te va a costar arreglar eso?..., además, no tienes edad para llevarla. —me acerqué a mirar la moto de cerca, no parecía realmente en buen estado.

¿Y qué? El mes que viene cumpliré quince, intentaré sacarme el carné estos meses, escucha, he encontrado trabajo en la fábrica del pueblo, no pagan muy bien, pero son pocas horas, por algo se empieza.

¿Pero y el instituto? No puedes dejarlo...

Lo sé, tranquilo, ya veré cómo lo hago, bueno, ¿qué?, ¿te gusta?

No estaba muy convencido, estaba realmente en muy mal estado, aunque era muy bonita, si se restaurase valdría seguramente el triple.

Por cierto, ¿qué pasó con el del mensaje? ¿hablaste con él? —preguntó mi primo Erik.

Hola. —la voz de Dylan detrás de nosotros son alertó.

Miré asustado, estaba de pie, mirándonos, con su mochila en los hombros, se fijó en mi primo y abrió los ojos de par en par mientras se recolocaba las gafas.

Mierda, no solo ya sabía quien era el de la foto, sino que mi primo estaba a punto de descubrir a nuestro pequeño chantajista.

¿Qué haces tú aquí? —pregunté nervioso.

¿Quién eres tú? —mi primo se acercó a él analizándolo—. Te sobran unos kilitos ehh, el zoo está por allí.

Mi primo se burló de él mientras señalaba al horizonte con su mano, Dylan, enojado, apretó los puños, pero no dijo nada.

Erik, no seas cabrón, es..., un amigo, de clase... —dije casi tartamudeando.

Sí, vine para hablar contigo, bueno, podemos ir a la biblioteca a estudiar, si quieres... —dijo Dylan sin dejar de mirar a Erik, noté que se dio cuenta que era el de la foto—. ¿Os conocéis?

Es mi primo. —soltó mi primo Erik como idiota ante el asombro de Dylan.

Claro...vamos a estudiar, venga... —sujeté a Dylan del brazo y nos alejamos sin mirar a mi primo, pero notaba que no nos quitaba la vista de encima, sabía que había algo raro en todo esto, no era idiota.

Lo que ninguno sabíamos es que acababa de empezar un juego peligroso, uno en el que todos estaríamos envueltos y acabaríamos sufriendo las consecuencias de nuestros actos de adolescentes con las hormonas revueltas.

Estaba en la biblioteca, sentado al lado de Dylan, los dos en silencio hacíamos los deberes, ya que habíamos venido hasta aquí..., ¡qué menos que aprovechar el tiempo!.

No había mucha gente a esa hora de la tarde, en nuestra mesa, solo estábamos nosotros dos, la bibliotecaria estaba en su puesto y tres chicas más mayores que nosotros al otro lado de la sala en sus cosas concentradas.

¡Qué fuerte! —susurró Dylan sin dejar de mirar su libro.

¿Qué? —pregunté confuso soltando mi libro en la mesa, necesitaba un descanso.

Joder, el chico que besabas era tu primo, ¡Tu primo! —mientras lo decía, Dylan negaba con la cabeza, aún no se lo creía.

¡Ey! ¡Baja la voz! Y no es lo que parece... —miré a los que estaban con nosotros en la biblioteca para cerciorarme que no nos prestaban atención o escuchaban, no me apetecía que se supiese.

Es que es muy fuerte, tío, que sois primos...

Dylan, en primer lugar no sabes lo que pasó, y en segundo, ¿Puedes olvidarlo? Yo intento hacerlo.

Dylan quedó en silencio, poco convencido, no tardó ni treinta segundos cuando volvió con el tema.

A ver, no es por meterme, pero me gustaría saber, ¿Qué hacías en mi jardín besando a tu primo? ¿Sois gay?

¡¿Qué?! ¡Claro qué no joder!, Es que mi primo es un cabrón, lo hizo para jugar, le gusta molestarme, y discutimos porque no quería que estuviese en la fiesta, me besó y yo no lo esperaba, lo hizo para joder, nada más... —mentí.

Entonces..., ¿aún amas a mi hermana? —preguntó Dylan mirándome ahora a los ojos, se colocaba las gafas cada dos por tres.

Claro que sí, es mi novia... —dije apartando la vista a un lado—. Mira, es tu hermana con una amiga...

¿¡Que!? —preguntó Dylan confuso.

Señalé a la puerta y Dylan comprobó que entraba con otra chica, ya la conocía, era amiga de mi novia.

¡¡Ostras!! ¡¡Rápido!! —Dylan recogió sus libros y yo hice lo mismo confundido, caminamos hacia el baño de chicos y entramos dentro a escondernos..., espera, ¿escondernos? ¿por qué nos escondíamos? No hacíamos nada malo..., ¿O sí?

Los dos permanecimos en silencio sin saber qué hacer.

