jueves, 28 de noviembre de 2013

Mi hermanito - Capítulo 13 ''El Monasterio''

Capítulo 13: El Monasterio

Al salir del edificio comenzamos a mojarnos de nuevo, la lluvia no había cesado aún, no sabía que hacer...

Kon se acercó a un banco que había cerca de la fábrica y lo posó ahí tumbado, le dio varias palmadas en la cara pero no reaccionaba.

Rubén, por favor, ¡Despierta! —gritaba desesperado.

Kon comenzó a hacerle el boca a boca y las maniobras de reanimación, ante mi mirada impotente.

Akin me sujetó y no pude evitar abrazarle entre lágrimas, no quería ver a mi hermano morir, Akin me abrazó con fuerza sin decir nada, mientras escuchaba el sonido de la lluvia y a Kon intentando reanimar sin éxito a Rubén.

Cof, cof..., —Rubén se incorporó tosiendo con dificultad.

¡Rubén! —me abalancé con velocidad y lo abracé, aún llorando—. ¡¡Pensé que te perdía...!!

Pues aprieta con menos fuerza o me pierdes de verdad... —dijo con tono de broma.

Perdona. —me separé y me limpié las lágrimas, me giré donde Kon y le di las gracias.

No ha sido nada, mi curso de primeros auxilios ayudó mucho. —dijo Kon con una sonrisa.

Es que el cenutrio está estudiando para ser médico, ah, perdona, es Kon, un amigo. —intervino Akin.

Igualmente, gracias. —repetí, mi hermano se incorporó y observó a Akin, apartó la mirada mientras se limpiaba la sangre de la nariz con su muñeca.

Bueno, es curioso que la última vez que nos vimos fue también aquí, ¿No? —dijo Akin con sarcasmo.

Sí... —murmuré avergonzado, ahora después de ayudarnos me sentía mal por lo que Rubén y yo le hicimos aquella noche en este mismo lugar.

Bueno, nosotros ya nos vamos, que llegamos tarde, deberías denunciar a esos canallas. —sugirió Kon.

No, ya nos encargamos nosotros. —dijo Rubén un poco cortante.

Los dos chicos se despidieron y se marcharon dejándonos allí, nos cobijamos bajo el techo de la fábrica, en la entrada, mientras nos recomponíamos y esperábamos a que la tormenta amainara del todo.

Tenemos que denunciar. —dije.

¿Qué?, ¿¡Te volviste loco!?, ¿Sabes que pasará si lo hacemos?, arriesgas que descubran lo que hacemos entre nosotros, a que se descubra lo del Internado...

Me quedé callado, Rubén tenía razón, pero sabíamos que Peter y Luis no dejarían de molestarnos, algo teníamos que hacer.

¿Te duele? —le miré el corte que tenía en el labio.

No, no te preocupes, ¿Qué pasó cuando perdí el conocimiento? Lo que recuerdo esta borroso...

¿No recuerdas nada?

No, lo último fue que salimos corriendo después de atacar al gigante ese. —mi hermano esbozó una ligera sonrisa de impotencia.

Pues..., llegaron Akin y su amigo y nos defendieron, tuvimos suerte... —mentí, o más bien quise evitar decir que me obligaron a hacerles sexo oral...

Lo miré y pude observar a mi hermano bastante decaído, muy frágil, me acerqué y lo abracé de nuevo.

Ya todo pasó, volvamos a casa, ya pensaremos qué hacemos. —dije.

La tormenta amainó un poco, lo suficiente para volver a casa, nos duchamos y ese día la pasamos descansando, estuvimos unos días sin hacer nada, haciendo vida normal, escuela, entrenamiento y demás.

Ah sí, el entrenador no ha vuelto a aparecer desde aquel día en el que abusó de mí, ¿Culpabilidad? El caso es que los entrenamientos los tuvimos que hacer nosotros solos e incluso se suspendió un partido, supuestamente, porque el entrenador estaba de ''baja por gripe''.

