Capítulo 11 - Me rompen el culo
Era domingo, el partido con el equipo no fue bien, perdimos y encima por mi culpa, estaba demasiado centrado en todo lo que sucedió anoche con mi hermano y el mulato.
Mis compañeros se fueron marchando, yo seguía bajo el agua, en las duchas, con los ojos cerrados disfrutaba del agua temblada en mi cara, en ese momento me sobresalté.
—¡Eh!, el agua no es infinita, ¿Sabes? —el entrenador cerró la llave de la ducha, ni me había dado cuenta, estaba ahí solo, ya se habían ido todos, mis pensamientos me distrajeron de lo que pasaba—. Bueno, ¿Qué pasa? ¿Hacías tiempo para estar a solas?
Ahí estaba yo, desnudo, y el entrenador a mi lado mirándome de forma lasciva.
—No, míster, lo siento, no me di cuenta, ya me voy. —dije con cierto temor.
—No corras tanto, no te estoy echando. —me sujetó del brazo y prosiguió—. Sabes..., ya hace mucho que me chupaste la polla, y la verdad echo de menos tu boca...
Me quedé helado, aún flipaba, la naturalidad con la que el entrenador decía este tipo de cosas daba miedo.
—No, gracias, es que ya tengo que irme... —dije excusándome.
—No..., aún no...
El míster, que me sujetaba con su mano derecha, apretó con fuerza de mi brazo izquierdo, haciéndome daño, tras ver mi cara de quejido, sonrió, posó su mano izquierda en mi hombro sin soltarme aún y presionó hacia abajo, me resistí.
—¡NO! —grité con fuerza, grave error, eso no le gustó, me zarandeó y lanzó contra el suelo.
—No debiste hacer eso, y de aquí no te vas sin que te folle joder, no lo aguanto más, necesito FOLLARTE. —su mirada, de desquiciado, me miraba con demasiado deseo, comenzó a bajarse la bragueta del pantalón conforme se acercaba—. No grites, o te irá peor.
El entrenador se inclinó y me puso en pie de nuevo, apoyó su mano en mi culo, aún mojado por el agua de la ducha que me estaba dando, estrujó mi nalga izquierda mojada mientras se relamía los labios, yo me dejé hacer sin saber cómo reaccionar, también porque era algo que me pilló de imprevisto.
—¿Te gusta esto?... —sus dedos fue introduciéndose dentro de mi culo, noté como introducía un dedo dentro y se me escapó un gemido.
Él sonrió e introdujo más dentro su dedo, comenzó a follar mi culo con él y mi cuerpo se tensó, mi pene se puso duro y me la agarro comenzando a pajearme.
—Sabes..., de todos mis jugadores, tú eres mi favorito, me encantas, te ves tan frágil..., tan lindo..., tus labios..., tu culo..., todo tu cuerpo me encanta, desde que entraste en el equipo he soñado con hacerte mío..., de follarte, aquí mismo, mientras el agua moja nuestros cuerpos.
Su confesión me daba temor, abrió de nuevo el grifo del agua y comenzó a mojarnos a ambos, mientras seguía follándome con dos dedos, un momento, ¿Cuándo metió el segundo dedo?
Soltó mi polla y llevó su mano a su boca, la lamió toda mientras me miraba con ojos lascivos, estaba saboreando el olor de mi polla.
—Mmmm que rico... —sacó sus dedos de mi culo y me dio la vuelta—. Ahora es cuando viene lo mejor, has sido un jugador muy malo, y el míster debe castigarte, ¿Lo entiendes verdad?
Intenté de nuevo huir pero fue tan estúpido que me escurrí y él me dejó caer al suelo, me hice bastante daño en las costillas, él, mirando sonriente, comenzó a desnudarse, su torso, con vello, sus piernas, también con vello, su cuerpo estaba bastante musculado, llevó sus manos a su cabello y se quitó lo que sujetaba su coleta, soltándose así el cabello, que lo tenía largo, parecía un cantante de metal de los ochenta.