¿Por qué nos escondemos Dylan? —pregunté.

Si mi hermana me ve contigo, se enojara, no le gusta que me acerque a sus cosas..., y prefiero que no vea que estoy contigo.

Ah genial, cojonudo... —dije resignado.

Escuchamos pasos y con velocidad nos metimos en el cubículo más lejano, cerramos con cerrojo la puerta y quedamos en silencio.

La puerta se abrió y escuchamos las voces de lo que parecían dos chicos, hablaban de la excursión de la semana que viene, es verdad..., debía pedirle el dinero a mi madre..., mierda.

Dylan comenzaba a reírse nervioso y le tapé la boca, el cabroncete se divertía con la situación, tras un rato, los dos chicos terminaron, salieron del baño y le quité mi mano de la boca a Dylan.

Joder, me llenaste la mano de babas, baboso. —me quejé limpiándome en el pantalón—. No sé que te hizo tanta gracia.

Es que, me puse nervioso. —dijo Dylan riéndose como el crío que era, es verdad, tenía un año menos que yo, se le notaba aún que le faltaba madurez a diferencia de mí.

Pues a mí no, venga, salgamos por la ventana. —señalé la ventana del baño, era pequeña, pero los dos cabíamos por ella perfectamente, al menos yo...

Espera. —Dylan me sujetó para evitar que saliese, le miré confundido y me besó en la boca, sus labios, carnosos y calientes, se juntaron con los míos, podía sentir como electricidad recorría mi cuerpo.

Con mis manos intenté empujarlo hasta que nos separamos, con mi muñeca limpié mis labios.

¿¡Qué coño haces!? —pregunté enojado.

Perdón, es que...

Es que nada macho, que tengo novia, que es tu hermana, deja de hacer esto, y encima besas mal, ¡Me llenaste la boca de tu saliva! —dije sin mediar mis palabras, no sé por qué la pagué con él.

Dylan, con ojos lagrimosos me apartó a un lado y salió del cubículo.

Dylan, espera...

No me hizo caso, salió directamente del baño.

¡Dylan!, ¡Te verá tu hermana!

Me ignoró, abrió la puerta y salió fuera, sé que me pasé con él, pero ya era tarde, miré a la ventana y decidí salir por ahí, recogí mi mochila del suelo, me la puse y de un salto me agarre al marco de la ventana, para después salir por ella, ya estaba anocheciendo.

Caí detrás de la biblioteca, justo donde estaban Michael y sus dos lacayos fumando..., que mala suerte joder.

Mira chicos, una rata saliendo por la ventana, ja, ja, ja. —Michael y sus amigos se comenzaron a reír.

Ja, ja, muy gracioso sí. —me incorporé y Michael se puso frente a mí.

¿Qué? ¿Ya se te curó el ojo? —Michael se refería a cuando tuvimos la pelea el otro día.

Pasé de él y comencé a alejarme, no quería mirar atrás, escuche como cogían las bicicletas para ir tras de mí, tragué saliva y salí corriendo como alma que lleva el viento, corrí a toda velocidad calle abajo, hasta llegar al parque, di media esquina y entré en el parque, las luces de las farolas comenzaban a encenderse, la noche se hizo presente.

Me escondí dentro de unos arbustos y me agaché, Michael y sus amigos llegaron y detuvieron sus bicicletas, se separaron buscándome, yo, que tenía el corazón en un puño, me alejé un poco más y me adentré aún más profundo entre los arbustos, imposible que me viesen, pero tenía miedo.

No sé cuánto rato pasó, me tumbé de lado y miré el móvil, ya eran casi las diez de la noche, mi madre se enojaría, sujeté con fuerza la mochila y me acerqué al bosque, miré a los lados, apenas había nadie, un hombre paseando un perro, una mujer mayor con lo que parecía su hija adulta, seguramente yendo a sus casas.

Respiré hondo y me adentré en el bosque, la oscuridad iba tomando fuerza, con cuidado de no meter mucho ruido caminé despacio, parece que los perdí de vista, corrí sin detenerme hasta llegar a casa, estaba sudado y exhausto.

La puerta estaba cerrada y no tenía las llaves de casa, las perdí el otro día cuando tuve la pelea con Michael, di la vuelta a la casa y comencé a escalar el árbol de atrás, de un salto aterricé en el tejado de casa y me acerqué a la ventana de mi cuarto, pero estaba cerrada, no me quedaba otra que entrar por la de mi primo, que estaba cerrada también, a través de la ventana pude ver que él dormía en su cama, di unos golpecitos con mis nudillos para que abriese la ventana.

Mi primo Erik despertó y al verme, sonrió, abrió la ventana y entré en su cuarto cayendo sobre su cama.

¿Dónde estabas? —me preguntó mientras me bajaba de la cama y me quité la mochila dejándola en el suelo.

En la biblioteca... —respondí.