Y así, terminó el primer trimestre, habían pasado casi cinco semanas de lo ocurrido en la fábrica, no volvimos a ver a Luis y Peter, aunque sí pude ver más de una vez a Lucas, pero ni se acercó a nosotros, disfrutamos de paz un tiempo.

Como dije, también nos dimos espacio mi hermano y yo, tras todo lo que había ocurrido estos meses necesitábamos que la normalidad hundiese un poco nuestras vidas.

Llegaron los primeros días de navidad, mi hermano los pasaba con Jacob jugando a la videoconsola en su casa, yo por mi parte me apunté al equipo de béisbol de la escuela, lo cierto es que nuestra vida empezaba a tomar un rumbo más sano y era de agradecer, aunque echaba de menos el cariño y afecto de mi hermanito...

Es un sitio muy bonito, está decidido, pasaréis las navidades aquí. —mi madre soltó un folleto en la encimera de la cocina, estaba sentada tomándose un café, ante mi mirada y la de Rubén.

Nuestros padres iban a visitar a nuestros abuelos y mi tía, que viven en Portugal, lógicamente nosotros no quisimos ir, así que nuestros padres nos propusieron pasarla en un Monasterio para chicos, justamente para pasar las navidades, el Monasterio estaba en lo más alto del monte del Condado, serían dos semanas, eso fue lo que nos propuso.

A regañadientes mi hermano y yo aceptamos como pudimos, de todas formas no estaría tan mal, es como pasar las navidades pero vigilados por monitores.

Y así, la última semana de Diciembre llegó, era lunes por la mañana, llegó el gran día, nuestros padres nos acercaron en coche hasta la parada del bus, con nuestras mochilas, en las que llevábamos ropa de invierno y algunos cómics.

Tras despedirnos, los vimos alejarse en el horizonte.

Puff, dos semanas, que asco. —se quejó mi hermanito Rubén.

A ver, no es tan malo, solo habrá chicos, y será divertido.

Sí, pero no podremos hacer cosas, prefería estar en casa contigo...

Ya... los dos empezamos a estar de bajón.

A los pocos minutos llegó el autobús, se detuvo y subimos a él, nos costó con las pesadas mochilas, cogimos asiento y así, mi hermano y yo estábamos montados en el autobús que nos llevaba a nuestro destino, el autobús estaba totalmente vacío, era muy triste.

Pocas paradas después, fue parando en diferentes casas y varios chicos fueron subiendo, entre ellos Cristian, un amigo de mi clase, que iba acompañado de su hermano Daniel, cuando nos vieron se acercaron a nosotros, que estábamos en la parte de atrás.

Como dije, Cristian va a mi clase, es un chico de piel muy blanca, pelo castaño claro y ojos verdes oscuros, su hermano, Daniel, que va a dos cursos por detrás de Cristian, también de piel muy blanca salpicada por unas pecas en su cara y nariz, su pelo, que tiraba mas a pelirrojo brillaba con los rayos del sol que entraban por las ventanas del autobús, sus ojos azulados adornaban su carita de ángel.

¿Vosotros también vais? —Cristian se sentó junto a su hermano en los asientos de la izquierda, nosotros estábamos en los de la derecha.

Sí, dos semanas disfrutando ese maravilloso sitio —Rubén sonaba sarcástico.

Venga, ¡Será divertido! Yo es la segunda vez que vengo. —Cristian miró sonriente a mi hermano mientras sacaba unos chicles para ofrecernos uno—. ¿Quieres?

Mi hermano lleva Brackets, no puede, yo sí. —mi hermano alargó la mano y cogió uno llevándolo a su boca mientras me sonreía vacilón.

Es cierto, dos semanas antes de terminar el primer trimestre, me pusieron Brackets, los odiaba.

