miércoles, 14 de octubre de 2015

Jugando con Chucky - Capítulo 12 ''Motín'' (Final)

Capítulo 12 ''Motín'' (Final)

La puerta se abrió del todo y vimos entrar a tres chicos.

¡Ahora! —con ayuda de Álvaro, les dimos un empujón a los chicos y éstos cayeron en la cama que había en el suelo, aprovechamos para salir corriendo—. Rápido, debemos salir de este infierno.

Sígueme, yo conozco más esto. —dijo Álvaro.

Recorrimos el pasillo y la puerta metálica estaba abierta, la cruzamos y seguimos todo recto, escuchamos como los tres chicos nos seguían y el barullo que se había formado en el patio, Álvaro me sujetó de la mano y me hizo entrar en una habitación.

Escondámonos aquí. —dijo, arrastrándome a un cuarto que parecía de hospital, había una camilla y un foco de luces parecido a los que se usan en las clínicas dentales.

Permanecimos en silencio esperando que nadie entrase, pero era demasiado bonito, fuera escuchamos pasos, a los segundos, los tres chicos que nos seguían entraron en la habitación.

Se acercaron y nos vieron acurrucados detrás de la camilla, uno de ellos llevaba un bisturí en la mano.

Levantaros. —dijo el que parecía el líder, un chico delgado y alto, con varios cortes en el cuello y cara, era de cabello corto oscuro y ojos marrones, tendría unos tres o cuatro años más que nosotros.

Sus dos secuaces se acercaron a nosotros y nos sujetaron con fuerza, por mucho que nos resistíamos, eran más grandes y fuertes que nosotros.

¡Suéltanos idiota! —grité revolviéndome.

El líder se acercó con el bisturí en su mano y apuntó al cuello de Álvaro.

Esto por haberme empujado, cabrón. —dijo el chico, que sujetó con fuerza el bisturí para cortar el cuello de Álvaro.

Entonces la luz se apagó, nos quedamos a oscuras, el chico se giró de manera intimidatoria hacia la puerta.

¿Quién apagó la luz? —preguntó con cierto enfado, sus amigos negaron con la cabeza sin saber.

Su chillido nos alertó, alguien le había cortado en los tobillos, haciendo que cayera al suelo.

¡Hijos de puta! —gritó de dolor y soltando el bisturí—. ¡¿Quién ha sido?!

Escuchamos unos pasos corretear y la máquina que había cerca de la cama cayó al suelo, uno de los compañeros que vinieron detrás de nosotros soltó un grito y cayó al suelo llevando sus manos al tobillo, alguien le cortó la pantorrilla y se retorcía de dolor.

Entre la confusión sujeté la mano de Álvaro, y tiré de él saliendo de allí a toda velocidad.

¿Dónde están nuestras cosas? ¿Dónde las guardan? ¡¡Cuando nos traen aquí nos las quitan, es importante!! —vi voz alterada por lo ocurrido interrogaba a Álvaro mientras seguíamos corriendo sin soltar su mano.

Álvaro, aun en shock por lo ocurrido, me miraba negando con la cabeza.

Está..., vale, sí, sé dónde es, sígueme. —dijo Álvaro, que ya más centrado salió corriendo y bajamos las escaleras.

El psiquiátrico estaba hecho un caos, todos se habían vuelto locos, intentamos pasar desapercibidos y llegamos al despacho del director, la puerta que tenía cerrada era la que Álvaro intentaba abrir.

¿Es ahí? Espera... —dije, mientras Álvaro golpeaba la puerta intentando abrirla, yo buscaba en los cajones del escritorio, hasta que, efectivamente encontré un manojo de llaves, las sujeté y abrí la puerta, encendí la luz y comencé a buscar mis cosas.

Recorrimos los pasillos buscando nuestras pertenencias.

¿Son estas tus cosas? —preguntó Álvaro acercándome una bolsa de plástico con cosas dentro, miré y sí, ahí estaba mi móvil y las llaves de mi casa.

Sí, buen trabajo. —saqué el móvil, sin batería, y me guardé mis llaves en el bolsillo—. Debemos salir de aquí.

