Capítulo 10 ''Sentenciado''
—Si no nos dices la verdad, acabarás muy mal, chico, y es una pena... —el inspector, sentado frente a mí, me observaba con detenimiento.
—Le he dicho toda la verdad. —contesté asustado.
Estaba en la sala de interrogatorios, había sido una larga noche, ya era de día, podía ver la luz del sol entrar por la ventana iluminando parte de la sala.
El inspector se levantó con enojo y comenzó a dar vueltas en la sala.
—Es decir, que, según tú, un muñeco, el cual no hemos visto, mató a cinco personas; Joey, el cual su cuerpo estaba en el sótano de tu casa, Manuel, David y Guille, a los que mataron en la casa donde te encontramos, pero no queda ahí la cosa, porque el hermano de Guille, Rafa, ha muerto de camino al hospital..., y, según tú, ¿Los mató un muñeco?
—Sí... —mascullé.
El inspector sacó varias fotos y las expuso en la mesa, eran los cuerpos de las cinco víctimas.
—Además, hemos recibido una denuncia, la desaparición, Jacob Greenwood, tu vecino..., ¿Qué casualidad no?, ¿¡Dónde está!? —preguntó golpeando la mesa con sus grandes manos.
Quedé helado, Jacob había desaparecido..., comencé a llorar.
—Muy bien, por última vez muchacho, ¿Qué pasó realmente?
Seguí callado, era absurdo repetir lo que pasó, no me creería.
—De acuerdo, no me queda de otra que ordenar que te internen en un centro con problemas mentales. —dijo con tono amenazador.
—¡¡No puede hacerme eso!!, Por favor, ¡¡Le estoy diciendo la verdad!! —me levanté llorando y uno de los agentes que vigilaba en la puerta me sujetó con fuerza. —¡¡Por favor, créame!!
El agente me sacó a rastras ante la mirada del inspector, que solo negaba con la cabeza, me arrastraron y me volvieron a meter en la celda.
Pasé ahí metido dos días, durante el juicio, no cambié mi versión, nadie me creía, incluso mi madre, con tristeza, me miraba de otra forma, como si estuviese loco, tras el juicio, me abrazó antes de que me llevasen.
Ese mismo día me hicieron subir a un autobús camino al psiquiátrico del condado, me habían sentenciado...
—Bueno, chico, no estés tan mal, podía haber sido peor, al menos esto no es una cárcel. —el conductor del coche donde iba montada me miraba por el retrovisor mientras se dirigía a mí.
Por la ventanilla podía ver como entrabamos a un recinto donde había verjas fortificadas, con pesar y lágrimas en mis ojos, fui acompañado por el agente que me custodiaba en el asiento trasero del coche durante el trayecto.
Aparcamos y me condujo dentro del complejo, un doctor me atendió y nos guio hasta un cuarto, todo el complejo era de color blanco, incluso el suelo, me indicó mi cama y cerró la puerta dejándome dentro, pude escuchar como hablaba con el agente mientras se alejaban.
Así que..., así he acabado..., mi vida destrozada...
Me senté en la cama y miré a la pared, el cuarto, pequeño, solo tenía una cama individual, un armario y un escritorio, todo vacío.
El doctor abrió la puerta y me miró con una sonrisa, era un hombre de unos cincuenta años, con el pelo canoso, afeitado, y con unas gafas colgando en el cuello, vestía unos pantalones oscuros y un jersey gris, que lo acompañaba con una bata blanca de médico.
—Bien, muchacha, bienvenido al hospital psiquiátrico de Weverkey, donde tenemos el mayor índice de curación del país, tranquilo, lograremos que te cures. —dijo con una sonrisa cínica.
El doctor se acercó sentándose a mi lado.
—Aquí, estarás muy seguro, ningún muñeco te hará daño. —me levanté alejándome de él, sus palabras sonaron con burla.
El doctor me sonrió y se levantó sin dejar de escudriñar mi cuerpo como si yo fuese un objeto para sus experimentos científicos.
—Bueno, poco a poco, pero al final lograremos curarte. —hizo énfasis en esa última parte mientras me guiñaba un ojo—. En fin, tienes ropa limpia dentro del armario, en una hora vendré a por ti, debo explicarte las normas y horarios, ¿De acuerdo?
El doctor caminó hasta la puerta y la cerró tras de sí.
—No puede ser, esto no es real, ¿Qué más me puede pasar?
Una piedra golpeó la ventana de mi cuarto, tras el sobresalto por el susto, me acerqué y miré por ella, tenía barrotes de hierro, así que no podría escapar, fuera, el complejo estaba rodeado por un inmenso bosque, estábamos en la nada, según calculé, por las escaleras que subí, yo debía estar en el tercer piso.