El bus hizo otra parada y Jacob, compañero de clase y amigo de mi hermano, subió, nos miró y se acercó a nosotros, Jacob, un chico de pelo castaño claro y más bien bajito nos observó sonriente, sus ojos eran color miel.

El bus siguió el trayecto hasta su destino, un camino bastante viejo y en mal estado, cerca del monte Charb, el camino, se desviaba hacia dentro de un bosque profundo y lleno de árboles, estaban todos nevados, se notaba que nos acercábamos a lo más alto y profundo del monte.

El bus avanzó varios minutos más hasta que salimos de la espesura del bosque y se detuvo cerca de la entrada del monasterio, era muy famoso en el condado por su gran lago, eso sí, en invierno casi helado, que pegado al monte nevado formaba paisajes hermosos.

Nos fuimos bajando, ya notábamos el frío, el suelo, también nevado, se hundía hasta casi nuestros tobillos, en frente de nosotros habían dos monitores, un chico que rondaría los treinta años, bastante definido, de ojos azules claros y corte militar, a su lado, una chica mas joven, de unos veinticinco, tal vez menos, al contrario que el chico, ella lucía un pelo largo y ondulado, de color caoba.

Ambos nos observaban sonrientes mientras bajábamos del bus.

Bienvenidos al Monasterio Lookrain, aquí pasaréis dos semanas que nunca olvidaréis, yo me llamo David y mi compañera se llama Luva. —el chico sonreía tanto que su dentadura casi se desencaja.

David, el monitor, nos pasó un papel que parecía un formulario—. Rellenad este formulario por completo, a la hora de comer deberéis entregárselo a Luva, allí es donde nosotros nos alojamos, no dudéis en acercaros para cualquier duda o problema que haya. dijo señalando una cabaña fuera del monasterio, era de aspecto clásico, su madera con tonos marrones oscuros y claros llamaba la atención en comparación a la zona tan blanca de la nieve por la que era rodeada.

Otra cosa, aquí los móviles no sirven, podéis sacar fotos, grabar vídeos, pero no hay cobertura, si ya de por sí en el Condado cuesta, aquí es imposible, no hay Internet ni televisión. —dijo Luva sonriendo de nuevo, empezaba a ser perturbador esto, parecía una historia de RL Stine.

Nuestras quejas no se hicieron de rogar, ¿Sin Internet ni televisión? ¿Sin cobertura?

Bueno, para que luego digan que no se puede viajar en el tiempo, estamos en el siglo dieciocho. —la voz de mi hermano sonó con sorna y los chicos empezaron a reírse.

Bueno muchachos, acompañadme y os diré cuál será vuestra estancia. —la chica, Luva, indicó con sus manos que la siguiésemos.

Junto a mi hermano, Cristian, Daniel, Jacob y tres chicos más que sólo conocía de vista en la escuela comenzamos a caminar, por el camino se detuvo en la entrada del bosque.

Esta zona está prohibida, tiene mucho terreno y el bosque espeso hará que os perdáis, si pillamos a alguien dentro será expulsado irremediablemente. —Luva parecía contundente, fue el único momento donde dejó de sonreír.

Miré el bosque, el poco viento que hacía agitaba las ramas, haciendo caer la nieve al suelo y los crujidos de los árboles hacían un fuerte ruido, entre sus tenebrosas sombras me pareció ver una silueta, presté más atención y parecía una silueta humana.

¡Tomi! —la voz de Rubén me devolvió al presente, me hacía señas para continuar, miré de nuevo donde estaba la silueta pero ésta ya no se encontraba.

Seguimos avanzando y pasamos cerca del lago.

El lago Lookrain, no está prohibido en sí, pero sí tiene un horario, nunca, repito, nunca os metáis en él sin permiso, está helado, a veces, por las mañanas, bajo supervisión, es posible meterse unos minutos, todo lo que sea fuera de esto, acarreará castigo, sin contar, que si está muy helada podrías enfermar.

