Capítulo 8 - Usado y humillado
—¡¡Más arriba Tomi!! —me ordenaba el entrenador—. ¡¡Debes golpear el balón más arriba!!
Estaba en el entrenamiento de fútbol, ya habían pasado un mes desde que mi hermanito salió del Internado, estábamos a mediados de Octubre, era más feliz que nunca, nuestro amor era único y puro, o al menos..., eso creía...
Oliver salió disparado y a ras de suelo robó el baló a Joaquín, un chico muy delgado y con el cabello corto, castaño claro, Joaquín cayó al suelo sin poder hacer nada, Oliver me avisó con la mano hacia arriba y me lanzó un pase por el aire, salté para golpear el balón con la cabeza pero se me adelantó Guille, que era un chico muy robusto y alto, su cabeza chocó con la mía.
—¡Auch! —me quejé, cayendo al suelo de culo, por su parte, Guille logró despejar el balón sin si quiera preocuparse por mi.
Oliver, el míster y algún chico más se acercó a mi posición con preocupación.
—¿Estás bien? —preguntaba el entrenador mientras con su mano miraba el chichón de mi cabeza—. Está sangrando, ve a la enfermería y que te curen la herida.
Me levanté con dificultad y miré a Guille con enojo, ni se disculpó, salí del campo de entrenamiento y me dirigí a la escuela, con mi mano intentaba percibir cuán de grave era la herida.
Pude ver en la valla que cercaba la escuela a un chico mirándome, me fijé en él, me observaba con seriedad, era bastante alto, pelo ondulado de color negro y llevaba ropa oscura, con una sudadera que le colgaba, le estaba grande.
Nuestras miradas no dejaban de chocar entre sí hasta que lo perdí de vista al entrar en la escuela, caminé a la enfermería, donde Laura, una profesora de guardia, me atendió, ella era en realidad profesora de Inglés, pero a veces la veía por las tardes rondando la escuela, ¿Supongo que también era enfermera?
—Los chicos sois demasiado brutos. —afirmaba Laura mientras me curaba.
—Auch, me duele. —me quejé.
—No seas un bebé, ya eres mayorcito. —Laura me apretó con fuerza el parche de tirita que me puso en la frente—. Cuando estés en casa ponte algo de hielo.
En ese momento vi a un chico cruzar la puerta, desde la enfermería podía ver como una sombra en los pasillos de la escuela se alejaba de donde estábamos, ¿Alguien me espiaba?
—Listo, puedes marcharte. —dijo Laura mientras se levantaba de la silla donde sentada me había atendido.
Mientras recogía los enseres que usó para curarme, me levanté de la camilla donde estaba sentado y caminé hacia la salida, me asomé con cuidado a los pasillos, pero no había nadie.
—¿Qué haces? —Laura me miraba con el ceño fruncido, estaba actuando raro y se dio cuenta.
—¿Eh? Nada..., mmm, bueno, me voy a casa, ¡Gracias! —me despedí y con paso rápido entré en los vestuarios, todo estaba en silencio, solo se escuchaban los gritos de mis compañeros de equipo a lo lejos, en el campo.
Caminé hasta mi taquilla y entonces escuché una risita, una risita burlona, me giré sobresaltado pero no había nadie.
Respiré hondo y me quedé en silencio intentado escuchar si había alguien más en los vestuarios, pero no escuché nada.
Me volví a dar la vuelta y abrí mi taquilla, saqué mi ropa y me comencé a desnudar con rapidez, quería salir de allí, me sentía observado, como si alguien me vigilase, me sentía acechado.
Terminé de cambiarme y al cerrar la taquilla, un fuerte golpe sonó en los vestuarios, como si alguien golpease una taquilla con fuerza.
Sobresaltado, sujeté con fuerza el neceser donde llevaba mi equipación de fútbol, escudriñé con atención por todos lados, pero no veía a nadie, comencé a dar unos pasos de donde provino el ruido, entonces vi una taquilla medio hundida, alguien golpeó esa taquilla.
