Capítulo 16: Mi mejor amigo
Me sentí mal, la amenaza de Daniel no me gustó, tras un rato intentando coger el sueño, desistí, el culo me dolía demasiado, me levanté como pude y me fui al baño, me duché con agua caliente y me limpié a fondo, mi interior ardía, cogí una crema que había en el baño, la que quizás más efecto tendría, era para roces o quemaduras, la abrí y me puse un poco de crema, me puse el bóxer como pude y salí del baño, miré a Daniel, pero parecía dormir, me acerqué a mi cama y me tumbé tras ponerme el pijama, aún sentía frío en mis huesos.
—Dani, ¿Estás despierto? —no hubo respuesta, miré hacia el techo e intenté coger el sueño, cerré mis ojos y al rato me dormí.
Me levanté tarde, me puse algo de ropa y caminé hasta el comedor, al entrar vi que ya todos habían desayunado, salí y miré al lago, estaban todos, pero nadie patinaba, al parecer el hielo estaba frágil y era peligroso, simplemente estaban cerca, sentados rodeando una hoguera de fuego, reían y se divertían, menos dos personas, sí, sospechando algo me dirigí hacia donde no debí ir, rodeé el monasterio y escalé por las enredaderas hasta el cuarto de mi hermano, me asomé por la ventana, Rubén estaba besando a Jacob por todas partes y éste se reía moviéndose, ambos tumbados en la cama.
Sentí un dolor en mi corazón, me sentí mal y con ganas de llorar, me volví a mi cuarto y me tumbé, tenía ganas de llorar, me sentía ahora tan solo..., al rato apareció Daniel.
Entró al baño y al rato se fue, supongo que estaría enfadado conmigo por rechazarle, pues muy bien...
Con ganas de llorar por todo me quedé mirando por la ventana tumbado de lado, miraba los rayos de sol entrar e iluminar el cuarto, me quedé observando sin más, no se cuanto tiempo pasó pero me acabé durmiendo.
Un golpe en mi cuarto me despertó, era Daniel de nuevo, que se le cayó el móvil al suelo.
—Perdón si te desperté. —se disculpó.
Iba a hablar pero ni tiempo me dio, salió cerrando la puerta, me levanté y la abrí detrás, vi que se dirigía a la pequeña pista de fútbol que había en el campamento, no era muy grande, pero suficiente para jugar, yo miraba desde la distancia como los demás jugaban con el balón, me hubiese gustado participar, pero aún me dolía el culo, sentía una ligera molestia, así que preferí no jugar.
El sol pegaba ya con menos fuerza, David miraba como los demás chicos jugaban, observé a mi hermano, no apartaba la vista de él, era tan hermoso..., pero debía olvidarme de él, en parte era lo mejor, somos hermanos, lo que hicimos fue solo experimentar, experimentar con algo prohibido, luego cada uno tomaría su camino, era absurdo prenderme de él, pero ahora me sentía confundido, confundido y solo...
Me di la vuelta y caminé hacia el muelle del lago, helado, me senté como pude y metí los pies en el hielo, resbalaban mis zapatillas, cerca estaban las botas para patinar, yo aún no lo había hecho, el silencio y el leve ruido de las ramas por el leve viento que había me relajaba, me eché de espaldas y cerré los ojos, pensando en muchas cosas, en cómo todo había cambiado desde la llegada de mi hermano del Internado.
—¿Qué haces aquí solo?, ¿Por qué no juegas con los demás? —Cristian se acercó y me obrservó de pie.
Abrí los ojos y pude verlo bien, llevaba unos vaqueros rasgados por la parte de los muslos y una sudadera blanca.
—No tengo muchas ganas. —le dije, y volví a cerrar mis ojos, me sentía culpable, me daba vergüenza mirarle a la cara sabiendo lo que hice con su hermano.
Cristian se sentó a mi lado, y se tumbó a mi lado.
—Lo cierto es que aquí se está muy bien. —dijo acercándose más a mí, podía sentir su codo rozar con el mío.
—Sí, por eso... —mascullé con nerviosismo, Cristian ahora me incomodaba, pero me gustaba su presencia, era una sensación extraña.
—Mi hermano me contó que te encontrabas mal, y el ver que no juegas al fútbol me lo confirma, ¿Qué te pasa? —preguntó.
Hubo silencio, yo seguía con los ojos cerrados.
—Mi hermano me ha contado que está muy a gusto contigo. —prosiguió hablando.
Abrí los ojos y giré mi cabeza mirándole nervioso.
—¿A qué te refieres? —pregunté con cierto temor, aunque no creía que Daniel le contase nada de lo que hicimos..., pero tras su amenaza.