Continuamos caminando y por fin entramos al monasterio, no era muy grande, la planta baja estaba compuesta por el comedor, zona de estudio, sala de juegos y un gran patio para jugar a algún deporte, el piso de arriba constaba de unos baños con sus respectivas duchas y varias habitaciones, el tercer piso estaba prohibido también, además de cerrado con cadenas.

Las habitaciones daban a la zona del bosque, las ventanas eran enormes, dejaban entrar mucha luz, y estaban adornadas por diferentes plantas y enredaderas que llegaban hasta el suelo exterior de la fachada.

Muy bien, esta es la zona de las habitaciones, son cuatro cuartos y están preparados para dos personas, os encargareis vosotros mismos de su mantenimiento y limpieza, bueno, a continuación diré los nombres e iréis avanzando hacia los mismos

Disculpe, Luva, ¿No podemos elegir nosotros? —levanté la mano mientras le preguntaba, como si aún estuviésemos en la escuela.

No, una de las normas es que no se pueden escoger compañeros, se trata de hacer nuevos amigos y pasarlo bien, no que se escojan amigos y alguno quede marginado.

Pero profesora, yo no puedo dejar a mi hermano con un desconocido... —Cristian sonó preocupado.

¡Puedes llamarme por mi nombre! Profesora suena a muy mayor, ¡Y aún soy joven! —Luva guiñó un ojo a Cristian—. No te preocupes, no le pasará nada, ninguno de los que estáis aquí tiene mala conducta, ni malas notas, es uno de los requisitos para poder optar a entrar.

Todos nos mirábamos con dudas, esta regla no nos convencía del todo, ¿Por qué no poder escoger con quien íbamos a pasar las navidades durmiendo? Si me tocaba con uno de los que no conozco me iba a joder, yo quería estar con mi hermano...

Muy bien, Jacob, tu irás con Rubén —mi hermano sonrió y Jacob también, en parte me jodió, sentí celos—. Cristian, tu irás con Hugo.

Cristian miró con enfado al chico que le había tocado, Hugo era un chico de nuestra estatura, su pelo negro y en punta lo acompañaba con su piel también oscura, un tono café que hacía aún más llamativos sus ojos, verdes claros

Tomi, tu irás con Daniel. —proseguía Luva.

Me tocó con el hermano de Cristian, que me miró sonriendo, Cristian también me miró y después a su hermano, respiró tranquilo al saber que estaría conmigo y no con un desconocido, aunque viendo mi historial, igual era mejor que le tocase un desconocido jajaja.

Y por último, Matías, tu irás con Draco, ¿Ese nombre te lo pusieron por Harry Potter? —preguntó Luva.

Si, ¡Mi padre es un fanático de los libros! —Draco, que así se llamaba el chico, lo decía orgulloso, encima era precisamente rubio, aunque un rubio mucho mas oscuro tirando a castaño y de piel blanca, acompañado de unos ojos marrones, en su ceja lucía un corte, seguramente intencionado, conforme decía el motivo de su nombre algunos nos reímos por bajo.

El que sería su compañero, Matías, era un chico gordito pero bastante guapo de cara, miraba al suelo apenado, iba con corte militar como el monitor David, aunque parecía que el color de su pelo era oscuro, sus ojos marrones terminaban de darle personalidad a su cara.

Muy bien, éstos serán vuestros compañeros, con los que pasaréis las próximas dos semanas, podéis ir sacando toda vuestra ropa y demás para colocarlo todo bien en vuestros nuevos hogares y en dos horas id al comedor, ya sabéis que está en la planta de abajo, ah, y recordad traer el formulario completo.