¡¡Alguien me estaba siguiendo!!, ¡¡No era mi imaginación!!
Con prisa me di la vuelta y salí corriendo chocándome con mi hermano Rubén a la salida, ambos caímos al suelo de culo.
—¿Pero qué haces? —preguntó mi hermano llevándose la mano a la cara, le di con mi hombro.
—¿Y tú? ¿Qué haces aquí? —pregunté mientras me levantaba y él hacia lo mismo.
—Vine a recogerte, ¿Y ese parche en tu frente? Espera, ¿Huías de alguien?—Rubén comenzó a mirar hacia los lados intentando buscar a alguien.
—¿A recogerme? Si aún queda media hora..., ¿Huir? No, además, ¿Qué haces? —pregunté al ver su sospechosa actitud.
—¿Qué? Ah, nada..., solo quería verte entrenar, y de paso observar que el violador del entrenador no te tocaba. —dijo sin dejar de mover su cabeza intentando buscar a alguien.
—No, me refiero a que, ¿Qué haces?, ¿A quién buscas? —volví a preguntar.
—¿Yo? A nadie. —mintió Rubén, que me dio la espalda para ir hacia el campo de fútbol.
—¡Oye!, ¡Espera!, ¿A dónde vas? —corrí hasta ponerme a su lado y me di cuenta que seguía mirando a su alrededor—. Te noto raro...
Rubén se detuvo y me miró con tristeza mientras con una mano secaba el sudor de su frente.
—¿Nos vamos a casa? Me encuentro regular... —dijo sospechosamente.
Observé a mi hermano y efectivamente algo le pasaba, podía ver como de su frente bajaba un sudor poco común con el frío que hacía en esos días.
—Vale, vámonos a casa... —dije.
De camino a casa hubo silencio, mi hermano estaba raro, e intenté saber que le pasaba antes de llegar.
—Rubén, ¿Hay algo que quieras decirme? —pregunté mientras continuábamos caminando el uno al lado del otro, la calle estaba bastante vacía a esas horas de la tarde, casi al caer la noche.
—¿Eh? —mi hermano se giró sin detener sus pasos—. No, nada, ¿Por qué?
—No sé, es que estos días estabas un poco más distraído que de costumbre, pero hoy estás rarísimo, de verdad que hoy tuve un día muy raro.
—No es nada, los exámenes, la vuelta al pueblo, son muchas cosas..., ¿Un día raro por qué?
—Por nada, es sólo que me sentí hoy observado, creo que alguien me acecha, no sé, quizás sea... —mi hermano se detuvo, su cara se puso blanca—. ¿Qué pasa? —le pregunté.
—¿Por qué dices que alguien te acecha? ¿Qué has visto? —preguntó nervioso, su actitud había cambiado completamente.
—Pues... —iba a decirle lo que me había pasado cuando alguien detrás de nosotros me interrumpió.
—¡Hola! —una voz proveniente de detrás de uno de los árboles a nuestra izquierda llamó nuestra atención, giramos y pude comprobar que era el chico que me observaba antes en la valla de la escuela—. Disculpad, quizás lo de acechador sea culpa mía.
El chico caminó lentamente con una sonrisa en su rostro, apreté mis puños a la defensiva, algo no me gustaba de él, entonces pude observar como la pierna derecha de mi hermanito comenzó a temblar.
Volví mi mirada al chico que se detuvo cerca de nosotros, con las manos dentro de los bolsillos de su sudadera, las piernas abiertas y una mirada amenazante, el fuerte soplido del viento movió las hojas caídas de los árboles hacia nosotros, sonrió de nuevo.
Instintivamente me puse delante de mi hermano, y con mi mano derecha lo eché hacia atrás, intentando protegerlo de él.
El chico observó a mi hermanito y le saludó mientras se relamía.
—Ten encontré, Rubén.
—¿Quién coño eres tú? —pregunté con tono amenazador, mientras di varios pasos hacia atrás protegiendo a Rubén.