—Pues... —hizo una pausa, una pausa que me mataba por dentro, como si pensase que iba a decir—. Dice que está feliz de estar contigo, te agradezco que te portes bien con él, yo le quiero mucho y no quiero que nadie lo lastime, sé que contigo estará bien. —pude notar como su mano izquierda se posaba en mi mano derecha, yo, sorprendido, no dije nada—. Y yo estoy feliz de estar aquí contigo...
Mantuve los ojos cerrados cuando sentí como su mano se movía hacia mi entrepierna, por fuera del pantalón y me la sujetó.
Yo no dije ni hice nada, me quedé quieto, creo que esperaba ver como reaccionaba y al ver que me dejaba comenzó a masturbarme, estuvo un rato así, el ruido de las ramas moviéndose cerca de nosotros por el viento era el único sonido que se escuchaba junto a las voces lejanas de nuestros compañeros en la pista de fútbol.
Sentí como movió su mano y la fue metiendo dentro de mi pantalón hasta agarrar mi pene. Su mano me daba mucho placer, mi respiración se agitaba, con temor extendí mi mano hasta su entrepierna, busqué la forma de meter mi mano dentro y agarré su polla, notaba sus huevos duros, su pene también duro..., lo sujeté y comencé a subir y bajar su piel con suavidad.
Comenzamos a masturbarnos mutuamente, nuestra respiración se entrecortaba entre ligeros gemidos y el ruido de nuestras manos pajeándonos mutuamente. Un intenso calor me invadía, estaba a punto de correrme, no iba a aguantar mucho, la situación del momento, el miedo a ser vistos y descubiertos, el saber que Cristian, mi mejor amigo me estaba tocando de esa forma y yo a él..., eran muchas cosas que aumentaban la excitación.
Y efectivamente con el movimiento de su mano empecé a venirme con intensidad, de mi boca salieron gemidos de placer y él empezó a detenerse, pero mantuvo su mano dentro de mi pantalón, yo seguí pajeándolo con velocidad.
Lo seguí haciendo bastante rato hasta que escucho como sus gemidos se intensifican y comenzó a correrse en mi mano, lo pajeé un poco más y saqué mi mano, él sacó la suya y permanecimos en silencio.
Yo no abrí los ojos en todo ese tiempo, me daba vergüenza, al fin y al cabo Cristian era mi mejor amigo en la escuela, lo conocía desde siempre, ahora me sentía mal, volvía ese sentimiento de culpa, volvían mis pensamientos negativos.
Entonces sentí como se movía hacia mí y sus labios se posaban en los míos, me comenzó a besar, su mano se posó en mi pecho y su lengua se introducía en mi boca, nos fundimos en un largo e intenso beso, donde nuestras lenguas y salivas se mezclaban, por un momento sentí algo diferente, como cuando besaba a mi hermano, era esa misma sensación, sentí algo especial, no sabría como explicarlo.
Se detuvo y se apartó un poco de mi, abrí los ojos y el sol me cegaba, me costaba ver después de tenerlos cerrados tanto tiempo, su cabeza tapaba el sol, me miraba sonriente. Su cara estaba roja, se acercó de nuevo y me volvió a besar, me dejé llevar de nuevo y estuvimos besándonos un buen rato, cuando de repente escuchábamos que las voces de los demás sonaban con mayor intensidad, se acercaban.
Cristian se separó y miró al fondo, a lo lejos, con su mano en la frente intentó evitar el sol y ver si se acercaban, miró y se puso de pie con velocidad, yo me levanté y miré también, efectivamente los demás comenzaban a acercarse al muelle entre risas, me incorporé también y vi como Cristian se ponía las botas de patinaje, yo permanecí quieto sin moverme, sólo mirando a los demás, aún sentía mi cuerpo arder por lo que habíamos hecho, me limpié como pude la corrida de Cristian como pude, restregué la mano en mi pantalón con nerviosismo.
Comenzaron a llegar y se fueron poniendo las botas para patinar, y así empezaron a jugar entre ellos, observé a mi hermano, que jugaba con Jacob entre risas, en un instante nuestras miradas se cruzaron, no le quitaba la mirada de encima, le dijo algo a Jacob y Rubén se acercó a mi.
En ese momento apareció el monitor David en el muelle gritando.
—¡¡EH!!, ¡¡Eh hielo está frágil, salid de ahí ahora mismo!! —David parecía enojado, los chicos a regañadientes comenzaron a salir del lago y entraron al monasterio.