Una vez desnudo, me sujetó del cabello con fuerza, haciéndome daño, me llevó a su polla y me la metió en la boca, no me quedó de otra, comencé a chuparle la polla a mi entrenador, por tercera vez.
Pero esta vez sería diferente, no iba a dejar que me follase mi entrenador o ya no habría vuelta atrás, le hice daño con mis dientes.
—¡Ahhhhhh! ¡Serás cabrón! —me la sacó de la boca y me pegó un bofetón con su mano derecha tan fuerte que me congeló la cara—. ¡¡Tú lo has querido!!
Me sujetó de nuevo poniéndome en pie, era más fuerte que yo, no podía hacer nada, me puso contra la pared y me lamió la cara lascivamente.
—Vas a ser mío, voy a preñarte como hizo ese negro en el parque, puto desagradecido.
El entrenador me comenzó a meter la polla sin miramientos, menos mal que el agua y el haber sido follado la noche anterior ayudó a estar más lubricado, aún así era demasiado gorda y notaba como mi culo se iba abriendo más conforme me taladraba.
Me sujetó de la cintura con fuerza y pegó su cuerpo contra el mío, el agua mojaba nuestros cuerpos aún, recordé cuando mi hermano me folló por primera vez, fue también en la ducha.
Un sentimiento de culpa me invadió, ¿Qué estaba haciendo? Intenté evitar que siguiese pero me tenía sujeto con fuerza, no podía hacer nada, me tenía dominado y él lo sabía.
—Déjeme ir. —supliqué con miedo.
—Y te irás, cuando te haya follado este culo. —dijo con un tono amenazador.
El entrenador comenzó a bombear mi culo con fuerza, su respiración se entrecortaba y yo podía sentir cierto dolor en mi ano, que me quemaba, la intensidad del dolor crecía conforme más me bombeaba.
—Ahhh sí joder, Matty...
¿¡Matty!? Ese..., ¡Ese era el nombre de su hijo!, joder, tenía fantasías con su puto hijo, se imaginaba que se estaba follando a su puto hijo, que hipo de puta...
Puse mis manos en la pared intentando respirar y concentrarme, el entrenador empezó un vaivén frenético, me follaba el culo a mucha velocidad, no se dio cuenta que se le escapó el nombre de su hijo.
—Joder, por fin, por fin te estoy follando, sabía que caerías, todos caéis, y más tú, se notaba que eras un putito que da el culo a cualquiera, ¿Verdad?
No dije nada, me daba con más fuerza.
—¿¡¡Verdad!!? —insistió.
—Sí... —mascullé con dificultad, ¿Qué más daba ya seguirle el juego? Es decir, ya me estaba follando, así que era mejor no buscarle las cosquillas y provocarle, sus envites aumentaron de intensidad y nuestros gemidos aumentaban de decibelios cada vez más.
Me folló durante un buen rato, mis piernas me fallaban y mi mente nublaba mi vista, ya no podía más, un dolor agudo punzaba mi culo.
—Espere, míster, porfa, pare, no quiero seguir. —intenté apartarme pero me sujetaba con fuerza de la cintura.
—Cállate putito, querías polla, y aquí la tienes. —el entrenador me la clavó hasta el fondo soltando un aullido de placer y entonces noté como mi interior era inundado de su semen, por unos segundos me levantó del suelo solo con la fuerza de su polla dentro de mi, sentí su corrida, muy espesa además, con varios disparos me rellenó por dentro como a un pavo en navidad.
Tras terminar, se salió de mi interior y toda su leche salió de mi culo bajando por mis piernas, se mezclaba con el agua que aún caía, perdí mis fuerzas y caí al suelo de rodillas, mi culo me ardía horrores.
—Bueno, te doy un minuto para limpiarte, puto, como tardes más me enojaré. —dijo el entrenador de forma despectiva mientras recogía la ropa del suelo y se vestía, me miró y sonrió con sorna—. Quien nace puto se queda puto.