—Esa boca, mocoso. —el chico, de piel blanca, cabello negro ondulado y una mirada fría, se acercó a nosotros, ante su actitud, retrocedí protegiendo a Rubén, que seguía quieto sin moverse ni reaccionar—. No entiendo tu actitud, chaval, no voy a haceros nada, ¿Verdad, Rubén?
El chico, que tendría mínimo dos años más que nosotros, tenía ese aire de superioridad y prepotencia, realmente tenía unas facciones que intimidaban, sabía que si intentaba hacernos algo sería difícil defenderse de él.
Rubén volvió en sí y apartó mi brazo protector de él.
—Tomi, está todo bien, Luis es un amigo. —dijo con cierto temor.
—¿Luis?, ¿Un amigo?, ¿De qué? —mis preguntas buscaban respuestas.
—Mira, no es el lugar más indicado para hablar de esto, podrían escucharnos. —dijo Rubén evitando mis preguntas.
—¡¡Me importa una mierda lo que escuchen!! —grité enojado, ante mi reacción, Luis sonrió—. ¿Y tú de que coño te ríes?
—De ti, me río de ti, ¿No te pesa la cabeza? La tienes enorme. —se burló entre risas.
Me acerqué a Luis para darle un puñetazo pero Rubén me detuvo y se puso en medio, como protegiéndole.
—¿Qué haces? —le recriminé.
—Tomi, lo siento, yo no quería que te enterases así... —dijo bajando la mirada.
—¿Enterarme de qué? —pregunté incrédulo sin entender nada de lo que pasaba.
—¡Que te ha mentido todo este tiempo! —dijo Luis jocosamente.
—¡¡Luis!! —Rubén le empujó con enojo.
—Rubén, dijiste que eras mío, que nunca nos separaríamos, ¿Recuerdas?
—¿Cómo? —mascullé sin entender.
—Tomi... —Rubén intentó sujetar mi brazo pero lo aparté.
—¿Qué dice éste? —corté a Rubén, del que me alejé considerablemente, me sentía mal, me dolía el pecho, Rubén permaneció en silencio, mientras que Luis solo observaba, ahora más serio—. ¡¡Te hice una pregunta!! —grité con fuerza empujando en el pecho a mi hermanito con desesperación.
—¡¡Sí!! —Rubén apartó la mirada con vergüenza y se acercó a Luis, alejándose de mi.
—¿Qué?... —no quería aceptarlo—. ¿Y nosotros?
—Tío, que sois hermanos, ¿De verdad pensaste que ibais a acabar juntos? Es una aberración. —dijo Luis acercándose a mi con lentitud y con la situación controlada.
—¡¡Cállate!!, ¡¡Tú no te metas!! —no aguanté más y cerrando mi puño intenté darle en la cara con todas mis fuerzas, pero Luis, con un movimiento rápido me esquivó logrando que solo le rozase el mentón, y con otro rápido movimiento me dio una patada en la tripa que me hizo caer al suelo, caí de rodillas.
Luis me dio un rodillazo en la cara haciendo que cayese al suelo totalmente noqueado, me había dejado fuera de combate con dos movimientos.
—¡Luis!, ¡Basta! —Rubén separó a Luis de mí y se acercó ofreciéndome su mano—. ¿Estás bien? —me preguntó preocupado.
Miré con rabia a mi hermano y con un gesto golpeando su mano con la mía rechace su ayuda, me levanté con dificultad y los miré con mucho odio, sobre todo a mi hermano, me sentía traicionado, me sentí como una basura, nunca sentí un dolor tan agudo en el pecho como el que sentía en este momento.
—Eres un puto traidor. —dije a mi hermano, mis palabras eran de rabia e ira.
En ese instante regresaban algunos chicos del entrenamiento y pasaron por nuestro lado, algunos nos observaban, Oliver se acercó para ver que sucedía.
—Tomi, ¿Ocurre algo? —Oliver nos miraba sin saber que estaba pasando, pero sabía que la tensión era máxima, el aire podía cortarse.
—No, nada. —contestó mi hermano Rubén y acto seguido se dio la vuelta alejándose con el otro chico, Luis.