—¿Dónde estabas? Pensé que querrías jugar al fútbol con nosotros, pero no viniste. —mi hermano se puso a mi lado, mientras los demás entraban al monasterio, donde no nos podrían escuchar, me miró esperando mi respuesta.
—No tenía ganas. —dije cortante, aún me dolía la situación actual, el distanciamiento entre ambos...
—Ya.... —a mi hermano no le convenció mi respuesta—. Te noto distante conmigo...
—No es eso... —dije.
—¿Entonces? —mi hermano se acercó más a mí hasta sentir su hombro rozar con el mío.
—Creo que deberíamos dejar de hacer cosas, y empezar a comportarnos como hermanos. —dije con cierta tristeza.
—¿Por qué dices eso? —Rubén me miró extrañado.
—Porque sí, es lo mejor, y tú lo sabes, a mi me gustó experimentar contigo, lo sabes, pero pienso que es el momento de dejar de hacerlo, nos estamos haciendo daño...
Rubén permaneció en silencio tras mis palabras, pude ver cómo de mirar a los demás sin más, se fijaba ahora en Jacob, ¿Él pensaba que no me daba cuenta?
—Sí, tienes razón, es lo mejor, te entiendo. —me miró también con tristeza—. Me alegro de que me lo hayas dicho, porque así las cosas quedan claras, somos hermanos y siempre lo seremos, eso no cambiará nunca.
—Aunque ya no hagamos nada más entre nosotros, quiero decir que..., no me arrepiento, y nunca me arrepentiré de haber hecho esas cosas contigo. —confesé un poco avergonzado y con un gran pesar, sabía que estábamos zanjando nuestro amor, que tras esta conversación mi hermano y yo nunca más haríamos nada...
—Yo tampoco me arrepiento y nunca lo olvidaré, hermano. —Rubén con su mano sujetó la mía, yo la apreté con fuerza, me sentía importante, estaba despidiéndome de él, nunca más tendría su amor, sus caricias, su aliento, nunca más podría sentir su piel como la sentí, nunca más lo sentiré dentro de mí, jamás podremos volver a tocarnos como lo hicimos, me sentía morir...
—Te amo, hermanito... —confesé con dolor.
—Yo también, hermano... —dijo también con un leve pesar.
En parte me dolía lo que decía, pero era lo mejor, dos hermanos no pueden estar juntos, no pueden ser novios, no, simplemente esto era lo mejor que podíamos hacer, separarnos..., quizás estábamos equivocados y luego nos arrepentiríamos, pero en ese momento, en ese instante, creo que lo mejor era alejarse de ésa línea que cruzamos hace tiempo y que quizás nunca debimos cruzar.
—Me alegra de que lo hayamos hablado..., nunca olvidaré las cosas que vivimos. —dije.
—Nunca. —Rubén se acercó a mí y me besó en la mejilla—. Nunca olvidare las cosas que vivimos.
Jacob se acercaba a nosotros.
—Bueno, voy dentro, pásalo bien. —dije mirando a Jacob, Rubén lo notó, sabía que algo sospeché.
—Gracias, yo voy a estar fuera un rato, ¡Pásalo tu también bien! —me guiñó un ojo y fue hacia Jacob.
Cristian estaba tumbado en su cuarto, solo, entré y lo saludé.
—¿Estás cómodo? —le pregunté.
—¿Qué bien se está aquí verdad? Me gusta estar aquí. —dijo Cristian.
—Sí, ojalá esto nunca acabe. —me tumbé a su lado y cerré los ojos, el ruido de fondo de los demás chicos se escuchaba lejano.
—No tiene porque acabar aquí. —Cristian posó su mano sobre la mía y la agarró, así permanecimos hasta la hora de comer, tumbados en la cama y cogidos de la mano.
Los días fueron pasando sin grandes acontecimientos que contar, Cristian y yo a veces quedábamos, nos tocábamos..., nos besábamos..., pero lo que más le gustaba era cogerle de la mano y estar así, cogidos de la mano...
El tiempo pasó volando, participábamos en las diferentes actividades deportivas, jugábamos a diferentes juegos..., aunque la mayor parte del tiempo nos la pasábamos en el lago patinando y por la noche en la fogata contando historias de miedo.
Lo malo es que Cristian, su hermano Daniel, Jacob y Hugo se marchaban hoy, su estancia era solo de una semana, me sentí triste al saberlo.
Entré al cuarto de Cristian, estaba haciendo su maleta, el autobús pronto estaría aquí para recogerle a él, a su hermano, a Jacob y al otro chico.
—¿Necesitas ayuda con la maleta? —pregunté mirando como Cristian intentaba cerrarla con fuerza.