Tras esas palabras despectivas del entrenador, éste se marchó y me dejó solo mientras el agua caía por mi cuerpo, me sentía mal, como si todos me usasen, como si fuese un juguete, y lo peor es que yo no tenía el coraje suficiente para negarme u oponerme, era débil, era un puto.
Terminé de ducharme y con ojos llorosos salí de las duchas, me vestí y salí del vestuario, un estruendo vaticinaba que se aproximaba una tormenta, y así fue, tras unos minutos la lluvia caía con tanta fuerza que podía sentirla en mi piel. Comencé a caminar de vuelta a casa, mi culo me ardía demasiado, por el camino pensaba en muchas cosas cuando una mano me empujó contra un árbol.
—Tenemos que hablar. —Luis me tenía sujeto contra el árbol sin yo poder hacer nada.
—¿Qué coño haces tú aquí?, ¿Qué quieres? —lo miré casi intimidado.
El estruendo de un fuerte y sonoro trueno mezclado con un relámpago y la luz del mismo se posicionó a su espalda, dándole un aspecto mas temible, estaba enfadado.
—¿¡Qué es lo que quiero!? A tu hermano, es mío y tú me lo has robado. —contestó apretando el puño derecho.
—Yo no te robé nada, ¡No es de tu propiedad! —dije apartándolo de mí con un empujón.
Su mirada fría contra mí me hacía estremecer, a pesar de que vivíamos en un pueblo y era una hora donde apenas había gente sumado a la tormenta tenía miedo de que alguien nos viese.
—Dime, putito, ¿Tu hermano sabe que das tu culo así de fácil? —me preguntó ahora con otro tono.
No puede ser, lo ha visto, me tiene cogido, si le cuenta esto a Rubén lo perderé para siempre...
Iba a hablar cuando aparecieron tres chicos de la nada, no los vimos venir.
—¡Eh Luis!, ¿Dónde coño estabas? —el chico que le preguntó era rubio como mi hermano, pero de cabello corto, delgado y el que parecía el líder del grupo, intimidaba solo con su mera presencia, era Peter.
Al lado de Peter había otro chico, de su misma altura, lleno de tatuajes y bastante corpulento llamado Lucas, y por último uno mas bajito y gordito llamado Víctor, los tres formaban el grupo de los típicos abusones de la escuela, aunque al parecer, ahora con Luis eran cuatro...—. ¡Te estoy hablando Luis!
Luis se giró y su personalidad cambió totalmente de manera más sumisa, me soltó y se interpuso entre ambos, estaba claro que no quería que me vieran.
—Ah, perdona tío, se me había olvidado, justo ya iba hacia allí, pero con esta lluvia... —Luis se excusaba.
—No me pongas excusas Luis, Víctor nos invitó a su casa y vamos a ir, hay que liarla gorda, hacía mucho que no veníamos al condado. —se detuvo un momento y fijó su mirada en mí—. ¿Quién es tu amigo? ¿O es otro de tus esclavos?
Las risas del los tres chicos no se hicieron de rogar, después, un silencio que solo la lluvia rompía.
—Te hice una pregunta Luis, ¿No nos vas a presentar? —insistió Peter.
—Ah, sí, es..., bueno, se llama Tomi y...
—Deja que hable él, ¿O es mudo? —dijo Peter, y ante sus palabras Luis se calló y se apartó a un lado bajando la mirada, estaba atemorizado, nunca lo había visto así.
—Me llamo Tomi, y no le conozco ni soy su esclavo. —dije con enojo.
El chico rubio se acercó a mi y me miró fijamente, se giró a ver a sus amigos y se empezó a reír con burla de mí respuesta.
—Vaya, vaya, que gran sorpresa, Luis, ¿Tu esclavo la chupa bien?
Luis se mantenía callado y los dos acompañantes del rubio se reían a cada tontería que éste decía.
—¿Eres sordo? Te dije que no soy su esclavo.
Sin poder si quiera reaccionar me puso su antebrazo izquierdo en mi cuello y sacó una navaja con la derecha, para apuntarla a mi cara.