Mi hermanito se fue con ese niñato y me dejó allí solo con Oliver, entonces sentí un fuerte dolor en mi mandíbula, llevé mi mano a donde sentía el dolor, era punzante, debió ser el rodillazo de Luis.
Me senté ahí mismo, en el borde de la acera, y de mis ojos comenzaron a salir lágrimas, Oliver se acercó a mi y se sentó a mi lado, pasó su brazo izquierdo por encima de mi hombro intentando consolarme.
—¿Te peleaste con Rubén? —preguntó inocente, sin saber lo que pasó realmente.
—Sí... —logré mascullar mientras limpiaba las lágrimas de mi cara.
La noche se apoderaba del cielo, el frío también comenzaba a pegar con más fuerza.
—Bueno, seguro que todo se arreglará, al fin y al cabo sois hermanos, ¿No? —dijo Oliver inocentemente.
Permanecí en silencio, realmente sentía que comenzaba a marearme.
—Bueno, tengo que irme que sino mis padres se preocupan, ¿Nos vemos mañana en clase Tomi?
Afirmé con la cabeza y Oliver se levantó del suelo, hizo un gesto con su mano de despedida y se marchó, yo permanecí allí sentado, solo, apenas pasaba gente ya a esas hora, y tampoco es que nuestra calle fuese muy concurrida.
Exhalé aire con fuerza, me quité el parche de la frente con enfado y lo lancé a un lado y me levanté.
No iba a dejar que esto me afectase, además, en parte el cabrón de Luis tenía razón, lo nuestro era una aberración, ¿No? Era solo cuestión de tiempo que uno de nosotros buscase en otro chico lo que entre nosotros no podíamos ofrecernos, que era ser novios normales.
Ni cené, al llegar a casa me fui a la cama directamente, pero no podía coger el sueño, la luz de la luna llena iluminaba todo mi cuarto, me levanté a por un vaso de agua, pasé cerca del cuarto de mi hermano, me asomé y vi que dormía plácidamente, no pude sentir un desasosiego al saber que lo había perdido, bajé a la cocina y tomé un vaso de agua, terminé de beber y no lo pensé más, abrí la ventana del comedor y salí al exterior, iba solo con el pijama y hacía frío, pero me daba igual, a esas horas apenas había gente desde mi casa al parque.
Tardé unos minutos en llegar, una vez dentro del parque de los aviones pude ver que no había nadie, solo a lo lejos vi a un chaval paseando un perro.
Me adentré en la parte frondosa del parque, entre los árboles, en la penumbra de la noche distinguí un señor mayor, estaba con otro chico, me alejé de allí porque me empezaba a calentar, vi un banco al borde de los árboles, con poca iluminación y me senté.
Entonces me di cuenta, ¡¿Qué leches estaba haciendo?! ¿Esperaba encontrar al chico mulato y follar con él?, ¿O estaba ahí para decirle que deje de buscarme?
Como salí con prisa no llevaba el móvil, así que el tiempo pasaba sin saber cuanto llevaba ahí esperando, veía poca actividad, cuando a lo lejos divisé a un chico, se me quedó mirando un buen rato y se me acercó.
—Hola, ¿Vienes mucho por aquí? —parecía un niñato pijo por como vestía, pero no era muy agraciado de cara, su cabello color dorado y sus ojos oscuros eran lo que más me llamaba la atención.
—No, estoy de paso. —contesté con frialdad.
—Ahh, y..., ¿Qué buscas? —se sentó a mi lado.
—Yo no busco nada, es que he quedado. —mentí, me estaba poniendo nervioso con ese chico a mi lado.
Se acercó más, me sujetó la mano y la metió dentro de su pantalón con fuerza, me la sujetaba y no la soltaba, me hizo agarrar toda su polla, estaba muy duro.
—Pajéame puto. —ordenó el niñato pijo.
—Ehhhh, perdona pero te equivocas, yo no... —intenté sacar mi mano pero era más fuerte que yo.
No me dejó terminar cuando sacó de su bolsillo un billete de doscientos.