Creo que no. —la voz de Chucky nos dio un susto de muerte.

Miramos y lo vimos en la puerta, la reacción de Álvaro fue de sorpresa.

Un..., un muñeco... —dijo sorprendido, aún no se lo creía.

Sí, un muñeco que quiere dejar de serlo, dame el Amuleto de Damballa. —ordenó apuntándome con su cuchillo.

¿Dónde está David? —preguntó Álvaro.

¿David? Ah, ¿Dices el chico ese medio lelo? Ahora está en un lugar mejor, y, si no me dais el libro, vosotros también descansaréis con él y con los tres subnormales que he degollado hace unos instantes.

Apreté mis puños y con fuerza tiré la estantería de objetos encima de Chucky, que quedó atrapado, aprovechamos y salimos corriendo.

¡Rápido! Salgamos de este infierno. —dije.

Corrimos como alma que lleva el viento y alcanzamos la salida, pero uno de los internos se acercó a mí y me propinó una puñalada en la tripa con lo que parecía un bisturí, afortunadamente pude esquivarlo y no fue muy profunda la herida, pero el dolor que sentí jamás lo había sentido.

Álvaro se lanzó contra él para defenderme, pero el chico era mucho más grande, le clavó una, dos y tres veces el bisturí.

¡¡¡Noooo!!! —empujé al chico y con un trozo de madera que había roto en el pasillo le di en la cabeza, cayó al suelo quejándose con dolor en la cabeza, sujeté a Álvaro y lo arrastré conmigo a la salida.

Efectivamente, muchos se estaban escapando, y había varios trabajadores muertos e incluso de seguridad.

Vamos, queda poco, si salimos seremos libres... —dije tirando de Álvaro.

No, espera, no puedo más, me duele... —Álvaro pesaba cada vez más, lo llevé a un árbol, lejos del psiquiátrico.

Vale, vamos a descansar aquí un rato. —lo apoyé con cuidado mientras en la distancia veíamos como la policía comenzaba a entrar en el sitio a poner orden, se escuchaban disparos.

Vete..., sigue tú... —dijo con la voz entrecortada, le miré y vi como tapaba con su mano una de sus heridas, no dejaba de sangrar y estaba muy blanco.

No..., no te dejaré aquí... —no pude evitar comenzar a llorar.

Me..., me muero..., vete, por favor..., hazlo por mí..., sálvate... —sus ojos se apagaban, me acerqué a él y lo abracé.

Lo, lo siento... —tras decir esto, le miré con impotencia, Álvaro no se movía.

No podía hacer nada, así que como un cobarde lo dejé allí, sentía un desasosiego enorme, tras de mí dejaba solo cadáveres, estaba maldito.

Con lágrimas en los ojos, corrí a toda velocidad hasta mi casa, entré buscando a mi madre, pero no estaba, subí las escaleras y entré en mi cuarto.

Abrí el armario y saqué la mochila de deporte, empecé a buscar y a revolver la ropa, ahí estaba, el amuleto.

Me senté en la cama y miré la herida que me hizo el loco con el bisturí, me dolía cada vez más, entonces miré a la casa de Jacob por la ventana, me llevé la sorpresa, estaba en su cuarto, ¡¡Sí!! ¡¡Estaba vivo!! ¡¿No había desaparecido?!

Corrí y abrí la puerta de su casa, subí hasta su cuarto y al abrir la puerta de su cuarto me vio con sorpresa.

¿To..., Tomi? —preguntó confuso.

Sí..., estás..., estás..., ¡¡Estás vivo!! —grité.

Nos abrazamos con fuerza, podía sentir su respiración, sí, era Jacob, no pude evitar llorar.

¿Cómo es posible? Dijeron que desapareciste... —dije.

Lo sé, Chucky me encerró en el sótano de la casa abandonada, dijo que me liberaría cuando consiguiera el Amuleto, grité y grité, pero nadie me escuchó, hasta que hace dos días escapé.

¿Por qué no dijiste nada a la policía? —pregunté.

Lo hice, pero no me creían, decían que si seguía así acabaría como tú, y mi hermano me obligó a callar, nadie me creía... —dijo cabizbajo.