—¿Qué has dicho? —su mirada fría e intimidante me hacía estremecer todavía más.
—Vamos tío suéltalo, lo dijo sin pensar, es su forma de hablar... —decía Luis.
—¡¡Cállate!! —giró Peter, Luis se calló y no volvió a hablar, la lluvia casi se había detenido, y ahí estábamos los cinco, bajo uno de los árboles frondosos de la calle, se habían dado cuenta que ahora los gritos no serían ahogados por la tormenta y podrían escucharnos algunos vecinos.
—¿Sabes lo que les pasa a los esclavos insumisos como tú? —su navaja empezó a rozar la mejilla izquierda de mi cara.
El grupo entero miraba expectante esperando que hacía su líder.
—Te hice una pregunta esclavo. —dijo Peter con un tono amenazador.
—No, no lo sé... —mascullé.
—Los rajamos, como a un cerdo y lo dejamos tirados para que se desangre, de hecho, tanto yo como Luis recién escapamos de un correccional por rajar a un cerdo como tú.
—No soy ningún esclavo... —dije mientras procesaba lo que sucedía, ahora entendía todo, este tipejo llevaba años en el correccional con Luis, se escaparon..., ¡¿Por Rubén?!
—Sí lo eres, eres el esclavo de Luis, todos tenemos un esclavo, y los esclavos insumisos como tú deben ser castigados, pero voy a pasártela por esta vez, abre la boca.
Temía las consecuencias de que no le hiciese caso, así que lo mejor era obedecer para que todo terminara cuanto antes.
—Te dije que abrieras la boca, no lo diré tres veces. —dijo Peter.
Abrí la boca lo que pude y el chico rubio escupió saliva dentro de mi boca sin poder reaccionar, la cerré enseguida pero su saliva había entrado.
—No, no, traga —su navaja empezó a pincharme la cara y me dolía, así que tragué.
—Buen chico, ahora abre la boca de nuevo.
—Tío, vámonos ya, nos pueden pillar... —Luis estaba cada vez más nervioso.
—Cállate Luis, eres muy pesado, abre esa bocaza de nuevo y tu esclavo será un pinchito de carne. —se giró de nuevo a mí tras sus palabras a Luis—. Aunque aquí el único que abrirá la boca serás tú, ¿A que sí? Ábrela.
La volví a abrir a regañadientes, mis ojos eran de furia y él lo sabía, lo peor es que le gustaba la situación, noté que estaba duro, podía sentirlo contra mi cuerpo, tras abrir mi boca volvió a escupir saliva dentro, sin que me lo dijera, la tragué.
—Bien, así me gusta, ¿Ves?, empiezas a ser consciente de tu posición, vuelve a abrirla.
La volví a abrir y volvió a escupir en mi boca, al ver como tragaba su saliva sumisamente se echó a reír.
—¡Fijaros! ¡Que putito tan sumiso tenemos aquí!
Peter se acercó a mí y me comió la boca, yo, sorprendido solo me dejé llevar, su lengua se metió en mi boca, succionó mi lengua y casi me ahogo, me faltaba el aire, podía sentir como con su boca me pasaba saliva, tras eso, dejó de besarme y se separó relamiéndome.
—No está mal joder, besas bien. —dijo mordiéndose el labio, se acercó de nuevo a besarme.
—¿Qué coño está pasando aquí? —la voz de mi hermano pilló a todos desprevenidos—. ¡Suéltalo!
Peter, aún sujetándome del cuello con fuerza miró a mi hermano con ira.
—¡¡Coño!!, ¿Rubén?, ¡¡Cuanto tiempo!!, ¿Este es tu novio?
La cara de Rubén al ver a los tres chicos y a Luis se puso blanca.
—Que..., ¿Qué hacéis aquí? —preguntó con temor.
—Ya nos han dejado salir, como puedes ver, perro, fuiste muy malo, ¿Sabes? Responde, ¿Éste es tu novio? —preguntó con su navaja en mi mejilla.