Pero si la biblioteca cierra a las nueve. —dijo mirando su reloj.

Ya bueno, me entretuve, voy a ducharme e irme a la cama. —dije secamente.

Lo dejé en el cuarto y salí al pasillo, todas las luces estaban apagadas, entré al baño y cerré la puerta, me desnudé y abrí el grifo del agua, mientras me enjabonaba, comencé a masturbarme, lentamente, necesitaba relajarme.

Cerré mis ojos y comencé a pajearme, el agua templada ayudaba a relajar mis músculos, músculos que se tensaron al escuchar la puerta del baño, mi primo entró y la cerró sonriente.

¿¡Qué haces!? —me tapé mis partes mientras le veía desnudarse y entrar en el plato de ducha, quedando muy pegados—. ¡¿Te volviste loco?!

¡Chsss! No hables tan alto o tu madre nos pillará. —dijo cínicamente.

¡Sal del baño ahora mismo joder!

¿Por qué? Así ahorramos agua, recuerdo cuando nos bañábamos de pequeños...

¡Que te vayas! —le ordené cortándole.

Mi primo sonrió y comenzó a pajearme, yo, sin saber porqué, le dejé hacerlo, mi respiración se agitó considerablemente, él, sabiendo lo que hacía, continuó pajeándome.

¿Quieres que me vaya? —preguntó mordiéndose el labio.

No dije nada, y eso fue suficiente, me dio la vuelta y siguió masturbándome mientras lamía mi cuello.

Deja que limpie tu espalda, primito. —Erik cogió la esponja con su mano izquierda y me frotaba las espalda, a su vez con la derecha me masturbaba, yo solo gemía y me dejaba llevar.

Ahh..., esto..., esto no está bien, a mí me gustan las chicas... —confesaba entre gemidos de placer.

Sólo déjate llevar, primito. —Erik soltó la esponja y me inclinó contra la mampara de la ducha, el agua cada vez estaba más fría, se acababa la caliente, noté las manos de Erik ahora tocando mi parte trasera.

¿¡Qué haces!? —intenté girarme pero me lo impidió.

Calla, solo disfruta. —en ese momento sentí su lengua dentro de mi ano, la movía como loco, me estaba comiendo el culo, mi primo me estaba comiendo el culo, mis músculos se tensaron al principio, pero conforme la movía me relajé, miré arriba y con los ojos cerrados mientras el agua mojaba mi cara, me dejé llevar, entonces en un rápido movimiento sentí una presión, estaba intentando meterme su polla, comencé a moverme para apartarlo, el agua comenzó a salir fría, bajaba nuestra calentura pero a la vez me hacía sentir sensaciones únicas, sensaciones que nunca había sentido.

Erik siguió presionando y la punta comenzó a entrar, su polla se deslizaba por mi culito, ahora desvirgado por mi primo. Entre gemidos, los dos comenzamos a respirar con más velocidad, su cuerpo inició un vaivén lento pero profundo, mi primo me estaba follando.

Cada vez más rápido, sus acometidas iban en aumento, mi cuerpo se echaba hacia delante mientras él presionaba más y más, me perforaba con su dura polla y yo no podía dejar de pajearme, estaba al límite.

Mi primo me hizo pegar contra la pared y dejé de tocarme, su polla la metió hasta que sentí sus huevos chocar con mi ano, hizo más fuerza y mi cuerpo comenzó a levantarse por encima del suelo, solo con la fuerza de su polla dentro de mí, era increíble.

No aguanté más y comencé a correrme como no había experimentado en mi vida, mis contracciones apretaron su polla y sentí varios chorros de su corrida dentro de mí, ahora, los dos, más calmados, volvimos a la normalidad en segundos.

Mi cuerpo volvió a tocar el suelo y el agua limpiaba nuestro crimen, porque sí, vino de nuevo la culpa.

Vete... —dije sin mirarle a la cara, aún dándole la espalda.

Noté como terminó de enjabonarse y limpiarse para después coger una toalla y salir del baño, yo, por mi parte, caí al suelo, intentando ponerme de rodillas, sentía una rara sensación en mi ano, el culo lo tenía como dormido, no sé explicar la sensación.

Estuve así unos minutos, el agua helada mojaba mi cuerpo, comencé a llorar con pesar y en voz baja, me sentía sucio, mancillado, yo no quería ser así, así no, no quería ser un marica de esos, pero acababa de ser follado por mi primo y lo peor es que tuve el mayor orgasmo de mi vida, me levanté y cerré el grifo del agua, al salir de la ducha me miré al espejo, algo había cambiado, me veía distinto, ya no era el mismo.

Con mi mano quité el vapor del cristal, apreté los puños, me odiaba, me daba asco, me limpié las lágrimas y me juré que nunca más haría nada con otro chico, yo no era eso, no era maricón.

( Continuará... )

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Creado (2016), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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