Bueno, eso tiene fácil solución. —la voz de Chucky nos alertó y le miramos—. Dame el Amuleto pequeño hijo de puta.

Le miramos los dos aterrados.

Joder chaval, ¿te diste cuenta?, por donde vas mueren todos, dame el puto Amuleto y tu muerte será rápida.

¡¡Por tu culpa me jodiste la vida!! —grité y lo intenté empujar por la ventana, pero entonces sentí un fuerte pinchazo en mi abdomen, Chucky me había clavado su cuchillo de caza.

Chucky me miró con sorna.

¡No! ¡Tomi! —Jacob corrió a socorrerme, pero Chucky apuntó su cuchillo a mi cuello y le hizo detenerse.

Bien, ahora, dame el puto Amuleto. —ordenó.

Llevé mi mano al bolsillo y le di el Amuleto, al sujetarlo, Jacob aprovechó y se tiró hacia él, el cuchillo cayó deslizado por el suelo, ambos forcejeaban y en ese momento entró la novia de Jacob, habían quedado.

¿Qué coño son esos gritos? —Diana nos miró confusa y Chucky aprovechó para levantarse y coger el cuchillo, Daiana abrió la boca de par en par sorprendida—. ¿Qué cojones?

Chucky se lanzó contra Diana, y ésta de una patada lo empotró contra la pared, cayó al suelo y se metió debajo de la cama.

¿Eso era un muñeco? —Diana, asustada, no entendía nada.

Vi el cuchillo encima de la cama y lo sujeté con fuerza.

¿Se puede saber qué está pasando? —preguntó Diana.

Salgamos de aquí, corremos peligro. —dije asustado y agotado, me desangraba.

Empujé a Jacob y Diana fuera del cuarto y en ese momento Chucky se tiró hacia Jacob, cayendo ambos al suelo.

¡¡Hijos de puta!! —gritó Chucky.

¡¡No!! —empujé a Chucky y quedó bocarriba y yo encima de él, sujeté con fuerza el cuchillo y lo usé para atravesar su cuerpo varias veces sin parar.

¡Ya está, para! —Jacob me sujetó y nos echamos a un lado.

Chucky, inerte, no se movía, Diana se acercó sin entender nada, sujetó al muñeco y le arrancó la cabeza con fuerza.

A tomar por culo... —dijo Diana, y acto seguido tiró la cabeza a un lado.

Entonces escuchamos sirenas de policía, me senté con dificultad y podía ver toda mi sangre, me moría.

Vinieron a por mí..., incluso..., incluso si me salvo, acabaré de nuevo internado como un loco, ya no tengo vida. —dije llorando, por el dolor y la impotencia.

No digas eso... —Jacob también lloraba—. Además, Diana también lo ha visto.

¿Qué? No, no me metas en esto, no me creerán, pensarán que estamos encubriendo a un asesino...

Jacob miró con rabia a su novia, que bajó la mirada y salió de la casa, escuchamos como decía que yo estaba dentro.

Jacob intentó ayudarme a incorporarme, y escuché la puerta de la casa siendo pateada por la policía.

Están buscándome, vendrán aquí, es mejor..., es mejor que me entregue... —dije sin fuerzas.

¡No, no dejaré que te lleven! —gritó Jacob.

Escucha, por favor, no quiero arrastrarte conmigo, solo..., solo júrame que serás feliz, y que nunca me olvidarás.

Ambos seguíamos llorando, nos abrazamos, afirmó con la cabeza y me soltó entre sollozos.

Escuché a la policía acercarse a la casa de Jacob ahora, avancé con dificultad y abrí la puerta, la policía me apuntaba con sus armas.

En ese momento pensé, si vivir significaba acabar internado por unos crímenes que no cometí, lo mejor era morir, esa era mi sentencia.

Saqué el cuchillo con el que maté a Chucky, lo agarré con fuerza e hice como que iba a acuchillar a los policías...

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, y hasta seis disparos atravesaron mi carne, caí al suelo, podía ver a los policías acercarse a mí, mis ojos se comenzaban a cerrar, todo acabó, todo..., todo terminó.



FINAL

Tomás S. Aranda

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Creado (2015), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630106