—Es mi hermano, ¡Pero si no lo sueltas te destrozaré! —Rubén se agachó y cogió del suelo una gran piedra—. ¡No lo diré dos veces!
Peter con la mirada hizo un gesto a sus amigos y éstos se lanzaron contra mi hermano, lo intentaban sujetar para que no se moviese, aproveché ese momento para propinarle una patada en sus partes a Peter, que dolorido, se llevó las manos a su entrepierna.
—¡Hijo de puta! ¡Estás muerto!... —entre dolores intentó gritar pero apenas podía moverse.
Me abalancé sobre Víctor, que era el gordito y lo tiré al suelo, mi hermano se zafó de Lucas y salimos corriendo calle abajo, miramos atrás y los tres nos seguían corriendo.
Seguimos huyendo hasta salir del condado, a mi me costaba mucho, el culo me dolía demasiado, me ardía, ambos vimos la fábrica a lo lejos y nos dirigimos a ella.
La lluvia se hizo presente de nuevo y comenzó a llover, llegamos a la entrada de la fábrica y nos paramos a coger aire, al mirar atrás vimos que aún nos seguían, pero estaban bastante lejos, Lucas era el que más cerca estaba, no nos quedó otra, entramos a la fábrica.
Empezamos a subir plantas hasta llegar a la tercera, nos metimos entre los escombros de la zona mas derruida y nos escondimos allí en silencio.
—¿Qué hacemos? —mi hermano, agitado y mojado por la lluvia me miraba esperando una respuesta.
Lo miré sin contestarle, aún tenía la piedra en su mano, yo cogí un palo que había cerca de los escombros.
—Defendernos si nos encuentran. —dije alterado.
—Ya... —mi hermano no parecía muy convencido.
—Esos te conocen, del Internado, ¿No es así? —pregunté a mi hermano, éste afirmó con la cabeza.
—Peter y Luis estaban en el Internado, allí los conocí, llevaban años..., no sé por qué les dejaron salir, aún no tienen mayoría de edad...
—Peter dijo que se escaparon...
Rubén negó con la cabeza, se lo imaginaba.
—Escucha Tomi, son unos hijos de puta, al menos esos dos, no conozco ni a esa mole de Lucas ni al gordo... —mi hermano estaba agitado y temblaba—. Sabía que Luis volvería, pero no que vendría con amigos...
—Joder... —sujeté con fuerza el palo, no quedaba de otra que defendernos si nos pillaban.
—¿Qué querían? ¿Por qué te estaban atacando? —Rubén miró a mis ojos con duda.
—Por culpa de Luis, el me encaró y...
—Joder, lo que faltaba..., te metí en esto sin tú tener nada que ver. —dijo Rubén cabizbajo.
—No, hermanito, estamos juntos los dos, hasta el final. —mis palabras iluminaron su cara y le saqué una leve sonrisa.
Escuchamos pasos y voces, hablaban entre ellos, se escuchaban aún lejos, Peter avisó que estábamos dentro de la fábrica, sus pasos indicaban que habían entrado.
La lluvia de la tormenta volvió a pegar con fuerza, eso nos daría cierta ventaja, gracias al ruido de la misma podríamos intentar escapar sin que nos escuchasen.
Al fondo pude distinguir la cabeza de Peter, estaba en nuestra planta buscándonos, miré a mi hermano y lo señalé para que lo viese, al verlo nos metimos más dentro de los escombros, no podrían vernos a no ser que se asomasen debajo directamente.
—¡Salid! ¡Putas ratas! Salid o será peor, ¿Pensáis que estáis aquí a salvo? Os prometo que si sois obedientes seré bueno, ¡¡Pero si me seguís enfadando no salís de aquí con vida!! —gritó Peter, que sabía que nos tenía acorralados.
Allí estábamos, indefensos, contra cuatro chicos más grandes que nosotros y mucho más violentos y furiosos, en una fábrica abandonada a varios kilómetros de distancia del condado.
Estábamos JODIDOS.
( Continuará... )
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Creado (2013), revisado y editado (2025) por @TeenBoy
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