—Toma puto, ahora calla y pajéame.
Dudé unos instantes, pero nunca había tenido tanto dinero, así que con mi mano izquierda guardé el billete en mi bolsillo del pijama y con mi mano derecha le pajeaba la polla.
Se la sacó para que pudiera pajearle mejor, estuve un rato hasta que me sujetó de la cabeza y hundió su polla en mi boca, quise apartarme pero tenía mas fuerza que yo, me forzó a comerle la polla, me follaba la boca de manera brusca, la metía hasta casi tocar mi garganta, su polla me atravesaba una y otra vez la boca hasta notar como empezaba a correrse en mi boca, bastante leche caliente que soltó, su polla estaba circuncidad, mediría unos dieciséis centímetro, no era muy gruesa, al fin y al cabo el chaval tendría unos veinte años.
Cuando terminó de correrse soltó mi cabeza y pude incorporarme mientras tosía, se guardó la polla mientras se levantaba, yo escupía parte de su corrida, no quería tragar nada de ese niñato pero no me quedó de otra.
—Gracias puto, necesitaba desahogarme con alguien, tienes buena boca para chupar pollas.
Sin dejarme hablar se fue, mientras se alejaba limpié mi boca como pude con la manga de mi pijama, estaba enfadado pero a la vez excitado, no sólo por la situación, creo que me gustaba eso, el ser usado, humillado, y si encima ganaba dinero...
Pero mis pensamientos se llenaron enseguida de culpabilidad, había puesto los cuernos a mi hermano, no, un momento, eso no es posible, ¿Cómo se le ponen los cuernos a un hermano?, ¿Debería decírselo?
No, además, ya no estábamos juntos, ¿No? Quiero decir, él se fue con Luis y me dejó tirado, otra vez...
—Por fin te encuentro, ¡Llevo buscándote días! —una voz familiar me alertó.
Me giré y ahí estaba, el chico mulato de la otra vez, del que Oliver me habló, sí, efectivamente me buscaba, y me encontró...
—¿Por qué has tardado tanto en venir? —dijo sujetándose el paquete con una mano mientras se acercaba.
—Pues porque no soy chapero, por eso he venido, para aclarártelo... —me levanté y al estar los dos en frente pude corroborar que era más alto que yo, bastante más.
—¿Cómo que no? Pero si le acabas de comer la polla a ese tipejo. —dijo celoso.
—¿Qué? No, espera, ¿Qué? ¿Estabas mirando? —pregunté con cierto enfado.
—Ya ves, mira como me puse. —sacó su polla, toda dura—. Por cierto, me llamo Akin ¿Y tú?
—¿Que? No, no te diré mi puto nombre porque no quiero venir más aquí y no me verás más.
—¿Por qué dices eso? —Akin se acercó a mí lentamente.
—Pues porque sí joder, me largo.
Me dispuse a marcharme y entonces Akin me sujetó con fuerza del brazo, me volvió a sentar en el banco, con gran fuerza me giró quedando boca abajo, me bajó el pantalón del pijama y se puso encima de mí.
—Te voy a follar, putito. —tras sus palabras, sujetó su polla con firmeza y me la comenzó a meter en el culo.
—¡¿Qué haces?! , para, cabrón... —intenté revolverme pero era inútil, además..., no lo hacía con toda mi fuerza, algo dentro de mí disfrutaba la situación.
—Shhhh, calla putito, si esto te gusta. —Akin empezó a follarme el culo, estaba encima de mi cuerpo, yo tirado en el banco con la cara mirando al suelo desde uno de los extremos y en el otro mis piernas oprimidas por su cuerpo.
Sus acometidas eran profundas y duras, su polla atravesaba mi recto de manera rápida, se nota que estaba caliente, ese mulato cabrón me estaba follando por segunda vez sin mi consentimiento, ¿Oh sí?, pero joder, me estaba poniendo muy duro, su follada era brutal, me daba estocadas profundas y lamia mi cuello mientras seguía follándome.
Entonces escuché unos pasos, eran los de otra persona, se acercó a nosotros y escuché como le hablaba a Akin.