Otra piedra golpeó el cristal de la ventana, miré hacia abajo y pude verlo, me miraba sonriente y saludando con su mano.
—No..., no..., pue..., puede ser... —tartamudeando y sin dejar de mirar sorprendido, podía ver a Chucky, que me saludaba sonriendo, entonces sacó de su bolsillo un cuchillo, sí, tenía un cuchillo...
Se agachó y se metió por un agujero pequeño, lo vi ingresar al recinto y correr por detrás del mismo hasta perderlo de vista al rodear el edificio por mi izquierda.
Quiere el Amuleto, pero yo no lo tengo, están en mi casa..., me matará...
—¡¡No!!, ¡¡¡Ayuda!!!, ¡¡Viene a por mí!!, ¡¡Chucky viene a por mí!!
Un celador abrió la ventanita de la puerta de mi cuarto y me miró confuso.
—¡¡Por favor sáquenme de aquí!! ¡¡Es Chucky!!
—¡Cálmate chico! Enseguida vendrá el doctor. —y acto seguido cerró la compuerta.
—¡¡Nooooo!! —golpeé desesperado la puerta con mis puños cerrados—. ¡¡Es Chucky!! ¡¡Viene a por mí!! Y quiere matarme... —mis sollozos y mis lágrimas de impotencia se mezclaban con el terror y la asimilación de que era mi final...
Lloré y lloré hasta quedarme sin fuerzas, dormido, allí, pegado a la puerta.
Desperté tumbado en una camilla, podía observar como una luz cegadora proveniente de unos focos que venían del techo de la habitación, me impedía ver bien a mi alrededor, unas voces ahogadas sonaban cerca de donde yo estaba tumbado, y sí, estaba atado.
Sentía mis muñecas oprimidas con una especie de cuero, también podía sentir el mismo tacto en mis tobillos, además, me di cuenta de que iba solo con un triste camisón, ¿Dónde estaba?
Ah, sí, me habían internado en un psiquiátrico, me tomaban por loco, ¿Por qué? Por decir que mi muñeco había matado a cinco personas.
—¿Por dónde íbamos? Ah sí, escucha, Tomi, vamos a hacerte una prueba cerebral, ¿De acuerdo? —la voz del hombre, que provenía de mi izquierda, me hizo temblar.
—¿Qué? ¡¡No!! ¡Espere! ¡Yo no estoy loco se lo juro! ¡¡Por favor no!! —mis desesperados gritos fueron inútiles, el despiadado médico comenzó a reírse mientras con una máquina más parecida a un taladro, comenzaba a penetrar en mi cabeza, podía sentir la perforación y el tembleque de la máquina.
—¡¡Para!! ¡¡Despierta!! —una bofetada me hizo abrir los ojos.
Llevé mis manos a mi sien e intenté buscar el agujero, pero no, no había nada, miré a mi alrededor, estaba en una habitación totalmente blanca, con paredes acolchadas y dos camas a los laterales, no había ventanas, solo una puerta de hierro con una especie de ventanita de vidrio por donde poder mirar.
—¿¡Estás bien!? Parece que estabas teniendo una pesadilla... —un chico desconocido me miraba sonriente—. Me llamo Salva, un placer.
El chico me extendió su mano de forma amigable, el chico, de piel blanca y pelo oscuro, me observaba con unos ojos negros, tenía facciones asiáticas, parecía de mi edad.
—¿Dónde estamos? —pregunté mientras le estrechaba la mano, nuestra ropa era un pantalón blanco y una camiseta, también blanca, parecíamos presos, pero de blanco..., además, íbamos descalzos.
—¿No lo recuerdas? Estamos en un centro para locos, como nosotros...
—¿Qué? Yo no estoy loco... —me quejé, me acerqué a la puerta e intenté abrirla, pero era inútil, no podría salir de ahí.
—No, claro, ninguno de nosotros estamos locos... —dijo Salva sonriendo, mientras no dejaba de rascarse el cuello.
—No, lo digo en serio, yo estoy aquí por error. —vi que no me tomaba en serio, no le culpo, él si estaba loco, así que era mejor dejar el tema, debía buscar una forma de salir de allí.
Me agaché para mirar debajo de las camas, no me fiaba del todo, aún recordaba que Chucky había entrado en el recinto, tenía que actuar, sí... ¡El Amuleto! ¡Claro! ¡Viene a por el Amuleto!
—¿En qué piensas? —me preguntó Salva, pero le ignoré, tenía que pensar como darle el Amuleto, él lo quería, pero lo escondí en casa.