—No, gracias, ya terminé, ¿Cómo va mi hermano? —preguntó mientras seguía guardando sus cosas.
—Bien, enfadado por no querer marcharse. —me senté en su cama.
—Le comprendo, yo también estoy enfadado. —dijo con tristeza.
—Ya..., dejar un sitio así es difícil... —me levante girando hacia la puerta.
Cristian terminó de cerrar la maleta y acercándose donde yo estaba, me sujetó del hombro, me giró y posó sus labios en los míos.
—No, lo difícil será estar sin verte una semana. —Cristian me cogió las dos manos y las agarró con fuerza.
Mi cara se quedó todo roja, y la suya también.
—Te echaré de menos. —dije, y le devolví el beso.
—¿Interrumpo algo? —la voz de Lucas nos hizo separarnos rápidamente, estaba en la puerta sonriendo—. El bus ya llegó, es hora de marcharse.
Ante el nerviosismo de Cristian intervine diciendo que no pasaba nada, que Lucas no diría nada y este afirmó con la cabeza, ya mas tranquilo aunque no convencido del todo Cristian cogió su maleta y lo acompañé hasta el autobús, junto a su hermano, Jacob y Hugo.
Todos fueron subiendo las escaleras del bus, se iban sentando y se asomaron por las ventanas, el autobús se puso en marcha y comenzó a alejarse, se despedían de nosotros como en el último capítulo de Digimon, en la distancia no dejaba de mirar a Cristian, no pude evitar poner ojos llorosos.
—¡No me digas que vas a llorar! —la voz sarcástica de Lucas me asustó, estaba a mi lado y ni cuenta me di.
No le hice caso y esperé hasta que el autobús desapareció.
—¿Es que no sabes hacer otra cosa que molestar? —dije enfadado.
Lucas se quedó callado sonriendo.
—¿Dónde está mi hermano? —miré a los alrededores intentando buscarlo.
—Creo que las despedidas de novios no son lo suyo.— de nuevo Lucas sonriendo mientras lo decía, parecía que disfrutaba.
—¿Qué quieres decir? —dije intentando no comprenderlo.
—Pues, que os faltó a ti y a tu hermano un cartel luminoso que pusiese ''Somos novios y nos amamos''.
—¿Qué dices...?
Lucas comenzó a andar al campamento, lo seguí corriendo y me puse en medio.
—¿Qué quieres decir? —lo miré desafiante.
—Joder, macho, ¿En serio? ¿No os disteis cuenta? Todo el campamento sabía que tú y Cristian tonteabais, y de que tu hermano y Jacob hacían cosas, tanto tiempo juntos..., de repente desaparecen un rato..., vuelven juntos...
—Eso no quiere decir nada... —dije con preocupación, ¿Enserio era tan evidente?
—Claro, si tú lo dices..., pero vamos, yo que vosotros en el pueblo tendría mas cuidado o sería más precavido, porque a lo que a mí respecta, no habéis sabido ocultar lo que hacéis.
En ese momento llegó Rubén.
—¿Ya se han ido? —sus palabras sonaban cabizbajas.
—Sí, ¿Dónde estabas? —me acerqué a él, pero se apartó.
—No me gustan las despedidas..., me voy a echar un rato.
Rubén se alejó y entró al monasterio, yo me despedí y me fui a mi cuarto también, prefería descansar, quería tener mi mente despejada.
Tumbado en la cama me giré y miré por la ventana, mis ojos comenzaron a cerrarse y me dormí...
El sonido de los pájaros cantando y el ruido de un motor de lo que parecía el bus me hizo abrir mis ojos poco a poco, podía ver el sol pegar con fuerza en la habitación, me incorporé y con mis manos despejé mis ojos junto a un bostezo.
Escuché a varias personas hablar, me dio pereza cambiarme y me levanté abriendo la puerta de mi cuarto en pijama, caminé fuera unos pasos y vi como un bus se marchaba del campamento, miré de dónde se alejaba y vi a los dos monitores hablando con varios chicos.
—Los chicos nuevos... —murmuré.
Me acerqué y vi entre ellos a Rubén, su mirada se posó en mí y pude ver que su cara tenía un tono más blanco de lo normal, como de sorpresa, me acerqué hasta el grupo y David, que estaba hablando se detuvo.
—Y este es el otro compañero, Tomi. —dijo señalándome.
Los chicos me miraron atentos y entre ellos lo pude ver, mirándome con una sonrisa que casi desencajaba su cara.
—No, no puede ser...NO TE CREO JODER.
( Continuará... )
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