—¿Puedo? —era la voz del entrenador, sí, era él.
—No, este es mío. —dijo Akin algo enojado, en parte su negativa me gustó, pero al entrenador no le gustó eso.
El entrenador ignoró a Akin, se sacó la polla y la acercó a mi boca, Akin iba a reaccionar pero fue tarde, el entrenador metió su polla en mi boca, no pude hacer nada, mientras Akin dijo algo a regañadientes con cierto enojo, pero siguió follándome el culo, sin darme cuenta de que la situación me encendió tanto que me corrí sin tocarme, el entrenador me follaba la boca con velocidad.
Ahí estaba yo, siendo follado por el culo y por la boca, el míster sujetó mi cabeza y follaba mi boca con fuerza, los gemidos de los tres inundaban la zona.
—Uff que boca joder, chupa, puto, chupa. —decía el míster, su polla, dentro de mi boca, comenzó a hincharse, se iba a correr, y así fue, la hundió más dentro de mi boca, ahogándome de nuevo como la primera vez, mis ojos, rojos, lagrimeaban mientras tragaba toda la corrida del míster, estaba caliente y espesa, bajó por mi garganta sin poder yo evitarlo.
No pude evitar comenzar a toser en cuanto la sacó de mi boca, gran parte de su leche salió de mi boca entre mis quejas, el míster se subió la ropa y sin decir nada más se marchó.
Observé como se alejaba al interior frondoso del parque, seguro que iba a follarse a algún chico que hubiese por ahí, e incluso a follarse a Oliver.
—¿Te gustó comerte esa polla? No debiste hacerlo, tú eres mío. —la voz de Akin me devolvió a mi realidad, la cual era que aún seguía follándome el culo, aunque tras la interrupción del míster, bajó la intensidad, intensidad que volvió a subir en cuanto se fue.
Continuó fallándome con fuerza, estuvimos unos minutos así hasta que terminó de embestirme y se corrió dentro de mi, podía sentir varios chorros calientes de leche inundar mi cinterior, se quedó dentro un rato, la sacó y se levantó con una sonrisa, se subió la ropa y se sentó en el banco respirando con dificultad.
—Uff, joder, que culo tienes, nunca me follé a un puto como tú. —confesó Akin.
—¿Qué dices?, ya te dije que no soy puto. —le repliqué.
—¿Cómo que no? Te has comido dos pollas y te he follado en una misma noche, ¿Eso no es ser un puto?
Me quedé callado, no sabía que decir antes sus palabras.
—Además, a partir de ahora serás mío, así que no quiero volver a ver que nadie te toca, eres mío.
—No, ni soy, ni seré tuyo, me largo. —me subí el pantalón del pijama y levanté del banco para irme.
—¿Por qué no? Sabes que me deseas, estás loco por mí, sino, ¿A qué viniste? —dijo con tono burlón.
—¡¡Te dije que no!!, ¡Déjame en paz! —le grité con cierto enfado.
—Mira, el sábado volveré, si estas aquí, serás mío, pero si cuando venga no estas, me olvido de ti, no me volverás a ver. —dijo Akin con cierto enojo.
Se dio la vuelta tras sus palabras y mientras se marchaba me gritó.
—Nos vemos el Sábado, putito.
—Me llamo Tomi... —murmuré.
Se giró para guiñarme un ojo mientras sonreía y se terminó de alejar, me quedé observándole hasta perderle de vista y salí corriendo a casa.
Entré por la ventana que dejé previamente abierta y me metí en la ducha, en ella mi cabeza daba vueltas, todo, todo se había complicado, porque ya no estaba seguro de nada. ¿Y por qué no? Quiero decir, mi hermano me dejó tirado...
Ya no estaba seguro, me asomé al cuarto de mi hermanito, dormía plácidamente y mientras lo observaba, en mis adentros volvía a pensar en ello, en lo que Akin me hacía sentir, ya no estaba seguro de a quien amaba...
¿Y tú? ¿Qué harías?
( Continuará... )
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