Caminé hasta la cama y me senté a pensar cómo escapar.
—Oye, ¿Dónde llevan nuestras pertenencias? —pregunté a Salva, que permanecía de pie pegado a la pared mirándome—. ¿Me escuchas?
—Eh..., no sé, quizás en la secretaría, pero no podrás ir hasta esa planta, nunca nos dejan sueltos, excepto en las duchas o el patio, pero siempre hay un vigilante.
—Mierda...
—¿Qué quieres coger? ¿Tu móvil? —preguntó Salva mientras se acercaba y se sentaba a mi lado, yo, instintivamente, me alejé un poco.
—No, bueno, tal vez.... —me quedé pensativo, entonces una tristeza me invadió.
—¿Qué te pasa?
—Nada, es sólo que..., estoy sentenciado, nadie creerá que un puto muñeco mató a esas personas, pensarán siempre que fui yo...
—¿Un muñeco? Ja, ja, ja, ¿Ves? Estás aquí porque piensas que los muñecos tienen vida.
Su risa no me gustó, le miré desafiante, ¿Y él qué? Seguro que ve fantasmas o piensa que puede volar.
—¿Y tú qué? ¿Eh? ¿Te crees Superman o algo?
Salva se levantó de golpe y se agitó el cabello con intensidad, el cual, ya de por sí ondulado, se puso aún más desordenado.
—Yo no estoy loco, ¿Vale? Es simplemente que a veces como mucho y acabo arrepentido... —dijo avergonzado dándome la espalda—. Tú no sabes lo mal que lo paso...
—¿Tienes bulimia? —pregunté sin obtener su respuesta, se acercó a la cama de enfrente y se tumbó dándome la espalda—. Oye, disculpa, no quería ofenderte, es solo que, es raro que estés aquí solo por eso, ¿No crees?
Siguió sin responderme, entonces la puerta se abrió y un hombre con bata de médico ingresó dentro junto a otro hombre alto, robusto y con traje de vigilante, tenía porra.
—¿Qué tal dormiste, Tomi? Espero que David no te haya molestado mucho.
—¿David? Me dijo que se llama Salva... —dije sin entender.
—David, ¿Qué hablamos sobre tus amigos? Sabes que debes controlarte. —el médico se acercó y le acarició el cabello, pero este no le dijo nada, después, el médico me observó y sonrió.
—¿Qué? —pregunté nervioso.
—Nada, es que te pareces mucho a mi hijo. —hizo una pausa y echó un vistazo a la libreta que traía consigo—. Bueno, Tomi, debes acompañarme, toca terapia, ¿Vale?
El médico me miró y desvió la mirada al vigilante, en forma de advertencia, si me negaba, iría a la fuerza, me levanté y caminé junto al médico fuera.
—¿Este es mi cuarto? —pregunté al salir.
—Oh no, no, esta sala es especial, siempre metemos aquí a los nuevos para que conozcan a David, es una especie de prueba.
—¿Una prueba, de qué? —no entendía nada, mientras hablábamos podía observar bien el psiquiátrico, todo, todo era blanco, suelo, pasillos, puertas...
Comenzamos a subir unas escaleras hasta el siguiente piso y entramos a un despacho, el vigilante se quedó fuera y me hizo sentar.
—Bueno, bueno, Tomi. —hizo una pausa y se sentó en su sillón de cuero.
Su despacho era enorme, detrás tenía tres ventanales que daban al exterior, a los lados dos librerías llenas de libros y una puerta con un candado, me fijé en ella, ¿Qué había ahí?
—Expedientes, si te preguntas lo que hay ahí, es eso, expedientes, Tomi, dime, ¿Estás mejor? Ayer no dejabas de gritar y te desmayaste.
—¿Qué? —llevé mi mano a la cabeza, ¿El sueño pasó de verdad?
—¿Algo que contarme? —el médico sacó una grabadora y la puso en su escritorio, le dio a grabar.
—Yo..., ayer, cuando me trajeron aquí, ¿Qué me hicisteis? —pregunté muy nervioso.
—¿Ayer? Tomi, llevas aquí una semana. —el médico me miró con interés, esperando mi reacción, que no fue ninguna.
—¿Qué? No, es imposible, no...
—¡Es broma! Ja, ja, ja, quería ver tu reacción y saber si te afectó el ataque de pánico.
Miré con rabia al médico, espera...
—¿Qué ataque de pánico? —pregunté confuso.
—Bueno, te metimos en un cuarto aislado y al rato empezaste a gritar que Chucky venía a por ti, que quería matarte, no dejabas de gritar y golpear la puerta, tuvimos que reducirte y ponerte un calmante.