Hicimos lo que nos dijo y cada uno entró a su respectiva habitación, era mas pequeña de lo que pensaba, dentro, habían dos camas de aspecto antiguo a cada lado pegadas a la pared, con cabeceros de madera junto a una mesita por cama, a cada lado de la entrada del cuarto había un armario, también de aspecto antiguo, de madera color oscuro, cada uno miraba en frente de la cama, el suelo estaba compuesto por un parqué de madera, parecía nuevo, era adornado por una gran e inmensa alfombra de color azul oscuro, yo me fui a la cama de la izquierda, abrí la maleta, saqué la ropa y la metí en el armario que había en frente, Daniel hizo lo mismo, cada cuarto estaba equipado con dos camas, dos mesitas, dos armarios y una gran ventana en medio, separando la cama y armario de cada uno.

Me quité las zapatillas y me quedé descalzo, con mis pies descalzos noté el suave tacto del parqué y la alfombra, me gustó la sensación, me tumbé en la cama y miré el formulario, pedía los datos típicos, edad, altura, peso, país, problemas de salud, alergias..., lo solté en la mesita que tenía al lado y me quedé mirando al techo.

¡Vaya mierda! —lamenté, Daniel, al escucharme, se acercó y se sentó a mi lado.

¿Por qué dices eso? ¡A mi me gusta esto!

No, si es bonito y me gusta, pero... —me quedé en silencio, no podía decirle que quería estar con mi hermano, le haría sentir mal.

¡Oye! ¡¿Y si vamos al lago?! Aunque sea a mirarlo, es precioso. —Daniel se comenzó a desvestir.

¿¡Qué!? ¿Ahora? —miré como Daniel se iba quitando la ropa de espalda hasta quedarse desnudo, era muy blanco, pero su culo lo era aún mas, se veía suave y bonito, cuando me quise dar cuenta mi pene se había puesto duro, me incorporé sentándome en la cama para que no se diese cuenta.

Se dirigió a su armario y empezó a buscar en un cajón, al inclinarse podía ver mas su culo, se giró y vio que le estaba mirando.

¿Te gusta lo que ves? —dijo con tono lascivo, Daniel se acercó a mi lentamente, moviendo sus caderas de forma sensual.

¿Eh? No, yo...

Daniel se detuvo frente a mi y con su mano tocó mi entrepierna.

¿Y esto? ¿Lo vas a dejar así? —me miró de nuevo de forma lasciva, tenía a Daniel, el hermano de mi mejor amigo totalmente desnudo y provocándome.

Pude ver como se agarraba con firmeza su pene, de unos doce centímetros y duro, muy duro, sus huevos, pequeños y duros también, adornaban su polla.

Me lanzó una sonrisa provocadora y con sus ojos hizo un gesto para que tocase.

No le hice esperar, me acerqué, sentado en mi cama, y él de pie, abrí la boca y engullí todo su pene, podía sentir su líquido seminal en mi boca, degusté con placer su sabor, era delicioso, con mi mano izquierda comencé a masajear sus huevitos a la vez que le comía la polla, mi mano derecha tocaba su cuerpo, su piel, suave y tersa.

Daniel, que estaba muy caliente, comenzó a gemir sin parar, sujetó mi cabeza y me embestía con fuerza, el puto niñato disfrutaba mi boca, sus gemidos aumentaban, mi boca le daba un placer único, seguí chupando su polla sin detenerme, succionaba y lamía toda la punta, se bajó más la piel y sentí como se sacudía.

El cabrón me tuvo sujeto y no me quedó otra que tragar toda su corrida, bastante líquida pero deliciosa, me corrí sin tocar, solo chupando la polla del hermanito de mi mejor amigo, tras eso, Daniel me soltó y me miró mordiéndose el labio.

¡¿Qué coño está pasando aquí?! —Cristian, su hermano mayor, estaba en la puerta, con la mirada ida, yo, temblando, no sabía qué hacer...

¿Y tú? ¿Qué hubieses hecho? Empieza bien las dos semanas en el Monasterio...

( Continuará... )

¿Os gustó el capítulo? ¡Deja tu comentario! ^_^

Si te ha gustado, no olvides votar! ☆☆☆☆☆

Creado (2013), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

All rights reserved© TeenBoy

Safe Creative Code: 2309245396403