En silencio, solo escuchaba decir lo que el médico me decía, pero realmente no recordaba eso..., excepto que Chucky entró al recinto, es verdad, ¡Debe estar buscándome!
—Escuche, señor.
—Llámame Fred. —me cortó.
—Fred, mire, yo sé que piensas que estoy loco, pero de verdad, yo no he matado a nadie, lo juro.
—Entiendo, entonces, ¿Quién ha sido, Tomi? —el médico, Fred, se levantó y se acercó a una de las librerías, sacó un libro y lo posó en su mesa, volvió a sentarse y comenzó a buscar entres sus páginas.
—No sé, solo sé que yo no fui, lo del muñeco me lo inventé. —mentí, pero quería salir de ahí, quería volver a casa, quería..., necesitaba ver a Jacob..., Jacob..., él..., está..., está desaparecido, ¿lo habrá matado Chucky?...
Lágrimas caían por mis ojos e intenté limpiarlas con la manga de mi camiseta, Fred se dio cuenta y me miró de reojo, me costaba no gimotear, solo de pensar en mi situación, ahí metido y encima había perdido a mi mejor amigo, Jacob.
—Bueno, Tomi, eso no fue lo que dijiste en tu declaración, mira. —el médico sacó de lo que parecía mi expediente una hoja y la comenzó a leer en voz alta—. Mi muñeco, Chucky, fue el que mató a toda esa gente, yo no hice nada, mi amigo puede corroborarlo, pero ha desaparecido. —el médico hizo una pausa y dejó el papel sobre la mesa—. Es curioso...
—¿Qué es curioso? —pregunté mientras Fred sujetaba de nuevo el libro y lo deslizó por la mesa hasta mí.
—Pues, que, tras tu declaración, me di cuenta de que había algo raro, en cómo llamaste a tu muñeco, ''Chucky'', como en las películas, y recordé algo...
Me incorporé en mi asiento hacia delante y cogí el libro, mis manos comenzaron a temblar.
—Hace diez años, un chico de una edad similar a la tuya ingresó aquí también, y decía que su muñeco quería ''poseerlo'', lo llamaba, ''Chucky''. —se detuvo esperando mi reacción y después metió la hoja en mi expediente—. ¿No dices nada?
Observé atentamente la página del libro, en ella un chico rubio aparecía atado a una cama, además, en el texto decía que el chico tenía un pánico atroz a los muñecos.
—¿Y no es casualidad que justamente dos personas hablen del mismo muñeco llamado Chucky?
—No creo en las casualidades, Tomi, pero sí en un problema mental derivado de las películas, ese chico, no fue el primero ni el último en decir que su muñeco quería matarlo, estaba obsesionado con las películas.
—¿Qué? Pero si yo solo las vi una vez, ¿Por qué me iba a obsesionar?
—Oliver. —el médico me miró cruzando los dedos de sus manos.
—¿Qué? —pregunté confuso.
—Tu hermano Oliver, tristemente fallecido, era muy fan de las películas, ¿Me equivoco?
Permanecí en silencio.
El médico, Fred, miró un expediente y volvió a mirarme.
—Tu hermano pequeño, de 8 años, Oliver, falleció en un accidente de tráfico, en el que ibais tú, tu hermanito y tu padre, tu declaración dice que en ese momento manteníais una discusión, dime, Tomi, ¿Realmente fue un accidente?
—¿Qué dice? ¡¡¿Cómo se atreve?!! ¡¡¡Yo no maté a mi hermano!!! —me levanté con violencia y la respiración entrecortada.
—Tranquilo, yo en ningún momento mencioné que lo matases... —el médico me sonrió cínicamente, estaba llevándome a su terreno, el de culparme por la muerte de mi hermano pequeño.
Bajé la vista con la respiración entrecortada, me costaba mantenerme en pie, ¿Qué me pasaba?
En ese instante, lo vi, Chucky estaba detrás del médico, observándome.
—¡¡Está ahí!! —le señalé levantándome como un resorte y acercándome a la ventana, pero Chucky se apartó con rapidez.
—¿Qué está ahí? —el médico solo me miraba atento, se acercó también a la ventana y me sujetó—. ¿Intentas suicidarte?
—¡¿Qué?! ¡Claro qué no! ¡Pero está aquí! —intenté con mis fuerzas que me soltase, pero no lo hacía—. ¡Déjeme!
El médico llamó al vigilante y me sujetaron, entonces sentí un leve, pero intenso pinchazo en mi cuello, todo comenzó a nublarse...
(Continuará...)
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Creado (2015), revisado y editado (2025) por @TomiLobito
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